27398(24-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27398  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  JULIO           ENRIQUE           SOCHA  SALAMANCA   

Aprobado  acta  No.   205   

Bogotá,    D.    C.,      veinticuatro    de   octubre  del     año    dos    mil    siete.   

La  Corte  se  pronuncia de fondo en sede de  casación   sobre   la  eventual  violación  de  garantías  fundamentales  del  procesado  PEDRO  JOSÉ BARRERA SIPAGAUTA,  acerca  de  la   individualización  por  el juzgador de la pena  accesoria   de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,    y    la   eventual   vulneración  del  principio de legalidad  dada la época en que los hechos tuvieron realización.   

Antecedentes.  

1.- La cuestión fáctica, fue reseñada por  el    juzgador    de    la    manera   siguiente:   

“Los  hechos sucedieron hacia la media noche del día 19 de noviembre  de   1998,   en   el   corregimiento  ‘La  Cabuya’,  comprensión  municipal  de  TAME (Arauca) en momentos  en  que  el  sueño  de ALICIA RAMÍREZ MÉNDEZ, LEONOR MERCEDES CARRILLO NIÑO,  RITO  ANTONIO  DÍAZ  DUARTE, EFRAÍN CARVAJAL VALBUENA y SAMUEL SILVA RAMÍREZ,  fue  interrumpido  por  varios hombres que vistiendo prendas de uso privativo de  la  fuerza  pública  y  portando  armas  de  fuego  de  largo  y corto alcance,  irrumpieron    en    sus    viviendas    e   identificados   como   ‘Los        Macetos’, les segaron la vida.   

“El   insistente  señalamiento  de  los  pobladores  en  el  sentido  de que entre los autores del múltiple homicidio se  contaban  unidades  de  la  compañía ‘Escorpión’,  adscrita  al  Batallón  25  de contraguerrilla con sede en el municipio de Hato  Corozal,  determinó  el rumbo investigativo que culminó con la vinculación de  varios  oficiales,  suboficiales  y  soldados de esa compañía, entre ellos, el  cabo PEDRO JOSÉ BARRERA SIPAGAUTA”.   

2.-  Adelantada la  fase  correspondiente  a la  instrucción     y     previa     clausura     parcial    de    ésta   por   parte   de   la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos de la Fiscalía   General   de   la   Nación   (fl.  64  cno.  10),  el  dieciséis  (16) de junio de dos mil  tres  (2003)  se  calificó el mérito probatorio del sumario con resolución de  acusación   en  contra  del  procesado  PEDRO    JOSÉ    BARRERA    SIPAGAUTA  por  el concurso de delitos  de  homicidio  agravado  y  concierto  para  delinquir  (fls.  251  y  ss.  cno.  10),    mediante  determinación  que el ocho (8)  de  septiembre  de  dos mil tres (2003) la Unidad de Fiscalía Delegada ante los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá  y  Cundinamarca, confirmó íntegramente al  conocer  de  la  impugnación promovida por la defensa  (fls.    4    y    ss.    cno.    Fisc. Sda. Inst.).   

4.-  El  trámite  del  juicio correspondió  asumirlo   al   Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de Arauca, en donde  después    de   haberse   llevado   a   cabo   la   diligencia   de   audiencia  pública  (fls.  76 y ss.  cno.   12),   el  cinco  (5)   de  septiembre  de  dos  mil cinco (2005)  se  puso  fin a la instancia condenando al procesado  PEDRO   JOSÉ   BARRERA   SIPAGAUTA   a  la  pena  principal  de  quince (15)  años   de   prisión    y   la   accesoria  de  interdicción    de    derechos   y   funciones   públicas   por   igual     término,    al   tiempo   que  lo  absolvió  del  delito  de  concierto  para  delinquir,  entre otras decisiones, a consecuencia de  hallarlo         cómplice        penalmente      responsable     del  delito   de   homicidio  agravado,           a          él    imputado    en    el   pliego  enjuiciatorio  (fls. 135 y  ss. cno. 12).   

Recurrida   esta  determinación  por  la  defensa,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Arauca,  a través de fallo de segunda instancia  proferido  el diez (10) de  octubre  de dos mil seis  (2006)          resolvió         confirmarla  íntegramente,  en  los  aspectos   objeto   del   recurso  (fls.9    y    ss.    cno.   Trib.).   

5.-   Contra   la  sentencia  de  segunda  instancia,   la   defensa  oportunamente  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,   el   que   fue   concedido   por  parte  del   ad   quem   (fl.  56  cno.  Trib.),  y  presentó    la   correspondiente   demanda   (fls.  76  y  ss.).   

6.-  Mediante  providencia  de cinco           (5) de julio  de        dos      mil      siete          (2007),  la  Sala  decidió  inadmitir  la  demanda  de  casación presentada, pero ordenó correr traslado de la actuación  al  Ministerio  Público  para que conceptuara sobre la eventual vulneración de  la  garantía  fundamental  del  debido proceso en lo  relativo  a  la  posible  infracción  del  principio  de legalidad con ocasión  de            la          individualización  judicial  de  la  pena  accesoria (fls. 5 y ss. cno. Corte).   

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

Después de hacer algunas consideraciones en  torno  a  que  en su criterio el concepto obligatorio del Ministerio Público en  el  trámite  de  la  casación  está  supeditado  a  la  admisibilidad  de  la  demanda,      la   Procuradora   Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal  considera  imperioso  que  la  Corte  restaure  los  derechos  fundamentales del procesado,  específicamente  el principio de legalidad de los delitos y de las penas de que  trata el artículo 29 de la Carta Política.   

Señala  que  este  principio,  componente  esencial  del  debido proceso, se constituye en una garantía para el procesado,  en   el   sentido   de  que  el  Estado,        en        ejercicio       del       ius       puniendi,  sólo  podrá  sancionar al  ciudadano  por  la  comisión de una conducta punible previamente definida en la  ley  y  dentro  de  los  límites  cuantitativos  y cualitativos previstos en el  ordenamiento jurídico.   

En   este   caso,   dice,   el  juzgador  de primera instancia impuso al procesado PEDRO JOSÉ  BARRERA  SIPAGAUTA  la  pena  accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas   por   el   término   de   quince   (15)   años,   la  que  fue  confirmada  por  el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Arauca, de lo cual resulta evidente que para  la  tasación  de  las  penas  principal y accesoria aplicó la ley 599 de 2000,  olvidando  que  los  hechos ocurrieron en noviembre de 1998, esto es,  en vigencia del Decreto 100 de 1980  y  la  ley 365 de 1997, cuyo artículo 3º fijaba el término máximo de la pena  accesoria  en  diez  años,  siendo  esta  disposición  más  benéfica  que la  aplicada por el juzgador.   

Estima,  por  tanto,  que el Juzgado Único  Penal   del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  Arauca  ha  debido  determinar  la  pena  accesoria de inhabilitación en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  máximo  en  diez  años.  No obstante, excedió ese  límite  y al hacerlo vulneró el principio de legalidad de la pena, lo que hace  procedente  casar  de oficio y parcialmente la sentencia para que dicha sanción  se  imponga  dentro  de  los  límites  previstos en el artículo 44 del Código  Penal  de  1980, modificado por el artículo 3º de la Ley 365 de 1997, conforme  lo       solicita      (fls.      42 y ss. cno. Corte).   

SE CONSIDERA:  

Tal cual ha sido repetidamente dicho por la  Sala1   en  criterio  que  en  esta  ocasión  se  reitera,  según  la  preceptiva  contenida  en  el artículo 29 de la Carta Política “nadie podrá  ser  juzgado  sino  conforme  a leyes preexistentes al acto que se le imputa”;  disposición  que  establece  el  principio  de  legalidad  de los delitos y las  penas,  el  cual,  desde la época de la Revolución Francesa, tiende a proteger  la  libertad individual frente a la arbitrariedad de los funcionarios judiciales  y  garantiza a la postre, tanto el principio de igualdad de las personas ante la  ley, como el de seguridad jurídica.   

Es    por   tal   razón   –ha  sido  dicho-,  que se afirma de  manera  pacífica  que  una  de  las características esenciales de un Estado de  derecho  está  constituida  por la reglamentación exhaustiva de las facultades  de  sus  servidores  públicos,  como  así  se establece de lo dispuesto por el  artículo  121  de  la  Carta Política, en cuyo texto se expresa que “ninguna  autoridad  del Estado podrá ejercer funciones distintas de las que le atribuyen  la  Constitución  y la ley”. A su vez, el artículo 122 de la misma Normativa  Superior  prevé  que  “no  habrá  empleo  público  que  no  tenga funciones  detalladas en ley o reglamento”.   

En cuanto se refiere a los funcionarios que  administran  justicia,   en  el  pronunciamiento  que  ahora  se  evoca  se  precisó  que,  además de lo previsto por las anteriores normas, sus facultades  se  rigen por lo dispuesto en el artículo 230 de la Constitución, precepto que  establece   el   principio   de   imperio   de   la   ley   en   las  decisiones  judiciales.   

La jurisprudencia ha indicado asimismo, que  el  principio  de  legalidad  desde  el punto de vista de la pena constituye una  garantía  para  el procesado y para la comunidad, pues los ciudadanos tienen la  certeza  que  en ejercicio del ius puniendi, el Estado sólo podrá sancionar en  razón  de  la  comisión  de  una  conducta  punible  dentro  de  los  límites  cuantitativos  y  cualitativos  establecidos  en  la  ley, sin que éstos puedan  desbordarse  a  discreción  o  capricho de los funcionarios judiciales, pues un  tal  proceder  comportaría  no  sólo  violación  del referido principio, sino  también  de  los de igualdad de las personas ante la ley y seguridad jurídica,  según atrás se precisó.   

En  este  caso,  acorde  con  la  normativa  sustancial  por  la  que  se rige el presente asunto,  atendiendo  la  época  en  que  se  llevó a cabo la conducta que fue objeto de  investigación    y   juzgamiento   –  19  de  noviembre de 1998-, cuando la  pena  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  se  impone  como  accesoria  a  la  de prisión, su tiempo de duración debe ser igual a ésta sin  que pueda exceder de diez años.   

El  procesado PEDRO JOSÉ BARRERA SIPAGAUTA  fue  condenado  a  la  pena  accesoria  de interdicción de derechos y funciones  públicas  por el término de quince (15) años, pena esta última que supera en  cinco (5) años la legalmente aplicable.   

Como  ya  ha  sido advertido, con el fin de  salvaguardar  el  principio  de  legalidad  de  las  penas,  establecido  en  el  artículo  29  de la Carta Política, la Corte hará uso de la facultad otorgada  por  el artículo 216 del Estatuto Procesal de 2000, para corregir oficiosamente  este desacierto.     

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  oído  el  concepto  de              la        Procuradora             Segunda       Delegada    para    la   Casación   Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,    

        R E S U E L V E:   

PRIMERO.  CASAR  PARCIAL  y  OFICIOSAMENTE  la  sentencia  recurrida. FIJAR, en consecuencia, en  diez  (10) años la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  que  debe  purgar el procesado PEDRO JOSÉ  BARRERA   SIPAGAUTA   como   cómplice   penalmente  responsable  del  delito de homicidio agravado, a él imputado en la resolución  de acusación.   

SEGUNDO.  En lo  demás el fallo se mantiene.   

Contra esta decisión no proceden recursos.  Devuélvase  al  Despacho  de origen.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                    SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Cfr. por todas Cas. de junio 20 de 2007, Rad, 26510     

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