27390(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27390  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 109  

          Bogotá, D.C., veintisiete de junio de dos mil siete.   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000,  examina  la  Corte  la  demanda  de casación presentada por el defensor de FLOR  MARINA  CEPEDA,  contra  el fallo de segunda instancia proferido por el Tribunal  Superior  de  Armenia el 15 de septiembre de 2006, mediante el cual confirmó la  sentencia  emitida  por  el  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  condenando  a  la  mencionada  procesada y a Jaime Andrés Arévalo Piedrahita y  Jorge  Enrique Díaz Anacona, en calidad de coautores del concurso de delitos de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o  municiones,  a  la  pena  principal de 310 meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término de 10 años.   

HECHOS  

         

En  el fallo recurrido, quedaron consignados  de la siguiente forma:   

“Enseña   la   actuación  surtida  que  promediando  las tres y treinta de la madrugada (3:30 A.M.) del día veintitrés  (23)  de  febrero  de  dos  mil tres (2003), frente al predio distinguido con el  número  50-47  de  la calle 94 Sur de la ciudad de Bogotá, cuando los señores  HEMERSSON  ESCOBAR  REYES,  PAOLA  Y  ADRIANA MARCELA MELO FONSECA, WILSON JULIO  DÍAZ  CUSPIÁN  y  MARYI  ASTRID  ESCOBAR  OVIEDO  salían  de la taberna “LA  CHARLY”,  lugar  donde  horas  antes habían tenido una riña con JAIME  ANDRÉS  ARÉVALO  PIEDRAHITA,  FLOR  MARINA  CEPEDA y JORGE  ENRIQUE  DÍAZ  ANACONA, fueron abordados por un grupo  de  personas del que hacían parte los acabados de reseñar, quienes acometieron  a   los  integrantes  del  referido  grupo,  desplegando  actividad  dirigida  a  causarles  daño  y  como consecuencia de ello, mediante la utilización de arma  de  fuego, recibió muerte violeta el señor HEMERSSON  ESCOBAR REYES”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Por  los hechos reseñados, la Fiscalía 325  Seccional  de  Bogotá  ordenó  la  práctica de investigación previa el 23 de  febrero  de  2003;  posteriormente,  el  9  de  marzo  de  2004, su homóloga 42  Seccional  dispuso  la  apertura  de  la  investigación y las capturas de Jorge  Enrique  Díaz  Anacona, Jaime Andrés Piedrahita Arévalo y FLOR MARINA CEPEDA,  con el fin de vincularlos mediante indagatoria.   

Con  sendas resoluciones del 16 de abril del  mismo   año,   el  ente  instructor  declaró  personas  ausentes  a  los  tres  sindicados, quienes fueron provistos de defensor de oficio.   

El  14  de  mayo  de  2004,  la Fiscalía 41  Seccional  de  Bogotá  resolvió  la  situación  jurídica  de  los procesados  ausentes,  aplicándoles  medida  de  aseguramiento de detención preventiva sin  beneficio de excarcelación.   

El  27  de  octubre  del  referido año, fue  capturado  el sindicado Jaime Andrés Arévalo Piedrahita, quien el 1 de octubre  siguiente se escuchó en diligencia de indagatoria.   

Clausurada  la  fase  instructiva  el  2  de  diciembre  de  2004, el ente investigador calificó el mérito del sumario el 13  de  enero  de  2005,  profiriendo  resolución  de acusación en contra de Jaime  Andrés  Arévalo  Piedrahita, Jorge Enrique Díaz Anacona y FLOR MARINA CEPEDA,  por  el  concurso  de  delitos  de homicidio agravado y fabricación, tráfico y  porte  de armas de fuego o municiones, previstos en los artículos 103-4-7 y 365  del Código Penal, respectivamente.   

El 2 de marzo de 2005, la acusada FLOR MARINA  CEPEDA  confiere  poder  a la doctora Martha Trinidad Marín Marín, para que la  asista  como  defensora  en  el  presente  trámite.  A dicha profesional le fue  notificado    personalmente    el    pliego   de   cargos,   el   7   de   marzo  siguiente.   

La  etapa  de juzgamiento fue asumida por el  Juzgado  Noveno Penal del Circuito de Bogotá, dependencia que luego de realizar  las  audiencias  públicas  de preparación y juzgamiento, el 12 de diciembre de  2005  dictó  sentencia  condenatoria  en  contra  de  los  sindicados,  por las  conductas  punibles  contenidas  en la resolución acusatoria; a consecuencia de  ello,  les  impuso  la pena principal de 310 meses de prisión y la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por 10  años;  de  igual  modo, los condenó a pagar solidariamente el equivalente a 10  salarios  mínimos  legales  mensuales por concepto de perjuicios morales, y les  negó   los   beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

Dicho  fallo,  que  fue  apelado  por  los  defensores   de   Jaime   Andrés  Arévalo  Piedrahita  y  FLOR  MARINA  CEPEDA  –cuya captura se obtuvo el  28  de  enero  de  2006-,  lo  confirmó  íntegramente  el Tribunal Superior de  Armenia,   Sala   de   Descongestión,   mediante  el  que  hoy  es  objeto  del  extraordinario recurso.   

LA DEMANDA  

El   censor  postula  tres  cargos,  todos  principales, los cuales rotula y desarrolla de la siguiente manera:   

“Cargo  Único”.   

El  casacionista advierte que para no romper  el  orden  de  decisión  que  debe  tener  la  Sala, propone en primer lugar la  nulidad,  la cual fundamenta en la causal tercera, como quiera que los fallos de  instancia  se  dictaron en un juicio viciado, por evidente violación al derecho  de  defensa  y  debido  proceso,  ya  que  en  la  etapa  investigativa, el ente  instructor  se  limitó  a  practicar  las  pruebas  de  inculpación  contra su  defendida, dejando de lado las que podrían favorecerla.   

Critica también el trámite que precedió la  vinculación  en  ausencia  de  FLOR  MARINA CEPEDA, en su sentir apresurado, no  solo  porque  no  se  le  dio  aviso  alguno, sino también porque no se tuvo en  cuenta  algún informe previo ni se ordenó su emplazamiento; así mismo, porque  no   existía   ningún   elemento  probatorio  que  la  comprometiera,  ya  que  inicialmente  los  testigos  aludieron  a  una  mujer  de nombre “MARTHA”.   

Dice  que la Fiscalía fue inerte y se dejó  manipular  en  la  investigación,  lo cual constituye violación del derecho de  defensa,  pues  los puntos sobre los que se dejó de indagar, eran fundamentales  en  la  relación  jurídica  y  tenían la capacidad suficiente para excluir el  juicio de responsabilidad que se hizo por los dos delitos.   

Agrega que el ente instructor sólo se basó  en  los informes de los investigadores y los testimonios de personas cercanas al  occiso,  quienes “montaron una película”  en contra de su defendida, para hacerla aparecer como autora de  los  hechos,  probado  como  estaba  que  tenían  un  interés  personal  en el  resultado de la investigación.   

Dichos  informes y testimonios, vertidos los  últimos  por  Maryi  Astrid  Escobar  Oviedo y las hermanas Paola y Diana Melo,  fueron  además  el  sustento  de  la  condena,  sin que los juzgadores hubiesen  aclarado las contradicciones en que incurrieron.   

Por lo anterior, considera el recurrente que  la  Fiscalía  desatendió  sus  funciones,  ya que estaba obligada a investigar  tanto  lo  desfavorable como lo favorable, pero solo se preocupó por deducir la  inculpación.  Ello  es  tan  evidente,  asegura, que procede la declaratoria de  nulidad  con  base  en  los  numerales  2  y  3  del  artículo  “3°” (sic) del Código de Procedimiento  Penal.   

También  considera  irregular  que  en  una  resolución  de sustanciación que dictó el ente instructor, en la que decretó  pruebas,  no  haya  especificado si se trataba de investigación preliminar o de  apertura  de  instrucción. Sin embargo, aclara que un año mas tarde se emitió  la  que  abre  el  proceso,  la  cual  estima  igualmente errada, no solo por no  haberse   establecido   previamente  la  verdadera  identidad  de  su  prohijada  –circunstancia  que  se  mantuvo  hasta  la  emisión del fallo de primer grado-, sino también porque no  se le avisó por ningún medio, aunque se dispuso su captura.   

Insiste  en  que debe declararse la nulidad,  además  de  las  razones  expuestas,  porque  la  resolución  de  cierre  y el  proveído  calificatorio,  no  fueron  notificados personalmente al defensor que  atendía  a  FLOR  MARINA CEPEDA por esa época, a quien también critica por no  haber  realizado  “ni el más mínimo esfuerzo para  defenderla”.   

Por todo lo anterior, solicita a la Sala que  case  la  sentencia  acusada y, por consiguiente, se decrete la nulidad a partir  de  la  resolución que declaró cerrada la investigación, con el fin de que al  reponerse  la  actuación  viciada,  se  practiquen las pruebas con la legalidad  debida;   en   ese  caso,  adicionalmente  pide  que  se  disponga  la  libertad  provisional de FLOR MARINA CEPEDA, por vencimiento de términos.   

“Cargo  Primero”.   

Amparado en el inciso 2° del numeral 1° del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  demandante acusa la  sentencia  del  Tribunal por violación indirecta de la ley sustancial, derivada  de una equivocada apreciación de la prueba.   

En   efecto,  apoyado  en  la  figura  del  “falso     juicio    de    identidad”,  manifiesta  que  los  falladores  se  equivocaron,  por cuanto  apreciaron  actuaciones  extraprocesales recogidas en informes policivos y se le  otorgó  valor  de plena prueba a los testimonios aportados por los familiares y  amigos  del  occiso, los que en su sentir tienen un interés en las resultas del  proceso  y  son contradictorios, parcializados e inconsistentes. De allí que no  reúnan  las exigencias necesarias para considerárseles legales y procesalmente  suficientes para deducir responsabilidad penal.   

Lamenta  igualmente  que  en  ninguna de las  sentencias,  se  haya tenido en cuenta la declaración injurada de Jaime Andrés  Arévalo Piedrahita.   

A   renglón   seguido,   señala  que  el  Ad  quem  yerra porque hace  afirmaciones  genéricas,  con  las  cuales  le  da una fuerza probatoria que no  tienen,  a  los  informes  y  declaraciones, a partir de los cuales determina la  responsabilidad  en  las  conductas  punibles  de  FLOR  MARINA  CEPEDA.  De los  primeros,  dice,  constituyen  una  relación  de  los  hechos escuchados por un  funcionario  en  entrevista extraproceso, luego escritos en un documento, previo  proceso     de     “subjetivización”  que  hace que no exista correspondencia entre lo narrado por el  receptor y lo dicho por el informante.   

Estima  el  censor que se desconocieron, por  consiguiente,  los  artículos  29  de  la  Carta Política y 238 del Código de  Procedimiento  Penal, ya que no existe prueba que demuestre la participación de  FLOR  MARINA  CEPEDA  en  la  muerte  de  Hemersson Escobar Reyes y porque si se  hubiese  hecho un análisis probatorio de conjunto, se habría dictado sentencia  absolutoria  a  su  favor.  La  valoración  que se hizo de la prueba de cargos,  agrega,  desbordó  los principios de la sana crítica, ya que no tenía ninguna  capacidad demostrativa.   

Adicionalmente, el recurrente señala que el  falso  juicio  de  identidad  se  presenta  por  la  errada  conexión del hecho  indicador  con  el  indicado,  lo  cual  constituye  un error de hecho porque el  Ad   quem  al  formar  la  decisión  impugnada,  yerra  en  la inferencia lógica y específicamente en su  fuerza,  dado  que el hecho indicador no tiene el alcance o capacidad probatoria  que  gratuita y caprichosamente le otorgó. En concreto, critica que a partir de  los  informes y testimonios referidos, se infiera con valor de plena prueba, que  FLOR  MARINA  CEPEDA  es  coautora de los delitos de homicidio y porte ilegal de  armas.   

Por último, luego de disertar genéricamente  sobre  los  requisitos de existencia, validez y eficacia de las pruebas, reitera  que  los  informes  no  son  claros  y  que  los  testimonios no merecen ninguna  credibilidad.  Solicita,  por  ello, que se case la sentencia condenatoria, para  en su lugar, absolver a la procesada de los cargos imputados.   

“Cargo  Segundo”.   

Como  segundo  cargo  principal, el defensor  formula  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, por desconocimiento del  principio    de   IN   DUBIO   PRO   REO,  como  quiera  que  no  se  logró  demostrar,  en  forma  plena e  indiscutible,   la   responsabilidad   de   su   defendida   sobre   los  hechos  imputados.   

Contrariamente,   sostiene,   al   proceso  concurrieron  pruebas  no apreciadas por los juzgadores, que tienden a demostrar  que los hechos no sucedieron como los narran los testigos de cargo.   

En  orden  a  fundamentar  su  cesura,  el  casacionista  diserta de manera genérica sobre la presunción de inocencia y la  plena  certeza  probatoria  a  que alude el artículo 232 de la Ley 600 de 2000,  como     requisito    para    desvirtuar    aquélla    y    emitir    sentencia  condenatoria.   

Del  mismo  modo,  apoyado  en varios textos  doctrinales,  manifiesta  que una duda que contravenga las normas sobre la libre  convicción  o  sana  crítica “nacional”,  no  puede  rozar  el principio de presunción de inocencia, ni  menos  aún,  conmoverlo en grado tal que permita establecer el grado de certeza  necesario para dictarse fallo de condena.   

Reitera   entonces,  el  Tribunal  derivó  responsabilidad  penal  contra  FLOR  MARINA  CEPEDA  sin  prueba  obrante en el  proceso,  lo  cual  configura  “violación en forma  directa   y   por  falta  de  aplicación”,  de  los  artículos  232  y  7°  del  Código  de Procedimiento Penal, y 9° del Código  Penal.      Así     mismo,     “se     violaron  indirectamente,    por  aplicación  indebida”, los artículos 103, 104-4-7 y  365 de la misma obra.   

Concluye  así  que  el  error  del Tribunal  consistió  en confirmar una sentencia sin que existiera certeza probatoria para  condenar  a  FLOR  MARINA CEPEDA, en franco desconocimiento del principio del IN  DUBIO  PRO  REO  y  de  la norma procesal que exige plena prueba para el efecto.  Ello,  porque  debió  reconocer  que  los informes de los investigadores no son  medios  de prueba y la existencia de múltiples dudas que campean respecto de la  posible responsabilidad.   

Que se case el fallo recurrido y en su lugar  se   absuelva   a   la   sindicada,   es   lo   que   finalmente   peticiona  el  recurrente.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La Sala abordará el estudio de la demanda,  respetando el orden propuesto por el casacionista. Así:   

“Cargo  único”.   

         El  primer  cargo  a  dilucidar,  refiere  a  una supuesta causal de  nulidad  por  violación  del  derecho  a  la  defensa y el debido proceso. Para  sustentarlo,  de  manera  profusa,  el  censor  refiere  varias  irregularidades  que,  a su juicio,  afectaron  el  trámite,  y  por  ello debe invalidarse desde la  resolución    que    dispuso    la   clausura   de   la   fase   investigativa,  inclusive.   

        Sin  embargo, un detallado recorrido por  los  diferentes cuestionamientos, permite advertir que  si  bien el demandante busca acomodar sus críticas a  los  rigores  argumentales  y  lógico  jurídicos  que  gobiernan  el mecanismo  casacional,   finalmente,   ningún   yerro  ostensible  en  el  fallo  propone,  limitándose  a  exponer  su  particular  interpretación  de  lo ocurrido en el  trámite  procesal  y lo arrojado por las pruebas, razón suficiente para que su  pretensión deba desecharse de entrada.   

        Para  una  mejor comprensión del asunto debatido y por ocasión de  la  exhaustiva delimitación consignada en el escrito,  se  hará  referencia  a  cada una de las irregularidades    citadas    en    el  mismo.   

        El   demandante,   ubicado   en  la  causal  tercera,  para     empezar,    acusa  a la sentencia de haber sido dictada en  un  proceso  que rotula plagado de irregularidades, la  primera      de     ellas     por     desconocimiento    del   principio   de  investigación          integral.   

        No    obstante,    hace   la   crítica   de  manera  genérica  y  abstracta  al  referir una  supuesta  unilateralidad  del instructor, quien, en su  sentir,   sólo   allegó   pruebas  para  deducir  la  inculpación  contra  su  defendida,   con   el   ánimo   de   que se le condenara.   

        Nunca  especificó  el  demandante, empero, cuáles son esos medios  probatorios  que  en  su obligación de investigar tanto lo desfavorable como lo  favorable   a   la   procesada,   dejó  de  practicar  el  fiscal  o  cómo  esos  ignorados  elementos  de  juicio  inciden  de  tal  manera  en  lo decidido, que necesariamente se hubiera  presentado  un  cambio  favorable para su representada  legal,  ya  que  según  él,  “tenían la capacidad  suficiente    para    excluir    el    juicio   de   responsabilidad”.   

        Ahora      bien,      respecto  de  la  crítica  que  formula con  relación   al   valor   probatorio  que  le  otorgaron  los  falladores  a  los  informes  policiales y los  testimonios  de  las  personas  que presenciaron los acontecimientos,  que  en  su  opinión “montaron  una  película  y  manipularon  a          la          Fiscalía”, basta decir que no es la nulidad la  vía  correcta  para  su ataque casacional,  pues  en  tratándose  de  la  censura  a   los   elementos   de   juicio,  la  misma  debe  dirigirse  a  través de la  violación  indirecta  por  error  de  hecho,  generado  en  falsos  juicios  de  existencia  o  identidad, o en falso raciocinio, o por  error    de   derecho,   provocado   por   falsos   juicios   de   legalidad   o  convicción.   

        De    igual    manera,   como  argumentos  adicionales  para  fundamentar  la invalidez de la  actuación,  menciona  el  recurrente  que  una de las  varias    resoluciones  del ente instructor, en las  cuales  decretó  pruebas,  no  especificaba  si  se  trataba   de   investigación  preliminar  o  apertura  del  proceso.   

       Sin      embargo,     el  mismo  libelista,  dentro  del  cuerpo  de  la  demanda, se encarga de clarificar ese  aspecto,  cuando menciona que un año más  tarde  se abrió la instrucción y se dispuso la vinculación y  captura  de  los  presuntos partícipes, entre ellos FLOR MARINA CEPEDA.   

       Y  precisamente  por  haberse dispuesto  la   captura   de   la  imputada,  para  efectos  de  escucharla  en  indagatoria, no era obligación del ente instructor darle   a   conocer   aquella    determinación,   ni   menos  emplazarla  posteriormente,  como  condicionamientos  previos    a    la    declaratoria    de   persona  ausente,  en  los  términos del artículo 344 de la  Ley  600  de  2000,  regulatoria  del  asunto.  Ello  entonces,  descarta  que  se  hubiesen presentado irregularidades en el trámite  previo  a  la  vinculación  en ausencia,  como  quiera  que  la  fiscalía  cumplió estrictamente con la  tramitación    que    para    el    efecto    consagra    la    ley.   

       De          igual          modo,          el          impugnante  asegura que la resolución  acusatoria,  no  le  fue  notificada  en  forma  personal a quien por esa época  era  el defensor   de   la   procesada.   

Sin  embargo, el casacionista parte de un  presupuesto  falso, pues, como quedó consignado en los  antecedentes  de esta decisión, una vez emitida la providencia calificatoria, a  pesar  de  hallarse  huyendo  de  la  justicia,  la procesada FLOR MARINA CEPEDA  confirió  poder  a  la  doctora  Martha  Trinidad  Marín  Marín,  para que la  representara  en  este  trámite. A dicha profesional, entonces, se le notificó  en  forma  personal  la  resolución  acusatoria, el 7 de marzo de 2005, como lo  registra   expresamente  el  sello  de  notificación  personal  inserto  en  la  foliatura (fs. 181 vto.).   

Respecto  de  este  tópico,  la Sala tiene  determinado  que  los  requisitos  formales de la demanda de casación, no sólo  hacen  referencia  a  su  contenido lógico armónico, es decir a su corrección  formal,  sino  que  también  deben  contener  una  corrección  material.  Ello  significa  que  entre  las  piezas  procesales  sobre las que se fundamenten los  cargos  y  la presentación que se haga de ellas en la demanda, debe existir una  relación     de     correspondencia    objetiva1,   respetando   siempre   su  realidad.   

En tales eventos, ha dicho también la Sala,  no  se  trata  de  determinar  a  priori  la  prosperidad de la demanda, sino de  prevenir  que  la  corrección  formal  de  la  misma  no esté sustentada sobre  inexactitudes  o  mendacidades,  conscientes  o inconscientes, pero en todo caso  advertibles a simple vista.   

Los  antecedentes  del caso debatido en una  demanda  de  casación  son  vinculantes, no sólo porque la ley bajo la cual se  rige  el  presente  caso  los incluye dentro de sus requisitos formales (numeral  2º  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000), sino porque los mismos son  presupuesto  del  análisis que debe emprender la Corte cuando revisa su aspecto  formal,  pues  de  ello  dependerá  muchas  de  las veces que la Sala encuentre  correctamente  demostrado  un  cargo  en  casación2.   

         En  el  presente evento, la falta de notificación de la resolución  de  acusación es uno de los presupuestos de la censura por nulidad que, cuando,  menos,  reclama  de  sustento  objetivo, el mismo que no se posee, como antes se  dejó  demostrado, y consecuentemente, sea que el yerro se deba a la incuria del  demandante  o  a su inadvertencia explicable, es lo cierto que carece de soporte  el  cargo  en  este  aspecto  formulado,  por  lo cual se impone desatender a lo  pretendido.   

       Ahora,  juzgar la labor de la defensora de entonces, por cuanto no  hizo   “ni   el   más   mínimo   esfuerzo  para  defenderla”, es otra mas de las frases apresuradas  que   lanza   el  libelista,  pues  era  menester,  para  que  pudiese  tener  fortuna   el   cargo,   significar   cómo   debió  desarrollarse  la  labor defensiva y su trascendencia  respecto  de  lo  fallado,  a  efectos  de que la Corte contase con elementos de  juicio   que   permitan   considerar   efectivamente        vulnerado        el        derecho.   

       Amplia  y pacífica se ha representado la jurisprudencia que sobre  el    particular    ha   emitido   la   Corte,   al  considerar  que quien demanda violación del derecho  a  la  defensa  por supuesta inactividad del abogado,  debe  demostrar  que  en  realidad  fue una omisión  lesiva  de  los  intereses  del  procesado,  atendiendo  a  lo  recaudado por la  investigación,  y  no limitarse en abstracto a criticar al defensor, ni a decir  según  su  criterio  qué  hubiera hecho, pues es lógico que cada profesional,  frente  a  un  caso  concreto,  diagnostique  y  establezca su propia estrategia  defensiva,  de  manera  que  no  coincidir  en  ello  no  significa  que se haya  infringido     la    garantía    constitucional3.   

Entonces,   como   no   se   acredita  la  trascendencia  de los vicios que afectan los actos procesales, el cargo no puede  ser admitido.   

       “Cargo      Primero”.   

         De  entrada advierte la Sala que en la sola sustentación del cargo,  fundado  en  un  supuesto error de hecho por falso juicio de identidad, derivado  de   la   equivocada   apreciación   de   la   prueba  de  cargos  –informes y testimonios-, el demandante  incurre  en deficiencias de fundamentación que dan al traste con su pretensión  casacional.   

En efecto, todo indica que la inconformidad  con  la  sentencia del Tribunal, remite a la discrepancia con la apreciación de  los  elementos  de  juicio que llevaron a determinar la responsabilidad penal de  su  defendida.  De  ser  así,  entonces  debió  haber encausado la censura por  conducto  del  error  de  hecho por falso raciocinio, en cuyo caso era necesario  explicarle  a la Sala, por qué considera que los juzgadores se apartaron de las  reglas  de  la sana crítica, dado el desconocimiento de las leyes científicas,  los principios de la lógica o las reglas de la experiencia.   

                     Recurrir al  error  de  hecho  por falso juicio de identidad obligaba un análisis diferente,  en   el   que   determinase  cuál  es  el  apartado  documental  o  testifical  tergiversado,     cercenado     o     adicionado     por     el     Tribunal,  no limitándose  a  anteponer  su  particular  interpretación de lo consignado    en   los   informes   y  lo       expresado       por       los  testigos,    en   típico   alegato   libre   que   pasó   por  alto  certificar  cuál  es el ostensible yerro del Ad  quem,  pues,  ni  siquiera postula  adecuadamente   si  este  proviene  de  tergiversar,  cercenar  o  adicionar  el  contenido  de la dicción, desde luego, abordando uno  por  uno los medios probatorios, para ver de significar cuál en concreto fue el  apartado       agregado,       cercenado      o  tergiversado.  Ya  luego de esta tarea era menester definir, con un  nuevo  análisis del acervo probatorio en su conjunto, cómo los yerros tuvieron  tal   trascendencia  que  la  decisión,  corregidos  ellos,  habría  de  mutar  favorable para el acusado.   

Cuando no se obra dentro de los parámetros  argumentales  y  lógico-jurídicos,  previstos en cada causal de casación para  orientar  adecuadamente  la censura, el impugnante termina oponiendo su personal  criterio  sobre  el  más autorizado del juzgador, incurriendo en el desatino de  considerar   el   recurso   extraordinario   como  otra  instancia,  en  abierto  desconocimiento  de  que  con el mismo se busca primordialmente el estudio de la  legalidad  de  la  sentencia  y  no  la  prolongación  de  un debate probatorio  fenecido  mediante  el  proferimiento  de  una  sentencia  amparada con la doble  presunción  de acierto y legalidad, únicamente destronable por la presencia de  errores  predicables  del  fallador,  de tal magnitud que sólo con su casación  pudiera restaurarse la legalidad de lo decidido.   

En  este  orden  de  ideas,  ninguno de los  asertos   del   censor   destaca   asunto  diverso  al  simple  rechazo  de  las  consideraciones  que dieron pie al Tribunal para condenar a la procesada por los  delitos  de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico y porte de armas de  fuego  o  municiones,  de  manera que no es viable desarrollar el ataque bajo la  forma    del    falso   raciocinio   –que  ni siquiera trajo a colación- en el entendido genérico de que  el  fallador valoró de determinada manera los elementos materiales probatorios,  cuando  es  evidente  que para la estimación de tales probanzas nuestro sistema  probatorio  predica  la  libre  apreciación,  dentro  del  contexto  de la sana  crítica.   

Es  lo  cierto, entonces, que el demandante  apenas  alcanza a mostrar su obvia insatisfacción con el resultado del proceso,  sin   siquiera  referirse  o  transcribir  de  manera  concreta  los  medios  de  información  que  le sirvieron de apoyo al sentenciador para emitir la condena,  ni  indicar,  específicamente, los análisis del Tribunal que estima errados ni  la trascendencia de ello.   

         Y  los  evidentes desaciertos de fundamentación, pretende suplirlos  el   censor,   con   la   afirmación   genérica   de  que  el  “falso  juicio  de identidad” se presenta  por     la     errada     conexión    del    hecho    indicador    –los  informes  y  testimonios-  con el  indicado  –la plena prueba  sobre  la  responsabilidad-,  por  cuanto  el  primero  carece  de  la capacidad  probatoria    que    el    Ad   quem   brindó  gratuita  y  caprichosamente,  pero, abordado el tópico de  los  indicios,  se  quedó el demandante en la mera enunciación, sin determinar  en concreto cuál es el sentido de la controversia.   

       Se     inadmitirá,    por    lo    anotado,    el    “primer         cargo”,  propuesto         como         “principal” por el demandante.   

       “Cargo      Segundo”.   

       Referenciado   también  como     principal     por   el  recurrente,  remite  a  la violación indirecta de la ley sustancial,  por  desconocimiento  del principio  IN     DUBIO    PRO  REO,    sosteniendo  que  no  se demostró en forma plena e indiscutible,  la  certeza  acerca de la responsabilidad  penal  de FLOR MARINA CEPEDA.   

       Sin  embargo, la Corte no se extenderá  en  la  inadmisión  del  cargo,  como  quiera que este ha sido postulado  en las mismas condiciones que lo  fuera     el     cargo     primero    -valor  probatorio  que  otorgaron los falladores a los informes y  testimonios-,  aunque  aquí  se  remite  a  que  lo  arrojado probatoriamente genera dudas.   

       Al  efecto,  basta  reiterar que la Corte ha significado que si al  censor  le  ha  interesado  el  tema del IN DUBIO PRO  REO,  debe distinguir dos  temas                diversos:   

    

1. Si afirma que el juez ha errado porque  la  sentencia  reconoce  la  existencia  de  duda  razonable originada en el haz  probatorio  y  deja de aplicar el valor asignado por la ley, esto es, certeza (o  plena  prueba)  de incertidumbre, debe invocar violación indirecta por error de  derecho;.y     

    

1. Si  encuentra  que  el  juez  ignora  la  existencia  razonable  y  manifiesta de la  duda  partiendo  de  las  pruebas,  y  pese  a  ello condena, debe acudir a la violación indirecta de la  ley    sustancial    por    error    de    hecho4.     

En  el evento del rubro, una declaración  en  uno  u  otro  sentido  brilla por su ausencia, pues el casacionista se apoya  exclusivamente   en   la   apreciación   probatoria  de los juzgadores.   

Por    lo    tanto,    como  permanecen incólumes y con iguales efectos los reproches que  se  hicieron  anteriormente  a la argumentación lógico jurídica contendida en  la  demanda,  a  ellos acude la Sala, para significar  soportada    la    decisión   de   inadmitir   el  cargo.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de la procesada FLOR  MARINA  CEPEDA,  conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase a la oficina de origen.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO       DE  BARÓN                                   JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                                  JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Auto del 25 de abril de 2002, Rad. 15.782   

2  Auto del 28 de febrero de 2006, Rad. 24.783.   

3  Sentencia del 29 de abril de 1999, Rad. 13.315.   

4  Auto del 30 de noviembre de 1999, Rad. 14.535.     

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