27385(06-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27385  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

YESID RAMIREZ BASTIDAS  

Aprobado  acta No.  088   

Bogotá,  D.C., junio  seis (6) de dos mil siete (2007).   

VISTOS  :   

Define  la Corte  el   impedimento   manifestado   por   los  doctores  Nancy  Yanira  Muñoz  Martínez  y Fernando Adolfo Pareja Reinemer,        Magistrados    de   la   Sala   Penal  del  Tribunal Superior de Bogotá, para  conocer   en   segunda   instancia   del   proceso   que   se  adelanta  contra  los  acusados MARY  LUZ  QUIROGA LIZARAZO, NAYIRI ENERIETH CASTILLO LÓPEZ, ORLANDO QUIROGA  LIZARAZO  y  SERGIO  ÁNGEL   BOHÓRQUEZ  PRECIADO   por   los    delitos  de  hurto  calificado      y      agravado,     concierto  para delinquir y fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1. Los    primeros    ocurrieron   entre  el  16  de  agosto  y  el  10  de  septiembre de   2006  en  distintos  lugares  y días en esta capital, cuando personas que retiraban sumas  de  dinero  de  instituciones  bancarias  o  de  otras entidades eran seguidas y  despojadas  del  efectivo  por sujetos que utilizaban medios motorizados y armas  de  fuego  para  lograr  su  propósito  de  apropiarse  de  lo ajeno ejerciendo  violencia sobre las víctimas.   

2.  El  Juzgado  7º  Penal Municipal con  funciones  de  control de garantías, ante solicitud presentada por la Fiscalía  36  Seccional  de  Bogotá,  impartió  la  legalización  de  la captura de los  aprehendidos,  así  mismo,  se formuló imputación en contra de los capturados  como  presuntos  coautores  de  los  delitos  de  hurto  calificado  y agravado,  concierto  para  delinquir  y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones,  en concurso, cargos frente a los cuales los imputados se allanaron;  en   la   misma   audiencia   preliminar   se  solicitó  imponerles  medida  de  aseguramiento   de  detención  preventiva  en  establecimiento  de  reclusión,  petición  que  fue  acogida  por  el  juzgado  que  así  mismo le concedió la  detención  domiciliaria a NAYIRI ENERIETH CASTILLO LÓPEZ, por su condición de  mujer cabeza de familia.   

3. Por su parte, el 24 de abril de 2006, el  Juzgado  Treinta  y  Dos  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  profirió sentencia  condenatoria  contra  los  antes  nombrados  como  coautores  de  las  conductas  punibles     imputadas,     decisión      que     fue     recurrida     en  apelación.   

4. Pero, también, el mismo juzgado condenó  por  similares  delitos, el 16 de junio de 2006, a JHON ALEXANDER HOLGUÍN SIZA,  quien  había  sido objeto de formulación de imputación allanándose a ella el  2  de  noviembre  de  2005,  providencia  que    fue impugnada como la  anterior.   

5.  El  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  realizó  el  debate  oral  y  en  la misma diligencia se  sustentó  la  apelación  contra  cada  una  de  las sentencias precedentemente  reseñadas  y,  el  26  de  septiembre  de  2006,  en  Sala  integrada  por  los  Magistrados   Luis  Eduardo  Manrique  Bernal  (ponente),  Nancy  Yanira  Muñoz  Martínez  y  Fernando  Adolfo  Pareja  Reinemer,   profirió  el  fallo de  segunda  instancia  resolviendo  modificar el que condenó a HOLGUÍN SIZA en el  monto  de  la  pena  impuesta y anular parcialmente el proceso, concretamente la  audiencia  de dosificación punitiva  y la sentencia dictada el 24 de abril  de  2006  por el Juzgado Treinta y Dos Penal del Circuito contra NAYIRI ENERIETH  CASTILLO  LÓPEZ,  MARY  LUZ QUIROGA LIZARAZO, ORLANDO QUIROGA LIZARAZO y SERGIO  ÁNGEL  BOHÓRQUEZ  PRECIADO,  para que la actuación se realizara dentro de los  principios  de ponderación y proporcionalidad, porque se acreditó que tanto la  fiscal  como el juzgador tuvieron conocimiento de amenazas contra sus vidas, por  parte  precisamente  de  uno de los acusados, lo cual originó que la primera no  pudiese  efectuar  planteamientos  sólidos y completos y ni siquiera interponer  recurso,  mientras  que  el  segundo,  omitió  varios  delitos contenidos en la  imputación, respecto de algunos de los sindicados.   

6.  Subsanada  la  irregularidad  puesta de  presente  por  el juez colegiado, el Juzgado Treinta y Dos Penal del Circuito de  Bogotá,  el  18 de enero de 2007, condenó a los procesados en mención por los  cargos  a  los  cuales  tales  sindicados  se  habían allanado, al igual que lo  había  hecho  el  coprocesado  HOLGUÍN  SIZA, y les negó la suspensión   condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, decisión  contra  la  cual  interpusieron el recurso de apelación la Fiscalía Delegada y  la defensa.   

7.  Al arribar el  proceso  a  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de  Bogotá,  para   resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto,  los  Magistrados  Nancy  Yanira Muñoz Martínez y Fernando Adolfo Pareja Reinemer  manifestaron     su  impedimento   para   integrar   la  Sala  con  fundamento  en  la causal 6ª del  artículo  56  de  la  ley  906  de  2004,  surgido  de  la circunstancia de haber  participado    dentro   del   proceso   cuando   conocieron  de  la  apelación  presentada contra el fallo emitido el 16 de junio de  2006  por  el Juzgado 32 Penal del Circuito en contra de JHON ALEXANDER HOLGUÍN  SIZA,  y  con  sustento en la línea jurisprudencial  trazada  por esta corporación en pronunciamientos del 21 de marzo de 2006, rad.  25407  y  octubre  19  del  mismo  año,  rad. 26243.   

Por   lo  anterior,  se dispuso el  envío  de  la  actuación  a  esta  Sala  de  la  Corte para que se resuelva el  impedimento planteado.   

CONSIDERACIONES DE  LA SALA:   

1.  De acuerdo  con  lo  previsto  en  los  artículos  57  y  341  de  la ley 906 de 2004, esta  Corporación    es  competente  para  resolver  el  impedimento  propuesto  por versar en un proceso  adelantado  bajo  el  trámite del sistema penal acusatorio y por tratarse de la  manifestación  que  hacen dos Magistrados de la Sala  Penal del Tribunal Superior de Bogotá.   

2.    Las  instituciones    de    los   impedimentos   y   las  recusaciones   están   fijadas   constitucional  y  legalmente   para   la  preservación   y   defensa   del   derecho   a   ser   juzgado  por  funcionarios  imparciales, alcanzando  la  categoría de derecho fundamental porque hace parte del derecho a un proceso  con  todas  las  garantías  y  previsto  así  mismo  en  el artículo 10 de la Declaración Universal de  Derechos  Humanos  como en el artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles     y    Políticos    de    New    York1.   

3. En       esta       materia         rige  el  principio  de taxatividad según el cual solo integra motivo  de  excusa o de recusación aquel que de manera expresa se señala en la ley, lo  que   hace   exclusión   de   la   analogía,     además    que  a  los  jueces  les  está  vedado  separarse  por  su propia  voluntad  de  sus  funciones  jurisdiccionales y a los sujetos procesales no les  está  permitido  escoger  a  su arbitrio la persona del juez, de manera que las  causas  que  dan  lugar a separar del conocimiento de un determinado asunto a un  funcionario    judicial    no    pueden  deducirse por similitud ni ser objeto  de  interpretaciones  subjetivas, en tanto se trata de reglas de garantía de la  independencia  judicial  y  de vigencia del principio de imparcialidad del juez.   

4. Este            axioma           -o  derecho  a  un tribunal imparcial-  derivado   de   los  artículos  209  y  13  de  la  Constitución     Política     en    cuanto    la    función    pública    de  administrar justicia así  lo  reclama  lo mismo que el trato igual para todas las personas de parte de las  autoridades,     se     ha     concebido     como  esencial del debido   proceso   en  el   sentido  que  junto  a  dos  partes  parciales,     tiene    que    existir    un    tercero    imparcial,   extraño a la causa y ajeno a las posiciones de intereses  de   ellas   -el  juez-,  principio  de  alcance  general  puesto  que  tiene  aplicación     en    todos    los    tipos    de  procesos   y  sistemáticas  procesales2.   

En  correlación  con que la jurisdicción  juzga  sobre  asuntos  de  otros,  la  primera   exigencia  respecto  del  juez  es  la  que éste no puede ser, al mismo tiempo,  parte  en  el  conflicto  que  se  somete a su  decisión. La llamada   impartialidad,  el que juzga no puede ser parte, es  una  exigencia elemental que hace más a la noción de jurisdicción que a la de  proceso,  aunque  éste  implique  siempre  también la existencia de dos partes  parciales   enfrentadas   entre   sí  que  acuden  a  un  tercero  impartial, esto es, que no es parte, y  que  es  el  titular de la potestad jurisdiccional. Por lo mismo la impartialidad       es  algo  objetivo  que  atiende, más que a la imparcialidad y al  ánimo  del  juez,  a la misma esencia de la función jurisdiccional, al reparto  de   funciones   en  la  actuación  de  la  misma.  En  el  drama  que   es   el  proceso  no  se  pueden  representar por una misma persona el papel de juez y  el  papel de parte. Es que  si  el  juez  fuera  también  parte  no implicaría  principalmente  negar  la  imparcialidad, sino desconocer la esencia misma de lo  que  es  la  actuación  del  derecho  objetivo  por la jurisdicción en un caso  concreto3   

.  

5. Para asegurar  ese   apotegma   con   el  fin  que  las  decisiones  que se adopten durante el  curso   de  los  procesos  que  conocen  respondan  a  la  independencia  de  la  administración  de justicia y el derecho fundamental  de  los asociados a obtener un fallo proferido por un tribunal imparcial, se han  instituido  los  mecanismos  del  impedimento  y  las  recusaciones en virtud de  los  cuales el juez debe  separarse  del  conocimiento  de aquellos casos en donde por entrar en conflicto  sus  propios  intereses o haber conocido en el fondo  del   asunto,   se   pierde  el  fin  de  la  recta  administración de justicia.   

6. La   ley   906   de  2004     ha     establecido    causales    impeditivas    que    se    refieren   –más    precisamente-  a posibles  relaciones   del  funcionario  judicial  y  el  objeto  del  proceso4  como la del juez que cumpliendo funciones de control  de  garantía  quedará  impedido  para conocer del fondo del asunto (arts. 39 y  56,  numeral 13, ley 906 de 2004) o cuando el juez haya conocido de la solicitud  de  preclusión  formulada  por  la  Fiscalía y la haya negado, caso en el cual  quedará  impedido  para  conocer del juicio (art. 56, numeral 14, y art. 335) o  la  de  los  Magistrados  para  conocer  la  acción  de  revisión cuando hayan  suscrito  la  decisión  objeto  de  la  misma (art.  197)5. Como dice  Montero Aroca,   

se   trata   de  una  lista  cerrada  de  situaciones  objetivadas  que  convierten al operador  judicial  en  sospechoso,  de  modo  que  la  concurrencia  de  una de ellas obliga al juez a abstenerse de  conocer  el  asunto  en  aras  de  la  imparcialidad  que  debe  imperar  en las  decisiones        de        la       justicia6.   

7. La  causal  de  impedimento  invocada  en  el presente caso, está  prevista  en  el artículo 56 numeral 6° del Código de Procedimiento Penal, en  los siguientes términos:   

Que el funcionario judicial haya dictado la  providencia  de  cuya  revisión  se  trata,  o  hubiere  participado dentro del  proceso…   

Frente  a  esta  causal,  la  Sala  tiene  establecido  que  la comprensión de este concepto no  debe   asumirse   en   sentido   literal  sino  que  es  preciso que esa intervención, para que adquiera  un  efecto  trascendente  acorde  con  los  fines  de la norma, tenga la aptitud  suficiente  para  comprometer  la  ecuanimidad y la rectitud del funcionario. Su  actividad  dentro  del  proceso,  debe  haber  sido  esencial  y  no simplemente  formal7   

, de   fondo,  sustancial,  trascendente,  que  lo  vincule  con  la  actuación   puesta   a  su  consideración  de  tal  manera       que      le      impida   actuar  con  la  imparcialidad  y  la  ponderación  que de  él  esperan no solamente  los sujetos procesales sino la comunidad en general.   

8.   En  esta  actuación  todos  los  coprocesados  se allanaron a la imputación, y en lo que  tiene   que  ver  con  el  sindicado  JOHN  ALEXANDER  HOLGUIN  SIZA  el  único  conocimiento  que  tuvo  la  Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior de  Bogotá   integrada   por   los   dos   Magistrados  que  ahora  manifiestan  su  impedimento   fue  la  inconformidad  de  la defensa con la tasación de la  pena  y  la  rebaja  de  la  misma  por  virtud  de  la aceptación de cargos, y  restringida  su  facultad  al  motivo  de  impugnación encontró que aquella se  ajustaba  a  la  legalidad,  no  así  frente  a  la  rebaja  por aceptación de  culpabilidad  que  se extendió a la mitad de la pena imponible a que se refiere  el  inciso  1°  del  artículo  351, luego no se accedió a información amplia  sobre    tópicos   importantes   como        las        pruebas,        la       coautoría,  la responsabilidad de los asociados  en  la empresa criminal investigada, etc.   

9. Desde  la  perspectiva  de  la  razonabilidad  y  del principio de  proporcionalidad  no es adecuado ni necesario que la magistratura deba separarse  del   conocimiento  de  un  asunto  cuando  su  intervención  en  el  mismo  se  ha   limitado     a     cuestiones  accidentales  o  que no se vinculan de manera inescindible a lo  que   de   nuevo  debe  ser  resuelto,  de     modo     que     ninguna     sospecha     pueden generar las decisiones que tome pues  lo     que     hasta     ahora    conoce    del    asunto    no    la  impregna  de preconceptos ni existe  asomo  de  tergiversación o subterfugio que afecten el recto proceder de la justicia.   

10.  Lo  anterior  es  así porque el fin  constitucional  de  la  imparcialidad  no  resulta lesionado cuando un juez debe  resolver  de  fondo un asunto en el que intervino tomando partido por un aspecto  accidental  o  de  trámite,  además de que   las  cuestiones  esenciales a  debatir    en   esta   nueva   ocasión  no se vinculan directa e inescindible  con   lo  resuelto en  la  anterior  oportunidad,  por  lo que aceptar el  impedimento     alegado    genera    sacrificios    innecesarios    y  resulta  antitético  frente  a los  principios   que  gobiernan  el  sistema  acusatorio  colombiano  regulado por la Ley 906 de 2004, de donde  por   contera   saldrían   graves  afectaciones  al  cumplimiento  del  mandato  constitucional  dirigido  a  la  obtención  de  una administración de justicia  pronta y cumplida.   

11.    Por    lo    demás:  la  situación  fáctica  planteada  como  problema  jurídico  a resolver por quienes alegan impedimento  ofrece  una  variada  cantidad  de  posibilidades  para  que los  Magistrados    escojan    una,    de    modo   que,   como   dice   Kelsen,  éstos tienen que desarrollar  actos  de  volición  en  donde  entran en juego sus concepciones filosóficas y  culturales   de  diverso  orden   que,   en   todo   caso,   deben  enfrentarse  al  análisis  racional  y lógico de la prueba que le sirve de parámetro para  su decisión.   

Con          Kauffman  ha  de recordarse que cuando  el  juez  dice el derecho introduce siempre algo propio, de su entendimiento; de  lo  contrario  no  podrá  nunca  poner  en correspondencia la ley y el caso. La  objetividad     es  propia   de   las  ciencias  naturales;  la eliminación de toda subjetividad no puede ser ideal adecuado  para      la      ciencia      del      Derecho8.   

12.      Así,      pues,      si     los     Magistrados   Nancy   Yanira   Muñoz  Martínez     y     Fernando    Adolfo  Pareja  Reinemer  al  resolver  la  apelación  de  la sentencia  proferida   contra   el   procesado   JOHN   ALEJANDER  HOLGUI  SIZA,  tan solo  anularon   parcialmente   el   proceso  en  lo  que tuvo que ver la audiencia  de   dosificación  punitiva  y  lo  correspondiente  de   la  sentencia,  es  razonable    concluir    que   no   tuvieron   una  participación  dentro  de la actuación con entidad suficiente para comprometer  su imparcialidad.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:   

1.  DECLARAR  INFUNDADO  el       impedimento       manifestado       por      los  Magistrados Nancy Yanira Muñoz Martínez y Fernando  Adolfo  Pareja  Reinemer para conocer del recurso de  apelación    interpuesto    contra   la  sentencia  condenatoria  proferida  por  el  Juzgado  Treinta  y  Dos  Penal del Circuito de Bogotá el pasado 18 de  enero de 2007.   

2. ADVERTIR que  contra la presente providencia no proceden recursos.   

Cópiese,        devuélvase  la  actuación al Tribunal  de origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             ÁLVARO      O.     PÉREZ  PINZÓN   

Salvamento de voto  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN           JORGE  L. QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO E. SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.  

    

1  Por  ejemplo,  María del  Carmen  Calvo  Sánchez, «Imparcialidad: abstención  y  recusación  en la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil 1/2000, de 7 de enero»,  Responsa    iurisperitorum    digesta,  volumen  II,  Salamanca,  Ediciones  Universidad  de Salamanca,  2001, p. 90.   

2  Art.  73, Ley 94 de 1938; art. 78, Decreto 409 de 1971; art. 103, Decreto 050 de  1987;  art. 103, 

Decreto 2700 de 1991, modificado  por  el  art.  15 de la Ley 81 de 1993; art. 99, Ley 600 de 2000; y art. 56, Ley  906  de  2004.  Y, provs. CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal, 20  de  agosto  de  1992, rad. 5044, 23 de marzo de 2000, rad. 14536, 8 de noviembre  de  2000, rad. 14078, 7 de mayo de 2002, rad. 19300, 18 de febrero de 2004, rad.  21921,  16  de  marzo  de 2005, rad. 23374, 30 de noviembre de 2006, rad. 26453,  entre otras.   

3  “Es  evidente  que  si  un juez puede ser también  parte  en  un  proceso  que  ha  de  tramitar y decidir, aquél no actuaría con  imparcialidad,  pero  con todo lo que resultaría vulnerado, en primer lugar, no  sería  la  imparcialidad,  sino  el  requisito  de  la  jurisdicción que ha de  conocer  de  asuntos  de   otros.  Naturalmente  no  es lo mismo referir la  alinieta  a la jurisdicción, como función del Estado, que al juez, considerado  éste  como  persona,  pero también en este segundo supuesto lo que  entra  en  juego  no  es  tanto  la parcialidad como la negación de algo que hace a la  esencia  de  la   jurisdicción,  la  denominada  parcialidad. La verdadera  imparcialidad,  en  tanto  que desinterés  subjetivo, no puede simplemente  suponer  que  el  titular de la potestad jurisdiccional no puede ser parte en el  proceso  de  que  está   conociendo,  sino que implica, sobre todo, que el  juez  no  sirve  a la finalidad subjetiva de alguna de las partes en un proceso,  esto  es,  que  su  juicio  ha  de  estar  determinado  sólo  por  el  correcto  cumplimiento  de  la función que tiene encomendada, es decir, por la actuación  del  derecho objetivo en el caso concreto, sin que circunstancia alguna ajena al  ejercicio   de   esa   función   influya   en   su  decisión”.  Juan   Montero   Aroca,  Sobre   la   imparcialidad  del  juez  y  la  incompatibilidad  de  funciones  procesales, Valencia, Editorial Tirant lo  blanch,  1999,  págs.  186-188.   “Desde luego la imparcialidad no puede  asimilarse  a  neutralidad,  porque   al  contrario  de otras actividades o  disciplinas,  la del juez exige un compromiso con la verdad y la justicia, que a  la  postre  se  expresa  en  juicio  de  valor que cuestionan o controvierten la  posición  de  las partes”. José Fernando Ramírez  Gómez,    Principios  Constitucionales  del  Derecho  Procesal  colombiano,  Medellín, Señal Editora, pág. 130.   

4  Otras  causales  de  impedimento  tienen que ver con las relaciones del juez con  las   partes  del  proceso  (art.  56-1-2-3-4-5-9-10-11-15  de  la  Ley  906  de  2004).   

5  Esta  causal se refiere a la posibilidad de error judicial y a la inconveniencia  de  que  un  mismo asunto sea examinado por el juez que profirió la decisión a  revisar.   

6  Juan       Montero      Aroca,      Principios    del    proceso   penal,  Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 1997, p. 88.   

7  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   Sent.   del   7   de  mayo  de  2002,  rad.19300.   

8  Citado   por  Osvaldo  Alfredo  Gozaíni,  Derecho procesal constitucional. El  debido  proceso,  Santa  Fe,  Rubinzal  –   Culzoni   Editores,   2004,  p.  253.     

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