27360(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27360  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 069.  

          Bogotá D.C., mayo nueve (9) de dos mil siete (2007).   

  VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  MIGUEL    EFRÉN    MANCERA    SASTOQUE,  condenado  en  primera  instancia  por  el  Comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá,  mediante  sentencia de fecha abril 25 de 1996, como autor penalmente responsable  del delito de peculado por apropiación.   

El  Tribunal  Superior  Militar  de la misma  ciudad  el  25  de  noviembre de 1996 confirmó la anterior decisión, en virtud  del  grado  jurisdiccional de consulta que por ministerio de la ley se suscitó.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El 9 de junio de 1991, en un establecimiento  de  comercio  de  la  ciudad  de  Bogotá,  el  agente  de  la Policía Nacional  MIGUEL    EFRÉN    MANCERA    SASTOQUE   incautó  un  revólver  calibre  38  largo,  marca  Smith   Wesson,  serial  No  R280403,  al  ciudadano   Pedro   José  García  Borda,  quien  exhibió salvoconducto para su porte, elemento que no puso  a  disposición  de  la  autoridad  competente  ni  restituyó a su propietario.   

Por  los hechos anteriores, el Comandante de  la  Policía Metropolitana de Bogotá, mediante sentencia de fecha febrero 25 de  1996,   condenó   a   MANCERA   SASTOQUE  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de peculado por  apropiación,  a  la  pena  principal de veinticuatro (24) meses de prisión y a  las  accesorias  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un  período  igual, así como a la separación absoluta de la Policía Nacional, al  tiempo que le negó la condena de ejecución condicional.   

Surtido  el grado jurisdiccional de consulta  respecto  de  la  anterior  determinación,  El  Tribunal  Superior  Militar  la  confirmó,  mediante  providencia  del  25  de  noviembre de la misma anualidad.   

LA  DEMANDA   

El   apoderado   especial   de  MIGUEL  EFRÉN MANCERA SASTOQUE, presenta  demanda,  en  cuyo  acápite  referido  a  la “causal  invocada”   comienza   por  señalar  que  acude  a  “la  segunda  de  las  indicadas  en el art. 220 del  CPP”.    No  obstante  ello,  a  continuación  reproduce los numerales 3 y 5 de la misma preceptiva.   

Luego,  en  el  aparte correspondiente a los  “fundamentos  de derecho”  alude  que “como lo señala el numeral 2 del art. 220  del  C.P.P. … nos encontramos que el propietario del revólver, quien aseveró  habérsele  perdido,  pero  nunca  impetró  denuncia en contra de MIGUEL EFRÉN  MANCERA  SASTOQUE,  ni  tampoco  se  aprecia  informe en el expediente donde, el  agente   es   responsable   por   la  pérdida  y/o  hurto  de  el  (sic)        revólver”.   

Lo  anterior le permite inferir “que  la  investigación  al carecer de este presupuesto no debió  haberse   adelantado   proceso   (sic)   por  el  punible  de  peculado por apropiación en contra del agente  MANCERA”.                   

Acto  seguido, transcribe el contenido de la  causal  tercera  de  revisión  de la misma disposición legal, luego de lo cual  indica     que     “el    mecanismo    probatorio  documental  que  me  permito  presentar  como  prueba  nueva,  es  el documento que se puede apreciar y que no  hizo  parte  dentro  de las diligencias del proceso, como lo es el documento del  Jefe  del  Departamento  de Armas, Municiones y Explosivos, que a pesar de facto  haberlas   pedido  (sic)  el  investigador  para  asegurar  su prueba y poder y haberlas obtenido (sic),  otro  hubiera  sido  la suerte del  sindicado”.   

Más adelante, acota que aporta con carácter  de  prueba  nueva “la solicitud de petición de fecha  21  de  enero  del  año  2000,  realizada  por  MIGUEL EFRÉN MANCERA SASTOQUE,  elevada  ante  el  Jefe  del  Departamento  de  Armas,  Municiones y Explosivos,  Comando  General  Fuerzas  Militares,  para  que  le fuera entregada copia de la  denuncia  formulada  por  la desaparición del arma, involucrada por pérdida al  señor  Pedro  José  García  Baquero, así mismo el descargue del arma ante la  misma  entidad,  cuando  esta  fue  perdida el 9 de junio de 1991”.   

Advierte  que  la  anterior  petición  se  respondió  por  el  Jefe  del  Departamento  de  Control  y  Comercio de Armas,  mediante  oficio 69270 del 17 de marzo de la misma anualidad, a través del cual  señaló  que  la referida arma no registra anotaciones que permitan indicar que  se  hubiera  efectuado  su  descarga por pérdida o hurto.  Igualmente, que  figura  a  nombre  de  Pedro José García,  apareciendo  como  última  novedad  el 30 de septiembre de 1994,  fecha  en  la  que  revalidó el salvoconducto, con vencimiento del 15 diciembre  del año siguiente.   

Para  el  demandante,  lo expuesto conduce a  inferir  que  el  último  en  mención  “ha  venido  continuamente  revalidando  su  arma  que le figura en los archivos del Jefe del  Departamento   de   Control   y   Comercio   de   Armas,   en   la   ciudad   de  Bogotá”,  lo  cual es demostrativo de que continúa  bajo  su  posesión  material,  pues  de  otra  manera  no  se  explica que haya  revalidado  el  permiso  y  que   no  se  haya  descargado  de los archivos  mencionados.   

Además, porque si ello no fuera así, dicho  sujeto   estaría   incurso   en  el  delito  de  fraude  procesal  “en   razón  a  que  indujo  en  error  a  los  investigadores  y  autoridades  judiciales  al hacer creer que esta arma había sido hurtada por el  policial  y  por  el  contrario  continuó  sacando salvoconducto”.   

Por  consiguiente,  sostiene,  no es posible  endilgar  a  su  defendido  el  delito de peculado por apropiación “sin  haber  obtenido una plena prueba, como lo es haber realizado  las   averiguaciones   e  investigaciones  correspondientes  ante  el  Jefe  del  Departamento  control,  Armas,  Municiones y Explosivos, Comando General Fuerzas  Militares”,     situación    que    condujo    a  que     se  “violara flagrantemente la  inocencia del sindicado”.   

A continuación, a través del capítulo que  denomina     “petición    especial”  solicita  el  envío  del  reporte de novedades que se lleva en el  Departamento   de  Control  de  Armas,  Municiones  y  Explosivos,  “con  el  ánimo de esclarecer toda duda que se pueda presentar en  la  revocación  de  la sentencia” y que Pedro  José  García sea requerido por la  misma  dependencia “para que presente físicamente el  arma   a   la   que   le   ha   solicitado   la  renovación  del  salvoconducto  reiteradamente.   Con  esto  poder  demostrar que el arma está en su poder  actualmente”.   

Finalmente,  afirma que anexa al escrito, en  calidad de pruebas, los documentos referidos.     

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Como  se  ha dicho en forma reiterada por la  Sala,  la acción de revisión fue concebida por el legislador como un mecanismo  a  través  del cual se busca la invalidación de una decisión que ha adquirido  firmeza  y  de  la  cual resulta razonable predicar que entraña un contenido de  injusticia  material  porque  la  verdad  procesal  declarada  resulta  ser bien  diversa   a   la   verdad   histórica  del  acontecer  objeto  de  juzgamiento,  demostración  que  sólo  es posible jurídicamente dentro del marco delimitado  por  las  causales  taxativamente  señaladas  en  la  ley.  Acorde con esa  naturaleza,  para  la  admisibilidad  de  la demanda se exige el cumplimiento de  rigurosas  y  taxativas  exigencias,  que  no son otras que las señaladas en el  artículo 222 de la Ley 600 de 2000.   

En  atención  a  que  esta  acción procede  exclusivamente  contra  decisiones  ejecutoriadas  (sentencias,  resoluciones de  preclusión  de  la  investigación  o  autos de cesación de procedimiento), es  deber  inicial  del actor allegar copia de las providencias de primera y segunda  instancia con su respectiva constancia de ejecutoria.   

          Ahora  bien, cuando la causal invocada es la contenida en el numeral  3º  del  artículo  220  del  estatuto  procesal,  precisamente una de las tres  invocadas   por  el  demandante,  por  la  aparición  de  hechos  nuevos  o  el  surgimiento  de  pruebas  de  igual  naturaleza  no  conocidas  al tiempo de los  debates  con  virtualidad  para  acreditar  la  inocencia  del  condenado  o  su  inimputabilidad,  tales  novedosos  elementos  probatorios  deben  también  ser  aportados  junto  con la demanda y ser idóneos para demostrar cualquiera de las  finalidades antes precisadas.   

Significa lo anterior que de dichos medios de  prueba  debe  surgir,  cuando  menos  como  posibilidad,  que el condenado no es  responsable  de la conducta, resultando preciso que finalmente tengan la entidad  de  desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad que ampara al fallo  que  ha  cobrado  ejecutoria material y adquirido, en consecuencia, el carácter  de  cosa  juzgada.  En esa medida, la acción de revisión no constituye el  resurgimiento  de  una  nueva  oportunidad  para  propender  por  una discusión  probatoria  que  ya  tuvo su escenario propicio en las instancias ordinarias del  proceso  y,  con  las  limitantes  inherentes  a  su  naturaleza,  en el recurso  extraordinario de casación.       

Pues  bien,  revisado  el  contenido  de  la  demanda   sin   dificultad   alguna   se  advierte  que  el  apoderado  especial  de   MIGUEL   EFRÉN   MANCERA   SASTOQUE,  no  satisface  los  presupuestos  indicados  y, en esa medida, la  decisión  que  se  impone adoptar es la de inadmitirla, por ser la consecuencia  prevista  legalmente  para  este  evento, en virtud de lo dispuesto en el inciso  segundo      del      artículo      223      de      la      Ley     600     de  2000.            

Lo anterior, en primer lugar, porque si bien  el  accionante adjunta a la demanda copias autenticadas de los fallos de primera  y  segunda  instancia  proferidos  en  contra  de  su  defendido,  no  anexa  la  respectiva  constancia de su ejecutoria, requisito fundamental cuando quiera que  esta  acción,  como  ya se precisó, tiene por objetivo remover el carácter de  res   iudicata   de   las  decisiones    que    pueden    ser    cuestionadas    a    través    de    esta  vía.            

A dicha falencia, en segundo orden, se aúna  la   circunstancia      de   que   el  demandante  no  desarrolla  adecuadamente  ninguna  de  las  causales  que  invoca,  sobre lo cual, además,  también evidencia incertidumbre.   

En efecto, aun cuando el discurso que propone  el  libelista fundamentalmente gira en torno de la causal tercera prevista en el  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, esto es, por la aparición de prueba nueva  demostrativa  de  la  inocencia  de su defendido, al comienzo de su disertación  alude a los motivos segundo y quinto de la misma preceptiva.   

Ahora está que ninguna reflexión amerita el  último  motivo en cita pues, aparte de invocarlo, ningún argumento expone para  sustentarlo.   Y,  en  cuanto a la causal segunda, también referida por el  accionante,  a través de la cual pretende demostrar que la acción penal por el  delito  de  peculado  por  apropiación por el que fue condenado su defendido no  debió  iniciarse como quiera que el propietario del arma no presentó querella,  realmente   poco   es   lo   que  cabe  señalar,  cuando  deviene  evidente  su  improcedencia,  dado  que  para  la  activación  de  la  acción penal por esta  modalidad  delictiva no se requiere de dicho presupuesto, ni actualmente ni para  la  fecha  en  que la conducta tuvo comisión, esto último cuando se encontraba  vigente  el  Decreto  2700  de 1991, por tratarse de una conducta perseguible de  oficio,  no  incluida  en  el  catálogo  previsto  en  el artículo 33 de dicha  normatividad.     

Por  otro  lado,  en lo que concierne con la  causal  tercera pretextada por el actor, sobre la cual pesa casi la totalidad de  la  argumentación  que propone, cabe destacar que los medios de persuasión que  aporta  y  la solicitud probatoria que eleva, no tienen la suficiencia requerida  para  derruir  el  sustento  de  la atribución de responsabilidad que considera  injusta.   Es  más,  la  discusión  que  se propone a través de ellos no  persigue  un  objetivo  distinto al de extender un debate que tenía su marco en  la actuación.       

Ciertamente,   sin  dificultad  alguna  se  advierte  que  lo  que  pretende  el libelista es demostrar, a través de prueba  documental  y de la solicitud que eleva, que el arma de fuego que se constituyó  en  el objeto material del ilícito de peculado por apropiación, actualmente se  encuentra  en poder de su propietario, aspecto que no resulta relevante frente a  la  responsabilidad  penal que recayó en contra de su defendido por el hecho de  que  mucho  antes,  el 9 de junio de 1991, una vez procedió a incautarla, no la  puso    a    disposición   de   la   autoridad   competente   ni   tampoco   la  restituyó.   

Es claro que con esa actitud lo que persigue  el  libelista  es  revivir  un  aspecto para el cual la defensa gozó de amplias  oportunidades  en el proceso, pues si a su juicio el arma no salió de la esfera  de  dominio  de  su  propietario,  así debió plantearlo durante la actuación,  pero  no  utilizar  esta acción excepcional que goza de una naturaleza definida  orientada  a  derruir  el  carácter  de  res iudicata  de    algunas   decisiones   judiciales,   con   ese  propósito.   

Para  remover  la  intangibilidad  de  las  decisiones  señaladas en la ley que han pasado por autoridad de cosa juzgada es  necesario,  en  punto  de  la  causal tercera de revisión, que las pruebas sean  novedosas,  esto  es,  que  su  práctica  no  hubiera  tenido  lugar durante el  proceso,  pero  ello  no  se  puede  concebir  como el resurgimiento de un nuevo  espacio  probatorio  para  practicar  aquellas  que  por determinadas razones no  tuvieron realización.     

Si bien es cierto, según lo ha reconocido la  Sala,  la  acción  de  revisión ostenta naturaleza probatoria y por tal razón  prevé  un  término para que la partes, de conformidad con el artículo 224 del  estatuto  procesal  penal, “soliciten las que estimen  conducentes”,  tal  posibilidad no se puede entender  hasta  el  extremo  de considerarla como una prolongación de las instancias con  el  fin  de practicar todas las probanzas que allí no se pudieron evacuar, pues  su  objetivo  especial  apunta sólo hacia aquellas que pongan en evidencia, por  lo  menos como probabilidad, la injusticia de la decisión cuestionada a través  de esta acción.   

         Así  las  cosas,  dado  que  la  acción  de  revisión  según  la  concepción  legislativa no constituye una prolongación del juicio, como parece  entenderlo  el  demandante, para lo cual contó con las oportunidades que la ley  tiene  establecidas  en  las  instancias  y,  agotadas  estas, con el recurso de  casación,  es  claro  que  el  libelo  que  viene  de examinarse no apunta a la  finalidad  de  este  instituto,  sino  apenas  a suscitar una nueva ponderación  probatoria,  con  base en elementos de juicio despojados de la aptitud requerida  para ello.   

Como el escrito incumple la exigencia formal  que  para  su admisión establece el numeral 3º del artículo 222 de la Ley 600  del  2000, resulta imperiosa su inadmisión de conformidad con lo indicado en el  artículo 223 del mismo estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado especial de   MIGUEL   EFRÉN   MANCERA   SASTOQUE,  de  conformidad  con  las  razones  consignadas  en la  anterior motivación.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                              JORGE     LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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