27330(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27330  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta No. 069   

Bogotá,     D.     C.,    nueve   de   mayo   del  año  dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  defensor  público   del  procesado  HUMBERTO    ALIRIO    VALERO   MAYORGA.   

Antecedentes.-  

1.-  La  cuestión  fáctica,  ocurrida  en  Bogotá, fue declarada por el juzgador de la manera siguiente:   

“De la denuncia  instaurada  por SANDRA LUCÍA PIRACHICÁN y su esposo ELIÉCER CASTRO, se conoce  que  el  26  de julio de 2005, compraron el bus de placas EKG-352 a CARLOS JULIO  GARZÓN  RAMÍREZ.  Ese  mismo día, HUMBERTO ALIRIO VALERO MAYORGA le propuso a  la  denunciante  y  a  su esposo, comprarles el bus de transporte escolar por un  valor  de  $25.000.000, suma  que  sería  cancelada  en  cuotas  mensuales; indicando que tenía la solvencia  suficiente    para    cumplir   con   el  pago  porque  era  propietario  de  otros   buses  y  de  la  cooperativa  de  turismo  COVATUR,  a la cual se encuentra afiliado el automotor  objeto de transacción.   

“Sin  embargo,  VALERO MAYORGA no cumplió  con  el  pago  de  las  cuotas  mensuales,  a  pesar  de  las  exigencias de los  vendedores;  por  lo  que  decidieron  solicitarle  que deshicieran el negocio y  devolviera  el  bus, pero HUMBERTO ALIRIO MAYORGA señaló que no podía hacerlo  porque  ya  lo  había  vendido  y  en  realidad  no  tenía  como  pagarles  lo  adeudado.   

“Los documentos de propiedad del automotor  no  se  encuentran  a  nombre  de los esposos CASTRO PIRACHICAN, debido a que el  señor  CARLOS  JULIO  GARZÓN  RAMÍREZ,  anterior propietario, les entregó el  documento  de  traspaso  en  blanco;  y ellos, ante la inmediata venta del bus a  VALERO  MAYORGA,  no  vieron la necesidad de registrar el mencionado documento a  su nombre ante la oficina de tránsito”.   

2.-  La Fiscalía  presentó  el caso ante el  Juez  de  Control  de  Garantías  donde solicitó  la citación del indiciado y la designación de defensor  público  para  llevar a cabo las audiencias de formulación de imputación y de  suspensión  del  poder  dispositivo  del  bien.  Como  quiera  que  la  persona  requerida  no  compareció  pese a haber sido debidamente citada, de conformidad  con   lo  dispuesto  en  el  artículo  291  del  Código de Procedimiento Penal,  en  la  audiencia  llevada  a  cabo  el  16  de  junio  de  2006 ante el Juzgado  Veintitrés  Penal  Municipal  con  funciones de Control de Garantías,  la  Fiscalía  solicitó declarar contumaz al señor HUMBERTO ALIRIO VALERO MAYORGA,  y    el   Juez,   previa  verificación  de  haberse cumplido con las citaciones de que trata el artículo  171   ejusdem,   lo  declaró  contumaz  y   le  nombró como defensor a un  profesional    del   derecho   designado por el sistema nacional de defensoría pública.   

Seguidamente,   en   esa   misma   fecha,  de  conformidad con lo dispuesto por el artículo 154  del   Código   de  Procedimiento  Penal  de  2004,  la  Fiscalía  59   Local  con         sede        en        Bogotá  le  imputó la realización del  delito  de  estafa  de  que  trata  el artículo 246,  inciso 1º, del Código Penal.   

3.-        El       trece de julio  siguiente   la   Fiscalía   presentó   escrito  de  acusación    en    el    cual    le   imputó   al   incriminado   HUMBERTO   ALIRIO   VALERO   MAYORGA  la  realización  del  delito  de  estafa de que trata el  artículo 246 inciso 1 de la Ley 599 de 2000.   

4.-   Ante   el   Juzgado   Quinto       Penal      Municipal  de  Bogotá,  el 3         de         agosto   de  2006,  se llevó a cabo la  audiencia    de    formulación    de    la    acusación;    el    29  siguiente la audiencia preparatoria,  y finalmente, el        día        26    de  septiembre  de  2006  el  juicio   oral;  en  esta  misma   diligencia   se  anunció   y  profirió  la  sentencia  en  sentido  absolutorio.   

5.-  Apelado  el  fallo por la Fiscalía    y   el   apoderado   de   las   víctimas,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, al  conocer  en segunda instancia de la impugnación interpuesta, mediante sentencia  proferida  el  veintiocho  de  noviembre  de dos mil  seis,  decidió revocarlo  íntegramente  y  condenar  al  procesado  HUMBERTO  ALIRIO VALERO MAYORGA a las  penas  principales  de  treinta y dos (32) meses de prisión y multa en cuantía  de   cincuenta   (50)   salarios  mínimos  legales  mensuales  y  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  un  término  igual  al  de  la  pena privativa de la  libertad,  a  consecuencia  de  hallarlo  penalmente  responsable  del delito de  estafa a él imputado en la acusación.   

En       esa      misma   determinación   le   negó   al  procesado  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria como sustitutiva de la prisión.     

6.- Contra el fallo de segunda instancia, en  oportunidad      la      defensa     interpuso         recurso  extraordinario de casación mediante la presentación del  escrito   de   demanda   sobre   cuya   admisibilidad   se   pronuncia  la   Corte.   

La demanda.-  

Con  apoyo en lo dispuesto por el artículo  181  del  Código  de Procedimiento Penal de 2004, el actor formula tres         cargos    contra    la    sentencia   del  Tribunal.   

En        el       primero,    formulado   como  principal  al amparo de la causal  primera  de  casación,  denuncia que “el Tribunal interpretó erróneamente y  por  ende  violó  de manera directa la ley sustancial, por indebida aplicación  del  art.  246  de  la ley 599 de 2000, que define el  delito  de  estafa  y  por la falta de aplicación de los principios rectores de  legalidad   y   tipicidad   inequívoca,   consagrados  en  los  arts.  6  y  10  Ibidem”.   

Después  de  aludir  a  lo indicado por la  doctrina  de  la  Sala  en torno al delito de estafa, señala que el Tribunal se  equivocó  al  adecuar  los hechos al mencionado tipo  penal  por  desconocimiento  del orden causal que se  exige  para  su  configuración,  pues  en  la sentencia se edifica el engaño a  partir   de  la  actitud  asumida  por  el  procesado  con  posterioridad  a  la  realización  del  negocio,  concretamente en las promesas mendaces  que le  hiciera  a  Eliécer Oswaldo Castro Rivera cuando éste lo requería  en  compañía  de su esposa para el pago de las cuotas pactadas  en  el  pagaré,  con  lo  cual  se alteró el orden  causal de la conducta típica.   

Dice  aceptar  íntegramente  “los hechos  declarados   en   los   fallos   de   primera   y   segunda   instancia”,  los  cuales,     según  manifiesta,  indican  que  CASTRO RIVERA realizó la  negociación   libre   de   engaños,   que  concurrió  por  propia  iniciativa  acompañado  de  su  esposa  a  las  oficinas  de  la Cooperativa de Transportes  Coovatur,  “inclusive  en  compañía  de  una  profesional  del derecho quien  ayudó  a elaborar el título valor pagaré por valor de $23.000.000.oo, no hubo  mentira  alguna, ya que VALERO MAYORGA canceló a CARLOS JULIO GARZÓN RAMÍREZ,  la  suma  de  $2.000.000  que  el  vendedor  CASTRO  RIVERA  adeudaba  a éste y  suscribió  el  título  valor  por  el  saldo  de $23.000.000, tampoco existió  omisión  de  información al realizarse el negocio, toda vez que VALERO MAYORGA  sí  era,  es,  y  ha  sido,  el  representante  legal  de  Coovatur  Ltda. y no  estaba  aparentando ni simulando tal hecho”.   

Anota,  además,  que las diferencias entre  comprador  y  vendedor  se  suscitaron  por  el incumplimiento en el pago de las  cuotas  pactadas en el título valor, en razón a que a partir del mes de agosto  de    2005   el   procesado   se   vio   insolvente  económicamente, originándose la denuncia formulada.   

Considera  que  el  Tribunal,  al  derivar  engaño  de  las  manifestaciones mentirosas del procesado sobre el cumplimiento  en  el  pago de las cuotas, incurrió en un razonamiento inaceptable  pues pretende la existencia del engaño con fundamento en hechos  ocurridos  con  posterioridad  a  la obtención del supuesto provecho económico  ilícito.   

Sostiene  que  el  Tribunal transgredió el  principio  de  legalidad,  toda  vez que al revocar la sentencia de primera  instancia,  resultó  imponiendo  una sanción a quien no  realizó  una  conducta  que se adecue al tipo, o lo que es lo mismo, imponiendo  una  sanción  por  el incumplimiento de una obligación civil con violación de  las  normas   constitucionales  y  legales  que  prohíben  la prisión por  deudas.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  casar  la sentencia impugnada, reconocer que la conducta investigada es atípica  y  absolver al procesado.   

El   segundo  cargo,    también   enunciado   como   principal,  lo  postula  con  fundamento en la causal tercera de  casación  y  denuncia que en la sentencia de segunda  instancia  el Tribunal desconoció en forma manifiesta las reglas de producción  y    apreciación    de    la   prueba   en   que   se   soportó   dicho    pronunciamiento,  toda  vez  que desconoció las estipulaciones probatorias donde  se  tuvo  como hecho probado la creación y suscripción del pagaré por la suma  de  $23.000.000.oo,  así como la existencia y representación de la Cooperativa  Transportadora    Coovatur    Ltda.   como  consta  en  el certificado de la Cámara de Comercio, todo lo  cual  fue  ratificado  por  el  vendedor  del  automotor Eliécer Oswaldo Castro  Rivera.   “Es  decir,  considera,  el  Tribunal  no sólo desconoció estas reglas de producción de la  prueba  (estipulaciones probatorias) nuevas en el sistema penal colombiano, sino  que  lo más grave aún manifiestamente desconoció su apreciación al emitir el  fallo impugnado”.   

Al proceder de este modo, dice, el Tribunal  incurrió  en  error  de hecho por falso juicio de existencia, ante el flagrante  desconocimiento  de las estipulaciones probatorias que tuvo como hechos probados  la  existencia  de la negociación civil o comercial, con respaldo en un título  valor   legalmente   aceptado   y   reconocido  por  la  legislación  comercial  colombiana.   

Con  este  fundamento  solicita  casar  la  sentencia      impugnada      y     absolver a su asistido.   

El   tercer  cargo,  formulado  como subsidiario con apoyo en las  previsiones  de  la  causal  segunda,  se  funda  en  sostener  que  el Tribunal  desconoció  la  estructura del debido proceso por afectación sustancial de las  garantías debidas al procesado.   

Anota       que      al negar el  Tribunal   la   concesión   del  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena de que trata el artículo  63  de  la  ley  599  de 2000 a que tiene derecho su asistido, afectó de manera  sustancial  el  derecho  fundamental  de  la libertad personal, protegido por el  artículo  28  de  la Constitución, toda vez que la pena impuesta no supera los  tres  años  de prisión y los antecedentes personales, sociales y familiares de  VALERO   MAYORGA,   son   indicadores  de  ser  un  comerciante  que,   como  cualquier  otro,   puede   tener  altibajos  en  sus  finanzas  pero  no  registra  antecedentes  penales,  representa  legalmente una  cooperativa transportadora y goza de una familia estable.   

Por  lo  anterior,  solicita  que  se  case  parcialmente  la  sentencia  recurrida  y  se  revoque la decisión que niega la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  (fls.  39  y ss. cno  Trib.).      

   

SE CONSIDERA  

             

1.-   De   manera  reiterada,  por  tanto  difundida,  la  Corte  ha convenido en sostener que el recurso extraordinario de  casación  no  es  instrumento  que  permita  continuar  el  debate  fáctico  y  jurídico    llevado    a    cabo    en    el    fenecido    proceso,  a  manera  de instancia adicional a  las  ordinarias del trámite, sino una sede única que parte del supuesto que el  proceso  culminó  con  el  proferimiento  del fallo de segunda instancia, y que  éste  no  sólo  es  acertado  sino  acorde con el ordenamiento jurídico, cuya  desvirtuación compete al demandante.   

Tal cometido sólo resulta posible por parte  de  los  intervinientes en la actuación cuyo interés derive del agravio que la  ejecutoria  de  la   decisión  impugnada habría de causarles, mediante la  presentación  de  una  demanda  en  que  no  sólo  se  expresen con claridad y  precisión  los  fundamentos  de  la  pretensión,  sino  que  se  demuestre  la  configuración  de  al  menos  uno  de  los  motivos  de casación taxativamente  previstos  por  la ley de rito, así como la necesaria intervención de la Corte  para  cumplir,  en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines que le son  inherentes,  previstos  por  el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal  de  2004, pues no de otra manera podrían    ser   entendida   las          expresiones según  las   cuales,    a    voces    de              los        artículos  181  y  183 ejusdem, la casación  resulta  procedente  contra  sentencias  de  segunda instancia “cuando afectan  derechos   o   garantías   fundamentales”  y  que  la  demanda debe señalar  “de   manera   precisa   y   concisa”   las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos.   

Es  tan  cierto  que  el  modelo casacional  previsto  en  el  nuevo  ordenamiento  en  manera alguna libera al demandante de  cumplir  con  unos  mínimos  requisitos  que  le  permitan superar el necesario  juicio  de  admisibilidad  que  por  ley  compete  realizar  a  la Corte, que el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004 la faculta para no seleccionar al trámite  aquellas  demandas  en  las  cuales  se  establezca  que el impugnante carece de  interés,  o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el fallo de segunda instancia, o se  dejan de  desarrollar  los  cargos  que a su amparo pretendió formular, “o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  algunas de las finalidades del recurso”.   

2.- En punto de las causales de procedencia  de  la casación, previstas por el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, asimismo  la Corte tiene precisado lo siguiente:   

“a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas1.   

“Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia2.   

“c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio de convicción3,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado” (cfr. Auto Cas. mayo 4 de 2006. Rad. 25250).   

Precisamente  por razón de lo que viene de  anotarse, más recientemente señaló la Sala:   

“Supone lo anterior que  el  demandante  debe  encaminar  sus esfuerzos a demostrar cómo con el trámite  procesal  o a través del fallo se afectaron derechos o garantías fundamentales  para  lo  cual,  en  consonancia  con  el  yerro advertido, ha de servirse de la  causal  de  casación  pertinente  señalándola  expresamente  e  indicando las  razones  que  le asisten para estimar que se encuentra estructurada, sin olvidar  que  debe  indicar,  así sea sucintamente, cuál de los fines establecidos para  la  casación  hace  necesaria  la  intervención  de  la Corte en el particular  asunto,  según lo previsto en el artículo 180 de esa normatividad, esto es, si  ella  es  indispensable  para la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

“Con  esos  propósitos,  resulta  de suma  utilidad   que   el   actor   atienda   las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  sobre  la  forma  para abordar en esta sede el desarrollo de los  diferentes  motivos  de  casación  pautas que, bien está recordar, no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de sus reparos.   

“Tales   directrices  tienden,  pues,  a  facilitar  la labor del demandante a fin de que resulten completos y entendibles  los  cargos  que  propone  contra el fallo de segundo grado, exigencia que sigue  vigente  pues  si  bien  en  la nueva lógica del recurso se habilita a la Corte  para  superar  los  defectos que el libelo ofrezca, esta última opción demanda  del  censor  un  esfuerzo  argumentativo  a  través  del  cual  demuestre ya el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que debió gobernarlo, ora la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  bien  el  tema  jurídico  que  por su relevancia deba ser  abordado  por  la  Sala  a  fin  de procurar el desarrollo de la jurisprudencia.   

“Es  decir, siempre será necesario que el  demandante  elabore  una  propuesta  coherente,  comprensible y convincente, por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí es indispensable la intervención de la  Corte  para  lograr  alguno  de los cometidos de la casación, de acuerdo con la  índole  de  la controversia planteada” (cfr. auto cas. junio 22 de 2006. Rad.  25412).   

3.-  En  el  evento  que  ahora  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  se  observa que  ninguno  de  los  cargos  propuestos  contra  la  sentencia  impugnada  logra cumplir, siquiera en mínima parte estas  exigencias   básicas.   La   falta   de   claridad,  precisión,  y  de  debida  sustentación,     son     el    elemento    común    en    los    tres  reparos.  Las inconsistencias de  fundamentación  y  técnicas  son  de  tal  magnitud  y  entidad,  que  impiden  establecer  el  verdadero alcance de la impugnación y el cabal entendimiento de  la  pretensión  del  impugnante,  lo  que  determina que el libelo no pueda ser  admitido  al  trámite con miras a un pronunciamiento de fondo, en términos que  seguidamente pasa a precisarse.   

3.1.-    Respecto    del   primer  cargo, el casacionista denuncia  que  el  Tribunal  incurrió  en  violación directa de disposiciones de derecho  sustancial   por  interpretación  errónea  y por aplicación indebida del  tipo  penal que define el delito de estafa, con lo cual se advierte que desde el  enunciado  mismo  de  la  propuesta impugnatoria incurre en desaciertos de orden  técnico.   

Pasa inadvertido que la aplicación indebida  y  la  interpretación  errónea  de  disposiciones  de  derecho sustancial, son  sentidos  distintos  de  violación  a  la  ley,  por ende, basados en supuestos  diversos.   Conforme ha sido repetidamente dicho por la Sala, la violación  directa   de  la  ley  sustancial  puede  llegar  a  presentarse  por  falta  de  aplicación,  aplicación indebida, o interpretación errónea de un determinado  precepto,  acogiendo  de  esta manera el criterio de clasificación trimembre de  los  sentidos  de  la  violación,  que  reconoce total autonomía al último de  ellos.   

Dentro  de  esta  categorización,  ha sido  entendido  que  la  falta  de  aplicación  de  normas  de derecho sustancial se  presenta  cuando  el  juzgador  deja  de  aplicar al caso la disposición que lo  rige;  la aplicación indebida tiene lugar cuando aduce una norma equivocada; y,  la  interpretación  errónea  consiste  en  el  desacierto  en  que  incurre el  fallador  cuando habiendo seleccionado adecuadamente la norma que regula el caso  sometido  a  su consideración, decide aplicarla, sólo que con un entendimiento  equivocado,   sea   rebasando,   menguando   o   desfigurando   su  contenido  o  alcance.   

De  esta  manera  resulta  claro  que  la  diferencia  de  las  dos  primeras hipótesis de error con la última, radica en  que  mientras  en  la  falta de aplicación y la aplicación indebida subyace un  error  en la selección del precepto, en la interpretación errónea el yerro es  sólo  de  hermenéutica, pues se parte del supuesto de que la norma aplicada es  la  correcta,  sólo que con un entendimiento que no es el que jurídicamente le  corresponde,  llevando  con  ello  a  hacerla  producir  por  exceso  o  defecto  consecuencias distintas de las que le corresponden.   

Para  efectos de precisar el concepto de la  violación,  resulta  intrascendente  la  motivación  que pudo haber llevado al  juzgador  a  la  transgresión  de  la disposición sustancial; lo que realmente  cuenta  es  la  decisión  que  adopte  en  relación con ella. En este orden de  ideas,  si  la  norma es aplicada debiendo no serlo o inaplicada debiendo serlo,  habrá  llanamente  aplicación  indebida  o  falta  de aplicación, según cada  caso,  independientemente  de que al error se haya llegado porque el juzgador se  equivoca sobre su existencia, validez, o alcance.    

En  síntesis,  si una determinada norma de  derecho  sustancial  ha  sido incorrectamente seleccionada, y este error ha sido  determinado  por  equivocaciones  del  Juez  en  la auscultación de su alcance,  habrá   aplicación   indebida   o  falta  de  aplicación,  pero  no  errónea  interpretación  del  precepto,  puesto  que  para  la  estructuración  de este  último  sentido  de la violación se requiere que la norma haya sido y deba ser  aplicada (cfr. cas. octubre 24/02. Rad. 13692).   

Por razón de lo expuesto,  el  censor  tiene  por  deber seleccionar una de aquellas opciones y desarrollar  los  cargos de acuerdo al sentido de la vía seleccionada, ya que al proceder de  otro  modo  se atenta contra el principio lógico de no contradicción cuando se  denuncia  la  ilegalidad de la sentencia, derivada de la aplicación indebida de  preceptos   sustanciales   y   al   mismo   tiempo   de   haberlos  interpretado  erróneamente.  Esto,  porque  de  una  parte  se  admite  que  la  norma no fue  correctamente  seleccionada,  mientras  que  de otra, se acepta la adjudicación  que  hace  el juzgador de la norma, pero se cuestiona que al hacerlo se extienda  su  cobertura  hacia  hipótesis que ella no regula (Cfr. Cas. 20926. Oct. 27 de  2004).   

Pero el yerro en el enunciado del cargo, no es  el  único  que la demanda ostenta. La jurisprudencia  de  la Corte insistentemente ha sostenido que los argumentos relacionados con la  violación  directa de la ley sustancial, han de ser expuestos en el ámbito del  estricto  raciocinio  jurídico,  sin  que  en  su  desarrollo resulte admisible  discutir  los  hechos declarados en el fallo, o plantear, o sugerir como en este  caso,   la   comisión  de  errores  en  la  apreciación  probatoria,  pues  de  presentarse  éstos,  habrá  de  acudirse prevalentemente a la vía indirecta y  formularse  el cargo en capítulo separado haciendo mención expresa de la clase  de  desatino  probatorio en que incurrió el juzgador, si de hecho o de derecho,  y  precisar  la  especie  y  trascendencia  que tuvo en la parte dispositiva del  fallo ameritado.      

Obedece  ello  a que en la hipótesis de la  violación  directa,  es de cargo del actor aceptar los hechos tal y como fueron  declarados  en  el fallo, así como el mérito persuasivo asignado a las pruebas  que  sirvieron de fundamento a la decisión, y, a partir de allí, demostrar que  el  yerro consistió en la selección o comprensión por el juzgador de la norma  sustancial  finalmente  aplicada;  en tanto que si lo pretendido es denunciar la  transgresión  indirecta de la ley por haberse incurrido en errores probatorios,  el  casacionista  debe  precisar los medios sobre los cuales recaen, especificar  su  clase, si de hecho o de derecho, concretar una de las diversas posibilidades  que  a  su  interior  pueden presentarse, y demostrar la trascendencia  de  un  tal  desacierto  en  la  declaración  de justicia contenida en la parte  resolutiva  del  fallo,  dando  lugar  a  la  aplicación indebida o la falta de  aplicación de determinado precepto.   

En  este caso, el censor no solamente no se  decide  entre  la aplicación indebida y la interpretación errónea de un   mismo  precepto,  lo  cual torna su discurso en contradictorio y, por ende, hace  que  la  demanda  resulte  inestudiable,   sino  que,  en el desarrollo que  pretende  dar  a  la censura, además de realizar planteamientos manifiestamente  desconectados   de  las  declaraciones  contenidas  en  el  fallo  que  pretende  combatir,  indebidamente incursiona en el ámbito en que opera la vía indirecta  de  violación  a  la  ley,  pero  sin  denunciar,  menos demostrar, la concreta  configuración   de   yerros   de   hecho   o  de  derecho  en  la  apreciación  probatoria.   

Por razón de este errado entendimiento del  instituto  extraordinario  a  que  acude,  en  el desarrollo que le imprime a la  censura  el  casacionista  abandona  el enunciado de que dijo partir y, en total  desconexión  con  las consideraciones fácticas del fallo, se dedica a realizar  sus  propias  apreciaciones  sobre  la  prueba  recaudada  a  fin  de atribuirle  particulares   consecuencias   jurídicas,   lo   cual  da  al  traste  con  las  aspiraciones desquiciatorias del fallo.   

Esto   es   lo           que          se           establece       cuando         de           manera  libre,  no sometida a parámetro técnico alguno, sostiene  que  el  afectado  con  la conducta realizó la negociación libre de engaños y  que  por iniciativa propia concurrió en compañía de su esposa y una abogada a  la  Cooperativa  representada  por  el procesado, donde sin mentira alguna éste  suscribió  un  pagaré  por  la  suma  de  $23.000.000.oo,  en  alegación  que  resultaría  propia de la vía indirecta por errores de apreciación probatoria,  y  no  de  la  violación  directa  a  la que equivocadamente acude.     

Para   que   la  censura  tuviera  alguna  coherencia  al amparo de la vía directa de violación a la ley, el casacionista  tenía  por  deber  acreditar que el juzgador declaró no probados los supuestos  fácticos  de  la  estafa  y  sin  embargo  decidió  condenar al procesado como  autor  de dicha conducta,  nada  de  lo  cual  siquiera  ensaya,  y al no hacerlo la propuesta impugnatoria  queda   sin   desarrollo   y,   por   supuesto,   sin  demostración,      ameritando     por     tanto     su     rechazo.   

3.2.-  En cuanto  al       segundo  cargo    es    de    decirse   que   acierta  el  casacionista,  al acudir, con apoyo en la causal tercera  de  casación, a la vía indirecta de violación de la ley para denunciar que el  sentenciador  incurrió  en aplicación indebida de las disposiciones de derecho  sustancial  que  definen  la conducta delictiva de estafa, a consecuencia de los  que  considera constituyen errores de hecho por falsos juicios de existencia por  omisión  al  no  apreciar  las  estipulaciones probatorias relativas al pagaré  suscrito  por  el procesado y el certificado expedido por la Cámara de Comercio  en  que  consta  que  es el representante legal de la Cooperativa Transportadora  Coovatur  Ltda.,  pues  con  dicho  enunciado  de  propuesta  impugnatoria logra  integrar  con  la nitidez requerida lo que se conoce como proposición jurídica  del cargo y la formulación completa de éste.   

No  obstante  entender  la  Corte  que  dicho  requisito  se  encuentra  satisfecho,  es  de  decirse que no ocurre lo mismo en  cuanto  al  deber  de  desarrollar y demostrar la objetiva configuración de los  yerros  que  enuncia, y la definitiva incidencia que ellos pudieron haber tenido  en   la   declaración  del  derecho  contenida  en  la  parte  dispositiva  del  fallo.   

En  este  sentido pertinente resulta reiterar  que  la  jurisprudencia  de  esta  Corte  tiene  establecido  que cuando en sede  extraordinaria  se  denuncia  violación  indirecta  de disposiciones de derecho  sustancial,  a  consecuencia  de  incurrir  el juzgador en errores de hecho o de  derecho  en  la apreciación probatoria, en aras de la claridad y precisión que  debe  regir  la  fundamentación  del  recurso extraordinario, compete al censor  identificar  nítidamente  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar  el  medio o medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera  objetiva  su  contenido,  el mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de  éste  en  las  conclusiones  del  fallo,  y  la norma de derecho sustancial que  indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   

Igualmente, la misma naturaleza rogada que la  casación  ostenta, impone al demandante el deber de abordar la demostración de  cómo  habría de corregirse el yerro probatorio que denuncia, modificando tanto  el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de la sentencia, tarea que  comprende  un nuevo análisis del acervo probatorio, valorando correctamente las  pruebas  omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas,  excluyendo  las  supuestas, o  apreciando  acorde  con  las  reglas  de  la  sana  crítica  aquellas  en  cuya  ponderación  fueron transgredidos los postulados de la lógica, las leyes de la  ciencia  o los dictados de experiencia. Esto debe cumplirse no de manera insular  sino  en  armonía  con lo acreditado por las acertadamente apreciadas, tal como  lo  ordenan  las  normas  procesales  establecidas para cada medio probatorio en  particular  y  las  que refieren el modo integral de valoración, a fin de hacer  evidente  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación indebida de un concreto  precepto  de  derecho sustancial, pues es la demostración de la trasgresión de  la  norma  de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la causal primera  en el ejercicio de la casación.     

En  este  caso,  el casacionista aduce que el  sentenciador  de  alzada  no  tuvo  en cuenta los aludidos medios de convicción  sobre  los  cuales  se  realizaron  estipulaciones probatorias con la Fiscalía,  pero  omite  cumplir  con el deber de demostrar la trascendencia del error, pues  no  dice  cuál  debería  ser  la  apreciación  correcta  de  las pruebas cuya  omisión  cuestiona,  ni  por qué su ponderación habría dado lugar a proferir  un  fallo sustancialmente distinto y opuesto al ameritado, y tampoco presenta un  nuevo panorama fáctico, distinto del declarado en el fallo.    

Lo  que  se  advierte  es  que  en  lugar  de  ajustarse  a  dichos  derroteros,  el  casacionista  presenta  es  su particular  percepción  sobre  la manera como los hechos tuvieron realización y el mérito  que,  a  su  criterio,  debe  conferirse  a  los  citados medios de convicción,  distanciándose  de tal modo de los lineamientos párrafos arriba referenciados.  Pese  a los esfuerzos que realiza en orden a sustentar los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  censura,  no  logra demostrar que el sentenciador hubiere  incurrido  en  los  errores  de  apreciación  probatoria  que  denuncia,  ni la  trascendencia  que  ellos  tuvieron  en la definición del juicio, lo que impide  que el cargo resulte admitido al trámite casacional.   

3.3.-  En cuanto  al           tercer          cargo, como se  recuerda,  el censor aduce que a su asistido se le violó el derecho fundamental  de  la libertad personal, el que sustenta en la sola consideración de que se le  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena, a la que,   según su criterio, tiene derecho.   

Sin  llegar  el  recurrente a  demostrar  que  evidentemente  la  garantía  a  que alude en la demanda ha sido  conculcada,  se  limita a sugerir que al procesado le  asiste  el  derecho  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena a  partir  de considerar que,  en  su criterio, se hallan  reunidos  los  requisitos  objetivos  y  subjetivos  para dicho efecto, pero sin  referir   para   nada   las  motivaciones  que  tuvo  el    sentenciador  para  negar  su  reconocimiento,   con  lo  cual el reparo que propone cae en el vacío, ya   que   al  sustentarse  en  meras  conjeturas    completamente    desconectadas   del  fallo,     resulta  sustancialmente  incompleto, por ende inidóneo para los propósitos perseguidos  en la demanda.   

Si  la  pretensión  era  demostrar  que el  juzgador  encontró  probados  los  supuestos  fácticos  del  artículo  63 del  Código  Penal  y  que a pesar de ello negó el reconocimiento de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena, tenía por deber acudir a la causal  primera  de  casación  y  demostrar  su  aserto  por la vía de la trasgresión  directa  de  la  ley  por  falta  de aplicación del  mencionado    precepto   de   índole   sustancial.   

Si  por  el  contrario,  observa  que  el  sentenciador    dejó   de   aplicar   la   aludida  disposición  por  incurrir  en  errores  de  apreciación probatoria, ha debido  acudir  a  la  vía indirecta de violación a la ley y demostrar que el Tribunal  cometió   errores   de   hecho   o   de  derecho  en  la  ponderación  de  los  medios   que  demuestran  el  cumplimiento  de  los  requisitos  establecidos en la norma, nada de lo cual  siquiera sugiere.   

   

Lo  que  se  advierte  en  últimas,  es la  divergencia  de  criterios  con  el  sentenciador en  torno   a   dicho  aspecto,  pero  sin  enunciar         expresamente,         tampoco        demostrar,  la  concreta  configuración de un desacierto que diera lugar al desquiciamiento  del  fallo,  lo  que  impide  que  la  demanda  sea admitida al trámite para el  estudio  de  mérito de la  censura que propone.   

Advierte  la  Corte, finalmente que en este  caso          no          resulta   necesario   superar  los   defectos   de  la  demanda  para  cumplir  con  los  fines  de  la  casación  mediante la emisión de un fallo de  fondo.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor del procesado HUMBERTO ALIRIO VALERO  MAYORGA, por las razones expuestas en la motivación  de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal del origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.323.   

2  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.530.   

3 ib.  radicación 24.530     

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