27276(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27276   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 069.  

Bogotá D.C., mayo nueve (9) de dos mil siete  (2007).   

VISTOS  

La  Sala  procede  a  analizar la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   de   los   acusados  HERNANDO  RAMÍREZ  BÁEZ  y  HERNANDO RAMÍREZ SÁNCHEZ,  en  punto  del  cumplimiento  de  los requerimientos de lógica y  suficiente  fundamentación  dispuestos  por  el  legislador para acceder a este  recurso  extraordinario,  esto  es,  para  demandar en casación la sentencia de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de Pereira (de conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 9º del Acuerdo 3430 proferido por la Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la Judicatura el 26 de mayo de 2006) el  11  de  septiembre  del  mismo  año, confirmatoria de la dictada por el Juzgado  Cuarenta  y  Siete  Penal  del  Circuito de Bogotá el 2 de febrero de 2005, por  cuyo  medio  los  condenó  como autores penalmente responsables del concurso de  delitos de falsedad en documento privado y tentativa de estafa.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los   hechos  que  dieron  origen  a  este  diligenciamiento  fueron  adecuadamente  sintetizados  en el fallo del Tribunal,  así:   

“Los  señores  Hernando  Ramírez  Sánchez,  Hernando  Ramírez  Báez  y Diana Ramírez Báez  ejercieron  los cargos de gerente o representante legal, principales y suplentes  de  las  empresas  Cervecería  Ancla, Viña Ramírez, Suramericana de Licores e  Internacional  Brewerly  Businness  Inc.  I.B.B.,  las  que  por  su  naturaleza  familiar  fueron  utilizadas  para realizar transacciones entre sí, como lo fue  la  adquisición  a  la empresa Viña Ramírez de la marca Ancla por parte de la  Cervecería  Ancla  en  1993,  por  la  cantidad  de 2.250.000 acciones, las que  tenían  un valor nominal de $200 casa una, transacción que se vio reflejada en  los  estados financieros de Cervecería Ancla correspondientes a los años 1993,  1994  y  1995,  en  los  que  aparecía  como  un  activo intangible”.   

“El   25   de  noviembre  de  1997  la  Superintendencia  de  Sociedades  intervino  la empresa  Cervecería  Ancla,  apareciendo una nota en los estados financieros de 1996, en  la  que  se  afirmó que la marca Ancla no era de propiedad de Cervecería, sino  que  la  misma  había  sido  recibida  en calidad de arriendo o uso, lo cual se  soportaba  en  un contrato celebrado el 23 de junio de 1993, que es señalado de  espurio.  El  propósito  de  tales movimientos fue la obtención de un provecho  económico  por  parte  de  los  denunciados  y  en  perjuicio  de  los terceros  acreedores  de  Cervecería  Ancla,  pues  se  pretendía hacer ver que la marca  Ancla     es     de     propiedad     de     la     empresa    I.B.B”.   

Una Fiscalía Seccional de Bogotá ordenó la  respectiva  indagación  preliminar,  para  luego  de  practicar algunas pruebas  declarar  abierta la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria a  Luis  Enrique Sandoval López  y    por   medio   de   declaración   de   persona   ausente   a   HERNANDO   RAMÍREZ   BÁEZ,  HERNANDO  RAMÍREZ  SÁNCHEZ  y  Diana  Patricia Ramírez Sánchez.   

Una  vez  concluida  la  fase  sumarial,  el  mérito  de  la  investigación  fue  calificado  el  28  de  junio  de 2002 con  resolución  de  acusación  en  contra  de  los  procesados  (salvo respecto de  Sandoval  López, para quien  se  declaró  la  nulidad del cierre de investigación) como presuntos coautores  del  concurso  de  delitos  de  falsedad en documento privado, fraude procesal y  tentativa de estafa.   

Mediante  providencia del 4 de abril de 2003  la   Fiscalía   profirió   preclusión   de  la  investigación  en  favor  de  Luis        Enrique        Sandoval.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado Cuarenta y Siete Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  surtido  el  rito  correspondiente  profirió fallo el 2 de febrero de 2005, por  cuyo  medio  cesó  procedimiento  en  razón  de encontrar prescrita la acción  penal  derivada  del  delito  de  fraude  procesal, pero condenó a HERNANDO   RAMÍREZ   BÁEZ,  HERNANDO  RAMÍREZ  SÁNCHEZ  y  Diana  Patricia  Ramírez  Sánchez  a  la  pena principal de  treinta  (30)  meses de prisión y multa por doscientos mil pesos ($200.000) y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por el mismo lapso de la sanción privativa de libertad, como autores  penalmente  responsables  del  concurso  de  delitos  de  falsedad  en documento  privado  y  tentativa  de  estafa.  En  la  misma  oportunidad  les concedió el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

Impugnada la sentencia de primer grado por el  defensor    del    procesado    HERNANDO    RAMÍREZ  SÁNCHEZ,  fue  confirmada por el Tribunal Superior de  Pereira mediante fallo del 11 de septiembre de 2006.   

El  defensor  que  representa a HERNANDO    RAMÍREZ    SÁNCHEZ   y   a  HERNANDO   RAMÍREZ   BÁEZ  interpuso  recurso  extraordinario de casación contra el fallo del ad quem.   

LA DEMANDA  

En  nombre  de los mencionados ciudadanos el  recurrente  presenta  un  solo escrito, por cuyo medio formula dos cargos contra  la  sentencia  del  Tribunal. El primero, por error de hecho por falso juicio de  identidad,    el    segundo,    por    “error   de  apreciación”.   

Con   la   finalidad  de  fin  de  sortear  repeticiones  inútiles  y  dado  que  los  planteamientos  y  desarrollo de los  referidos  reproches  es  similar, tanto su resumen como análisis de efectuará  en forma conjunta.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

Cuestión inicial  

Respecto   del   procesado   HERNANDO  RAMÍREZ  BAÉZ, observa la Sala  que  ni  él ni su defensor impugnaron el fallo de primera instancia, motivo por  el cual carece de interés jurídico para recurrir en casación.   

Lo anterior es así, dado que si el acusado y  su  defensor se mostraron conformes con lo decidido en el fallo proferido por el  a  quo,  la  defensa  carece  ahora  de  interés  para  habilitarse en sede de este recurso extraordinario en  procura  de  abordar  temas que no trató en su momento, cuya omisión privó al  Tribunal  de  pronunciarse  sobre  una  tal  argumentación  y por ello, resulta  improcedente  que  sin  aquel  debate  previo la proponga ahora en su demanda de  casación,  circunstancia  que  impone  la  inadmisión  del libelo por falta de  interés  del impugnante, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de  la Ley 600 de 2000.   

          Análisis   de   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  presentada    en   nombre   de   HERNANDO   RAMÍREZ  SÁNCHEZ   

Impera precisar que en el análisis formal de  las  demandas  de  casación corresponde a la Sala verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada  argumentación   definidos   por   el   legislador   y   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  tercera   instancia.  Tales  exigencias  se  orientan a conseguir que los libelos se enmarquen dentro de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  dado  que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal develar  o   desentrañar   el   sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones de los impugnantes en casación.   

         Advertido   lo  anterior,  emprende  la  Sala  el  estudio  de  los  requisitos  de  admisibilidad de la demanda presentada  en nombre del mencionado ciudadano.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  defensor  manifiesta  que  en  la  providencia  atacada se  incurrió   en   error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  dado  que  “el  Honorable  Tribunal  infirió  de  los  hechos  narrados  por  el  denunciante  y  las pruebas aportadas al proceso conclusiones  erradas   que   condujeron  a  la  condena”  de  sus  defendidos.   

En  el  desarrollo del reproche aduce que el  ad   quem  “agrega   a   las   pruebas   allegadas   al   proceso   – contrato de uso de la marca y estados  financieros    de    la    sociedad    Cervecería   Ancla   S.A.   –  un hecho que no se colige o concluye  de  los  mismos,  a  saber,  la coparticipación de la sociedad I.B.B. INC en la  comisión de los presuntos ilícitos”.   

          Añade  que no es cierto lo dicho en el fallo atacado, en el sentido  de  que  una  vez  operó  la  intervención por parte de la Superintendencia de  Sociedades,  los  procesados  efectuaron  movimientos con el propósito de sacar  del  patrimonio  de  Cervecería  Ancla  el bien intangible correspondiente a su  marca,  para  lo  cual  crearon  un  documento  falso, pues ello “no  corresponde  a  la  verdad  objetiva  soportada  por las pruebas  documentales allegadas al proceso”.   

          Para  demostrar  lo expuesto dice que “si  el  acto  jurídico  tachado  de  falso  a  saber el contrato de uso de la marca  celebrado  entre  las  sociedades Viña Ramírez y Cervecería Ancla ocurrió el  23  de junio de 1993, y la sociedad Internacional Brewerly Business INC sólo es  propietaria  de  la marca Ancla a partir del día 9 de abril de 1997, en el cual  la  Superintendencia de Industria y Comercio le concede el traspaso de la misma,  cómo  el  Honorable  Tribunal  concede  pleno  valor  probatorio a los hechos y  pruebas  allegadas  por considerar que en el contrato de uso tachado de falso se  señalan  aspectos  que  sólo ocurrieron con posterioridad, pero en cambio para  sindicar  y  condenar  a  los procesados no valora que también la aparición en  los  hechos  objeto  del  presente  proceso de la sociedad Brewerly Business INC  ocurrió  con  posterioridad a la fecha del acto presuntamente falso”.   

          También   afirma   que  “si  el  activo  intangible  fue  relacionado  dentro  de  los estados financieros de la sociedad  Cervecería  Ancla  S.A.  durante los años 1993 y hasta 1995, no fue justamente  porque  la marca perteneciera a la sociedad sino por un error humano que una vez  detectado  se  pudo  de  manifiesto  a  la Junta Directiva de la sociedad por el  propio  señor Ramírez Sánchez, quien obrando de buena fe indicó que el valor  del  bien  intangible  registrado en los estados financieros debía ser retirado  de  los  mismos,  pues  la  marca no era propiedad de la Cervecería”.   

          Agrega  que  “tampoco  es cierto que los  miembros  de la familia Ramírez hubieran aprovechado sus cargos y situación de  manejo  absoluto  de  las  diferentes  empresas presuntamente confabuladas en el  ilícito  y la situación de que la marca Ancla nunca fue registrada a nombre de  la  Cervecería  para  enajenarla  y  ponerla finalmente a nombre de la sociedad  I.B.B.  INC,  pues  no  es  cierto  que  los  miembros de la familia Ramírez se  hubieran  confabulado  y  previamente  de  manera  dolosa hubieren establecido y  diseñado  el  plan  que  indica  el  Honorable Tribunal para evitar que el bien  intangible  hiciera  parte  de  los  activos  de  la  sociedad intervenida en el  momento  de la intervención y que el Tribunal denomina como la coparticipación  criminal  de los miembros de la familia Ramírez en la actividad delictiva, pues  nunca  medió  el  acuerdo común, previo y doloso de los miembros de la familia  Ramírez  para  realizar el citado contrato de uso que se tacha de falso y menos  aún  la  cancelación  del  registro  en  los  estados  financieros de la marca  Ancla”.   

          Señala  como  preceptos  dejados de aplicar los artículos 28, 29 y  30   del  estatuto  penal,  así  como  los  artículos  246  y  289  del  mismo  ordenamiento.   

De    otra    parte,   solicitando   que  “sirvan  al  respecto  las  mismas  argumentaciones  planteadas  en  el  anterior acápite”, el recurrente  manifiesta  que  se  condenó  a  sus  representados  sin contar con las pruebas  requeridas  para  ello  en  punto  de  la  existencia de las conductas objeto de  acusación y la coparticipación dolosa en las mismas.   

          Resalta  que  ninguno  de  los  acreedores  de Cervecería Ancla fue  defraudado,  ni  aún  dentro  del  trámite  de  liquidación,  pues  el señor  RAMÍREZ     SÁNCHEZ  “durante   su   gestión  de  administrador  de  la  Cervecería  (…)  con  el juicio de un buen padre de familia como lo define el  Código  Civil  y  lejos de actuar con ánimo doloso presentó solicitud ante la  autoridad  competente  de concordato preventivo, el cual por motivos ajenos a su  voluntad  no  obtuvo  los resultados esperados, pero si los hubiera obtenido, la  Cervecería  no  hubiese  sido  intervenida  y  liquidada,  razón  de más para  enfatizarle  al  Honorable Tribunal la buena fe con que siempre actuó el señor  Ramírez  y el ánimo de actuar en procura de los intereses de la sociedad y sus  acreedores”.   

          Finalmente  manifiesta  que  “el proceso  liquidatorio  de la sociedad cervecera continúa con los activos de propiedad de  la  sociedad  y  no se puede concluir que se pretendió estafar a los acreedores  sustrayendo   de   su  patrimonio  un  bien  que  no  era  de  propiedad  de  la  intervenida”.   

          Con  base  en  lo  anotado,  el  recurrente  solicita  a  la Sala la  casación  del  fallo impugnado, amén de que profiera sentencia de reemplazo de  carácter absolutorio en beneficio de su asistido.   

          Consideraciones de la Sala   

Habida   cuenta   que   para  comenzar  el  casacionista  postula  la  presencia  de  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,  pertinente  resulta  señalar que tal especie de yerro ocurre cuando  el  juzgador se equivoca al apreciar la prueba, dado que, obrando en el proceso,  al   apreciarla   distorsiona   su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola.   

En  tal  caso,  debe  el impugnante señalar  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio  del actor acerca del valor que corresponde al medio de  prueba   que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta  que  materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el  sentido  de la decisión reprochada, labor que no emprendió el casacionista  en este asunto.   

En  efecto, sin dificultad se observa que en  la  demostración del reproche el actor alude a las inferencias y conclusiones a  las  cuales  arribó  el  Tribunal  a  partir  de  las  pruebas  obrantes  en la  actuación,  planteamiento  que  debía proponer invocando la presencia de error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  el  cual  tiene lugar cuando las pruebas son  tenidas  en  cuenta,  pero  en  su  valoración  los funcionarios quebrantan las  reglas  de la sana crítica, esto es, los principios de la lógica, las leyes de  la ciencia y las máximas de la experiencia.   

Naturalmente,  en  tratándose  del referido  error   el   demandante   debe  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder que tampoco acometió.   

          Sobre  el  particular se observa, entonces, que el defensor confunde  dos  especies  de error, el falso juicio de identidad que es de índole objetiva  y  contemplativa,  con  el  falso  raciocinio  que  es de carácter valorativo y  apreciativo,  circunstancia  que  le  impide  desarrollar  en  debida  forma  la  demostración  de  sus  reparos  y que se sustrae de la obligación de presentar  “en    forma    clara    y    precisa”  los  fundamentos de los mismos, según lo ordena el numeral 3º  del artículo 212 de la Ley 600 de 2000.   

          Adicional  a  lo  anterior  se  observa, que el impugnante dirige su  labor  a  exponer  su particular y personal apreciación de las pruebas obrantes  en  la  actuación,  para acto seguido ensayar su cotejo con la ponderación que  de  las mismas efectuaron los falladores, pero sin detenerse a concretar cuáles  fueron   los   yerros   de   estos,   proceder  inadmisible  en  este  mecanismo  impugnaticio,  habida  cuenta  que la decisión atacad se encuentra revestida de  la dual presunción de acierto y legalidad.   

          En  algunos  apartes del libelo encuentra la Sala que ni siquiera el  censor  atina a exponer las razones de su disentimiento, amén de que no señala  los   fundamentos   del   mismo,  como  cuando  manifiesta  que  “tampoco  es  cierto que los miembros de la familia Ramírez hubieran  aprovechado  sus  cargos  y  situación  de  manejo  absoluto  de las diferentes  empresas  presuntamente  confabuladas  en  el ilícito y la situación de que la  marca  Ancla  nunca  fue registrada a nombre de la Cervecería para enajenarla y  ponerla  finalmente  a  nombre  de la sociedad I.B.B. INC, pues no es cierto que  los  miembros  de  la  familia Ramírez se hubieran confabulado y previamente de  manera  dolosa  hubieren establecido y diseñado el plan que indica el Honorable  Tribunal  para  evitar que el bien intangible hiciera parte de los activos de la  sociedad  intervenida  en  el  momento  de  la  intervención  y que el Tribunal  denomina  como  la  coparticipación  criminal  de  los  miembros  de la familia  Ramírez  en la actividad delictiva, pues nunca medió el acuerdo común, previo  y  doloso  de  los  miembros  de  la  familia  Ramírez  para realizar el citado  contrato  de uso que se tacha de falso y menos aún la cancelación del registro  en     los     estados     financieros    de    la    marca    Ancla”.   

         

Ahora, si lo pretendido por el impugnante era  demostrar  que  con  las  pruebas obrantes en la actuación no se contaba con la  certeza  exigida por el legislador para proferir fallo de condena, es suficiente  señalar  que  cuando  se  alega  la  violación indirecta de la ley sustancial,  corresponde  al  demandante señalar si se trató de un error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de identidad o falso raciocinio, o de un  error  de  derecho  por falso juicio de convicción o falso juicio de legalidad,  acreditar  su  trascendencia  y  señalar  su  corrección,  demostrando  que la  correcta  apreciación  de  las  pruebas  sobre  las  cuales recayó el yerro al  valorarlas   en  conjunto  con  las  demás,  introduce  una  duda  razonable  y  trascendente   sobre   la   materialidad   de   la   conducta   delictiva  o  la  responsabilidad  del  incriminado, actividad que tampoco acometió el impugnante  en  este  asunto, dado que no basta afirmar de manera general que existen dudas,  pues  menester  resulta  especificarlas,  además  de  precisar  nítidamente su  incidencia en la atribución de responsabilidad objeto de censura.   

Así las cosas, encuentra la Sala que si el  censor  no  ajusta  su  demanda  a  las  exigencias  dispuestas  para postular y  demostrar  los cargos  que  presenta contra el fallo de  segundo  grado  y,  en  virtud del principio de limitación que rige el trámite  casacional  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar las falencias de  aquella,  de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000 se impone de plano la inadmisión del libelo.   

          Importa  señalar  finalmente  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o  en el fallo objeto del recurso, violación de  derechos    o    garantías    de   los  procesados,  como  para  que tal circunstancia impusiera el ejercicio de la facultad oficiosa  que  sobre  el  particular le confiere el legislador en  punto de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   interpuesta   por   el   defensor   de   los  procesados  HERNANDO   RAMÍREZ   BÁEZ   y   HERNANDO   RAMÍREZ  SÁNCHEZ,  por  las  razones  expuestas en la anterior  motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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