27275(30-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27275  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 83  

Bogotá, D. C., mayo treinta (30) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Se  ocupa  la  Sala  de  resolver  sobre  la  admisión  o  no  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor de VITALIANO   ALONSO   DÍAZ   y   ÁLVARO   ALONSO  DÍAZ,          a  quienes el Juzgado 41 Penal del Circuito de esta ciudad condenó,  junto   a   Alfonso   Buitrago   Cardozo,  a las penas principales de 22 meses de prisión y $60.000.oo pesos  de  multa,  y  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la fijada para la privativa de la  libertad,  como  coautores  del  delito  de  estafa  agravada,  según sentencia  proferida  el  28  de julio de 2005, que confirmó sin modificación el Tribunal  Superior de la misma sede.   

HECHOS  

Se  vienen  resumiendo  en  el proceso de la  siguiente manera:   

“Alfonso Salamanca  Acosta  firmó  un  contrato con la firma Pronto Plan S.A., a fin de adquirir un  taxi,  para  lo  cual  entregó  a  favor de ésta, los días 7 y 13 de enero de  1992,  $360.000  y  $3.884.930, respectivamente, pero llegado el momento pactado  la  empresa  no cumplió con la entrega del rodante y, por el contrario, evadió  tal  compromiso, razón por la cual finalmente aquél instauró denuncia, no sin  poner  en conocimiento que otras personas se encontraban en la misma situación.   

“En virtud de lo anterior, la Fiscalía 179  de  la  Unidad  Sexta de Delitos contra el Patrimonio Privado, el 29 de junio de  1993,  calificó  el  mérito del sumario y acusó, entre otros, a Alberto Díaz  Guzmán  y  Jairo Guío Mesa, pero al advertir la posible responsabilidad que en  los  hechos  pudieron  tener  Vitaliano  Alonso Díaz,  Álvaro     Alonso     Díaz     y     Alfonso  Buitrago Cardozo, compulsó copias  para la investigación de rigor,…”.   

ACTUACION PROCESAL  

1.-  La  investigación estuvo a cargo de la  Fiscalía  Seccional,  cuyo funcionario escuchó en indagatoria a los implicados  y, en su momento, les resolvió la situación jurídica.   

2.-  El  2  de  enero  de  2001  el  fiscal  instructor  decretó  el cierre de la investigación, y mediante providencia del  12  de  febrero  siguiente  calificó  el mérito del sumario con resolución de  acusación,  que  profirió  en  contra  de  VITALIANO  ALONSO  DÍAZ,  ÁLVARO  ALONSO  DÍAZ  y Alfonso  Buitrago Cardozo, por el delito de  estafa  agravada,  decisión  confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal   Superior,   según   proveído   del   21  de  noviembre  del  citado  año.   

3.- Asumió el trámite del juicio el Juzgado  41  Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad, cuyo titular celebró las audiencias  preparatoria  y de juzgamiento, y luego puso fin a la instancia con la sentencia  que  por vía de apelación confirmó el Tribunal Superior de Bogotá, decisión  esa  última  contra la cual se interpuso el recurso extraordinario de casación  que concita la atención de la Sala.   

LA  DEMANDA   

          El  censor  formula  tres  cargos  contra  la  sentencia  de segunda  instancia,  los dos primeros al amparo de la causal primera de casación, cuerpo  segundo,  esto  es, violación indirecta de la ley sustancial, y el último bajo  el  auspicio  de la causal tercera, vale decir, haberse proferido el fallo en un  juicio viciado de nulidad.   

     

a. Primer cargo.     

Denuncia  la  presencia de un error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  dado  que  el juzgador omitió apreciar los  testimonios  de Luz Nelly Beltrán Cantor y Jairo Guío  Mesa,  en  el  caso  de  este último el rendido en la  etapa  del  juicio,  y  las  declaraciones extrajuicio vertidas por Leyda  Beatriz  Díaz Torres y Alberto Díaz.   

          Dichos  deponentes,  según  el  actor, en cuanto declararon que los  hermanos   ALONSO  DÍAZ  no  fueron  dueños  ni  accionistas de la firma Pronto Plan ni pertenecieron a ella  en  calidad  de  empleados,  acreditan la inocencia de los procesados, de manera  que  si  el  sentenciador  hubiera  apreciado  esas  pruebas,  cuya práctica se  realizó  de  manera  legal,  regular  y  oportuna,  la  decisión  que habrían  adoptado  sería de carácter absolutorio, máxime cuando en la actuación no se  desplegó  actividad  probatoria tendiente a obtener la investigación integral.   

          Para   el   casacionista,  la  omisión  del  Tribunal  implicó  la  violación  de  los  artículos  20,  232,  233,  234,  237,  238, 266 y 277 del  estatuto procesal penal de 2000.   

          b) Segundo cargo.   

          Endilga  al  fallador incurrir en error de hecho por falso juicio de  existencia,  por suponerse o presumirse la prueba “al  considerar  equivocadamente  el  alcance  que  tiene el contenido material de la  prueba  testimonial”.            

          El  demandante  predica  tal  error  respecto  de  las declaraciones  rendidas  en  la  etapa  instructiva por Alberto Díaz,  Jairo  Guío  Mesa,  Edgar  Abril Espitia, Alfonso Buitrago Cardozo y  Humberto  García  Castillo,  y  lo  hace  consistir  en que el fallador sustentó la decisión  condenatoria  con  esas  pruebas  testimoniales,  pese  a  que  lo dicho por los  deponentes  no  fue  corroborado  en el curso de la actuación y, antes bien, se  desvirtuó  con pruebas tales como las declaraciones extrajuicio de Alberto     Díaz     y    Leyda   Beatriz  Díaz  Torres  y  con  el  testimonio  rendido  en  la  etapa del juicio por Jairo  Guío Mesa.    

          Según  el censor, entonces, “se supone o  presumieron  (sic)  las  pruebas  para  dictar  una  sentencia  en contra de mis  representados  porque  todas  las pruebas analizadas anteriormente se basaron en  pruebas  que no obran en la actuación procesal y por tal motivo la decisión se  tomo    (sic)    con    fundamento    en   las   pruebas   imaginadas   por   el  juzgador”.   

      

          Consideró  así vulnerados los artículos 7º, 232, 238 y 235 de la  Ley 600 de 2000.   

     

a. Tercer cargo:     

Lo   plantea  en  forma  subsidiaria  para  solicitar  la  nulidad  de  la actuación, por violación al derecho de defensa.  Sustenta   el   reproche,   señalando  que  a  pesar  de  que  el  a  quo ordenó en la audiencia preparatoria  las  declaraciones  de Jairo Guío Mesa, Alberto Díaz,  Humberto  García  Castillo,  Edgar  Abril  Espitia  y  Leyda  Beatriz  Díaz Torres,  tan  sólo  recepcionó  la  del  primero, sin que hubiera querido practicar los  demás    testimonios,    no   obstante   que   la   defensa   suministró   sus  direcciones.   

Consideró que las pruebas no practicadas son  de    vital    importancia,    por   cuanto   Alberto  Díaz,  como  lo  hizo  en  su  momento  Jairo   Guío,   envió  una  declaración  extrajuicio  donde  se  retractó  de  la  acusación  que  formuló  contra los  procesados  ALONSO DÍAZ, y de  acuerdo  con  los  comentarios  de  aquéllos,  García  Castillo     y    Abril  Espitia   también   pensaban   retractarse   de  sus  declaraciones  iniciales.  En  tal  virtud,  añadió, de haberse recaudado esas  pruebas,  se  hubiera  dictado  sentencia  absolutoria, pues así lo indicarían  éstas  a  través  del  contra-interrogatorio  que  pensaba  formular  a dichos  testigos.   

         

          Por  lo  anterior,  pidió  casar  la sentencia y ordenar rehacer la  audiencia pública.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          Es  evidente  que  la  demanda  objeto  de  examen  no satisface los  presupuestos  de  coherencia  y  adecuada  fundamentación  a  que se refiere el  numeral 3º del artículo 212 del estatuto procesal penal de 2000.   

          En  primer  lugar,  porque  el  censor  desconoce  el  principio  de  prioridad  que gobierna a este extraordinario medio de impugnación, conforme al  cual  los reprochen que se dirigen a obtener la invalidez de la actuación deben  postularle  con  prelación  a aquellos que sólo controvierten la legalidad del  fallo.   

          Lo  anterior  obedece,  como lo ha dicho ya la Sala, “a   la   lógica   sobre   la  cual  está  edificado  este  recurso  extraordinario.  Su racionalidad impone verificar previamente, esto es, antes de  cuestionar  el  fondo  de  la  sentencia, si la estructura y los instrumentos de  garantía  del  proceso  no  han  sufrido  escamoteo.  Sólo  entonces,  una vez  constatada  la  legitimidad  constitucional del procedimiento que le dio origen,  es  factible  entrar a auscultar la sentencia en sí misma, en orden a comprobar  si  sus  soportes  probatorios y el raciocinio que sobre ellos se ha operado, se  ajustan     o     no     a     la    legalidad”1     

          El   demandante,   en   cambio,   formuló   primero   las  censuras  relacionadas  con la valoración probatoria y por último hizo presentación del  cargo  que  apunta  a  obtener la nulidad de la actuación, al cual, incluso, le  dio   carácter   subsidiario,   cuando   debió   proceder   exactamente  a  la  inversa.   

          Y   en   segundo   lugar,  por  cuanto  los  cargos  en  sí  mismos  considerados  están  inadecuadamente  fundamentados. En efecto, se tiene que en  los  dos  primeros denuncia la presencia de errores de hecho por falso juicio de  existencia,  en  el  primer  reproche por omitir algunas pruebas y en el segundo  por suponer otras.   

          El  error de hecho por falso juicio de existencia se presenta cuando  el  juzgador, al efectuar la valoración del conjunto probatorio, omite apreciar  algunos  elementos  de  juicio  o  inventa  unos  que no fueron recaudados en el  proceso.  El  falso juicio de existencia por omisión, según lo tiene precisado  la  Sala,  no se da en aquellos eventos en que el fallador simplemente desestima  tácita  o  expresamente el valor suasorio de determinada o determinadas pruebas  por  contraponerse  al  alcance  demostrativo  de otras que consideró con mayor  poder de convicción.   

          Si  se  examinan los fallos de primera y segunda instancia que, como  se  sabe, conforman una unidad jurídica inescindible, pronto se concluye que lo  que  el  demandante  denomina  falta  de  valoración,  en  realidad se trata de  desestimación,  en  unos  casos  en  forma  expresa,  como  aconteció  con los  testimonios    de    Jairo   Guío   Mesa   (el   incorporado   en   la  etapa  del  juicio)  y  Alberto  Díaz  (el  rendido  mediante  el  mecanismo  de  declaración  extrajuicio),  y en otros eventos en forma tácita,  como   sucedió  con  las  deponencias  de  Luz  Nelly  Beltrán  Cantor y Leyda Beatriz Díaz Torres, respecto  de esta última la de naturaleza, igualmente, extrajuicio.   

          Tal  desestimación  obedeció  a  que  los  falladores consideraron  dignos  de  credibilidad  los  testimonios  de  cargo  recaudados  en  la  etapa  instructiva    y    conforme    a   los   cuales   los   hermanos   ALONSO  DÍAZ, como socios y dueños de la  empresa  Pronto Plan, participaron en la estafa que se cometió a través de esa  firma.  Los  juzgadores  entonces  privilegiaron  la eficacia probatoria de esas  pruebas  testimoniales y repudiaron, consecuencialmente, el valor de convicción  de  aquellas  que echa de menos el actor, proceder que, en modo alguno, comporta  falso juicio de existencia.   

          En   cuanto  se  refiere  al  primer   cargo,   dígase   adicionalmente   que  el  actor,  en  su  presentación,   vulnera   también   el   principio  de  autonomía  que  rige,  igualmente,  el  recurso  de  casación, pues aduce allí que no se realizó una  investigación  integral,  pero  es  claro  que  ese  argumento no tiene ninguna  relación  con  el  falso juicio de existencia por omisión que esbozó en dicha  censura.  El  desconocimiento  del principio de investigación integral, como lo  tiene   dicho   la   Sala,   constituye  un  error  in  procedendo, para cuya acreditación debe acudirse a la  causal  tercera  de casación mediante los presupuestos que le son propios, a lo  cual se sustrajo el demandante.   

          Ahora  bien, la indebida formulación del segundo cargo se evidencia  desde  el mismo momento en que el censor hace su enunciación. Porque a pesar de  predicar  allí  que  el  Tribunal  supuso  pruebas,  aduce  que  ello  ocurrió  “al considerar equivocadamente  el  alcance  que  tiene el contenido material de la  prueba  testimonial”, sin que entonces quede claro si  lo  que  denuncia  es la invención de pruebas o la distorsión de las mismas en  su  expresión  fáctica, situación esta última que genera, no un falso juicio  de existencia, sino un falso juicio de identidad.    

          Pero,  adicionalmente,  observa  la  Sala  que  el actor ni de lejos  logra  plantear  y  mucho  menos  demostrar  que  los  sentenciadores supusieron  elementos  de  convicción cuando fundamentaron la condena de los procesados. En  verdad  lo  que  les  reprocha  a  los juzgadores es impartir credibilidad a los  testimonios  de  cargo  obtenidos  en  la  etapa  instructiva, pese a que, en su  criterio,  no  fueron  corroborados  con otros elementos de convicción y, antes  bien,    aparecen   desvirtuados   con   las   declaraciones   de   Jairo   Guío   Mesa,   Alberto   Díaz  y  Leyda     Beatriz     Díaz     Torres.   

          Una   cosa   es   inventar  pruebas  y  otra  muy  distinta  otorgar  credibilidad  a  las  que  legalmente  se aportaron al proceso. Lo segundo es lo  que,  ciertamente,  ocurrió  en  el caso objeto de estudio, y de ahí que surja  completamente desenfocado el reproche.   

          En  los  dos  primeros  cargos,  en  suma, el demandante plantea, en  realidad,  una discusión que toca exclusivamente con el valor probatorio de los  medios  de  convicción  incorporados en el proceso, en cuanto considera que los  falladores  no  debieron  otorgar  credibilidad  a  las  pruebas  de cargo y, en  cambio, sí a las que se recaudaron en la etapa del juicio.   

          Tal  problemática  ameritaba que el actor, si aspiraba a quebrar el  fallo,  hubiese  demostrado  que  los  juzgadores  incurrieron  al  apreciar  el  conjunto  probatorio  en  errores de hecho por falso raciocinio, por vulnerar de  modo  evidente  los  principios  de  la sana crítica. El impugnante ni siquiera  intentó  tal  acreditación  y  prefirió denunciar, sin la debida coherencia y  precisión  argumentativa,  la existencia de unos yerros que por ningún lado se  asoman en el expediente.     

          En  relación  con  el  tercer  cargo,  se  tiene  que  el libelista  pretende  la  nulidad de la actuación por violación al derecho de defensa, con  el  argumento  de  que  el  juzgador  de primera instancia no quiso practicar la  totalidad   de   las   pruebas   testimoniales   decretadas   en   la  audiencia  preparatoria.   

          Lo  primero  que  se  observa  en  este  reproche  es  la  falta  de  correspondencia  de  lo  argumentado  por el censor con la realidad procesal, lo  cual  de suyo hace que el cargo pierda seriedad. Porque si se revisa el trámite  surtido   en   el  juicio,  se  observa  que,  contrariamente,  el  a  quo realizó ingentes esfuerzos en orden  a  obtener  la  comparecencia  de  los  deponentes, y es así como se les envió  múltiples  citaciones,  las  que en el caso de Alberto  Díaz    y   Edgar   Abril  Espitia  fueron  devueltas por no residir o no existir  la  dirección  (fs.  22,  23,  27  y  28  cd.  # 6), y respecto de Humberto  García  Castillo  y Leyda    Beatriz    Díaz    Torres,   su  comparecencia se intentó, incluso, mediante orden de conducción.   

          Ahora  bien, en sede de casación no basta con aducir y acreditar la  existencia  de  una  irregularidad  para  que se produzca la invalidación de la  actuación  procesal.  A  ese  propósito  es  necesario,  además, demostrar la  trascendencia  del  error  y  la  ausencia  en  el  proceso  de  alguna  de  las  situaciones  que,  acorde  con  el  artículo 310 del estatuto procesal penal de  2000, dan lugar a la convalidación del acto tachado de irregular.   

          En  punto de la trascendencia, es cierto que el demandante aduce que  de  haberse  practicado  las  pruebas  omitidas  la situación de los procesados  variaría  radicalmente.  Sin  embargo,  para  efectuar tal prédica parte de un  hecho  meramente especulativo, vale decir, que no tiene soporte en el proceso, y  es  afirmar  que los testigos de cargo Humberto García  Castillo   y   Edgar  Abril  Espitia  pensaban  retractarse de las imputaciones que  en   su  momento  efectuaron  a  los  hermanos  ALONSO  DÍAZ   

          De  otra  parte,  se  tiene  que el actor se sustrajo por completo a  explicar  por  qué  razón  no  se  opuso,  a  través  de  los  mecanismos  de  impugnación  que  tenía  a su disposición, a la decisión del juez de primera  instancia  de decretar la clausura del debate probatorio fundada, justamente, en  la  imposibilidad de recaudar la totalidad de la prueba testimonial decretada en  la  vista  preparatoria,  determinación  adoptada  en el curso de la sesión de  audiencia  pública  celebrada el 22 de noviembre de 2004 (fl. 49 cd. # 6), pese  a  que  tuvo  la  oportunidad de hacerlo, si bien no en el curso de esa sesión,  pues  no asistió a la misma, sí con posterioridad, según así se lo permitía  el  inciso  final  del  artículo 187 de la Ley 600 de 2000, conforme al cual la  ejecutoria  de  las  providencias proferidas en audiencia se produce al término  de la última sesión.   

          El  tema  de  la convalidación de los actos irregularidades ha sido  ampliamente  tratado  por  la  Corte,  y  es así como en la sentencia del 11 de  noviembre de 2003, expresó:   

“…La decisión, como ya se dijo, se tomó  en  el  curso  de  la  audiencia  pública  en  presencia  de  todos los sujetos  procesales,  y  se  notificó  en  estrados,  sin  que ninguna de las partes, ni  siquiera  la  que  ahora  reclama  su  ilegalidad, protestara su adopción. Esto  significa,  que  la  consintieron,  y  por  tanto,  que  carecen  de legitimidad  para   cuestionarla ahora, por haberla convalidado implícitamente, y haber  dejado  precluir  la  oportunidad  que  tenían  para protestarla (principios de  convalidación   y   preclusión   de  los  estancos  procesales)”2.   

          El  censor,  como se dijo, omitió toda explicación con respecto al  silencio  que  experimentó  cuando  se  produjo  la  mencionada  decisión  del  a  quo,  sin  que tampoco se  hubiese  ocupado  de exponer por qué la jurisprudencia que ha edificado la Sala  sobre  el  tema  de  la  convalidación  no  sería aplicable en este caso o, al  menos,  que  dicha  doctrina  requiere  modificación  en  cuanto a sus alcances  jurídicos.   

Siendo     entonces     indudable      que      la    demanda   no   cumple     los    requisitos    previstos   en  el  artículo  212  del  código   de   procedimiento   penal,   la  Sala  la  inadmitirá de plano.   

          Al  margen  de  lo  analizado,  es  preciso  anotar que la revisión  integral  de  la actuación procesal no evidenció la vulneración de garantías  fundamentales  que  impongan  la intervención oficiosa de la Sala en orden a su  restablecimiento.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor  de  los procesados VITALIANO  ALONSO   DÍAZ  y  ÁLVARO  ALONSO  DÍAZ,  conforme a  las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187 del estatuto procesal penal, contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                                                                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Sentencia del 19 de junio de 2003. Rad. 17281.   

2 Rad.  21560.     

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