27219(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27219   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 73.  

         

Bogotá D.C., mayo dieciséis (16) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado JORGE        ELIÉCER     HUÉRFANO     MUÑOZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  de  fecha  agosto  28 de 2006, mediante la cual  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  Quinto  Penal del Circuito de la misma  ciudad, por cuyo medio lo condenó por el delito de receptación.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  virtud  del operativo desplegado el 2 de  febrero  de  2000  por  integrantes  de  la Unidad Especial contra atracos de la  SIJIN  MEBOG,  se  halló  un lote de neveras que hacía parte de 105 que fueron  hurtadas  el 27 de enero anterior a la empresa MABE, en la vía que de Manizales  conduce   a  esta  ciudad.   Los  electrodomésticos  recuperados  por  los  policiales  fueron  hallados en poder de JORGE ELIÉCER  HUÉRFANO   MUÑOZ,  Ángel  María  Serrano Olivera y Hugo  Hernández     Orduz.        

Con fundamento en los hechos denunciados, se  decretó  la  apertura  de  la instrucción, en cuyo marco fueron vinculados los  mencionados,   mediante  diligencia  de  indagatoria,  a  quienes  se  resolvió  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, con  beneficio   de   excarcelación,   como  posibles  responsables  del  delito  de  receptación.   

Cerrada  la  investigación, se calificó el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra de los procesados  por  el  mismo  delito  contemplado  en  la medida detentiva.  Impugnada la  anterior   decisión   por   los   defensores   de   los  procesados   JORGE   ELIÉCER   HUÉRFANO  MUÑOZ  y  Ángel     María    Serrano    Olivera,  la   Fiscalía  Delegada ante el Tribunal de Bogotá el 3 de  octubre  de  2003  confirmó la decisión adoptada en relación con el primero y  revocó  lo  resuelto  respecto  del  segundo  para, en su lugar, precluir   investigación a su favor.     

El  juzgamiento correspondió adelantarlo al  Juzgado  Quinto    Penal del Circuito de Bogotá despacho que, una vez  surtió  el  rito  legal, dictó sentencia el 10 de mayo de 2006, por cuyo medio  condenó  a  los  procesados  JORGE ELIÉCER HUÉRFANO  MUÑOZ   y  Hugo  Hernández  Orduz,  como autores penalmente  responsables del  delito  de  receptación  a  las penas principales de veinticuatro (24) meses de  prisión  y  multa  por  valor de cien (100) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones   públicas   por   el   mismo  lapso  de  la  pena  privativa  de  la  libertad.   Al  mismo   tiempo,  se  abstuvo de condenarlos al pago de  perjuicios  y  les  concedió  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena.   

Contra el fallo adverso, interpuso recurso de  apelación   la   defensa   del   procesado  HUÉRFANO  MUÑOZ,  sobre  el  cual  se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante sentencia del    28 de agosto de  la misma anualidad, confirmándolo.   

En   desacuerdo   con   la  sentencia  del  ad-quem,  el  mismo  sujeto  procesal   promovió   recurso   extraordinario   de   casación   por  la  vía  discrecional,  el  cual  sustentó  posteriormente  mediante demanda, sobre cuya  admisibilidad se pronuncia la Sala.      

LA DEMANDA  

          Previo  a  presentar  los  cargos  contra  el  fallo  impugnado,  el  casacionista  alude  a  los  motivos  en  lo  que se basa para acudir al recurso  extraordinario por la vía discrecional.   

          Al  respecto,  comienza  por señalar que en estricto cumplimiento a  lo  previsto en el inciso tercero del artículo 205 del estatuto procesal penal,  la  demanda  se  debe  admitir “para salvaguardar las  garantías  al  debido  proceso”  de  su  defendido,  porque  “frente a un comportamiento culposo decidió  aplicar  una forma subjetiva de imputación dolosa, lo que de contera vulnera su  derecho  a  la dignidad humana, el principio de legalidad, igualdad ante la ley,  el principio de culpabilidad”.   

          Además,  porque  en  su  criterio resulta necesario que la Corte se  pronuncie  “con  respecto  a  la forma subjetiva del  tipo  penal  en  este  tipo  de  punibles, en razón a que el operador judicial,  asume  la  presencia  de  dolo  por  la sola causalidad de tener en su presencia  elementos  que  provenían  de  una  apropiación  anterior  y  el solo contacto  precario,  hace  presumir  este  ingrediente  subjetivo  del tipo”,  máxime  cuando después de un rastreo jurisprudencial, en cuanto  a   este   delito   “no   son   más   de  dos  los  encontrados”.   

    

          Posteriormente,  el  censor  formula  dos  reproches contra el fallo  impugnado,  “uno por la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho  derivado  de  un  falso  juicio de identidad y otro por violación directa de la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida  del  artículo 60 y 61 del C.P., y  falta    de    aplicación    del    artículo    55   del   C.P.”.   

          En  cuanto  al  primer reparo, sostiene el libelista que el juzgador  erró  al  otorgar  un  sentido  diverso a lo que expresan las facturas de venta  0186  del  30 de enero, 0197 del 1° de febrero y 0181 del 29 de enero, todas de  2000,  pues  si bien es cierto su defendido, según el informe de captura, adujo  haber  recibido  las  neveras el 31 de enero de 2000, no lo es menos que a pesar  de  que  ellas presentan fechas diversas a ese día, esa situación “no  indica  nada en lo absoluto frente a su responsabilidad en el  delito  de  receptación”.  A lo cual se suma que si  éste  hubiera  querido  evadir  alguna  responsabilidad,  a sabiendas de que se  trataba  de bienes de procedencia ilícita, “ni se lo  hubiera  advertido a los agentes policiales y contendría un fecha anterior a la  del hurto”.   

Sobre ese punto, asegura, no se puede excluir  el   testimonio   de   Gustavo   Walteros,  quien  no  recuerda la fecha exacta en que realizó la compra, ni  la  persona que se lo vendió, por lo que constituye un agregado inferir que fue  su   prohijado,  por  lo  tanto,  “el  dicho  de  la  indagatoria  no  puede  tomarse  como  la  verdad  del proceso y solo podríamos  llegar  a  concluir que HUÉRFANO MUÑOZ, mintió al momento de la misma, siendo  esta    una    posibilidad   que   se   revierte   a   su   favor”.   

En   consideración   a  lo  expuesto,  el  demandante  solicita  casar  el  fallo “y como quiera  que    otros    medios    probatorios    no    soportaron    la   sentencia   de  responsabilidad”,  se  profiera   sentencia  de  carácter absolutorio.   

         

En  relación  con  el  segundo  reparo, que  propone  subsidiariamente,  advierte  que el Tribunal, cuando desató el recurso  de   apelación,   aplicó   normas   de   la   Ley  599  de  2000  “cuando  la norma que se imponía aplicar en aras del principio de  legalidad,  eran  las  previstas  en  el  decreto  100  de  1980  y  las que por  favorabilidad  se  establecieran  de la ley 599 de 2000;  mas nunca las que  aplicó,  puesto  que  el  punible  data  del  2  de  febrero de 2000, cuando se  encontraba    en    vigencia    la    norma    que   se   aplicó”.   

          De   allí  que,  agrega,  haber  aplicado  el  sistema  de  cuartos  resultaba  desfavorable  para  el  procesado,  “pues  consagra    un    sistema    de   dosificación   más   estricto”.   Además,  la  pena  de su defendido no puede ser igual a la  impuesta  al  otro  procesado  porque,  según los falladores de instancia, este  último  fue  quien realizó la negociación con las personas que despojaron del  producto  a  la  empresa  MABE,  a  lo  que  se  suma que su defendido carece de  antecedentes  penales  y  “que atribuyó (sic)    una   venta   anterior   de   3  electrodomésticos   lo   cual   se   traduce   en   querer   reparar  el  daño  ocasionado”.   

            A  juicio  del  censor,  entonces,  de  conformidad con las pautas  señaladas,  se  imponía  partir  del  mínimo  previsto en la ley, esto es, la  condena  en  contra  de  su  representado debió   ser   de   doce   (12)   meses   de  prisión  “disminuyendo  de  contera  el  valor de la correspondiente multa,  pues  la  normatividad  aplicada  vulneró sustancialmente la ley”.           CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Impera  precisar,  en  primer término, que el asunto que concita la  atención  de  la  Sala  sólo  permite  el  acceso  al  medio extraordinario de  casación  por  la  denominada  vía  excepcional  o  discrecional, como así lo  propuso  el demandante, en virtud a que analizadas las diferentes normatividades  procesales  que  han  regulado  el  recurso  a  partir  de  la fecha en que tuvo  ocurrencia  la  conducta  por la que se procede (febrero 2 de 2000), no permiten  acudir a éste por la vía normal o tradicional.   

En  efecto,  para ese entonces se encontraba  vigente  el  artículo 218 del Decreto 2700 de 1991, modificado por el 1° de la  Ley  553 de 2000, de acuerdo con el cual el medio extraordinario de impugnación  se   estableció   para   “los  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo  exceda     de     ocho     años”    (negrillas  fuera  de  texto).  Vale recordar que este precepto  se  reprodujo  en  el  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, manteniendo la  casación discrecional    

Se desprende de lo anterior que el requisito  punitivo  para acceder al medio extraordinario de impugnación tradicional no se  cumplía  en  tratándose  del  delito  de  receptación,  cuya pena máxima, de  acuerdo  con el artículo 177 del Decreto 100 de 1980, subrogado por el 31 de la  Ley  190  de 1995 y modificado por el 7° de la Ley 365 de 1997 (vigente para la  fecha  de  los  hechos)  era  de  cinco  (5)  años de prisión, pero tampoco se  satisface  ahora,  dado que la misma conducta, que se sanciona actualmente en el  artículo  447  de  la  Ley 599 de 2000, tampoco supera ese monto, al prever una  pena máxima de ocho (8) años de prisión.   

Así  las  cosas,  sólo  se  contaba con la  posibilidad  dispuesta  por  la denominada casación discrecional o excepcional,  pero  que siempre, y en todas las normas que han regido desde la comisión de la  conducta  que  ocupa  la  atención,  resulta viable a condición de que la Sala  “lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos fundamentales” y   en   la   medida   en   que   el   actor   la  persuada  en  ese  sentido.   

             

          En  tal  evento,  la jurisprudencia de la Sala ha venido sosteniendo  que  se  hace  necesario  que  el demandante exponga, así sea de manera sucinta  pero  clara,  qué  es lo que pretende con la impugnación excepcional, debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema jurídico  sobre  el  cual  considera se hace indispensable un pronunciamiento de autoridad  por parte de esta Corporación.   

De  esta  manera,  los  argumentos que deben  sustentar  la  justificación han de estar dirigidos a orientar a la Corte en el  sentido  de  hacerle ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si  se  trata de reclamar la garantía de un derecho fundamental, al casacionista le  corresponde  precisar  los  derechos que fueron desconocidos, indicar las normas  constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación que debe  adoptarse  para  su salvaguarda. Y, si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,   tendrá   que  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas que deben ser unificadas.   

Pues  bien, en la demanda, previo a formular  los  cargos  contra el fallo impugnado, el casacionista expone los motivos que a  su  juicio  justifican  el  acceso al recurso extraordinario de casación por la  vía  excepcional, con el propósito de satisfacer los presupuestos previstos en  el  inciso  tercero  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000.  Así, aduce  que  en  el  presente  evento  se  afectaron  las garantías fundamentales de su  defendido,  refiriéndose  en  ese  sentido  al  quebranto  de los derechos a la  dignidad  humana,  legalidad,  igualdad  ante la ley y culpabilidad, y porque se  precisa del fallo con el objeto de desarrollar la jurisprudencia.   

No  obstante las referencias al respecto, lo  cierto  es que la demanda no cumple con los condicionamientos referidos para que  el  libelo  sea  admitido,  conclusión a la que se arriba con fundamento en las  siguientes razones:   

En  primer  lugar, porque los argumentos que  expone  para   sustentar  los  motivos  que  permiten  el  acceso  al medio  extraordinario  de  casación  por  la vía discrecional, distan de su verdadera  naturaleza.   

De  esa forma, obsérvese que en cuanto a la  vulneración  de  los derechos a la dignidad humana, legalidad, igualdad ante la  ley  y  culpabilidad  de  HUÉRFANO MUÑOZ,  el  actor se limita a señalar   que una tal situación  se  consolidó  porque  el  juzgador  “frente  a  un  comportamiento  culposo  decidió  aplicar  una  forma  subjetiva de imputación  dolosa”,  sin  que se encuentre la relación de este  argumento,  ni  tampoco  lo  explica,  con  el  supuesto  desconocimiento de las  garantías  indicadas,  máxime  cuando  en  el desarrollo de los dos cargos que  formula  contra el fallo impugnado tampoco advierte nada sobre el particular, lo  que   permite   colegir   que  la  alusión  a  tales  postulados  es  meramente  enunciativa.     

Igual  sucede  con  respecto a la pretextada  necesidad  de  admitir el recurso porque es necesario abordar el tema relativo a  “la  forma  subjetiva del tipo penal en este tipo de  punibles,  en  razón a que el operador judicial, asume la presencia de dolo por  la  sola  causalidad  de  tener  en su presencia elementos que provenían de una  apropiación   anterior   y  el  solo  contacto  precario,  hace  presumir  este  ingrediente  subjetivo  del  tipo”,  punto que no se  ofrece  novedoso  y  por  cuanto  resulta  insuficiente  con  advertir que sólo  encontró  dos registros de este delito en el rastreo jurisprudencial que llevó  a  cabo,  pues  el  factor  numérico  por sí sólo no es relevante en punto de  suscitar  el  estudio el asunto, sino que deben acompañarse razones de peso que  pongan  de  manifiesto  la importancia del tema, las cuales se echan de menos en  este   acápite   de   la   demanda   y   en  el  posterior  desarrollo  de  las  censuras.   

En segundo lugar porque, como ya se adujo, es  evidente  la   disociación entre los motivos propuestos para justificar el  acceso   al  recurso  de  casación  por  la vía discrecional y los cargos  propuestos   en   la   demanda,   cuando   es   bien  sabido  que  debe  existir  correspondencia entre unos y otros.   

Ciertamente, a través de la primera censura  el  censor invoca la causal primera de casación prevista en el artículo 207 de  la  Ley  600  de 2000, por violación indirecta de la ley sustancial derivada de  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad en la apreciación de las  pruebas,  el  cual  conduce  en  su  criterio  a la absolución de su defendido,  tópico  que no se relaciona con la vulneración de las garantías fundamentales  indicadas,  ni  con  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  de  la  Sala.    

Por  su parte, a través del segundo reparo,  el  casacionista  acude  a la misma causal, pero arguyendo violación directa de  la  ley  sustancial  en la dosificación punitiva, pues estima que se aplicó en  forma  desfavorable  el  sistema  de  cuartos previsto en la Ley 599 de 2000, se  impuso  injustificadamente  la  misma  sanción a los dos procesados, se ignoró  que  su  prohijado carecía de antecedentes y no se tuvo en cuenta su intención  de  reparar  el daño ocasionado con el delito, por lo que la pena a imponer era  la  mínima  prevista  legalmente  de  doce  (12)  meses  de  prisión  y no los  veinticuatro (24) por los que fue condenado.   

Sin   embargo,   en   su   exposición  el  casacionista  no  señala  con  la  indispensable precisión cuál es el nexo de  estos  aspectos  con  las garantías fundamentales señaladas ni, al igual que a  lo  sucedido  con  el anterior reproche, que sea indispensable abordar el asunto  para el desarrollo de la jurisprudencia de la Sala.   

Sobre  el  planteamiento  contenido  en este  reproche  referido  a  que  se  aplicó  desfavorablemente el sistema de cuartos  contenido  en  la  Ley  599  de  2000  frente  al  consagrado en la legislación  precedente,  oportuno se ofrece puntualizar que, a diferencia de lo que aduce el  censor,  la  determinación  de  las  penas principales de prisión y multa y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  conforme a los montos establecidos en los fallos de instancia, no fue  el  resultado  de  aplicar  dicho sistema de dosificación, sino de que, como lo  expuso  el  Tribunal,  no  se  podía  partir  del  mínimo de pena “dada  la  gravedad  de  la conducta ejecutada por Hugo Hernández  Orduz  y  JORGE  ELIÉCER HUÉRFANO MUÑOZ, el daño que causaron al obstruir la  labor  de  la  justicia,  no  debiendo  pasar  por  alto  que los aquí acusados  registran   anotaciones   por   conductas   delictivas   contra   el  patrimonio  económico”.   

Adicionalmente,  es necesario recabar que en  este  asunto,  en  el  que  se  estableció la pena dentro del cuarto mínimo de  movilidad   punitiva,   ninguna   injerencia   tenía   acoger   el  sistema  de  dosificación  punitivo estipulado en el Decreto Ley 100 de 1980 o en la Ley 599  de 2000.   

Así  las  cosas,  como  el  demandante  no  logra demostrar el cumplimiento de alguno de los fines  previstos  para  la  procedencia  del recurso extraordinario de casación por la  vía  excepcional  o  discrecional, tal situación se traduce en la ineptitud de  la  demanda, circunstancia que impide que la Sala entre  siquiera  a  revisar  si  el  cargo  único formulado contra el fallo de segundo  grado  se ajusta a los presupuestos lógicos y técnico formales propios de esta  sede.   

         

          Lo  anterior  constituye razón suficiente para que la Corte proceda  a  la  inadmisión  de  la  demanda,  de  acuerdo  con  la consecuencia procesal  señalada  en  el  artículo 213 de la Ley 599 de 2000.  Además, porque no  se  advierte  que  dentro  del  presente  trámite  o en la sentencia se hubiera  incurrido   en  violación  de  garantías  fundamentales  que  fuera  necesario  conjurar por la vía de la casación oficiosa.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor de  JORGE  ELIÉCER  HUÉRFANO  MUÑOZ,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

          De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 187 de la Ley 600  de 2000, contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                              JORGE     LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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