27217(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 27217  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 73                                                                              Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C., dieciséis de mayo de dos mil  siete.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Luis   Rafael   Rocha   Díaz   contra  la  sentencia  dictada el 3 de octubre de 2006 por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Valledupar,  por  el  delito  de  celebración de contratos sin el  cumplimiento de requisitos legales.   

Hechos,  

El 21 de julio de 1998, el señor Ahmed Tufith  Dhajil  Rocha  presentó  denuncia  penal  contra  Luis  Rafael  Rocha Díaz, en condición de Alcalde Municipal  de  Chiriguaná  (Cesar),  por varios hechos, entre ellos por haber celebrado el  contrato  020  de  1998  de  “REFORESTACION  PARA  LA RECUPERACION DE AREAS DE  PLAYONES  Y  MICROCUENCAS  EN  EL  MUNICIPIO  DE  CHIRIGUANA”,  por  valor  de  $39’998.000, con la señora  Ana  María  Jimeno Saade, de  quien  dijo que no era ingeniero agrónomo, sino trabajadora social, y por haber  variado  el  objeto  del  contrato, pues afirmó que la contratista se limitó a  repartir  árboles  frutales  entre  la comunidad, sin adelantar labor alguna de  reforestación  ni  recuperación  de  los  playones  y microcuencas1.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  El 28 de julio de 2000, la Fiscalía Once  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Valledupar calificó el  mérito   probatorio   del   sumario   con   resolución  de  acusación  contra  Luis  Rafael  Rocha Díaz por  el  delito  de  celebración  de  contratos  sin  el  cumplimiento de requisitos  legales,  de  conformidad con las previsiones contenidas en el artículo 146 del  Código  Penal  de  1980,  modificado  por  el  32  de  la ley 190 de 1995. Esta  decisión   causó  ejecutoria  el  28  de  agosto  del  mismo  año2.    

2.  Mediante decisión de 20 de septiembre de  20003,   el   Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chiriguaná  ordenó  la  acumulación  de  este  proceso  al  adelantado en ese despacho contra del mismo  procesado  por los delitos prevaricato por acción y peculado por apropiación a  favor  de  terceros,  por  hechos relacionados con el nombramiento de la señora  Ninfa  Infante  Capera  como  Directora  de  la  casa  de  la  cultura  del  Municipio  de  Chiriguaná  y  la  asignación  por  sus  servicios  de  un  salario mensual de $700.000, cuando el  valor  del  sueldo  autorizado  era  de  $236.000.  En  este  proceso  se dictó  resolución  de  acusación  el  21  de  febrero  de  2000,  la que  causó  ejecutoria    el    21    de    marzo    siguiente4.    

3.  El  24  de  mayo  de  2002, el juzgado de  conocimiento  absolvió  a Luis Rafael Rocha Díaz  de   todos  los  cargos  imputados  en  los  procesos  acumulados.   La   Fiscalía  apeló  esta  decisión  con  el  fin  de  que  el  Tribunal   revocara  la  absolución  por  el  delito  de  celebración  de  contratos  sin  el cumplimiento de requisitos legales y en su lugar condenara al  procesado  por  este  punible.  También  apeló la parte civil. El superior, en  decisión  de  3  de  octubre  de  2006,  accedió  a  las pretensiones del ente  acusador  y  condenó al acusado a la pena principal de 4 años de prisión y la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  término5.   Inconforme  con  este  pronunciamiento  la  defensa  recurre  en  casación.   

La         demanda.   

Sostiene  el  casacionista  que  el delito de  contrato  sin  el  cumplimiento  de  requisitos  legales  es  de aquellos que la  doctrina  y  la  jurisprudencia  denominan  tipos  en  blanco,  en  la  medida  que  impone  acudir  a normas  diversas  en  el  proceso  de adscripción de la conducta del sujeto agente a la  descripción  típica.  Para  el  caso, debe acudirse a la reglamentación de la  contratación  administrativa  traída  por  la ley 80 de 1993, pues se acusa al  procesado  de  haber  suscrito  el  contrato  020 de 1998, con violación de los  principios  de  selección  objetiva,  legalidad, imparcialidad, transparencia y  economía.   

Hace un resumen de las argumentaciones que el  Tribunal  adujo  en  la  sentencia  para  condenar al procesado por el delito de  celebración  de  contratos  sin  el  cumplimiento  de  requisitos legales, para  manifestar  que  no  las  comparte, y que por eso las impugna, sustentado en las  siguientes razones de orden legal:   

a) Contrato sin el cumplimiento de requisitos  legales.  Explica  que  el  incumplimiento  de  los  requisitos esenciales en la  celebración  de  los  contratos solo es punible “en  la  medida  en  que  la  gente  actúe con la intención subjetiva de obtener un  provecho   ilícito   sea   para   sí,   para   el   contratista   o   para  un  tercero”.       

El  artículo  146  del  Código  de  1980,  “exigía   que   la  intervención  anómala  del  servidor  público  contara  adicionalmente  con el propósito de obtener un provecho ilícito para sí, para  el  contratista  o  para  un  tercero. Hoy esta figura debe impregnarse de dolo.  Así  lo  han  reconocido  eminentes  doctrinantes,  quienes  controvierten  con  sólidos  planteamientos  el  trasladar  un problema netamente administrativo al  campo  penal,  vale  decir, que la omisión de un requisito por muy esencial que  sea convierte un asunto administrativo en un problema penal”.   

Afirma que el servidor público debe obrar por  razón  del  ejercicio de sus funciones y que la inobservancia de los requisitos  legales  de  carácter  esencial puede presentarse tanto en la fase preparatoria  como  en  la  ejecutoria, según lo dejó consignado la Corte en decisión de 19  de  marzo  de  2002,  donde  además se señala que no toda inobservancia de los  requisitos  legales  para  contratar  constituye  delito,  sino  solo  la de los  legales esenciales.   

En  providencia  de  11 de junio de 1990, con  ponencia  del Magistrado Edgar Saavedra Rojas, se dijo que uno de los requisitos  esenciales  del  contrato  era  el  certificado  de  paz  y  salvo de impuestos.  Después,  en  decisión  de  19  de  diciembre de 2000, con ponencia del doctor  Alvaro  Orlando  Pérez Pinzón, se aclaró que dentro de los requisitos legales  esenciales  se  entendían incorporados los principios generales que orientan la  contratación  administrativa.  Y posteriormente, en decisión de 10 de julio de  2001,  con  ponencia  del  doctor  Nilson  Pinilla  Pinilla, se explicó que los  requisitos   esenciales   comprendían   toda   la   ritualidad  referida  a  la  tramitación y celebración del contrato.   

En   el   caso  estudiado,  el  ex  Alcalde  Luis     Rafael     Rocha     Díaz    “aplicó  la  contratación  selectiva,  como  aparece  dentro del  expediente  la convocatoria que se hizo (sic), la selección y adjudicación, de  esto  para la defensa no existe duda, existe claridad meridiana que estas etapas  se  surtieron”.  Restaría  determinar  si  se  violaron  los  principios  que  fundamentan  la  actuación  contractual de las entidades oficiales, esto es, de  transparencia,   economía,   responsabilidad,   imparcialidad   y   eficiencia.   

Al  ex Alcalde, se le negó la oportunidad de  realizar  un  empalme con la administración anterior. Le sustrajeron, ocultaron  y  destruyeron  documentos  de  gran  valor, lo cual es ostensible, pues existen  decisiones  judiciales que así lo demuestran. Y cuando empezó a trabajar “ni  siquiera  fue  puesto  en  sobre  aviso  de  los riesgos jurídicos que corre un  médico acabado de posesionar como primera autoridad Municipal”.   

En  el  proceso  está  demostrado,  con  la  declaración    del    Secretario    de   Planeación   Municipal   Erick  Johanes  Alvarez  Amarís, quien era  el  funcionario  encargado  de recibir las ofertas de los proponentes, que la de  la   señora  Ana  María  Jimeno  Saade  sí  fue  recibida,  afirmación que es corroborada por esta última  en   su   declaración,   pruebas   a   las   cuales   hay   que   darles  valor  probatorio.   

b)  Error  invencible, inevitable o absoluto.  Afirma  que  desde  que el ex Alcalde Luis Rafael Rocha  Díaz   fue  vinculado  a  este  proceso,  afirmó  su  desconocimiento  total de la ley 80 de 1993, dada su condición de médico. Esto  hace  que se esté en presencia de un error directo de  prohibición,  pues  un médico que toda la vida se ha  dedicado  a  la  comunidad,  con una amplia vocación de servicio, no tenía por  qué conocer la ley de contratación administrativa.     

Obró  dentro  del  marco  de  lo  denominado  anteriormente    estado   de   necesidad.  En  el  caso  del  contrato  020  para  la  reforestación de los  playones   y   las   microcuencas,   es   fácil   demostrar   la   insuperabilidad   del  error,  es  decir,  “que  no  fue  humanamente  posible  vencerlo pese a que se tuvo el cuidado de  nombrar  un  asesor  jurídico  que  sí conocía las normas sancionatorias y el  cual  no  cumplió la obligación que le competía, al no prevenir a su superior  de  las  consecuencias  que  se  derivarían  de  una  conducta  que  podríamos  calificar de no culposa”.   

Reproduce apartes de la sentencia C-370 de 14  de   mayo  de  2000  de  la  Corte  Constitucional,  sobre  inimputabilidad  por  diversidad  sociocultural,  para  sostener  que  la  diversidad  cultural del ex  Alcalde   Luis   Rafael   Rocha  Díaz,  quien    era    médico,    le  impedía  comprender  la ilicitud de la conducta, y que frente a  estas  condiciones  no  resulta  compatible  con  un  derecho penal culpabilista  imponerle una sanción.   

Una  conclusión  se  impone:  “teniendo en  cuenta  la  naturaleza de la culpabilidad y que el nuevo estatuto penal eliminó  el  mandato  según  el cual la ignorancia de la ley no excusa, y que el ordinal  11   (sic)   del  artículo  32  del  Código  Penal  establece  que  no  habrá  responsabilidad  penal  cuando  se obre en error invencible, de la licitud de la  conducta,  esa  persona  debería  ser  absuelta”. Y en el presente caso está  demostrado  que  el  médico  Rocha Díaz desconocía  las normas que regulan la contratación administrativa.   

Sustentado en estas argumentaciones solicita a  la  Corte  revocar  la  sentencia  del Tribunal, en punto a la condena impartida  contra   el   acusado  por  el  delito  de  celebración  de  contratos  sin  el  cumplimiento  de  requisitos  legales, y proferir en su lugar fallo absolutorio.   

SE        CONSIDERA.   

Reiteradamente  la  Corte ha sostenido que la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de formulación libre, sino un acto  vinculado  al  cumplimiento de ciertas exigencias mínimas de forma y contenido,  sin  las  cuales  no  resulta  posible  abrir  trámite al recurso de casación,  según   se  establece  del  contenido  de  los  artículos  212  y 213 del  estatuto procesal penal (ley 600 de 2000).     

La  primera  de  las  normas,  relaciona como  exigencias  formales  mínimas  que debe cumplir la demanda, las siguientes: (i)  la  identificación  de los sujetos procesales y de la sentencia demandada, (ii)  una  síntesis de los hechos materia de juzgamiento y de la actuación procesal,  y  (iii)  la  enunciación  de  la  causal  invocada  y del cargo propuesto, con  indicación  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos  y  de  las  normas  que el  demandante estima infringidas.   

Estas exigencias son totalmente ignoradas por  el  demandante  en el caso analizado. No solo no se ocupa de identificar el caso  por  los  hechos  y  los  sujetos  procesales,  ni  de  hacer  un recuento de la  actuación  procesal,  omisiones  que podrían considerarse superables, sino que  omite   enunciar   y   fundamentar   el  ataque  en  capítulos  separados,  con  enunciación  de  la  causal  invocada  y  la  indicación  de  los  fundamentos  fácticos  y jurídicos de la propuesta de ataque.        

Sus alegaciones se reducen a la presentación  de  una  réplica  a  las  argumentaciones del Tribunal, en cuyo desarrollo, sin  ningún  rigor  lógico, da a entender que el procesado no violó los principios  de   transparencia,   selección   objetiva,   economía   y  eficiencia  en  la  celebración  del  contrato,  y que aparte de ello actuó dentro del marco de un  error  invencible  por desconocimiento del régimen contractual, sin precisar la  causal  que  aduce para pedir la infirmación del fallo, ni indicar el error que  en  concreto  cometió  el  juzgador  al  definir  el  asunto,  ni  demostrar la  incidencia que la incorrección tuvo en el sentido del fallo.   

El recurso de casación, ha sido dicho por la  Corte,  es un juicio sobre la legalidad de la sentencia que impone al demandante  el  deber  de demostrar que el juzgador cometió un error al tomar la decisión,  bien    de    juicio    (in   iudicando)      o      de      actividad     (in  procedendo), y de indicar la causal que sirve de marco  para  la  presentación  del  ataque. Un error es de juicio cuando desconoce una  norma  de  contenido  sustancial  y  es  de  actividad  cuando  inobserva una de  contenido adjetivo.   

Las causales son los motivos que habilitan el  acceso  al  recurso. La ley 600 de 2000 prevé tres, (i) cuando la sentencia sea  violatoria  de  una  norma de derecho sustancial, de manera directa o indirecta,  (ii)  cuando  la  sentencia no esté en consonancia con los cargos formulados en  la  resolución de acusación, y (iii) cuando la sentencia se haya dictado en un  juicio viciado de nulidad.   

Cuando el demandante considera que el juzgador  incurrió  en  un  error  in  iudicando  por  violación  de  una norma de derecho sustancial, el ataque debe  realizarse  dentro  del  marco  de la causal primera de casación, que es la que  recoge  esta  hipótesis, trátese de violación directa o indirecta. Es directa  cuando  el error se presenta en el marco del raciocinio puramente jurídico y es  indirecta     cuando    se    origina    en    un    error    de    apreciación  probatoria.       

Si la violación es indirecta, deberá además  indicarse  la  prueba sobre la cual recayó el error, la clase de error cometido  (si  de  hecho  por falso juicio de existencia, falso  juicio  de  identidad  o  falso  raciocinio  o  de  derecho  por falso juicio de  legalidad   o  falso  juicio  de  convicción),  y  la  trascendencia del error en la decisión impugnada.   

Si  el error deriva del desconocimiento de la  estructura   conceptual   del   proceso   por  inobservancia  del  principio  de  congruencia,  el ataque debe enmarcarse dentro del ámbito de la causal segunda,  y  si  el  vicio  se  origina  en  el desconocimiento de los principios del juez  natural,  del debido proceso o del derecho de defensa, la causal a invocar será  la tercera.   

Ninguno  de  estos  desarrollos  contiene  el  escrito   presentado   por   el   impugnante  para  sustentar  el  recurso.  Sus  alegaciones,  como ya se dejó consignado, se sustentan en la afirmación de que  no  se  cumplen  las  exigencias  de  tipicidad  y  culpabilidad requeridas para  condenar.  Pero  no se indica, en concreto, en qué consistió el error cometido  por  los  juzgadores, cuál causal de casación sirve de marco a la alegación y  qué trascendencia tuvo el error en la decisión impugnada.   

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  requisitos  formales  mínimos  requeridos para declarar en trámite el recurso,  se  la  inadmitirá y se ordenará devolver el proceso al Tribunal de origen, en  razón  de  no  advertirse  violación  de  garantías fundamentales que la Sala  esté en el deber de proteger de manera oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación presentada por el defensor de Luis Rafael  Rocha Díaz.     

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                 ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

                                                Teresa Ruiz Núñez   

Secretaria  

    

1  Folios 1-8 del cuaderno original 3.   

2  Folios 445-453, 453 vuelto y 501 ibídem.   

3  Folios 629-630 del cuaderno original 2.   

4  Folios  503-508  ibídem.  El año de la providencia es equivocado. Se consignó  1999 siendo 2000.    

5  Folios  1039-1057  del  cuaderno  original  2  y 4-23 del cuaderno del Tribunal.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *