27212(24-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27212  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 205  

Bogotá, D. C. veinticuatro (24) de octubre de  dos mil siete (2007).   

V I S T O S  

La  Sala  resuelve  el  recurso de apelación  interpuesto  por  el  defensor de JEAN CARLOS CHINCHÍA  CONTRERAS  y  ALBERTO SEGUNDO  MORA  RIVERO,  condenados  en primera instancia por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Valledupar, por los delitos de  concierto  para  delinquir en la modalidad de conformación de grupos armados al  margen  de  la  ley,  extorsión y porte ilegal de armas de uso privativo de las  fuerzas  armadas,  contra  la  providencia del 5 de febrero de 2007, mediante la  cual  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Valledupar,  negó la  cesación de procedimiento que había solicitado a su favor.   

H E C H O S  

El  día  15  de  enero  de 2004, a las 13:00  horas,  agentes  del  Gaula  Regional Valledupar, en zona rural del municipio de  Pueblo  Bello,  vereda  La  Honda, parcela El Cairo, enterados de que individuos  vestidos  con  prendas  similares a las de la fuerza pública, portando armas de  fuego  de  corto y largo alcance hacían presencia en el lugar, procedieron, con  apoyo  de  la contraguerrilla de la Policía Nacional, a realizar una operación  “rastrillo”  logrando la  captura  de  varios  de  aquellos,  entre  otros,  JEAN  CARLOS    CHINCHÍA    CONTRERAS    y   ALBERTO  SEGUNDO  MORA  RIVERO, encontrando  en  su  poder armas de fuego de uso privativo de las fuerzas armadas, cartuchos,  granadas  de  fragmentación, dinero en efectivo producto de las extorsiones que  hacían   a   los  campesinos  de  la  región,  como  cuota  o  “vacuna”  que  debían  cancelar  a estos  integrantes  de  grupos  armados  al  margen  de  la ley (Autodefensas Unidas de  Colombia  -AUC-).   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

En  desarrollo  del  ciclo  investigativo  se  acopiaron  las  pruebas, y luego de recepcionadas las injuradas, se resolvió la  situación  jurídica  a  los  vinculados,  imponiéndoles detención preventiva  como  probables coautores de los delitos de extorsión agravada y concierto para  delinquir  en  la  modalidad  de conformación de grupos armados al margen de la  ley.   

El  17  de  mayo de 2004, la Fiscalía Quinta  Delegada  ante  el Juzgado Único Penal del Circuito Especializado de Valledupar  (Cesar),  profirió  resolución  de  acusación  contra  los  vinculados,  como  coautores  de  los  delitos  de  extorsión  agravada  en  concurso homogéneo y  concierto  para  delinquir en la modalidad de conformación de grupos armados al  margen de la ley.   

El  anterior pronunciamiento fue apelado y la  Fiscalía   Delegada   ante  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Valledupar,  con  fecha  16  de  junio de 2004, desató la alzada y adicionó la  acusación  por  el delito de porte ilegal de armas de fuego de uso privativo de  las fuerzas armadas, confirmándola en todo lo demás.   

Con  fecha del 28 de junio del mismo año, el  Juzgado  Penal  del Circuito Especializado de Valledupar, avocó el conocimiento  de  la  causa y, luego de culminar la audiencia pública, profirió sentencia el  29  de  noviembre  de 2005, mediante la cual condenó a Edgar Alfredo Rodríguez  Pérez,  Andrés Mauricio Torres León, ALBERTO SEGUNDO  MORA  RIVERO  y  JEAN CARLOS  CHINCHÍA  CONTRERAS, como coautores de los delitos de  extorsión  -sin  agravantes-,  concierto  para  delinquir  en  la  modalidad de  conformación  de  grupos armados al margen de la ley y porte ilegal de armas de  uso  privativo de las fuerzas militares, a las penas principales de 21 años y 5  meses  de  prisión  y  multa  de  602.000  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes,  a  la  accesoria  de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas  por  un  período  de  20  años,  al  pago  solidario  de  perjuicios  morales y les negó el otorgamiento de la suspensión condicional de  la   ejecución   de   la   pena   y   la  prisión  domiciliaria,  entre  otras  determinaciones,  fallo  contra  el  cual se interpuso recurso de apelación por  los  defensores  y  los procesados, razón por la cual se remitió el proceso al  Tribunal Superior de Valledupar.   

Con   posterioridad,  el  defensor  de  los  procesados  ALBERTO  SEGUNDO  MORA RIVERO y      JEAN      CARLOS      CHINCHÍA  CONTRERAS,  solicitó  cesación de procedimiento a su  favor,  teniendo  como  premisa  argumentativa que al concierto para delinquir y  porte  ilegal  de armas por los que se les juzga “los  cobija  el  beneficio jurídico que ampara a quienes se desmovilicen”,  dado  que  su  calidad  de  miembros  de  las AUC se encuentra  acreditada  con  el  fallo  de  primer  grado,  amén  de  que  al  tiempo de la  desmovilización  del  Bloque  Norte  de  las  AUC (marzo de 2006), no se había  proferido  la  sentencia  mediante  la  cual  la  Corte  Constitucional  declaro  inexequible  el  artículo  71  de la Ley 975 de 2005, de conformidad con la Ley  782  de 2002, en concordancia con el artículo 6° y el parágrafo del artículo  7° del Decreto 3391 del 29 de septiembre de 2006.   

El  Tribunal, previo a resolver, con auto del  23   de   noviembre  de  2006,  ordenó  solicitar  a  la  Consejería  para  la  Reintegración  Social  y  Económica  de  Personas  y  Grupos Alzados en Armas,  adscrita  a  la Presidencia de la República, que certificara si los acusados en  mención  estaban reconocidos como miembros de algún grupo armado ilegal, si se  hallan  incluidos  en  listas de desmovilizados, si forman parte del programa de  reincorporación a la vida civil, etc. (fl. 5 c. Tribunal).   

Con  oficio  del  23  de  enero  de  2007, el  Coordinador  del Programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado, adscrito al  Ministerio  de  Defensa  Nacional, informó al Tribunal Superior que los citados  procesados  no  aparecen  registrados como certificados por el Comité Operativo  para  la  Dejación  de las Armas (CODA) ni presentados al programa de Atención  Humanitaria  al  Desmovilizado,  sugiriendo  consultar  a  la  Oficina  del Alto  Comisionado  para  la  Paz,  a  fin  de  establecer  si  hacían  parte  de  una  desmovilización colectiva.   

D  E  C  I  S  I  Ó  N    D E  L   T R I B U N A L   

Mediante   proveído  del   6   de   febrero  de  2007,  el  a  quo   negó   la  cesación   de  procedimiento  pretendida,   con    fundamento    en   que   los  acusados   a   favor    de    quienes   se   solicitó   aquél,   no   se   han  desmovilizado,   puesto   que   ni   el   jefe   ni   los   voceros   del   grupo   armado  al  cual  aseguran  pertenecer,  así  lo  han  manifestado;  no dejaron  voluntariamente    las    armas,    ya   que   al   ser    capturados    fueron   despojados   de   ellas,   y    tampoco   se   han   integrado   a   la   vida     civil,     dado     que    la    oficina   adscrita       al      Ministerio      de      Defensa   certificó      lo    contrario,     siendo     innecesario   estudiar   la  desmovilización  de  un  grupo de   autodefensas      en      particular,     antes     de   declararse    inexequible    el   artículo    71   de   la  Ley  975  de  2005.      

L A     I M P U G N A C I  Ó N   

El defensor recurre en apelación, enfatizando  que  sus  prohijados,  por  haber  sido  condenados en primera instancia por los  delitos  de  concierto  para  delinquir   -que  fue  trocado  a  sedición,  conforme  al  artículo  71  de  la  Ley 975 de 2005, con connotación de delito  político-   y  porte  ilegal de armas de fuego, se hacen merecedores a los  beneficios  jurídicos  consagrados en la Ley 782 de 2002, en concatenación con  lo  dispuesto  en  el  artículo 6° y el parágrafo del 7° del Decreto 3391 de  2006,   sin que sea admisible exigir los requisitos de que trata la Ley 975  de 2005.   

Advierte,   que   la   última  ley  citada  estableció  una  primera  fase  de desmovilización para los integrantes de las  AUC  que  se  encontraban  alzados  en  armas  y  en  libertad,  quienes debían  someterse  al  procedimiento regulado en la ley de Justicia y Paz y, una segunda  fase  de  desmovilización  para  los  miembros  de  las  AUC que se encontraban  privados  de  la libertad en los diferentes centros de reclusión del país, que  nunca  se  dio,  por tal razón el Gobierno Nacional expidió el Decreto 3391 de  2006,  regulando  en el artículo 6º lo concerniente a las personas privadas de  la  libertad,  previéndose  que  podrán  acceder  a  los beneficios jurídicos  establecidos  en  la Ley 782 de 2002, siempre que de las providencias judiciales  se  determine  su  pertenencia  al  respectivo  grupo armado al margen de la ley  desmovilizado  colectivamente,  atendiendo  como fecha de la desmovilización de  los  privados  de la libertad aquella en la cual se hizo la colectiva del Bloque  Norte  de  las  AUC  (marzo  2006),  sin  que  sean  exigibles  otros requisitos  (desmovilización,  confesión, entrega de bienes, reparación de las víctimas,  desarticulación  de  grupos armados, compromiso de no volver a delinquir, etc.)  como  los  que  extraña  el Tribunal y, por tanto, depreca la revocatoria de su  decisión,  por  ser aplicable el beneficio impetrado, acorde con lo establecido  por los artículos 1° y 2° del Decreto 4436 de 2006.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

El  proceso  adelantado  contra  JEAN   CARLOS  CHINCHÍA  CONTRERAS,  ALBERTO  SEGUNDO  MORA  RIVERO  y  otros,  se inició con fundamento en la captura que  de  los  mismos  se cumplió el 15 de enero de 2004, por lo que se adelanta bajo  los  parámetros  de  la  Ley  600  de  2000  y,  conforme  a ella, se profirió  resolución  de acusación en su contra, como presuntos coautores de los delitos  de  extorsión  agravada  en concurso homogéneo, concierto para delinquir en la  modalidad  de conformación de grupos armados al margen de la ley y porte ilegal  de  armas  de  fuego  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas, que adquirió  firmeza  el  28  de  junio de 2004, y culminado el juicio, el 29 de noviembre de  2005,  se dictó la sentencia de primer grado ya citada, que fue apelada ante el  Tribunal,  en  medio de cuya tramitación se elevó la solicitud de cesación de  procedimiento   denegada,   cuya   impugnación   ocupa   la   atención  de  la  Sala.   

Ahora  bien,  necesario  resulta recordar que  dentro  de  la  política estatal encaminada a buscar la paz mediante diálogo o  desmovilización  de  los  grupos  armados  ilegales, se han expedido diferentes  instrumentos  jurídicos  como  la  Ley 418 de 1997, modificada y prorrogada por  las  Leyes  548  de  1999  y  782  de  2002 y, recientemente la Ley 975 de 2005,  denominada   de   Justicia  y      Paz,  en  las  que  se  prevén beneficios  motivadores  para  la  reincorporación  a  la  vida civil de los integrantes de  tales  grupos,  sobre  cuya  competencia  para  conocer de la aplicación de los  mismos, la Sala ha dispuesto:   

“1.     Aquellos     asuntos  relacionados  con la aplicación de los  beneficios  contemplados  en  la  Ley 782 de 2002 para  delitos  políticos, y concierto para delinquir simple  (artículo  340-1  de a Ley 599 de 2000), utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias  (346 idem), instigación a delinquir simple  (348-1  ibidem), fabricación, tráfico y porte de armas y municiones (365 idem)  le  corresponde,  según  el  estado  del  proceso,  resolverlos  a los fiscales  competentes   una   vez   reciban  la  petición  de  la  Dirección  de  Fiscalías correspondiente, o a los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial,  mediante  un trámite de simple  constatación  que  amerita  que  la  decisión se tome de plano (artículo    24   Ley   782   de   2002).  1   

2.    Los  procesos  que se adelanten  por   aquellas   conductas   que  no  puedan  ser  beneficiadas  con  alguno  de  los  mecanismos  establecidos  en  la  Ley  782  de  2002  y  que  implican  la  asignación  de  una  pena  (artículo  10  de  la  ley  975  de  2005), les corresponde a los Tribunales de  Justicia   y   Paz,   dada   su  cobertura  eminentemente  residual.”    2   

El  artículo  24 de la Ley 782 de 2002, cuya  vigencia  fue  prorrogada  por  el  término  de  cuatro  (4)  años,  según el  artículo 1° de la Ley 1106 de 2006, a la letra reza:   

“El  artículo  60 de la Ley 418 de 1997,  prorrogada por la Ley 548 de 1999, quedará así:   

Artículo 60. Se podrán conceder también,  según  proceda,  de  acuerdo  con  el  estado  del respectivo proceso penal, la  cesación  de  procedimiento, la resolución de preclusión de la instrucción o  la   resolución  inhibitoria,  a  quienes  confiesen  y  hayan  sido  o  fueren  denunciados  o  procesados  por  hechos  constitutivos  de  los delitos a que se  refiere  este  título  y  no  hayan  sido  aún  condenados  mediante sentencia  ejecutoriada.   

Para  estos  efectos,  se  tramitará  la  solicitud  de  acuerdo  con los artículos anteriores y, una vez verificados los  requisitos,  el  Ministerio  de Justicia y del Derecho remitirá la solicitud al  Tribunal  correspondiente,  o  a  la  Dirección  de  Fiscalía  ante la cual se  adelante  el  trámite,  quienes  deberán  emitir  de plano, la providencia que  decida  la  respectiva  solicitud,  en  los  términos  legales  y observando el  principio de celeridad.   

Si  la  persona  se encuentra privada de la  libertad,  las  citadas  autoridades  deberán  dar  trámite preferencial a las  solicitudes  de beneficios jurídicos, y en la providencia en la cual se conceda  la  petición de preclusión de la instrucción o la cesación de procedimiento,  deberá  revocarse  el  auto  de  detención  del  beneficiario,  cancelarse las  órdenes   de   captura  en  su  contra  y  ordenar  oficiar  a  los  organismos  competentes.   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  respectivo  deberá  resolver dentro de los tres (3) meses siguientes, contados a partir del  día    siguiente    al    recibo    del    expediente.    Este    término   es  improrrogable.”   

Así  las  cosas, la competencia para conocer  del  beneficio  solicitado corresponde al Tribunal y, en consecuencia, la alzada  interpuesta contra su negativa a otorgarlo, a esta Sala.   

Por otra parte, el Decreto 3391 de 2006 citado  por  el apelante, es claro en indicar que para todos los efectos  -incluido  el   beneficio   jurídico  por  el  que  se  aboga-   se  requiere  de  la  certificación  previa  del  gobierno.  El  parágrafo  1º  del  artículo  1º  precisa:  “Para todos los efectos procesales, el Alto  Comisionado  para la Paz certificará la fecha de iniciación del proceso de paz  con  miras  a  la  desmovilización  y  reinserción  del  respectivo  grupo  en  concordancia   con  lo  dispuesto  por  la  Ley  782  de  2002.  Tratándose  de  desmovilización   individual   la   certificación  corresponderá  al  Comité  Operativo  para  la dejación de armas –CODA.”.    

El  parágrafo 2º del artículo 5º ibídem,  señala:  “Los  miembros de grupos armados al margen  de  la ley, que se hallaren privados de la libertad, y se hubieren desmovilizado  previamente  de  conformidad  con  la Ley 782 de 2002, podrán solicitar ante el  Ministerio  de  Defensa  Nacional  su  postulación,  siempre y cuando entreguen  información  que, en la medida de sus posibilidades de cooperación, contribuya  al   desmantelamiento   de   la   organización   armada   ilegal   a   la   que  pertenecían.”    

Y el artículo 6º indica:  

“Los miembros del  grupo  armado  organizado  al margen de la ley desmovilizado colectivamente, que  se  encuentren  privados  de  la  libertad,  podrán  acceder  a  los beneficios  jurídicos  establecidos  en la Ley 782 de 2002 y en caso de no quedar cobijados  por  ésta,  a  los  contenidos en la Ley 975 de 2005,  siempre  que  en  las  providencias  judiciales correspondientes se determine su  pertenencia    al    respectivo    grupo.  Lo anterior, sin perjuicio de lo dispuesto para la concesión del  respectivo beneficio en las leyes mencionadas.   

Para  efectos  de  los  requisitos  legales  establecidos     para     el     otorgamiento     del     beneficio    jurídico  correspondiente,    de    encontrarse   determinada  judicialmente  la pertenencia al grupo armado organizado al margen de la ley, se  entenderá  que  el  solicitante  adquiere  la condición de desmovilizado en el  mismo  momento  en que se surte ante la autoridad competente la desmovilización  colectiva   del   respectivo  grupo,  aunque  no  hubiese  estado  presente  por  encontrarse  privado de la libertad en tal oportunidad.  La   fecha   de   desmovilización  del  grupo,  será  la  que  haya  informado  oficialmente  el  Alto  Comisionado  para  la Paz, de conformidad con el Decreto  3360 de 2003 o normas que lo modifiquen o sustituyan.   

Tratándose   de   la  Ley  782  de  2002,  cuando  de  la  providencia judicial o de las pruebas  legalmente  allegadas  al  proceso,  no  pueda inferirse en concreto el bloque o  frente   al   que   perteneció   el  solicitante,  se  atenderá,  para  este sólo efecto, la certificación  expedida  por el miembro representante reconocido del respectivo bloque o frente  desmovilizado    colectivamente.”  (Negrillas fuera de texto).   

Subsiste entonces, la reiterada exigencia del  trámite  previo que debe surtirse bien ante el Alto Comisionado, ante el CODA o  ante  el  Ministerio  de  Defensa  y,  si  en  el  caso concreto, contrario a lo  sostenido  por el impugnante, el fundamento de lo resuelto no fue la ausencia de  requisitos  tales  como  la  entrega  de  bienes,  reparación de las víctimas,  desarticulación  de  grupos armados, compromiso de no volver a delinquir, etc.,  exigidos  por  la  Ley  975  de  2005, sino la carencia de la certificación que  acredite   que   JEAN   CARLOS   CHINCHÍA  CONTRERAS  y ALBERTO SEGUNDO MORA RIVERO  pertenecieron a un grupo armado ilegal desmovilizado o  no,  tal  y como lo requiere la normatividad cuya aplicación impetran a través  de  su  defensor (Ley 782 de 2000), toda vez que de acuerdo con lo informado por  el  Coordinador del Programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado, adscrito  al   Ministerio   de  Defensa  Nacional,  los  citados  procesados  no  aparecen  registrados  como certificados por el Comité Operativo para la Dejación de las  Armas   (CODA)   ni   presentados   al  programa  de  Atención  Humanitaria  al  Desmovilizado,  requisito  indispensable  para  efectos  de hacer extensivos los  beneficios  de  la ley en comento a su favor, la confirmación de lo decidido es  lo  que  se  impone  como  consecuencia  de  ello, puesto que, como se dijo, los  procesados   fueron   capturados  y  no  hacen  parte  de  una  desmovilización  colectiva,  única  susceptible  de  originar  su  eventual inscripción ante la  Oficina  del  Alto  Comisionado para la Paz, cuyo cuestionamiento en tal sentido  fue   sugerido   al   Tribunal,   estando  de  sobra  con  lo  que  del  proceso  emerge.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.-  CONFIRMAR  la  decisión  impugnada, con fundamento en  los razonamientos que preceden.   

2.-  Devolver  las diligencias al Tribunal de  origen para lo de su competencia.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                              JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Los  delitos  de  y  concierto  para delinquir simple  (artículo  340-1  de  a  ley  599  de 2000), utilización ilegal de uniformes e  insignias   (346   idem),   instigación  a  delinquir  simple  (348-1  ibidem),  fabricación,  tráfico y porte de armas y municiones (365 idem), de acuerdo con  el  artículo  69  de  la  ley  975  de  2005,  pueden  admitir beneficios tales  como   la resolución inhibitoria, la preclusión de la investigación o la  cesación  de procedimiento, para aquellos actores que se hubiesen desmovilizado  en las condiciones señaladas en la ley 782 de 2002.   

2 Auto  28/09/2006 Rad. 25830.     

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