23822(07-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23822  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 14                                                                               Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C.,  siete de febrero de dos  mil siete.   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el Procurador Judicial 071 de Asuntos Penales II de  Cali,  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de esa ciudad el  14  de  febrero  de  2005,  mediante  la cual condenó al procesado Pedro  Pablo  Bedoya  a  la pena principal  privativa  de la libertad de 17 años de prisión, como autor responsable de los  delitos  de  homicidio  simple  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa  personal.   

Hechos.  

El 10 de diciembre de 1998, en el sector de la  calle  5ª  con  carrera 44 de la ciudad de Cali, Pedro  Pablo   Bedoya   disparó  su  arma  de  fuego  contra  Cristian  Robinson  Cortés  González  (a.  Candado),  causándole  una  herida  en  el  brazo  izquierdo con  reentrada  en la pared lateral del tórax del mismo costado, que determinaron su  muerte.  El agresor emprendió la huída pero fue capturado cuadras adelante por  miembros de la policía nacional, en posesión del arma de fuego.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos     hechos,    vinculó    a    Pedro    Pablo  Bedoya   a  la actuación mediante indagatoria, y  el  10  de  marzo  de  2000  calificó  el  mérito  probatorio  del sumario con  resolución  de  acusación  en su contra por los delitos de homicidio simple en  concurso  con porte ilegal de armas de fuego de defensa personal. Esta decisión  causó   ejecutoria   el   2   de   mayo   siguiente1.    

2. Rituado el juicio, el Juzgado Noveno Penal  del  Circuito  de  Cali, mediante sentencia de 22 de abril de 2004, absolvió al  procesado  por  el  delito de homicidio, y lo condenó por el de porte ilegal de  armas  de fuego de defensa personal, a la pena principal de 12 meses de prisión  y  las  accesorias  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el  mismo  término2.   

3.  Apelado  este  fallo  por el fiscal de la  causa  y  el  representante  del  Ministerio Público, para pedir la condena del  procesado  por el delito de homicidio, el Tribunal Superior de Cali, mediante el  suyo  de 14 de febrero de 2005, que aclaró el 3 de marzo siguiente, lo condenó  por  el referido delito, y le impuso como pena principal, por los dos ilícitos,  17  años  de  prisión, y como accesoria, interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo tiempo, negándole el subrogado penal de la condena de  ejecución                 condicional3.   

Contra  este  fallo  recurre  en casación el  representante   del   Ministerio   Público.         

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación  del  artículo  207  de  la  ley 600 de 2000, cuerpo primero, plantea  violación  directa de la ley sustancial, por falta de aplicación del artículo  103 de la ley 599 de 2000.   

Sostiene  que  el Tribunal, no obstante haber  acogido  sus  pretensiones  de  dictar  fallo  condenatorio  por  el  delito  de  homicidio,  se  equivocó  al  aplicar  la  pena  para dicho ilícito, porque al  hacerlo  la  tasó  en  16  años  de  prisión, argumentando que se trataba del  quantum  mínimo,  cuando  la sanción llamada a ser aplicada era la prevista en  el  artículo  103  de  la  ley  599  de  2000,  que  prevé  un  mínimo  de 13  años.   

Concepto  del Ministerio Público.   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal  presenta  a  la  Corte  tres  peticiones: (i) estimar el cargo  presentado  contra  la  sentencia  impugnada  por  violación  directa de la ley  sustancial,  (ii) casar el fallo de oficio en lo atinente a la pena accesoria de  interdicción  de  derechos y funciones públicas, para ajustarla a los límites  previstos  en  el  Decreto  100 de 1980, y (iii) declarar la prescripción de la  acción  penal  por  el  delito  de  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa  personal.     

En  relación con el primer aspecto, sostiene  que  la  ley  más  favorable  para el procesado, en cuanto tiene que ver con el  homicidio,  es  la  ley  599  de  2000, porque consagra pena de 13 a 25 años de  prisión,  mientras que la ley 40 de 1993, vigente cuando ocurrieron los hechos,  adscribe  pena  de  25  a 40 años. Por tanto, debió imponerse el mínimo de 13  años,  y  no  el  de 16, guarismo que por lo demás no corresponde a ninguno de  los estatutos en mención.    

Al referirse al segundo aspecto, argumenta que  el  Tribunal,  al  fijar  el  término  de  duración  de  la  pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  debió  haber aplicado el  Decreto  100 de 1980, que fija un límite máximo de 10 años, por resultar más  favorable,  y  no  la  ley  599 de 2000, porque este estatuto prevé un término  máximo de duración de 20 años.   

En apoyo de la tercera petición, señala que  el  término  de  prescripción para el delito de porte ilegal de armas de fuego  de  defensa  personal  es de cinco (5) años, tiempo que, contado desde la fecha  de  ejecutoria de la resolución de acusación, habría tenido consolidación el  2  de  mayo  de  2005, después de haberse dictado el fallo de segundo grado por  parte del Tribunal de Cali.   

SE        CONSIDERA.   

1.   De  la  prescripción del delito de  porte ilegal de armas.   

1.1. La prescripción  de  la acción penal para casos no regulados por el sistema acusatorio, opera en  un  tiempo  igual  al máximo de la pena privativa de la libertad fijada para el  delito  por  el  que  se  procede  cuando  no media resolución de acusación en  firme,  y  en  la mitad de este término si existe acusación, contados a partir  de  su  ejecutoria, sin que en ningún caso pueda ser inferior a cinco (5) años  ni       superior       de      veinte      (20)4.   

1.2. El artículo 201  del   Código  Penal  de  1980  (modificado  por  los  artículos   1°   del   Decreto  3664  de  1986  y  1°  del  Decreto  2266  de  1991), que definía el delito de porte ilegal de armas  de  fuego  de  defensa  personal,  vigente  para la época en que sucedieron los  hechos,  tenía  adscrita  pena  privativa  de  la  libertad  de  1 a 4 años de  prisión.  Por consiguiente, el término de prescripción para este delito en la  etapa    de   la   causa   sería   de   cinco   (5)  años,  contados  a  partir  de  la  ejecutoria  de la  acusación.   

1.3. La resolución  de  acusación  en  el  caso  analizado  causó  firmeza  el  2 de mayo de 2000.  Contados    a    partir   de   entonces   los   cinco  años  requeridos para la consolidación del fenómeno  prescriptivo,  se  concluye  que  se cumplieron el 2 de  mayo  de  2005,  después  de  haber  sido  dictada la  sentencia   de   segunda  instancia,  siendo  claro,  en  consecuencia,  que  la  extinción  de  la  acción  penal  operó  por  este  motivo y que se impone su  declaración,  tal  como  lo  solicita  la  Procuradora Delegada en su concepto.   

       

2. Respuesta al cargo.  

2.1.  Sostiene  el  demandante  que  la  sentencia  de  segundo grado violó en forma directa la ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación  del artículo 103 del Código Penal de  2000,  que  define  y sanciona el delito de homicidio simple, porque al tasar la  pena  para  este  ilícito la fijó en 16 años, argumentando que se trataba del  mínimo,  aprehensión que resulta equivocada porque el quantum punitivo mínimo  previsto por la norma en mención es de 13 años.   

2.2.  Los hechos que  motivaron  la acusación y condena por el delito de homicidio simple, ocurrieron  el  10  de diciembre de 1998, fecha para la cual se hallaba vigente el artículo  29  de  la  ley 40 de 1993 (modificatorio del artículo 323 del Código Penal de  1980),  que adscribía para este delito pena privativa de la libertad de 25 a 40  años de prisión.    

2.3.  En  el  nuevo  Código  Penal  (ley  599 de 2000), que entró en vigencia en el mes de julio de  2001,  el  mismo  delito quedó sancionado con pena de 13 a 25 años de prisión  (artículo  103),  que  por  resultar  menos  gravosa  para  el  procesado  sería  la  aplicable al caso, de  conformidad  con  lo  previsto  en el artículo 29 de la Constitución Nacional,  6° del Decreto 100 de 1980 y 6° de la ley 599 de 2000.   

2.4.  Revisada  la  sentencia  de  segunda  instancia, se establece que el Tribunal, al dosificar la  pena  para el delito de homicidio, hizo las siguientes precisiones: “En  reconocimiento  del principio universal de la favorabilidad,  se  aplicará para efectos de la dosificación de la pena de la ley preexistente  (sic),  el  artículo  323 modificado por la ley 40 de 1993, del Decreto ley 100  de   1980,   imponiendo   la  mínima  de  16  años,  que  se  incrementa  por  razón  del concurso con el  porte  ilegal  de  armas  en 12 meses, como lo acordó el primer grado y para un  total de 17 años de prisión”.   

2.5. La equivocación  del  Tribunal,  que  el  demandante  denuncia,  es evidente. No solo erró en la  selección  de la norma, al declarar como aplicable la ley 40 de 1993, siendo la  menos  favorable,  sino  en  la  imposición  de la pena, como quiera que la que  aplicó    como    mínima    (16    años),    no   corresponde   al   referido  estatuto.     

2.6.    Siendo  incuestionable,  entonces,  la  violación  de  la  ley sustancial, por falta de  aplicación  del  artículo  103  de  la  ley  599  de  2000,  la  Corte casará  parcialmente  la  sentencia  impugnada  para  aplicar  la  pena  que  legalmente  corresponde,  teniendo  en  cuenta para el efecto los criterios de dosificación  aplicados por el Tribunal de instancia.   

3. Casación oficiosa.  

3.1. El Tribunal, en  la   sentencia   impugnada,   impuso   al   procesado  como  pena  accesoria  la  interdicción  de derechos y funciones públicas por un período igual a la pena  principal,  es  decir,  por  un  término de diecisiete  (17)  años.  Esto, dio origen a una nueva réplica de  la  Procuradora  Delegada,  quien  en  su  concepto  solicita  a  la Corte casar  oficiosamente  el  fallo  para  fijarla  en  10  años, por tratarse del límite  máximo  previsto  para ella en el Decreto 100 de 1980, norma bajo cuya vigencia  ocurrieron los hechos.   

3.2.  La  Delegada  tiene  razón.  La  Corte  tiene  definido  que el principio de legalidad de los  delitos  y  de  las penas constituye una garantía para el ciudadano en tanto le  permite  conocer  previamente  las  prohibiciones  penales,  su  sentido  y  sus  consecuencias.  Entiende así mismo, con la más autorizada doctrina, que la ley  que  define  los  delitos  y  las  penas se aplica hacia el futuro y no hacia el  pasado,   salvo   que   la   nueva   sea   benéfica   para  los  intereses  del  procesado.     

3.3. Los hechos, como  ya  se  dijo,  ocurrieron  el  10  de  diciembre  de 1998, fecha para la cual se  hallaba  vigente  el  Decreto  100  de  1980. Este estatuto, en su artículo 52,  establecía  que  la  pena de prisión implicaba las accesorias de interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  por  un  período  igual  al  de la pena  principal.  Pero  paralelamente,  el  artículo 44 fijaba en 10 años el límite  máximo de duración de estas penas.    

Esto llevó a la Corte a precisar, dentro del  marco  de la función hermenéutica que le es propia, que si la pena de prisión  era  menor  o  igual  a  diez años, la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  debía  fijarse  en  igual término, pero si era superior,  debía   tasarse  en  diez  (10)  años, por ser este el límite máximo de  duración  de  esta  pena,  porque de lo contrario, se violaría el principio de  legalidad.   

3.4.   En   esta  infracción  incurrió  el  Tribunal,  pues al tasar en diecisiete (17) años la  pena  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas, desconoció  del  tope  cuantitativo  previsto  para  estas  penas  por las normas llamadas a  regular  el  caso. Por tanto, la Corte, en ejercicio de la facultad oficiosa que  le  confiere  el artículo 216 del estatuto procesal penal, casará la sentencia  impugnada, para hacer los ajustes de rigor.   

   

4.    Penas   que   deberá   purgar   el  procesado.   

Dado  que  el  Tribunal en el fallo impugnado  anunció  que  aplicaría  la pena mínima legalmente establecida para el delito  de  homicidio  simple,  y  que  la  mínima,  de acuerdo con lo que se ha dejado  visto,  es  de  trece  (13) años de prisión, la Corte tasará en este monto la  pena,  siendo  la que en definitiva debe purgar el procesado, teniendo en cuenta  que  la acción penal por el delito de porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal  se  encuentra  prescrita.  Las  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas se fijará en diez (10) años.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL, oído el concepto de la Procuradora Segunda  Delegada,  administrando  justicia en nombre de la república y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE:  

1.  Declarar  prescrita la acción penal por el  delito  de  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa personal y disponer la  cesación de todo procedimiento por este concepto.   

2.  Declarar fundada  la  causal  de  casación  invocada  por  el  demandante.  En  consecuencia,  se  casa    parcialmente   la  sentencia  impugnada  para  fijar  en  trece  (13)  años  de  prisión  la pena  privativa   de   la   libertad   que   debe  purgar  el  procesado  Pedro   Pablo  Bedoya  por  el  delito  de  homicidio.   

3. Casar de oficio la  sentencia,  para  fijar en diez (10) años la pena accesoria de interdicción de  derechos y funciones públicas.   

4.  En lo demás, el  fallo se mantiene inmodificable.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                 JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                   JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1  Folios 27, 28-30 y 153-160, 161 del cuaderno original No.1.   

2  Folios 213-244 ibídem.   

3  Folios 273-290 y 301-304 ibídem.   

4  Artículos  80  y  84 del Código Penal de 1980 y 83 y 86 original de la ley 599  de 2000.     

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