27124(09-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  27124   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 047.  

          Bogotá D.C., abril nueve (9) de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas,  lógicas   y   argumentativas   de   las   demandas   de  casación  presentadas  por EDUARDO MEJÍA MENDOZA en  nombre   propio,   y   por   los   defensores  de  los  procesados  FERNANDO  GARCÍA FAYAD, HENRY ALBERTO SOLANO IBARRA MARÍA CRISTINA  OCAMPO  DE  MANZANO,  HERNANDO  MANZANO  PEÑARANDA  y  BELISARIO  DEYONGH  MANZANO  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Bogotá   el   31   de   mayo   de  2005,  confirmatoria,  con  algunas  modificaciones, de la dictada por el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Descongestión de la misma ciudad el 24  de  septiembre  de 2004, por cuyo medio los condenó por delitos de peculado por  apropiación, prevaricato y falsedad.   

En  esa  misma  oportunidad  también fueron  objeto   de  condena  los  procesados  Luís  Hernando  Rodríguez  Rodríguez,  Yolanda Sofía Aldana Baracaldo, Rosendo Santos Barrios  y  Leydith  del  Carmen  Correa  Lafont, por los mismos  delitos.   

La  anterior  decisión se adoptó dentro de  dos  causas acumuladas que ingresaron al despacho de la magistrada sustanciadora  para  el  efecto  inicialmente indicado, el 16 de marzo  de 2007.   

HECHOS  

Los que dieron lugar a este diligenciamiento  fueron  sintetizados  adecuadamente  en el fallo de primer grado de la siguiente  manera:   

“Causa I:  

(…)  En desarrollo de la Ley 1ª/91,  el  Decreto  036/92,  creó  el  Fondo de Pasivo Social de la Empresa Puertos de  Colombia,  …  determinándose,  que el presidente de la República, nombraría  al  Gerente  General, designación que recayó en Luis  Hernando   Rodríguez   Rodríguez   –  Decreto  1927  del  27.11.92  expedido por el Ministerio de obras  Públicas  y  Transporte  quien  se  posesionó  con Acta N° 022 del 07.12.92 y  aceptándose   su  renuncia  con  el  Decreto  0518  del  14.03.96  –  funcionario  que nombró, a través  de  contratos  de  prestación de servicios, como jefe de la oficina jurídica a  Fernando      García     Fayad,     Subdirector    de    Prestaciones    Económicas   a   Eduardo  Mejía  Mendoza  y  liquidadora  adscrita  a  esa  dependencia  a Yolanda Sofía Aldana  Baracaldo.   

A  pesar,  de  efectuar el nombramiento del  Gerente  General,  en  atención  a  sus calidades personales y profesionales, a  través  de  gran  cantidad de procedimientos irregulares, en previo acuerdo con  los  abogados  que  prestaban reclamaciones a la entidad, y, con anuencia de sus  equipo  de  trabajo,  se  realizaron una serie de reconocimientos ilícitos, que  condujeron  al  descalabro financiero de Foncolpuertos, al hacerse gran cantidad  de  ex  portuarios  junto  con sus apoderados a bienes del Estado, cuando no les  asistía derecho de reclamación.   

El  veinte  (20)  de  septiembre  de  mil  novecientos  noventa  y cuatro (1994), ante la petición verbal que efectuaron a  la  Fiscalía  General de la Nación, los Jueces Laborales del Circuito de Santa  Marta,  se  inició  investigación,  para  establecer, si los pagos ordenados a  través  de  procesos ejecutivos, correspondían a títulos ejecutivos únicos y  originales    o   si   por   el   contrario   se   estaban   realizando   dobles  pagos.   

Luis  Eduardo  Urquijo  Anquiche,  inició  sendos  procesos  ejecutivos  en  Santa  Marta,  con  fundamento en resoluciones  emitidas  por los Gerentes Regionales…, determinándose, en forma posterior la  espureidad  de los documentos – no es motivo de esta investigación –  lo que generó que en las distintas  actuaciones   se   decretará   la   prejudicialidad   y   se   suspendiera   el  trámite.   

Ante esta situación, el profesional Urquijo  Anquiche,  con  el  fin de obtener el pago, simultáneamente, a mediados de 1995  interpuso  dos  acciones  de  tutela en esta ciudad, la primera correspondió al  Juzgado   Trece   Laboral   del   Circuito,   quien   solicitó  información  a  Foncolpuertos,  pero  al  guardar  silencio,  se  reiteró la solicitud el 28 de  febrero,  sin contestar, ocasión en la que se amparó el derecho de petición y  se  negó  el  de  igualdad,  decisión  que  confirmó  la  Sala Laboral del H.  Tribunal  Superior  de  Bogotá. Sin embargo, aunque se notifican del fallo el 5  de  marzo  de 1995, de este hecho, guardan silencio, cuando por los mismo hechos  y  derechos,  desde  el  día  20  se  había dado curso al mismo trámite en el  Juzgado  Primero  Laboral, donde igualmente no se ejerció la defensa a favor de  Foncolpuertos,  circunstancia  que  lleva a que el 8 de marzo de 1995 se tutelen  los  derechos de petición e igualdad y se orden el pago de algunas resoluciones  que cuestionó la Fiscalía Instructora…   

Irregularidades    sobre   las   cuales  Rodríguez  Rodríguez  y  Mejía  Mendoza,  guardaron  silencio  en  detrimento  directo  de la entidad, cuando a pesar de una serie de  procedimientos   posteriores   –   impugnación   e   interposición  de  tutela  –  y  de  conocer que no  asistía  derecho  al  pago,  el Director General, ante el temor de una sanción  por  desacato,  que su propia desidia creó, suscribió con el apoderado Urquijo  Anquiche  un  acuerdo extraprocesal, cancelándose, lo ordenado a través de las  resoluciones:  1382m  1461,  1462,  1464, 1465, 1466, 1467, 1469 y 1479 todas de  1995    por    la    suma    de   $1.138’105.470.84,  cantidad que no se recuperó.   

El  doce  (12) de agosto de mil novecientos  noventa  y  tres  (1993),  Tomas  Ibáñez,  presentó  querella  administrativa  laboral  contra el Terminal Marítimo de Santa Marta. El Ministerio de Trabajo y  Seguridad   Social   –  Dirección  Regional de Magdalena, con resolución N° 013 del 5 de noviembre de  1993  sancionó  a  la  Empresa  con  una  multa  de cincuenta salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  equivalentes  a $4.075.500.00 con destino al Sena  –  Regional  Magdalena y  advirtió  que si en u término máximo de treinta días hábiles a partir de la  ejecutoria,  no  acreditaban el acatamiento de los artículos desconocidos de la  Convención  Colectiva,  se  imponía  una sanción de multas sucesivas por cada  día  que  transcurriera  equivalente  a  $815.000.00  con  destino  a  la misma  entidad.   

El catorce (14) de junio de mil novecientos  noventa  y  cinco  (1995)  con  fundamento  en las querellas administrativas que  presentó  Ibáñez  Santiago,  Hernando  Rodríguez,  el      Secretario      General      –  Manuel  H.  Zabaleta –  con el  visto  bueno  de  Eduardo  Mejía Mendoza     –  Coordinador        de        Prestaciones        Económicas        –  expiden la resolución N° 1329 por  $1.006’211.633.00          más      $63.272.273.11    que    cancelarón    –  parágrafo  4° del artículo 10 de  la     convención     colectiva    –  a  favor de Tomas Ibáñez Santiago y Oswaldo Araujo Quiroz. Acto  administrativo,  para  el cual se tuvo en cuenta el parágrafo 8° del artículo  92  de  la  Convención  Colectiva del Trabajo de 1991 -1993, que establecía el  reconocimiento  a  los  trabajadores  a  destajo  e intermitentes del 20% de los  ingresos  propios  que  generara  la  movilización  de  nuevos  cargamentos  de  exportación  de  carbón,  sustentándose, sin ser procedente, en los análisis  estadísticos  de  Puertos de Colombia –  Seccional  Santa  Marta  de  movilización  de carbón y granel y  reconocer  20% a un grupo de trabajadores que pertenecían a la planta fija y no  a destajo.   

Situación  similar  se  presentó  con  la  resolución  N°  2152  del  10  de  octubre  de 1995, suscrita por Hernando   Rodríguez,   el  Secretario  General   –  Manuel  H.  Zabaleta  – con el visto  bueno   de   Eduardo  Mejía  Mendoza,  en    la    que    luego    de    la   conciliación   –  9  de  octubre de 1995 –  se  reconoció  a  Rafael  Dávila  Buritica,  sin contar con sustento documental, la reliquidación de prestaciones  sociales  por  los  factores  de la resolución 1329, cancelándose $20.997.257.00  por  reliquidación  de  prestaciones      y     $14.880.967.00 de reajuste de la mesada pensional.   

Mientras  José  Ramón  Guerra  de la Hoz,  solicitó   el   65%   de   recargo   a   operadores   de   grúa   –  literal  C  del  artículo 74 de la  Convención  Colectiva  –  reclamación  que  sustentó  con la prueba anticipada que realizó, respecto de  un  ex  portuario,  en  el  Juzgado  Primero  Civil  Municipal  de  Santa Marta,  disponiéndose  con  la  resolución  N°  159  de  1996  el  reconocimiento por  Hernando  Rodríguez,  el  Secretario   General   –  Manuel  H.  Zabaleta – con  el   visto   bueno   del  Coordinador  de  la  Oficina  Jurídica,  Fernando  García  Fayad, de $1’100.077.382.00,  aplicándose, cuando no  era  posible,  en  forma  retroactiva  la  Convención Colectiva 1991 -1993 a un  grupo de ex portuarios retirados entre 1980 y 1989.   

De     igual    modo,    Hernando  Rodríguez,  con el aval de sus  Secretarios  Generales  –  Manuel  H.  Zabaleta  y  Nelson  Moros –   y   vistos   buenos   en   algunas   ocasiones  de  Eduardo   Mejía   Mendoza,  Fernando  García  Fayad  y   Yolanda  Sofía  Aldana  Baracaldo,  sin  contar  con  documentación  que  sustentara las  reclamaciones  y  contrariando  la  circular  N°  00003 del 19 de mayo de 1994,  realizaron  una serie de reconocimientos a diferentes abogados que representaban  a  ex portuarios del Terminal Marítimo de Santa Marta, durante 1995 y el primer  semestre  de  1996,  por  conceptos  del  65% de recargo a operadores y factores  salariales  como  domingos,  festivos,  horas  extras,… que ascendieron más o  menos           a          $9.183’308.344.68.   

Se   constató  que  las  certificaciones  aportadas  por  los  abogados  Leydith  Correa Lafont  –   resolución   1440  –   y   Henry   Solano   Ibarra  –  resolución 1286 y 2656 –  expedidas por el Coordinador de Santa Marta y, aunque no contaron  con  la  documentación  exigida por la entidad para efectuar las reclamaciones,  ante  el acuerdo previo existente, entre éstos y los funcionarios encargados de  expedir   los   actos   administrativos,   se   logró,   el  pago,  haciéndose  ilícitamente  a  dineros  que  no les pertenecían en detrimento del patrimonio  estatal.   

Causa II:  

El   diecinueve  (19)  de  abril  de  mil  novecientos  noventa  y  cinco (1995), el Juzgado Octavo Laboral del Circuito de  Barranquilla,  expidió  el  mandamiento de pago contra Foncolpuertos, en el que  se  ordenó cancelar a favor de un grupo de extrabajadores de la extinta Empresa  Puertos  de  Colombia, representada por Maria Cristina  Ocampo      de      Manzano     y     Hernando          Manzano          Peñaranda,         reclamación,   que  se  pagó  de  manera  fraccionada,  luego  de  surtirse varias diligencias de conciliación así:   

Fernando  Otero  Otero  con resolución N°  599/96  $85.168.365.00; Eleuterio Sánchez de Mesa $34.806.403.20, Ana Vargas de  Palma   $38.968.700.53   y   Herminia   Moreno  de  Palacio  $41.229.820.72  con  resolución  N°  254/96;  Fanny Ahumada Blanco $35.031.469.12, Beatriz MAury de  Santiago  $38.303.207.08 con resolución N° 305/96; Francisca Vargas de Cabrera  $22.408.782.00  con  resolución  N°  600/96;  Adela  Inés  Angulo  de  Rodelo  $33.979.923.00  con  resolución  N°  601/96;  Lucas  Evangelista Pérez Muñoz  $66.900.000.00,  Luis  Rangel  Rangel  $46.300.000.00  y  Víctor Manuel Miranda  Muñoz  $33.800.000.00 con resolución N° 2226/96, defraudándose el patrimonio  estatal en cuantía de $476.896.670.65.   

Verificándose  que ante el convenio previo  que   existió,   entre  María  Cristina  Ocampo  de  Manzano,  Hernando  Manzano  Peñaranda y Belisario   Deyongh   Manzano   con  el  entonces  Juez  Octavo  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla,  se emitió el  mandamiento  de pago, el que no contaba con sustento legal alguno, al no existir  el  proceso  que  le  diera  origen;  sin embargo, ante la solicitud directa que  efectuó  Foncolpuertos,  el  29  de  julio  de 1996, este funcionario judicial,  expidió  certificación  en la que informaba, sin ser cierto, que en el proceso  instaurado  por  Evangelista  Pérez  Muñoz,  Luís  Rangel  Rangel,  y Víctor  Miranda  Núñez  a quienes se les reconoció el reajuste de su mesada pensional  por concepto de la Ley 4° /76 y Ley 71/88.   

De  otro  lado,  María  Cristina  Ocampo  de  Manzano,  Hernando Manzano Peñaranda y     Belisario    Deyongh    Manzano,  con  colaboración  directa,  del  entonces  Director  General     de     Foncolpuertos    –    Hernando    Rodríguez   –  y  su  Asesor   Jurídico   –  Fernando   García  Fayad  –  lograron  hacerse  de  manera  ilícita  a dineros del erario público, a través de la suscripción de  sendas  actas  de  conciliación,  ante  la  Inspección  Tercera del Trabajo de  Bogotá,  con  anuencia  de  Rosendo  Santos Barrios,  quien  suscribió  varias  de  ellas,  a  pesar de no  contar con el sustento que las respaldara…   

Documentación  que  al  consignar  hechos  alejados   de   la   realidad,   permitieron   la   expedición   de  los  actos  administrativos  de reconocimiento así: resolución N° 1586 del 6 de diciembre  de  1994  se  pagó  Manzano  Peñaranda $504.014.463.84;  resolución  N°  171  del 31 de enero de 1995 se  canceló  un  saldo  de  25% de unas actas de conciliación, resolución N° 172  del  31 de enero de 1995; resolución N° 138 del 31 de enero de 1995 se pagó a  Belisario     Deyongh     Manzano     $1.805’029.542.45;  resolución  N°  139  del  31  de  enero  de  1995 se  canceló    a    Manzano   Peñaranda   $1.750’677.581.12;  resolución  N°  142 del 31 de enero de 1995 se pagan  $479.115.938.82;   resolución  N°  552  del  15  de  marzo  de  1995  canceló  $949.237.725.45   a   favor   de   Deyongh  Manzano;  resolución  N°  635  del  24  de  marzo  de 1995 se  ordenó   pagar   a   Hernando  Manzano  $1.582’458.687.04;  resolución  N° 1498 del 23 de junio de 1995 canceló  a    Belisario    Deyongh    Manzano   $493.529.890.00;  resolución N° 046 del 12 de enero de 1996 pagó  a    favor    de   Hernando   Manzano   $495.779.800.00;  resolución  N°  253 del 8 de febrero de 1996 se  cancelan   $405.000.000.00   a   Belisario  Deyongh;  resolución  254  del 8 de febrero de 1996 se pagó a  Manzano         Peñaranda        $405.000.000.00;  resolución  N° 304 del 15 de febrero de 1996 se  pagan  al mismo $ 351.050.000.00; resolución N° 305 del 15 de febrero de 1996,  se  reconoce  a Belisario Deyongh Manzano $350.950.000.00;  resolución  N°  599  del 14 de marzo de 1996 se  pagó   a   María   Cristina   Ocampo   de  Manzano  $507.295.096.00;  resolución N° 600 del 14 de marzo  de  1996  se  cancelaron  a  Belisario Deyongh Manzano  $210.610.411.00 y resolución N° 598 del 14 de marzo  de  1996  se  pagó  a  Hernando Manzano $203.110.629.00.   

Cantidades  reconocidas  a  nombre  de  ex  trabajadores  de  Colpuertos,  a quienes en algunas ocasiones no les asistía el  derecho,  en otras no otorgaron poder a los profesionales para actuar, pese a lo  cual  los  montos no solos se reconocieron sino que se pagaron, pasando por alto  las  directrices  de  la  Junta  Directiva  de  la entidad para llevar a cabo el  trámite  conciliatorio, todo en beneficio de intereses particulares y en franco  desmedro del interés estatal, que se comprometieron guardar.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

Causa Número I.  

Adelantada por la Fiscalía 213 de la Unidad  de  Delitos  Contra la Administración Pública de Bogotá, tuvo su origen en la  denuncia   que   hicieran   los   Jueces   Laborales   del   Circuito  de  Santa  Marta, el 20 de septiembre de  1994,   a  la Directora  del  CTI  y al Director Seccional de Fiscalías de esa ciudad, por los pagos que  se  estaban  realizando  con base en títulos ejecutivos que estaban presentando  algunos   funcionaros   de   Puertos   de   Colombia   ante   la   jurisdicción  laboral.   

Dichos funcionarios judiciales dudaron de la  veracidad  de  los títulos que estaban usando los reclamantes, además de creer  que presentaban los mismos títulos ante distintos despachos.   

Por  los  anteriores  hechos  la  Fiscalía  instructora  acusó, a través de resolución del 15 de  octubre  de  1997, a Hernando  Rodríguez  Rodríguez,  FERNANDO GARCÍA FAYAD, EDUARDO MEJÍA MENDOZA, Yolanda  Sofía  Baracaldo,  por  los  delitos  de peculado por  apropiación  agravado  en  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  en calidad de  coautores  y  prevaricato  por  acción  en  concurso homogéneo; a HENRY  SOLANO  IBARRA  por  los delitos de  peculado  por  apropiación  agravado  en  concurso  heterogéneo  en calidad de  determinador,  prevaricato  por  acción  en  concurso  homogéneo en calidad de  determinador   y   falsedad   ideológica  en  documento  público  en  concurso  homogéneo,  igualmente  como  determinador;  a Leidyth  Correa   Lafont   por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación  agravado  en  calidad de determinadora, prevaricato por acción en  concurso  heterogéneo  en  calidad  de  determinadora y falsedad ideológica en  documento   público   en   concurso   homogéneo   igualmente   en  calidad  de  determinadora.    

La  anterior  decisión  cobro ejecutoria el  19  de febrero de 1998, fecha  en  la  cual se confirmó, respecto de todo lo que fue objeto de apelación, por  la   Unidad   de   Fiscalía   Delegada   ante   los  Tribunales  de  Bogotá  y  Cundinamarca.   

Causa II.  

Adelantada por la Fiscalía Quince Seccional  Delegada   ante  la  Unidad  de  Delitos  contra  la  Administración  Pública,  originándose  en  los  pagos  que  hiciera  FONCOLPUERTOS  en el año de 1998 a  algunos  de  sus  trabajadores  con  base  en sentencias judiciales, al parecer,  falsas.   

La Fiscalía instructora calificó el merito  del  sumario  con  resolución  de acusación del 11 de  abril    de   2000,   en   contra   de   Rosendo  Santos  Barrios  por el delito de  falsedad  ideológica  en  concurso  homogéneo  y sucesivo en calidad de autor;  MARÍA  CRISTINA  OCAMPO  DE MANZANO, HERNANDO MANZANO  PEÑARANDA   y   BELISARIO  DEYONGH  MANZANO como coautores responsables del delito  de  estafa agravada y determinadores de los delitos de peculado por apropiación  a  favor  de  terceros  y  prevaricato  por  acción y, por falsedad material de  empelado  oficial  en  documento  público  y  falsedad ideológica en documento  público   en   concurso  homogéneo  y  sucesivo;  en  contra  de  Luís  Hernando  Rodríguez  Rodríguez  y  FERNANDO  GARCÍA  FAYAD como  autor  y  coautor responsables del delito de prevaricato por acción en concurso  homogéneo sucesivo y heterogéneo.   

Dicha   decisión   cobró  ejecutoria  el  7  de  septiembre  de  2000,  fecha  en  la  cual  fue confirmada por la Unidad de Fiscalía Delegada ante los  Tribunales     Superiores     de     Distrito     Judicial    de    Bogotá    y  Cundinamarca.   

Trámite conjunto.  

         

A  través de auto del 26 de octubre de 2000  se  dispuso  la  acumulación de las causas ya señaladas, donde, luego de haber  sido  aceptada  la recusación contra el Juez Quinto Penal del Circuito de Santa  Marta,  el  impedimento  del  Juez  Primero  Penal  del  Circuito  de  Bogotá y  cumpliendo  lo  ordenado  por  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura  que  creó  los Juzgados Penales del Circuito de Descongestión para  conocer   los   procesos   adelantados  por  los  delitos  relacionados  con  la  liquidación    de    la    empresa    Puertos    de    Colombia    “Colpuertos”  y  del  Fondo  de Pasivo  Social     de     la     Empresa     Puertos     de     Colombia    “Foncolpuertos”,     avocó     el  conocimiento  de  este  asunto  el  Juzgado  Primero  Penal de Descongestión de  FONCOLPUERTOS   de   Bogotá   el   10  de  julio  de  2003.   

Una vez surtida la fase del juicio, el 24 de  septiembre  de  2004  el Juzgado Primero Penal del Circuito de Descongestión de  FONCOLPUERTOS  profirió  sentencia  de  primera  instancia  donde  declaró  la  cesación  de  procedimiento  por  prescripción  de la acción penal a favor de  Luís   Hernando   Rodríguez  Rodríguez,  FERNANDO  GARCÍA FAYAD, EDUARDO MEJÍA  MENDOZA,  Yolanda  Sofía  Aldana Baracaldo, HENRY ALBERTO SOLANO IBARRA Leydith  del  Carmen  Correa Lafont por el delito de prevaricato  por  acción, imputado en la acusación del 15 de octubre de 1997, confirmada el  19 de febrero de 1998.   

          De  igual  forma  la cesación de procedimiento por prescripción de  la  acción  penal  en  favor  de  HENRY ALBERTO SOLANO  IBARRA  y  Leydith del Carmen  Correa  Lafont por el delito de falsedad ideológica en  documento  público,  imputado  en  la  acusación  del  15 de octubre de 1997 y  confirmada el 19 de febrero de 1998.   

          Y  condenó  a  Luís  Hernando Rodríguez  a la pena de doscientos treinta y nueve (239) meses de  prisión,  interdicción de derechos y funciones públicas por diez (10) años y  multa  equivalente  al  valor  de lo apropiado en cuantía de 38.477.66 salarios  mínimos  legales  vigentes,  por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación  agravado,  peculado  por  apropiación  a  favor  de  tercero  y prevaricato por  acción en concurso homogéneo y heterogéneo.   

          A   FERNANDO  GARCÍA  FAYAD  a  ciento  noventa  y seis (196) meses de prisión, interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  periodo  de  diez (10) años y multa  equivalente  al  valor  de  lo  apropiado  en  cuantía 18.931 salarios mínimos  legales   mensuales  vigentes,  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación  agravado,  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros y prevaricato por  acción en concurso homogéneo y heterogéneo.   

          A   EDUARDO  MEJÍA  MENDOZA  por  peculado por apropiación agravado a ciento ochenta (180) meses  de  prisión,  interdicción de derechos y funciones públicas por un periodo de  diez  (10)  años  y  multa  por  valor de lo apropiado en cuantía de 14.265.82  salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

          A   Yolanda   Sofía   Aldana   Baracaldo  a   ciento   setenta   (170)   meses   de   prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por diez (10) años y multa  equivalente  al  valor de lo apropiado en cuantía de 5.274.60 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes por el delito de peculado por apropiación agravado  en concurso homogéneo de hechos punibles.   

          A   Rosendo  Santos  Barrios  a  noventa  (90)  meses  de  prisión en calidad de autor penalmente  responsable   de   falsedad   ideológica  en  documento  público  en  concurso  homogéneo   e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo periodo de la pena privativa de la libertad.   

          A  HENRY ALBERTO SOLANO IBARRA como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado  por  apropiación  agravado  en  calidad  de determinador a la pena de noventa y tres  (93)  meses  de  prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  periodo  de  la  pena  principal  y  multa  equivalente  al  valor de lo apropiado en cuantía de 2.587.76 salarios mínimos  legales mensuales vigentes.   

          A   Leydith   del  Carmen  Correa  Lafont  como  autora  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado  por  apropiación  agravado  en  calidad de determinadora a la pena de  sesenta  y  tres  (63)  meses  de prisión, inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo periodo de la pena principal y  multa  equivalente  al  valor  de  lo  apropiado  en cuantía de 594.34 salarios  mínimos legales mensuales vigentes.   

          A   MARÍA  CRISTINA  OCAMPO  DE  MANZANO  como   coautora  del  delito  de  estafa  agravada  y  determinadora  de  los delitos de peculado por apropiación a favor de terceros,  prevaricato  por  acción,  falsead  material  de  empleado oficial en documento  público  y falsedad ideológica en documento público en concurso homogéneo, a  la  pena de ciento cincuenta (150) meses de prisión e interdicción de derechos  y  funciones  públicas por un periodo de diez (10) años y multa equivalente al  valor  de  lo  apropiado  en  cuantía  de  9.593.29  salarios  mínimos legales  mensuales vigentes.   

          A  BELISARIO  DEYONGH MANZANO como  coautor  del  delito  de estafa agravada y determinador de los  delitos  de  peculado  por  apropiación  a  favor  e  terceros, prevaricato por  acción,  falsedad material de empleado oficial en documento público y falsedad  ideológica  en  documento  público en concurso homogéneo, a la pena de ciento  cincuenta  (150)  meses  de  prisión  e  interdicción  de derechos y funciones  públicas  por  un periodo de diez (10) años y multa equivalente al valor de lo  apropiado   en   cuantía   de  9.593.29  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.   

          A  HERNANDO MANZANO PEÑARANDA como  coautor  del  delito  de estafa agravada y determinador de los  delitos  de  peculado  por  apropiación  a  favor  e  terceros, prevaricato por  acción  falsedad  material de empleado oficial en documento público y falsedad  ideológica  en  documento  público  en concurso homogéneo a la pena de ciento  cincuenta  (150)  meses  de  prisión  e  interdicción  de derechos y funciones  públicas  y  multa equivalente al valor de lo apropiado en cuantía de 9.593.29  salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

          Impuso   como   pena   accesoria  a  los  sentenciados  abogados  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  la  profesión,  para  cada uno por un  periodo igual a la pena privativa de la libertad.   

Fallo de segunda instancia.  

Impugnada  la  anterior  decisión  por  los  apoderados  de  los  sentenciados,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, Sala de  Descongestión   de  FONCOLPUERTOS  profirió  sentencia  de  segundo  grado  el  31  de  mayo  de  2005, donde  decretó  la  cesación  de  procedimiento por prescripción de la acción penal  respecto  de  algunas  de las resoluciones por las cuales se acusó, en la causa  I,  a  Luís  Hernando Rodríguez Rodríguez, FERNANDO  GARCÍA  FAYAD,  EDUARDO  MEJÍA MENDOZA y Yolanda   Sofía   Aldana  Baracaldo  como  presuntos     autores     responsables    del    delito    de    peculado    por  apropiación.   

De  la  misma forma absolvió a MARÍA  CRISTINA  OCAMPO  DE  MANZANO,  HERNANDO  MANZANO PEÑARANDA  y  BELISARIO DEYONGH MANZANO  de  los  cargos  formulados por la conducta punible de  estafa agravada.   

Modificó    la    sentencia   recurrida  así:   

Condenó  a  Luís  Hernando  Rodríguez  Rodríguez a la pena principal de  trece  (13)  años  y cinco (5) meses de prisión, multa equivalente a 33.436.11  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un periodo de diez (10) años como autor  penalmente  responsable  de  los  delitos de peculado por apropiación agravado,  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros y prevaricato por acción en  concurso homogéneo y heterogéneo.   

A FERNANDO GARCÍA  FAYAD  a la pena principal de nueve (9) años y dos (2)  meses  de  prisión,  multa  de  9.523.84  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  periodo  igual  al  de  la  pena  principal,  como  coautor  penalmente  responsable  de  los delitos de peculado por apropiación agravado, peculado por  apropiación  a  favor  de  terceros  y  prevaricato  por  acción  en  concurso  homogéneo y heterogéneo.   

A  EDUARDO MEJÍA  MENDOZA  a  la  pena  principal  de  ocho (8) años de  prisión,  multa  por  valor  de  13.852.94  salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  periodo  igual  al  de  la  pena  principal,  como  coautor  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado  por  apropiación  agravado  en concurso  homogéneo.   

A  Yolanda Sofía  Aldana  Baracaldo  a  la  pena  principal de siete (7)  años  y  ocho  (8)  meses  de  prisión,  multa  por 4.859.72 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por un periodo igual al de la pena principal, como coautora  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado por apropiación agravado, en  concurso homogéneo.   

A  HENRY  ALBERTO  SOLANO  IBARRA a la pena principal de cinco (5) años y  diez  (10)  meses  de  prisión,  multa  por  2.587.76 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  periodo  igual  al  de  la pena principal, como determinador  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado por apropiación agravado, en  concurso homogéneo.   

A  Leydith  del  Carmen  Correa  Lafont a la pena principal de cinco (5)  años  de prisión, multa de 594.34 salarios mínimos legales mensuales vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por un  periodo   igual   al   de  la  pena  principal,  como  determinadora  penalmente  responsable del delito de peculado por apropiación agravado.   

A  MARÍA CRISTINA  OCAMPO  DE  MANZANO  a  la  pena principal de ocho (8)  años  y  un  (1)  mes de prisión, multa por 9.593.29 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  periodo  igual  al  de la pena principal, como determinadora  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado  por  apropiación a favor de  terceros  y  prevaricato  por acción, en concurso homogéneo, falsedad material  de  empleado  oficial  en documento público y falsedad ideológica, en concurso  heterogéneo.   

A BELISARIO DEYOGH  MANZANO  a la pena principal de ocho (8) años y un (1)  mes  de  prisión,  multa  por  9.593.29  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  periodo  igual  al  de  la pena principal, como determinador penalmente  responsable  del  delito  de  peculado  por  apropiación  a  favor de terceros,  prevaricato  por  acción, en concurso homogéneo, falsedad material de empleado  oficial   en   documento   público   y   falsedad   ideológica,   en  concurso  heterogéneo.   

A HERNANDO MANZANO  PEÑARANDA  a la pena principal de ocho (8) años y un  (1)  mes  de  prisión,  multa  por 9.593.29 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  periodo  igual  al  de  la pena principal, como determinador penalmente  responsable  del  delito  de  peculado  por  apropiación  a  favor de terceros,  prevaricato  por  acción, en concurso homogéneo, falsedad material de empleado  oficial   en   documento   público   y   falsedad   ideológica,   en  concurso  heterogéneo.   

Condenó  a  los  procesados  Luís   Hernando  Rodríguez  Rodríguez,  FERNANDO  GARCÍA  FAYAD,  EDUARDO     MEJÍA     MENDOZA     y    Yolanda  Sofía Aldana Baracaldo al pago de  “los daños materiales en la cuantía establecida en  el acápite correspondiente del presente fallo.”   

Sustituyó  la  prisión  intramural  por  domiciliaria   a   los   sentenciados   Correa  Lafont  y SOLANO IBARRA.   

Por  último  confirmo,  en  lo  demás, la  sentencia impugnada.   

Una vez notificada la decisión que viene de  reseñarse  los  defensores  de los procesados FERNANDO  GARCÍA  FAYAD,  HENRY ALBERTO SOLANO IBARRA, MARÍA CRISTINA OCAMPO DE MANZANO,  HERNANDO    MANZANO    PEÑARANDA    y   BELISARIO  DEYONGH  MANZANO  y EDUARDO   MEJÍA   MENDOZA,   en   nombre  propio, interpusieron recurso  extraordinario de casación.   

Por  su  parte  el defensor de la procesada  Yolanda    Sofía    Aldana    Baracaldo   también  presentó  recurso  extraordinario  que  fue  declarado  extemporáneo,  por lo cual no se procederá a su estudio, de la misma manera el  defensor   de  Luís  Hernando  Rodríguez  Rodríguez  desistió       del       mencionado      recurso  presentado.   

LAS DEMANDAS  

          Alegatos de los no recurrentes   

Previo  a proceder al análisis de cada una  de  las  demandas  presentadas  por los defensores de los procesados, bien está  traer  a  colación  en acápite especial los planteamientos y peticiones que la  apoderada  de  la  parte  civil  presenta  dentro  del traslado surtido a los no  recurrentes para que allegaran sus alegaciones.   

Respecto de la demanda presentada en nombre  de FERNANDO GARCIA FAYAD   

Para  la  representante  de la parte civil,  esta  demanda  debe  inadmitirse  por  no  reunir los requisitos exigidos por el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000, consecuencia procesal señalada para  cuando  esta  eventualidad se presenta, refiriéndose a cada uno de ellos, luego  de  agruparlos  metodológicamente  por  razón  de  su  naturaleza y fundamento  legal, de la siguiente manera:   

A.- En relación con los cargos por nulidad  originada  en  violaciones a los derechos de defensa y debido proceso, por falta  de  competencia  del  funcionario judicial y de aplicación de la ley penal más  favorable,  señala  que resulta equivocada la afirmación de la defensa, puesto  que  el  acuerdo  No.  1799  de  2003,  que  preveía  la  posibilidad de que la  notificación  se  surtiera  por el juzgado de origen, fue modificado por virtud  del  artículo  11  del  Acuerdo  2573  de  agosto  25  de  2004, según el cual  “Los    jueces   de   descongestión   realizarán  notificación  de la sentencia y resolverán sobre la concesión de los recursos  pertinentes en caso de ser interpuestos”.   

Y en relación con la aplicación de la ley  penal  más  favorable,  que  en sentir de la defensa lo sería el artículo 133  del  Decreto  100  de  1980, porque el procesado GARCIA  FAYAD   no   ostentaba   la   calidad   de   empleado  oficial,   la  representante  de  la  parte civil pone de presente que aún  antes  de  la  expedición  de  la  Ley 599 de 2000, en  virtud  a  lo  dispuesto  en  la Constitución Nacional de 1991 y los artículos  2º,  numeral 2º, de la Ley 80 de 1993 y 19 de la Ley 190 de 1995, el procesado  se  encontraba  cualificado  para  responder  como  sujeto activo del punible de  Peculado”.   

B.-   En  cuanto  a  los  tres  cargos  formulados  por  violación  indirecta de la ley sustancial por errores de hecho  por  falso juicio de existencia por omisión y falso raciocinio, adicional a las  falencias  de  técnica  que  observa en su formulación, la representante de la  parte  civil,  comienza  por  señalar que a través de ellos, más que poner en  evidencia   reales   errores,   la   defensa   se   ocupa   es  de  “refutar”  la  ponderación probatoria  del    Tribunal,    como    si    la    casación    fuera    una   “tercera instancia”.   

Agrega,  además,  que no es cierto que los  falladores  de  instancia  hubieran  omitido apreciar las resoluciones Nos. 232,  233,  234,  235  y 236 de 1995, en tanto que lo que acontece es que, contrario a  lo  concluido por los juzgadores, para la defensa tales documentos no demuestran  que  su  procurado intervino en su expedición. Como tampoco que se hubiera dado  una   “indebida   apreciación   de   la  prueba”  con  referencia  a  las resoluciones Nos. 159 y 239 de  1996,  en  tanto que en esta materia la demanda antes que precisar la naturaleza  del  error  y  el  sentido  de  la  violación,   lo  que trata de es crear  “confusión”,  en  tanto  que  “por  ejemplo  en  el  caso de las resoluciones  citadas  el  reproche  radica  en  que  la  orden  de  pago  fuera anterior a la  conciliación,     así     el    desembolso    se    hiciera    efectivo    con  posterioridad.   

Y,  finalmente  en este contexto refiere la  representante  de  la  parte civil con relación a la afirmación según la cual  se   tuvieron   como  “hechos  ciertos  el  interés  particular,  los intereses preconcebidos y el precio acuerdo entre los empleados  de  Foncolpuertos  y  los abogado reclamante”, que es  el  mismo casacionsta quien cita “los testimonios del  los   ex   trabajadores   que   sirvieron   de   base  a  esta  conclusión  del  Tribunal”.   

C.-    En  cuanto  al  único  cargo  formulado  por  la  vía  de  la  violación  directa de la ley, por aplicación  indebida  del  artículo  133 del Decreto 100 de 1980, modificado por la Ley 190  de  1995  (peculado  agravado)  y  la falta de aplicación del artículo 137 del  mismo   ordenamiento  (peculado  culposo),  el  sujeto  procesal  no  recurrente  encuentra  que  en  el  desarrollo  de  la  censura  se  termina controvirtiendo  “la  apreciación  de las pruebas efectuadas por los  jueces  de  instancia”, olvidando que cuando se trata  de  violación directa de la ley, se deben aceptar los hechos y las pruebas como  fueron    apreciadas   por   el   juzgador,   antes   que   proceder  a  su  cuestionamiento   como   aquí   acontece  con  el  fin  de  concluir  que  como  “no   pudo  demostrarse  el  dolo”,  debía  optarse  por  una tipificación del  delito como culposo.   

Con relación a la demanda presentada por el  procesado EDUARDO MEJIA MENDOZA   

En relación con esta demanda presentada por  el  procesado a nombre propio dada su condición de abogado titulado e inscrito,  según  la  previsión  contenida  en el artículo 209 de la Ley 600 de 2000, la  representante   de   la   parte   civil   luego  de  señalar  ab  initio  que  la misma debe inadmitirse  por  incumplimiento de los requisitos exigidos por el artículo 212 ejusdem,  se  refiere de manera separada a  la  ausencia  de  fundamento  de  cada  uno de los cinco cargos contenidos en el  respectivo libelo.   

En cuanto al primero de ellos, formulado al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo segundo, del artículo 207 del estatuto  procesal  penal,  “bajo el supuesto de que los yerros  del  ad quem en la apreciación probatoria lo llevaron a determinar  que la  conducta  se  realizó  a  título de dolo, cuando lo fue a título de culpa”,  precisa lo siguiente:   

Acerca del cuestionamiento por falso juicio  de    existencia    por    suposición    del    testimonio    de   Marlene  Suárez, la ausencia de fundamento  surge    del    mismo   planteamiento   contradictorio   del   demandante,   que  simultáneamente  lo  ataca  por  no  obrar en el plenario pero del que también  aduce     “fue    irregularmente    practicado”,  que  en  relación  con  una misma prueba “afirma  suposición  e  ilegalidad”, a  lo  que  se  suma  el hecho de que a través de la misma censura se recrimine la  falta   de   práctica   de  prueba  grafológica,  resultando  improcedente  en  tratándose  del recurso de casación. Concluyendo que, de todas maneras así el  dicho  de  esta señora hubiera llegado como testimonio o como elemento referido  en  un  informe  del  C.T.I.,  “es  irrelevante para  alegar su ilegalidad o inexistencia”.   

Como   se   reprocha   también  omisión  probatoria,   por   no   haber   sido  apreciada  la  injurada  de  Nicolás  Danies Silva, la representante de  la  parte  civil  hace  notar  que   como  también  se  hace  referencia a  “anotaciones   de   resoluciones”,   no  queda  entonces claro si lo que se dejó de valorar fueron estas  o  la  injurada, máxime cuando lo que acontece es que del análisis de la misma  el  casacionista llega a conclusiones distintas a las del fallador, “debiendo  prevalecer las del último, por estar antecedidas de la  doble presunción de acierto y legalidad”.   

Respecto del falso juicio de identidad en la  apreciación  del  oficio  2690 de marzo 28 de 1995, certificación expedida por  la  Fiscalía  13  Seccional  de  Santa Marta, por haberse celebrado acuerdos de  pago  en  relación  con las resoluciones excluidas del fundamento de la tutela,  la  representante  de  la  parte  civil  pone  de  presente  que  el  demandante  incumplió  por  completo  la  obligación  de  formular  este  cargo  dentro de  parámetros  de  lógica y debida argumentación que lo tornaran admisible, a lo  cual  se  suma  que  tampoco  realizó  una  nueva  valoración  probatoria  que  condujera  a  concluir  que,  de  no  haberse presentado el error denunciado, se  hubiera    llegado   por   el   ad   quem a conclusión diversa a la contenida en el fallo.   

Acerca del segundo cargo, formulado también  bajo  la  égida  de  la  causal primera, cuerpo segundo, por error de hecho por  falso  juicio  de  identidad  que llevó a la aplicación indebida del artículo  133  del  Decreto  No. 100 de 1980, modificado por el artículo 19 de la Ley 190  de    1995   y   falta   de   aplicación   del   artículo   137   ejusdem,  por  la errada estimación de la  Resolución  No.  013 de 1993 del Ministerio de Trabajo, Dirección Regional del  Magdalena,  el  sujeto  procesal  no  recurrente  encuentra  que, además de las  falencias  en  su  formulación,  lo  cierto  es  que el demandante “desarrolla  la  censura  con  los mismos argumentos planteados en  las  instancias  y  que  no  fueron  acogidos  por  el Tribunal”, de  la  cual  reitera  viene  precedida  de  la doble presunción de  acierto y legalidad.   

Además,  agrega  que  mientras  se reclama  falta   de   aplicación  de  la  norma  que  se  ocupa  del  peculado  culposo,  “la   negligencia”   es  apenas   aceptada   por   el  demandante  “como  una  posibilidad”.   

Como también por violación indirecta de la  ley  sustancial se formula el tercer cargo, pero esta vez por error de hecho por  falso  raciocinio,  que  conllevó  la aplicación indebida de artículo 133 del  Decreto  No.100  de 1980, modificado por el artículo 19 de la Ley 190 de 1995 y  falta   de  aplicación  del  artículo  137  ejusdem,  en  la  valoración de la Resolución No. 159 de 24 de  enero  de  1996, la representante de la parte civil comienza por señalar que el  demandante  incurre  en  nueva  imprecisión,  porque en la demanda “no  se  reprocha  que  la  inferencia  sea equivocada sino que la  premisas  no  fueron  probadas”, en planteamiento que  debió  presentarse  “como falso juicio de existencia  por  suposición”,  al igual que ha debido acudir al  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  para cuestionar que no se hubiera  tenido en cuenta el memorando 3260 de 24 de agosto de 1995.   

Luego  se  pregunta  la representante de la  parte  civil  por  la  razón  que  hubiera  tenido  el  procesado  MEJIA  MENDOZA  para  no haber relevado de  sus   funciones   respecto   de  la  Resolución  No.  159  de  1996  al  abogado  sustanciador del área a su  cargo   a   Fabián   Vélez   Pérez,   si       “desconfiaba”  del  mismo  y  añade  que  de  imposible aceptación se ofrece el  argumento  según  el  cual,  ante  el  proyecto  elaborado por este abogado, el  procesado  considerara  que  se  encontraba  “ante un  concepto  vinculante que comprometía la entidad”, en  tanto  que  frente  a un proyecto no puede quien debía suscribirlo alegar ahora  “que  fue  asaltado en su buena fe por la persona de  su equipo de trabajo a quien él mismo encomendó una labor”.   

En cuanto al cuarto cargo formulado al igual  que  los  dos  anteriores  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial por  aplicación  indebida  de  la  norma  que  regula el peculado por apropiación e  inaplicación  de  la  que se ocupa del peculado culposo, a la que se pudo haber  llegado     por     omitir     la     apreciación     de     la    “certificación”   expedida   por  el  Coordinador    del    Terminal    Marítimo   de   Santa   Marta,   Nicolás    Danies   y   el   Liquidador  Antonio  Villarreal  Ospino,  que  hace  parte  de  todas las resoluciones objeto de cuestionamiento,  la  representante  de  la  parte  civil  precisa  que  las  mismas  fueron objeto de  ponderación  por  los  juzgadores  de  instancia,  sólo  que  las conclusiones  obtenidas  “no  coinciden  con las de la defensa”,  evento  en  el  cual  prevalecen las primeras, sin que  logren  afectarse  con  afirmaciones  tan  genéricas  como decir que carecen de  “argumentación    sólida    y   de   motivación  clara”.   

Finalmente, como a través del quinto cargo  se  acusa  la  sentencia  de  violación  de  la  ley sustancial por aplicación  indebida  del  inciso  3º  del  artículo  51  de la Ley 599 de 2000 y falta de  aplicación  de  los artículos 4, 44 inciso 6º, 52, 58 y 61 del Decreto 100 de  1980,  6,  43,  46,  52,  59,  60  y  61  de la Ley 599 de 2000 y 29 de la Carta  Política,  destaca  la  representante de la parte civil la carencia de interés  del demandante para acudir a la casación.   

Y  ello,  porque  como  está  cuestionando  “algo  con  lo  que  no  se  mostró  inconforme  al  recurrir       la      sentencia      de      primera      instancia”,  en  sentir  del  sujeto  procesal  no  recurrente,  el planteamiento se no enmarca dentro de  ninguna  de  las  excepciones reconocidas por la jurisprudencia en sentencias de  agosto 9 de 1995, agosto 5 de 1997, agosto 31 de 1999.   

En  referencia  a  la demanda presentada en  nombre     de     MARIA    CRISTINA    OCAMPO    DE  MANZANO   

A.- Cargos por nulidad formulados al amparo  de la causal tercera de casación.   

Luego  de  hacer  notar que el casacionista  incumple  las  reglas  previstas  para  cuando  se  acude a esta causal, así se  pronuncia en relación con cada uno de ellos:   

Nulidad por falta de competencia del juez de  conocimiento.  Reitera  los  planteamientos  ya  señalados  cuando  analizó el  contenido  de la demanda presentada a nombre de GARCÍA  FAYAD,  según los cuales resulta equivocado alegar que  por  virtud  de  los  acuerdos  del Consejo Superior de la Judicatura se hubiera  podido  vulnerar  el  principio  del juez natural, dado que no se estaba creando  una jurisdicción especial.   

Nulidad  por  violación al debido proceso,  por  indebida  notificación del fallo. Como ya lo había hecho en relación con  la  anterior  demanda, precisa que no es acertada la afirmación del demandante,  en  tanto que el acuerdo No. 1799 de 2003, que preveía la posibilidad de que la  notificación  se  surtiera  por el juzgado de origen, fue modificado por virtud  del  artículo  11  del  Acuerdo  2573  de  agosto  25  de  2004, según el cual  “Los    jueces   de   descongestión   realizarán  notificación  de la sentencia y resolverán sobre la concesión de los recursos  pertinentes en caso de ser interpuestos”.   

Nulidad por violación de las formas propias  del  juicio,  por  violación  de  los  principios  de  publicidad,  legalidad y  contradicción de la prueba.   

Encuentra  la  apoderada  de la parte civil  que,   en   virtud   de   los   principios   de  convalidación,  protección  y  trascendencia,  la  presunta irregularidad debe ser desestimada, en tanto que no  se  logra  entender  cómo  si  la misma “afectaba de  manera  tan  importante  el  fundamento de la condena no se alegó al momento de  apelar  la  sentencia  de  primera  instancia  o  incluso  antes, en el período  probatorio de la etapa del juicio”.   

Además,  no se demuestra que la prueba que  se  echa de menos hubiera podido tener definitiva repercusión en la afectación  del  trámite,  dado  que  lo  que  sobre  del particular, se afirma, no deja de  corresponder  a  simples  especulaciones,  como  decir  que  con dicha prueba se  hubiera  podido  acreditar  la  existencia  del  proceso adelantado en contra de  Antonio López Blanco y otros.   

B. Violación indirecta de la ley originada  en   falso   juicio   de   existencia   por   omisión   “al   ignorar  medios  probatorios”.   

Al   margen   de   las  falencias  en  la  formulación  del  cargo,  la  representante  de  la  parte  civil  incluye  las  siguientes precisiones:   

No  fue  probada  la existencia del proceso  ejecutivo  de   Adela  Inés  Angulo de Robledo y  otros,  como se precisó por los falladores al analizar  similares  argumentos  presentados  por  el  casacionista que ahora los reitera,  como  “si  la  casación  se  tratara de una tercera  instancia”.    Además,   considera   “audaz”,  invocar  como  prueba  de su  existencia  el  mandamiento  de  pago  encontrado  en la inspección realizada a  FONCOLPUERTOS    y    la  certificación  del  Juez  Octavo Laboral del Circuito de Barranquilla, dado que  tales   documentos   han   sido   declarados,  en  su  orden,   material  e  ideológicamente falsos.   

De otra parte, encuentra la representante de  la  parte  civil  que el casacionista se ocupa de particularidades sin capacidad  de  variar  el  sentido  del fallo que, en su momento, habían sido desestimadas  por  los  falladores  de  instancia,  a las cuales hace referencia separada para  concluir     que     respecto     de    tales    supuestos    se    “distorsionan   indebidamente   los   reproches  elevados  por  el  Tribunal  a  la  conducta  de  los  procesados”, como  cuando  se  afirma  que  “no es cierto que primero se  pagaba  y  luego  se  conciliaba, cuando el reproche del Tribunal radica en que,  independientemente  de  la  fecha  de  los desembolsos, primero se expedían las  resoluciones   que   ordenaban   los   pagos   y   luego   se   suscribían  las  conciliaciones”.   

Situación  que  también  se predica de la  ausencia  de  valoración  de los fallos del Consejo de Estado que se dice obran  en  el  expediente,  porque  lo  que  se  le  reprocha  al Tribunal “es     que     no     se     identificaron     en    las    actas  cuestionadas”.   

Para la representante de la parte civil, los  cargos   propuestos   a   través  de  esta  demanda  carecen  de  vocación  de  prosperidad,  tanto  por  las falencias que en cada caso puso en evidencia, como  por la falta de fundamento de los mismos.   

Sobre  la  demanda  presentada en nombre de  HERNANDO MANZANO PEÑARANDA   

A.- En atención a que con fundamento en el  numeral  3º  del  artículo 306 de la Ley 600 de 2000, el casacionista formuló  varios  cargos  por nulidad, por posible afectación a los derechos de defensa y  debido  proceso,  a  ellos  se  refiere la apoderada de la parte civil de manera  conjunta  y  luego  de  extensa  referencia a las exigencias de lógica y debida  argumentación  que  son  incumplidas  en este caso presenta las razones por las  cuales tales cargos no deben prosperar, así:   

No es exacto que se hubieran dejado de   valorar  pruebas  que acreditaran la existencia de un proceso donde se profirió  mandamiento  de  pago  el 19 de abril de 1995 y carece de fundamento el reproche  según  el  cual  el  Tribunal  conculcó  los  derechos  de los acusados porque  hubiera  encontrado  razones  adicionales  a  las  del  a  quo para sustentar la  condena  por peculado, en tanto que “la calificación  jurídica  y  los hechos sobre los cuales se efectuó el análisis no variaron y  sería  equivocado  pretender  que  el  fallador  de  segunda instancia no pueda  realizar    un    análisis    propio    de    los    hechos    puestos   a   su  consideración”.   

Sobre  la ausencia de inspección sobre las  hojas  de  vida  de  los trabajadores para acreditar la existencia de mandatos a  los  profesionales  que  los  representaron,  señala  la  parte civil que no se  explica  la  razón por la cual en el momento procesal oportuno no se opuso a la  decisión  que  negó su práctica, pero que de todas maneras ello es indicativo  de  que  por  virtud del principio de convalidación no se puede ahora pretender  la invalidación de la causa.   

En  punto  de la crítica a la decisión de  los   juzgadores   de   condenar   al  señor  MANZANO  PEÑARANDA  como  determinador  sin prueba que así lo  demuestre,  la  parte  civil  anota  que  el libelista se abstiene de rebatir la  valoración  probatoria,  no  precisa  cuáles garantías de las que integran el  debido  proceso  pudieron verse afectadas, ni las razones para ello y, lo que es  más  “absurdo”,  que por  ello   se  solicite  la  nulidad  del  fallo  de  segundo  grado,  con  lo  cual  “no      se      sanearía      la      supuesta  irregularidad”.   

En  relación con la vulneración al debido  proceso  por  la  referencia  del  ad quem   a   la   sentencia  proferida  contra  el  ex  juez  Luis  Eduardo  Cuello  Rojas,  por  hechos  relacionados    “con    los    materia   de   esta  causa”,    la   parte  civil  luego  de  hacer  referencia  a los hechos que dentro de un proceso son objeto de prueba y los que  no  lo  son,  refiere que esta es justamente la situación de autos, frente a la  cual  considera  “que equiparar la sentencia aludida  en  segunda  instancia,  que  hace  parte  de  la  jurisprudencia  emanada de la  Honorable  Corte  Suprema de Justicia, a una prueba en contra de los procesados,  desconoce  el  valor intrínseco que tal documento tiene dentro del ordenamiento  jurídico”.   

B.-   Se  refiere  a  continuación la  apoderada  de  la  parte  civil  a  los  cargos  formulados  por  la  vía de la  violación  directa  de  la ley sustancial, como es el caso del artículo 395 de  la  Ley  599  de  2000  referido  al delito de peculado por apropiación; de los  artículos  237  y  233  e  la  Ley  600 de 2000 por la exigencia de determinada  prueba  para  demostrar  uno  de los hechos investigados y el artículo 30 de la  Ley  599  de  2000,  por sancionar al procesado MANZANO  PEÑARANDA      como  “determinador”  de  delitos  que  sólo pueden ser  cometidos por un sujeto activo cualificado.   

Respecto de los dos primeros cargos señala  la  representante de la parte civil, que el demandante olvida que tratándose de  alegar   posible  vulneración  directa  de  una  ley  sustancial,  “el  ataque  debe  ser  desarrollado  con fundamento en los hechos  declarados  probados en los fallos de instancia o que surjan de su contenido”.  Y   que   como  un  hecho  se  considera  debidamente  demostrado   “cuando  ha  sido  reconocido  por  los  juzgadores  en  ambas  instancias  o por lo menos en la segunda”, como  aquí  acontece,  por  esa  sola  razón los cargos carecen de  vocación de prosperidad.   

En cuanto al tercer cargo, señala que no es  exacto  que  los  juzgadores hubieran exigido “prueba  solemne”  para  acreditar  la existencia del proceso  donde  se  profirió  un mandamiento de pago falso, dado que lo que ocurrió fue  que  con  base en los elementos de juicio allegados por la defensa, no logró el  juez   llegar   a   una   conclusión  distinta  a  la  contenida  en  el  fallo  impugnado.   

Finalmente,  en  punto  del  último  cargo  precisa  la  representante de la parte civil que como quiera que el artículo 30  de  la  Ley  599  de  2000,  que  fue  el tenido en cuenta por los juzgadores de  instancia,  “regula la participación en sus diversas  formas”,  el  demandante ha debido indicar cuál fue  el  precepto  inaplicado.  Y  que  si bien los delitos de peculado y prevaricato  sólo   pueden  ser  cometidos  por  “sujeto  activo  cualificado”,  es  posible jurídicamente condenar a  quien  no  ostentando  esa calidad “determine a quien  si la tiene a su realización”.   

C.-   Acomete la parte civil a través  de  este  apartado  de  su  escrito el análisis de los cargos que el demandante  formula  por  la  vía  de  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, por  posibles  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad, existencia por  omisión  que  se afirma recayeron sobre diversos medios de prueba, así como de  existencia  por  suposición  de  elementos  de  convicción que sin obrar en el  proceso constituyeron fundamento de los fallos de instancia.   

Como  ha  sido  su  constante, inicialmente  cuestiona  las  falencias  del demandante, comenzando por hacer referencia a los  cargos  por errores de hecho por falsos juicios de identidad, en tanto que no se  indica  expresamente  qué dice el medio de prueba cuestionado, qué dijo de él  el  juzgador,  en  qué  forma pudo haberse tergiversado, cercenado o adicionado  “para  hacerle producir efectos que objetivamente no  se  establecen  de  él  y  la  repercusión  definitiva  del  desacierto  en la  declaración    de    justicia    contenida   en   la   parte   resolutiva   del  fallo”.   

Nada  de  lo cual demostró el casacionista  quien  se  limitó  a  poner  en  evidencia  su  desacuerdo  con la apreciación  probatoria   realizada   por  el  ad  quem,  olvidando que el fallo de segundo grado llega a sede de casación  amparado  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  no logró  desvirtuar.   

Respecto de los errores de hecho por falsos  juicios  de  existencia por suposición y omisión, la representante de la parte  civil  también  echa  de  menos los requisitos de demostración que la ley y la  jurisprudencia  han  precisado, concluyendo que en este punto el casacionista se  limitó,  como  en  el  anterior,  a  “contraponer su  punto  de  vista  con  el  del  Tribunal, como si se encontrara ante una tercera  instancia”.   

No  obstante, indica que independientemente  de  la  fecha  en que se hubiera realizado el desembolso de dinero por parte del  banco,  lo  cierto  es  que  en  el  proceso,  contrario  a  lo  afirmado por el  demandante,  se  demostró  que “las resoluciones que  ordenaron  el  pago  se produjeron antes de las conciliaciones que supuestamente  se estaban pagando”.   

Además,  dice  que  no  es cierto, como lo  afirma   el   defensor,   que  a  los  beneficiarios  de  las  conciliaciones  y  resoluciones  les  asistieran  los  derechos que le fueron reconocidos, toda vez  que  lo ocurrido fue que el Tribunal, “para reafirmar  la  contundencia de sus conclusiones” lo que hizo fue  señalar  que  “aún si estos derechos fueran ciertos  se  configurarían  los  delitos”,  en especie que no  puede  tomarse  como  correspondiente a un reconocimiento de los derechos de los  trabajadores  a  los  pagos  obtenidos por gestión de los abogados MANZANO.   

Termina señalando que, en relación con la  demanda  de  la  cual  se  ha  hecho  amplia  referencia,  los  cargos no pueden  prosperar  tanto  por  las  razones  expuestas  como  por  el  hecho  de  que la  naturaleza  misma  del  recurso le impone al casacionista el deber de mostrar el  yerro  y  de  señalar cómo habría de corregirse, para lo cual se requería de  “un   nuevo  análisis  del  acervo  probatorio”,  que   ausente   se   encuentra   del   texto   de  la  demanda.   

Acerca de la demanda presentada en nombre de  BELISARIO DEYONGH MANZANO   

La representante de la parte civil, igual a  como  procedió  en relación con los libelos antes referidos, agrupa los cargos  por  razón  de  su  naturaleza  y  fundamento  legal para proceder, luego de la  referencia  a  las falencias de lógica y debida argumentación que resultarían  suficientes  para  su  inadmisión,  a  incluir  las  razones por las cuales los  cargos no están llamados a prosperar. Y en esto señala:   

A.- En relación con los cargos por nulidad  originada  en  violaciones a los derechos de defensa y debido proceso, se indica  que  todos  ellos  se presentan “sin precisar de qué  manera  se  afectó  el  trámite  surtido”.  No  se  respeta  el  principio  de prioridad en su formulación, ni siquiera teniendo en  cuenta  las  solicitudes  orientadas a que por ello se afecten segmentos que van  desde  “la  fecha  de expedición de la sentencia de  segunda  instancia”  e  incluso  la  resolución  de  acusación,  sin  que  paralelamente  se hubiera indicado la razón para escoger  tales    momento    procesales.   Y   tampoco   se   señala   la   “relevancia  de  las  presuntas  irregularidades”,  las  cuales  incluso  más  adelante  se  presentan como violaciones  directas de la ley sustancial.   

Para  la  representante  de la parte civil,  antes  que  demostrar  irregularidades  con  virtud  para  afectar de nulidad el  trámite   cumplido,  la  demandante  se  “ocupa  de  elaborar  un  nuevo  alegato”,  por  virtud del cual  aduce  vulneraciones  de  los  derechos de defensa y debido proceso “por  haberse declarado falsos la copia del mandamiento de pago de  19  de  abril  de  1995  y  la  certificación  expedida por Luis Eduardo Cuello  Rojas”,   y  también  porque  no  obstante  haberse  relacionado  las pruebas sobre la existencia del proceso civil, lo cierto es que  no fueron valoradas.   

          Adicionalmente, el cuestionamiento que se  hace  al  ad  quem  por haber  hecho  referencia  a  la  sentencia  por medio de la cual se condenó al ex juez  Cuello   Rojas,  carece  de  sentido,  en tanto que se trata de un “aspecto que no  requiere  ser  probado por hacer parte del ordenamiento jurídico”.   

Se refiere finalmente la representante de la  parte  civil  a la petición de nulidad por haber operado el fenómeno jurídico  de  la prescripción antes del fallo de segundo grado para concluir, luego de la  crítica  a la forma como fue formulado este cargo, indicando que de encontrarse  configurada   tal   causal   objetiva  de  cesación  del  procedimiento,  a  su  reconocimiento  debería procederse, antes que declarar la nulidad del fallo del  ad quem.   

B.-  A continuación alude la representante  de  la  parte  civil  a  los  cargos que formula la demandante por la vía de la  violación  directa  de la ley sustancial, unas veces por falta de aplicación y  otras  por  aplicación  indebida,  insistiendo en los argumentos presentados al  solicitar la declaratoria de nulidades varias.   

Encuentra  que  en  la  formulación de los  cargos  se  deja de lado, por completo, que tratándose de la violación directa  “presupone  aceptar  los  hechos  y  sus  pruebas”  deber  incumplido en este caso, porque se comienza por  afirmar   que   los   hechos   “no   evidencian  el  aprovechamiento  ilícito,  ni  el proferimiento de resoluciones manifiestamente  contrarias  a  la ley”, para continuar señalando que  a  las  actas  de  conciliación, a las resoluciones y al mandamiento de pago se  les desconoció  su capacidad probatoria.   

Además,  asevera  que  no es exacto que en  este    caso    se    hubiera    exigido   por   los   juzgadores   “prueba  solemne”  para  acreditar  la  existencia  del  proceso  dentro  del  cual  se libró el espurio mandamiento de  pago,  “sino  que  las  allegadas  por la defensa no  lograron  llevar  al  juez  a  un  convencimiento  distinto  del contenido en su  fallo”.   

En  cuanto  a  la  indebida aplicación del  artículo  30 de la Ley 599 de 2000 indica el sujeto procesal no recurrente que,  además  de que no se indicó cuál fue el precepto inaplicado, lo cierto es que  también  los  delitos  de peculado y prevaricato pueden ser cometidos por quien  no   teniendo   la   calidad   de   sujeto   activo   cualificado,  “determine a quien si las tiene a su realización”.   

Y concluye argumentando que no es cierto que  las  falsedades  se  hubieran realizado para probar un hecho verdadero, toda vez  que  lo cierto es que lo fueron con el propósito de defraudar el patrimonio del  estado, propósito realmente alcanzado.   

C.-  Finalmente, en cuanto a los cargos  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial, originada en errores de hecho  por  falsos  juicio  de  identidad y de existencia, la representante de la parte  civil  hace  referencia,  en  primer lugar, a las exigencias de lógica y debida  argumentación   que   deben  observarse  cuando  se  acude  a  yerros  de  esta  naturaleza,  precisando  que son inobservadas por la demandante, que se limita a  exponer   sus   puntos   de  vista  sobre  la  valoración  de  dichas  pruebas,  “olvidando  la naturaleza rogada y excepcional de la  casación”,  como cuando sostiene que los testimonios  de  los  beneficiarios del mandamiento de pago y de los funcionarios del Juzgado  8º  Penal  del  Circuito,  “no permiten concluir la  inexistencia  del  proceso  donde  se  profirió el mandamiento de pago de 19 de  abril  de  1995”,   sino antes bien “que    el    mismo   en   efecto   cursó   en   dicho   despacho  judicial”.   

O  cuando  cuestiona lo relativo a la fecha  que   como   del   poder  de  Adela  Inés  Angulo  de  Rodelo  se tuvo por los falladores, insistiendo en que  la  que  aparece  en  el  mandato  no  es  la  del  otorgamiento, sino la de una  autenticación,   contradiciendo   incluso,   el   testimonio   de  Hernando      Manzano     “quien  señaló  que  8  no  era un número sino una ‘B’”.   

Continúa  indicando  el sujeto procesal no  recurrente,  que la demandante se ocupa de incluir cuestiones irrelevantes, como  por  ejemplo  “que  la  labor de los Inspectores del  Trabajo  no  es  la  planteada por el ad quem”, y que  los  hechos “avalados” por  el  Inspector  Rosendo  Barrios eran ciertos como se reconoció en la causa, sin  que  ello  sea  verdad  porque en parte alguna de los fallos de instancia fueron  reconocidos  o  admitidos  los  derechos  de  los trabajadores contenidos en las  actas de conciliación.   

Y  agrega  que  lo  que la defensa pretende  “al   disgregar  la  providencia  en  párrafos”,  es   “hacerla decir lo  que  no  dice”  para  tratar de persuadir a la Corte  sobre  los argumentos ya expuestos en las instancias, entre ellos, el referido a  que  no  puede  constituir irregularidad alguna el hecho de que las resoluciones  no  especificaran  las actas que se estaban piando y a que si las resoluciones y  conciliaciones  reconocieron personería a los Manzano,  ello sería suficiente para obviar la circunstancia de  que  “los  poderes  y  sus soportes”, no hubieran sido hallados finalmente.   

Con  relación  a  los errores de hecho por  falsos   juicios   de   existencia   que   señala  la  demandante,  precisa  la  representante  de  la  parte  civil  que  “si son por  suposición”   era  de  su  resorte  indicar la  parte   del   fallo   donde   se  alude  a  prueba  inexistente  y  “si  son  por  omisión”,  concretar la  parte   del   expediente  donde  se  encuentran  tales  medios  de  prueba,  con  indicación  del  mérito  que les correspondería y como de configurarse alguno  de  tales  errores  las  conclusiones  del  fallo  deberían  variar a favor del  procesado.   

Indica,  de  otra parte,  que  lo  que  ocurre es que no es exacto que se hubieran dejado de valorar testimonios de  los   ex  trabajadores  o  documentos  obrantes  en  el  proceso,  sino  que  la  valoración   que   de   los  mismos  realizó  el  ad  quem   resultó  contraria  a los intereses de la  defensa.   Y  que  la  presunta existencia de un proceso ordinario, lo  que  deja  en  evidencia es “que la existencia de los  derechos  pagados  no era transparente” como ahora se  pretende.   

Para la representante de la parte civil, los  cargos  que  la  defensa  formuló  por esta vía no están llamados a prosperar  tanto  por  las  razones  de  fondo  a  las  que hizo referencia, como porque la  naturaleza  del  extraordinario recurso le imponía a la demandante “el   deber   de   demostrar  el  error  y  de  cómo  habría  de  corregirse”,  actividad  que  requería  de un nuevo  análisis   del   acervo   probatorio   que   ausente   se   encuentra   de   la  demanda.   

Respecto de la demanda presentada en nombre  de HENRY ALBERTO SOLANO IBARRA   

Se  refiere  la  representante  de la parte  civil  a  cada  uno  de los cargos formulados por el demandante, respecto de los  cuales  previamente  consigna  las  falencias  que  los tornaría inadmisible, y  luego   las   razones   por   las  cuales  considera  que  no  deben  prosperar,  así:   

En cuanto al primero de ellos que se formula  al  amparo  del numeral 3º del artículo 207 de la Ley 600 de 2002, por haberse  proferido  el  fallo  en un juicio afectado de nulidad por violación del debido  proceso  y  del derecho de defensa, se indica que tal petición de invalidación  “se  fundamenta en irregularidades procesales que no  se  demuestran  y en todo caso no tendrían repercusión alguna en la validez de  lo  actuado”,  como  cuando  se hace referencia a la  vinculación  tardía del procesado, al cambio de radicación del proceso y a la  ausencia  de  prueba  pericial  que  hubiera  permitido acreditar el monto de lo  apropiado.   

En   punto   del   fraccionamiento   por  beneficiario  de  las  resoluciones  pagadas  a  este  procesado  con  el fin de  concluir  en  el monto de lo apropiado, la representante de la parte civil luego  de  referirse  a  la  figura  del concurso de conductas punibles, se pregunta si  cuando   se   trata   de   apropiación   de   bienes  del  estado  “en  virtud  de  una resolución”, o lo  que  es lo mismo de “una sola acción” se   puede   considerar   infringido  el  tipo  penal  varias  veces  “por  beneficiar  el  acto  administrativo  a varios  terceros”.  Para  concluir  que  el hecho de que una  resolución  involucre  a  varios  beneficiarios  “de  ningún  modo  implica un concurso de delitos”,   porque  lo  que  hay  es  “una  conducta única, con  pluralidad  de  personas  beneficiadas con la acción delictiva”, circunstancia  que  traslada  la discusión del tema del concurso al  de la participación.   

De  aceptarse  la  propuesta de la defensa,  concluye,   se  desconocería  “que  el  objetivo”  fue   la   apropiación,  en  perjuicio  del  erario,  “de  la suma total reconocida en la resolución y no  de sumas fraccionadas”.   

Respecto del segundo de los cargos a través  del   cual se acusa la sentencia de haber sido proferida violando una norma  de  derecho  sustancial  (artículo 23 del Código Penal de 1980), porque según  la   defensa  los  hechos  que  se  le  atribuyeron  al  procesado  SOLANO  IBARRA  carecen  de connotación y  relevancia  como para haberlo tenido como determinador, señala la representante  de  la  parte  civil  que es ostensible la ausencia de técnica, en tanto que al  alegar  violación  directa  de  la  ley  se  debe  aceptar que las “pruebas   fueron   correctamente  estimadas”,   exigencia  que  no  es  respetada  por  la  defensa,  que  termina  cuestionando  la  prueba  que  condujo  a  tener  al  procesado en la calidad ya  referida.   

Al  igual que consigna su extrañeza porque  se  solicite  declaratoria  de nulidad de la actuación surtida hasta el momento  de  la definición de la situación jurídica, sin haber planteado causal alguna  de  invalidación,  cuando lo que correspondía era solicitar fallo de reemplazo  para el evento de prosperar la censura.   

Finaliza la representante de la parte civil,  en  su  condición  de  sujeto  procesal  no  recurrente  y en relación con las  demandas  de que aquí se ha dado cuenta, precisando que como las mismas carecen  de  “capacidad  de  quebrantar  validamente el fallo  impugnado”,  ello  constituye razón suficiente para  solicitar de la corte la no casación del mismo.   

          Análisis    sobre    la    admisibilidad   de   las   demandas   de  casación   

Con  la  finalidad  de sortear repeticiones  inútiles,  por  razones de método se procederá, a continuación, a sintetizar  cada   uno  de  los  planteamientos  de  los  recurrentes,  para  inmediatamente  verificar  si en su postulación y desarrollo cumplen o no con las exigencias de  lógica  y  adecuada  fundamentación  requeridas  para  acceder  a este recurso  extraordinario.   

Advertido lo anterior se tiene que de tiempo  atrás  ha  señalado la Sala que al emprender el estudio sobre la admisibilidad  de  los  libelos  de  casación  le  corresponde  verificar  que los impugnantes  formulen  sus  censuras  con  sujeción  a  las  exigencias  de lógica y debida  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  con el propósito de que este medio impugnaticio extraordinario  no  se  convierta  en una tercera instancia.  Dichos  requisitos  se  orientan  a  conseguir que los libelos se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Procede  la  Sala  a  realizar el anunciado  estudio  sobre  los  cargos formulados por los defensores, siempre que se ocupen  de  cuestionar  la  legitimidad  de  la actuación o se refieran a alguno de los  delitos  cuya  acción penal no se haya declarado prescrita, según fue definido  en decisión adoptada el pasado 27 de marzo.   

1.            Demanda   presentada   en   nombre  de  FERNANDO GARCÍA FAYAD   

1.1.           Primer  cargo:  Nulidad  por  falta  de  competencia de los falladores   

         Con  base  en la causal tercera de casación, la defensora aduce que  al  ser  creados  mediante los acuerdos 1799 de 2003 y 2573 de 2004 los Jueces y  Tribunales  dedicados  exclusivamente a los delitos cometidos con ocasión de la  liquidación  de  FONCOLPUERTOS, se violó el principio del juez natural, motivo  por  el  cual  carecían  de  competencia  los  funcionarios  que profirieron la  sentencia objeto de impugnación.   

         Añade  que  si  mediante  la  sentencia  C-392 de 2000, se declaró  inexequible  el  Decreto  504  de  1999, en cuanto establecía una jurisdicción  especial,  paralela  a  la  ordinaria,  ello  da apoyo a su planteamiento, en el  sentido  de  que  no  se  podían  crear los referidos despachos judiciales para  conocer  exclusivamente  de  los  hechos  relacionados  con  la  liquidación de  FONCOLPUERTOS.   

         Considera  que  se  han  violado  los artículos 29 y 93 de la Carta  Política,  amén  de  los  artículos  14  del  Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y  Políticos,  4º de la Convención Americana de Derechos Humanos, 11  del  Decreto 100 de 19809 y el numeral 1º del artículo 304 del Decreto 2700 de  1991.   

A partir de lo anterior, solicita a la Sala  casar  la  sentencia atacada, para disponer la invalidación de lo actuado desde  el 14 de mayo de 2003, fecha de expedición del Acuerdo No. 1799.   

        Consideraciones de la Sala   

Ab initio advierte  la  Sala  que  la  recurrente  se  limita  a enunciar su propuesta, pues si bien  dirige  su esfuerzo argumentativo a desarrollar las principales características  del  principio  del juez natural desde una perspectiva estrictamente conceptual,  no  concreta  de  manera adecuada por qué considera que escapa a la competencia  de  la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, la adopción  de  políticas  de  gestión judicial como las que son objeto de cuestionamiento  en este cargo.   

En  tal  sentido,  la  demandante  soslaya  cualquier  referencia  a  las  especiales  condiciones  laborales que generó el  cúmulo  de  procesos  arribados  a  las  instancias  judiciales con ocasión de  hechos  como  los  que  se  ventilan  en  este  proceso, temática esencialmente  vinculada  al motivo invalidatorio propuesto, si se considera que su aspiración  era  la  de  demostrar  que  las actuaciones de la Sala Administrativa en verdad  comportaron un desbordamiento de sus competencias funcionales.   

Tampoco expone la impugnante por qué motivo  aquellos  Juzgados  y la Sala de descongestión adscrita al Tribunal Superior de  Bogotá   pueden   ser  asimilados  a  células  “ad  hoc”,  ajenas  a  la  estructura judicial, omitiendo  toda  referencia  a  la  categoría  de dichos funcionarios, correlativa a la de  jueces    penales   del   circuito   y   su   natural   superior   funcional   y  jerárquico.   

Lo  que se aprecia en el desarrollo de este  cargo  es  la  presentación  de argumentos puramente formales por cuyo medio se  busca  reivindicar la importancia del principio del juez natural, tema que en si  mismo  considerado  no  admite  discusión,  pero  sin  que  la  defensora logre  conectar  ese  marco  conceptual  con  la  situación  que  tilda  de irregular,  olvidando  así  que  la corrección de los reproches en esta sede, propia de un  momento  procesal  en  el  cual  se  han  superado  las  etapas ordinarias de la  actuación,  requiere  fundamentalmente  de  propuestas  dotadas  de  sustancial  contenido  y,  por  ende,  aptas para que la Sala advierta al menos como posible  que  la  doble  presunción  de  legalidad  y  acierto  del  fallo  impugnado se  encuentra  seriamente  cuestionada,  condición  indispensable para que el cargo  sea admitido.   

Y ello se impone con mayor énfasis, cuando  el  tema  sometido a consideración de la Sala como motivo para que se admita el  reproche,    ya    ha    sido   abordado   de   manera   amplia,   pacífica   y  reiterada.   

En efecto, sobre el particular se tiene, que  en           diversas           decisiones1,   la   Sala   ha  tenido  la  oportunidad  de  pronunciarse  sobre la legalidad de los Acuerdos 1799 del 14 de  mayo  de  2003  y  2573  del  25 de agosto del año siguiente, cuya vigencia fue  prorrogada  a  través  de los Acuerdos 2562 del 10 de agosto de 2004 y 2740 del  21  de  diciembre  del  mismo  año,  proferidos  por la Sala Administrativa del  Consejo  Superior de la Judicatura, a través de los cuales se adoptaron medidas  de  descongestión  respecto  de  los  procesos  penales asociados al proceso de  liquidación  de la Empresa Puertos de Colombia COLPUERTOS y del Fondo de Pasivo  Social  de  esa  misma entidad FONCOLPUERTOS, bajo el entendido que dichos actos  se enmarcan dentro de las funciones asignadas a esa Corporación.   

La  referidas  competencias  funcionales se  encuentran  expresamente  previstas  en los numerales 2º y 3º del artículo 25  de  la  Ley  270 de 1996, así como en el artículo 63 de la misma legislación,  preceptos  en  cuya  virtud  corresponde  a  la  Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  “crear,  con carácter  transitorio,  cargos  de  jueces  o  magistrados  sustanciadores  o de fallo, de  acuerdo con la ley de presupuesto”.   

El   citado  texto  legal  fue  declarado  exequible  por la Corte Constitucional mediante Sentencia C-037 del 5 de febrero  de 1996, en la cual precisó:   

“(…) constituye  una  interpretación  del  principio constitucional de que la administración de  justicia   debe   ser   pronta  y  eficaz.  Es  con  este  propósito, que la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de la Judicatura podrá redistribuir los asuntos pendientes para fallo  entre   los   distritos   tribunales   o   despachos   judiciales,  función  ésta  que se podrá llevar a cabo siempre y cuando no se  alteren  las  garantías  procesales  con  que  cuentan  los  asociados  para la  resolución    de    sus    conflictos” (subrayas fuera de texto).   

         Como   puede  observarse,  ninguna  de  las  anteriores  reflexiones  aparece  refutada  por  la  defensora, quien no aduce argumentos adicionales que  permitan   visualizar  la  irregularidad  sustancial  anunciada,  capaz  de  dar  fundamentación  a  la  denunciada  violación  del derecho al debido proceso de  FERNANDO        GARCÍA        FAYAD.   

         También  es  oportuno señalar que sobre la temática planteada por  la   recurrente,   tuvo  esta  Sala  la  oportunidad  de  señalar  en  ocasión  precedente:   

“La   Sala  administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura, con la expedición de los  citados  acuerdos  no  vulneró  el  principio  del  juez natural, puesto que no  varió  competencia  por  el  factor  objetivo  y  funcional  fijado  en  la ley  procesal.  Por  consiguiente, no le asiste razón al casacionista cuando asevera  que  en  este  evento  los funcionarios judiciales carecían de competencia para  juzgar   las  conductas  punibles  atribuidas  al  procesado  en  el  pliego  de  cargos”2.   

         Adicional  a lo expuesto observa la Sala que tampoco la defensora se  detiene  a  señalar  la trascendencia de la supuesta incorrección que postula,  es  decir,  no  atina  a  expresar de qué manera las garantías de su defendido  resultaron  recortadas  cierta  y  efectivamente, o de qué forma se modificaron  las reglas para su procesamiento con mengua de sus derechos.   

         Las  razones  expuestas resultan suficientes para inadmitir el cargo  en tales términos formulado.   

1.2.          Segundo  cargo:  Nulidad  por  falta  de  aplicación de la ley penal más favorable   

         También  con  fundamento  en  la  causal  tercera  de casación, la  demandante  aduce que se violó el derecho al debido proceso de su representado,  en  cuanto  no  se  aplicó  el  Decreto  100  de  1980,  que  le resultaba más  favorable.   

Al desarrollar la censura precisa que si los  hechos  ocurrieron  en vigencia de la referida legislación, se imponía aplicar  el  artículo  133  de  la  misma,  precepto  en  virtud  del  cual FERNANDO  GARCÍA  FAYAD  no  podía haber  ostentado  la  condición  de autor del delito de peculado, dado que carecía de  la condición de empleado oficial.   

         A  partir  de  lo  anterior, la impugnante solicita la nulidad de lo  actuado   “desde   la  etapa  de  instrucción  del  proceso”.   

         Consideraciones de la Sala   

Inicialmente es oportuno señalar que ya la  Sala3  ha tenido la oportunidad de indicar que el quebranto del principio  de  favorabilidad  no  es  reclamable  bajo  la  égida  de  la  causal  tercera   

de  casación, como en este asunto procedió  la  defensora, sino al amparo de la causal primera, cuerpo primero, esto es, por  violación  directa  de  la  ley  sustancial, pues la argumentación en tal caso  incursiona  exclusivamente  en  el  campo  de la interpretación y aplicación o  inaplicación  de  la  ley  sustancial,  reproche  que,  por tanto, no puede ser  propuesto  con  argumentos  orientados  a denunciar la violación del derecho al  debido  proceso,  como  que dicho proceder vulnera el principio de autonomía de  las  causales,  razón  suficiente  para advertir que la recurrente se aparta de  las  exigencias  dispuestas por el legislador y la jurisprudencia para acceder a  este mecanismo impugnaticio de carácter extraordinario.   

Adicionalmente se observa que la demandante  no  dice,  ni  la  Sala  advierte,  por  qué  razón afirma que en vigencia del  Decreto  100  de  1980  se  exigía  al sujeto activo del delito de peculado por  apropiación   el   carácter   de  servidor  público,  en  tanto  que  en  las  legislaciones  sustanciales  posteriores tal delito no suponía dicha condición  en  el  autor  del referido comportamiento, planteamiento que viola el principio  de  nitidez y claridad exigido por el legislador en el numeral 3º del artículo  212   de   la   Ley   600   de   2000   como  requisito  formal  del  libelo  de  casación.   

         Finalmente  se  encuentra  que la impugnante no señala a la Sala la  cobertura  de  su  prepuesta  casacional  invalidatoria  de  lo actuado, pues se  limita  a  solicitar  la nulidad de lo actuado “desde  la  etapa de instrucción del proceso”, en manifiesto  olvido del carácter rogado de esta impugnación extraordinaria.   

         Por   las   razones   expuestas,   se   impone  la  inadmisión  del  cargo.   

1.3.          Tercer cargo: Violación indirecta de la  ley sustancial por falso juicio de existencia   

La demandante manifiesta que los falladores  desestimaron   pruebas   documentales   aportadas  por  la  defensa,  es  decir,  incurrieron  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  sobre las  mismas.   

Así, en la causa No. 1, el Tribunal no tuvo  en  cuenta  que las resoluciones 232, 233, 234, 235 y 236 de 1996 expresan en su  parte   resolutiva   que  fueron  liquidadas  y  elaboradas  en  la  Oficina  de  Prestaciones  Económicas,  de  manera  que en su liquidación y elaboración no  intervino    FERNANDO    GARCÍA   FAYAD.   

         Precisa  que las iniciales a las que se refirió su asistido no eran  las  colocadas  al  final  de  la  hoja,  sino  a  la  firma  del Coordinador de  prestaciones  donde era liquidada y proyectada la resolución, o del Coordinador  de Jurídica si se había realizado conciliación.   

De   lo   expuesto,  sin  especificar  su  pretensión   casacional,  la  recurrente  concluye  que  se  acreditó  que  su  procurado   no   participó   en   la  liquidación  o  elaboración  de  dichas  resoluciones,   motivo   por   el   cual,   si  el  ad  quem  no  tuvo  en cuenta las pruebas aportadas por la  defensa  sobre  el  particular,  incurrió  en  el  error  de  hecho denunciado,  violando los artículos 247, 248 y 254 del Decreto 2700 de 1991.   

Consideraciones de la Sala  

En  el  planteamiento  de  este  reproche  encuentra  la  Sala  que la defensora se desentiende de las reglas definidas por  la  jurisprudencia  para  plantear  la violación indirecta de la ley sustancial  derivada  de error de hecho por falso juicio de existencia por omisión, pues si  bien  aduce  que  el  Tribunal  no tuvo en cuenta que las resoluciones 232, 233,  234,  235  y  236 de 1996, era su deber identificar cuál es la información que  objetivamente  brindan  tales  pruebas,  qué  mérito  demostrativo debe serles  asignado  y cómo su estimación conjunta con el resto de elementos que integran  el  acervo probatorio conduce a trastrocar las conclusiones del fallo censurado,  obligaciones que no asumió de manera alguna.   

Además se tiene que la casacionista no hace  explícita  su  pretensión  y,  sin  más,  se  limita a decir que se encuentra  demostrado  que  su  representado  no  intervino  en la comisión de los delitos  investigados.   

Igualmente se observa que la defensora cita  normas  sustanciales  violadas  indirectamente  los artículos 247 (prueba parea  condenar),  248  (medios  de  prueba)  y  254  (apreciación de las pruebas) del  Decreto  2700  de  1991,  sin  tener en cuenta, en primer término, que el fallo  impugnado  fue proferido en vigencia de la Ley 600 de 2000. En segundo lugar, no  explica  la  razón  por  la  cual  considera que fueron conculcadas cada una de  ellas  y,  finalmente,  olvida  que  tales  preceptos no tienen la condición de  sustanciales,  en cuanto no definen conductas delictivas o hacen referencia a la  punibilidad  o  a  la  responsabilidad,  sino  que  sólo  sirven  como  medio o  instrumento  para arribar a los fines de las disposiciones sustantivas, falencia  que  se  desentiende  de la preceptiva contenida en el numeral 1º del artículo  207   del  estatuto  procesal  penal,  según  la  cual,  la  casación  procede  “cuando   la   sentencia   sea  violatoria  de  una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más  para advertir  equívocos lógicos en la presentación de la censura analizada.   

Bastan  los  argumentos  anteriores  para  inadmitir el reproche estudiado.   

1.4.          Cuarto cargo: Violación indirecta de la  ley sustancial por falso juicio de identidad   

          Afirma  la  demandante  que  los  falladores dieron a las pruebas un  alcance  fáctico  y  jurídico  que  no  tienen. Precisa que en la causa No. 1,  respecto  de  la  Resolución  159  del 24 de enero de 1996 el Tribunal dijo que  FERNANDO  GARCÍA  FAYAD  la  suscribió  y  por tanto debía responder penalmente, pero no tuvo en cuenta que  tanto  en  la  diligencia  de conciliación, como en el trámite, liquidación y  pago de dicha resolución, su asistido no tuvo injerencia alguna.   

Añade  que  de  igual manera, FERNANDO  GARCÍA no tuvo relación alguna  con  el  estudio,  liquidación,  elaboración  y  pago de la Resolución 239 de  1996.   

Respecto de la causa No. 2 indica que no es  cierto  que  las  resoluciones  138  y  139  del  31 de enero de 1995 se pagaron  primero  y  luego se conciliaron, pues la orden para efectuar el giro se emitió  el  3  de  febrero,  fecha  en  la cual fueron girados los cheques, todo lo cual  prueba  que  hubo  un  error  administrativo de la Secretaría General al fechar  tales   resoluciones,   como   en   efecto   fue   declarado   por  Nelson Moros Santos.   

Acerca  de  la  Resolución  305  de  1996  manifiesta   la  censora  que  no  es  cierto  que  carezca  de  soportes,  pues  HERNANDO   MANZANO  en  la  diligencia   de  ampliación  de  indagatoria  aportó  a  la  Fiscalía  sendos  mandamientos  de  pago, entre los cuales se encuentra el del 3 de abril de 1995,  proferido  por  el  Juzgado  Séptimo  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla.  Considera,  entonces,  que  se  trataba de una orden de un Juez de la República  que         “indefectiblemente         debía  reconocerse”.   

          En  el mismo sentido refiere que las resoluciones 1586 y 1587 del 16  de  diciembre  de  1994  y  171  y  172  del 31 de enero de 1995 cuentan con los  debidos  soportes  legales  correspondientes  a la fecha de su cancelación, con  mayor    razón   si   HERNANDO   MANZANO    aportó    los    documentos    respectivos    al   ampliar   su  injurada.   

          En  punto  de  la Resolución 142 del 31 de enero de 1995 manifiesta  que  como  esta  no  fue  hallada  en  la entidad, ni tampoco sus soportes, ello  demuestra  que los documentos desparecieron o se encuentran refundidos, dado que  no  hay  otra explicación para que exista una nota débito ordenando el pago de  dicha resolución que no aparece.   

          También  dice que si siempre se adelantaron las conciliaciones ante  el   mismo   Inspector   del   Trabajo,   ello   no   pasa   de   ser  un  hecho  irrelevante.   

          A  manera  de  conclusión,  sin  precisar  lo  pretendido  con esta  censura,  la  defensora  manifiesta  que  no  obra  en el diligenciamiento plena  prueba   sobre  las  conductas  imputadas  o  sobre  la  responsabilidad  de  su  representado,   circunstancia   que   imponía   dar  aplicación  al  principio  in dubio pro reo en su favor,  motivo  por  el  cual considera que resultaron violados los artículos 247 y 249  del Decreto 2700 de 1991.   

Consideraciones de la Sala  

Como la casacionista invoca la presencia de  errores  de  hecho por falso juicio de identidad, es pertinente recordar que tal  especie  de  yerro  tiene  lugar  cuando  el juzgador se equivoca al apreciar la  prueba,  dado  que, obrando en el proceso, al valorarla distorsiona su contenido  cercenándola, adicionándola o tergiversándola.   

En  tal  caso  debe  el impugnante señalar  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio  del actor acerca del valor que corresponde al medio de  prueba   que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta  que  materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el  sentido  de  la  decisión reprochada, labor que no emprendió la censora en  este asunto.   

          Advertido  lo anterior se establece, de una parte, que la demandante  no  identifica  cuál  fue  el  fragmento  de  las  pruebas  que  cita  que  fue  objetivamente  adicionado  o cercenado, circunstancia que le impide acreditar la  presencia  del  yerro  denunciado, así como su definitiva incidencia sustancial  en las conclusiones del fallo.   

          Y  de  otra,  no se ocupa de señalar a la Sala cuál es en concreto  su  pretensión  casacional,  ni  por qué era procedente aplicar respecto de su  representado  el principio in dubio pro reo,  dado que no identifica las dudas trascendentes que en punto de la  materialidad  de  las  conductas  objeto  de  acusación o de su responsabilidad  penal resultaron de imposible eliminación.   

         También  es  importante  señalar  que  una  vez más la recurrente  indica  como  preceptos  sustanciales  quebrantados los artículos 247 y 249 del  Decreto  2700  de  1991, normatividad en cuya vigencia no fue proferido el fallo  impugnado,  además  de  que tales preceptos, según ya se advirtió, carecen de  la  condición de sustanciales, razón de más para advertir equívocos lógicos  en  la  presentación  de  la  censura  analizada,  los cuales conducen a que el  reproche no pueda ser admitido.   

1.5.          Quinto  cargo:  Violación directa de la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida del artículo 133 del Decreto 100 de  1980    y    falta    de    aplicación    del    artículo   137   ejusdem   

Bajo  la  égida  de  la  causal primera de  casación,  cuerpo  primero,  la demandante aduce que los falladores violaron de  manera  directa la ley sustancial por aplicación indebida del artículo 133 del  decreto  100  de  1980, modificado por la Ley 190 de 1995 y falta de aplicación  del  artículo  137 del mismo ordenamiento, el cual trata del delito de peculado  culposo.   

          Resalta  que cuando se imputa el delito de peculado por apropiación  a  favor de terceros, como ocurre respecto de su representando, es indispensable  demostrar  que  existió  un  acuerdo  o  nexo  de  amistad entre el funcionario  público  y  el particular beneficiado, pues si la conducta omisiva o descuidada  del  agente  del Estado permiten que un tercero se apropie de bienes del Estado,  el delito que se configura es el de peculado culposo.   

          Reprocha  que  en  el  fallo  atacado se condenó a su procurado con  fundamento   en  la  responsabilidad  objetiva,  proscrita  en  el  ordenamiento  colombiano  desde  1980.  Agrega  que  si  por colocar un visto bueno se dispuso  proferir  fallo  de  condena  en  contra  de  FERNANDO  GARCÍA  FAYAD, tendría que haberse también vinculado  a  todos  los  que  intervinieron  en  la  elaboración,  trámite y pago de las  resoluciones,  con mayor razón si ni la Fiscalía ni los falladores demostraron  que aquél actuó con dolo.   

Teniendo en cuenta lo expuesto, la defensora  solicita   a   la   Sala   casar   la   sentencia   impugnada,   “modificando   el   fallo   cuestionado   con   las   determinaciones  compatibles     y     coherentes     a     la     norma    aplicable”.   

Consideraciones de la Sala  

Tiene  dicho  la  Sala  que  la  violación  directa  de  la  ley sustancial ocurre cuando a partir de la ponderación de los  hechos  objeto  de  juzgamiento legal y oportunamente allegados a la actuación,  los  falladores  dejan  de aplicar la disposición que se ocupa de la situación  en  concreto,  en  cuanto yerran acerca de su existencia (falta de aplicación o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los hechos probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o  contrarios a su contenido (interpretación errónea).   

En tal caso, cualquiera sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto,  todo lo cual exige como punto de partida, la aceptación de  la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias e inmodificable dentro del  proceso.   

En  la censura objeto de estudio se observa  que  si bien la casacionista plantea la violación directa de la ley sustancial,  su  queja  no  es de índole jurídico –  conceptual, pues se ocupa de cuestionar dos aspectos estrictamente  probatorios   que   corresponderían   a  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  esto  es,  primero,  que no se acreditó la existencia de acuerdo o  nexo  de amistad entre el funcionario público y el particular beneficiado, como  presupuesto,  según  su criterio, para que se configurara el delito de peculado  por  apropiación,  de  donde  concluye,  sin  explicar  por  qué, que se trata  entonces,  del  punible de peculado culposo. Y segundo, que tampoco se demostró  que  FERNANDO  GARCÍA  FAYAD  hubiera actuado con dolo.   

         De  conformidad con lo anterior, advierte sin dificultad la Sala que  tampoco  el  cargo  estudiado  satisface  las  exigencias  de lógica y adecuada  fundamentación  dispuestas  por  el  legislador  para  acceder  a  este recurso  extraordinario, motivo por el cual se impone su inadmisión.   

1.6.          Sexto  cargo: Violación indirecta de la  ley sustancial por falso raciocinio   

          La  recurrente manifiesta que los falladores incurrieron en un error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  en  cuanto dieron por demostrado el interés  particular,  los intereses preconcebidos y el previo acuerdo entre los empleados  de  FONCOLPUERTOS  y  los abogados que reclamaban prestaciones para sus clientes  ante  la  misma  entidad, sin que en verdad dentro del acervo probatorio obraran  medios demostrativos de tales circunstancias.   

          Critica  que  se  hubieran  tenido  en  cuenta tres declaraciones de  exportuarios quienes dijeron  que  sus abogados les cobraron unos honorarios altos, en atención a que tenían  que   entregar  dinero  a  los  funcionarios  de  FONCOLPUERTOS  encargados  del  reconocimiento de las prestaciones sociales.   

Considera  que  dichas  declaraciones sólo  corresponden  a  testimonios  de  oídas,  caso  en  el cual era necesario haber  interrogado   a   tales  profesionales  del  derecho  para  poder  verificar  la  credibilidad de los mencionados declarantes.   

De  otra  parte,  la  recurrente afirma que  erró  el Tribunal al suponer que su representado actuaba en connivencia con los  otros  funcionarios  de  FONCOLPUERTOS vinculados a este investigación, pues lo  cierto  es  que en el diligenciamiento no obra prueba de ello, en especial si se  tiene  en  cuenta  que  con  las diligencias de conciliación no se esquilmó el  erario,  sino  que  por  el  contrario,  se  consiguió  reducir el monto de las  pretensiones de los beneficiarios.   

En  suma,  la  demandante reclama que en el  fallo  atacado los sentenciadores vulneraron las reglas de la sana crítica, las  reglas  de  la  lógica y las máximas de la experiencia, con lo cual resultaron  violados  los  artículos 301, 302 y 303 del Decreto 2700 de 1991, motivo por el  cual  solicita  la casación de la sentencia impugnada para que, en su lugar, se  profiera  fallo  sustitutivo  de  carácter  absolutorio a favor de FERNANDO GARCÍA FAYAD.   

          Consideraciones de la Sala   

Habida  cuenta  que  la demandante aduce la  presencia  de un error de hecho por falso raciocinio, es pertinente señalar que  tal  yerro tiene lugar cuando al apreciar las pruebas obrantes en la actuación,  los  juzgadores  extraen conclusiones que violan las reglas de la sana crítica,  caso  en el cual le corresponde al recurrente establecer qué dice concretamente  el  medio probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada, cuál fue  el  mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder que no acometió.   

          Adicional  a lo anterior se tiene que si la defensora manifiesta que  no  existen  en  el  plenario los medios de prueba que soportan las afirmaciones  del  Tribunal,  le  correspondía plantear un error de hecho por falso juicio de  existencia  por omisión, cuya demostración, naturalmente, es diversa de la que  corresponde  al  yerro  que postuló, todo lo cual permite advertir que falta al  principio de claridad y nitidez que gobierna esta impugnación.   

También se observa que, sin más, cuestiona  que   los   falladores   hayan  tenido  en  cuenta  las  declaraciones  de  tres  extrabajadores,  sin  proceder  a  señalar  en  qué consistió el yerro en tal  ponderación  o por qué dichos medios de prueba debían ser marginados, pues es  claro  que  la  sola  condición  de ser testimonios ex  auditu,  no  desvirtúa  per  sé  su  aporte  probatorio  ni  exige  en punto de su  validez,   como   lo   argumenta,   que  fueran  necesariamente  escuchados  los  profesionales   del   derechos  de  quienes  predican  los  comportamientos  que  expusieron   a   la   administración   de   justicia   bajo   la  gravedad  del  juramento.   

Finalmente  es  pertinente  señalar  que  nuevamente  la  defensora  omite  señalar las normas sustanciales que considera  vulneradas,   pues  se  limita  a  relacionar  los  artículos  301  (unidad  de  indicios),  302  (prueba  del  hecho  indicador)  y  303  (apreciación  de  los  indicios)  del  Decreto  2700  de  1991, normatividad que no estaba vigente para  cuando  se  profirió  el  fallo atacado, amén de que tales preceptos no tienen  connotación sustancial, sino únicamente instrumental.   

          Por  las  consideraciones  expuestas,  se  impone la inadmisión del  reproche.   

En  suma,  considera  la  Sala  que  si la  defensora   de   FERNANDO  GARCÍA  FAYAD      no     ajusta     ninguno   de   los  cargos  contenidos  en  su  demanda  a  las  reglas  de  lógica  y  debida  argumentación,   en   virtud   del   principio   de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para    enmendar   tales  falencias,   motivo   por   el  cual  se  impone  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 213 de  la  Ley  600, la inadmisión  del libelo.   

2.            Demanda  presentada  por  EDUARDO MEJÍA MENDOZA   

         El     procesado     EDUARDO     MEJÍA  MENDOZA,  quien  ostenta  la  condición  de  abogado,  presenta  cinco  cargos  contra  el  fallo  del  Tribunal,  los cuales postula y  desarrolla de la siguiente manera:   

2.1.          Primer cargo: Violación indirecta de la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida del artículo 133 del Decreto 100 de  1980    y    falta    de    aplicación    del    artículo   137   ejusdem   

         Precisa  que  el error consistió en darle valor de testimonio a una  versión  que  recogieron  miembros del Cuerpo Técnico de Investigación, en la  cual   se   dice   que   EDUARDO   MEJÍA  fue  la  persona  que  al  interior  de FONCOLPUERTOS, recibió la  notificación   procedente   del   Juzgado   Primer   Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla   referida  a  la  acción  de  tutela  promovida  por  el  abogado  Luis Alberto Urquijo, pero no  se  tuvo  en  cuenta  que  en el libro radicador de correspondencia la firma que  allí  aparece  en  constancia  de  haber  recibido el oficio, no es la suya, es  decir,  la  rúbrica  fue falsificada, situación que no se pudo acreditar, dado  que  durante  las  instancias  los  funcionarios no accedieron a su solicitud de  practicar  el  correspondiente  cotejo grafológico, en manifiesto quebranto del  principio de investigación integral.   

Añade que Marlene  Suárez  no  declaró dentro del proceso, amén de que  lo  que  se  dice  que  dijo  ante  los  funcionarios  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  no  lo expuso bajo la gravedad del juramento, motivo por el cual  correspondía   a   la   Fiscalía  permitir  que  el  dicho  de  aquella  fuera  controvertido por los sujetos procesales.   

Se  pregunta  entonces  el  recurrente,  de  dónde  colige  el ad quem que  conocía  previamente  la  existencia  de la acción de tutela que cursaba en el  Juzgado  Trece  Laboral  del  Circuito  de Bogotá, si para el mes de febrero de  1995,  recién  acababa  de  ocupar  el  cargo  de  Subdirector  de Prestaciones  Económicas?   

         También  dice  que de acuerdo con sus funciones no estaba llamado a  ejercer  la  defensa  de  FONCOLPUERTOS con ocasión de las tutelas instauradas,  pues  no  tenía  condición  de  representante  legal,  ni Director y todo ello  correspondía  a la Oficina Jurídica, donde se realizaban las notificaciones de  los  diversos  procesos,  caso  en  el  cual  dicha  oficina otorgaba poder a un  abogado  para  que  defendiera  los  intereses  de la entidad, profesionales que  dependían  directamente  de  la Oficina Jurídica, tanto los de planta como los  externos,  mientras que la Oficina de Prestaciones Económicas debía reliquidar  las  prestaciones  sociales  y  actualizar  los  montos  de las mismas, sin que,  reitera,    se    notificara    de   las   demandas   judiciales   o   designara  apoderados.   

Puntualiza  que con respecto de la referida  acción  de  tutela sólo se enteró una vez proferido el fallo correspondiente,  pero  al  ver los atropellos contenidos en tal decisión asesoró al Director de  la      entidad      para      que      promoviera      una      “contratutela”,  la  que  en  efecto  fue  presentada  ante  la  Sala  Civil  del Tribunal de Bogotá. Finalmente, el 15 de  mayo  de  1995  el  Director  General, en cumplimiento del fallo de tutela y del  incidente     de     desacato    celebra    con    el    abogado    Urquijo un acuerdo de pagos.   

Apoyándose  en  lo expuesto, afirma que es  inocente  de  los  cargos imputados y que en el peor de los casos sólo debería  ser  llamado  a  responder por el delito de peculado culposo, no doloso, pues no  fue  destinatario de la orden de amparo constitucional, no suscribió el acuerdo  de  pagos para acatar el fallo y no realizó acuerdo alguno con el accionante, a  quien ni siquiera conoció.   

         De  otra  parte,  el  censor  dice que los falladores incurrieron en  falso   juicio   de  existencia  respecto  de  la  indagatoria  de  Nicolás  Danies  Silva, dado que fue esta  persona  en  su  condición  de  Coordinador del Terminal de Santa Marta, la que  insertó  las resoluciones apócrifas, dijo que se encontraban notificadas y que  se  encontraban  en  la  hoja de vida de cada pensionado, todo lo cual permitía  concluir    que   el   doctor   HERNANDO   RODRÍGUEZ  RODRÍGUEZ   no  actuó  con  dolo,  máxime  si  las  referidas  resoluciones  parecían  auténticas  y  sólo  podía  imputarse  la  conducta culposa.   

Añade que el Tribunal incurrió en error de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  respecto del oficio No. 2690 del 28 de  marzo  de  1995,  certificación expedida por la Fiscalía Trece de Santa Marta,  dado  que  sólo  algunas  de  las  resoluciones que fundamentaban la acción de  tutela  se  encontraban  cuestionadas  por  la Fiscalía, se celebró acuerdo de  pagos   respecto   de  aquellas  resoluciones  que  no  se  encontraban  en  tal  situación.   

Puntualiza que no prever la falsedad de las  resoluciones  podría  constituir  una imprudencia, pero no una conducta dolosa,  menos  si  en su condición no tenía disponibilidad material ni jurídica sobre  el presupuesto de FONCOLPUERTOS.   

Con  base  en  las  razones  expuestas,  el  procesado   MEJÍA  MENDOZA  solicita  casar  la  sentencia  impugnada,  a  fin  de  que  se  profiera  fallo  sustitutivo por el delito de peculado culposo.   

         

Consideraciones de la Sala  

En el desarrollo de este cargo encuentra la  Sala  que  el  recurrente no es claro en establecer si lo que reprocha es que lo  dicho  por Marlene Suárez fue  supuesto  (falso juicio de existencia por suposición), pese a que en verdad fue  registrado  en  un  informe  del  Cuerpo Técnico de Investigación, o bien, que  dicho  medio de prueba fue irregularmente practicado y aducido al proceso (falso  juicio  de  legalidad),  confusión  que  vulnera  el  principio  de  claridad y  precisión  exigida  en  la  ley  en la postulación de los reproches, con mayor  razón  si  se  trata  de  dos  errores que corresponden a diferente especie, el  primero  trata  de un error de hecho, mientras que el segundo configura un error  de derecho, cuya demostración es sustancialmente diversa.   

Además, si lo pretendido por el demandante  era   alegar   la  violación  del  principio  de  investigación  integral,  le  correspondía  invocar la causal tercera de casación y asumir, desde luego, las  reglas demostrativas que le son propias, deber que no emprendió.   

         Ahora,  en  cuanto  se  refiere  a  las  diversas  funciones  de las  dependencias  de FONCOLPUERTOS, se consigue establecer que el censor se limita a  exponer  su  propia  versión de los hechos, sin contar con las pruebas obrantes  en  la  actuación,  además de que no señala errores concretos en la decisión  objeto   de  impugnación  extraordinaria,  en  manifiesto  olvido  de  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la  que está revestido el fallo del  ad quem.   

Igualmente  se  tiene  que  el  impugnante  pretende  la  degradación  de  su  responsabilidad  de  comportamiento doloso a  conducta  culposa,  sin  ocuparse  para ello de los fundamentos en virtud de los  cuales  el  Tribunal  lo  condenó  por  el delito de peculado por apropiación.  Tampoco  señala  por  qué  se presentó en verdad un error en la denominación  jurídica  del  delito  por  el  cual fue acusado y condenado, además de que no  demuestra  de  qué  manera el comportamiento objeto de acusación corresponde a  una conducta culposa.   

         También  observa  la  Sala  que  el  censor se ocupa de analizar la  situación  del  procesado  LUIS  HERNANDO  RODRÍGUEZ  RODRÍGUEZ,  pero  no  se  detiene  a  señalar  qué  repercusión  tiene aquello en su circunstancia. Adicionalmente, es evidente que  carece  de  legitimidad  para abogar en nombre de aquél, como que no cuenta con  poder para representarlo.   

         Además  se  advierte que postula un error de hecho por falso juicio  de  identidad  con  relación  al  oficio  No.  2690  del  28  de marzo de 1995,  certificación  expedida  por la Fiscalía Trece de Santa Marta, sin detenerse a  señalar  en  concreto el fragmento adicionado o cercenado y lo más importante,  sin  exponer  de qué manera la corrección de tal yerro conduciría a modificar  el  fallo  de  manera  favorable  a  sus  intereses,  falencias  que  imponen la  inadmisión de la censura.   

         2.2.                      Segundo  cargo:  Violación  indirecta de la ley  sustancial  por aplicación indebida del artículo 133 del Decreto 100 de 1980 y  falta  de  aplicación  del  artículo  137  del  mismo ordenamiento   

         El  demandante  manifiesta que los Tribunales erraron al proferir el  fallo  de  condena  en su contra como autor penalmente responsable del delito de  peculado  por  apropiación,  pues  de  acuerdo  a  las  pruebas  obrantes en la  actuación  sólo  sería  posible  que se lo condenara como autor del delito de  peculado culposo.   

         Aduce  que  el  yerro  denunciado se produjo por falso raciocinio de  los  sentenciadores  respecto  de  la  Resolución 013 de 1993, proferida por el  Ministerio  del Trabajo, Dirección Regional del Magdalena, a través de la cual  sancionó  a  la  Empresa  Puertos  de  Colombia con multas a favor del Servicio  Nacional  de  Aprendizaje  SENA,  entidad  que  promovió  el respectivo proceso  ejecutivo ante el Juzgado Tercero Laboral de Santa Marta.   

         Agrega  que  HERNANDO RODRIGUEZ,  en  su  condición de Director de FONCOLPUERTOS había solicitado  al  SENA  la  condonación  de la deuda, pero no obtuvo respuesta, motivo por el  cual  se  ordenó  pagar los factores salariales origen de la multa, teniendo en  cuenta  para  ello la certificación expedida por el Coordinador del Terminal de  Santa Marta.   

Indica  el  recurrente  que  el  Tribunal  realizó  afirmaciones  que  están  por  fuera de la realidad procesal, pues la  Resolución   013   no   fue   notificada  a  HERNANDO  RODRIGUEZ,  en  cuanto  aún  no  había  recibido  la  empresa,   motivo  por  el  cual  éste  carecía  de  la  facultad  de  nombrar  apoderados,  carecía  de  la  obligación  de  consignar el monto de la multa y  tampoco estaba habilitado para impugnar la referida resolución.   

Precisa    que    cuando   HERNANDO  RODRIGUEZ recibió la empresa, ya  aparecía  dicho  pasivo  y  que  por  las  razones expuestas, él (EDUARDO            MEJÍA)   no   lo   asesoró,  pues  para  noviembre  de  1993  aún  no  trabajaba en FONCOLPUERTOS, motivo por el cual no  estaba en condición de impugnar la ya mencionada resolución.   

También asevera que aquella resolución era  de  estricto  acatamiento y que si no se hubiera efectuado el pago que reprochan  los  funcionarios  judiciales,  el  perjuicio habría sido mayor. Adicional a lo  anterior  indica  que  los extrabajadores tenían derecho a que se les pagara lo  dispuesto en las resoluciones 1329 y 2152 de 1995.   

Finalmente  expone  que  si  bien su actuar  puede  ser  tildado  de  negligente,  tal  circunstancia  se  presentó  por las  situaciones  propias  de  aquél  momento, dado que las cuentas de la entidad se  encontraban  embargadas  y  no  se podía girar las mesadas pensionales, todo lo  cual  condujo a que no existiera la posibilidad de conseguir exoneración alguna  a la carga impuesta por la justicia administrativa laboral.   

Los argumentos precedentes sirven al censor  para  solicitar  a  la  Sala la casación del fallo impugnado para, en su lugar,  proferir   sentencia  de  condena  en  su  contra  por  el  delito  de  peculado  culposo.   

         Consideraciones de la Sala   

Aunque  el demandante plantea la violación  indirecta  de  la  ley sustancial por falso raciocinio, no procede a señalar el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  cuyo  contenido   fue   desconocido   en   el   fallo.  Igualmente  omite  indicar  su  consideración   correcta,  identificar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente   resultó   excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los  intereses  de  su  representado,  proceder que no  acometió.   

         En  efecto, sólo reprocha que el yerro por falso raciocinio recayó  sobre  la  Resolución  013  de  1993,  proferida por el Ministerio del Trabajo,  Dirección  Regional  del Magdalena, a través de la cual sancionó a la Empresa  Puertos  de  Colombia  con  multas  a favor del Servicio Nacional de Aprendizaje  SENA,   pero   no   acomete   las   demostraciones   inherentes   al  cargo  que  postuló.   

         Además,   nuevamente   aboga  por  la  situación  de  HERNANDO  RODRIGUEZ,  pero  no  procede  a  establecer  cuál  es  la incidencia de ello en el fallo de condena proferido en  su contra.   

Para  concluir es necesario reiterar que el  recurrente  no procede a demostrar que dogmáticamente su conducta corresponde a  un  comportamiento  culposo  y no doloso, de manera que en el aspecto central de  su  pretensión  deja ayuno de acreditación el reproche, todo lo cual impone su  inadmisión.   

         2.3.                      Tercer  cargo:  Violación  indirecta  de la ley  sustancial  por aplicación indebida del artículo 133 del Decreto 100 de 1980 y  falta      de      aplicación      del      artículo      137     ejusdem   

         Al  igual  que  en  los cargos precedentes, el impugnante afirma que  los  falladores  erraron al condenar por el delito de peculado por apropiación,  cuando  en  verdad  sólo existe prueba para sancionar por el delito de peculado  culposo.   

         En  el  desarrollo  de la censura aduce que se incurrió en error de  hecho  por  falso  raciocinio  en la estimación de la Resolución 159 del 24 de  enero  de  1996,  pues  los  funcionarios  se apartaron de las reglas de la sana  crítica,  en  atención a que las convenciones colectivas establecieron el pago  del  65% como recargo sobre la hora de trabajo que tenían los estibadores, pese  a  lo  cual,  el  Tribunal  parte  de  premisas  falsas al decir que a todos los  trabajadores  se les pagaba dicho porcentaje y que por tanto, a ninguno de ellos  se  le  adeudaba suma alguna por tal concepto, pues lo lógico era reconocer que  tal incremento salarial se debía a algunos de aquellos.   

Igualmente  critica  que  el  ad   quem  haya  concluido  que  existía  confabulación  entre  los  funcionarios  de FONCOLPUERTOS y el apoderado de los  extrabajadores  para  defraudar  a la entidad, cuando lo lógico era deducir que  tal  confabulación existía con algunos empleados de la empresa, no todos, y el  abogado Guerra.   

         Agrega  que  el dolo se dedujo del hecho de no haber sido encontrada  el  acta de conciliación por cuyo medio se acreditaba que ya había sido pagada  tal acreencia laboral.   

Señala que Antonio  Villareal  Ospina  y  Fabián  Vélez   Pérez   pudieron  ser  lo  funcionarios  de  FONCOLPUERTOS    que    se    confabularon    con    el   abogado   Guerra  de la Hoz, quienes fueron los que a  la postre redactaron la Resolución 159 de 1996.   

Para  concluir  afirma  que  Antonio    Villareal    y   Fabián   Vélez   deben  responder  como  autores  del  delito  de  peculado  por  apropiación, mientras que él debe ser  sancionado  como  autor  del  delito  de  peculado  culposo,  motivo por el cual  solicita  a  la  Sala  casar la sentencia atacada, con el propósito de proferir  fallo  de  reemplazo  en  el  cual  se  lo declare responsable por el mencionado  delito a título de culpa.   

         Consideraciones de la Sala   

         Tal  como ya se dijo al analizar los cargos precedentes, no hay duda  que  el  procesado incumple el deber de desarrollar y demostrar su planteamiento  en  punto de la adecuación de su conducta al delito de peculado culposo y no al  de  peculado  por  apropiación  por el cual se lo condenó, pues se queda en el  simple enunciado de su pretensión.   

         En  efecto, se observa que invoca un error de falso raciocinio sobre  la  Resolución  159  del  24  de  enero  de  1996,  pero no indica el principio  lógico,  la  ley  científica  o la máxima de experiencia conculcada, omisión  que  a  la postre le impide acreditar el yerro, así como su trascendencia en el  sentido de la sentencia que censura.   

También  se  observa  que,  sin  ninguna  demostración  de  sus  asertos,  el  recurrente  se  limita a exponer su propia  valoración  de  las  pruebas  y  a  formular  conjeturas,  como cuando dice que  Antonio  Villareal  Ospina y  Fabián   Vélez   Pérez  pudieron  ser  lo  funcionarios  de  FONCOLPUERTOS  que  se  confabularon con el  abogado  Guerra  de  la  Hoz,  pero  no  señala errores en los falladores y tanto menos su trascendencia en la  sentencia impugnada.   

         Bastan   las   consideraciones   precedentes   para   inadmitir   el  cargo.   

2.4.          Cuarto cargo: Violación indirecta de la  ley  sustancial  derivada  de  falso  juicio  de existencia por omisión y falso  raciocinio   respecto   de  anexos  a  las  resoluciones  de  reliquidación  de  prestaciones sociales   

         Aduce  el  casacionista  que como bien lo dijo el informe del Cuerpo  Técnico  de  Investigación, todos los actos administrativos que motivaron este  diligenciamiento  se  encuentran  soportados en las certificaciones expedidas en  el  Terminal  Marítimo  de  Santa  Marta  por parte de Coordinador Nicolás    Danies   y   el   liquidador  Antonio       Villareal       Ospino.   

         Por  tanto,  considera  que  si  en FONCOLPUERTOS se les dio a tales  certificaciones  el  valor  de  documentos  públicos  con  contenido material y  vinculante  para  la  Entidad,  en  cuanto  expedidos  previa la consulta de sus  correspondientes  soportes  documentales,  es  claro que no podría imputársele  como  Jefe  de  la  Oficina de Prestaciones Económicas que hubiera incurrido en  una  conducta dolosa al proyectar los actos administrativos de reconocimiento de  las  prestaciones  sociales  y, a lo sumo, podría reprochársele su negligencia  en   no  detenerse  a  revisar  detalladamente  las  referidas  certificaciones,  circunstancia que estructura el delito de peculado culposo.   

         A  partir  de lo anterior, el recurrente solicita a la Sala casar la  sentencia  objeto  del  recurso para, en su lugar, proferir fallo por cuyo medio  se lo condene como autor del delito de peculados culposo.   

         Consideraciones de la Sala   

Advierte  la Sala que en la formulación de  este  reproche el acusado incurre en violación manifiesta del principio lógico  de  identidad,  en  virtud del cual, algo no puede ser y no ser al mismo tiempo,  pues   respecto   de   los  anexos  a  las  resoluciones  de  reliquidación  de  prestaciones  sociales  de  los  extrabajadores de FONCOLPUERTOS refiere que los  falladores  incurrieron  en  falso  juicio  de  existencia  por omisión y falso  raciocinio,  sin percatarse que uno y otro son excluyentes, habida cuenta que si  una   prueba   es  excluida  de  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  es  claro  que a la vez no puede extraerse de ella conclusiones que  violen  las  reglas  de la sana crítica (leyes de la ciencia, principio s de la  lógica y máximas de la experiencia).   

Precisamente,  si  de la prueba se dice que  fue  apreciada con violación de las reglas de la sana crítica, es precisamente  porque  fue  ponderada,  esto  es,  porque no se la marginó, o mejor, porque no  recayó  sobre  ella  un  falso juicio de existencia por omisión, incorrección  lógica que impone inadmitir el cargo formulado.   

         2.5.                      Quinto  cargo:  Violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida del inciso 3º del artículo 51 de la Ley  599 de 2000   

         Asevera  el  censor  que  al  ser  impuesta  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de la profesión de abogado por un periodo  igual  al  de  la  pena principal, se violaron los principios de favorabilidad y  legalidad  de la sanción, pues el artículo 44 del Decreto 100 de 1980, el cual  resulta  más  favorable  a  sus  intereses,  establece que tal pena tendrá una  duración  máxima  de cinco (5) años, sin que, por tanto, resultara procedente  aplicar el inciso 3º del artículo 41 de la Ley 599 de 2000.   

         También  señala que con la imposición de dicha sanción se violó  el  principio  de  legalidad  de  la pena, en cuanto se desbordaron los límites  dispuestos por el legislador.   

Para finalizar asegura que los falladores no  motivaron  de  manera alguna la imposición de dicha sanción, circunstancia que  impone  casar  la  sentencia  impugnada,  a fin de marginar la pena accesoria de  inhabilitación para el ejercicio de la profesión de abogado.   

         Consideraciones de la Sala   

          En   atención  a  que  en  la  formulación  de  este  reproche  el  demandante  no  se  ocupa  de la valoración de las pruebas, sino que acepta los  hechos  y  su demostración tal como fueron declarados en el proceso durante las  instancias,  además  de  que  se  ocupa  de  debatir única y exclusivamente la  aplicación  indebida  en  la  ley  sustancial  en  perjuicio  de  sus derechos,  considera  la  Sala  que  el reproche se encuentra presentado de conformidad con  las  reglas  de lógica y adecuada argumentación que rigen la invocación de la  violación  directa  de  la  ley sustancial, circunstancia que impone admitir el  cargo en tales términos planteado y fundamentado.   

De  conformidad con lo expuesto, decide la  Sala  admitir  únicamente  el  cargo  quinto de la demanda presentada en nombre  propio    por    el    acusado    EDUARDO    MEJÍA  MENDOZA,  es decir, se inadmiten los demás reproches  en  atención  a  que  no  se  rigen  por las exigencias de lógica y suficiente  argumentación  dispuestas para acudir a este recurso extraordinario, de acuerdo  con  la  preceptiva  del  artículo  213  de  la  Ley  600.   

3.            Demanda   presentada   en   nombre  de  MARÍA CRISTINA OCAMPO DE MANZANO   

3.1.           Primer  cargo:  Nulidad  por  falta  de  competencia del juez de conocimiento   

         

Con  base en la causal tercera de casación  el   recurrente  afirma  que  si  en  virtud  del  principio  del  juez  natural  establecido  en  el  artículo  29  de  la  Carta  Política,  así  como en los  artículos  6º  de  la  Ley  599  de  2000  y  11  de  la  Ley 600 de 2000, los  funcionarios  competentes para conocer de los asuntos deben ser estatuidos antes  de  la comisión de la conducta investigada, es claro que en este caso se violó  el  derecho  al  debido  proceso  de  su  asistida  al crear jueces ex post facto.   

En la acreditación de la censura manifiesta  que  lo  anterior  es  así, dado que mediante Acuerdo No. 1799 de 2003, la Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura creó dos (2) Juzgado  Penales  del  Circuito  para que conocieran de los diligenciamientos adelantados  por  delitos  asociados  con el proceso de liquidación de la Empresa Puertos de  Colombia  COLPUERTOS  y  del  Fondo  de  Pasivo  Social de la Empresa Puertos de  Colombia  FONCOLPUERTOS  que se encontraran en curso en los juzgados penales del  circuito dentro del territorio nacional.   

         Agrega  que  con  el  mencionado  acuerdo  se  modificó el estatuto  procesal   penal,   amén  de  que  se  varió  la  competencia  por  el  factor  territorial,  pues asuntos que se tramitaban en la ciudad de Santa Marta, fueron  trasladados  a  Bogotá,  en  donde  no  había  ocurrido  ninguno  de los actos  imputados a su representada.   

         Con  fundamento en lo expuesto, el defensor solicita a la Sala casar  la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar,  disponer la invalidación de lo  actuado  a  partir  de  la diligencia de audiencia pública, inclusive, a fin de  que la actuación se rehaga por parte del juez competente.   

         Consideraciones de la Sala   

Sin  dificultad  observa  la  Sala  que  el  planteamiento  del  recurrente  es  meramente  formal,  pues  aunque se ocupa de  establecer  los  alcances  del  principio  del juez natural, no precisa por qué  resulta  ajena  a  la competencia de la Sala Administrativa del Consejo Superior  de  la  Judicatura, la adopción de políticas de gestión judicial como las que  censura.   

En efecto, el censor no se ocupa de ponderar  las  especiales condiciones derivadas del cúmulo de actuaciones sometidas a las  instancias   judiciales   con   ocasión   de  los  hechos  ventilados  en  este  diligenciamiento,  temática  vinculada  al motivo de nulidad invocado, dado que  su  pretensión  se  orienta  a acreditar que la Sala Administrativa del Consejo  Superior de la Judicatura desbordó su competencia funcional.   

Adicional  a  lo  anterior,  el defensor no  manifiesta  por qué razón los Juzgados y la Sala de descongestión adscrita al  Tribunal    Superior    de    Bogotá    resultan   ajenos   a   la   estructura  judicial.   

Advierte  la  Sala  que en el desarrollo de  esta  censura, el demandante ofrece únicamente argumentos formales en punto del  principio  del  juez  natural,  pero  no  se  detiene  a  conectar  dicho  marco  conceptual  con  las  supuestas irregularidades que denuncia, con lo cual olvida  que  dentro  de  esta  impugnación  extraordinaria  es  imprescindible  que las  incorrecciones  resulten  sustanciales,  de  modo  que  la  Sala  puede siquiera  vislumbrar  que  posiblemente  se  desvirtuó  la  dual presunción de acierto y  legalidad del fallo atacado.   

Además  de  lo expuesto se tiene que ya en  varias                  providencias4,  la  Sala  se  ha pronunciado  acerca  de  la  legalidad de los Acuerdos 1799 del 14 de mayo de 2003 y 2573 del  25  de  agosto del año siguiente, cuya vigencia fue prorrogada a través de los  Acuerdos  2562  del  10  de  agosto de 2004 y 2740 del 21 de diciembre del mismo  año,  proferidos  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  bajo  el  entendido  que  dichos  actos  se ajustan a las funciones  asignadas a dicha colegiatura.   

Tales  competencias  están  expresamente  establecidas  en los numerales 2º y 3º del artículo 25 de la Ley 270 de 1996,  así  como  en el artículo 63 de la misma legislación, normas en virtud de las  cuales  corresponde  a  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  “crear, con carácter transitorio, cargos  de  jueces  o  magistrados  sustanciadores  o de fallo, de acuerdo con la ley de  presupuesto”,  precepto  que fue declarado exequible  por  la  Corte  Constitucional  mediante  Sentencia  C-037  del  5 de febrero de  1996.   

         En  suma,  encuentra  la  Sala que el recurrente no aduce argumentos  adicionales  que  permitan  visualizar  la  irregularidad  sustancial anunciada,  capaz  de  demostrar  la  denunciada violación del derecho al debido proceso de  MARÍA   CRISTINA   OCAMPO   DE   MANZANO.   

         Tampoco  el  casacionista  señala  la  trascendencia de la supuesta  incorrección  que  postula,  es  decir,  no atina a expresar de qué manera las  garantías  de  su  defendida  resultaron  recortadas  cierta y efectivamente de  alguna  manera,  o  de que forma se modificaron las reglas para su procesamiento  en detrimento de sus derechos.   

         Por  las consideraciones precedentes, es claro que el cargo debe ser  inadmitido.   

3.2.          Segundo cargo: Nulidad por violación del  debido proceso por indebida notificación del fallo de primer grado   

         Manifiesta  el censor que de acuerdo con el artículo 29 de la Carta  Política,  la  notificación  de las providencias proferidas dentro del proceso  penal  constituye un acto de comunicación sometido al principio de legalidad de  las  formas,  motivo  por  el  cual,  si de conformidad con lo establecido en el  Acuerdo  1799  del  14  de mayo de 2003 proferido por la Sala Administrativa del  Consejo  Superior de la Judicatura, una vez proferido el fallo por los jueces de  descongestión,  la  notificación  de  tal providencia y la decisión sobre los  recurso  interpuestos  correspondía  a  los  jueces de origen, se incumplió en  este asunto lo ordenado allí.   

Agrega    que    dicha    irregularidad  “ha  afectado  en  grado  sumo  la  legalidad  de la  actuación”,  razón  por la cual se impone casar la  sentencia   atacada   y  disponer  que  se  efectúen  de  nuevo  los  actos  de  notificación  de  la  misma  de  conformidad con las reglas establecidas por el  Consejo Superior de la Judicatura.   

         Consideraciones de la Sala   

En  el  estudio  de este cargo encuentra la  Sala  sin  dificultad, de una parte, que el recurrente no tiene en cuenta que al  plantear   la   causal   tercera   de  casación  en  procura  de  conseguir  la  invalidación  de  la  actuación  procesal,  constituye  uno de sus principales  deberes,  si  no  el más importante, acreditar que la anomalía denunciada tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

          En  efecto,  el  demandante  identifica  la  irregularidad,  pero no  procede  acto seguido a señalar de qué manera su asistida sufrió quebranto en  sus  derechos  y  garantías  con  el  proceder  que  reprocha  en  punto  de la  notificación el fallo de primer grado.   

        Y  de  otra,  no  se  refiere  de  manera  alguna  al  principio de  convalidación,   según   el   cual,   la  irregularidad  que  engendra  el vicio puede ser convalidada de  manera  expresa  o tácita por el sujeto procesal perjudicado, siempre que no se  violen  sus  garantías  fundamentales. Tampoco alude  al        principio       de       instrumentalidad    de    las   formas,  que   postula   la   improcedencia   de  la  invalidación cuando el acto tachado de irregular ha cumplido  el   propósito   para   el   cual  está  destinado.  Igualmente    omite    abordar   el   principio   de  trascendencia,  por  cuya  virtud,  quien pretenda la  nulidad  está  en  la  obligación de acreditar que la irregularidad sustancial  afecta  las  garantías  constitucionales  de los sujetos procesales o desconoce  las bases fundamentales de la instrucción y/o el juzgamiento.   

Como viene de verse, tales principios, que  rigen  la  declaratoria  de  nulidad,  debieron  ser tratados por el impugnante al  plantear   el   cargo,   máxime   si   él   mismo   interpuso   recurso   de  apelación  contra el fallo de primera instancia, cuya  notificación ahora censura.   

         Para   concluir   es   oportuno   señalar   que   el  defensor  no  tiene  en  cuenta  que  el  artículo  11  del  Acuerdo  2573  del  25  de  agosto  de 2004, “por  el  cual  se  adoptan  medidas  de descongestión para la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá, y se modifican  los  Acuerdos  1886  y  1799  de 2002”, modificó el  inciso  2º  del artículo 7º de los Acuerdos 1886 y 1799 de 2003, al disponer:  “Los   jueces   de   descongestión   realizarán    la   notificación   de   la   sentencia  y  resolverán  sobre la concesión de  los    recursos   pertinentes   en   caso   de   ser  interpuestos”      (subrayas      fuera      de  texto).   

         Así las cosas, se impone inadmitir el reproche.   

3.3.           Tercer  cargo:  Violación  del  debido  proceso   por   ocultamiento   de   la   información   que   reposaba   en   un  disquete   

También  con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación, el recurrente asevera que se violó el derecho al debido  proceso  de  su patrocinada, toda vez que se quebrantó la publicidad, legalidad  y  contradicción  de  la prueba, todo lo cual comporta la comprobada existencia  de irregularidades que impone la invalidación de lo actuado.   

En  el  desarrollo del reproche manifiesta  que   al   plenario   se  incorporó  una  prueba,  la  cual  fue  ulteriormente  desparecida,  cuya ponderación habría cambiado la realidad procesal, así como  los  fundamentos  del  fallo  de  condena  proferido  en  contra de MARÍA  CRISTINA  DE MANZANO.   

Precisa  que  la  Fiscalía  ocultó  un  disquete   que   obraba   como   prueba,   el   cual  contenía  “información  vital  para  los  intereses  de  la  defensa  de  los  doctores  Manzano,  pues  a pesar de tenerlo en su poder, la Fiscalía no envió  al  Juzgado  el  disquete de computador anunciado dentro del proceso en el folio  55  del  cuaderno  original  No. 1, siendo el mismo muy importante, porque allí  reposaba  la  información  que  obra  en  el  sistema  de  la Oficina Judicial,  correspondiente      a      los      repartos     de     los     procesos         laborales    de    los    años    1994   a  1998”.   

        Agrega  que  con  tal disquete se habría acreditado la existencia  del  proceso  de  Antonio  López  Blanco,  Adela de  Rodelo  y  otros,  adelantado  en  el Juzgado Octavo  Laboral  de Barranquilla, el cual se echa de menos, circunstancia que ha servido  a     los     falladores    para    edificar    la  sentencia    de    condena    proferida      en     contra     de     su  asistida.   

        Sin  hacer  explícita  su  pretensión, el defensor indica que la  referida  situación ameritaría que la Sala dispusiera el adelantamiento de las  correspondientes  indagaciones  a  fin  de  establecer la responsabilidad de los  funcionarios  que  conocieron  del  asunto,  respecto  del  ocultamiento  de tan  importante medio probatorio.   

        Consideraciones de la Sala   

En el planteamiento de esta censura consigue  establecer  la  Sala  que  si bien el demandante identifica la irregularidad con  fundamento  en la cual reclama la violación del derecho al debido proceso de su  asistida,  lo cierto es que no se ocupa de señalar de manera concreta, esto es,  no  especulativa,  de qué forma fueron socavadas las bases de la instrucción o  del    juzgamiento    o    las    garantías    dispuestas   a   favor   de   su  representada.   

Es  necesario  recordar,  que  si  bien  la  acreditación  de la causal tercera de casación suele ser menos compleja que la  demostración  de  las  otras  causales,  en todo caso corresponde al impugnante  precisar  con  claridad  la especie de irregularidad sustancial que determina la  invalidación,   los   fundamentos  fácticos  y  los  preceptos  que  considera  conculcados,  con  la indicación de las razones de su quebranto. También es de  su  resorte especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio,  así como la cobertura de la nulidad, demostrar que procesalmente no  existe  manera  diversa  de restaurar el derecho afectado y, lo más importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  habida cuenta que este recurso extraordinario no puede fundarse  en  especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en  situaciones ausentes de quebranto.   

En efecto, no basta con manifestar que una  determinada   prueba  obrante  en  la  actuación  fue  desaparecida,   con   la   cual  se  habría  cambiado  la realidad procesal  y  los fundamentos del fallo de condena proferido en  contra  de  MARÍA  CRISTINA  DE MANZANO   o  que  dicho  elemento  de  prueba  contenía  “información  vital  para  los  intereses  de  la  defensa  de los  doctores  Manzano  (…)  porque  allí  reposaba la información que obra en el  sistema  de  la Oficina Judicial, correspondiente a los repartos de los procesos  laborales  de  los  años  1994  a  1998”, pues era  menester  que  sin acudir a conjetura alguna se concretaran específicamente los  efectos  de tal anomalía,  pues  de lo contrario, el planteamiento abstracto y eventual de la incorrección  deja sin demostración la propuesta casacional.   

        Igualmente  encuentra  la  Sala  que  ni  siquiera  el  impugnante  precisa  su  pretensión  invalidatoria,  es  decir,  no señala cuál sería la  cobertura   de   la   declaratoria   de   nulidad   solicitada,   en  manifiesto  desentendimiento  del  carácter rogado del recurso de casación, motivo de más  para concluir que el cargo debe ser inadmitido.   

3.4.  Cuarto cargo: Violación indirecta de  la  ley  sustancial  por incurrir los falladores en múltiples falsos juicios de  existencia   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  recurrente  manifiesta  que  los  falladores  incurrieron  en varios errores por  falsos juicios de existencia al ignorar ciertos medios probatorios.   

          Precisa  que  las  conductas por las cuales se acusó a MARÍA  CRISTINA  OCAMPO  DE  MANZANO  son  atípicas,  pero  los  sentenciadores omitieron ponderar varias pruebas que así  lo acreditaban, como las siguientes:   

          3.4.1.                                    No  es  cierto lo dicho por el Tribunal a folio 210 del fallo, en el  sentido      de     hacer     creer     que     los     esposos     MANZANO  se  presentaron  al juzgado días  antes  de  la primera inspección judicial ordenada por la Fiscalía, con el fin  de  preconstituir  pruebas  que  les sirvieran de defensa, pues lo cierto es que  desde  mediados  de  1997  habían  solicitado  en  varias  ocasiones la entrega  física  del  expediente  de  Adela  Inés  Angúlo de  Rodelo, sin conseguir su propósito.   

          Acerca  de  que  en  la  Oficina Judicial no apareció registrada la  demanda    presentada    en    nombre    de    Adela  Angúlo,  el defensor aduce que dicha extrabajadora se  unió  al  proceso laboral promovido por Antonio López  Blanco     en     virtud     de     “acumulación  procesal”,  motivo  por el  cual no fue relacionada al momento de efectuar el reparto.   

          Añade  que  al  darse  por  sentada  la inexistencia del mencionado  diligenciamiento  laboral,  se  creó una “conciencia  de  ilegalidad”,  amén  de  que  no  se  agotó  la  búsqueda  correspondiente  en  la  bodega  de  la  Oficina  Judicial, pese a la  insistencia  de  la  defensa,  circunstancia  en  la  cual apoya su solicitud de  aplicar  el  principio  in  dubio  pro reo a favor de su patrocinada.   

          3.4.2.                                    Rechaza   que   se  hubiera  dicho  en  el  fallo  que  Adela   Inés   Angúlo   y  Fernando  Alonso Otero otorgaron poder a la  doctora  MARÍA CRISTINA OCAMPO DE MANZANO  el  24  de  abril  de  1995,  esto es, cinco (5) días después de  proferido  el  mandamiento  de  pago,  pues  lo  cierto  es  que  tal  fecha  no  corresponde  a  la de presentación del poder sino a la de autenticación de una  copia  del  mismo y añade que la copia del anverso, por ser simple y haber sido  obtenida en FONCOLPUERTOS, no presta mérito probatorio.   

          También  indica  que  no  es  cierto  que  los esposos MANZANO  hubieran  presentado  demanda  en  nombre   de   Lucas   Evangelista  Pérez,  que  hubieran  callado  su fallecimiento y que no determinaron el  mes  al  cual  correspondía el cobro, pues por el contrario, al ser notificados  de  la  muerte  del  causante,  prosiguieron  su  acción  laboral  con el poder  otorgado   por   José   Pérez   Sanjuan,  quien a su vez contaba con el poder dispuesto por los hermanos de  éste.   

          Además      destaca      que      los     doctores     MANZANO sí anunciaron el fallecimiento de  Lucas  Evangelista Pérez, al  punto  que  sólo cobraron desde enero de 1989 “hasta  18  días  de 1992”, dado que el mencionado ciudadano  falleció el 18 de enero de dicha anualidad.   

          Agrega   que   no   es   cierto   que   los   esposos   MANZANO  no hubieran determinado el mes al  cual  correspondía  el pago, pues como quedó dicho en precedencia, se precisó  que    se   cobraría   hasta   la   fecha   de   fallecimiento   del   acreedor  laboral.   

Acerca  de  la configuración del delito de  falsedad  ideológica  en  documento  público, el defensor manifiesta que si el  Juez  Octavo  Laboral  del Circuito de Barranquilla certificó la existencia del  proceso   ejecutivo   instaurado   por   Adela  Inés  Angúlo,  ello  lo que demuestra es que el proceso sí  existió.   

3.4.3.                               Asevera  el  defensor  que  acerca  del  proceso  ejecutivo   promovido   por  Adela  Inés  Angúlo  de  Rodelo,  el Tribunal erró al afirmar que no existió,  pues   los  esposos  MANZANO  demostraron   con   testimonios,   poderes,   contratos   y   copias,   que  tal  diligenciamiento  sí  cursó  en  el  Juzgado  Octavo  Laboral  del Circuito de  Barranquilla  y  que  los  demandantes  tenían  derecho a cobrar las acreencias  debidas por FONCOLPUERTOS.   

Reitera  que el Tribunal pretende encontrar  la  demanda  instaurada  a  través  de MARÍA CRISTINA  OCAMPO   por  Adela  Inés  Angulo,   sin   tener   en   cuenta  que  tal  libelo  correspondió   al   radicado   2608   acumulado  a  la  demanda  promovida  por  Antonio   López  Blanco  y  otros,  con mayor razón si se acreditó que en el referido despacho judicial no  se diligenciaban correctamente los libros radicadores.   

3.4.4.                               Señala  que  no  es  cierto  que  la  Fiscalía  hubiera  buscado  minuciosamente  en  el  Juzgado Octavo Laboral del Circuito de  Barranquilla  el  expediente extraviado, pues dicha diligencia duró menos de un  minuto,  amén  de  que  como  ya lo expresó, el proceso se inició a nombre de  Antonio  López  Blanco,  al  cual  se  acumuló posteriormente el libelo presentado en nombre de Adela  Inés  Angúlo,  razón por la cual  concluye  que si fue encontrado el proceso donde López  Blanco  figura  como demandante, ello permite concluir  que     el     trámite    promovido    por    Adela  Angúlo sí existió.   

3.4.5.                               Dice  el  impugnante  que  en  el proceso había  mérito  para  proferir  sentencia absolutoria a favor de su asistida, pese a lo  cual   ni   el   juez   de   primer  grado  ni  el  ad  quem  procedieron a ello, pues fueron creados para que  se   condenara  a  los  procesados  en  el  diligenciamiento  de  FONCOLPUERTOS,  “tema  que  ha  sido SATANIZADO como muy pocos en el  país”.   

Afirma   que   el   Tribunal  desconoció  “el  debido proceso por afectación sustancial de su  estructura  y la garantía debida a las partes, así como también el manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción y apreciación de las pruebas,  legalmente    aportadas    al    proceso,    sobre    las   cuales   fundó   su  sentencia”.   

          Insiste   en   que  no  es  cierto  que  los  doctores  MANZANO  actuaron  con  fundamento  en  un  poder     otorgado     por     Lucas     Evangelista  Pérez  cuando  ya había fallecido, pues como bien lo  señala  el  sucesor  José Pérez San Juan,  aquellos  actuaron  con  base en el poder otorgado en vida por el  causante  y luego, con fundamento con el poder otorgado por este, quien a su vez  contaba con el mandato de sus hermanos.   

Con    relación    a    Luis   Rangel   Rangel   afirma   que  el  ad    quem    concluyó  equivocadamente  que  los  doctores MANZANO  le cobraron reajustes por su pensión antes de que esta se causara  y  que  además  cobraron  tres veces el mismo factor, pero no se tuvo en cuenta  que   si   en   verdad  “le  cobraron  sus  derechos  pensionales  desde  enero  de  1984  cuando su jubilación correspondió al año  1987,  ello  constituiría  una  conducta  tan grave que, por ese solo hecho, se  habría trasgredido la ley penal”.   

Señala  que  lo que realmente ocurrió fue  que  el Tribunal recogió un comentario del fallo de primer grado y se limitó a  repetir    una    afirmación    equivocada   incurriendo   en   “graves   errores   de   existencia   como  de  apreciación  de  las  pruebas”,  pues  lo  cierto  es que si bien mediante  resolución   038683   de   1987   se   reconoció   a   favor  de  Luis  Rangel  su  derecho  pensional,  tal  reconocimiento  se  realizó  de  manera  retroactiva desde el año 1983, época  para cuando de consolidó el referido derecho.   

          Igualmente  dice  que  tampoco el mencionado ciudadano se benefició  con  tres  pagos  por  el  mismo concepto según lo manifiesta el Tribunal, pues  sólo  se  reajustó  y  ordenó el pago por concepto de Ley 4ª de 1975 y 71 de  1988  por  medio de la Resolución 1535 del 21 de octubre de 1997 y a través de  la  Resolución  532 de pagó la llamada “prima sobre  prima”,  sin  que  los motivos de dichos pagos hayan  sido  los  mismos, máxime cuando no se apreció la transacción aportada por la  defensa  ni  la  declaración  rendida  por  el  ex  director  de  FONCOLPUERTOS  Salvador  Atuesta  Blanco, en  manifiesta violación de las reglas de apreciación de las pruebas.   

          Asevera   que   en   las   páginas   218  y  219,  el  ad  quem  yerra de nuevo, pues refiere que  mediante  la Resolución 076 del 22 de marzo de 1996 se reconoció un reajuste a  la  pensión  de  Víctor  Miranda  Gómez  conforme  al  mandamiento  de pago proferido por el Juzgado Cuarto  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla  el  30 de agosto de 1995, sin tener en  cuenta  que  dicho  concepto  ya  había  sido  acordado  en  la  diligencia  de  conciliación  096  de  junio  8  de  1998,  cuando  lo  cierto  es  que  en los  considerandos  de  dicha  resolución se dijo que la Ley 36 de 1992 establece la  obligación  de  cancelar  sumas  de dinero reconocidas en fallos condenatorios,  que  en  los juzgados laborales se libraron mandamientos de pago en contra de la  Empresa  Puertos  de  Colombia  y que “el Dr. ARMANDO  VALENCIA  CARRILLO  presentó  demanda  ejecutiva ante los juzgados laborales de  Barranquilla como mandatario judicial”.   

De  lo  expuesto  concluye que si el doctor  Armando Valencia Carrillo fue  el  que  en  dicho  asunto  representó  a los extrabajadores, es claro que nada  tenía  que  ver  con  ello  su asistida, doctora MARIA  CRISTINA  OCAMPO  DE  MANZANO, amén de que el concepto  cancelado  correspondía  a  un  mandamiento de pago ejecutoriado, no al pago de  reajustes  dispuestos  en las leyes 4ª y 71 de 1988, sobre los cuales versó la  conciliación.   

          Precisa  que los cobros son diferentes entre sí, que los apoderados  no  tienen  ninguna relación y que por tanto, no se presenta un doble cobro por  el mismo factor, como erradamente lo asumió el Tribunal.   

Para  concluir  afirma que el Tribunal dijo  que  el  referido  mandamiento  de  pago  nunca  reposó  en las carpetas de los  pensionados  beneficiarios,  sin  tener  en  cuenta  que  en  la  diligencia  de  inspección  judicial  practicada  a los archivos de FONCOLPUERTOS se obtuvo tal  documento,  pues  bastaba que dicha entidad tuviera una copia del mandamiento de  pago  para  que  a partir de ello adelantara las conciliaciones pertinentes, sin  que  fuera  necesario  cumplir  la exigencia dispuesta por el Tribunal de que el  mandamiento   de  pago  debía  reposar  en  la  carpeta  de  cada  uno  de  los  beneficiarios, exigencia que excede el alcance de la ley.   

Con fundamento en lo anotado, el demandante  solicita a la Sala casar la sentencia impugnada.   

3.4.6.                               Critica   el   censor   que   el   ad   quem  manifestara  respecto  de  las  resoluciones  138 y 139 del 31 de enero de 1995 que primero se ordenó el pago y  luego  se  realizó  la  conciliación,  pues lo que ocurrió fue que, según se  acreditó  con  constancia  expedida  por  el Banco Ganadero el 21 de octubre de  1999  y con la declaración de Nelson Moros,  el  producto  de  las  resoluciones fue pagado el 3 de febrero de  1999,  esto  es,  tres  días  después de haber sido proferidas, pruebas que no  fueron apreciadas.   

          Con  relación  a  la  Resolución  142  de  1995,  sobre la cual el  Tribunal  dijo que no se consiguió allegar la respectiva acta de conciliación,  el  defensor  considera que tal acta no apareció dado que los pagos que en ella  se  ordenaron correspondían a derechos ciertos e irrenunciables, no susceptible  de conciliar.   

          En  cuanto  atañe a la Resolución 1586 de diciembre 16 de 1994, el  recurrente  manifiesta que, contrario a lo afirmado por el Tribunal, en su texto  sí    consigue    establecerse    que    se    refiere    a    un    acta    de  conciliación.   

Igualmente  señala que, como lo manifestó  el  doctor  HERNANDO MANZANO,  la  Resolución  171  “ordena  el pago de los mismos  procesos,  pero por el 25% restante” y la Resolución  172   “ordena  la  cancelación  de  las  actas  de  conciliación  que se convinieron para cancelar los procesos de Abel J. Palomino  Royero  y  otros,  José del Carmen Niño Tapias y otros, Alicia Madera Madera y  otros,  Ambrosio  Vargas  San  Juan  y  otros,  José  Ospino Valencia y otros y  Alejandro A. Maury y otros”.   

          Es  decir,  asevera  el  defensor que como ya lo ha alegado en otras  ocasiones,  se  trata de un simple error de transcripción, pues “la   Resolución   172   fue   complementaria   a   la   resolución  1587”.  Como  pruebas  no  apreciadas  menciona  las  resoluciones 1587, 1586, 171 y 172.   

3.4.7.                               Refiere  que  no  es  cierto  que  BELISARIO  DEYONGH no contara con poderes y  sustitución  de los mismos, pues tales documentos aparecen en las hojas de vida  de  los  extrabajadores,  donde  nunca  fueron buscados, amén de que las copias  aportadas   por   los   doctores   MANZANO  corresponden  sólo  a una parte de los documentos que quedaron en  su   oficina   luego   de  la  diligencia  de  allanamiento  practicada  por  la  Fiscalía.   

También afirma que no es cierto lo expuesto  por  el ad quem, en el sentido  de  que la defensa no señalara el fallo del Consejo de Estado por cuyo medio se  pronunció  acerca  de los reajustes adeudados a los pensionados por concepto de  unas  diferencias  derivadas  de  la  aplicación de la Ley 4ª de 1976, pues lo  cierto  es  que  no  solamente  se indicó tal sentencia, sino que se aportó su  texto.   

          Agrega  que  tampoco es cierto que las conciliaciones fueron pagadas  al  día  siguiente  de  su  realización,  pues  los mandamientos de pago y las  reclamaciones  datan de 1994, sin que sobre el particular el Tribunal tuviera en  cuenta    las    explicaciones   brindadas   por   los   doctores   MANZANO sobre el particular.   

3.4.8.                               Acerca  de  las resoluciones 238, 022, 023, 040,  039,  163,  162  y 165, sobre las cuales se afirma en la sentencia impugnada que  se  encuentran  en  igualdad  de  condiciones  a  las  mencionadas en el numeral  anterior,  el  demandante  expresa  que  no  se  tuvieron  en cuanta las pruebas  obrantes  en  la  actuación,  tales como los poderes y las sustituciones de los  mismos  que  se  encuentran  en  el  expediente  “EN  FLAGRANTE  VIOLACIÓN  AL  DEBIDO  PROCESO  Y  AL DERECHO DE DEFENSA”,    más    aún    cuando    a    los   doctores   MANZANO  se  los  privó  de probar que no  actuaron  como  determinadotes  de  los  delitos  de  peculado y prevaricato por  acción,  pues  en  su  momento  se  negó  la  práctica  de  la  diligencia de  inspección judicial solicitada por la defensa.   

          Precisa  que  no  podían  los  falladores  reclamar  documentación  alguna  como fundamento de las actas, con mayor razón si no especifican cuáles  son  los documentos exigidos y estos no se encuentran taxativamente establecidos  en  precepto  legal  alguno,  amén de olvidar que posteriormente a efectuar los  pagos,  FONCOLPUERTOS  archivaba los poderes y demás documentos en las hojas de  vida  de  los  extrabajadores  beneficiarios, lugar donde no fueron buscados por  los  funcionarios  judiciales,  razón  por  la  cual no se puede exigir que los  poderes  se  encontraran  autenticados,  que el pago parcial de los mandamientos  obedeciera  a  razones  presupuestales  y  no  a  pagos fraccionados o que en el  proceso  no  se  debatió  si  los  extrabajadores  contaban  realmente  con los  derechos  objeto  de  conciliación,  motivo  por  el  cual  estima que no puede  ponerse  en  duda  lo que los referidos documentos informan con afirmaciones del  Tribunal,  tales  como  que  se  aceptó  el acuerdo sin verificar si los montos  correspondían  a la realidad o que cuando se trata de conciliar mandamientos de  pago  no  se  requiere  el  reconocimiento  de personería jurídica, de todo lo  cual,  concluye  el recurrente que no se configuraron las conductas atribuidas a  su representada.   

3.4.9.                               Dice  el  recurrente  que  el  Tribunal yerra al  manifestar  en  el  fallo  atacado  que  hubo  apresuramiento en los pagos a los  doctores  MANZANO, cuando en  verdad,  tales  acreencias no fueron canceladas en un solo día, pues no se tuvo  en  cuenta que medió un largo tiempo entre la liquidación y la elaboración de  la  documentación  requerida  para  el pago. Una vez establecido lo anterior se  imprimían  las  resoluciones  y  se  fechaban  dichos  documentos, sin que ello  implicara  que  el  proceso  de pago se efectuara en un solo día, circunstancia  que  denota  que el ad quem no  ponderó   lo   dicho   al   respecto   por   HERNANDO  MANZANO en su indagatoria.   

Reitera que los mandamientos fueron pagados  de  manera  parcial, no fraccionados como lo dijo el Tribunal, circunstancia que  obedecía  a  exigencias  presupuestales,  amén de que los pagos debían contar  con  los soportes documentales pertinentes, los cuales no siempre eran de fácil  recolección.   

          Asevera  que no es cierto que se hubieren efectuado pagos dobles por  el  mismo  concepto,  ni que primero se pagaba y luego se conciliaba. Igualmente  afirma  que  tampoco  es  cierto  que  las  reclamaciones  carecían de soportes  idóneos   y  suficientes  para  acreditar  las  obligaciones  de  FONCOLPUERTOS  respecto  de  los  extrabajadores  o que no se cumpliera en el desarrollo de las  diligencias    de    conciliación    con    los    requisitos   mínimos   para  adelantarlas.   

          Precisa  que  si  bien  no se relacionaban los juzgados, ello no era  necesario,  pues  con  la  simple  lectura de los mandamientos de pago, anexos a  cada  trámite,  podía establecerse la autoridad judicial que los expidió, sin  que tal omisión comportara irregularidad alguna.   

3.4.10.            Aduce el impugnante que yerra el  Tribunal  al  afirmar  que  la  corrupción era imperante en FONCOLPUERTOS, toda  vez,  que los doctores MANZANO  cobraron   por   vía  judicial  acreencias  laborales  a  través  del  proceso  ejecutivo,  las  cuales  no  requerían  el agotamiento de la vía gubernativa y  sólo  se  necesitaba  el  respectivo poder y la resolución de jubilación para  tramitarlas,  motivo  por  el  cual  considera  que  se  violaron  las reglas de  producción  y  apreciación de las pruebas, así como el derecho a la defensa y  al debido proceso de su procurada.   

3.4.11.               Niega   que   los   doctores  MANZANO siempre acudieran al  Inspector  Tercero  del  Trabajo para realizar las diligencias de conciliación,  pues   algunas   de   tales   diligencias,   según   lo  refirió  HERNANDO  MANZANO en su indagatoria, fueron  realizadas  en  el  Juzgado  Sexto Laboral del Circuito de Barranquilla y en las  Oficinas   del   Trabajo   en   Bogotá,  las  cuales  nunca  fueron  objeto  de  averiguación en este diligenciamiento.   

          3.4.12.                    Afirma  que  el  Tribunal  violó  las reglas de  producción  y  apreciación  de las pruebas en procura de sentenciar a personas  inocentes,  pues  cercena  el numeral tercero del certificado a través del cual  se   acredita  que  los  doctores  MANZANO  no requerían reconocimiento de personería jurídica para actuar,  dado  que tal reconocimiento se había producido en una instancia anterior y por  ello,  no  estaban obligados a aportar los respectivos poderes para actuar, pese  a  lo  cual  los  allegaron y reposan en las hojas de vida de cada extrabajador,  los  cuales,  como  ya  lo  ha expuesto, no fueron buscados por los funcionarios  judiciales.   

3.4.13.            Plantea  el recurrente que en el  proceso  que  se  adelantó  contra Luis Eduardo Cuello  Rojas,   Juez   Octavo   Laboral   del   Circuito  de  Barranquilla,   en   relación   con   los  mismos  hechos  que  motivaron  este  diligenciamiento,  los  sentenciadores,  esto  es, el Tribunal de Barranquilla y  esta  Sala,  decidieron  con  base  en  pruebas  incompletas, sin contar con los  medios probatorios que aquí obran.   

          Acto  seguido  indica que no es cierto que en la referida actuación  no     existiera    “ningún    rastro”    del    proceso   adelantado   en   nombre   de   Adela  Inés Angúlo de Rodelo, pues por el  contrario,  allí  aparece  en  los  libros el radicado 2608 donde consta que se  registró  el  proceso  promovido  por  Antonio López  Blanco.  Obran  las  declaraciones  de  los  clientes  quienes  informan  que  acudieron  al  Juzgado  Octavo  Laboral  del Circuito de  Barranquilla  a  consultar  el  proceso, apareció copia de las sustituciones de  los  poderes,  figuran  las  copias  de  las  resoluciones que dan cuenta de los  derechos  de  los accionantes, copia del documento a través del cual la doctora  MARIA   CRISTINA   OCAMPO  reasumió el poder que el fuera otorgado, entre otros documentos.   

          Añade   que,  como  ya  lo  explicó,  el  nombre  de  Adela  Inés  Angúlo  de Rodelo no aparece  registrado  en  los  libros,  en  atención  a  que  su demanda fue acumulada al  trámite    promovido    por   Luis   Carlos   Moreno  González,  además  de  que  en  el  citado  despacho  judicial  no se diligenciaban correctamente los libros, según fue establecido a  lo largo de la investigación.   

Destaca  que  esta  Sala  no tuvo en cuenta  dentro  del  proceso  adelantado  contra  el Juez Octavo Laboral del Circuito de  Barranquilla,   la   copia   del   mandamiento  de  pago  que  se  encontró  en  FONCOLPUERTOS,  pese a que no fue hallada en las carpetas de los extrabajadores.  Tampoco  se  ponderó la copia del recibido del mandamiento de de pago por parte  de FONCOLPUERTOS.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el  defensor  solicita  a la Sala casar el fallo atacado para, en su lugar, proferir sentencia  absolutoria  en  favor  de  MARIA  CRISTINA  OCAMPO DE  MANZANO.   

          Consideraciones de la Sala   

          Inicialmente  observa  la Sala sin dificultad, que si bien el censor  plantea  la  presencia de varios errores de hecho por falso juicio de existencia  derivados  de  la omisión de pruebas, en el desarrollo de la censura orienta su  esfuerzo  a cotejar su particular apreciación de ciertos medios de convicción,  con  la  valoración  judicial  que  de  los  mismos  efectuaron los falladores,  proceder  inadmisible  en  esta  impugnación  extraordinaria, dado que no tiene  como   finalidad   reabrir   debates   ya   superados,  sino  denunciar  errores  trascendentes de los sentenciadores.   

          Así  pues,  reprocha  que  no es cierto que su procurada se hubiera  presentado  al  juzgado laboral días antes de realizarse la primera inspección  judicial  ordenada  por la Fiscalía con el fin de preconstituir pruebas que les  sirvieran  de  defensa,  pero  no  señala  específicamente cuál fue la prueba  marginada   por   los  funcionarios  judiciales  que  permitía  arribar  a  una  conclusión  diversa,  omisión que le impide acreditar que el sentido del fallo  sería también diferente.   

          Tampoco  procede  a  desvirtuar lo afirmado en la sentencia, pues en  todo  caso alude a una situación anterior, ocurrida en 1997, cuya incidencia en  el asunto no atina a clarificar.   

          Es  claro que, la explicación que el defensor ofrece respecto de la  radicación  de  los  libros  en la Oficina Judicial, no pasa de ser su personal  percepción  de  las  pruebas  obrantes  en la actuación, sin que ello comporte  alguno  de  los errores de hecho por falso juicio de existencia por omisión que  denuncia.   

          Además,  la  afirmación  de que dentro de este diligenciamiento se  creó   una  “conciencia  de  ilegalidad”,  amén  de  que no se agotó la búsqueda correspondiente en la  bodega  de la Oficina Judicial, pese a la insistencia de la defensa, no alude de  manera  alguna  a la especie de yerro postulado y tanto menos resulta suficiente  para  plantear  la  aplicación  del principio in dubio  pro  reo  en favor de la acusada, pues en este último  caso  debía  el  recurrente identificar las dudas trascendentes que en punto de  la  materialidad  del  delito  objeto  de  acusación o de la responsabilidad de  MARIA   CRISTINA   OCAMPO   DE   MANZANO existieran y cuya eliminación fuera imposible.   

          En  cuanto  se  refiere  a  que Adela Inés  Angúlo  y  Fernando  Alonso  Otero  otorgaron  poder  a  la  doctora  MARÍA  CRISTINA OCAMPO DE MANZANO el 24 de  abril  de 1995, esto es, cinco (5) días después de proferido el mandamiento de  pago,  el casacionista olvida identificar la prueba omitida en su integridad por  los  funcionarios judiciales, amén de que se ocupa de restar mérito probatorio  a  la  copia  del  anverso  del  poder,  discurrir  que  no  se  aviene  con  la  demostración del reproche inicialmente formulado.   

          Considera   la   Sala   que   el   recurrente   procede  a  criticar  fragmentariamente  la  decisión  de condena proferida en contra de MARÍA  CRISTINA OCAMPO DE MANZANO, pero no  emprende  la  ponderación  conjunta  de las pruebas obrantes en la actuación y  sólo  encamina su actividad a dar explicaciones o  sugerir la forma en que  debe  entenderse  que ocurrieron los acontecimientos investigados, sin denunciar  en  concreto  errores  trascendentes  de  los  falladores  en la declaración de  justicia que cuestiona.   

Con  relación  a  que el proceso ejecutivo  promovido     por    Adela    Inés    Angúlo    de  Rodelo  si  existió,  el  impugnante  sólo procede a  resaltar  que  su  patrocinada acreditó a través de varios medios de prueba lo  contrario,  pero  no  concreta  por  qué  la apreciación de tales pruebas debe  preferirse  a  la ponderación que de otros medios de convicción efectuaron los  falladores para fundamentar el fallo de condena atacado.   

En  punto del reiterado argumento de que la  demanda   instaurada  a  través  de  MARÍA  CRISTINA  OCAMPO   por  Adela  Inés  Angulo  fue  acumulada  a  la  demanda  promovida  por  Antonio López Blanco y otros  y  que  se  acreditó que en Juzgado Octavo Laboral del Circuito de Barranquilla  no  se diligenciaban correctamente los libros radicadores, considera la Sala, de  una  parte,  que  ello corresponde a afirmaciones indemostradas del recurrente y  de  otra,  que  no  acredita  que  los sentenciadores marginaron algún medio de  prueba obrante en la actuación.   

En  cuanto se refiere a que la Fiscalía no  buscó  detenidamente  en el Juzgado Octavo Laboral del Circuito de Barranquilla  el     proceso    promovido    por    Adela    Inés  Angúlo   y  que  si  apareció  el  diligenciamiento  adelantado    en    nombre    de    Antonio   López  Blanco  se  concluye que el primer trámite mencionado  si  existió,  es  evidente  que  tal  razonamiento  no  pasa  de ser la postura  particular  del  defensor,  pero  no permite establecer que reprocha un especial  yerro  en  los  falladores  y tanto menos, que alguna prueba fue marginada en la  providencia  objeto  de  impugnación, en manifiesto olvido de la presunción de  acierto y legalidad de la que está revestida tal decisión.   

Respecto de la observación del casacionista  referida  a que en el proceso había mérito para proferir sentencia absolutoria  a  favor  de  su  asistida, pero se la condenó por estar vinculada al asunto de  FONCOLPUERTOS,  “tema que ha sido SATANIZADO como muy  pocos  en  el  país”,  baste  señalar  que una tal  afirmación  carece  de  demostración,  no  cumple  las exigencias de lógica y  adecuada  argumentación  propias  del  recurso de casación y no denuncia error  alguno de los funcionarios judiciales.   

          Como  también  el  censor  dice  que el ad  quem desconoció “el debido  proceso  por afectación sustancial de su estructura y la garantía debida a las  partes,  así  como  también  el  manifiesto  desconocimiento  de las reglas de  producción  y  apreciación  de  las  pruebas  legalmente aportadas al proceso,  sobre  las  cuales  fundó su sentencia”, fácilmente  se  observa,  en  primer  lugar,  que  viola  el  principio de autonomía de las  causales,  pues  de  manera  sincrónica y en el mismo reproche invoca la causal  tercera  de  casación  referida  a  vicios  en  la  estructura  del proceso, el  desconocimiento  de  las reglas de producción de las pruebas que corresponde al  error  de derecho por falso juicio de legalidad, y el quebranto de las reglas de  apreciación  de  los  medios  de  prueba  que  trata  de  la  causal primera de  casación  apartado  segundo,  todo  lo  cual vulnera el principio de claridad y  precisión  dispuesto  por  el legislador en el numeral 3º del artículo 212 de  la Ley 600 de 2000.   

          Acerca  de  la  representación  que  su  procurado  y  HERNANDO  MANZANO  ejercieron en nombre de  Lucas  Evangelista  Pérez,  evidencia  la Sala que el defensor una vez más plantea su particular visión de  los  medios  de  prueba, además de que no se detiene a demostrar errores en los  falladores,   y   lo  más  importante,  omite  acreditar  que  tales  supuestos  equívocos   condujeran  a  trastocar  las  conclusiones  de  la  sentencia  del  ad  quem,  con  lo  cual, la  queja resulta estéril.   

Como    respecto    de    Luis  Rangel  Rangel  afirma el recurrente  que  no  es cierto que los doctores MANZANO  le cobraron reajustes por su pensión antes de que esta se causara  y  que  además  cobraron  tres veces el mismo factor, pues no se tuvo en cuenta  que   si   en   verdad  “le  cobraron  sus  derechos  pensionales  desde  enero  de  1984  cuando su jubilación correspondió al año  1987,  ello  constituiría  una  conducta  tan grave que, por ese solo hecho, se  habría   trasgredido   la  ley  penal”,  nuevamente  consigue  establecer la Sala que el demandante plasma su criterio en punto de la  apreciación  de  los  medios de prueba,  pero no acomete su obligación de  demostrar    que    el    Tribunal    erró   el   efectuar   tal   ponderación  probatoria.   

Dado que también el recurrente dice que el  ad   quem   incurrió   en  “graves  errores  de existencia como de apreciación  de  las  pruebas”,  fácilmente  se advierte que tal  argumentación  viola el principio lógico de identidad, según el cual, algo no  puede  ser  y  no  ser  al  mismo  tiempo,  en la medida en que si la prueba fue  marginada  en la apreciación judicial, no puede a la par afirmarse que se erró  en  su  apreciación.  Es  decir,  el medio de convicción no pudo ser omitido y  valorado  al  mismo  tiempo,  planteamiento  que  no  se  ajusta al principio de  claridad   y   precisión   establecido  por  el  legislador  para  demandar  en  casación.   

          Con   relación   a   que   Luis   Rangel  Rangel  no  se  benefició con tres pagos por el mismo  concepto  según  lo manifiesta el Tribunal, error que se produjo al no tener en  cuenta  la  transacción  aportada por la defensa ni la declaración rendida por  el  ex  director  de  FONCOLPUERTOS  Salvador  Atuesta  Blanco,  en  manifiesta  violación  de  las reglas de  apreciación  de  las  pruebas, considera la Sala que el casacionista no atina a  demostrar  que  en  verdad  tales pruebas fueron marginadas en el fallo atacado,  además  de  que,  lo  más importante, no acredita la trascendencia de ellas en  las  conclusiones  de  la  sentencia  de  condena  proferida  en  contra  de  su  representa  al  ser  ponderadas en conjunto con los demás medios probatorio que  sirvieron de fundamento a dicha decisión.   

En   cuanto   se   refiere   a   que   la  doctora  MARIA  CRISTINA OCAMPO DE MANZANO  no  tuvo  nada que ver acerca de algunas reclamaciones presentadas  por  los  extrabajadores  de FONCOLPUERTOS ya que fueron representados por otros  abogado,  encuentra  la  Sala  que  el planteamiento es fragmentario y por tanto  insuficiente  respecto  de  los  argumentos  planteados por el Tribunal sobre el  particular,  con mayor razón si no se ocupa de efectuar la valoración conjunta  de  las  pruebas  y  a  partir  de  ello,  demostrar  que  el  sentido del fallo  cambiaría  en  provecho  de  los  intereses  de su asistida si se corrigiera el  yerro denunciado.   

En  punto  del  pago de los mandamientos de  manera  previa  a  la  realización  de  las  diligencias  de conciliación, sin  dificultad  observa  la  Sala  que  el  recurrente  pretende una vez más que la  valoración  de  las  pruebas se efectúe de conformidad con su percepción, sin  detenerse  a  ponderar otros medios demostrativos que sirvieron de fundamento al  fallo  de  condena, sin denunciar yerros de los falladores y omitiendo acreditar  su incidencia en la decisión cuestionada.   

          En    referencia    a    que   no   es   cierto   que   BELISARIO  DEYONGH no contara con poderes y  sustitución  de los mismos, pues tales documentos aparecen en las hojas de vida  de  los  extrabajadores,  donde  nunca  fueron  buscados, estima la Sala, de una  parte,  que  el  defensor  aboga  por la situación de un procesado respecto del  cual  no  tiene  representación  y  de otra, que si la queja apunta a que no se  guardó  el  principio  de investigación integral, le correspondía acudir a la  causal  tercera  e  casación,  la cual, desde luego, comporta una demostración  diversa de la emprendida en esta censura.   

Con relación a que no es cierto lo expuesto  por  el ad quem, en el sentido  de  que  la defensa no señaló el fallo del Consejo de Estado por cuyo medio se  pronunció  acerca  de los reajustes adeudados a los pensionados por concepto de  unas  diferencias  derivadas  de la aplicación de la Ley 4ª de 1976, encuentra  la  Sala  que el censor no atina a demostrar la incidencia sustancial definitiva  de tal situación en las conclusiones del fallo atacado.   

Como el impugnante aduce que se violaron las  reglas  de  producción y apreciación de las pruebas, así como el derecho a la  defensa  y  al  debido proceso de su procurada, fácil resulta establecer que un  tal  planteamiento denota confusión, pues de una parte, los errores en punto de  la  producción de las pruebas se enmarcan dentro del falso juicio de legalidad,  los  yerros  en  la  apreciación  de  las  mismas se encuentran recogidos en la  causal  primer  de casación, cuerpo segundo y la violación del derecho de  defensa   y   del   debido   proceso   corresponden   a  la  causal  tercera  de  casación.   

Además  de lo anterior, como el recurrente  indica  que  el fallo impugnado violó el derecho al debido proceso y el derecho  a  la defensa de su asistida, es claro que no tiene en cuenta que corresponden a  dos  ámbitos  diversos  y  delimitados.  El primero, la vulneración del debido  proceso,  constituye  por  regla  general  un  vicio  de  estructura  (falta  de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto  que  el segundo, el quebranto del derecho de defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el cual no es posible invocarlos de manera simultánea,  en   igualdad   de  condiciones,  por  las  mismas  razones  y  con  los  mismos  planteamientos,  menos aún, alegarlos a la par de la violación indirecta de la  ley sustancial, como ya se precisó.   

          Respecto  de  que  no  es  cierto que MARIA  CRISTINA  OCAMPO  y  su  esposo  siempre  acudieran al  Inspector  Tercero  del  Trabajo para realizar las diligencias de conciliación,  pues  algunas de tales diligencias fueron realizadas en el Juzgado Sexto Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla  y  en  las Oficinas del Trabajo en Bogotá, las  cuales  nunca fueron objeto de averiguación en este diligenciamiento, considera  la  Sala  que  en  tal planteamiento el defensor no orienta su labor a demostrar  errores  en  los  falladores, ni la trascendencia de ellos en la declaración de  justicia que censura.   

          Como  el  censor  manifiesta  que  el  propósito  del  Tribunal era  condenar  a  personas  inocentes, fácil resulta establecer que tal aseveración  indemostrada  no  entraña  en  concreto  la  denuncia  de  error  alguno en los  funcionarios judiciales.   

En  punto  de la crítica presentada por el  casacionista,  por  cuyo  medio  aduce que en el proceso que se adelantó contra  Luis  Eduardo  Cuello  Rojas,  Juez  Octavo  Laboral  del Circuito de Barranquilla, en relación con los mismos  hechos  que  motivaron este diligenciamiento, tanto el Tribunal de dicha ciudad,  como  esta  Sala, decidieron con base en pruebas incompletas, baste señalar que  esta  no  es  la  oportunidad  ni  el  espacio  dispuesto por el legislador para  controvertir  tales  decisiones,  dado  que  el  mencionado ex funcionario no es  sujeto procesal dentro del presente diligencimiento.   

En  resumen  de lo anterior, considera la  Sala  que  como el recurrente no sujeta su libelo casacional a los requisitos de  lógica  y  adecuada  argumentación  establecidos  para acudir a este mecanismo  impugnaticio  extraordinario, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213 de  la Ley 600 se impone admitir la demanda presentada.   

4.   Demandas  presentadas  a  nombre  de  HERNANDO  MANZANO  PEÑARANDA  y  BELISARIO  DEYONHG  MANZANO   

          Habida  cuenta  que  los  libelos  casacionales  presentados por los  defensores  de  los  mencionados  procesados  se  orientan a plantear las mismas  pretensiones  con base en similares reproches, estima procedente la Sala que por  razones  metodológicas  se  resuman y analicen de manera conjunta, a lo cual se  procede a continuación.   

4.1.          Nulidad de la actuación   

4.1.1.                               El defensor de HERNANDO  MANZANO  PEÑARANDA  formula,  con amparo en la causal  tercera de casación, los siguientes seis (6) cargos:   

Primer  cargo.  Violación  del  derecho de  defensa   

Solicita  decretar  la nulidad a partir del  fallo  de segunda instancia por violación al derecho de defensa, cuyo quebranto  sustenta  en  el hecho de no haberse valorado en dicha pieza procesal la copiosa  prueba  documental,  testimonial  e  indiciaria  que  se  recaudó  en  el curso  de   la actuación procesal con miras a demostrar el real adelantamiento en  el  Juzgado  Octavo Civil del Circuito de Barranquilla del proceso ejecutivo que  originó  el  mandamiento  de  pago librado el 19 de abril de 1995, pruebas que,  consecuencialmente,  acreditaban  la ausencia del delito de falsedad material en  documento público por razón del cual se condenó al procesado.   

En  diecinueve (19) numerales el demandante  relaciona    las    pruebas    que,    según    expresa,    omitió    apreciar  el   ad  quem,  tras lo  cual  precisa  que tal reseña no tiene propósitos demostrativos de los hechos,  sino    solamente   “evidenciar   el   cúmulo   de  instrumentos  o  medios  para  develar  la  realidad,  todos  aportados  por  la  defensa”     cuya    no    valoración  convirtió “la  labor  defensiva en un ejercicio tan inocuo, como un canto a la luna”.   

Segundo  cargo.  Violación  del derecho de  defensa   

Por  vulnerarse  también  el  derecho  de  defensa,  pide  decretar  la  nulidad  a partir de la resolución de acusación,  atendiendo  que  ni  en  esa  pieza  procesal  ni en las sentencias de primera y  segunda  instancia  se  precisaron las normas que se vulneraron al expedirse las  resoluciones  y  conciliaciones  por  virtud  de  las  cuales  se  atribuyó  al  procesado  el punible de prevaricato a título de determinador, lo cual impidió  acreditar su inocencia.   

Tercer  cargo.  Violación  del  derecho de  defensa y el debido proceso   

Al considerar que el sentenciador varió los  fundamentos  con  apoyo  en  los cuales se acusó al procesado como determinador  del  ilícito  de  peculado por apropiación, proceder violatorio del derecho de  defensa  y  del debido proceso, impetra la nulidad a partir del fallo de segunda  instancia.   

Según el demandante, tal variación, que se  puso   de  presente  en  el  recurso  de  apelación  sin  que  el  ad  quem  corrigiera dicho error, ocurrió  porque   en  el  pliego  de  cargos  se  imputó  a  los  abogados  MANZANO  recibir  el  pago  de  sumas  no  debidas  a  sus  beneficiarios, mientras en la sentencia de primera instancia se  indicó  que  el mencionado ilícito derivó de la falta de poder para actuar de  los  MANZANO, quienes entonces  carecían de facultades para recibir el pago.   

Cuarto  cargo.  Violación  al  derecho  de  defensa   

Pretendiendo   la   invalidación  de  la  actuación  desde el fallo de segundo grado, aduce que se desconoció el derecho  de  defensa cuando el juzgador de primer grado negó la inspección judicial que  se  solicitó  para  acreditar  la  existencia  de  poderes,  lo  cual  creó el  escenario  propicio  para  que  años  más  tarde  se  condenara al acusado por  determinar  el  delito  de  peculado  bajo  el  argumento,  precisamente,  de la  ausencia de facultades para actuar.   

   

Quinto  cargo.  Violación  del  derecho de  defensa y el debido proceso   

          Argumentando  el  quebranto  del  derecho  de  defensa  y del debido  proceso,  solicita decretar la nulidad de lo actuado a partir del 11 de abril de  2000,  fecha en que cobró ejecutoria la resolución de acusación. En esa data,  añade,  se  originaron  las  violaciones a dichas garantías fundamentales, que  luego  se  concretaron  en  las  sentencias  de  primera y segunda instancia, en  cuanto  en  éstas  se  condenó  al  procesado  como  determinador  sin  prueba  demostrativa    de    la  “realización de actos con la capacidad de hacer que  los    servidores    públicos,   adoptaran   resoluciones   o   determinaciones  delictivas”.   

En   concepto   del   casacionista,   los  sentenciadores  se  limitaron  a  señalar  en  abstracto que existían indicios  demostrativos  de  la  determinación, pero no los identificicaron ni efectuaron  el  discernimiento  lógico indispensable para establecer por qué demuestran la  determinación,  lo  cual  impidió  saber  las  razones  probatorias  en que se  sustentaron la acusación y la sanción.   

Sexto  cargo.  Violación  del  derecho  de  defensa y el debido proceso   

Por  conculcar,  igualmente,  el derecho de  defensa    y    el    debido   proceso   solicita  invalidar la actuación a partir de la fecha en que cobró  ejecutoria  la  sentencia  de  segunda instancia. Plantea como vicio el hecho de  cimentarse  dicha  decisión  en  la sentencia proferida por la Corte Suprema de  Justicia   contra   el   Juez  Octavo  Laboral  del  Circuito  de  Barranquilla,  invocándose  a modo de jurisprudencia cuando en realidad se trata de una prueba  producida   por   fuera   del  debate  probatorio,  en  cuanto  se  originó  en  “un  caso  jurídicamente similar pero fácticamente  diverso”, en cuyo trámite los abogados MANZANO   no   tuvieron   oportunidad  de  defenderse.   

          4.1.2.                                    A  su  turno,  la  defensora  de  BELISARIO  DEYONHG  MANZANO  postula once (11) cargos por nulidad.  Seis  (6) de ellos son idénticos a los formulados en la demanda de HERNANDO  MANZANO, los cuales corresponden  a  los  reproches  que  van del cuarto al noveno. Los restantes se resumen así:   

        Primer  cargo.  Violación  del  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso   

          Por  violarse las normas atinentes a la valoración de los indicios,  incurriéndose  en  vulneración  del debido proceso y el derecho de defensa, la  representante  judicial  del  procesado DEYONHG MANZANO  solicita declarar la nulidad de lo actuado a partir de  la sentencia de segunda instancia.   

Fundamenta  su pedimento, señalando que en  la  investigación obran dos hechos indicativos de la existencia del proceso que  cursó  en  el  Juzgado Octavo Laboral del Circuito de Barranquilla, como son la  copia  auténtica  del  mandamiento  de  pago  del  19  de  abril  de  1995 y la  certificación  expedida en el referido sentido por el titular de dicho despacho  judicial.   Esos   indicios,  añadió,  el  sentenciador  los  declaró  falsos  simplemente  por  oponerse  a  la  presunción  de  éste, conforme a la cual el  proceso nunca existió.   

        Segundo  cargo.  Violación  del  derecho  de  defensa  y  el debido  proceso   

          Pretendiendo  también  la  invalidación  de la actuación a partir  del  fallo de segundo grado, aduce que el juzgador conculcó el debido proceso y  el  derecho  de  defensa  porque  sostuvo la inexistencia del mencionado proceso  ejecutivo,  a pesar de omitirse visitar el sótano de la Oficina Judicial, lugar  donde  la secretaria del juzgado declaró que podría encontrarse. Esa omisión,  en  su  criterio,  suponía  el  surgimiento  de  una  duda  razonable  sobre la  inexistencia  del  expediente  que  debió  resolverse a favor del procesado, en  virtud del principio in dubio pro reo.   

        Tercer cargo. Violación del derecho de defensa   

          Solicita  declarar  la  nulidad  a partir de la sentencia de segunda  instancia,  porque  a  pesar  de  anunciarse  en su momento la aportación de un  disquete  contentivo  de  la  información  referente a los repartos de procesos  efectuados   durante   los  años  1994  a  1998  por  la  Oficina  Judicial  de  Barranquilla,   la   Fiscalía   nunca   lo   hizo,  ocultamiento  que  impidió  eventualmente  establecer  un  indicio  más de la existencia del proceso dentro  del  cual  se  produjo  el  mandamiento de pago del 19 de abril de 1995, lo cual  vulneró el derecho de defensa.   

Décimo y décimo primer cargos. Violación  del derecho de defensa y el debido proceso   

          Propugna  por  la declaratoria de nulidad, por violación del debido  proceso  y  derecho  de  defensa, a partir de la sentencia de segunda instancia,  toda  vez  que  la  misma  se  emitió  cuando  la acción penal respecto de los  delitos  de  prevaricato  por acción, falsedad material en documento público y  falsedad  ideológica  en  documento  público  se  encontraba  prescrita,  y en  relación  con  el  ilícito  de  peculado por apropiación porque, aunque dicho  fenómeno  se  presentó  después  de  la  adopción de la citada decisión, la  sanción  impuesta  por  esa  conducta involucra “una  evidente   violación   al   debido   proceso   y   de  contera  al  derecho  de  defensa”.   

          Según  la  actora,  la prescripción en el caso del peculado operó  el  13  de  octubre  de  2005,  si  se  tiene  en  cuenta  que, de una parte, la  resolución  de  acusación se produjo el 11 de abril de 2000 y, de la otra, que  la  pena  máxima  a tener en cuenta para ese efecto, descontada la cuarta parte  por  acción  de  lo  dispuesto  en  el  artículo 30 de la Ley 599 de 2000, aun  cuando  sin  considerar  el  incremento  punitivo  aplicable por tratarse de una  cuantía  superior  a  200 salarios mínimos, pues no se trata esa de una causal  “sustancial       modificadora       de      la  punibilidad”,  es de 11 años , dos meses y 5 días,  que   reducida   en   la   mitad   se   convierte  en  5  años,  6  meses  y  2  días.   

          Y  frente  a  los  otros punibles, añadió la censora, el fenómeno  prescriptivo  se produjo el 11 de abril de 2005, porque habiéndose proferido el  pliego  acusatorio  igualmente  el  11 de abril de 2000 y correspondiendo a seis  (6)  años la pena máxima imponible, descontada de igual manera la cuarta parte  con  fundamento  en  el  precitado  artículo 30, el lapso a considerar para tal  propósito es el de 5 años.   

          Consideraciones de la Sala   

         Resulta  evidente  el  desconocimiento  por parte de los actores del  principio  de  prioridad que gobierna el recurso de casación cuando estructuran  los  cargos  atinentes  a  nulidad. Porque sin ningún rigor lógico postulan de  manera  desordenada  una  serie de situaciones que, en su criterio, comportan la  invalidación   de  la  actuación,  olvidando  que  en  sede  de  este  recurso  extraordinario,  cuando  se  trata  de  la causal tercera, es necesario postular  primero  aquellos cargos que mayor cobertura invalidatoria revisten y luego sí,  en   orden   progresivo,  los  que  menor  nocividad  procesal  comporten  a  la  actuación.   

         Es  así  como  empiezan  formulando  reproches  con sustento en los  cuales  solicitan  la nulidad a partir de la sentencia de segunda instancia, tal  como    acontece    con   los   cargos   primero   al  cuarto    de    la    demanda    de    BELISARIO    DEYONHG    y   primero    de    la    de   HERNANDO   MANZANO.   No  obstante,  luego  postulan  uno que, de acuerdo con su pretensión, afectaría la actuación desde  la  resolución de acusación, como ocurre con el cargo  quinto  del  primero  de  dichos  libelos  y  con  el  segundo  de  la  otra de las  comentadas demandas, coincidentes en cuanto a sus fundamentos.   

         A  renglón  seguido  plantean  dos  censuras  más donde nuevamente  propugnan  por  la  nulidad  a  partir  de  la  sentencia  de segunda instancia,  correspondiente   a   los   cargos  sexto  y séptimo de la  demanda   de   DEYONHG   y  tercero   y   cuarto   de   la   de   la   MANZANO,   igualmente,   con   idénticos  fundamentos.  Pero  inmediatamente  después  diseñan un reproche al amparo del  cual  piden  la  nulidad  desde  la  ejecutoria de la resolución de acusación,  según    así    se    observa    en    los   cargos  octavo  del  primero  de  los  mencionados  libelos  y  quinto  del  segundo,  cuyos  sustentos son también iguales.   

         Ulteriormente,  aparecen  formulando  una  censura  que se orienta a  obtener  la  invalidación  a partir de la ejecutoria de la sentencia de segunda  instancia,   como   es   el   caso   de   los   cargos  noveno    de    la    demanda    de    DEYONHG        y        sexto  y  último  de  la  de MANZANO, de idéntica confección fáctica  y  jurídica.  Para  finalizar,  el  defensor  del  primero de dichos procesados  presenta  dos  cargos  donde  solicita  la nulidad a partir del fallo de segundo  grado.   

         Si   los   impugnantes   querían  sujetarse  a  las  exigencias  de  coherencia  y  lógica argumentativa que son inherentes al recurso de casación,  es   claro   que   debieron  primero  formular  el  cargo  que  conducía  a  la  invalidación  de  la  actuación  a  partir  de  la  resolución de acusación,  después  aquel  que  afectaba  el  trámite  desde  la  ejecutoria de esa pieza  procesal,  en seguida las censuras encaminadas a dejar sin validez la ritualidad  surtida  a  partir  de  la  sentencia  de  segunda  instancia y, por último, el  reproche  con  sustento en el cual se pretende la nulidad con posterioridad a la  firmeza de la última decisión en mención.   

         Pero  es  más.  Advierte la Sala que en algunos casos los cargos no  guardan  relación  con  el  momento  a partir del cual se pide la nulidad y, en  todo  caso,  la  causal  de  casación  que  se  selecciona  para  cuestionar la  actuación  del  fallador es equivocada, situación que igual acontece con otras  censuras.   

         En  efecto,  frente  a  lo  primero,  ello  ocurre con los reproches  identificados      como      segundo,     tercero,  séptimo y octavo  en  la  demanda  de  DEYONHG,  cuyos  dos  últimos  son  coincidentes en sus fundamentos con el  cuarto   y   quinto  de  la  demanda  de  MANZANO.   

         Lo  anterior  porque en el caso de las tres primeras de las censuras  mencionadas  en  el  párrafo  precedente  se  pone de presente la no práctica,  aducción  o aportación de algunas pruebas, omisión que entonces conduciría a  la  invalidación  de  la  actuación  desde  la  oportunidad procesal en que se  presentó  la  irregularidad  o,  al  menos,  a partir de un hito procesal donde  pudieran  evacuarse  los medios de convicción echados de menos; desde luego, en  tal  evento  los  actores  estaban  en la obligación de demostrar en su caso la  pertinencia  y  conducencia  de esas probanzas y, por supuesto, la potencialidad  seria  que  tenían  de  influir  en la decisión final, lo cual se abstienen de  hacer.   

         Y  en  el  caso  del  último  de  los  comentados cargos, donde los  censores  cuestionan  al  fallador  por  condenar  a  los  procesados sin prueba  demostrativa  de  la  determinación, se observa que de esa forma se denuncia en  realidad  la  ausencia  de  fundamento  probatorio  para  emitir decisión de la  naturaleza   aludida,   situación   que   entonces   afectaría  solamente  ese  pronunciamiento,  de  manera  que  la  solicitud de invalidación a partir de la  ejecutoria de la resolución de acusación resulta incomprensible.   

         El  desarrollo  de  ese  reproche  y  la  pretensión  de obtener la  nulidad  a partir de la sentencia de segunda instancia inmersa en los otros tres  cargos  en  examen, permite concluir que, en realidad, los demandantes a través  de  ellos cuestionan la valoración que el sentenciador efectuó respecto de los  medios  probatorios  incorporados  a  la  actuación,  predicando  que éstos no  producen  certeza  sobre  la  responsabilidad  de  los acusados sino que generan  dudas que imponen la absolución de los mismos.   

         Siendo  así,  es  claro  que debieron acudir a la causal primera de  casación   para  demostrar  que  el  sentenciador,  al  incurrir  en  un  falso  raciocinio,  violó  indirectamente  la  ley  como  consecuencia de vulnerar los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las  reglas  de  la  experiencia  o  los  principios  científicos, tarea que tampoco  acometieron.   

         La    vía   que   escogieron   para   postular   los   cargos  primero,  cuarto,  sexto  y  noveno  (demanda   de   DEYONHG)  y  primero,  tercero  y  sexto  (demanda   de  MANZANO)  es,  igualmente,  equivocada.  En  el  primero  y  cuarto  (este último idéntico al  primero  del  segundo  de  esos  libelos)  se  cuestiona  al fallador desatender  indicios  y  pruebas  en  general favorables a los procesados, con lo cual no se  hacen  cosa  diversa  a  denunciar  la  no  apreciación  de medios probatorios,  omisión  esta  que  configura una violación indirecta de la ley, de manera que  cuando  se  incurre en ella en el fallo de primera instancia y esa situación es  avalada  en  el  de  segunda  instancia,  tal  situación  debe ser reprochada a  través  de la causal primera de casación, demostrándose la concurrencia de un  falso juicio de existencia.   

         Desde  luego,  en tal evento es necesario acreditar los presupuestos  propios  de  dicha  causal, como la identificación de los medios probatorios no  valorados  y  la  trascendencia  que  ese  yerro  reviste  frente a la decisión  adoptada  por  el  juzgador,  situación  esta  última  que no se observa en el  desarrollo de dichas censuras.   

       En    el    cargo   sexto  de  la demanda de DEYONHG,            correspondiente            al            tercero   de   la   de   MANZANO,  se  acusa  al  fallador  de  variar  los  fundamentos fácticos de la acusación, en cuanto la imputación se  edificó  por  recibirse  el  pago  de  sumas  no  debidas  a sus beneficiarios,  mientras  la  sentencia se fundamentó en la ausencia de facultad para gestionar  tal pago.   

         Sobre  el  particular, impera anotar que para que una censura de esa  naturaleza  tenga  vocación de prosperidad en sede de casación es necesario no  sólo  que  la incongruencia revista trascendencia sino que surja claramente con  solo  comparar  la  acusación y la sentencia, situación que deberá ser puesta  de  presente  por  el  actor.  Sin  embargo, son los propios demandantes quienes  admiten     que    “formalmente”    las   piezas   procesales   en   cita   no  ponen  en  evidencia  la  inconsonancia que denuncian.   

         Aparte  de  lo anterior, es necesario señalar que no resulta cierta  la  afirmada  variación  de los fundamentos fácticos de la acusación, pues en  ésta  sí  se  cuestionó  a  los  procesados  el  procedimiento utilizado para  obtener  el  pago  de  las  millonarias  sumas  de  dinero de que da cuenta este  proceso.  El  siguiente  fragmento  de  dicha  decisión,  cuya data es del 7 de  septiembre de 2000, es suficientemente revelador al respecto:   

“Entonces,  independientemente  a  que  en  verdad  lo  cobrado  a  través de las numerosas  conciliaciones  que  se  conocieron  en  este proceso, correspondieran o no a un  derecho  laboral  exigible  por el trabajador a FONCOLPUERTOS, en las épocas en  que  se dice se iniciaron los respectivos procesos, lo  cierto    es    que    jamás    aparece    que    se    hubiera   cumplido   el  procedimiento  que  las  leyes colombianas exigen para  obtener     la     condena     a    favor    de    ese    trabajador”5 (subrayas fuera de texto).   

         En     el    cargo    noveno    del   primero   de   los   mencionados   libelos   (cargo  sexto  del segundo) los demandantes  cuestionan  al  fallador  por  sustentar  la sentencia con una decisión de esta  Corte,  Sala  de  Casación  Penal,  emitida  dentro  de un asunto con idéntico  sustrato  fáctico  del  que  es  ahora  objeto de definición, según adujeron.   

         En  cuanto  afirman  que el Tribunal no debió tener dicha decisión  como  prueba, porque en ese asunto los procesados no contaron con oportunidad de  intervenir,  es  evidente que predican su ilegalidad. En tal virtud, lo correcto  era  que  atacaran el fallo por incurrir en un error de derecho por falso juicio  de  legalidad y, por esa vía, violar indirectamente la ley, amén de explicar y  acreditar la trascendencia del error, nada de lo cual hicieron.   

         Resta  por  analizar  solamente  los cargos  quinto,  décimo  y  décimo  primero de la demanda de  DEYONHG,   y  segundo  de  la  demanda  de  MANZANO,  coincidente  con  el  primero de  ellos.     En    el   cargo   quinto  se  cuestiona  tanto  la  acusación  como los fallos de primera y  segunda  instancia  por  no  mencionarse  las  normas  violadas al expedirse las  resoluciones  de  pago  y  celebrarse  las  conciliaciones,  situación  que  le  impidió  al  procesado  ejercer  debidamente  el  derecho  de defensa frente al  delito  de  prevaricato  que  se  le  imputo  con  sustento, precisamente, en el  desconocimiento de esas normas.   

         En  relación con el anterior reproche, importa señalar que la Sala  no  hará  referencia  al  mismo,  por  sustracción de materia, dado que por la  citada  conducta  delictiva  se  dispuso  por  la  Corte  la prescripción de la  acción  penal  en  decisión  del pasado 27 de marzo del cursante año, como ya  está dicho.   

         En    el   cargo   décimo   la  actora  aduce  la  presencia  de  la prescripción de la acción  penal  respecto  del  delito  de peculado por apropiación, y en el décimo  primero el surgimiento también de  ese  fenómeno  en  los  demás  punibles objeto de condena. La Sala sólo hará  referencia  a la situación del primero de esos ilícitos, pues en relación con  los  restantes  se  declaró  prescrita  la  acción  en  la  providencia  antes  referida,  lo cual significa que en torno a ellos, igualmente, ha perdido objeto  la   discusión.                   

         Ahora  bien,  no  resulta afortunado denunciar por vía de casación  la  existencia  de  un yerro sustentado en un hecho acontecido con posterioridad  al  fallo  de  segundo grado, porque ese medio extraordinario de impugnación se  instituyó  para  juzgar  la  legalidad  de dicha pieza procesal y, desde luego,  todas  aquellas actuaciones precedentes que sean allí avaladas por el juzgador.  Lo  acontecido  con  posterioridad, si configura irregularidad invalidante, debe  ser  corregido  antes  de que cobre firmeza la sentencia y, en caso de admitirse  el  recurso  de  casación,  puede  la  Corte  oficiosamente  remediarlo  en  su  momento.   

         Por  lo  anterior,  la  propuesta  casacional orientada a obtener la  declaratoria   de   prescripción   por   razón  del  delito  de  peculado  por  apropiación          es         inadmisible6.  Debe  sí  precisarse que la  Sala  no  advierte  que  el Estado haya perdido su potestad punitiva respecto de  ese  ilícito,  entre otras razones, porque no es cierto que la circunstancia de  agravación  punitiva  referente  a la cuantía no pueda considerarse para tales  efectos,  si  se  tiene  en consideración que, contrariamente a lo dicho por el  actor,  sí constituye fundamento modificador de la punibilidad, ya que se trata  de un hecho que acompaña la comisión del punible.   

        4.2.                           Violación    directa    de    la    ley  sustancial   

          4.2.1.                                    El   defensor   de   MANZANO   PEÑARANDA  formula  cuatro  (4)  cargos con sustento en el cuerpo  primero  de  la  causal  primera de casación. No se hará ninguna referencia al  segundo  por  ventilarse  allí  lo relativo a los delitos cuya prescripción se  ordenó por la Sala.   

          Primer cargo. Aplicación indebida de la ley sustancial   

          Aduce  la  aplicación  indebida  del  artículo  397  del  estatuto  punitivo  de  2000,  por  cuanto  se  predicó  su estructuración a pesar de no  aparecer  acreditado en los autos el “aprovechamiento  ilícito”,   elemento   propio   del  peculado  por  apropiación.  Ello  porque,  señaló, aun aceptándose probada la falsedad del  mandamiento  de  pago,  en  ningún  momento  se  estableció  que  los derechos  reconocidos  a  los  beneficiarios  en  las conciliaciones fueran inexistente y,  antes  bien,  el  propio  fallador  de primer grado admitió que a aquéllos les  asistía el derecho.   

          Además,  añade,  merced  a  que  no  se  probaron  dobles pagos ni  tampoco  ausencia  de  poderes  para  recibir;  sobre el aspecto referente a las  facultades  para  actuar,  el  demandante  argumenta  que  en  el  curso  de  la  actuación  se  aportó  gran  cantidad  de  poderes  otorgados  a  los abogados  Manzano, lo cual, sumado a la  circunstancia  de  que  todas  las conciliaciones y resoluciones indican que los  mencionados  profesionales  del  derecho  se  encontraban debidamente facultados  para      actuar,      arroja      certeza      del      debido     “empoderamiento    que   caracterizó   la   actuación   de   los  sindicados”.   

          Tercer cargo. Falta de aplicación de la ley sustancial   

          Postula  la  falta  de  aplicación  de  los artículo 233 y 237 del  estatuto  procesal penal de 2000, porque el fallador ad  quem determinó que sólo admitiría como prueba de la  existencia  del  proceso dentro del cual se profirió el mandamiento de pago del  19  de  abril  de  1995,  la  copia de la demanda que le dio origen, debidamente  firmada  y  con  el  sello  de  presentación  correspondiente,  de  manera  que  desatendería   cualquier   otro   medio  probatorio  que  se  aduzca  para  ese  propósito.   

          Con  ese proceder, concluye, el juzgador vulneró el principio de la  libertad  probatoria,  pues  el aludido hecho no requiere prueba solemne para su  demostración.   

          Cuarto  cargo. Aplicación indebida de la ley sustancial:   

          Afirma  la  aplicación  indebida  del artículo 30 de la Ley 599 de  2000,  por  sancionarse  al  doctor  HERNANDO  MANZANO  PEÑARANDA  como  determinador  de  unos  delitos  que  solamente  pueden ser cometidos por un sujeto activo cualificado, condición que  no  ostenta  el  procesado en mención. A este respecto, señala que únicamente  en  el  caso  de  la  figura  prevista  en el artículo 29 ibídem resulta dable  extender  la  calidad  de autor a una persona respecto de quien no concurran los  elementos  especiales  que  fundamentan  la penalidad de la conducta punible, si  actúa en representación de una persona o ente colectivo.   

          4.2.2.                                    Por  su  parte,  la  defensora  de  DEYONHG  MANZANO   formula  diez  (10)  cargos  por  violación  directa   de  la  ley  sustancial.  De  ellos,  el  primero,  segundo  y  cuarto  corresponden   a   los   postulados  con  esa  nomenclatura  en  la  demanda  de  MANZANO   PEÑARANDA.   A  continuación  se  resumen  los restantes, salvo el noveno que hace referencia a  punibles  por  razón  de  los cuales se declaró la prescripción de la acción  penal.   

          Quinto,  sexto  y  séptimo  cargos.  Falta de aplicación de la ley  sustancial   

          Denuncia  la violación, por falta de aplicación, de los artículos  252  y  264  del  estatuto  procesal  civil,  por desconocer el fallo los hechos  probados  por  las  actas de conciliación, por el mandamiento de  pago del  19  de  abril  de  1995  y  por  las  resoluciones  que ordenaron el pago de las  obligaciones  reconocidas  en las conciliaciones. Refirió como hechos probados,  entre  otros,  que  los  abogados  MANZANO  sí  contaban  con poderes para conciliar, que existía un proceso  que  antecedió  al  mandamiento  de  pago, y que tanto el pago como el trámite  surtido previamente al mismo fue legal.   

En  criterio  de  la  impugnante,  a dichos  documentos  les  asiste la presunción de autenticidad, según la primera de las  citadas  normas,  y su capacidad probatoria se extiende a todos los hechos allí  contenidos, conforme la segunda de esas disposiciones.   

          Octavo cargo. Falta de aplicación de la ley sustancial   

          Acusa  al  Tribunal  de violar, por falta de aplicación, el numeral  2º  del  artículo 32 del estatuto punitivo de 2000, norma al amparo de la cual  no    hay    lugar   a   responsabilidad   penal   cuando   se   “actúe  con  el  consentimiento  válidamente  emitido por parte del  titular  del bien jurídico, en los casos en que se puede disponer del mismo”.  En  ese  sentido, argumenta que el doctor DEYONGH  MANZANO  no  debió ser condenado  por  el  delito  de  peculado,  porque su actuación se limitó a elevar algunas  peticiones  ante  FONCOLPUERTOS,  a  las  cuales  accedió  voluntariamente  esa  entidad.   

         

          Décimo     cargo.     Falta    de    aplicación    de    la    ley  sustancial   

          Aduce  la violación, por falta de aplicación, de los artículos 83  y  86  de  la  Ley  599  de  2000,  al  haberse  sancionado  al  procesado  como  determinador  del  delito  de  peculado  por apropiación, no obstante operar la  prescripción  antes  de  cobrar  ejecutoria  el  fallo de segunda instancia. Al  desarrollar  el  reproche  acudió  a  los  mismos  argumentos  con  los  cuales  sustentó  el  décimo  cargo  formulado  al  amparo  de  la  causal  tercera de  casación, donde solicitó la nulidad por esa misma razón.   

          Consideraciones de la Sala   

Cuando se denuncia la violación directa de  la  ley,  según lo tiene ampliamente decantado la jurisprudencia de esta Corte,  al  demandante  le  está  vedado desconocer los hechos que el juzgador declaró  probados  y  discutir  las  pruebas  con  apoyo en las cuales éste sustentó su  decisión.  Debe  aceptar la situación fáctica tal como quedó reseñada en el  fallo,  sin  controvertir  sus fundamentos probatorios. El debate que se suscita  en  tal  caso  es  de  carácter  estrictamente  jurídico, cuya finalidad será  determinar  si  en  realidad el sentenciador dejó de aplicar un precepto legal,  lo aplicó indebidamente o lo interpretó erróneamente.   

         Tal   exigencia  de  naturaleza  argumental  no  la  respetan  los  impugnantes   en   el   primer  cargo  de  sus  respectivas  demandas,  cuya formulación coincide en sus  aspectos  fácticos  y jurídicos.  En efecto, aducen allí los demandantes  que  el  sentenciador dio por estructurado el peculado por apropiación, a pesar  de   no   estar   demostrado  el  “aprovechamiento  ilícito”.  Empero,  muy  diversa  es  la realidad  procesal  que  encontró  acreditada  el Tribunal, pues, justamente, edificó la  condena  sobre  la  base  de  obrar  en el plenario pruebas demostrativas de ese  elemento estructural del mencionado tipo penal.   

         En  cuanto  se  refiere  al  tercer  cargo  (igualmente,   de  contenido  idéntico  en  las  dos  demandas),  resulta  incuestionable  que los censores yerran en la selección de  la  causal,  porque  argumentan  que el sentenciador exigió prueba solemne como  condición  para aceptar demostrada la existencia del proceso ejecutivo del cual  se  originó  el  mandamiento  de pago del 19 de abril de 1995. Si ello es así,  debieron  denunciar  la violación indirecta de la ley, en la modalidad de error  de  derecho  por  falso  juicio de convicción que, como lo tiene dicho la Sala,  ocurre   cuando   “el  juez  desconoce  el  valor  prefijado  a  la  prueba en la ley, o la eficacia que esta le asigna”7.     

         Desde   luego,   en   tal   caso   les  correspondía  demostrar  la  trascendencia del error, labor que no emprendieron los impugnantes.   

         En    el    cuarto   cargo   (de  igual  fundamento  fáctico  y jurídico en ambas demandas) los  actores,  si  bien acuden a la correcta causal de casación, dejaron a medias el  desarrollo  del  reproche porque denuncian la aplicación indebida del artículo  30  del  estatuto  punitivo,  lo cual supone errónea selección de la norma que  regula  el  supuesto  fáctico, pero no mencionan la disposición que, en vez de  ella, debió aplicarse por el fallador.   

         Adicionalmente,  imperioso  resulta  anotar  que, en modo alguno, el  artículo  30  en cita impide sancionar como determinador del delito de peculado  a  quien  no  ostenta  la  calidad  de  servidor público, como lo sostienen los  libelistas.  Precisamente,  por resultar jurídicamente viable tal situación es  que  la  disposición en cita, en su inciso final, autoriza disminuir la pena en  una  cuarta  parte  al  interviniente  que  no  tenga  las  calidades especiales  exigidas en el tipo penal.   

         En  cambio,  frente  a  los  cargos quinto,  sexto   y  séptimo  de  la  demanda  de  DEYONHG,    resulta   evidente   que   la  demandante  no  debió  acudir  al  cuerpo  primero  de  la  causal  primera  de  casación,  sino  denunciar  la existencia de un error de hecho por falso juicio  de  existencia, es decir, invocar el apartado segundo de esa causal, pues lo que  aduce  en  dichos  reproches  es el desconocimiento por parte del fallador de la  capacidad  probatoria de algunas pruebas (actas de conciliación, mandamiento de  pago   y   resoluciones   de   pago),   es  decir,  la  no  valoración  de  las  mismas.   

         Siendo  así,  estaba  igualmente  en  la obligación de expresar la  incidencia  que la omisión hubo de tener en el sentido de la decisión adoptada  por el Tribunal, a lo cual se sustrajo el impugnante.    

         En    el    octavo   cargo   del  precitado  libelo el actor cuestiona al fallador por condenar a  su  representado,  no  obstante  que hubo consentimiento válido del titular del  bien  jurídico,  esto  es,  de FONCOLPUERTOS. Pero al respecto importa precisar  que  en  la  medida  en  que ese punto no fue incluido en la sustentación de la  apelación  que  se  interpuso  contra  el  fallo  de primera instancia, resulta  incontrovertible  que el demandante carece de interés jurídico para plantearlo  en  sede  de  casación.  Así  lo  tiene  dicho  la Sala, como se observa en la  decisión que a continuación se cita:   

“También es  criterio  reiterado,  que  para  poder   acceder   a  la casación, es  necesario  que el impugnante haya apelado el fallo de primer grado, y que exista  identidad  temática  entre  las pretensión de la apelación y la casación. De  no  cumplirse  estas  condiciones,  carecerá de interés para recurrir, pues se  entiende  que su silencio implica aceptación del contenido material del fallo y  renuncia  al  interés  que  eventualmente  pudo  haber  tenido para impugnarlo,  además  de  que  la  impugnación  carecería  de  objeto,  en  cuento estaría  dirigida  a  cuestionar  aspectos  que  el  Tribunal  no  tuvo la oportunidad de  analizar”8.   

         Finalmente,  se  recuerda  que  el  décimo  cargo  lo  postula  el libelista con fundamento en los  mismos  argumentos  condensados  en  el  reproche que con idéntica nomenclatura  formuló  al  amparo  de  la  causal tercera, es decir, encontrarse prescrita la  acción  penal  por el delito de peculado. En tal virtud, las mismas razones que  se  dieron  en  su  momento  para  develar  la  impertinencia  de acudir con ese  propósito a esta sede, resultan válidas en esta oportunidad.   

          4.3.                      Violación     indirecta     de     la    ley  sustancial   

          4.3.1.                                    El    defensor    de   HERNANDO   MANZANO  postula  veinticuatro (24) cargos bajo la égida de la  causal  primera,  apartado  segundo.  Como el décimo séptimo de ellos, así se  haya  de  forma  equivocada  mencionado  al  final el artículo 397 del estatuto  punitivo,   alude   a  uno  de  los  delitos  frente  a  los  cuales  operó  la  prescripción  (prevaricato  por  acción),  según  lo  declaró  la Sala en la  providencia   que   se   viene   mencionado,   no   se   hará   referencia   al  mismo.   

          Primer    cargo.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

          Acusa  la sentencia de incurrir en error  de  hecho por falso juicio de identidad, como consecuencia de dar al mandamiento  de  pago  un  sentido  diverso  del que realmente le correspondía, en cuanto se  afirmó  en  el  fallo que dicha prueba contiene un sinnúmero de beneficiarios,  cuando  en  verdad  sólo son once. La importancia de esa afirmación, según el  actor,  es  que  ella  sirvió de soporte probatorio al supuesto ánimo criminal  que,  de  acuerdo  con  el  criterio del fallador, direccionó la actuación del  sancionado.   

          Segundo    cargo.    Error    de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia   

          Denuncia  la  presencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  existencia  al  omitirse  por  el  ad quem  la  apreciación de varias pruebas, entre ellas la indagatoria del  procesado  MANZANO PEÑARANDA,  demostrativas  de  que  el expediente del cual emanó el mandamiento de pago del  19  de  abril de 1995 sí existió, cuyo número de radicación correspondió al  2608.   

Tal omisión, añadió, provino del hecho de  darse  por  establecido  que  dicho  mandamiento  se  produjo  en  el expediente  radicado  bajo  el número 2616, de manera que al no encontrarse dentro de éste  se  concluyó  que  aquél  era  falso,  lo  cual  llevó al proferimiento de la  condena.   

          Tercer    cargo.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  existencia   

   

          Endilga  al  Tribunal incurrir en un error de hecho por falso juicio  de  existencia  por  suponer pruebas no producidas, en cuanto dio por acreditada  la  inexistencia  de  un  proceso  antecedente  al mandamiento de pago del 19 de  abril  de  1995,  bajo la afirmación de que no se encontró información en ese  sentido  en  los libros del Juzgado Octavo Laboral del Circuito de Barranquilla,  en  la  Oficina  Judicial  o  en los paquetes de archivo, cuando las pruebas que  existen  sobre  el particular indican falta de información y desconocimiento de  los  archivos  físicos,  mas  nunca  que  la demanda respectiva no hubiera sido  presentada.   

          Con   similar   argumento  al  expuesto  en  el  precedente  reparo,  fundamentó la importancia de ese error.   

          Cuarto    cargo.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  existencia   

          Refiere  la  concurrencia  de  un error de hecho por falso juicio de  existencia,  como  consecuencia  de dejar de apreciar pruebas, lo cual llevó al  fallador  a  predicar  que  la  defensa  trató  de  hacer  creer que el proceso  adelantado   por   Luis   Carlos   Moreno   González  es  el  mismo  donde figuraba  Adela Inés Angulo de Rodelo.   

Según  el  actor, tal afirmación es falsa  porque  el  examen  de  la injurada de HERNANDO MANZANO  PEÑARANDA  deja  claridad  que  éste se esforzó por  explicar  que el mandamiento de pago del 19 de abril de 1995 surgió del proceso  radicado  bajo  el  número  2608, a nombre de Antonio López Blanco, situación  corroborada  con  la  inspección  judicial practicada el 30 de junio de 1999 en  las  instalaciones  del  Juzgado  Octavo  Civil  del  Circuito  de Barranquilla.   

          Quinto    cargo.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  existencia   

          Pretende  demostrar  la  presencia  de  un  error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  en  cuanto  en  el  fallo se sostuvo que la inspección  judicial  llevada a cabo en la Oficina Judicial permitió establecer que el 9 de  diciembre   de   1994  no  fue  presentada  demanda  alguna  contentiva  de  las  pretensiones  de  los  beneficiarios  del mandamiento de pago del 19 de abril de  1995,  apreciación  absolutamente  inconducente,  pues  el  doctor MANZANO  PEÑARANDA  afirmó en su injurada  que  el  referido  mandamiento  se  produjo  dentro  del proceso 2608 de Antonio  López  Blanco,  cuya  demanda  fue  presentada  el  29  de  noviembre  de 1994.   

          Considera  importante  el yerro porque, igualmente, el mismo sirvió  para fundamentar la condena por peculado por apropiación.   

          Sexto    cargo.    Error    de    hecho    por   falso   juicio   de  existencia   

          Reprocha  al  Tribunal  por  incurrir  en  error  de hecho por falso  juicio  de existencia, al omitir la apreciación de la prueba cuando afirmó que  no  basta  que  los  exportuarios pudieran tener derecho a los reconocimientos y  reajustes,  pues  ello  de  ninguna  manera  justifica  que  para alcanzar tales  objetivos  debiera transgredir el estatuto represor. En criterio del impugnante,  si  en  el  proceso  se  demostró  que los pensionados tenían derecho a dichos  pagos,  resulta claro que no se cometió el delito de peculado, de manera que no  debió emitirse condena por ese punible.   

          Séptimo    cargo.    Error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia   

          Se  supusieron  pruebas  no  producidas  dentro  de  la  actuación,  incurriéndose  en  error de hecho por falso juicio de existencia, al sostenerse  por  el  fallador  que como consecuencia de las reclamaciones efectuadas por los  Manzano     resultaron  perjudicados  los pensionados, quienes obtuvieron precarios resultados frente al  enorme  incremento patrimonial de los abogados. El censor fundamenta el error en  que  la  investigación no consistió en establecer tales aspectos, y por eso no  existe  prueba  al  respecto;  lo  único  acreditado,  añadió, es que el pago  recibido  por  los  letrados  no  provino  de  la  entidad  pública sino de sus  clientes.   

          La  importancia  del  yerro,  en criterio del demandante, estriba en  que  el  Tribunal  necesitó  entender  probado que el aprovechamiento ilegal se  cometió    solo   por   los   Manzano   y   no   por   sus   clientes,   para   aplicar   la   sanción  por  peculado.           

          Octavo    cargo.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  existencia   

          Cuestiona  al  sentenciador por incurrir en error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  como consecuencia de dejar de apreciar pruebas obrantes  en  el proceso, dando lugar a la afirmación consistente en que FONCOLPUERTOS no  tuvo  ninguna  oportunidad  de  defenderse  y  corroborar  la  legalidad  de las  reclamaciones.  Sí  la  tuvo,  precisó el demandante, porque a su disposición  estuvo  el  mandamiento  de  pago,  respecto  del  cual pudo ejercitar todas las  facultades  que  le  confería  la  ley,  incluso  conciliar  como,  en  efecto,  aconteció.   

          Consideró  que  la  única  manera  de  condenar  al procesado como  determinador  del  delito  de  peculado  fue afirmando que FONCOLPUERTOS no tuvo  oportunidad   de   defenderse,   pues   de   aceptar   que   esa  entidad  pagó  voluntariamente   derechos  reales  sólo  habría  podido  predicar  falsedades  documentales.   

          Noveno    cargo.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

          En  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad, al darse a la  prueba  un  sentido fáctico diverso del que realmente le corresponde, afirma el  actor  incurrió  el  ad quem  cuando  dio por acreditado que con fundamento en el mandamiento de pago falso se  cancelaron  las  cantidades  reconocidas,  y  con  ese  fundamento se emitió la  condena  por  peculado,  cuando  en  realidad  se  conciliaron  derechos  de los  trabajadores,  mas  no  el mandamiento, que se relacionó sólo como un trámite  judicial  paralelo,  a  cuya  suspensión  se  obligaron  los  pensionados y sus  apoderados por efecto de la conciliación.   

          Décimo    cargo.    Error    de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

          Afirma  la  existencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  identidad,  en  cuanto  se  dejó  de  dar  a  la prueba el sentido fáctico que  realmente  le corresponde, cuando sostuvo el fallador que el mandamiento de pago  no  se adjuntó a las carpetas de los pensionados beneficiarios del mismo con el  propósito  de  obtener  dobles pagos, siendo que el mandamiento no contiene una  constancia de pago sino una invitación a efectuarlo.   

Según el censor, con esa falsa valoración  de  la prueba “el juez intenta generar el ambiente de  confraternidad  entre  los  funcionarios de Foncolpuertos y los doctores Manzano  para condenarles como determinadores”.   

Décimo  primer  cargo.  Error de hecho por  falso juicio de existencia   

          Predica  la  presencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  existencia   al  omitir  el  fallador  valorar  el  testimonio  de  Adela  Inés  Angulo  de  Rodelo,  con  el  argumento  de que la afirmación de ésta, consistente en haber otorgado poder a  la  abogada  Manzano  con la  finalidad  de  realizar  unos  cobros  laborales,  no  indica  la existencia del  aludido  proceso,  puesto que su búsqueda resultó infructuosa. Si el Tribunal,  agregó  el  impugnante,  hubiera  valorado  esa  prueba, habría establecido la  legalidad  del  proceso que antecedió al mandamiento de pago y, por ende, la no  necesidad de la condena por peculado.   

          Décimo   segundo   cargo.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   

          Endilga  al  Tribunal incurrir en error de hecho por falso juicio de  identidad,  al  sostener,  para  dar  por  demostrado  el  designio criminal que  motivó   la   expedición   del   mandamiento   de  pago,  que  a  Luis  Rangel  Rangel  le  reconocieron  un  reajuste  pensional  desde  1984,  cuando  se  ha  establecido  que se pensionó  solamente  a  partir  de  1987.  Según el censor, las pruebas recaudadas, entre  ellas  la  inspección  judicial  a  su  hoja de vida, demuestran que si bien el  prenombrado  se pensionó en 1987, el derecho le fue reconocido desde 1983, año  en que se causó.   

          Décimo   tercer   cargo.   Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   

          Denuncia  la  presencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad,  en  cuanto  se  dio  por  establecido,  a  efectos  de fortalecer la  sanción   por   determinar   el   peculado,   que   a   favor  de  Víctor  Miranda  Núñez,  por  el  mismo  concepto,  se  emitieron los mandamientos de pago del 30 de agosto de 1995 y del  19  de  abril  de  1995,  para  cuya  afirmación el sentenciador tergiversó el  sentido  de  la  Resolución  706  de  1996, por cuanto ese acto administrativo,  expedido  como  consecuencia  del  primero  de  esos  mandamientos,  no contiene  reconocimiento  alguno  de  reajustes  por  Ley  4ª  de 1976, se emitió por la  cantidad  de  $267.806,82  y  no  por  la  de  $42.602.035,77 como lo afirmó el  fallador,    y    además    no    fue    gestionado    por   los   Manzano.   

          Décimo   cuarto   cargo.   Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia   

          Acusa  la  sentencia  de  incurrir  en  un  error de hecho por falso  juicio  de  existencia, que lo llevó a sostener, con base en las actas Nros. 77  y  78 de febrero 1º de 1995 y las resoluciones 138 y 139 de enero 1º del mismo  año,  que  primero  se  ordenó el pago y después se realizó la conciliación  que  le  servía  de  soporte.  Según el actor, el error consistió en dejar de  apreciar  el  contenido  de  las  mencionadas  resoluciones y la declaración de  Nelson       Moros      Santos,      Secretario  General  de  FONCOLPUERTOS,  pruebas de las cuales surge  que    se    trató    simplemente    de    un    error    de    “fechación”.   

          Décimo   quinto   cargo.   Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia   

          Postula  la  incursión  en  un  error  de hecho por falso juicio de  existencia,  en  cuanto  el  sentenciador,  para  soportar el cargo a título de  determinación,    sostuvo    que   fue   tan   elocuente   el   “asalto”  que  los  oficios  dirigidos al  Banco  Ganadero  mediante  los  cuales  se  autorizó  el  pago  a  los abogados  Manzano  están  fechados en  enero  31 de 1995, sin que para entonces se hubiera producido la resolución que  ordenaba la cancelación.   

Se  omitió con ello, según el demandante,  apreciar  la  constancia  expedida por el citado banco el 21 de octubre de 1999,  en  el  sentido  de que las resoluciones 138 y 139 se pagaron el 3 de febrero de  1995,  es  decir,  dos  días  después  de  haberse celebrado la conciliación.   

          Décimo   sexto   cargo.   Error   de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia   

          Al  darse  por existente un acuerdo de voluntades entre los abogados  Manzano  y  el representante  legal  de  FONCOLPUERTOS,  perfeccionado  para hacerse a una exorbitante suma de  dinero,  se supusieron pruebas que no obran en el proceso, incurriéndose de esa  manera  en  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia, que sirvió para  soportar   la  sanción  por  determinación  impuesta  al  doctor  Manzano     Peñaranda,     adujo    el  impugnante.   

          Décimo   octavo   cargo.   Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia   

          En  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia dice el censor  incurrió  el  Tribunal  cuando  afirmó,  para ratificar la concurrencia de los  dobles  pagos  que  supuestamente  determinó a realizar el procesado, que en la  resolución  172  del  31  de  enero  de  1995,  mediante  la cual se pretendió  cancelar  el  25% restante que no se pagó en la resolución 1586  de 1994,  se  incluyó  a  seis  demandantes  que  no  cobijó  esa última resolución en  mención.  De  esa  manera, afirmó, se dejó de valorar la resolución 1587 del  16  de diciembre de 1994, de acuerdo con la cual el 25% que ordenó pagar la 172  correspondía  a  lo  no  pagado  con la 1587, en lo cual nada tenía que ver la  1586.    

          Décimo   noveno   cargo.   Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   

          Alterando  la “estructura” del  acta  de  conciliación No. 237 del 14 de marzo de 1995, según  el    impugnante,    el    ad    quem   incurrió  en  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, pues  sostuvo  que la lectura de esa prueba pone en evidencia que el acta fue suscrita  sin  poder  de  sus  intervinientes,  cuando  en  realidad  en  ella  se señala  expresamente  que  tanto  el apoderado de FONCOLPUERTOS como el representante de  los  trabajadores contaban con poderes para actuar. La afirmación del juzgador,  añadió,  sirvió  de  fundamento  a la condena por peculado por apropiación a  título de determinación.   

          Vigésimo    cargo.   Error   de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

          Predicando  idéntico  error al enunciado en el cargo precedente, el  censor  rechaza que, para sostener la connivencia criminal, el sentenciador haya  deducido  una  premura  permanente  en  los pagos, a partir de la confrontación  cronológica  entre  las  actas  de  conciliación  y  las resoluciones de pago,  premura  que,  para  el  demandante,  sólo podría establecerse constatando las  fechas  en  que  fueron  radicados los derechos de petición que dieron inicio a  las reclamaciones con aquellas en que se ordenaron los pagos.   

          Vigésimo   primer  cargo.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   

          Aduce  la  existencia  de  un  error  de  hecho  por falso juicio de  identidad,  en  cuanto  se  tergiversó  el  sentido  de  las  conciliaciones  y  resoluciones  para  afirmarse  por el fallador con base en ellas que ha sido una  constante  el  fraccionamiento  de  los mandamientos de pago, cuando en realidad  éstos  constituyen  únicamente  una  unidad  dentro  del proceso en el cual se  profieren,  “pero  fuera de él solo representan una  lista  de  derechos  eventuales  liquidados  preliminarmente,  por un juez de la  República”.   

          Vigésimo  segundo  cargo.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   

          Según  el  demandante,  se  configuró  un error de hecho por falso  juicio  de  identidad  cuando el fallador, tergiversando su sentido, afirmó que  las  conciliaciones  y  resoluciones prueban que María  Cristina  Ocampo  de  Manzano  no sustituyó poderes a  quienes   finalmente   conciliaron  a  su  nombres,  porque  contrariamente,  la  revisión   de   dichos  documentos  demuestra  que  los  abogados  MANZANO  actuaron  debidamente facultados,  en   tanto  la  inspección  del  trabajo  les  reconoció  tal  calidad  y  las  resoluciones  también.  En criterio del censor, la afirmación del ad  quem  es  trascendente  por cuanto con  ella se fundamentó la acusación como determinador de peculado.   

          Vigésimo   cuarto  cargo.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   

          Pasando  del  precedente  cargo  al  que  es  objeto  de resumen, el  demandante  acusa  en  éste al Tribunal de incurrir en error de hecho por falso  juicio   de  identidad,  en  cuanto  tergiversó  el  sentido  de  las  actas  y  resoluciones  para  afirmar  que  de  su  contenido se evidencia que ha sido una  constante  la  obtención de dobles pagos burlando los requisitos fijados por la  Junta   Directiva  de  FONCOLPUERTOS.  Para  demostrar  lo  contrario  solicitó  examinar los referidos documentos.    

          Vigésimo   quinto  cargo.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia   

          Finalmente,  denuncia  la  presencia  de un error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  al suponer el sentenciador pruebas no producidas y, con  sustento  en  ello,  sostener  que  primero  se  pagaba  y  luego se conciliaba,  mientras    el   hipotético   Sistema   Nacional   de   Pagos   “poco     o     nada     advertía    sobre    las    irregularidades  anotadas”.  En concepto del impugnante, dentro de la  actuación  no  se  demostró que el mencionado sistema estuviera operando o que  su  funcionamiento fuera deficiente, de manera que constituye un falso juicio de  existencia    “suponer   que   era   un   supuesto  sistema”.   

          4.3.2.                                    A  su  turno,  la  defensora  de  BELISARIO  DEYONHG  formula  cincuenta  y  siete  (57) cargos por  violación  indirecta  de  la  ley,  cuyos  primeros cinco (5) dicen relación a  delitos  diferentes  al  peculado  por  apropiación,  de manera que también se  dejaran  a  un  lado.  Por  lo  demás,  los  últimos  veinticuatro (24) cargos  corresponden  en lo sustancial a los expuestos, por vía de la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo, por el defensor de MANZANO  PEÑARANDA, a cuyo resumen entonces se remite la Sala.  Es  de precisar que del décimo cuarto reproche en adelante la demandante no les  asignó  la  denominación  atinente  a su respectivo consecutivo, razón por la  cual,  para  su  cabal identificación, la Sala mencionará entre paréntesis en  cada caso el numeral donde los sustentó aquélla.   

En armonía con las precisiones hechas en el  párrafo   precedente,  los  restantes  veintiocho  (28)  cargos  se  sintetizan  así:   

          Sexto    cargo.    Error    de    hecho    por   falso   juicio   de  existencia   

          Reprocha  al  sentenciador  incurrir  en  error  de  hecho por falso  juicio  de  existencia,  dado  que  por no apreciar probatoriamente las actas de  conciliación       celebradas      por      los      abogados      MANZANO, dio por establecido que éstos se  apoderaron  de dineros del Estado mediante procedimientos irregulares, en cuanto  los  pagos  se  hicieron  sin  sustento  o  con  ausencia  de soporte. Según la  demandante,  dichas  actas  acreditan  que  las  reclamaciones tuvieron sustento  legal,  pero  su  no valoración llevó a imponer la sanción por el ilícito de  peculado.   

          Séptimo    cargo.    Error   de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

          Considera  que  el  Tribunal  incurrió  en error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  al tergiversar el sentido de las actas de conciliación,  en  cuanto sostuvo que el Inspector de trabajo, Rosendo  Barrios  Santos, avaló con su firma dichos documentos,  cuando  en realidad el funcionario lo único que hizo fue certificar la efectiva  celebración  del  pacto conciliatorio, en la fecha y términos indicados en las  actas.  Según  expresó,  dicho error impidió desdibujar innumerables dudas y,  consecuencialmente,   desvirtuar   los   cargos   por  el  delito  de  peculado.   

          Octavo    cargo.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

         

          Por  tergiversar  también  las  actas de conciliación, esta vez en  cuanto  sostuvo  el  fallador  que  el  Inspector  avaló  con sus firmas hechos  alejados  de  la  realidad,  la  libelista  predica la existencia de un error de  hecho  por  falso  juicio de identidad. Al desarrollar el cargo, señala que aun  aceptando  que  el  funcionario  de  trabajo  avaló  los  acuerdos, no por ello  resulta  dable afirmar que garantizó hechos alejados de la realidad, por cuanto  la  prueba  demuestra  que  se  conciliaron derechos que jamás fueron objeto de  cuestionamiento, como lo admitió el juzgador de segundo grado.   

          Noveno    cargo.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

          Acusa  al  sentenciador  de  incurrir  en  error  de hecho por falso  juicio  de  identidad,  por tergiversar el sentido de la resolución 1586 del 16  de  diciembre de 1994, al afirmarse que en ese acto administrativo se ordenó el  pago  de  una  importante  suma de dinero, sin relacionarse a los beneficiarios.  Para  demostrar  la  falsedad  de esa aseveración, que sirvió de sustento a la  condena  por el peculado, basta con leer el texto de la mencionada resolución y  de  esa  forma se establece que en ella se relacionan 210 pensionados, concluyó  el actor.   

          Décimo    cargo.    Error    de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad   

          Por  distorsionar  también  el sentido de la resolución 1586 antes  citada,  en  esta  ocasión al sostener que mediante la misma se ordenó el pago  de  actas  de  conciliación,  cuando  en  realidad  se estaba disponiendo pagos  directos,  el  impugnante  acusa  al  Tribunal de incurrir en error de hecho por  falso juicio de identidad.   

Al  desarrollar  el  cargo  invita  a  leer  nuevamente  el  contenido  del  mencionado  acto  administrativo, y de esa forma  concluye  que  el  mismo  “no relata pagos directos y  menciona  sin  explicación  alguna  actas de conciliación, como lo sostiene el  sentenciador;  por  el  contrario,  prueba  categóricamente la orden de pago de  actas de conciliación”.   

          Décimo   primer   cargo.   Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   

          De   nuevo   endilga  al  fallador  tergiversar  el  sentido  de  la  resolución  1586  de  1999,  en  esta  oportunidad por sostener que con ella se  demuestra  que  la entidad pública contaba con disponibilidad presupuestal para  cancelar  el  100%  del valor conciliado, a pesar de lo cual sólo se ordenó la  satisfacción  del 75%. En esas condiciones, le reprocha incurrir en un error de  hecho por falso juicio de identidad.   

          En  criterio  de  la censora, del pluricitado acto administrativo se  desprende  que  FONCOLPUERTOS tenía realmente disponibilidad para pagar el 75%,  mas  no  el  100%,  aun  cuando,  de  todas  formas,  así contara con capacidad  presupuestal  para efectuar en un solo contado el pago de las conciliaciones, le  asistía   facultad   de   disponer   de   los  recursos  por  medio  de  abonos  parciales.   

          Décimo   segundo   cargo.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia   

          Un  error  de hecho por falso juicio de existencia formula la actora  en  este  reproche.  Lo  hace consistir en que el juzgador dejó de apreciar las  declaraciones  de  los  pensionados que testificaron en la actuación, así como  la  multiplicidad  de  poderes  que fueron allegados a la misma, omisión que lo  llevó  a  concluir  que  los  sentenciados  se apoderaron de dineros del Estado  mediante   procedimientos   irregulares   y,   especialmente,   sin  contar  con  representación       debidamente      conferida      para      actuar      ante  FONCOLPUERTOS.   

          En  su  criterio, así los poderes que se otorgaron a los procesados  sólo  los  facultara  para  actuar ante los juzgados, no puede pasarse por alto  que  en  ellos  los  autorizaba  para  conciliar  los derechos cuya reclamación  debían  adelantar, así como recibir los valores correspondientes, facultad que  los  autorizaba  para  celebrar las conciliaciones con la entidad pública, como  lo  explicó  el  Jefe  de  la  División del Trabajo del Ministerio del ramo en  oficio   aportado   al   proceso,  documento  que  tampoco  se  apreció  en  la  sentencia.   

          Décimo   tercer   cargo.   Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   

          Tergiversó  la  prueba y por esa razón incurrió en error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  es  otro  cuestionamiento  que la demandante  formula  al  Tribunal.  Lo sustenta señalando que dicha corporación, del hecho  de  no  aportarse  al proceso la totalidad de los poderes infirió que el doctor  DEYONGH  MANZANO  no contaba  con facultad para recibir de los exportuarios.   

Para la impugnante, una lectura adecuada de  esa  circunstancia  lleva  a  concluir  lo  contrario, esto es, que los abogados  Manzano  sí  contaban  con  poder  para  actuar  ante  FONCOLPUERTOS, máxime que de esa manera se confirman  los términos de las actas de conciliación y las resoluciones.   

          Décimo  cuarto  cargo  (está  contenido en el numeral F.3.15 de la  demanda). Error de hecho por falso juicio de identidad   

          Afirma  la  existencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  identidad,  al  tergiversarse  el  sentido  de  la resolución 552 de 1995, para  derivar  de  allí  la  aseveración  según  la  cual  se  omitió  en  ella el  señalamiento  del  acta  de  conciliación cuyo pago ordenaba, lo cual impedía  que se entrega el dinero a sus beneficiarios.   

En  concepto  de  la  actora,  aunque  la  resolución  no  señaló expresamente el número del acta de conciliación, sí  incluyó    información   general   que  permitía  y  permite  ubicar  la  correspondiente  conciliación  y,  de  todas maneras, lo trascendente es que se  “ordenó  el  pago  de  una  conciliación  real, de  derechos       reales       y       a      beneficiarios      reales”   

          Décimo  quinto cargo (lo contiene el numeral F.3.16 de la demanda).  Error de hecho por falso juicio de existencia   

          Según  la libelista, el sentenciador supuso pruebas inexistentes, y  por  esa  razón  incurrió  en  error  de hecho por falso juicio de existencia,  cuando  sostuvo  que  la  resolución  552  de 1995 ordenó el pago a quienes no  tenían  derecho  al  mismo. Considera que se trata de una afirmación temeraria  porque  en  el proceso no se practicó prueba alguna orientada a demostrar que a  los beneficiarios no les asistía el derecho.   

          Décimo  sexto  cargo  (está  inmerso  en  el  numeral F.3.17 de la  demanda). Error de hecho por falso juicio de identidad   

          Por  tergiversar el sentido de la resolución 552 en cita, en cuanto  sostuvo  que  en ella se ordenó unos pagos al procesado sin que tuviere poderes  para  recibir,  endilga  al  sentenciador  incurrir  en error de hecho por falso  juicio  de  identidad.  En criterio de la censora, el texto mismo del mencionado  acto  administrativo  pone  de  presente  que  el  sentenciado sí se encontraba  facultado para actuar, pues allí se le reconoce esa calidad.   

          Décimo  séptimo  cargo  (se  encuentra  en el numeral F.3.18 de la  demanda).  Error de hecho por falso juicio de identidad   

          Sustenta  error  idéntico al denunciado en el cargo décimo cuarto,  pero esta vez frente  a la resolución 635 de 1995.   

          Décimo  octavo cargo (lo contiene el numeral F.3.19 de la demanda).  Error de hecho por falso juicio de existencia   

          Aduce  la  presencia  del  mismo error postulado en el cargo décimo  quinto, pero en relación con la precitada resolución 635 de 1995.   

          Décimo  noveno  cargo  (está  contenido en el numeral F.3.20 de la  demanda). Error de hecho por falso juicio de identidad   

          Corresponde  al  mismo yerro desarrollado en el cargo décimo sexto,  pero  en  esta  oportunidad  lo  predica  respecto  de  la resolución 635 antes  mencionada.   

          Vigésimo  cargo  (se  incluye  en el numeral F.3.21 de la demanda).  Error de hecho por falso juicio de existencia   

          Acusa  al  sentenciador  de  incurrir  en  error  de hecho por falso  juicio  de  existencia,  en  cuanto  sostuvo  que la resolución 1498 de 1995 no  mencionó  el  nombre de los beneficiarios del pago en ella ordenado ni señaló  la  Inspección  de  Trabajo ante la cual se llevó a cabo la conciliación. Tal  afirmación  la  hizo,  añadió,  con  desatención del acta No. 072A del 22 de  junio  de  1995, que hace parte integrante de la citada resolución y cuyo texto  señala  con  precisión  al grupo de trabajadores y a la Inspección de Trabajo  en donde se surtió la conciliación.    

          Vigésimo  primer  cargo  (se  encuentra  en el numeral F.3.22 de la  demanda). Error de hecho por falso juicio de identidad   

          Postula  la  presencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  identidad,   en   cuanto   el  Tribunal  tergiversó  el  sentido  del  acta  de  conciliación  071A  de  1995,  para  dar por probado que el señor García  Fayad  no se encontraba facultado  para representar en esa diligencia a FONCOLPUERTOS.   

Según la demandante, en la mencionada acta  aparece   que   el   Inspector  reconoció  a  García  Fayad  como  apoderado de la entidad, de manera que en  el  proceso  obra “documento público demostrativo de  la  existencia  del  debido  apoderamiento,  al  cual acompasa la presunción de  legalidad…”.  Contrariamente,  añadió, no milita  prueba  que  acredite  que  el  prenombrado usurpó funciones públicas o que al  poder le faltaran requisitos legales.   

          Vigésimo  segundo  cargo  (aparece  en  el  numeral  F.3.23  de  la  demanda). Error de hecho por falso juicio de existencia   

          Predica  la  incursión  en  un  error  de hecho por falso juicio de  existencia,  cuando  el  fallador sostuvo que la resolución 046 de 1996 ordenó  el  pago  a  un  grupo  de  trabajadores  que  no  se mencionan, afirmación que  efectuó  a  pesar  de  que  la  propia  fiscalía consideró demostrado que esa  resolución  correspondía  a  los pagos ordenados por medio de la conciliación  contenida   en   el   acta   071A,   cuya   lectura   permite   establecer   sus  beneficiarios.   

          Vigésimo   tercer  cargo  (lo  incluye  el  numeral  F.3.24  de  la  demanda).   Error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad:   

          Reprocha  al  Tribunal  incurrir  en  falso  juicio de identidad, al  tergiversar  el sentido del acta de conciliación 023, para predicar que en ella  se  cometió una irregularidad consistente en superponer sobre su texto y a mano  el  año  1996,  cuando  el  original de impresión del computador corresponde a  1995.  En criterio del impugnante, se trata ese de un hallazgo inocuo, porque en  el  curso  del  proceso quedó ampliamente explicado que no hubo alteración con  objetivos  protervos,  sino que se quiso corregir a mano un error de impresión,  como se desprende del propio texto del acta.   

Vigésimo cuarto cargo (figura en el numeral  F.3.25    de    la    demanda).   Error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia   

          Aduce  la  presencia  de  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia,  al  sostener  el Tribunal que en el trámite de la suscripción del  acta   023   de   1996   el   poder   presentado   por  el  señor  García  Fayad  presentaba irregularidades,  con  lo  cual  dio  por  probada la falta de legitimación de éste para actuar.   

Según  la  demandante,  en  la citada acta  aparece   que   el   Inspector  reconoció  a  García  Fayad  como  apoderado de FONCOLPUERTOS, de manera que  en  el  proceso obra “documento público demostrativo  de  la  existencia  del debido apoderamiento, al cual acompasa la presunción de  legalidad…”.  Contrariamente,  añadió, no milita  prueba  que  acredite  que  el  prenombrado usurpó funciones públicas o que al  poder le faltaran requisitos legales.   

          Vigésimo  quinto  cargo  (está incluido en el numeral F.3.26 de la  demanda). Error de hecho por falso juicio de existencia   

          Supuso  pruebas  inexistentes y con ello incurrió en error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  es  otro  reproche que formula la actora al  juzgador,   en   cuanto   éste   sostuvo   que   la  resolución  254  de  1996  “fraccionó  mandamientos de pago, como consecuencia  del  acomodo  de  abogados  y  funcionarios, y por ello dejaron de retirarse los  procesos  en  curso  a  que  aludían  las conciliaciones cuyo pago ordenaba”.   

          Se  trata  esa,  dice  la impugnante, de una aseveración carente de  soporte  probatorio,  porque ninguna prueba demuestra acuerdo entre los abogados  Manzano y los funcionarios de  FONCOLPUERTOS  para  celebrar  conciliaciones  fraudulentas,  menos aún que los  desistimientos  judiciales  acordados  en  las  conciliaciones  no  se  hubieren  llevado a cabo.   

          Vigésimo  sexto  cargo  (se  menciona  en  el  numeral F.3.27 de la  demanda). Error de hecho por falso juicio de existencia   

          Predica  el  surgimiento  de  un  error de hecho por falso juicio de  existencia,  cuando  el  Tribunal  consideró  probado  que  en  el  trámite de  suscripción   del   acta  040  de  1995  el  poder  presentado  por  el  señor  García   Fayad  presentaba  serias  irregularidades, “consistentes en la falta de  presentación  del  decreto  de  nombramiento y el acta de posesión de quien le  otorgaba el poder para actuar”.   

En  criterio  de  la  demandante,  en  la  mencionada   acta   aparece   que   el   Inspector   reconoció  a  García   Fayad   como  apoderado  de  la  entidad,  de manera que en el proceso obra “documento  público  demostrativo  de  la  existencia  del  debido  apoderamiento,  al cual  acompasa      la      presunción      de      legalidad…”.     Contrariamente,  añadió,  no  milita  prueba  que  acredite que el  prenombrado  usurpó  funciones  públicas o que al poder le faltaran requisitos  legales.   

          Vigésimo  séptimo  cargo (está inmerso en el numeral F.3.28 de la  demanda).   Error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad:   

          Considera  que  el Tribunal tergiversó el sentido de la resolución  305  de  1996,  incurriendo  con  ello  en  error  de  hecho por falso juicio de  identidad,  al  sostener  que en ese acto administrativo dejó de indicarse qué  conciliaciones  se pagaban y cuáles eran los mandamientos de pago que sirvieron  como motivación para la celebración del acuerdo conciliatorio.   

          Al  desarrollar  el  cargo,  señala  que  la lectura detenida de la  resolución  permite  establecer  conceptos, valores, personas y todos los datos  indispensables  para  identificar  la  conciliación.  Por  lo demás, añadió,  aquel  acto  administrativo no ordenó la cancelación de mandamientos de pago y  tampoco  de  conciliaciones  judiciales, razón por la cual no estaba obligado a  identificarlos.   

         

          Vigésimo  octavo  cargo  (se  formula  en  el  numeral F.3.29 de la  demanda). Error de hecho por falso juicio de existencia   

          Denuncia  la  presencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  existencia,  porque  el  Tribunal  consideró  probado  que  en  el  trámite de  suscripción   del   acta  163  de  1996  el  poder  presentado  por  el  señor  García   Fayad  presentaba  serias  irregularidades, “consistentes en la falta de  presentación  de  la  documentación  pertinente  para que produjere efectos el  poder  que  le  fue  otorgado  para  actuar  como  apoderado de Foncolpuertos”   

En   concepto  de  la  libelista,  en  la  mencionada   acta  de  conciliación  aparece  que  el  Inspector  reconoció  a  García  Fayad como apoderado  de   la   entidad,   de   manera   que   en   el  proceso  obra  “documento   público   demostrativo  de  la  existencia  del  debido  apoderamiento,  al cual acompasa la presunción de legalidad…”. Contrariamente,  añadió,  no  milita  prueba  que  acredite que el  prenombrado  usurpó  funciones  públicas o que al poder le faltaran requisitos  legales.   

         Vigésimo  noveno  cargo  (se  expresa  en  el  numeral F.3.30 de la  demanda). Error de hecho por falso juicio de identidad   

          Acusa  al fallador de incurrir en error de hecho por falso juicio de  identidad,  cuando  sostuvo,  con  tergiversación del sentido de la prueba, que  por  medio  de  la  resolución  599  de  1996  se  ordenó  el  pago  al señor  Carlos Arturo Torres, a pesar  de  que  la  conciliación  cuya satisfacción se ordenaba había sido celebrada  con    la   señora   MARÍA   CRISTINA   OCAMPO   DE  MANZANO. Consideró la actora que esa circunstancia no  involucra  delito  alguno,  porque  ninguna irregularidad reporta que la doctora  MANZANO hubiere realizado la  conciliación  y  que  el  pago  se  hubiese  ordenado  y  efectuado  al  doctor  Torres,  quien  para  tales  efectos presentó el respectivo poder de sustitución.   

          Trigésimo  cargo  (aparece  en  el  numeral  F.3.31 de la demanda).  Error de hecho por falso juicio de identidad   

          Cuestiona  al  fallador  por  tergiversar  el sentido del acta de la  conciliación  162  de  1996 y por esa vía incurrir en error de hecho por falso  juicio  de  identidad, en cuanto sostuvo que en ese documento se ordenaron pagos  a  favor de personas cuya calidad de beneficiarios no fue establecida y por unos  montos  determinados  al  azar. En criterio de la impugnante, contrariamente, en  esa   acta  se  señala  que  los  beneficiarios  de  los  pagos  acordados  son  pensionados  de  Puertos  de  Colombia,  a quienes les asiste los derechos allí  reconocidos.   

          Trigésimo   primer  cargo  (figura  en  el  numeral  F.3.32  de  la  demanda).   Error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad:   

          Aduce  la presencia de error de hecho por falso juicio de identidad,  en  cuanto  el  fallador  tergiversó  el sentido de la resolución 600 de 1996,  porque  sostuvo  que en ella dejó de indicarse en dónde se llevaron a cabo las  conciliaciones  y,  por  supuesto,  cuáles  eran  los  mandamientos de pago que  sirvieron  como  motivación  para  la  celebración  del acuerdo conciliatorio,  amén de pagarse sin poder para recibir.   

En  concepto de la censora, el propio texto  de  la  mencionada  resolución pone en evidencia lo contrario, por cuanto en el  acta   de   conciliación  aparece  que  se  reconoció  personería  al  doctor  BELISARIO  DEYONGH MANZANO y,  además,  la  información  contenida en aquélla permite fácilmente ubicar los  antecedentes  de  esa  orden  de  pago,  aunque  “el  señalamiento  expreso  de  la  Inspección  o  el Juzgado en el cual se hubiere  conciliado,   no   constituye   un   delito  (sic)”.   

         Trigésimo  segundo  cargo  (está contenido en el numeral F.3.33 de  la demanda). Error de hecho por falso juicio de identidad   

          Predica  la  existencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad,   en   cuanto   el  Tribunal  tergiversó  el  sentido  del  acta  de  conciliación   165   de   1996,   para   dar   por   probado  que  BELISARIO  DEYONGH  MANZANO “carecía de poderes para conciliar, y  que   García   Fayad   no  se  hizo  legitimar  adecuadamente  para  actuar  en  representación de Foncolpuertos”.   

Según la demandante, en la mencionada acta  aparece   que   el   Inspector  reconoció  a  GARCÍA  FAYAD  y  al  doctor  DEYONGH  MANZANO como apoderados de los conciliantes, de manera  que   en   el   proceso   obra  “documento  público  demostrativo  de  la  existencia  del  debido apoderamiento, al cual acompasa la  presunción   de   legalidad…”.   Contrariamente,  añadió,     no     milita     prueba    que    acredite    que    García  usurpó funciones públicas o que  al poder le faltaran requisitos legales.   

          Trigésimo  tercer  cargo  (lo  incorpora en el numeral F.3.34 de la  demanda).   Error   de   hecho   por   falso  juicio  de  existencia:   

          Consideró  que  el  Tribunal  supuso pruebas inexistentes y por esa  razón  incurrió  en  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia, cuando  sostuvo  que  la  resolución  598  de  1996 ordenó el pago de derechos sin que  mediaran  los  soportes  indispensables  para  el  efecto,  afirmación  que, en  concepto  de  la  censora,  hizo sin que ningún medio probatorio demostrara ese  hecho  y,  antes bien, es el texto mismo del acto administrativo en cuestión el  que  evidencia  que  la  entidad  reconoció la existencia de todos los soportes  legales,   financieros   y   contables   que   le   condujeron   a   ordenar  el  pago.   

Consideraciones de la Sala  

         Se  observa  que  los casacionistas acuden a la causal referida a la  violación  indirecta  de  la ley para predicar la presencia de errores de hecho  por  falso  juicio  de  existencia y de identidad. El  falso  juicio  de  existencia,  ha  puntualizado  la  Sala,  se  presenta  cuando  el  sentenciador  omite  apreciar  una prueba legalmente aportada o supone un medio probatorio que no fue  legal  y  oportunamente  incorporado  al  proceso  para  sustentar  con  él  su  decisión.  Para demostrar esta clase de error, ha señalado reiteradamente esta  Corte,  se  requiere  no  sólo  individualizar  la  prueba dejada de apreciar o  imaginada  por  el  fallador sino acreditar la trascendencia del yerro, esto es,  expresar  de  manera fundada la forma en que la no valoración de la prueba o su  invención incidieron decisivamente en el sentido del fallo.   

A  su  turno,  el falso juicio de identidad  ocurre  cuando  se  distorsiona  un  medio probatorio en su expresión fáctica,  atribuyéndole  contenidos  que  no  le  pertenecen  o  cercenando  los  que  le  corresponde;  en  otras  palabras, se altera la prueba, haciéndole decir lo que  no  expresa,  caso  en  el  cual, debe el impugnante señalar mediante el cotejo  objetivo  de  lo  dicho  en  el  medio probatorio y lo asumido en el fallo, qué  aparte  fue  omitido o añadido a la prueba, qué efectos se produjeron a partir  de  ello  y,  lo  más  importante,  cuál  es  la trascendencia del yerro en la  declaración  de  justicia  contenida  en  la  parte  resolutiva de la sentencia  atacada,  tópico  que  no puede ser demostrado con la exposición subjetiva del  criterio  del  actor  acerca  del  valor  que corresponde al medio de prueba que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta que materialmente acredite que el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación indebida de la ley  sustancial  en  el fallo, esto es, que corregido el yerro, la prueba debidamente  valorada  en  conjunto  con las demás modifica sustancialmente el sentido de la  decisión reprochada.   

         Pues  bien,  en  cuanto  a  los  cargos  que  por  falso  juicio  de  existencia  formulan  los  actores, se observa que en muchos de los reproches no  se  individualizan  las  pruebas  frente  a  las  cuales aducen la presencia del  yerro,  y  en  todos  ellos  se  omitió  explicar  su trascendencia. Situación  similar  acontece  con  las  censuras  que  se  postulan  por  falso  juicio  de  identidad,  es  decir,  en  su  mayoría  no  se menciona cuál fue la parte del  contenido  de  la  prueba que se omitió o adicionó y en todos no se explica la  incidencia del error en el sentido de la decisión atacada.   

         En  efecto, en lo que tiene que ver con el primer grupo en alusión,  es   decir,  el  que  reúne  los  reproches  formulados  por  falso  juicio  de  existencia,  no  se precisan las pruebas supuestamente omitidas o inventadas por  el  fallador  en  los  cargos  décimo  quinto,  décimo  octavo,  vigésimo  cuarto,  vigésimo    quinto,   vigésimo   octavo,   trigésimo   segundo   y    trigésimo   tercero   de   la   demanda  de  DEYONHG,  como  tampoco  en  los  cargos tercero,  sexto,  séptimo,  octavo, décimo sexto y vigésimo   quinto   de   la  demanda  de  MANZANO que, como ya se dijo,  coinciden  en su sustento fáctico y jurídico con los postulados, en su caso, a  partir   del  cargo  trigésimo  cuarto  en  adelante  en  el  primero  de  esos  libelos.      

         En  aquellas  censuras los demandantes se limitaron a afirmar que el  Tribunal   o   bien   supuso   “pruebas”,  ora  dejó  de  apreciar  otras,  pero no individualizaron los  elementos  de  convicción  respecto  de  los cuales ocurrió la invención o la  omisión de valoración.   

         Más  aún,  se  observa que cuando endilgan al sentenciador suponer  pruebas,  en  realidad  lo  que  le  cuestionan  es  afirmar,  sin prueba que lo  soporte,  que en el proceso se encuentra demostrado un determinado hecho. Siendo  así  y  en  el  entendido  que  se  trató  de inferencias a las cuales arribó  el   ad  quem, es claro  que  la  discusión  se  traslada  al  terreno  de los indicios, lo cual pone en  evidencia  el  erróneo sendero que escogieron los demandantes para controvertir  en  ese  aspecto  la  decisión  del  Tribunal,  pues, según lo tiene precisado  ampliamente  la  Sala, en ese caso le compete al censor cuestionar bien el hecho  indiciario,   ora  la  inferencia  lógica  o,  si  se  quiere,  “el  proceso  de  valoración  conjunta  de los varios indicios en su  convergencia   y   concordancia   o   entre   esos   y   los  demás  medios  de  prueba”9,  nada de lo cual hicieron los  actores.   

          Por  lo  demás,  la  sola  lectura  de  algunos  de los cargos deja  fácilmente  al  descubierto  que  cuando  los  demandantes predican la falta de  apreciación  del  medio probatorio, en verdad controvierten el alcance suasorio  que  le  asignó  el  fallador, situación muy distinta a omitir su valoración,  que es cuando se presenta el falso juicio de existencia.   

Lo   anterior   ocurre   con  los  cargos  décimo    primero    y  décimo  cuarto de la demanda  de  HERNANDO MANZANO, pues en  el  primero  de  ellos, no obstante predicarse la no apreciación del testimonio  de   Adela   Inés   Angulo   de   Rodelo,  a  renglón  seguido  se  admite  que  el  juzgador  se  refirió  expresamente  a  la misma para desestimar como demostrativa de la existencia del  proceso  ejecutivo  la  afirmación de la declarante, conforme a la cual otorgó  poder  a  la  abogada  MANZANO  con la finalidad de realizar unos cobros laborales.   

          Similar  situación  acontece  con el otro de los precitados cargos,  pues  a  partir  de  la apreciación tanto de las actas Nros. 77 y 78 de febrero  1º  de 1995, como de las resoluciones 138 y 139 de enero 1º del mismo año, es  que  el  fallador  arriba  a  la  conclusión  que  primero se ordenó el pago y  después  se  realizó  la conciliación que le servía de soporte. Siendo así,  no  resulta  afortunado afirmar, como lo hacen los censores, que la corporación  de instancia omitió valorar las mencionadas resoluciones.   

         De  otra parte, como ya se dijo, en ninguno de los cargos postulados  por  falso  juicio de existencia los demandantes explicaron la trascendencia del  error  que  denuncian.  Es cierto que al desarrollar los reproches utilizaron un  capítulo  que  denominaron  “importancia respecto de  la   decisión   adoptada   por  medio  de  la  sentencia  impugnada”,  pero  allí  lo  único  que  hacen es mencionar la forma como  influyó  en  la  edificación  de  la  condena  el  hecho  que  el ad  quem  encontró demostrado a partir de  la  predicada  invención  de  la  prueba  o de su falta de apreciación, mas en  ningún  momento explicaron de qué manera los errores que atribuyen al Tribunal  trascienden  en la decisión, al punto de resquebrajar sus cimientos probatorios  para  llevar  a  la  imperiosa  e  ineludible  necesidad  de  adoptar  un  fallo  radicalmente diverso.   

         En  otras  palabras,  no  se  efectuó,  como es de rigor en sede de  casación,  una  nueva  valoración  probatoria,  esta vez con exclusión de los  medios  inventados  y  con  inclusión  de  los  dejados de apreciar, en orden a  demostrar  que con éstos últimos y con los supervivientes en el proceso no hay  lugar a sostener la condena.   

         En  punto  a  los  cargos  formulados por falso juicio de identidad,  importa  anotar  que,  con  excepción  del noveno de la demanda de DEYONHG,  y primero y, en alguna forma, décimo tercero de la de  MANZANO,  correspondientes  esos  últimos  a  dos  de  los  reproches  postulados  del trigésimo cuarto en  adelante   en  aquel  libelo,  en  ninguno  de  ellos  los  actores  señalan  o  identifican  el  fragmento omitido o adicionado por el fallador. Simplemente, se  dedican   a   mencionar  algunas  pruebas  para  afirmar  que  el  Tribunal  les  tergiversó  su sentido, sin especificar, se repite, qué aparte de su contenido  fue  el  que  la  citada  corporación  le  cercenó o cuál segmento le agregó  indebidamente.   

         En  realidad,  lo que los censores califican como tergiversación es  la  conclusión  o inferencia que extrae el sentenciador como consecuencia de la  apreciación  suasoria  a que somete el respectivo medio probatorio, conclusión  o  inferencia  a  las  cuales  enseguida  aquél  opone  su  propia valoración.   

         Obsérvese,     por    vía    de    ejemplo,    los    cargos     séptimo    y    octavo;  en  ellos  afirma que el juzgador  tergiversó  las  actas  de  conciliación  porque  sostuvo  que el Inspector de  Trabajo  avaló  con  su  firma esos documentos y, en fin, hechos alejados de la  realidad.  Como se observa, del hecho cierto (no agregado a la prueba; al menos,  no  se  ha  afirmado  lo  contrario)  que  el funcionario en cita suscribió las  actas,  el  fallador  derivó una conclusión, esto es, que de esa manera aquél  avaló el contenido de dichos documentos.   

         A  esa  inferencia  el impugnante contrapone su propia apreciación,  vale  decir,  que  la  suscripción de las actas solo demuestra que el inspector  certificó  la  celebración  efectiva  del pacto conciliatorio, sin que en todo  caso  sea  dable afirmar que se conciliaron hechos alejados de la realidad, pues  los   derechos   que   fueron   objeto   de   ese   pacto   no  se  cuestionaron  nunca.     

         A   título   también   de  ilustración,  repárese  ahora  en  el  cargo noveno de la demanda de  HERNANDO    MANZANO   (de  contenido  idéntico, como está ya dicho, a uno de los reparos formulados en la  demanda    de    BELISARIO    DEYONHG   después  del  trigésimo  cuarto).  Se afirma allí que el juzgador  dio  a la prueba un sentido diverso del que realmente le corresponde cuando, con  fundamento  en  el  mandamiento  de  pago  falso,  afirmó que se cancelaron las  cantidades  reconocidas. Como se aprecia, al someter ese documento a valoración  probatoria,  frente  al  cual  el  Tribunal  ya  había  concluido que es falso,  infirió  esa  corporación  que  con  sustento  en  él se efectuó la indebida  erogación pecuniaria.   

          El  aludido  razonamiento  es  controvertido  por  los  demandantes,  señalando  que en realidad se conciliaron derechos de los trabajadores, pero no  el  mandamiento,  que  se relacionó sólo como un trámite judicial paralelo, a  cuya  suspensión se obligaron los pensionados y sus apoderados por efecto de la  conciliación.   

         Por  la  misma  vía  (ejemplo),  bien  vale  a  continuación hacer  mención     al     cargo    décimo    también       de       la       demanda       de       MANZANO.  Aquí  los  impugnantes  consideran  que  el fallador da un sentido diverso a la prueba  por  concluir  que  la  no inclusión del mandamiento de pago en las carpetas de  los  pensionados  beneficiarios del mismo tenía como fin obtener dobles cobros.  Como  fácilmente  se  aprecia,  en  ningún  momento los demandantes imputan al  Tribunal  cercenar  el  contenido del mandamiento de pago ni tampoco adicionarle  hechos   que   no   le  corresponden;  lo  que  le  cuestionan  es  inferir  un  propósito  fraudulento  del  hecho  de  no  adjuntarse  ese  documento  a  las  carpetas  de los pensionados.   

Y  los  actores  pretenden contrarrestar la  inferencia  del sentenciador, con el argumento consistente en que el mandamiento  no   contiene  una  constancia  de  pago  sino  una  invitación  a  efectuarlo.   

         Está  suficientemente reiterado por la jurisprudencia de esta Corte  que  en sede de casación resulta inadmisible controvertir la valoración que el  juzgador  efectúe de los medios probatorios incorporados a la actuación, salvo  cuando  se  incurre  en  ostensible  violación  de  los  parámetros de la sana  crítica,  en  cualquiera  de sus vertientes, esto es, postulados de la lógica,  reglas  de  la experiencia o principios científicos, lo cual en parte alguna de  las demandas se demuestra y ni siquiera se expresa.    

         Aparte  de  lo dicho, tampoco respecto de la totalidad de los cargos  formulados   por   falso   juicio   de  identidad  los  censores  explicaron  la  trascendencia  de  los errores que esbozan en ellos. Se limitaron, igualmente, a  mencionar  la  importancia  que las conclusiones o inferencias extraídas por el  ad   quem  revisten  en  el  contexto  de  la  sentencia  impugnada,  sin esforzarse en sustentar cómo tales  yerros   tienen  la  capacidad  de  variar  diametralmente  el  sentido  de  esa  decisión.   

         

         Esa   omisión   se   patentiza   claramente   en   el  cargo    primero   de   la   demanda   de  MANZANO,  uno de los únicos  tres  donde los libelistas acertaron en identificar una verdadera distorsión de  la  prueba,  en cuanto se sostiene allí que el Tribunal atribuye al mandamiento  de   pago   contener   un   “sinnúmero”  de beneficiarios, cuando en realidad el documento solo menciona  11.  Los  actores  no  explicaron  cómo la tergiversación de esa prueba, en el  aspecto  indicado,  podía cambiar el sentido de la sentencia, y a simple vista,  como  lo  puso  de  presente el apoderado de la parte civil cuando descorrió el  traslado  de  los  no  recurrentes,  surge  que  se  trata  de  una  afirmación  totalmente intrascendente.   

          5.        Demanda  presentada  a  nombre  de  HENRY  ALBERTO  SOLANO IBARRA             

          Su  defensor  formula  solamente  dos  cargos, ambos al amparo de la  causal  tercera  de casación, por emitirse la sentencia en un juicio viciado de  nulidad,  aun  cuando  en  el  segundo aduce que el fallo se dictó violando una  norma de derecho sustancial.   

          5.1.                      Primer cargo. Violación al derecho de defensa y  al debido proceso   

          Pretendiendo  la  invalidación  de  la  actuación  “a  partir  de  la  fijación  de  fecha  para  la realización de la  diligencia  de  audiencia pública”, el actor pone de  presente,  primeramente,  que  en  este caso se practicaron pruebas por fuera de  los  términos  legales  de instrucción, es decir, cuando dicho período estaba  vencido   y   la   única   actuación   pertinente   era  la  calificación  de  rigor.   

          Luego  cuestiona  a  la  Fiscalía  por  vincular  al  procesado con  fundamento  en un informe de inteligencia, además de hacerlo en forma tardía y  en  la  ciudad  de  Bogotá,  sin  tener  en  cuenta que su asiento laboral y su  domicilio  corresponden  a  la  ciudad  de Santa Marta, con lo cual le violó el  principio de igualdad de las partes.   

          Más  adelante  afirma  la  vulneración  del  debido  proceso  y el  derecho  de  defensa,  por  no practicarse una prueba objetivamente pertinente y  conducente  y  legalmente  decretada  por  el  juez  de la causa, como lo era el  peritazgo  que  permitiría  “establecer el monto por  lo  menos  aproximado de lo supuestamente apropiado”,  prueba  de  fundamental  importancia porque hubiera dado claridad no sólo sobre  la  validez  de  las  resoluciones  y  sus  soportes  sino acerca de aspectos de  derecho laboral y administrativo.   

          Sin  esa  prueba,  añadió el casacionista, no pudo determinarse la  cuantía  de la ilicitud, lo cual era indispensable en este caso, máxime cuando  cada  una  de  las  apropiaciones  configura  un  delito, de manera que debieron  probarse  individualmente.  Esa  indefinición,  según señaló, no sólo lleva  como  consecuencia  afirmar la atipicidad de la conducta por la no demostración  del  objeto  material  de  los  peculados y, en tal virtud, aplicar el principio  in  dubio  pro  reo, sino que  hace  necesario  realizar  el  cálculo prescriptivo, porque es muy probable que  las  cifras reconocidas a favor de cada beneficiario estén por debajo de los 50  salarios mínimos legales mensuales.   

          Consideraciones de la Sala   

         Con  sacrificio de la coherencia argumental que debe caracterizar la  formulación  del  reproche,  el  censor  incluye  en él situaciones de diversa  naturaleza  que  considera  irregulares,  algunas  de las cuales, si en realidad  hicieran  presencia en la actuación, desbordarían su pretensión de obtener la  nulidad  a  partir del auto mediante el cual se fijó fecha para la realización  de  la audiencia pública, como ocurriría con el cuestionamiento consistente en  practicarse   pruebas  luego  de  producirse  el  vencimiento  del  término  de  instrucción,  y  con lo atinente a la vinculación del procesado con fundamento  en  un informe de inteligencia, vinculación que además reprocha por haber sido  tardía y en la ciudad de Bogotá.   

         Lo  anterior,  porque  en  tal  caso  habría  que  retrotraerse  la  actuación  desde  más  atrás  del  momento procesal que propone el libelista.   

           Además,  se  tiene  que  la  censura,  en  lo  que  toca  con las  situaciones  antes  mencionadas,  se  plantea de manera deficiente. En el primer  caso,  porque  el  actor no relaciona, como le correspondía, las pruebas que se  recaudaron  después  del vencimiento del término de instrucción y mucho menos  explica  la  incidencia  que  ellas tuvieron en la formación del convencimiento  sentenciador del Tribunal.   

         Y  en el segundo evento, por cuanto se sustrae a fundamentar de qué  manera  su  vinculación con sustento en el informe de inteligencia o su tardía  vinculación  hecha  además  en la ciudad de Bogotá, afectaron el trámite del  proceso  o  le  impidió  ejercer el derecho de defensa en debida forma, como lo  exige  el  principio  orientador de las nulidades previsto en el numeral 2º del  artículo 310 del estatuto procesal de 2000.   

         Por  si fuera poco, el cuestionamiento que en ese sentido formula es  contradictorio,  desatendiendo  así  la previsión contenida en el inciso final  del  artículo  212  ibídem,  conforme  a  la cual es permitido formular cargos  excluyentes,  pero de manera subsidiaria. La contradicción deviene del hecho de  reprochar  primero  al  fallador  por  vinculársele  al  proceso, teniendo como  único   fundamento   un  informe  de  inteligencia,  para  a  renglón  seguido  censurarlo por vincularlo tardíamente.   

           En relación con la práctica de pruebas por fuera del término de  instrucción,  dígase  adicionalmente  que  un  ataque  de  esa  naturaleza  no  entraña  afectación  del trámite procesal sino solamente la ilegalidad de los  medios  probatorios  recaudados  en esos términos, de manera que, como lo tiene  precisado            esta            Sala10,  el  cargo  en tal caso debe  formularse  con  apoyo  en la causal primera de casación, mas no bajo la égida  de la causal tercera, como lo hizo el libelista.   

         

         De  otra  parte,  se  tiene  que el impugnante, en este mismo cargo,  censura  la  no  realización  de  un  peritazgo  oportunamente  decretado en la  actuación.  Al  respecto,  imperioso resulta anotar que, como también lo tiene  dicho  la  Corte,  cuando  por  vía de casación se reprocha la no práctica de  alguna  o  algunas  pruebas,  corresponde al impugnante la carga de acreditar la  manera  como  el  medio  o  medios  probatorios  echados  de  menos  incidirían  favorablemente   en  la  situación  del  procesado11.   

          En  el caso que concita la atención de la Sala, el demandante aduce  que  de haberse evacuado el dictamen pericial se habría establecido el monto de  lo   apropiado,   lo  cual  hubiese  dado  claridad  sobre  la  validez  de  las  resoluciones  y  sus  soportes  y  sobre  los  aspectos  de  derecho  laboral  y  administrativo.  Sin  embargo,  omitió  explicar concretamente en qué forma la  citada  prueba  técnica  daba  claridad  en lo atinente a esos tópicos y cómo  ello  tiene  capacidad para variar las conclusiones del a quo, constituyendo sus  afirmaciones  meras  especulaciones  al  respecto,  calificativo  que igualmente  reviste  la afirmación del libelista de no haberse demostrado la cuantía de la  apropiación  (vacío  del  cual  deriva  la atipicidad de la conducta), pues lo  cierto es que ese aspecto sí quedó determinado en el proceso.   

          5.2.                      Segundo    cargo.    Errónea    calificación  jurídica   

          Solicita  decretar  la  nulidad  de  la  actuación  a  partir de la  decisión   que   definió   la  situación  jurídica,  por  cuanto  se  violó  directamente,  por  aplicación  indebida, el artículo 23 del Código Penal, al  incurrirse en error en la calificación jurídica.   

          Explica  la censura, señalando que los hechos objeto de imputación  no  daban  lugar a reprochar al acusado obrar en calidad de determinador, porque  esa  condición  no se estableció en el curso del proceso, de manera que no hay  prueba de la existencia de acuerdo, mandato o coacción.   

En ese sentido, adujo que en la emisión de  las  resoluciones  intervino un sinnúmero de funcionarios, pero no se acreditó  a   cuál   determinó   el  procesado,  como  tampoco  la  importancia  de  esa  determinación,  aun cuando tampoco pudo incidir en el rol de aquéllos, pues el  asunto  se  manejaba en Bogotá y el trabajo se encontraba fraccionado, en tanto  unos  liquidaban,  otros  ejercían  el  control  y algunos más daban conceptos  jurídicos.   

          Para el impugnante, en fin, la acusación  se  limitó  a  presumir  un  acuerdo  previo  entre  los  intervinientes  en la  elaboración  y  expedición  de  las resoluciones canceladas, sin que se dijera  nada  sobre  el  dolo  del  peculado,  aunque,  prosiguió,  si  fuese cierta la  hipótesis  de  la fiscalía de que los dineros de la reliquidación quedaban en  manos  del  funcionario, en ese caso no puede hablarse de determinación sino de  cohecho,  concusión,  concierto  o  complicidad,  como incluso se contempló al  definírsele la situación jurídica.   

          Consideraciones de la Sala   

          En  la  formulación  de  este  reproche  el  actor  entremezcla dos  causales  de  casación,  sin  saberse  a ciencia cierta a cuál de ellas acude,  incurriendo  así  en  una evidente falta de rigor argumentativo. Porque empieza  por  predicar  la  violación  de  una  norma de derecho sustancial, por haberse  incurrido  en  errónea  calificación jurídica, pero al final invoca la causal  tercera  y,  en  armonía con ello, solicita la nulidad a partir de la decisión  mediante  la cual se resolvió la situación jurídica, sin explicar tampoco por  qué   propende   por   la   invalidación  de  la  actuación  desde  ese  hito  procesal.    

          Según  criterio jurisprudencial de la Sala expuesto con ocasión de  la  vigencia  de  la  Ley  600  de  2000, el error en la calificación jurídica  “se debe sustentar en la causal primera de casación  en  todos aquellos casos en los que le sea viable a la Corte dictar sentencia de  reemplazo  sin  afectar la estructura del proceso ni el derecho de defensa. Esto  es,     cuando     la     nueva     denominación     jurídica     –con  independencia del capítulo en el  cual   esté—  sea  menos  grave  que  la  de  la  acusación,  respete el núcleo central de la acusación  básica  y  no  modifique la competencia o, si se varía, pueda ella prorrogarse  por  corresponder  a  un  Juez  de  menor jerarquía, tal y como lo establece el  artículo  405  de esa codificación.   Si, por el contrario, la nueva  calificación  le  resulta  más  grave  al procesado que la de la acusación, o  siendo  más  benéfica  altera  el  núcleo fáctico de la acusación o implica  cambio  de la competencia y ésta no se puede prorrogar, el cargo de error en la  denominación   jurídica   debe   fundamentarse   en   la   causal  tercera  de  casación”12.   

          En  armonía  con  lo anterior y así se pasara por alto la falencia  de  invocar  simultánea  y  confusamente las causales primera y tercera, impera  puntualizar  que,  de  todas  maneras,  la censura acusa graves falencias que no  permiten  inferir  cuál  es la intención del actor. En primer lugar, porque no  precisa  cuál es la calificación jurídica que estima correcta, de donde no es  posible  determinar  si  debió  acudir  a  una  u  otra  causal.  Al  respecto,  indiscriminadamente  habla  de  cohecho,  concusión,  concierto  y complicidad.   

Y  en  segundo  término,  por cuanto si, a  juzgar  por  los delitos que menciona, se interpretara que lo pretendido por él  no  es  la  nulidad  sino  el  proferimiento  por parte de la Corte del fallo de  reemplazo  respectivo,  lo  que  entonces  tornaría acertado acudir a la causal  primera,  como  se insinuó en la demanda cuando predica la violación de la ley  por  aplicación  indebida,  de  todos  modos  se  observa  que el impugnante no  precisa  el  sentido  de  la  violación,  es  decir, si el cargo se formula por  violación directa o indirecta de la ley.   

Si se entendiera que se trata de violación  directa,  resultaría  a  todas  luces  inadmisible  el  reproche, por cuanto el  impugnante  se  dedica  en  él  a  cuestionar  las conclusiones probatorias del  ad  quem, particularmente en  cuanto  dio  por  establecida la existencia de acuerdo entre los funcionarios de  FONCOLPUERTOS  y los abogados que obtuvieron el pago de las millonarias sumas de  dinero  por  concepto  de  derechos  pensionales,  y  es  bien  claro que un tal  proceder resulta vedado cuando se acude a ese motivo de casación.   

          Y  si  se  pensara que atribuye al fallador violar indirectamente la  ley,  la  imposibilidad  de  admitirse el cargo es todavía mayor, puesto que ni  concretó  la clase de error (si de hecho o de derecho) en que habría incurrido  el  Tribunal  y  mucho menos la modalidad del mismo, esto es, en el primer caso,  si  el  yerro  devino  de  un  falso juicio de existencia, de un falso juicio de  identidad  o  de  un  falso  raciocinio  y, en el segundo, de un falso juicio de  convicción   o   de   un  falso  juicio  de  legalidad.       

          La  censura,  importa  señalarlo  a  manera de colofón, se asemeja  más  a  un alegato de instancia, donde el impugnante plantea una serie de dudas  que,  en  su  criterio,  impiden  afirmar  la existencia del acuerdo y más bien  darían  lugar  a  la eventual imputación de otro punible, surgiendo así claro  que  no  satisface  los mínimos requisitos de lógica y adecuada argumentación  que son inherentes al recurso de casación.   

          Cuestión final   

La  Sala observa que como la pena accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de la profesión de abogado impuesta a los  procesados  MARIA CRISTINA OCAMPO DE MANZANO, HERNANDO  MANZANO  PEÑARANDA,  BELISARIO  DEYONGH  MANZANO,  HENRY ALBERTO SOLANO IBARRA,  Rosendo  Santos  Barrios  y  Luis  Hernando  Rodríguez  Rodríguez fue  dosificada  en  un  lapso igual al de la sanción principal, un  tal    quantum   podría  eventualmente  desbordar  el  máximo  dispuesto  por  el  legislador  sobre  el  particular,   circunstancia  que  comportaría  violación  de  los  derechos  y  garantías  de  los mencionados ciudadanos y,  por  ello,  es  necesario surtir traslado al Ministerio Público  para  que  se pronuncie al respecto a fin de que ulteriormente proceda la Sala a  adoptar la decisión de fondo que en derecho corresponda.   

         De  otra  parte  se  tiene que como la Sala advierte la presencia de  dilaciones  en  el  trámite  del presente proceso, especialmente en la fase del  juicio,  se  dispondrá  compulsar copias de las resoluciones de acusación, las  audiencias  preparatorias  y  de  juzgamiento  y los fallos de primera y segunda  instancias  con  destino  al  Consejo  Superior de la Judicatura a fin de que se  establezca   si   se   ha   podido   incurrir   o   no  en  falta  disciplinaria  alguna.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          1.        ADMITIR  el  cargo  quinto  de  la demanda  presentada    por   el   procesado   EDUARDO   MEJÍA  MENDOZA  y,  en  consecuencia,  surtir  el  respetivo  traslado   al   Ministerio   Público   para   que   rinda   concepto  sobre  el  particular.   

2.                OFICIOSAMENTE  correr  traslado  al  Ministerio  Público  por  el  término de  veinte  (20)  días  para que conceptúe sobre la  posible  vulneración de garantías fundamentales de los procesados MARIA  CRISTINA  OCAMPO  DE  MANZANO, HERNANDO MANZANO PEÑARANDA,  BELISARIO   DEYONGH   MANZANO,   HENRY   ALBERTO  SOLANO  IBARRA,  Rosendo   Santos  Barrios  y     Luis    Hernando    Rodríguez  Rodríguez,  en punto de la dosificación de la pena  accesoria   de   inhabilitación   para   el   ejercicio  de  la  profesión  de  abogado.   

       3.                INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta en  nombre  propio  por  EDUARDO MEJÍA MENDOZA,  salvo  el  cargo  quinto  de la misma, a la vez que inadmitir los  libelos   presentados   por   los   defensores   de  FERNANDO  GARCÍA  FAYAD,  MARIA  CRISTINA  OCAMPO  DE  MANZANO,  HERNANDO MANZANO PEÑARANDA, BELISARIO DEYONGH MANZANO y HENRY ALBERTO  SOLANO  IBARRA,  por las razones expuestas en la parte  motiva de esta decisión.   

4.           COMPULSAR  las  copias  referidas  en la parte motiva de esta providencia con destino al Consejo  Superior  de  la  Judicatura.  Este  ordenamiento  será cumplido por el Juez de  conocimiento.   

         Contra   esta   decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

No hay firma  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ                        

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Autos  del  4  de  mayo  y  del  15  de  noviembre  de  2005.  Rad 24466 y 23550, entre  otros.   

2  Sentencia del 27 de julio de 2006. Rad. 25615.   

3 V.g.  Providencias  del  26  de  enero  de 2005. Rad. 23081 y del 28 de junio de 2000.  Rad. 14054.   

4 Autos  del  4  de  mayo  y  del  15  de  noviembre  de  2005.  Rad 24466 y 23550, entre  otros.   

5 Fol.  96 cd. segunda instancia.   

6  En  este  sentido, ver sentencias del 24 de octubre de 2003, rad. 17466, y del 30 de  junio de 2004, rad. 18368.   

7 Auto  del 24 de noviembre de 2005. Rad. 24323.   

8 Auto  del 7 de febrero de 2007. Rad. 26351.   

9Auto  de  julio  13  de  2005.  Rad.  22556.  Sentencia  de  octubre  20 de 2005. Rad.  19646.   

10  Sentencia del 20 de abril de 1999. Rad. 14143.   

11  Cfr.  Sentencia  del  4  de  diciembre de 2000, rad. 14127. En el mismo sentido,  Sentencia del 16 de octubre de 2003, rad. 18084.   

12  Sentencia del 8 de junio de 2006. Rad. 21392.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *