27116(06-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27116  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 88                                                                              Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C.,  seis  de  junio de dos mil  siete.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  Hugo  Yamir  Restrepo  Jaramillo  contra la  sentencia  dictada  el  18  de  octubre  de  2006  por  el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  por  los  delitos  de  falsedad  material en  documento  público,  falsedad  marcaria  y receptación, el primero en concurso  homogéneo.   

Hechos.  

“Agentes  de la Policía Judicial del Grupo  Automotores  de  la  Policía  Metropolitana  del  Valle de Aburrá en rutinaria  actividad  de patrullaje en la avenida oriental, a eso de las 14:45 horas del 25  de  julio  de  2005,  observaron  un  vehículo de servicio público estacionado  frente   al  local  con  No.45-19,  irregularidad  en  su  placa,  por  lo  cual  solicitaron  a su conductor, quien ab initio adujo como nombre el de ROBINSON DE  JESUS   MONCADA  GOMEZ,  enseñara  los  documentos  correspondientes,  habiendo  exhibido  licencia  en la cual detectaron visos de falsedad, y al requerirle por  la  identidad del propietario, dijo responder al nombre de CARLOS MARIO HIGUITA.   

“Dadas  las  connotaciones  ilícitas  que  denotaba  la  situación,  se  dispuso  su  traslado  a  las instalaciones de la  SIJIN            y  no  empece  su manifestación inicial de no portar documentos, al  examinar  su  billetera,  se  le  encontraron dos cédulas de ciudadanía con su  fotografía,   una   con   el   No.70’855.265  expedida en Támesis  a HUGO  YAMIR  RESTREPO  JARAMILLO, y la otra, con numeración  70’855.065  a  nombre  de  ROBINSON  DE  JESUS  MONCADA  GOMEZ,  así mismo una licencia de conducción con  este nombre.   

“La  matrícula por él presentada, No.2004  053600096285  a  nombre de LEONEL DE JESUS GRISALES RESTREPO, sometida que fue a  examen  grafotécnico,  resultó  ser  falsa,  como  también revistió visos de  espuriedad  la  placa No. TKF-208 que ostentaba el automóvil marca MAZDA 323 NT  sedán  amarillo,  modelo 1993, del cual se estableció fue objeto del delito de  HURTO    el    11    de    julio    de    2005”1.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La fiscalía vinculó al proceso mediante  indagatoria   a   Hugo   Yamir   Restrepo  Jaramillo,  y  en  decisión de 12 de octubre de 2005 calificó el  mérito  probatorio  del  sumario con resolución de acusación en su contra por  los  delitos  de falsedad material en documento público agravada por el uso, en  concurso  homogéneo,  falsedad  marcaria  y  receptación.  Esta  decisión fue  apelada  por  la defensa y confirmada por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  el      4      de      noviembre     de     20052.   

2.  Mediante sentencia de 26 de mayo de 2006,  el  Juzgado  Dieciocho  Penal del Circuito de Medellín condenó al acusado a la  pena   principal   de   108   meses   de  prisión  y  multa  de  $1’907.500,    y    la   accesoria   de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo tiempo de la  pena  aflictiva,  al  encontrarlo  responsable  de  los  delitos imputados en la  acusación3.   

3.  La  defensa  apeló esta decisión con el  propósito  de  obtener  la  revocatoria  de  las  condenas  por  los delitos de  falsedad  marcaria  y  receptación,  y  la  exclusión  de la agravante por uso  deducida  para la falsedad material en documento público. El Tribunal, mediante  fallo  de  18  de octubre de 2006, mantuvo la decisión impugnada, pero fijó en  noventa  y  seis  (96) meses la pena privativa de la libertad, tras advertir que  el  juez  de  instancia,  al  dosificarla,  había  desconocido  las  pautas  de  tasación   establecidas  en  el  artículo  31  del  Código  Penal4.   

La         demanda.   

Cuatro  cargos,  todos al amparo de la causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  por  violación  indirecta  de la ley  sustancial,  debido  a  errores  en  la apreciación de las pruebas, presenta la  demandante contra la sentencia impugnada.   

Cargo        primero.   

Falta  de  aplicación del principio in dubio  pro  reo,  debido  a  errores  de  hecho  por  falsos  juicios de existencia por  omisión,  falsos  juicios de identidad y falso raciocinio en la apreciación de  las pruebas.   

1. Falsos juicios de  existencia  por  omisión.  Afirma  que  este error se  concreta  porque  los  juzgadores  omitieron  ordenar  la  práctica  de algunas  pruebas,  que debieron recaudarse en la fase de la instrucción, entre ellos los  testimonios   de   “JUAN   CARLOS”   y  “LEONARDO”,  que  acreditan  que el procesado es un simple trabajador del señor Carlos  Mario Higuita, quien le entregó el  taxi para que lo manejara junto con los documentos del vehículo.   

A   continuación,   bajo   el   subtítulo  “pruebas    no    conducentes”,    menciona,    en   el   carácter  de  prueba  testimonial,  las  declaraciones   de   Jairo  Enrique  Ramírez  Zulaga  (esposo    de    la    propietaria   del   automotor  recuperado),   John  Jairo  Alvarez  Rivera  (persona que conducía el automotor el  15   de   julio,  cuando  fue  hurtado),  Leonel      de     Jesús     Grisales     Restrepo     (propietario  anterior  del vehículo de placas TKF-208)   y   Mario   Augusto   Montoya   Vélez  (propietario   actual   del   vehículo   de   placas  TKF-208).   

Después,   en   el   carácter  de  prueba  documental,  relaciona  el  informe  de  la sección de automotores, la orden de  captura  emitida  contra el acusado en otro asunto, la denuncia penal instaurada  por   John   Jairo   Alvarez   Rivera,   la  indagatoria,  las  copias de los documentos que obran a folio 27  del  expediente,  la  licencia  de  tránsito  0500100-327687,  la  copia  de la  sentencia  condenatoria  dictada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito y los  antecedentes penales del procesado.   

Y finalmente, como prueba pericial, enumera el  estudio   técnico   realizado  al  automotor  recuperado,  el  dictamen  de  la  matrícula   de   tránsito,  y  la  pericia  de  los  grafólogos  Alvaro  Marulanda  Otálvaro  e  Iván  Rafael  Lemos Castillo. Todo, para  sostener    que    estas    pruebas    dejadas    de    apreciar    (testimoniales,  documentales y periciales)  conducen  a  concluir  inequívocamente  que  el  procesado  no incurrió en los  punibles   atribuidos   de   FALSEDAD  MARCARIA  Y  RECEPTACION,  quedando  así  acreditada su ausencia de responsabilidad.   

2. Falsos juicios de  identidad  por  tergiversación.  Afirma que este error  fue  producto  de  la sectorización, parcelación o división de las pruebas, y  que las  “apreciadas con error” fueron las siguientes:   

Testimoniales:   Las   declaraciones   de  John     Jairo    Alvarez    Rivera    (conductor  del  vehículo  hurtado), Jairo  Enrique  Ramírez  Zuluaga  (esposo de la propietaria),  Leonel   de  Jesús  Grisales  Restrepo  (propietario   anterior   del   vehículo   de   placas  TKF-208)  y  Mario    Augusto    Montoya    Vélez   (propietario  actual  del  vehículo  de  placas TKF-208),  que  acreditan  que el procesado no incurrió en responsabilidad penal en los delitos  de FALSEDAD MARCARIA Y RECEPTACIÓN.   

Se  refiere al contenido de estos testimonios  para  sostener  que  todos  y  cada uno de ellos fueron “tenidos en cuenta por  error”,  puesto  que  ilustran  de  hechos distintos, y que “tal vez, estén  relacionados  con el vehículo en el que fue retenido mi mandante, mas NO de que  haya  sido  el  responsable  de  remarcar  dicho  vehículo  y  menos que tenía  conocimiento    de    que    este    rodante   hubiese   sido   reportado   como  hurtado”.   

Además   de   protuberantes,  los  errores  reseñados  fueron  decisivos  en  la  sentencia  impugnada,  “por  cuanto  se  concluyó   erradamente   que  el  señor  Hugo  Yamir  Restrepo  Jaramillo, solo actuó de buena fe (sic) y no  como  coautor de los delitos a él endilgados y por los cuales fue condenado”.   

3.   Errores  de  raciocinio.  Alude  inicialmente al contenido del  informe  de  policía  para  precisar que allí se da cuenta de la situación de  flagrancia  en  que fue aprehendido el procesado, pero que esta situación no se  dio  respecto  de  los  delitos  de  FALSEDAD  MARCARIA Y RECEPTACION, y que los  juzgadores  llegaron  equivocadamente  a la conclusión contraria con fundamento  en  “supuestas  pruebas  testimoniales  arrimadas  al proceso y en que en nada  tuvieron   inherencia   (sic)   para   determinar   si  mi  pupilo  tuvo  alguna  responsabilidad penal en dichos injustos penales”.   

A   renglón   seguido   se  refiere  a  la  indagatoria,  para  afirmar  que en ella su representado solo acepta la FALSEDAD  EN  DOCUMENTOS,  mas no los cargos por FALSEDAD MARCARIA Y RECEPTACION, dado que  nada  tiene  que  ver en estos ilícitos, ya que no fue capturado en flagrancia,  ni  existe  denuncia  alguna  en  su  contra,  y  los testimonios en modo alguno  indican que el procesado sea responsable de estos delitos.   

Alude  también  a  la  prueba  en la cual la  Fiscalía  sustentó  la  medida de aseguramiento, para cuestionarla, y concluir  que  el  Tribunal, a lo largo de sus razonamientos, “desconoció la máxima de  la  experiencia  que  indica  que  a  pesar  de que una norma regula la forma de  realización    de    un    acto    –para  el  caso  la  FALSEDAD  MARCARIA y la RECEPTACION- no se está  indicando  que  mi representado halla (sic) incursionado en tales injustos, solo  por  las  pruebas  allegadas  de  tipo  documental al proceso, como también las  testimoniales,  solo  fueron  supuestos  a  que llegó la señora Delegada en su  escrito   de   acusación,   y   avalados   por   el   honorable   a  quo”.  Y  agrega:   

“Por  consiguiente, es dable afirmar que el  Tribunal  desconoció una regla de la lógica y una máxima de experiencia, pues  se  apartó del principio constitucional y legal de la PRESUNCION DE INOCENCIA a  que  todo  asociado  de  un  Estado  de Derecho, como es nuestro país, se tiene  derecho.  Es  coadyuvante lo dicho por la suscrita, pues la prueba para atribuir  la  FALSEDAD  MARCARIA  y  la RECEPTACION al procesado, no puede consistir en el  mero   porte  de  placa  falsa  en  un  vehículo  que  solo  era  el  conductor  (sic)”.   

Cargo        segundo.   

Violación  indirecta  de  la ley sustancial,  debido a errores de existencia por omisión de prueba.   

Sostiene  que esta violación se produjo como  consecuencia  de  los siguientes y protuberantes errores: (i) dar por acreditado  sin  estarlo  que el procesado es coautor de los punibles de FALSEDAD MARCARIA Y  RECEPTACION,  y  (ii)  dar  por acreditada sin estarlo, la responsabilidad penal  del  procesado.  Dichos errores, fueron consecuencia de la falta de apreciación  de una pruebas y la errónea apreciación de otras.   

Relaciona como “pruebas no ordenadas” los  testimonios  de  Carlos  Mario  Higuita, Juan Carlos y  Leonardo.  Dice  que  estas  declaraciones  no  fueron  legalmente  aportadas al proceso, por lo que es dable afirmar que “el Tribunal  omitió  con  error la prueba testimonial en su conjunto, pues le mereció mayor  credibilidad  al  ante  pesquisidor  y  juzgador  que  a  la  omisión de dichas  autoridades   judiciales   de  practicar  las  pruebas,  tanto  favorables  como  desfavorables a mi representado”.   

Sostiene que estas pruebas conducen a concluir  inequívocamente  que el procesado, “incurrió en responsabilidad penal de los  delitos  por  los  cuales  fue  juzgado  y condenado (sic), y que es evidente la  violación  del  principio  constitucional  y  legal  de  IN  DUBIO PRO REO como  también  del  DEBIDO  PROCESO,  razón  por  la  cual  pide  a  la  Corte casar  parcialmente  la  sentencia  impugnada y absolver al procesado de los cargos por  los delitos de FALSEDAD MARCARIA y RECEPTACION.   

Tercer cargo.  

Violación indirecta de la ley sustancial por  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad, que condujo a la equivocada  aplicación de los artículos 285 y 447 de la ley 600 de 2000.   

Esta  violación se produjo como consecuencia  de  los  siguientes  errores de hecho: (i) Dar por acreditado sin estarlo que el  procesado  incurrió en estos injustos, solo porque el taxi que conducía tenía  las  placas  falsas  y otros cambios al momento de la retención, y (ii) dar por  acreditado  sin  estarlo,  que  es  imposible que el procesado haya incurrido en  esta  responsabilidad  penal,  sin  prueba allegada al proceso que lo demuestre.   

      

Estos  errores  fueron  consecuencia  de  la  sectorización,  parcelación  o  división  de  los testimonios de John  Jairo  Alvarez  Rivera  (persona que  conducía   el   vehículo   hurtado),  Jairo  Enrique  Ramírez  Zuluaga  (esposo  de la propietaria de dicho  vehículo) y Leonel de Jesús  Grisales  Restrepo  (propietario anterior del vehículo  de  placas  TKF  208), los cuales obran en el proceso,  siendo  por  consiguiente dable afirmar “que el Tribunal apreció con error la  prueba  testimonial  en  su  conjunto,  pues  le  mereció mayor credibilidad la  apreciación  aislada  del fallador en primera instancia, que la de los testigos  que  en  nada  incidió su testimonio, esto es, nada aportaron para que el a quo  condenara   a   mi   representado  por  los  injustos  de  FALSEDAD  MARCARIA  Y  RECEPTACION.  Y la omisión,  igualmente de ordenar y practicar las pruebas  tendientes   a   demostrar   que   mi   mandante  es  totalmente  ajeno  a  esta  responsabilidad, de la cual fue condenado”.   

Afirma  que  el error del Tribunal radicó en  afirmar  la  responsabilidad  del  acusado en los delitos de FALSEDAD MARCARIA y  RECEPTACIÓN,  cuando,  contrario  a  su conclusión, en el proceso se acreditó  que   no   incurrió   en   tales   ilícitos.  El  testimonio  de  Jairo  Enrique Ramírez Zuluaga acredita el  hecho  de  que  a  su  esposa  le  hurtaron  el  vehículo, y el de Leonel  de  Jesús Grisales Restrepo prueba  que  fue  víctima  del hurto de sus documentos, mas no identifica quién fue el  responsable,  ni  involucra  al  procesado en los delitos de FALSEDAD MARCARIA Y  RECEPTACION.   

Estos testimonios, en su real dimensión, “y  contrario  a  lo  señalado  por el Tribunal, merecen incluso mayor credibilidad  que  la  aplicación  de  los principios constitucionales de legal aplicación a  favor  de  mi  representado,  del  IN DUBIO PRO REO, DEBIDO PROCESO Y DERECHO DE  DEFENSA”.  Y agrega: “Al tomarse parte de algunos de los medios de prueba se  dejó  de  apreciar  lo que en realidad ellos indican, como es, de que el señor  Hugo    Yamir    Restrepo   Jaramillo   es  y  era un simple conductor de vehículo que conducía al momento  de su retención”.   

Cargo cuarto.  

Es  formulado  en  los  términos que siguen:  “Por  la  causal  primera de casación penal cuerpo segundo acuso la sentencia  de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de hecho por falso  raciocinio.  Fue  desconocido  algún  principio  de la ciencia, una regla de la  lógica o máxima de la experiencia”.   

SE        CONSIDERA:   

La  Corte inadmitirá la demanda de casación  presentada  por  la  defensora del procesado Hugo Yamir  Restrepo  Jaramillo,  por no reunir los requerimientos  mínimos  de  claridad,  precisión  y  debida  fundamentación exigidos para su  estudio  de  fondo  por  la  lógica  del recurso y la naturaleza de los errores  denunciados,  en  aplicación  de lo establecido en el artículo 213 del Código  de Procedimiento Penal (ley 600 de 2000).     

El carácter extraordinario de la casación le  impone  al demandante la carga de cumplir determinados derroteros en la labor de  fundamentación  del  recurso,  algunos  de  carácter  general, en cuanto deben  acompañar  sin  excepción  todo discurso argumentativo en esta sede, entre los  que  se cuentan el respeto a los principios de autonomía de las causales, de no  contradicción,  de  coherencia  interna  del  planteamiento  y de sustentación  suficiente;  y  otros  específicos,  que  se predican de cada argumentación en  particular,  según  la  naturaleza  de  la  causal  que se aduzca en procura de  lograr la infirmación del fallo.   

El     principio     de    autonomía  de  las  causales  enseña que  los  motivos  que  la ley preestablece como condiciones para acceder al recurso,  tienen   caracterizaciones  propias,  dado  que  se  sustentan  en  motivaciones  distintas,  exigen desarrollos demostrativos diferentes y aparejan consecuencias  jurídicas  diversas, y por tanto, que en el planteamiento y fundamentación del  recurso  no  le  es  dable al censor entremezclar argumentos propios de causales  divergentes.   

El     principio     de    contradicción,  inserto  en el enunciado  una  cosa  no  puede  ser  y  no ser al mismo tiempo,  enseña  que en casación no es posible proponer en un  mismo  contexto  argumentativo  cargos excluyentes, entendidos por tales los que  se  desdicen  recíprocamente,  en cuanto el uno niega lo que el otro afirma, no  siendo  lógicamente  posible  que  los dos coexistan, como ocurre, por ejemplo,  cuando  se afirma respecto de una misma prueba que no fue tenida en cuenta, y al  mismo tiempo, que fue apreciada pero de manera equivocada.   

El     principio     de    coherencia   interna   del  planteamiento  exige  que  entre  el enunciado del cargo, su desarrollo y la conclusión exista  una  adecuada  relación  de  correspondencia  formal  y  sustancial,  y  el  de  sustentación suficiente que  la  demanda  se  baste así misma para lograr la infirmación del fallo atacado,  es  decir,  que  no  adolezca  de vacíos argumentativos que impidan la adecuada  comprensión del fundamento y alcance de la impugnación.   

Los  derroteros  de  carácter  específico  dependen  del  cargo  planteado.  Si  lo  alegado  es un error in iudicando o de  juicio,  por  errores  en  la  apreciación  de  la  prueba,  la censura deberá  proponerse   dentro  del  marco  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  por  violación  indirecta  de  la  ley,  y  su demostración implicará precisar los  siguientes  aspectos:  (i)  el  error  de  apreciación  probatoria  en  el cual  incurrió  el  juzgador,  (ii) la prueba sobre la cual recayó el error, y (iii)  la   trascendencia   del   error   en   las   conclusiones  probatorias  de  los  fallos.   

Los  errores  de  apreciación  probatoria se  agrupan  en  dos  categorías:  De  hecho y de derecho. Los de hecho son de tres  clases:  De  existencia, que  se  presenta  cuando  el  juzgador  ignora una prueba que hace parte del proceso  (existencia  por omisión), o  se   apoya  en  una  que  no  existe  (existencia  por  suposición).  De identidad,  que  se  estructura  cuando el juzgador al apreciar la  prueba  distorsiona su contenido fáctico haciendo que diga lo que ella no dice.  Y  de  raciocinio, que surge  cuando  los  juzgadores  desconocen  las  reglas  de  la  sana  crítica  en  la  valoración  del mérito de las pruebas o en la construcción de las inferencias  lógicas.   

Los de derecho son de dos clases. De  legalidad,  que se presentan cuando el  juzgador  desconoce  las  normas  que regulan la formación o producción de las  pruebas,  como cuando otorga validez a un determinado medio porque considera que  cumple  las  exigencias de aducción, no llenándolas, o cuando le niega validez  porque   considera   que  no  las  cumple,  cumpliéndolas.  Y  de  convicción,  que  se configura cuando el  juzgador  desconoce  las  normas  que  tasan los medios de prueba, su valor o su  eficacia probatoria.   

La demostración de cada uno de estos errores  exige   desarrollos  distintos.  Si  el  error  denunciado  es  de  existencia  por  omisión, el casacionista  debe  identificar  con  claridad  las pruebas que existiendo materialmente en el  proceso  fueron  totalmente  ignoradas  por el juzgador, precisar los hechos que  ellas  demuestran  y  acreditar  las implicaciones del error en las conclusiones  probatorias  de  los fallos. Y si es de existencia por  suposición,  deberá identificar la prueba imaginaria,  precisar  los  hechos que los fallos declararon probados con fundamento en ella,  y señalar sus implicaciones en la solución del asunto.   

Cuando   lo   planteado   es  un  error  de  identidad,  el  actor  debe  identificar  la  prueba  indebidamente  apreciada,  realizar  un  cotejo  de  su  contenido  con  el  contenido  que  el  fallo le atribuye, precisar los aspectos  fácticos   en   los   cuales   se  presenta  disconformidad,  y  acreditar  las  implicaciones  del  error  en las conclusiones probatorias. Y si lo propuesto es  un  error de raciocinio, debe  identificar  la  prueba  indebidamente valorada, indicar con precisión la regla  de  la  sana  crítica  inobservada,  demostrar  su desconocimiento, señalar el  valor  que  la  prueba  amerita,  y acreditar las implicaciones del error en las  declaraciones de contenido probatorio.   

Cuando lo propuesto es un error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  el   actor  debe  identificar  claramente  la  prueba  indebidamente  apreciada,  señalar  las  normas  medio  que regulan su formación, acreditar que la prueba  fue  excluida  debiendo ser apreciada o que fue apreciada debiendo ser excluida,  y  demostrar  las  implicaciones del error en las conclusiones probatorias. Y si  el  error  es de convicción,  debe  identificar  claramente  la  prueba  sobre  la cual recayó el desacierto,  señalar  las  normas  procesales  que  tasan  su  valor o eficacia probatorias,  indicar  en qué consistió la equivocación y demostrar sus implicaciones en el  análisis probatorio del fallo.   

Por  su parte, cuando la censura se orienta a  denunciar  un  error de actividad por violación del principio de investigación  integral,  el  casacionista, además de enmarcar el ataque dentro del ámbito de  la  causal tercera, por tratarse de un error in procedendo, debe identificar con  claridad  las  pruebas  que  dejaron  de ser recaudados, precisar los hechos que  acreditaban  o podían haber acreditado, demostrar la pertinencia, conducencia y  utilidad  de  su  práctica, y acreditar las implicaciones de su ausencia en las  conclusiones del fallo.     

Analizado el contenido de la demanda frente a  las  precisiones que vienen de hacerse, resulta fácil establecer que el escrito  desconoce  buena  parte  de estos lineamientos. En el primer cargo, por ejemplo,  por   violación   del  principio  in  dubio  pro  reo,  la  demandante  empieza  proponiendo  un  error  de  existencia  por  omisión,  no porque los juzgadores  hubiesen  ignorado  pruebas,  sino porque dejaron de practicarlas, planteamiento  que  resulta  extraño  al  error propuesto, pues si lo pretendido era denunciar  una  inactividad  probatoria,  debió  hacerlo  dentro  del ámbito de la causal  tercera,     por     violación    del    principio    de    investigación  integral.   

A esta primera falencia, claramente violatoria  del  principio  de  autonomía de las causales, se une otra de no menor entidad,  que  compromete  el de no contradicción, pues la demandante, dentro de la misma  censura,    plantea,    respecto    de    unas   mismas   pruebas   (testimonios  de  John  Jairo Alvarez Rivera, Jairo Enrique Ramírez  Zuluaga,   Leonel   de   Jesús   Grisales  Restrepo  y  Mario  Augusto  Montoya  Vélez),  errores de existencia por omisión y errores  de  identidad,  lo  cual,  como  se  dejó  visto, constituye una contradicción  insalvable,  pues  mientras el error por omisión se construye sobre base de que  los  testimonios  no  fueron  valorados,  el  de  identidad  se elabora sobre el  supuesto de que fueron valorados pero equivocadamente.   

La   fundamentación   de  los  errores  de  existencia,   identidad   y   raciocinio  planteados  dentro  del  primer  cargo  (analizados   al   margen   de   las   falencias   ya  indicadas), tampoco cumple las condiciones mínimas de  claridad  y  debida  fundamentación  que  exige  el recurso. Al referirse a los  errores  de  existencia,  la  demandante  se  limita  enumerar toda una serie de  pruebas   testimoniales,  documentales  y  periciales,  bajo  el  subtítulo  de  pruebas no conducentes, para  significar  que  dejaron  de  ser apreciadas, sin hacer referencia a las pruebas  que   sirvieron   de   fundamento  a  la  condena,  ni  demostrar  por  ende  la  trascendencia del yerro.   

En la labor de fundamentación de los errores  de  identidad,  además  de  señalar como pruebas distorsionadas las mismas que  afirmó  omitidas  en  la  censura  anterior,  se limita a sostener, después de  aludir  a  su  contenido, que “fueron tenidas en cuenta por error”, pero sin  confrontar  su  texto con las argumentaciones de la sentencias, como se imponía  hacerlo,  para  demostrar  que el contenido que los juzgadores le atribuyeron no  correspondía  a  su  expresión  fáctica. Y cuando incursiona en el desarrollo  del  reproche por errores de raciocinio, se limita a cuestionar actos procesales  distintos  de la sentencia impugnada (definición de la  situación  jurídica),  y a enunciar como violada una  máxima    de    experiencia    que   en   absoluto   participa   de   una   tal  connotación.       

En el cargo segundo, plantea de nuevo errores  de  existencia  por  omisión  de  prueba, pero en su desarrollo, con manifiesto  desconocimiento  de  los  principios  de autonomía de las causales y coherencia  interna   del   planteamiento,  y  sin  demostrar  tampoco  la  censura,  afirma  nuevamente  que los juzgadores omitieron ordenar la práctica de los testimonios  de  Carlos Mario Higuita, Juan Carlos N. y Leonardo N.,  trasladando  el  ataque  de  la  causal  primera,  por  errores  de  apreciación probatoria, a la tercera, por violación del principio  de  investigación  integral, el cual, se insiste, tampoco se toma el trabajo de  desarrollar   

Adicionalmente  a este desacierto, termina el  reproche  afirmando  que  el Tribunal “omitió con error la prueba testimonial  en  su  conjunto,  pues  le mereció “mayor credibilidad al ente pesquisidor y  juzgador  que  la  omisión  de  dichas  autoridades judiciales de practicar las  pruebas”,  razonamiento  con  el cual introduce un nuevo motivo de perplejidad  al  desarrollo  argumentativo,  en cuanto no logra entenderse, en definitiva, si  lo  planteado  es un error de apreciación probatoria por errores de existencia,  por  errores  de  raciocinio, o uno de actividad por violación del principio de  investigación integral.   

En  el  tercer  cargo,  plantea  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por errores de identidad en la apreciación de  los   testimonios   de   John  Jairo  Alvarez  Rivera  (persona     que     conducía     el     vehículo  hurtado),   Jairo  Enrique  Ramírez  Zuluaga  (esposo  de la propietaria de dicho  vehículo) y Leonel de Jesús  Grisales  Restrepo  (propietario anterior del vehículo  de  placas  TKF 208), por parcelación de su contenido,  pero  en lugar de entrar a demostrar el error que denuncia, en los términos que  impone  la  lógica del recurso, se dedica a postular su credibilidad, desviando  la  censura  hacia un presunto error de raciocinio, que no plantea ni demuestra.   

Es de precisarse que los testimonios que ahora  relaciona  como  apreciados  indebidamente  por sectorización de su contenido y  desconocimiento  de  su fuerza persuasiva, son los mismos que en el primer cargo  relaciona  como  ignorados  por  los juzgadores. Esto, para destacar el precario  manejo  de la lógica y metodología del recurso, lo cual se refleja en la falta  de  ilación  argumentativa  en la presentación de los cargos, y en general, en  el desarrollo de la demanda.   

En el cargo cuarto, la demandante se limita a  denunciar  un error de   raciocinio en la apreciación de las pruebas,  por  desconocimiento  de  “algún  principio  de  la  ciencia, una regla de la  lógica  o  máxima  de  la  experiencia”, sin presentar argumentación alguna  adicional en procura de su demostración.   

En  síntesis,  la  demanda que se estudia no  reúne  las  exigencias  mínimas  de  forma  y  contenido  requeridas  para ser  declarada  en  trámite.  Por tanto se la inadmitirá y se ordenará devolver al  proceso  al  Tribunal  de  origen,  en  razón  de  no  advertirse violación de  garantías  fundamentales  que  la  Sala esté en el deber de proteger de manera  oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación presentada por la defensora de Hugo Yamir  Restrepo Jaramillo.     

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                 ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

                                                Teresa Ruiz Núñez   

                                                      Secretaria   

    

1  Se  toman de la sentencia de primera instancia.   

2  Folios 12-18, 137-146 y 162-171 del cuaderno original 1.   

3  Folios 232-252 ibídem.   

4  Folios 285-304 ibídem.     

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