27034(30-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27034   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 83  

Bogotá,  D.C.,  treinta  de  mayo de dos mil  siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  que  por  vía  excepcional  presenta la  representación  legal  de  la  Parte  Civil,   contra  el fallo de segunda  instancia  proferido el 10 de mayo de 2006, por el Juzgado 33 Penal del Circuito  de  Bogotá,  mediante  el  cual confirmó la sentencia proferida por el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Arbeláez, Cundinamarca, en labores de depuración, en  la  que  se  absolvió  a  CARLOS  JAIME  POSADA  ARISTIZABAL y SILVIA GONZÁLEZ  GUTIÉRREZ,  de  los  cargos que por el presunto delito de Alzamiento de bienes,  habían sido formulados en su contra.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en  la sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“Tuvo  su  origen la investigación, en la  denuncia  formulada  el  4  de  julio  del  2000 por el ciudadano AUGUSTO MEJÍA  PUERTA  contra  JAIME  POSADA  ARISTIZABAL,  SILVIA  GONZÁLEZ GUTIÉRREZ, TULIA  GUTIÉRREZ   DE   GONZÁLEZ   y   MARTHA   LUCÍA   SIERRA  CORREAL,           en la que en  síntesis expresó:   

“Que en el año 1998 entregó en calidad de  mutuo   al   primero   de   los   denunciados,   la   suma   de  $80.000.000,00,  instrumentándose  la  obligación  en una letra de cambio que suscribiera   CARLOS  JAIME POSADA ARISTIZABAL como persona natural y como representante legal  de  la sociedad comercial CAMILO POSADA Y CIA LTDA, a la orden de FABIANA MEJÍA  VESGA, hija del acreedor denunciante.   

“Que  llegado  el momento previsto para el  pago   de   la   deuda,  el  enjuiciado  POSADA  ARISTIZABAL  le  manifestó  su  imposibilidad  económica  para  continuar  sufragando  los intereses pactados y  menos  saldar la obligación principal del capital a su cargo, proponiendo en su  lugar,  que  llegaran  a  un  arreglo  consistente en la entrega de bienes, cuya  lista le fue puesta a su consideración;   

“Que  el denunciante ante la imposibilidad  de  llegar  a una solución, procedió a incoar la respectiva acción ejecutiva,  donde  se  percató  que  su  deudor  POSADA ARISTIZABAL en forma premeditada se  insolventó  o  alzó  con sus bienes, con el único propósito de perjudicarlo,  auxiliándose  para  ello  de  SILVIA  GONZÁLEZ GUTIÉRREZ, TULIA GUTIÉRREZ DE  GONZÁLEZ  Y  MARTHA  LUCÍA  SIERRA  CORREAL,  a  quienes  traspasó  tanto sus  propiedades,    como    las    de    la    persona   jurídica   codeudora   que  representa”   

LA DEMANDA  

          Por  estimar ajena  a   la   casación  ordinaria,  la  vía  impugnatoria  pretendida  –como   quiera  que  se  trata  de  una  sentencia  proferida  en  segunda  instancia  por un Juzgado Penal del Circuito,  respecto  de  un delito con pena inferior a ocho años-, la censora delimita los  factores    que   habilitan   se   acepte   la   demanda   dentro   del   camino  discrecional.   

           Para  el  efecto,  advierte  fundamental la intervención de fondo   de la Corte, en aras  de     que     se     protejan     garantías     fundamentales     –debido  proceso,  en  sus  aristas  del  principio  de  legalidad, doble instancia y motivación de las sentencias-   violadas  a  la  víctima  del delito presuntamente ejecutado, y a fin de que se  desarrolle  la  jurisprudencia  en un tópico, la conducta punible de Alzamiento  de   bienes,   hasta  el  momento  árido  en  este  tipo  de  pronunciamientos.   

Respecto del primero de los factores en cita,  advierte  que  las  decisiones  de  primera  y  segunda  instancias,  se  erigen  violatorias  del  debido  proceso, dada la ausencia de motivación, “haciendo   imposible   la  interposición  y  sustentación  del  recurso de casación”   

Ya  luego  anota  el  recurrente  que en los  fallos  se  evidencia  carencia  de  motivación  en  algunos aspectos, en otros  deficiencia  y  en  algunos  más  ambivalencia,  hasta  generar  una  respuesta  aparente a los argumentos presentados por la víctima del delito.   

A   renglón  seguido,  trae  a  colación  jurisprudencia  de  la  Corte Constitucional, en lo que toca con los derechos de  la víctima dentro del proceso penal.   

Cargo único.  

Como  lo anunciara en el proemio del libelo,  la  demandante  asume que, efectivamente, se violó el derecho al debido proceso  y ello se ataca a través de la causal tercera.   

En  concreto,  advera  la  impugnante que el  fallo  de  segunda  instancia  no  se  pronunció  adecuadamente  acerca  de  la  absolución  proferida  por  el  A  quo,  ni  respondió  a fondo los argumentos  presentados  en la apelación por la representación de la parte civil, respecto  al  tópico  específico  de  debate, esto es “la no  condición  de comerciante de Carlos Jaime Posada, aspecto trascendental para la  adecuación    típica    de   la   conducta”    

Ya luego, hace un resumen de la decisión de  primera  instancia,  en  lo  que  toca con las razones esbozadas para considerar  comerciante  al  procesado  CARLOS  JAIME  POSADA  y en consecuencia, determinar  atípica  la  conducta  que  se le endilga, destacando que la doctrina traída a  colación  por  el A quo, no conduce a las conclusiones a las cuales llegó él,  dado  que  fue “deslealmente mutilada”.   

Reseña,  después,  el  contenido  de  la  apelación  promovida  por  la  representación  de la parte civil, “que  DESVIRTÚAN  la  alegada  condición de comerciante, que no  tuvieron    respuesta    en    la    “aparente    sentencia”    de   segunda  instancia”.   

Pero, advierte, las dichas consideraciones no  sólo  fueron  desconocidas, sino “tergiversadas” en la sentencia de segundo  grado,  algunos  de  cuyos  apartes transcribe, para significar su parecer sobre  los mismos.   

Agrega  que  en  lo  tocante a la matrícula  mercantil,  el  Juzgado  Ad  quem,  incurrió  en  error,  al confundirla con el  registro  en  la Cámara de Comercio. Además, respondió de manera “pobre  y deficiente”, la controversia  acerca  de  que  la  calidad  de comerciante no registrada, la hace inoponible a  terceros.   

Despliega  la  recurrente,  una  serie  de  argumentos  que  le permiten controvertir lo dicho por el juzgado en punto de la  calidad    de    comerciante    del    encartado,    llegando    a    inferencia  contraria.   

Por último, trae a colación jurisprudencia  de  la  Corte en punto de la indebida o deficiente motivación, los casos en los  cuales  se  reputa  existir  el  vicio  y  la  trascendencia del mismo en lo que  respecta  a  los derechos fundamentales, para solicitar se admita la excepcional  vía  de  controversia,  ordenando  al  Juzgado  Ad  quem, emita la sentencia de  segunda  instancia  que  respete  los  derechos de la víctima, particularmente,  atendiendo  a  la  condición de no comerciantes de los acusados, lo que permite  significarlos incursos en el delito que se les atribuye.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

       Es claro  que  el  examen  de  la  demanda  transita  por el camino de la excepcionalidad,  ostensible  como  surge  que el fallo de segunda instancia objeto de ataque, fue  proferido por un Juzgado Penal del Circuito.   

               Ello  demanda,  entonces,  verificar  que  se cubran los presupuestos propios de  esta  forma  de acudir al mecanismo casacional, sin que, como ya lo ha señalado  esta  corporación,  se  pierda  de  vista  la  obligación de que los cargos se  formulen adecuadamente, como ocurre con el mecanismo ordinario.   

               Es  menester, entonces, que la argumentación presentada de manera independiente  por  el  recurrente, determine que efectivamente se requiere del pronunciamiento  de   la   Sala  para  efectos  de   sentar  jurisprudencia  sobre  un  tema  trascendente,  o  que  ello  deviene necesario para la protección de garantías  fundamentales, o ambas.   

              En   su   escrito   impugnatorio,   la   casacionista  dice  cumplidos  los  dos  presupuestos.   

            Empero,  la  simple  manifestación  desprovista  de  argumentos  de  fondo  que  soporten  el  punto,  deriva  apenas  en  la  evidente finalidad de soslayar las  exigencias  ordinarias,  para  ver  de  que se examine la sentencia, no, cual se  postula,   en   el   cometido   de  que  se  siente  jurisprudencia  en  asuntos  problemáticos  o  de  escaso  desarrollo,  ni para que se protejan cualesquiera  periclitantes   garantías,   enmascarando  la  más  elemental  pretensión  de  presentar  un típico alegato de instancia que busca anteponer a las razones del  Ad               quem,               las               propias               del  impugnante.            

    

       Es  ello  lo  que  de  entrada  evidencia el libelo examinado, pues,  aunque  se cubre con los objetivos ya relacionados, en su evolución deja ver la  ausencia  de sustancia que soporte lo anunciado, dejando expósita de fundamento  la excepcionalidad predicada.   

       Así, en  lo  que  toca  con  la  necesidad  de que la Corte decante la jurisprudencia, se  limita  el  escrito  a  advertir  que  en  razón  a  la  naturaleza  del delito  investigado,  Alzamiento  de  Bienes,  con  una  penalidad  bastante baja, no es  común  que  estos  asuntos  sean  objeto  de  tratamiento  en  esta sede.    

        Ya  luego,  cita  fuera  de contexto y de manera fragmentada, sentencias de la Corte  que  escuetamente remiten al tópico de los temas no desarrollados, sin tomar en  cuenta  que  en esos casos citados y, de manera general, en los abordados por la  Sala,  a  más  del  factor  reseñado,  se  exige de otros tantos que habiliten  necesario  el  pronunciamiento,  en  el  entendido  que este no asoma pertinente  sólo   porque   respecto   de  un  específico  asunto  no  se  haya  planteado  jurisprudencia o esta no sea prolífica.   

           Precisamente,  sobre  este  aspecto,  ya la Corte se viene pronunciando de forma  reiterada    y    pacífica,    sosteniendo    que1:   

         “En  tratándose   de  la casación discrecional por la necesidad del desarrollo  jurisprudencial  cuando  no existan fallos de la Corte al respecto, la admisión  del  recurso  no  puede  surgir  únicamente  de  la  comprobada inexistencia de  pronunciamientos  de esta Corporación sobre determinados tipos penales, sino de  la  demostración  que  el  peticionario  haga  respecto  de la norma, de la que  solicita   el   desarrollo   hermenéutico,   de   que  ella  posee  vacíos,  o  contradicciones  intrínsecas  o extrínsecas, o en general que su sentido no es  claro,   para  lo  cual  le es preciso poner en evidencia cada uno de estos  hechos,  o  cualesquiera  otro  con  capacidad  de  demostrarle  a  la  Corte la  necesidad  de  su  intervención  a efecto de que profiera una decisión para el  cumplimiento  de  las  finalidades  de  ese  específico  medio  de impugnación  extraordinaria,  situación  que en manera alguna se echa de ver con ocasión de  este asunto”   

      Brilla por su  ausencia  cualquier  tipo  de  argumentación en este sentido, razón suficiente  para  que  se determine carente de sustentación  el primero de los motivos  aducidos para invocar el conocimiento de la Corte.   

        Ya  de  manera algo más elaborada, el recurrente pregona que la intervención de la  Corte  se  torna  necesaria, dado que se advierte violación al debido proceso y  sus  correlatos de la doble instancia, acceso a la justicia y contradicción, en  razón a la falta de motivación del fallo de segunda instancia.   

        Desde  luego  que  una  dicha postulación, así formulada, abriría la puerta para que  se  admita  la  demanda y se analice de fondo lo decidido por las instancias, en  tanto,  surge  insoslayable la naturaleza de garantía fundamental que arropa la  necesidad de que los fallos sean motivados.   

           Pero,  releva  la  Corte,   no   basta  con  significar  violada  o  en  peligro  alguna  garantía  fundamental,  y  ni  siquiera  que  se desarrolle argumentalmente el punto, como  aquí  sucede, sino que, precisamente por su carácter de excepcionalidad, corre  de  cargo  del  impugnante fundar adecuadamente la presunta violación, para que  no  ocurra,  cual  sucede  aquí, que bajo la férula de la presunta motivación  insuficiente,  ambivalente o dilógica, se esconda la pretensión de anteponer a  los  argumentos  del  fallador, los propios del casacionista, en típico alegato  de   instancia  completamente  ajeno  al  rigor  del  mecanismo  extraordinario,  soportado  este  en la demostración de un yerro o violación trascendentes, que  obligan revocar lo decidido.       

       Porque, cabe  agregar,  si apenas bastase con anunciar la existencia de la presunta violación  de  garantías  y  formalmente desarrollar el tópico, el espacio que se abre es  grande   y,   finalmente,   la   excepcionalidad   deriva   en   lugar   común,  convirtiéndose  la  exigencia  en  un  mero  mecanismo formal que ningún rigor  demanda del impugnante.   

          Para  el  caso, es  cierto  que  la  demanda  entroniza como argumento central, la presunta omisión  del  fallador de segunda instancia, que supuestamente obvió contestar todos los  puntos  objeto  de cuestionamiento a través del recurso vertical de apelación,  o su manifestación argumental dilógica y ambivalente.   

         Sin  embargo,  dentro  de  la  misma  demanda  se  presentan  algunos apartados de la  sentencia  cuestionada,  que  permiten  advertir,  en la confrontación a la par  intentada  por  el  recurrente,  que  finalmente  la  discusión  no  bordea los  límites  de  la  garantía  fundamental asumida violada por el demandante, sino  que  dentro  del  particular análisis de la prueba efectuado por este, entiende  la   manifestación   en  contrario  realizada  por  el  Ad  quem,  dilógica  o  ambivalente,  apenas porque da a los elementos de juicio un alcance diferente al  suyo.   

           A   este  efecto,  significa  el  demandante  que la razón de la apelación, conforme la sentencia  absolutoria  proferida  por  la primera instancia, estribó exclusivamente en la  determinación  de si debía entenderse o no comerciante al acusado CARLOS JAIME  POSADA,  dado  que  en  tratándose  de  personas  con  esta condición, deviene  atípica la conducta.   

            Pues  bien,  si  se  conoce que la auscultación en segunda instancia de lo decidido, se rige  por  el  principio de limitación, vale decir, como lo consagra el artículo 204  del  C.de  P.P.,  circunscrita  “a  los asuntos que  resulten  inescindiblemente  vinculados al objeto de apelación”, no  se  observa cómo pueda significarse insuficiente la motivación  del  fallo  proferido  por el Ad quem, cuando de los registros consignados en la  demanda,  fácilmente  se  advierte  un amplio despliegue argumentativo sobre el  tema,  mismo  que anunció insular en la pretensión del apelante, y que este no  discute.   

      En el recuento que  hace  el  recurrente  respecto  de  los  argumentos consignados en la sentencia,  lejos  de  omisión o insuficiencia, se advierte un adecuado y amplio despliegue  de  motivos  que  llevaron  a  la  confirmación  del  fallo,  desde luego todos  pertinentes  en  lo  que  toca  con  el  aspecto  central de debate, esto es, la  condición de comerciante del acusado.   

        Véase,  entonces,  que  el  despacho  Ad  quem,  conforme  lo  registra  la  demandante,  advirtió  la  condición  de comerciante del procesado CARLOS JAIME POSADA, por  figurar  como  socio  de la sociedad Camilo Posada y Cía Ltda.; por representar  legalmente  a  varias  compañías,  acto  que  estima  evidentemente mercantil;  porque  así lo afirma un declarante al que dio credibilidad el juzgador; porque  así  lo  entiende  de  la  lectura  que  hace  de  doctrina autorizada sobre el  particular;  y porque asume que la no renovación del registro mercantil resulta  insuficiente  para  despojar  de  su  condición  de  comerciante  a la persona.   

           Cosa  distinta   es  que  el  impugnante  estime  inadecuados  los  razonamientos  del  fallador,  porque  de las pruebas hace una interpretación distinta, aspecto que  para   nada   se   emparenta   con  la  motivación  insuficiente,  dilógica  o  ambivalente, de la cual se acusa al fallo.   

           Y  es  ello,  debe  anotarse,  lo  que  campea  en  el escrito presentado por el casacionista,  cuando  realiza  manifestaciones  tales  como  que el declarante validado por la  instancia   para   demostrar  la  condición  de  comerciante  del  acusado,  es  “sospechoso”,  o que la  doctrina  traída  a  colación  fue  implantada  en  la  sentencia “sin    análisis”,   o   que   las  consideraciones   legales  presentadas  en  la  apelación  fueron  “tergiversadas      para      proceder      a      la      ilegal  absolución”,   o   que   los   razonamientos   son  ambivalentes  porque  “una  cosa  es realizar actos  mercantiles    y    otra,   bien   diferente,   ser   comerciante”,   o  que  el  juzgador  “confunde  la  renovación  de  la  matrícula  mercantil,  con  el  registro  en la Cámara de  Comercio  como  comerciante,  que son dos obligaciones diferentes”.    

        Es  claro,  para  la  Corte,  que  lo  consignado  por el recurrente no remite a una  decisión  aparente,  una  simple ritualidad o el mero formalismo que reputa del  fallador   genéricas   afirmaciones   o   tácitos  supuestos  que  posibiliten  equívocas  conclusiones,  como pregona de la falsa motivación o ausencia de la  misma,  el  apartado  jurisprudencial  referenciado  en  la  demanda,  ni que la  interpretación  realizada  por  el juzgador acerca de lo que la reglamentación  civil  y  comercial,  y  la  misma  doctrina,  estipulan  en  lo que toca con la  condición   de   comerciante,  asome  ambivalente  o  dilógica,  sino  que  el  casacionista  no comparte las conclusiones contenidas en la decisión de segunda  instancia  y pretende, repetimos, cubierto por el formalismo de la violación de  garantías  fundamentales,  entronizar su particular óptica de los hechos y las  pruebas recabadas.   

         Mal  puede  la sala, entonces, apenas porque para facultar el examen excepcional  del  tema,  el  recurrente dijo violado un derecho fundamental, dar pábulo a la  tramitación   casacional,   cuando  evidente  emerge  de  la  demanda,  que  lo  pretendido   es   habilitar  un  nuevo  espacio  para  entablar  una  discusión  probatoria propia de  los alegatos de instancia.   

         Así  las  cosas,  menester  se hace pregonar que, de un lado, la justificación  presentada  en  el  escrito  de  demanda,  para  soportar la vía excepcional de  casación,  asoma  insuficiente  en el cometido propuesto de demostrar necesario  decantar  la jurisprudencia o violadas garantías fundamentales, y del otro, que  ya  propuesto  el cargo, este en su elaboración no soporta en verdad violentado  el  derecho  del  debido proceso y sus correlatos de derecho de contradicción y  doble  instancia,  por  virtud  de  la  motivación  insuficiente,  dilógica  o  ambivalente,  sino  únicamente el esfuerzo velado por controvertir el análisis  que de la prueba hizo el fallador de segundo grado.    

        Se  insiste,  pese  a  que  se  reclama la existencia de indebida motivación, surge  claro  que el ataque se enfila por la vía de la controversia probatoria, asunto  por  entero ajeno al medio excepcional que habilita pronunciamiento de casación  en  tratándose  de  sentencias  de  segunda instancia proferidas por un Juzgado  Penal del Circuito.   

        Sobre  este   aspecto,   en  reciente  pronunciamiento  señaló  la  Corte2:   

          “Se  insiste,  los  razonamientos en relación con la apreciación  de  las  pruebas,  dada la indeterminación de los resultados por la posibilidad  de  meras  discrepancias  valorativas,  no  pueden ser argumento suficiente para  reclamar una casación sujeta a tan singulares necesidades.   

         

         Es  que  en  tratándose  de  defectos  de apreciación probatoria,  fundamento  de  la solicitud de que la Corte ejercite en este evento la potestad  discrecional  que  le  asiste, la demanda no tendría ninguna posibilidad de ser  admitida  en  los  términos planteados por el censor, pues, como constantemente  lo  viene  sosteniendo,  entre  otros,  en  el pronunciamiento realizado el 9 de  febrero del pasado año, Rad. 23.055:   

“(…)   en  principio,  las posibilidades reconocidas en la jurisprudencia para acceder a la  casación  discrecional  no  se  extienden  a  las  hipótesis  planteadas en la  demanda,  es  decir,  a  discutir  la  valoración  judicial de los elementos de  convicción,  porque  en  esa  labor los jueces cuentan con la relativa libertad  que  se  desprende  de  la  sana  crítica,  a  no  ser  que se proponga que sus  deducciones  son producto de una motivación aparente, falsa o ausente, supuesto  que  determinaría,  en  caso  de  que  se  demuestre  y aparezca concretado, la  consolidación  de  un  quebranto a las garantías, en cuanto obedecerían tales  deducciones   a   la   arbitrariedad   -ajena   a   un   estado  democrático  y  constitucional-    y    no   a   la   razón   y   a   la   justicia”.   

En suma, como el recurrente no cumplió con  la   obligación  de  fundar  adecuadamente  la  necesidad  de  que  se  examine  excepcionalmente   su  pretensión,  el  cargo  planteado  remite  apenas  a  la  discusión  propia  de  instancias acerca de la valoración probatoria efectuada  por  el  Ad  quem,  y no se observan violaciones a garantías fundamentales, que  obliguen  conocer  de  oficio lo actuado, se inadmitirá, conforme lo anotado en  precedencia, la demanda de casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por la  representante legal de la Parte Civil,  en  el  proceso  que por el presunto delito de Alzamiento de Bienes, culminó en  las  instancias con fallo absolutorio a favor de CARLOS JAIME POSADA ARISTIZABAL  y SILVIA GONZÁLEZ DE POSADA.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                               JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 30 de noviembre de 2006, radicado 26.012   

2 Auto  del 7 de febrero de 2007, radicado 26493     

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