26967(12-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26967  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 170  

Bogotá, D. C., doce (12) de septiembre de dos  mil siete (2007).   

V    I    S   T   O  S   

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada    por    el    procesado    JOSÉ   HUMBERTO  RODRÍGUEZ  CASTIBLANCO,  quien   es  abogado,  condenado  por  el  delito  de  inasistencia  alimentaria.   

H E C H O S  

Informa   la   actuación  que  el  abogado  José   Humberto  Rodríguez  Castiblanco,  padre  del  entonces  menor  J.  A.  R.  R.,  no  cumplió con la  obligación  alimentaria  que  legalmente tenía con su hijo, incumplimiento que  se  presentó  desde  el 24 de junio de 2003, hechos que, a través de querella,  fueron  puestos  en  conocimiento  de  la  justicia  por la madre del mencionado  menor, señora Rosalbina Rubio.    

Cabe precisar que para el 24 de junio de 2003,  fecha  en  que empezó el incumplimiento de la obligación alimentaria, el menor  J.  A.  R.  R. contaba con poco más de 15 años de edad, toda vez que nació el  25  de  octubre de 1987, según se constata en el correspondiente registro civil  de  nacimiento.  Debe indicarse  que por disposición expresa del artículo  47,  numeral  8°, de la Ley 1098 de 2006, no se precisan los nombres del citado  menor.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.   Agotado  el ciclo investigativo, la  Fiscalía  Cien  Local  de Bogotá, el 12 de marzo de 2004, calificó el mérito  del  sumario con resolución de acusación en contra de  José  Humberto Rodríguez Castiblanco por el delito de  inasistencia   alimentaria   que   prevé   el  inciso  1° del artículo 233 de la Ley 599 de 2000, norma que  contempla  pena  de  prisión que oscila entre 1 y 3 años, decisión que cobró  ejecutoria el 26 de marzo siguiente.   

En  cuanto  a  la  adecuación  típica de la  conducta     punible     imputada,    la    Fiscalía    hizo    el    siguiente  pronunciamiento:   

“Efectuada  la  sinopsis  de  los  hechos y como al proceso se trajo prueba de tipo documental y  testimonial  que  acredita  de  manera  de  manera  absoluta  que JOSÉ HUMBERTO  RODRÍGUEZ  CASTIBLANCO,  es  el padre de JHON ALEXANDER RODRÍGUEZ RUBIO, y que  desde  el  mes  de  julio de 2003, viene incumpliendo paulatina y reiteradamente  con  su  obligación  alimentaria,  se  colige por la Fiscalía que nos hallamos  frente  al  punible  de  INASISTENCIA ALIMENTARIA que describe el LIBRO SEGUNDO,  TÍTULO  VI  DE  LOS  DELITOS  CONTRA  LA FAMILIA, CAPÍTULO IV DE LA ASISTENCIA  ALIMENTARIA,   ARTÍCULO   233   de   la   CARTA   PENAL,   en   los  siguientes  términos:   

“‘…El  que se sustraiga sin justa causa a  la   prestación   de   alimentos   legalmente   debidos   a  sus  ascendientes,  descendientes,    adoptante    o    adoptivo    o    cónyuge,   incurrirá   en  prisión…’”.   

2.   La  etapa del juicio la tramitó el  Juzgado  Veintiséis  Penal Municipal de Bogotá, despacho que el 16 de junio de  2005  dictó sentencia de primera  instancia, a través de la cual condenó  a  José  Humberto Rodríguez Castiblanco a  las penas principales de 2 años de prisión, multa equivalente a  un  salario  mínimo legal mensual vigente, a la accesoria de rigor y al pago de  los  perjuicios,  como  autor del delito de inasistencia alimentaria previsto en  el  inciso  2° del artículo  233  del  Código  Penal  (Ley  599  de  2000).  Así  mismo,  le  concedió  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

3.  Apelado el fallo por el procesado, el  Juzgado  Cuarenta  y  Ocho Penal del Circuito, el 25 de  septiembre    de    2006,   lo   confirmó   en   su  integridad.   

4.   Contra  la  anterior  decisión  el  acusado interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  procesado José  Humberto   Rodríguez   Castiblanco,  quien,  como  se  indicó,  es  abogado  titulado,  luego  de  indicar que el incumplimiento de la  obligación   alimentaria   que   se  le  reprocha  se  debe  a  las  difíciles  circunstancias  económicas  por  las  que  pasa,  afirma  que  el  sentenciador  “ha   hecho   una   mala   apreciación   de   la  prueba”  que  lo  condujo  al desconocimiento de los  principios   constitucionales   de  la  dignidad  humana  y  del  in  dubio  pro  reo.   

Después de referirse al alcance jurídico del  principio  de  la  dignidad humana,  el  cual,  en  su   criterio,       se       erige       en      “cláusula             de           interpretación”,    sostiene   que   el   sentenciador   de    segundo   grado  “interpretó   mal    el    ingrediente   normativo   del   Art.   233    del   Código   Penal  que   tipifica   la   inasistencia     alimentaria,     es     decir     sin   justa     causa,     pues     consideró    suficiente   para    la    tipificación    de   la   conducta   la   conformación  de los tres elementos, pero excluyendo el referido a la  justificación”.   

Considera   que   el   juzgador   tomó  al  “hombre  como un medio para un fin y no como un fin  en  sí  mismo”,  invirtiendo  el  principio  de  la  dignidad  y  de esa forma terminó desconociendo “la  precaria  situación  económica y familiar del suscrito condenado que me coloca  en   una   situación  difícil  para  el  cumplimiento  de  cierta  obligación  económica  con respecto a mi hijo querellante. Cómo es posible sostener que el  hombre  sea  solamente  eso: un medio para proveer alimentos hablando del delito  de   inasistencia   alimentaria,   y   no   un   fin  en  sí  mismo”.   

Reitera  que dicho incumplimiento alimentario  se  presentó  “por  las circunstancia personales y  familiares  que  al  unísono  acontecieron  que me sumieron en cierto estado de  tristeza  y  depresión  que  me  situaron  en  un caso de fuerza mayor y que el  sentenciador desconoció”.   

Por  ello,  al  concluir  que  la  sentencia  condenatoria      es     “equivocada”,  solicita  a  la Corte “disponer lo  que   en  derecho  corresponda  siempre  tutelando  el  derecho  a  la  dignidad  humana”.   

A   continuación,   luego   de   referirse  conceptualmente  al  instituto  del in dubio pro reo, afirma que el sentenciador  de   primer  grado  le  impuso  una  condena  muy  alta,  sanción  que  resulta  desproporcionada  frente  a  su condición de “padre  de  familia  de  otros cuatro menores de edad, que me encuentro desempleado, que  tengo  más  de  cincuenta años de edad, que no tengo bienes de fortuna, que no  tengo  otra  fuente de ingresos sino mi profesión de abogado la cual ejerzo con  honradez  y  dignidad desde hace más de veinte años, sin tener ningún tipo de  antecedentes  penales ni disciplinarios, que estoy en estrato dos, que mis hijos  estudian  en  colegios  oficiales, que el Estado nos proporciona salud a través  del  SISBEN  y esa sentencia de dos años agrava más mi situación económica y  familiar”.   

En  consecuencia, solicita a la Corte case el  fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Es evidente que, de conformidad con  el  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento Penal, sólo procede en este  asunto  el  recurso  de  casación  discrecional,  pues  la sentencia de segunda  instancia  no  la dictó un  tribunal superior de distrito judicial sino el  Juzgado  Cuarenta  y  Ocho Penal del Circuito de Bogotá, en la medida en que el  procesado  fue  condenado  por  un delito de competencia de los juzgados penales  municipales, como es el de inasistencia alimentaria.   

De  igual  manera, es claro que el procesado  José   Humberto  Rodríguez  Castiblanco,  en  su  condición  de abogado, tiene legitimidad e interés para  recurrir  a  través  de  esta  vía  extraordinaria excepcional, según así lo  autoriza el artículo 209 ibidem.   

2.  Precisado lo anterior, se procederá  a   verificar   los   demás  presupuestos  para  acceder  a  esta  impugnación  extraordinaria.   

Así, recuérdese que cuando la casación se  intenta  por  vía  excepcional,  también  se  requiere  verificar  si el actor  cumplió  con  la  carga de fundamentar los motivos por los cuales considera que  se  ha  violado  una  garantía  fundamental  o  por  qué  se hace necesario el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  pues  sólo  a esos eventos se restringe la  admisibilidad de esta modalidad casacional.   

Respecto  del  citado  presupuesto  de  la  fundamentación,  la  jurisprudencia  de  la Corte ha sido reiterada y clara que  cuando  se  trata  de  la  violación de un derecho fundamental, el casacionista  está  obligado  a  desarrollar una argumentación lógica dirigida a evidenciar  el  desacierto,  siendo  imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento  de  una  garantía  por  quebrantamiento  de la estructura básica del proceso o por  violación  de un derecho fundamental, e indicar las normas constitucionales que  protegen   el   derecho   invocado   y   su   concreto   conculcamiento  con  la  sentencia.   

En lo que tiene que ver con el desarrollo de  la  jurisprudencia,  el  casacionista  debe  manifestar  si   lo    pretendido    es   la   actualización   de   la   doctrina   imperante,   la  unificación  de   posiciones    encontradas   sobre  el   particular   o   el    pronunciamiento    sobre   un   tema   aún   no     desarrollado,    exponiendo    una    argumentación   lógica   que   demuestre   de   qué   manera la   decisión    demandada   de   la   Corte   frente   al   punto   que   estima   se  debe   clarificar   presta    el   doble   servicio   de   solucionar   adecuadamente  el   caso   y   servir   de  guía   como    criterio   auxiliar   de   la   actividad   judicial.   

No  obstante,  dado  que  la casación es de  naturaleza  extraordinaria  y rogada, se debe elaborar la demanda respetando las  reglas  de  formulación, desarrollo y demostración del cargo, según la causal  invocada y el modo de violación de la ley sustancial señalado.   

3.  En el evento que ocupa la atención  de   la  Corte,  si  bien  es  cierto   que  el  libelista  afirma  que  se  “desconocieron       algunas       garantías  fundamentales”,  pues  estima  que se transgredieron  los  principios  constitucionales  de la dignidad humana y del in dubio pro reo,  aseveración  que  le  permite  entender  a  la  Corte  que acudió a la segunda  exigencia  que  establece  el  inciso  final  del artículo 205 de la Ley 600 de  2000,  también lo es que esta hipótesis se quedó en el simple enunciado, pues  no  expresó,  de  manera  clara,  lógica  y  concreta,  de  qué manera fueron  desconocidos  tales principios, cómo se afectaron sus derechos constitucionales  y su evidente repercusión en el fallo impugnado.   

En efecto, el procesado abogado José  Humberto  Rodríguez Castiblanco, en  lugar  de  centrar  su argumentación con el fin de ilustrar a la Corte cómo en  verdad  en  este  asunto  se  afectó  de manera grave su dignidad y cómo no se  resolvió  a  su  favor  el  planteado  principio  de la duda, para seguidamente  conectar  estas  supuestas  irregularidades  sustanciales  con  las conclusiones  adoptadas  en  la  sentencia, como si se tratara de una alegación de instancia,  se  limitó  a  hacer  cuestionamientos  generales  y  deshilvanados que en nada  concretan   y   demuestran   su   inconformidad,  tales  como  que  el  juzgador  “toma al hombre como un medio para un fin y no como  fin   en   sí   mismo”,   o   que  “interpretó  mal  el ingrediente normativo del Art. 233 del Código  Penal  que  tipifica  la inasistencia alimentaria”, o  que  el incumplimiento alimentario se presentó “por  las  circunstancia  personales  y familiares que al unísono acontecieron que me  sumieron  en  cierto  estado de tristeza y depresión que me situaron en un caso  de  fuerza  mayor y que el sentenciador desconoció”,  afirmaciones  que  por  sí  solas  no  conducen  a la concreción del yerro que  supuestamente ocurrió.   

Olvidó  el  libelista  que no es suficiente  denunciar  el  vicio  y  demostrar  su  existencia,  sino  que  para la adecuada  proposición  del  ataque  es  indispensable  que  se acredite de qué manera el  defecto denunciado afectó sus garantías.   

En   ese   orden,   es   evidente  que  la  argumentación  así  planteada  carece  del  más  mínimo  desarrollo, pues no  ilustró  a  la  Corte cómo cada una de esas afirmaciones conducen a la alegada  transgresión  de  sus  garantías  fundamentales,  sin dejar pasar por alto que  tales  presuntas   irregularidades  no  fueron  objeto   de   la  presentación  del  respectivo  cargo  o cargos que respetaran las  reglas  de  formulación,  desarrollo   y  demostración,  según la causal  invocada  y  el modo de violación de la ley sustancial, además de que el actor  se  limitó  a solicitar que se casara la sentencia, sin indicarle a la Corte en  qué sentido debe hacerlo.   

Ahora   bien,  si  se  entendiese  que  la  violación  de  las  garantías  fundamentales  tuvo  como  génesis  la  errada  valoración  de  los  medios  de  convicción,  conclusión que emerge cuando el  censor  afirma  que  “el  sentenciador ha hecho una  mala  apreciación  de  la prueba”, de todos modos el  reproche  quedó  en  el  simple  enunciado, toda vez que no precisó, de manera  lógica,  cómo  dicho  yerro  condujo  a  la  transgresión  de las mencionadas  garantías  constitucionales  (dignidad  e  in  dubio  pro  reo)  ni formuló el  respectivo  cargo  que,  consecuente  con  esa  afirmación  y  fundando  en  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  condujera a ilustrar a la Corte  cómo  en verdad  las conclusiones adoptadas en la sentencia se alejaron de  la realidad probatoria por razón de su errada apreciación.   

En  consecuencia,  como  se  advierte que el  peticionario  deja huérfano el desarrollo de la tesis que lo motivó a acudir a  esta vía extraordinaria y excepcional, la demanda se inadmitirá.   

CASACIÓN   OFICIOSA  

1.  Ha venido considerando la jurisprudencia  mayoritaria  de  Sala  que  cuando  se  inadmite la demanda de casación pero se  advierte  la vulneración de una garantía fundamental que imponga su ineludible  corrección,  la Corte, previamente a pronunciarse al respecto, disponía correr  traslado   al   Ministerio   Público   para   que   emitiera   su  concepto  al  respecto.   

Sin embargo, encuentra la Sala que en aras de  los   postulados   de   pronta  y  eficaz   administración   de   justicia,   lo   lógico   es   que  advertida  la  irregularidad  que  atente  contra las garantías de los derechos fundamentales,  sin   correr  traslado  al  Ministerio  Público,  se  subsane  de  manera  inmediata,  con el fin de reparar  el  agravio inferido, máxime cuando la Constitución y la ley impone a la Corte  Suprema de Justicia  efectivizar el derecho material.   

Por    consiguiente,    recogiendo    la  jurisprudencia  sentada  al  respecto, la Sala procederá a pronunciarse en este  caso sobre la afectación de un derecho fundamental.   

2.   En  efecto,  como   quedó   consignado    en   los   antecedentes   de   esta   providencia,   la  Fiscalía  Cien  Local  de  Bogotá  acusó al procesado  José         Humberto         Rodríguez   Castiblanco    por   el   delito   de    inasistencia    alimentaria   previsto   en   el   inciso    primero   del     artículo     233     del     Código    Penal,  preceptiva   que   contempla   pena   que  oscila   entre  1  y  3  años  de prisión.   

No obstante, el sentenciador lo condenó por  la  misma  conducta punible pero prevista en el inciso  segundo  del  citado  artículo  233,  normativa  que  contempla  pena de prisión de 2 a 4 años cuando la inasistencia alimentaria se  comete contra un menor de 14 años.   

Como  bien puede apreciarse, es evidente que  el  sentenciador  desconoció  los extremos fácticos y jurídicos contenidos en  la  resolución  de  acusación,  situación  que condujo a la transgresión del  principio  de  congruencia  y,  consecuentemente,  de  la  legalidad de la pena,  aspecto   que   comportó  la  violación  de  los  derechos  y  garantías  del  sentenciado.   

En cuanto a la congruencia, se hace necesario  recordar  que nuestro sistema optó por una imputación fáctica y jurídica que  debe  determinarse  de  manera  completa  en  la acusación, pues, como lo tiene  señalado  la  ley,  los extremos de la relación jurídico procesal deben estar  cabalmente  delimitados  y,  por  lo mismo, puestos en  conocimiento del acusado y su defensor.   

Por  ello, el juzgador al momento de elaborar  el  correspondiente juicio de derecho puede llegar a transgredir el principio de  congruencia    por    acción    o   por   omisión,   según   los   siguientes  eventos:   

1.  Por acción:  

a) Cuando se condena por hechos o por delitos  distintos a los contemplados en la acusación.   

b)   Cuando  se   condena  por  un  delito que nunca se imputó en la resolución de acusación.   

c)   Cuando  se  condena  por el delito  atribuido   en   la   acusación   pero   se   deduce  circunstancia,   genérica   o  específica,  de  mayor  punibilidad no imputada en la acusación.   

2.  Por omisión:  

Cuando   en   el   fallo  se  suprime  una  circunstancia,  genérica o específica, de menor punibilidad que fue reconocida  en el pliego acusatorio.   

En consecuencia, como de la revisión detenida  del   expediente   se  concluye  con  claridad  que  al  procesado  Rodríguez  Castiblanco  no se le atribuyó  en  la  resolución de acusación el haber incumplido la obligación alimentaria  sobre  un  menor  de  catorce  años,  circunstancia que sí se le imputó en la  sentencia,  la  cual  agrava  la  pena  en  sus extremos, además de que para la  época  en que se inició el mencionado incumplimiento alimentario su menor hijo  contaba  con  más  de  quince años, como así se desprende del correspondiente  registro  civil  de  nacimiento,   la Corte, en aras de preservar el debido  proceso  y  las  debidas  garantías  del  sentenciado  y  haciendo  uso  de las  facultades  conferidas  por el artículo 216 del Código de Procedimiento Penal,  casará  oficiosa  y  parcialmente el fallo de segundo grado y, en consecuencia,  ajustará la pena dentro del marco de la legalidad.   

La Pena a imponer  

Respetando los parámetros que tuvo en cuenta  el  juzgador  de primer grado en el proceso de determinación de la pena, dentro  del   cual   partió   del  cuarto  mínimo,  toda  vez  que  sólo  concurrían  circunstancias  de  menor  punibilidad, la Corte procederá, entonces, a imponer  la   pena   mínima   establecida   en   el   inciso  primero  de  artículo  233,  esto  es, un (1) año de  prisión.   

Por  lo  tanto,  se condenará a José  Humberto  Rodríguez  Castiblanco  a  las  penas  principales  de un (1) año de prisión y multa equivalente a un (1)  salario  mínimo  legal  mensual  vigente y a la accesoria de de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término de la  pena   privativa   de  la  libertad,  como  autor  del  delito  de  inasistencia  alimentaria  previsto  en  el  inciso 1° del artículo 233 del Código Penal (Ley 599 de 2000).   

Las restantes decisiones adoptadas en el fallo  impugnado se mantienen incólumes.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1.  INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  procesado     abogado  JOSÉ  HUMBERTO RODRÍGUEZ  CASTIBLANCO.  En consecuencia, se declara desierto el  recurso extraordinario de casación interpuesto.   

2. CASAR OFICIOSA Y  PARCIALMENTE la sentencia y, en consecuencia, condenar  JOSÉ  HUMBERTO RODRÍGUEZ  CASTIBLANCO  a las penas principales de un (1) año de  prisión  y multa equivalente a un (1) salario mínimo legal mensual vigente y a  la  accesoria  de  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por el mismo término de la pena privativa de la libertad, como autor  del   delito   de   inasistencia   alimentaria   previsto   en  el  inciso  1°  del artículo 233 del Código  Penal.   

3.  PRECISAR  que  las  restantes  decisiones  adoptadas en el fallo impugnado se mantienen incólumes.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                             JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                     

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                             JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                     

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                             JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

Permiso  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                          Secretaria     

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