26928(26-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26928   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.58  

Bogotá  D.C.,  veinticinco (25) de abril de  dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  la  admisibilidad  de los fundamentos lógicos y debida argumentación de la demanda  de  casación  presentada  por el defensor de JOHAN ALEISON RAMÍREZ HERNÁNDEZ,  contra  el  fallo  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín que  modificó,  en  cuanto  a  la  duración  de la pena, el del Juzgado Veintitrés  Penal  Municipal  de  la  misma ciudad, por cuyo medio lo condenó como autor de  hurto calificado y agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

“En  horas  de  la noche del once (11) de  Julio  del  presente  año  (2006),  fue abordado el joven LUÍS FERNANDO ZAPATA  OROZCO,  quien  se  transportaba  en  una  moto,  por  dos personas que también  conducían  motocicleta,  ello  a  la altura de la calle 68 con carrera 50 de la  ciudad,  aquél  fue  amenazado con un arma de fuego, acto seguido lo despojaron  de  la moto y un maletín con herramientas. En el proceso de huida fue capturado  JOHAN  ALEISON RAMÍREZ HERNÁNDEZ, horas después fue reportada la moto hurtada  abandonada  en  cercanías  del  barrio  Manrique.  La  herramienta también fue  abandonada      y      luego      recuperada”1.   

El 12 de julio de 2006 se llevó a cabo ante  el  Juez  Veinticuatro  Penal  Municipal de Medellín con función de control de  garantías,  audiencia  en  cuyo  desarrollo  se  legalizó  la aprehensión del  indiciado,  la Fiscalía le formuló imputación por hurto calificado y agravado  de  conformidad  con  los  artículos  239,  240,  inciso  segundo, y 241-10 del  Código   Penal   (Ley   599   de   2000,   con  las  modificaciones  hechas por la Ley 890 de 2004), y se le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  su  lugar  de  residencia.   

A su turno, ante el Juzgado Veintitrés Penal  Municipal  de Medellín con funciones de conocimiento, en audiencia celebrada el  29  de  agosto  de  2006, la Fiscalía presentó escrito de acusación, haciendo  saber  el  representante  de  ese  ente y el de la defensa la celebración de un  preacuerdo  mediante el cual el procesado acepta los cargos y a cambio recibirá  rebaja  del 50% de la pena que se le llegare a imponer, convenio aprobado por el  juez,  en  razón  a  que  también la víctima del delito manifestó que había  sido indemnizada por el procesado.   

De  acuerdo  con  lo  anterior,  el  5  de  septiembre  siguiente  se  llevó a cabo audiencia de lectura del fallo mediante  el  cual  fue condenado JOHAN ALEISON RAMÍREZ HERNÁNDEZ a la pena principal de  veinte  (20)  meses y quince (15) días de prisión, así como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  en  calidad de autor del delito de hurto calificado y agravado, y  le  fueron  negados la suspensión condicional de la ejecución de la pena, como  la  sustitución  de la prisión por prisión domiciliaria, fallo apelado por el  defensor del acusado.   

Celebrada la audiencia de sustentación oral  del  recurso  vertical,  mediante  sentencia de 11 de octubre de 2006 desató la  alzada  el  Tribunal  Superior de Medellín, en el sentido de modificar el fallo  recurrido  en  cuanto  a  la  pena de prisión, la cual redujo a dieciséis (16)  meses  y  doce (12) días, confirmándolo en todo lo demás, decisión contra la  que   el   defensor   del   procesado   interpuso   recurso   extraordinario  de  casación.   

LA DEMANDA  

Un cargo hace el demandante con fundamento en  el  artículo  181,  numeral 1, del Código de Procedimiento Penal (Ley  906  de 2004), alegando la violación  directa  de  la ley por falta de aplicación del artículos 63 del Código Penal  (Ley  599  de 2000), 3 de la  Declaración  Universal  de  los  Derechos  Humanos;  1  y 25 de la Declaración  Americana  de  los  Derechos  y  Deberes  del  Hombre; 7, numerales 1 y 2, de la  Convención  Americana  de Derechos Humanos (Ley 16 de  1972);  y 9, numerales 1 y 4 , del Pacto Internacional  de   Derechos   Civiles   y  Políticos  (Ley  74  de  1968),  y  la  consecuente  aplicación  indebida  del  artículo 450, inciso 2°, de la misma codificación.   

Expresa el actor que su inconformidad es con  la  decisión  de  primera y segunda instancia, de no conceder a su representado  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  con  base en la  modalidad    y    gravedad   de   la   conducta   punible   por   la   que   fue  condenado.   

Como   fundamento   de   su   pretensión  señala  que  como  la  moto  y herramientas hurtadas  fueron  recuperadas  poco  después,  el  daño  sufrido  por  la  víctima y la  sociedad   fue   mínimo  o  de  poca  intensidad;  estima  que  la  aceptación  preacordada  de  responsabilidad  antes  de la formulación de la acusación, el  resarcimiento  de  los  perjuicios  al  ofendido  y  la  expresión  de público  perdón,  son  aspectos  que  hacen  atemperar  la  gravedad  del hecho, y deben  conducir a inclinarse a favor de la libertad del procesado.   

Destaca  que  no  es  correcto  invocar  la  gravedad  del  delito  de  manera  general y abstracta  para  negar  el  subrogado, ya que al proceder así se  le  asigna  a la sanción penal una mera finalidad retributiva, cuando la ley le  asigna  otros  fines  quizá  mas importantes, como los de prevención especial,  reinserción  social  y  protección  del  condenado,  los cuales estarían más  cerca  de  lograrse con el otorgamiento de la suspensión condicional de la pena  que con su negativa.   

Asegura que conceder la libertad en un caso  como  el  que  es  materia  de  análisis,  no  debe  ser  desmotivador  para la  judicatura  o  las  autoridades  policivas, sino gratificante al devolverle a un  hombre  su estado natural de libertad, ya que en un Estado social y democrático  de  derecho,  los  institutos  penales se han consagrado con miras a hacer menos  nocivas  las consecuencias jurídicas del delito para quien es hallado culpable,  evitando  que  neófitos  en  incursiones  delictivas  se  mezclen  con avezados  transgresores de la ley penal de los que pululan en las cárceles.   

Agrega   que   en   un  Estado  social  y  democrático  de  derecho,  garantías  como  la  de  la  libertad  no  están  sujetas  en su concesión al  “que dirán”, ni pueden  ser  motivo  de  discriminación  para  cierta  clase de transgresores de la ley  penal,   como   quienes  hurtan  vehículos,  porque  ello  constituiría  una  flagrante  violación  de lo  dispuesto en el artículo 13 de la Constitución Política.   

Sostiene  que  el  artículo 63 del Código  Penal,  es una norma imperativa, dado que una vez satisfechos los requisitos que  allí  se  plasman  el  funcionario  debe conceder  el  beneficio allí consagrado, como lo reclama a través  de  esta  vía  extraordinaria,  pues  en  un Estado demoliberal, respetuoso del  principio  de  ultima ratio  como  manifestación  político-criminal de los principios de proporcionalidad y  lesividad,  la  efectivización  de la pena privativa de la libertad sólo puede  tener    cabida   frente   a   conductas   que   en   verdad   y   objetivamente  lesionen de manera grave un  bien   jurídico,   y   cuando   el   sentenciado   no  haya  dado  muestras  de  reivindicación  a  nivel  individual y social, lo cual no ocurre en el presente  caso.   

Transcribe las  normas   que   considera   vulneradas  y  solicita  casar  la  sentencia  en  cuanto  a  la negación de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena, y en su lugar otorgar  éste beneficio y conceder  la libertad al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.    Precisión    inicial   

Conforme   lo  establece  la Ley 906 de  2004,  en  su  artículo  181,  el  recurso  extraordinario  de  casación está  instituído  como  mecanismo de control constitucional y legal de las sentencias  de  segunda  instancia,  tendiente  a reparar el desconocimiento o violación de  derechos  o  garantías  fundamentales,  para  lo cual el demandante está en la  obligación  de  indicar la causal pertinente, desarrollar el cargo sustento del  recurso  y acreditar la necesidad del fallo de casación para el cumplimiento de  uno  cualquiera de los fines señalados por el Legislador en el artículo 180 de  la  citada  codificación, esto es, para la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  padecidos por éstos y la unificación de la jurisprudencia.   

Tal  ejercicio  debe  hacerlo  el censor con  sujeción  a  las  reglas que gobiernan la postulación y desarrollo de cada uno  de  los  reproches,  de conformidad con el ámbito de la causal invocada para el  efecto,  so  pena  de que por su incumplimiento el libelo no sea admitido, tal y  como lo dispone el artículo 184 de la Ley en comento.   

La  naturaleza  del control constitucional y  legal  de  la  sentencia  de  segundo  grado  imprimida a través del recurso de  casación  es  la  que  le  da  el  carácter de extraordinario que ostenta este  mecanismo  de impugnación, y por lo tanto no escapan a éste los requerimientos  metodológicos  necesarios  basados en la razón y la lógica con la observancia  de  las  reglas  de  coherencia,  precisión  y  claridad  que conducen al cabal  entendimiento del reparo.   

En  virtud  de  lo  anterior, además de los  fundamentos  de  lógica, de debida argumentación y de contenido de los cargos,  se  debe  analizar  la necesidad de intervención de la Corte en aras de cumplir  alguna  de  las  finalidades  del  recurso,  porque  si se advierte la imperiosa  protección  o  restauración de un derecho fundamental, al precisarse de fallo,  se  han  de superar las falencias técnicas formales y adquieren prevalencia los  fines  de  la  casación  con la consecuente admisión del libelo, tal y como se  encuentra  establecido  en  el inciso tercero del artículo 184 de la Ley 906 de  2004.   

En el asunto, del desarrollo del único cargo  propuesto  puede  aceptarse  que  le  asiste  interés  al  demandante en cuanto  denuncia  la  ocurrencia  de  de una violación directa de la ley sustancial por  falta  de  aplicación  del  artículo 63 del Código Penal, ante la negativa de  los  falladores  a  conceder  el  subrogado allí previsto, decisión con la que  considera  el  actor  se  vulnera  el  derecho  fundamental  a  la  libertad del  procesado.   

2. De la violación directa.  

Por  abundante  doctrina jurisprudencial se  sabe   que   cuando   el  censor  elige  el cuerpo primero de la causal primera  de  casación  (Ley 906 de  2004,  artículo  181-1°;  o  Ley  600  de  2000, artículo 207-1°),     es    decir,    la       violación      directa    de   la   ley,   se  halla  en  el  deber de aceptar  los  hechos,  las  pruebas y la valoración que de ellas se hizo en las instancias, y  en  tales  circunstancias,  no le es factible discutir cuestiones de facto, toda  vez  la  impugnación  es  de  estricto  orden  jurídico  y  recae sobre la ley  sustancial  por una de estas  razones:  falta  de  aplicación  o exclusión evidente; aplicación indebida, o  interpretación errónea.   

Dentro  de  esa división tripartita de los  sentidos  de  la  violación  directa,  la  falta  de  aplicación  o exclusión  evidente       se  presenta,   por   regla  general,  cuando el juez yerra acerca de la existencia  de  la norma y por eso no la aplica al caso específico que la reclama. Ignora o  desconoce  la  ley que regula la materia y por eso no la tiene en cuenta, debido  a  que  ha  incurrido  en  error sobre su existencia o validez en el tiempo o el  espacio.   

Por su parte, en la aplicación indebida, el  juez   desatina   en   la   selección  de  la norma. El error se manifiesta en la falsa adecuación de los  hechos  probados  a  los supuestos que contempla el precepto, ya que los sucesos  procesalmente  reconocidos  no  coinciden  con las hipótesis condicionantes del  mismo.   

Finalmente, en la interpretación errónea,  el  juez  selecciona  bien  y  adecuadamente la norma que corresponde al caso en  cuestión,  y  efectivamente  la  aplica,  pero  al interpretarla le atribuye un  sentido  jurídico  que  no  tiene,  asignándole efectos distintos o contrarios  a  los que le corresponden,  o que no causa.   

De   lo  anterior  se  desprende  que  la  diferencia  de  las  dos  primeras  especies de error  directo,  con el   último,  estriba  en  que  mientras  en la falta de aplicación y la aplicación indebida  subyace  un  error en la selección del precepto, en la interpretación errónea  el  yerro  es sólo de hermenéutica, pues en rigor lógico hay que partir de la  aceptación  de  que  la  norma  aplicada  es  la  correcta,  sólo  que  con un  entendimiento  que  no  es  el  que  jurídicamente le corresponde, en  razón  del  cual se le hace producir  por exceso o defecto consecuencias distintas.   

A  pesar  de esa  ostensible   diferenciación,  oportuno  se  presenta  recordar  que  la aplicación indebida o la falta de  aplicación  de  una norma puede ocurrir con    ocasión    de   la   errónea  interpretación  de  la  misma,  toda  vez  que esa es una operación mental del  fallador   que   en   la  construcción  de  la  decisión  judicial  precede  a  la  de  activación  del  precepto,  pero en casos como esos, indudablemente el error sólo se materializa  cuando  la  norma    queda    excluida  de  manera  evidente o es        seleccionada     y    aplicada    la   que   no  corresponde       a      la      situación  fáctica.   

Dicho en otras palabras, si una determinada  norma   de  derecho  sustancial  ha  sido  dejada  de  aplicar  o  aplicada  sin  corresponder    al    asunto,    y    ese   error   ha   sido   determinado  por equivocaciones del juez en  la  auscultación  de  su  alcance,  habrá  aplicación  indebida  o  falta  de  aplicación,  pero  no errónea interpretación del precepto, puesto que para la  estructuración  de  este  último  sentido  de la violación se requiere que la  norma haya sido y deba ser aplicada.   

En  conclusión,  siempre  el  concepto de  interpretación  errónea,  necesariamente, supone que el precepto que se reputa  como  vulnerado por el sentenciador fue correctamente seleccionado y aplicado, y  el  dislate  consiste  en  que al determinar sus alcances en el caso concreto se  restringe  o  exacerban sus efectos, sin que pueda confundirse ese fenómeno con  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  que  se originan en el  errado  alcance otorgado  a     la             norma por el juez y que lo determina a  no   aplicar   el  que  corresponde o a aplicar uno equivocado.   

En el presente  caso   el   actor   no  acusa   a   los   falladores   de  ignorar el  artículo  63 del Código Penal, el cual  regula  la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena,  ni  de  desconocer la  existencia   del  mismo;  mucho  menos  asegura      que      incluyeran  requisitos no contemplados  en   la   citada   preceptiva  o  que  le   hayan   otorgado   una   intelección   que  no  le     corresponde     para  dejarlo  de  aplicar,  sino  que  apenas   presenta   un  análisis             distinto,    en   aras   de   concluir   que  sí  es  procedente  la  concesión del citado beneficio.   

La Corte ha insistido, y lo reitera una vez  mas,  en  que  la  demanda de casación difiere ostensiblemente de un alegato de  instancia,  porque requiere una presentación lógica adecuada a cada una de las  causales  legalmente  establecidas,  con  el respectivo desarrollo de los cargos  que   por   vicios   in   procedendo   o      in     iudicando   se   denuncien   y   la   demostración   de   su  trascendencia  en la parte dispositiva del fallo impugnado, ya que  la  pretermisión  de  estos requerimientos mínimos, como ocurre en el presente  evento, condena la censura a su rechazo.   

El otorgamiento  de   la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  depende de los siguientes requisitos,  los  cuales  deben  satisfacerse  en  forma simultánea, pues la ausencia de uno  cualquiera   de   ellos   es   determinante  de  su  negación:  a)  que  la  pena imponible no exceda de  treinta        y       seis       meses (tres  años)      de  prisión;  b)  que  los  antecedentes  personales,  sociales,  y familiares del sentenciado, así como la  modalidad  y gravedad de la conducta punible indiquen  que  no  es  necesario  ejecutar la pena; y c) que el  sentenciado  pague  en  forma  total la pena de multa, en los casos en que ésta  concurra    (ultimo  presupuesto    adicionado    por   la   Ley   890   de   2004,   artículo          4).   

El   primero  y  el  último  requisito,  señalados  en  el  párrafo  que  antecede, son de carácter objetivo, como que  basta  con observar si la pena impuesta no superó el  límite  consagrado  en  la  ley,  y  verificar  la satisfacción de la sanción  pecuniaria   cuando  la  misma  sea  concurrente,  a  efectos de concluir su acreditación.   

El  segundo  presupuesto, en cambio, es de  carácter  subjetivo,  pues su acreditación depende  del  juicio  ponderativo  que         haga        el        funcionario     de     (1)  la  personalidad  del  sentenciado, revelada a través de sus  antecedentes personales,  sociales  y  familiares,  y  (2)   la  modalidad  y  gravedad  del  delito,  manifiesta   en   la   concretas  circunstancias  de  ejecución  de  la  conducta  punible,  en  orden  a  concluir     si     el     sentenciado   requiere   o   no   de   que   se  le  haga  efectiva  la  pena  impuesta.   

Es decir que el cumplimiento del requisito  subjetivo   del   subrogado   de   la   suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, depende de que la estimación de esos  dos   aspectos   sea  positiva,  de  suerte  que  si  esa   valoración   es  fallida      o  adversa  para  alguno  de  esos aspectos,     dado    que    ambos    deben  concurrir   en   forma   simultánea   con   igual   signo  positivo,  no  se  tendrá  por      acreditado     éste   presupuesto,   deviniendo   como  consecuencia ineludible la negación del instituto en comento.   

En   el   caso   analizado,             revisados   los   planteamientos  del  libelista,  es  evidente que no lleva a cabo un ejercicio demostrativo del vicio  que  denuncia  en  relación  con  el  artículo  63  de  la  Ley  599  de 2000;  simplemente  se muestra inconforme con la decisión tomada tanto en primera como  en  segunda instancia, de no conceder al procesado el subrogado de la condena de  ejecución condicional.   

En  efecto,  los  juzgadores,   a  pesar  de  encontrar  abastecido  el     presupuesto     objetivo     (monto  de la pena de prisión) y de que  la   valoración  de  la  personalidad  del  sentenciado  no  arrojó  resultado  negativo,  al  hacer  la  ponderación  de  la  modalidad  y  gravedad  del  delito  de hurto calificado y  agravado  (artículo  240,  incisos  2°  y  4°,  y  artículo   241,   numeral  10,  ley  599  de  2000)  por     el     que     resultó     condenado       el       aquí       procesado,       concluyeron            un            juicio           negativo  que            les            impidió  obtener  el  pronóstico  indicativo  de  que  no  requería de la ejecución  efectiva de la pena.   

La censura del actor se reduce,  como ya se dijo, a una disparidad de  apreciaciones,  en  manera  alguna  demostrativa  de un error craso determinante    de    la   falta   de  aplicación  de la norma  pertinente a los supuestos fácticos ventilados.   

Sostiene  el  actor,    que   como  el  apoderamiento  de  los bienes objeto del despojo  violento  duró  poco  tiempo  y  éstos  fueron recuperados, la lesión al bien  jurídico  fue  de  poca  intensidad  y  por  ende el daño a la víctima y a la  sociedad  mínimo,  sin  embargo,  tales  aspectos  fueron  considerados  en los  juzgadores  pero para advertir que ello se debió fue a la oportuna presencia de  las  autoridades  momentos  después  del  suceso  y  a  su  eficaz accionar que  permitió  la  aprehensión de uno de los ejecutores  -el               condenado-   del  despojo,     el     cual     respondía   a  un   plan   delictivo  previamente  concebido,  con  división  de  trabajo,  superioridad numérica y el  empleo de violencia.   

En  criterio  del actor, la aceptación de  responsabilidad  preacordada  y el resarcimiento de los daños y perjuicios a la  víctima  son  aspectos  que deben atemperar la gravedad de la conducta punible,  empero,  tales  elucubraciones no se ocupan en verdad  de  poner  en  evidencia algún yerro determinante de  la   falta   de   aplicación  del  subrogado,  y  lo  cierto  es  que  las  dos  circunstancias  que  realza  el  censor  tan  sólo  constituyen comportamientos  post-delictuales  en  razón  de  las  cuales el procesado obtuvo los beneficios  punitivos establecidos en la ley.   

Los   demás  argumentos del libelista no pasan de consideraciones  generales,  abstractas,  en  relación  con  los  fines  de la pena, y críticas  igualmente   gaseosas   respecto   del  cumplimiento  efectivo  de  sanciones   de   corta  duración  en  centros  carcelarios,  precisiones  que no evidencian  error  alguno  en la exclusión de la norma por cuya  aplicación aboga el recurrente.   

En   conclusión,   el   demandante   no  acredita    que   la  inaplicación  del  artículo  63  del Código Penal haya sido fruto de un error  in     iudicando,  pues  la fundamentación  del   cargo   está   huérfana   de  un  análisis  que en términos de este  recurso  extraordinario  esté orientado a demostrar  el     vicio    que  denuncia, toda vez que lo que el recurrente hizo fue  ensayar,  como  si  se  tratara de una instancia, una  visión     diferente    de    los    supuestos  condicionantes del    beneficio    contemplado      en      el  referido  precepto,   con   la  aspiración  de  hacerla    prevalecer    frente    al    análisis  serio, ponderado y basado  en  la jurisprudencia, que se haya contenido en la unidad jurídica inescindible  que   integran  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia.   

Olvidó   el   libelista  que  para  una  finalidad   semejante  no         está         prevista    la  casación,  pues  a  no ser que se acrediten errores  graves  y  trascendentes  en  la  recta aplicación   de   la   ley,  las  consideraciones  hechas  en  la  sentencia    de    segundo    grado   constituyen   síntesis   de   verdad,   y   permanecen  amparadas de la doble presunción de  acierto y legalidad.   

Finalmente es oportuno resaltar que la Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   RAMÍREZ       HERNÁNDEZ,  como para que se haga necesario  el  ejercicio  de  la facultad legal oficiosa que le asiste a fin de asegurar su  protección.   

3. Precisión final  

En  consideración a que contra la decisión  de  inadmisión  de  la demanda de casación, parcial en este evento, presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004, es necesario precisar  que  como  allí  no  se regula su trámite, la Sala2  clarificó  su  naturaleza  y  definió   las   reglas   que   deben   observarse  para  su  aplicación,  como  sigue:   

1.  La insistencia es un mecanismo especial,  ajeno  a  la  naturaleza  impugnatoria  que  sólo  puede  ser  promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  mediante  la cual la Sala decide inadmitir la demanda de casación.   

2. La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que hayan salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido   en   la  discusión  y  no  haya  suscrito  el  referido  auto  de  inadmisión.   

3.  Es facultativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4. El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión del libelo.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda de casación presentada en nombre de JOHAN  ALEISON    RAMÍREZ    HERNÁNDEZ,    conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente  proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

Comisión de servico  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                       JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                          JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Antecedente fáctico tomado del fallo de segundo grado.   

2  Sentencia del 12 de diciembre de 2005 Rad. 24322     

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