26913(06-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26913  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 88                                                                              Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C.,  seis  de  junio de dos mil  siete.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Jorge      Heberto      Martínez     Oquendo      contra  la  sentencia dictada el 29 de junio de 2006 por el Tribunal  Superior   del  Distrito  Judicial  de  Buga,  por  el  delito  de  tráfico  de  estupefacientes,  gravado  de  conformidad con lo previsto en el artículo 384.3  ejusdem,  por tratarse de cocaína en cantidad superior a cinco (5) kilos.    

Hechos.  

El 22 de marzo de 2003, alrededor de las 2:30  horas  de la mañana, en la carretera que comunica a Buga y Riofrío, agentes de  la  Unidad  Móvil  de  la  Policía  Judicial  de  Carreteras  del Valle que se  hallaban  en  un  puesto  de  control,  detuvieron  y  registraron  el vehículo  automóvil   de   placas   VMJ979,   en   el  que  se  movilizaban  Alexánder          Calderón          Narváez         (conductor),          Blanca        Cecilia       Alvarez       Cortés       (acompañante     del    conductor)    y  Jorge   Heberto   Martínez   Oquendo   (pasajero),  hallando  en  su  interior 14  paquetes  contentivos al parecer de base de cocaína, camuflados de la siguiente  manera:  cuatro  (4) paquetes en la interior de la puerta delantera derecha, dos  (2)  paquetes  en  el compartimiento del aire frente a la palanca de cambios, un  (1)  paquete  debajo  del  timón  donde  se  halla  el  sistema  eléctrico del  encendido,   y   siete   (7)   paquetes   en   el   interior  de  la  llanta  de  repuesto1.   La   sustancia   tenía   un   peso  bruto  aproximado  de  7500  gramos.    

El  mismo  día  (marzo  22),  la Policía de  Carreteras  hizo  entrega  de la sustancia a la Unidad de Reacción Inmediata de  la  Fiscalía de Buga y dejó a su disposición los detenidos y el vehículo. El  Fiscal  de  turno  requirió  la  presencia  del  técnico Víctor Hugo Márquez  Alarcón  para  la  realización de la diligencia de identificación preliminar,  toma  de  muestras y destrucción de la sustancia, pero debido a la ausencia del  representante  del Ministerio Público decidió posponerla. Con el fin verificar  el  peso  y  la naturaleza de la sustancia de la cual hacía entrega la Policía  de  Carreteras,  el  técnico pesó los paquetes y tomó muestras al azar de dos  de  ellos  para  prueba  de  campo,  obteniendo  los siguientes resultados: Peso  total:   7650   gramos.   Naturaleza:    positivo   para   cocaína  y  sus  derivados2.    

La  diligencia de identificación preliminar,  pesaje  y  toma de muestras se cumplió el 25 de marzo. En esta oportunidad, las  muestras  tomadas  a  los  paquetes 2, 10 y 13 arrojaron resultado positivo para  cocaína  y  las  tomadas  a  los 11 restantes negativo. Estos resultados fueron  confirmados  por  los  laboratorios especializados, donde se estableció que los  últimos  contenían  almidón.  Los  paquetes  que  dieron  resultado  positivo  tenían  peso neto de 549 gramos, 511 gramos y 506 gramos, respectivamente, para  un       total       de       1566       gramos3.         

A  través de estudios técnicos comparativos  de  las  registros  fotográficos y fílmicos de la Policía de Carreteras, y de  los  testimonios  de  las  personas  que  intervinieron en la incautación de la  droga  y  la  entrega  de  la  misma  en  la Unidad de Reacción Inmediata de la  Fiscalía  el  día de los hechos, se estableció que once paquetes (los  que arrojaron resultado negativo), no  correspondían   a   los  originalmente  incautados4.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La Fiscalía vinculó al proceso mediante  indagatoria   a   Jorge  Heberto  Martínez  Oquendo,  Alexánder  Calderón  Narváez  y  Blanca Cecilia Alvarez Cortés, y  mediante  decisión  de  25 de agosto de 2003 calificó el merito  del  sumario  con  resolución  de acusación para los primeros por el delito de  tráfico  de  estupefacientes,  agravado  de  conformidad  con lo previsto en el  artículo  384.3  del  Código  Penal,  por  tratarse  de  cocaína  en cantidad  superior  a  5  kilos,  y  preclusión  de la investigación para la última. La  Fiscalía   Delegada   ante   el   Tribunal  confirmó  la  acusación  mediante  resolución    de    2    de   octubre   de   20035.   

2. Rituada la causa, el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  Especializado  de  Buga condenó a Jorge  Heberto   Martínez   Oquendo   y  Alexánder  Calderón  Narváez  a  la  pena  principal  de  192  meses  de  prisión y multa de 2000  salarios  mínimos  legales  mensuales,  e interdicción de derechos y funciones  públicas  durante 200 meses, como coautores responsables del delito imputado en  la  acusación.  En  decisión  de  segunda  instancia,  tomada  en virtud de la  apelación  interpuesta  por  la  defensa,  el Tribunal confirmó la condena del  primero      y      absolvió     al     segundo6.    Contra    la   decisión  confirmatoria,   el   defensor  de  Martínez  Oquendo  recurre en casación.   

La         demanda.   

Tres  cargos, uno por nulidad al amparo de la  causal  tercera  de  casación  del  artículo  207 del Código de Procedimiento  Penal  (ley  600  de  2000), y dos por infracción directa e indirecta de la ley  sustancial,  al  amparo  de  la  causal  primera,  presenta  el  actor contra la  sentencia impugnada.   

Cargo   primero:  Nulidad  por  falta  de  competencia del Juez que conoció del proceso. Sostiene  que  los  juzgadores  dejaron  de  aplicar los artículos 73 y 77 del Código de  Procedimiento  Penal  y  el  artículo  29  de  la  Constitución  Nacional, que  establece  que  nadie  podrá ser juzgado sino conforme a las leyes preexistente  al  acto  que  se  le  imputa,  ante  juez o tribunal  competente,  y  con  observancia de la plenitud de las  formas propias del juicio.   

Argumenta que en el caso que motiva el recurso  “con  la  certeza  de  los  1566  gramos  de  base  de cocaína incautados, la  competencia  en  el  juzgamiento  corresponde  a  los  jueces del circuito en lo  penal”,  pero  que el procesado fue juzgado por un juez especializado, carente  de  competencia,  “todo  por la presunción infundada de la existencia de 7500  gramos de cocaína”. Y agrega:   

“La  incidencia  del vicio de nulidad en el  proceso  es  tal  que  la presunción antes establecida, llevó a mi defendido a  ser  juzgador  por  un  juez que no es competente y a asumir penas mayores a las  consagradas  para la realidad penal que estaba viviendo, cual es la certeza  de 1566 gramos de cocaína base,  hecho  que mi defendido puso de manifiesto y dejó plenamente claro cuando no se  acogió  a  beneficio  de  sentencia anticipada por cuanto los cargos formulados  por  la  Fiscalía  no  reflejaban  el  resultado  de  la  experticia  legal”.   

Pide a la Corte casar la sentencia impugnada y  declarar   nula   la   actuación   procesal   a   partir   del   cierre  de  la  investigación.   

Cargo   Segundo:  Violación  “directa  e  indirecta”  de  la ley sustancial por errores en la  apreciación  de  las  pruebas,  en  cuanto  los falladores de primera y segunda  instancia  se  basan en la circunstancia de tener por establecido que la calidad  y  cantidad de la sustancia incautada corresponde a cocaína base con un peso de  7500  gramos,  desconociendo  la prueba pericial que estableció que la cantidad  ascendía  a  1566  gramos, correspondientes a los paquetes dos (2), diez (10) y  trece(13).   

El  error  derivó  de  tener  como sustancia  alucinógena  la  cantidad  que  contenían los otros once (11) paquetes, de los  catorce  (14)  incautados,  variando  con ello no solo la competencia, que en la  instrucción  debía  recaer en un Fiscal Delegado ante los Juzgados Penales del  Circuito, y en el juicio en un Juez de la misma categoría.   

El  Tribunal  también  incurrió en error al  tener  por  fundamento  las  consideraciones  del Juez, y dar por sentado que se  cumplían  las  condiciones  previstas  en el artículo 384.3 del Código Penal,  dejando  de aplicar el artículo 29 de la Constitución Nacional, y quebrantando  a  partir  de  suposiciones el principio de certeza de  la prueba, que la ley exige para condenar.   

En  el  proceso ninguna persona desvirtúa el  examen  practicado por el laboratorio LABIESCI de Buga a la sustancia incautada,  suscrito  por  la  doctora  NOHORA  ZAPATA  LOZADA  y ratificado por el químico  REINALDO  GALEANO.  Suponer,  por tanto, una sustancia distinta a la dictaminada  por  los  expertos  y por el laboratorio especializado, “es negar el proceso y  traer  a  él un elemento que no existe cual es once (11) paquetes con sustancia  alucinógena  distinta  al  almidón  que  establece la experticia científica y  técnica”.   

Por otro lado, es importante hace énfasis en  que  en  la  actuación  penal  no existe prueba  alguna  “con  nexo  causal con mi prohijado que lo vincule  con  el supuesto ‘cambiazo  o      trastocada’  a  que  aluden los falladores. Se trata de un error de  hecho  por  falso juicio de identidad porque supone una conexión entre el hecho  indicador  con el hecho indicado: lo cual constituye un error de hecho porque el  ad  quem,  al  formar la decisión impugnada da por sentado el hecho indicador y  le  da  un  alcance  probatorio  que  no  tiene,  otorgándole el valor de plena  prueba,  estableciendo  con  ello  que  todos  y  cada  uno  de los paquetes son  cocaína  base  y  presumiendo  un  promedio  en  gramos  que  no  tiene ningún  fundamento”.   

Es por ello que la sentencia dictada contra el  procesado  “se debe casar, para en su lugar absolverlo de los cargos imputados  y  por  los  que fue condenado, pues se edificó su responsabilidad en un delito  carente  de  la  agravante  que  se  le  inculpó, para proferirle una sentencia  acorde  a  la  cantidad  de  1566  gramos  de  base de cocaína a que aluden los  paquetes dos (2), diez (10) y trece (13).   

Cargo   tercero:  Violación  indirecta  de la ley por aplicación indebida, como quiera que no se  demostró  en  el  proceso  en forma plena e indiscutible la responsabilidad del  procesado  sobre  la calidad y cantidad de la sustancia incautada, existiendo en  el informativo, por el contrario, pruebas que la desvirtúan.   

Afirma  que  el  principio  de presunción de  inocencia  empieza  a  desvirtuarse  desde  cuando surgen en contra del imputado  elementos  de  juicio  que  comprometen su responsabilidad, y se completa con la  certeza  de  los  hechos  investigados  y  de la participación del implicado en  ellos.  Para condenar, por tanto, se requiere certeza no solo del hecho, sino de  la  intervención  del  sujeto, como lo ordena el artículo 232 del C. de P. P.,  allanándose   así   el   camino   para   la   consagración  del  in  dubio  pro reo, que es precisamente la  imposibilidad de plena certeza a la hora de dictar sentencia.   

En el proceso se tiene plenamente establecido  que  tres paquetes arrojaron positivo para base de cocaína, en cantidad de 1566  gramos.  Esto  es  lo  único  cierto  y no admite discusión. También se tiene  establecido   que   el   resto  de  los  paquetes  no  corresponden  a  sustancias  prohibidas. Si se presume,  por  un  momento,  el  supuesto  cambiazo de  que  hablan  los  juzgadores,  entonces surge la pregunta ¿Qué  nexo  causal  permite a los juzgadores atribuir a JORGE HEBERTO MARTINEZ OQUENDO  dicho  cambio,  estando  establecido que desde su captura la sustancia quedó al  cuidado  de los policías que conocieron del caso y después de los funcionarios  judiciales?.   

Técnicamente,  en  la  actuación  no  está  demostrado   el  cambiazo,  siendo   un   supuesto  o  presunción,  carente  de todo sustento real y legal. La aplicación indebida, por  tanto,  surge  de  los  artículos  376.3  y 384 del Código Penal por cuanto al  primero  se  le da una connotación agravante que no existe, y suponiendo que se  presentó   el  cambio,  no  puede atribuirse certeramente al procesado.   

El error del Tribunal consistió en confirmar  una  sentencia  sin  que  existiera certeza probatoria  para condenar, en franco desconocimiento del principio  fundamental  que exige plena prueba del delito y de la responsabilidad, violando  la  ley  sustancial  por  indebida  aplicación  de los artículos 9° y 384 del  Código  Penal,  29 de la Constitución y 233 del Código de Procedimiento, toda  vez  que  al presunto cambiazo se le dio plena entidad  con          capacidad         ‘legal’ para  incidir          con          ‘certeza’ en  la      condena     proferida.     Por     último,  sostiene:   

“La          presunción  de  que  parte tanto el Juez  para   proferir   sentencia   condenatoria,  como  el  Honorable  Tribunal  para  ratificarla  no  es  un medio de prueba, según  lo  establece  el  artículo  233 del estatuto procedimental  penal;  en  cambio  la  inspección  y  la  peritación  que  sí lo son, fueron  relevados como tales al no dársele plena aplicación”.   

Sustentado en estas consideraciones, pide a la  Corte  casar  la  sentencia  y dosificar la pena “con fundamento en la certeza  existente de los 1566 gramos de cocaína base”.   

SE        CONSIDERA:   

El  artículo 212 del estatuto procesal penal  (ley   600   de  2000),  al  señalar  los  requisitos  de  fundamentación  mínimos  que  debe  contener la  demanda  de  casación,  relaciona,  en  su  numeral 3°, la necesidad de que el  actor   enuncie  la  causal  de  casación  que  sirve  de  fundamento a la  pretensión  casacional,  indique  en  concreto  el cargo que presenta contra la  sentencia  impugnada,  y  consigne  en  forma  clara  y  precisa los fundamentos  fácticos,  probatorios  o jurídicos que sustentan la solicitud de infirmación  del fallo.     

Cuando lo planteado es un error in procedendo  o  de  actividad,  la  censura  debe presentarse dentro del ámbito de la causal  tercera,  y  su  demostración  deberá comprender, cuando menos, los siguientes  desarrollos:  (i)  señalamiento  de  la  irregularidad,  (ii)  indicación  del  derecho  o  principio  violado  (juez  natural, debido  proceso  o  derecho de defensa), (iii) demostración de  que  la informalidad denunciada afectó las garantías de los sujetos procesales  o   las   bases   fundamentales   de  la  instrucción  o  juzgamiento,  y  (iv)  determinación de la cobertura del vicio.   

Y  si lo propuesto es un error in iudicando o  de  juicio,  por errores en la apreciación de la prueba (violación indirecta),  su  demostración  implicará  precisar los siguientes aspectos: (i) el error en  el  cual  incurrió  el juzgador (si de hecho por falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso raciocinio, o de  derecho    por    falso    juicio    de    legalidad    o    falso   juicio   de  convicción),  (ii) la prueba sobre la cual recayó el  error,  (iii)  su  demostración,  y  (iv)  la  trascendencia  del  error en las  conclusiones probatorias de los fallos.   

En  tratándose de nulidad por incompetencia,  puede  suceder  que el error provenga de la violación inmediata de una norma de  derecho  procesal  que  asigna  el  conocimiento  del  asunto  a  un funcionario  distinto,  como  cuando  un  caso  por secuestro extorsivo, cuya tipicidad no se  discute,  es  fallado  por  un Juez Penal Municipal. Pero también puede ocurrir  que  se  origine  en  un  error de apreciación probatoria, como cuando se omite  tener  en  cuenta un registro civil de nacimiento que demuestra que el procesado  es  menor  de 18 años; o cuando se desconocen las pruebas que establecen que la  cuantía  en un delito contra el patrimonio económico es distinta de la que los  falladores  declararon  probada;  o las que indican que la cantidad de sustancia  en  un  delito  de  narcotráfico  es  diferente de la que registran los fallos.   

En   el   primer   supuesto   (cuando  la  violación de la norma procesal que fija la competencia  es  inmediata), la demostración del vicio no requiere  mayores  desarrollos,  en cuanto bastará dar a conocer el delito por el cual se  procede  y  los contenidos de la norma que establece la competencia para conocer  de  ese  delito,  para  que el ataque sea completo. Pero cuando se origina en la  apreciación  de  la  prueba,  es  deber  del casacionista demostrar el error de  apreciación   probatoria  cometido,  como  si  se  tratara  de  un  ataque  por  violación  indirecta  de  la ley, es decir, con señalamiento de los errores de  hecho   o   de   derecho   que   llevaron   al   juzgador   a   la   conclusión  equivocada.   

En  el  caso que se estudia, el actor plantea  nulidad  por incompetencia del juez que conoció del asunto, con el argumento de  que  la  cantidad  de  cocaína incautada ascendía a 1566 kilogramos, y que las  normas  de  competencia  asignan  el conocimiento de esta clase de asuntos a los  Jueces  Penales  del  Circuito, no a los Especializados, que solo conocen cuando  la cantidad es superior a cinco (5) kilogramos.   

El  cargo, así propuesto, sería completo si  los  juzgadores,  en  la  sentencia  impugnada,  hubieran  aceptado la premisa a  partir  de  la  cual  el  casacionista  construye  el  cargo: que la cantidad de  sustancia  ascendía  a  1566  gramos. Pero la sentencia no se sustentó en este  supuesto,  sino  en la premisa de que pesaba 7500 gramos, pues estimó, a partir  de  analizar  la  forma  como  la  sustancia  se  hallaba  camuflada  dentro del  vehículo,  las  manifestaciones  de  los  policías  que  intervinieron  en  su  incautación,  los registros fílmicos y algunas peritaciones realizadas, que la  sustancia  había  sido  cambiada  en  buena  parte,  y que toda correspondía a  cocaína base.    

Frente  a estas conclusiones fácticas de los  fallos  de  instancia, el censor no tenía alternativa distinta de demostrar que  las   argumentaciones   en   que    se  apoyaban  estas  conclusiones  eran  equivocadas,  lo  cual,  implicaba  no  solo  referirse a ellas, sino precisar y  demostrar   el   error   de   apreciación   probatoria   cometido  (si  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, identidad o falso  raciocinio;    o    de    derecho    por    falso    juicio   de   legalidad   o  convicción),  para  después  sí,  a  partir  de  la  demostración  de  la equivocación en el proceso de construcción de la premisa  fáctica, desembocar en la afirmación de la incompetencia.   

Este ejercicio argumentativo no lo realiza el  actor.  En  el  primer  cargo,  donde  plantea  la nulidad propiamente dicha, se  limita  a  sostener  que en el proceso solo existe certeza de la incautación de  1566  gramos,  sin  entrar  en  ningún  otro  tipo  de consideraciones. Y en el  segundo,  que podría tenerse como complemento del primero, se limita a sostener  que  los  juzgadores  debieron  tener  en  cuenta  el  peso  de los paquetes que  arrojaron  resultado positivo para cocaína base, por ser lo único cierto en el  proceso,  sin  desarrollar  el  ataque,  pues  aunque  sostiene  que el Tribunal  incurrió  en  un  error  al  tener  por fundamento de sus conclusiones sobre la  cantidad  de cocaína, los razonamientos del Juez, no dice cuáles fueron dichos  razonamientos,  ni  demuestra  los  errores  de  hecho  o  de  derecho que estos  fundamentos contienen.   

Buena  parte  del  desarrollo  del ataque, lo  dedica  a  sostener  que  en  el  proceso no existe prueba alguna que vincule el  procesado    con    el    supuesto   “cambiazo   o  trastocada”    de    la    sustancia    incautada,  argumentación  que  resulta  ajena  al  tema  objeto  de discusión, porque las  sentencias  no  le  atribuyen  al  procesado  la ejecución de esta conducta (el  cambiazo),  y  porque  el hecho de no haber participado en ella, o de no existir  prueba  que  lo  involucre  en  su  realización, para nada modifica la realidad  fáctica  antecedente  que  originó la investigación y que los fallos declaran  probada:  que  en  el  vehículo  se hallaron camuflados 7500 gramos de cocaína  base.   

Aparte de esto, el actor, en esta alegación,  sostiene  que  los  juzgadores incurrieron en un error de hecho por falso juicio  de  identidad,  al  suponer una conexión inexistente entre el hecho indicador y  el  hecho indicado, planteamiento que no se aviene con la conceptualización del  error  que se denuncia, por no provenir de la distorsión del contenido material  de  una determinada prueba, sino con el de raciocinio, que se presenta cuando el  juzgador  desconoce  las  reglas  de  la  sana crítica en la valoración de las  pruebas  o  en  la  obtención de inferencias lógicas, y que impone al actor el  deber  de  demostrar  su  violación,  lo  cual,  en  el  presente  caso,  no se  intenta.        

En el tercer cargo, el casacionista recaba en  el  mismo  tema,  al  afirmar  que  técnicamente  en  la  actuación  no  está  demostrado  el  cambiazo,  y  que  lo  único cierto, que no admite discusión, es que tres paquetes arrojaron  resultado  positivo  para  base  de  cocaína,  en cantidad de 1566 gramos, y el  resto  resultado  negativo  para  sustancias  prohibidas,  para concluir, que el  cambiazo  es un supuesto no  demostrado,  y  que  los  juzgadores  violaron  los principios de presunción de  inocencia  y  de  certeza probatoria al proferir decisión de condena sin contar  con la prueba de la materialidad del delito.   

Nuevamente,  el  actor incurre en el error de  negar  las  conclusiones  de los juzgadores de instancia, sin tomarse el trabajo  de  demostrar  lo  afirmado,  falencia  argumentativa que en lógica se denomina  petición  de  principio,  que  consiste  en  dar  por  cierto  lo  que  se debe  demostrar,  y  que  en  casación  conduce  necesariamente  a la inadmisión del  cargo,  por  ausencia  de fundamentación, pues en esta sede, cuando se hace una  afirmación  contraria  a  las  conclusiones de los fallos, debe demostrarse, en  virtud de la presunción de acierto y legalidad que los ampara.   

En  síntesis,  la  demanda que se estudia no  reúne  las  exigencias  mínimas  de  forma  y  contenido  requeridas  para ser  declarada  en  trámite.  Por tanto se la inadmitirá y se ordenará devolver al  proceso  al  Tribunal  de  origen,  en  razón  de  no  advertirse violación de  garantías  fundamentales  que  la  Sala esté en el deber de proteger de manera  oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Jorge  Heberto       Martínez       Oquendo.     

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                 ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

                                                Teresa Ruiz Núñez   

                                                      Secretaria   

    

1  Folios 1-2 del cuaderno No.1.   

2  Folios 49-52 y 53-55 ibídem.   

3  Folios 25-26 y 224-227 ibídem.   

4  Folios 56-57, 90, 210-212, 232-270 ibídem.   

5  Folios 326-340, 358-366 ibídem.   

6  Folios 41-51 y 96-105 del cuaderno original 2.     

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