26907(30-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26907  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No.083  

Bogotá. D.C., treinta (30) de mayo de dos mil  siete (2007).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina la Sala las bases jurídicas, lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  RAMIRO   ZEMANATE  JOAQUI,  contra  la  sentencia  proferida  el  29  de septiembre del 2006 por el Tribunal  Superior  de  Santiago  de  Cali,  luego  de  que  ambos, procesado y apoderado,  interpusieran recurso de casación “excepcional”.   

HECHOS  

El 13 de octubre del 2004, la señora Claudia  Lorena   Serna   se   presentó  a  la  fiscalía  a  formular  denuncia  contra  RAMIRO   ZEMANATE  JOAQUI,  porque  días  antes  procedió  a  tocarle  las partes íntimas a su hija menor  J.R.S,  lo  cual  ocurrió en su casa de habitación ubicada en el barrio Brisas  del  Pilar  de la ciudad de Cali. La denunciante notó el nerviosismo de ambos e  interrogó  a  la  niña,  quien además de contarle lo ocurrido, le indicó que  con  anterioridad  se había presentado la misma situación, a cambio de dinero,  pero  que  no  había  informado nada porque el agresor la amenazaba diciéndole  que ya había estado en la cárcel y que había matado.   

ACTUACIÓN PROCESAL BÁSICA  

Adelantada la investigación, el 5 de mayo del  2005,  la Fiscalía 117 Seccional de Cali acusó al imputado como presunto autor  responsable  de  la  conducta  punible  de  actos sexuales abusivos con menor de  catorce  años,  consagrada  en el artículo 209 del Código Penal, agravada por  la  circunstancia  contenida  en  el  numeral 4º del artículo 211 ibídem.   

El  10 de mayo del 2006, el Juzgado 4º Penal  del  Circuito de Cali condenó al procesado, por la misma conducta punible, a la  pena  de  cuarenta  y  ocho  (48)  meses de prisión y, por el mismo lapso, a la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos y funciones públicas. Le impuso el  pago  de los perjuicios morales causados con la infracción, le negó el derecho  a   la   condena   de   ejecución   condicional  y  le  concedió  la  prisión  domiciliaria.   

El Tribunal Superior de Cali, al conocer de la  apelación  interpuesta por el Ministerio Público, revocó lo concerniente a la  prisión  domiciliaria  y  en  su  lugar  le  negó  el  sustituto. En lo demás  confirmó   la   decisión   del   A  quo,  en  providencia  del 29 de septiembre de 2006, objeto del recurso  de casación por la vía excepcional.   

LA DEMANDA  

Manifiesta  el  libelista  que  acude  a este  mecanismo   para   formular   dos   cargos;  uno  principal  para  demostrar  la  inexistencia  de  los  hechos  objeto  de reproche punitivo, y otro subsidiario,  ante  la  flagrante  vulneración  en  que  incurrió el fallador, al revocar el  subrogado de la prisión domiciliaria.   

Cargo primero  

Con  apoyo  en  la  causal  contemplada en el  numeral  1º  del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, el libelista acusa la  sentencia  por  error de hecho en la apreciación de la prueba recaudada, porque  fue valorada de manera subjetiva.   

Argumenta que cuando la fiscalía conoció el  resultado  negativo  de  la  prueba  pericial,  adecuó  el comportamiento de su  representado  en el artículo 209 del Código Penal, con fundamento en el relato  de  la  menor  sin reparar que para ese efecto tenía que existir, en el estudio  técnico,  un  indicio  mínimo que confirmara la existencia de la ejecución de  la  conducta,  al  no  presentar  la  víctima  un  rasguño  en las paredes del  orificio  de  la  cabida  que se ubica como límite entre los labios y el himen.  Así,  el  dicho  del  acusador  carece  de  fundamento, porque el examen debió  revelar  rasguños  de un cuerpo extraño, pugnando por penetrar la vagina, más  si   se   trataba   de   una   niña   de  once  años,  y  esa  huella  no  fue  encontrada.   

Advierte una falta de correspondencia entre el  dicho  de  la  menor  y  la  prueba  técnico-científica, la cual revela que no  existió  ese  tocamiento  y,  entonces, no puede considerarse que aquella esté  diciendo  la  verdad,  máxime  cuando  en el expediente obran pruebas de que su  progenitora,  Claudia  Lorena  Serna López, se había dedicado a extraer dinero  del   bolsillo   del   procesado   y  que  la  menor  fue  utilizada  para  esos  propósitos.   

Por esa razón, la juzgadora debió compulsar  copias  al  Instituto  Colombiano  de Bienestar Familiar, en cuanto se ha pasado  por  alto  que  la niña Jennifer Rodríguez debe ser declarada en situación de  peligro  y  puesta en un hogar sustituto hasta que mejore “el cuadro de severa  descomposición material, moral y espiritual que la rodea”.   

Considera que se debe analizar la incidencia,  en  la  menor,  de  la  conducta de su señora madre, para establecer hasta qué  punto  aquella está desfigurando lo sucedido, para no incurrir en injusticia al  momento  de  sentenciar,  como  en efecto ocurrió, sobre todo si “la menor se  revela   como   una   persona   con   capacidad   para   construir   cuadros   y  representaciones,   incursionar  en  la  construcción  de  conceptos,  y  juega  idóneamente     a     la     hora     de    construir    respuestas    a    los  interrogantes”.   

Más  adelante  destaca  que al momento de la  audiencia  preparatoria,  el  juzgado  rechazó a la defensa la solicitud de una  experticia  psiquiátrica   y  pasó  por  alto que la fiscalía allegó un  documento  para  citarlo  como  material  probatorio,  dejando  a  la defensa en  imposibilidad  de controvertirla. Además, no se hizo ningún esfuerzo procesal,  ni  de  acto,  ni  de  interpretación,  ni  de análisis, para establecer hasta  dónde  la  menor  dice la verdad o hasta dónde miente por desfiguración de la  realidad de los hechos.   

Luego de analizar los testimonios de la menor  y  de  su  progenitora, en contraposición con los hallazgos médicos y el dicho  del  procesado1,   concluye   que  en  este  caso  “se  evidencia  un  equivocado  tratamiento   del  asunto,  llegándose  a  cumplir  simplemente  una  labor  de  carácter  punitivo, y devaluando arbitrariamente los dichos de mi defendido sin  siquiera   haber   incursionado  en  hipótesis  alternativas  que  permitan  el  encuentro con la verdad”.    

Por  lo  anterior,  solicita  de  la Corte un  examen  integral  de todo lo que obra en el expediente, para confirmar que se ha  planteado  una  acusación  sobre  una  versión  falsa  que  desfigura  la real  intención  del  procesado  al  acercarse  a  la presunta agraviada y que en esa  revisión  del  trámite  y  apreciación  de  la  prueba, no se desconozcan las  garantías  fundamentales y que el proceso de adecuación típica corresponda al  episodio.   

Con  ese  fundamento,  pide  se absuelva a su  representado  de los cargos impuestos, sin descartar la presunción de inocencia  y el principio de in dubio pro reo.   

Cargo segundo (subsidiario)  

Argumenta el libelista que es obligación del  operador   judicial  estudiar  si  el  procesado  cumple  a  cabalidad  con  los  requisitos  objetivos  y  subjetivos  para  acceder  al beneficio de la prisión  domiciliaria,   que le fue negado a su defendido por el Tribunal cuando, en  su sentir, este acredita tales presupuestos.   

Lo  anterior porque el tipo penal por el cual  se  procedió comporta un mínimo punitivo inferior a cinco años de prisión y,  además,  quedó  demostrada  la  ausencia  de  antecedentes judiciales, lo cual  impedía inferir que representaría un peligro para la comunidad.   

El  fallador  no  tuvo  en  cuenta el arraigo  familiar,  social  y  laboral  del procesado, pues su señora y sus tres menores  hijos  le  brindaron su respaldo y creyeron en su inocencia, tal como se observa  cuando,  a  las audiencias, comparecían con el grupo de amigos y residentes del  vecindario.  Incluso,  su empleador no vaciló en remitir cartas que demostraban  su  intención  de  devolverle  su  trabajo,  pese a la ausencia por causa de la  privación de la libertad en la Cárcel de Villahermosa.   

Esta  situación  condujo  a que el procesado  solicitara  al juez de conocimiento la autorización para cambiar su domicilio a  su  sitio  de trabajo, donde actualmente purga prisión domiciliaria en el cargo  de  vigilante  y  de  donde  se  generan  los  ingresos  para  continuar  con su  obligación   de   tres   menores   hijos   que   dependen   exclusivamente   de  éste.   

La decisión del Tribunal, al revocar y negar  el  sustituto penal, es un error de apreciación de la prueba recaudada, máxime  cuando  en  las cárceles colombianas no se cumple con el aspecto resocializador  de los fines que persigue la pena.   

En  consecuencia,  solicita el reconocimiento  del   sustituto   penal   que   se   le   concedió   al  procesado  en  primera  instancia.   

ESTUDIO DE LA PARTE NO RECURRENTE  

Para la Procuradora 66 Judicial II, la demanda  debe ser inadmitida por las siguientes razones:   

1.     Respecto     del    primer  cargo,  en  el  que el recurrente  plantea  la inexistencia de la conducta y solicita la absolución del procesado,  no  le  asiste  legitimidad  para  recurrir por cuanto la defensa no impugnó la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia.  El  asunto  que  dio vida a la  decisión  del Ad quem fue la  impugnación  que  sustentó  el  Ministerio  Público  contra  la decisión del  A   quo   consistente  en  concederle    a    ZEMANATE   JOAQUI   la  prisión  domiciliaria  y sólo sobre ese punto se pronunció el  Tribunal.   

2. Frente al segundo  cargo  (subsidiario),  si  bien  la asiste interés al  libelista,  dado  que  la  decisión  de  revocar  el  sustituto  de la prisión  domiciliaria  resulta  lesiva a los intereses del procesado, en el planteamiento  del  reproche  no  calificó  el  error  en que incurrió el fallador de segunda  instancia  y  en  el  desarrollo  desconoció  la  técnica, porque se limitó a  formular  apreciaciones personales, como si se tratara de una tercera instancia.   

CONSIDERACIONES  

1.   Es   cierto,   como   lo  advierte  la  representante  del Ministerio Público, que quien pretenda acudir a la casación  no  solo  debe  estar legitimado para ello, sino que además debe tener interés  para  recurrir,  interés  que  deriva  del  agravio  o perjuicio que se le haya  causado con la decisión cuestionada.   

Si,  como  se  advierte  en  este  caso,  la  sentencia  de  primera instancia solo fue apelada por la procuraduría frente al  tema  de  la  prisión  domiciliaria, no es admisible que  la defensa ahora  acuda  a  esta  sede  para  promover  la  tesis de la inexistencia de los hechos  motivo  de  reproche  y,  en  consecuencia, la absolución del procesado, cuando  frente a esas inquietudes guardó completo silencio.   

En  cambio,  como  la  decisión  de  segunda  instancia  desmejoró  la  situación  del  procesado,  en  cuanto le revocó la  prisión  domiciliaria, surge incuestionable que a la defensa le asiste interés  para recurrir, pero solo frente a ese aspecto.   

2.  Adicionalmente,  en  materia de casación  “discrecional”,   la   Sala   tiene   establecido  que  el  demandante  debe  justificar,  en  forma  clara,  uno o los dos motivos-presupuesto por los cuales  interpone   el   recurso,   bien   sea   por  la  necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia o para salvaguardar los derechos fundamentales.   

Bien  puede  suceder  que  esa motivación se  integre  en  el  desarrollo  y  fundamentación  de los cargos, pero no se puede  confundir  con  estos,  porque la discrecionalidad de la Corte opera en el marco  de  esos  especiales  motivos y la justificación que ofrezca el recurrente debe  acreditar,  por  sí  sola, que  el trámite amerita la intervención de la  Sala.   

Una  vez  verificado el cumplimiento de estos  requisitos  previos,  se  debe  proceder al examen de la demanda, conforme a las  previsiones  que  para  su admisibilidad consagra la ley en los artículos 212 y  213 del Código de Procedimiento Penal.   

3.  En  este  caso el actor no justificó los  motivos  por  los  cuales  considera  que  la  Corte debe admitir la demanda que  formuló  a  nombre  de su defendido, ni éstos se advierten integrados al texto  de  los  cargos  propuestos.  El  propósito  que  exhibe  la  demanda  es el de  descalificar  la  prueba testimonial que sirvió de fundamento a la decisión de  condenar   a   RAMIRO   ZEMANATE  JOAQUI,  bajo  el  argumento  según  el  cual el juzgador incurrió en un  error de hecho al valorar subjetivamente las pruebas.   

La   Sala,   en  virtud  del  principio  de  limitación,  no  está  facultada  para  inferir,  ni  dar  por  reproducida la  intención  del  recurrente,  quien no expresó la finalidad perseguida con este  mecanismo  y  en  el   desarrollo  de  los  cargos  se sustrajo de realizar  esfuerzo  argumentativo  alguno  tendiente  a  demostrar  por  qué las anotadas  falencias  de orden valorativo constituían motivos suficientes para provocar un  pronunciamiento   de   esta   Corporación,   relacionado   con  alguna  de  las  alternativas señaladas.   

Bastante  se  ha  insistido,  a través de la  jurisprudencia,  que si se requiere un pronunciamiento con criterio de autoridad  en  relación  con  un  aspecto  jurídico  que  presente  confusión,  se  debe  expresar,  con  claridad  y  nitidez,  que  se  hace  necesario  unificar alguna  postura,  o  que  se  aborde  un  tema  no  desarrollado aún y, coetáneamente,  precisar  la  utilidad  que  se  obtiene  en  la  concreta solución del asunto.   

En  tanto que si se propende por la garantía  de   los   derechos  fundamentales,  se  debe  indicar  en  qué  consistió  la  transgresión y cómo repercutió en el fallo recurrido.   

4.  Los  desatinos  se  agudizan,  aún más,  porque   en el desarrollo de los cargos que el libelista formuló contra el  fallo  recurrido,  redujo su discurso a confrontar el criterio de los juzgadores  en  la  valoración  de  las  pruebas.  En  una  postura inadmisible, pretendió  prolongar   un   debate   probatorio   ya  culminado,  descalificando  la  labor  apreciativa  allí  cumplida,  antes  que  a  demostrar,  conforme a la técnica  casacional,  la  efectiva  ocurrencia de un error de hecho atribuible a defectos  de  valoración,  aspecto  que  solo  se  pude  cuestionar por la vía del falso  raciocinio,  siempre y cuando se demuestre una flagrante violación a las reglas  de la sana crítica.    

Esos parámetros también se desconocen por el  casacionista  al  momento  de  postular,  subsidiariamente,  un segundo reproche  orientado  a  justificar  por qué su defendido se hace acreedor al beneficio de  la  prisión  domiciliaria,  pero  en  esta  oportunidad  omitió  por  completo  mencionar la clase de error que pretendió denunciar.   

Así,  los razonamientos expuestos a lo largo  de  los  reparos  objeto  de  examen,  no  constituyen  un  verdadero  juicio de  legalidad  a  la  sentencia  recurrida,  como  es  el  objetivo  del  recurso de  casación,   sino  la  postulación  del  criterio  del  recurrente  que  impide  reconocer  la  demostración  de error alguno atacable en esta sede y menos aún  la  ostensible  vulneración de los derechos fundamentales o causales de nulidad  que la obliguen a un pronunciamiento oficioso.   

En   consecuencia,   la  demanda  debe  ser  inadmitida y contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Como aparte lo anterior, la Corte ha revisado  el  expediente  y  no  encuentra protuberantes causales de nulidad ni violación  flagrante    de    derechos    fundamentales,    no    puede   pronunciarse   de  oficio.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación presentada a nombre del procesado RAMIRO  ZEMANATE  JOAQUI y, en consecuencia, declarar desierto  el recurso.   

Se  ordena devolver la actuación al Tribunal  de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                             ÁLVARO                        ORLANDO                       PÉREZ  PINZÓN                                        

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                             JORGE                         LUIS                         QUINTERO  MILANÉS                                                                                                      

YESID        RAMÍREZ  BASTIDAS                                                  JULIO  ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA                     

MAURO    SOLARTE    PORTILLA                                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

         Teresa Ruiz Núñez   

                  Secretaria   

    

1  Cfr fls 294 a 299 C.O.     

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