26727(07-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26727  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

                                     JORGE LUIS QUINTERO MILÁNES   

Aprobado acta N° 014  

Bogotá, D. C., febrero siete (7) de dos mil  siete (2007)   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisión o no  de   la   demanda   de  casación  dirigida  por  el  defensor  de  JAIME  ÁNDERSON  BERRÍO ARENAS, contra la  sentencia  condenatoria  de  segunda  instancia  proferida, bajo las previsiones  contenidas  en  la  Ley 906 de 2004, el 13 de septiembre de 2006 por el Tribunal  Superior  de  Medellín,  por cuyo medio confirmó con algunas modificaciones la  sentencia  adoptada  por  el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma sede,  donde   se  condenó  al  procesado  como  coautor  del  delito  de  concusión.   

HECHOS  

En  una de las calles del barrio Boyacá Las  Brisas  de la ciudad de Medellín, el día 8 de marzo de 2006, los agentes de la  policía  de  nombre  Andrés Alejandro Palacios López  y  JAIME  ÁNDERSON  BERRÍO  ARENAS    interceptaron    al   joven   Juan  Felipe  Cárdenas Pineda, so pretexto  de  hacerle  saber  que  en  su  contra  se adelantaba una investigación por el  delito  de  homicidio,  aunque  le  advirtieron  que de acudir a dialogar con el  comandante  del  CAI  situado  en  inmediaciones  de  la  empresa SOYA, Sargento  Germán   Rivas   Ospina,  le  prestarían  algún  tipo  de  ayuda.     

Aunque    inicialmente    Juan   Felipe  Cárdenas  fue  renuente  a  cumplir  la cita, finalmente, luego de soportar varias visitas a su vivienda por  parte  de  los uniformados Palacios López y  BERRÍO ARENAS,  a  las  cinco  de la tarde del día 13 de marzo acudió al mencionado CAI, donde  se  entrevistó  con  el sargento Germán Rivas, y es así como luego de recibir  presiones   le  ofreció  entregar  la  suma  de  $5.000.000,  que  después  el  suboficial convino en disminuir a $4.000.000.   

A las ocho de la noche del mismo lunes 13, el  afectado   sostuvo   nuevo  contacto  con  los  agentes Palacios López     y     BERRÍO    ARENAS,  en  cuyo  desarrollo  le  noticiaron la decisión del Sargento de  recibir el dinero por cuotas.   

Ante tales circunstancias, optó en últimas  por  acudir  al  Gaula Urbano para poner en conocimiento los hechos en mención,  por  cuya  razón  se  desplegó  el  procedimiento de rigor que culminó con la  captura  de  Palacios  López  cuando acudió a recibir el capital exigido.    

ACTUACION PROCESAL  

1. La investigación se dirigió tanto contra  los  agentes  Andrés Alejandro Palacios López y JAIME  ANDERSON  BERRÍO  ARENAS,  como  contra  el  Sargento  Germán  Rivas  Ospina. Empero, el primero y el último optaron por negociar con  la  Fiscalía  y  es  así  como  aceptaron  su  responsabilidad en el delito de  concusión.   

2.     Respecto     de    BERRÍO   ARENAS,  en  cambio,  luego  de  celebrarse  audiencia  preliminar  de formulación de imputación, en desarrollo  de  la  cual  además  se  le  profirió  medida  de aseguramiento de detención  preventiva  por el mencionado ilícito, que por vía de apelación revocó luego  el  juez  de  conocimiento  de segunda instancia, la Fiscalía presentó el 5 de  mayo  de  2006  escrito  de acusación ante el Juez Quinto Penal del Circuito de  Medellín,  con  cuya  dirección  se  realizó  el  24  siguiente la respectiva  audiencia de formulación de acusación.   

3.  El  16  de  junio  el  juez  de la causa  celebró  la  audiencia  preparatoria,  y  el  18 del mes subsiguiente el juicio  oral,  al  término del cual anunció el sentido del fallo. Su lectura se llevó  a  cabo  el  3  de  agosto,  donde  impuso  al  acusado las penas principales de  110   meses  de prisión, $27.172.800 de multa y 7 años de inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.     

4. Por apelación interpuesta por la defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  redujo la prisión, que determinó en 104  meses,   y  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, la cual fijó en 6 años y 9 meses.   

LA  DEMANDA   

          Dos  cargos  formula  el demandante contra la sentencia del Tribunal  Superior  de  Medellín.  El  primero,  según  dice, lo apoya en la causal 1º,  “cuerpo   segundo”  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004. El segundo, a su turno, en la causal 3º  de  la  misma  disposición.                 

          Cargo primero:   

          En  criterio  del  actor,  el  sentenciador incurrió en un error de  hecho  que produjo “un falso juicio de existencia del  reato  de  concusión” y, como consecuencia de ello,  la   violación  indirecta  del  mismo  artículo  181  precitado,  al  dar  por  demostrado   “con   la   prueba   aducida   por  la  Fiscalía”  que  el  acusado  es  coautor  de  dicho  comportamiento  punible,  conclusión  a la cual arribó con sustento en que ese  ilícito  es  de  tracto  sucesivo, desconociendo que en realidad se trata de un  tipo        penal        de       “realización  instantánea”,  que encontró consumación el día 8  de   marzo   de  2006  cuando  el  patrullero  Andrés  Alejandro   Palacios  López  abordó  a  Juan  Felipe Cárdenas Pineda, pero en cuyo  momento  “no  estaba  inmediatamente  presente JAIME  ANDERSON  BERRÍO  ARENAS,  ni  fue su intención ni su acto, el que definió la  comisión      del     delito”.    

          Expresa  el  casacionista  que  esa  no participación en el punible  aparece  demostrada  con  las  versiones  ofrecidas  por  el denunciante ante la  policía  judicial  y  ante  el  instructor,  y con los informes “Único  de  Noticia  Criminal  FPJ-2”  y  “Ejecutivo  FPJ-3” donde  se  reproducen  las  manifestaciones  iniciales  del  afectado,  elementos todos  entregados  a  la  Fiscalía e introducidos como prueba al juicio por ese sujeto  procesal.  Para el actor, los mismos constituyen prueba válidamente practicada,  pues  fueron  además  relacionados  en  el escrito de acusación, de manera que  “deben  tenerse  como  un  solo  haz  de  pruebas de  consuno  con la prueba practicada en la audiencia del juicio oral”, sin que entonces pueda ser fraccionada.     

          Señaló  que  el  testimonio  rendido  en  el  juicio  oral  por el  afectado  contradice  las  versiones  e  informes  arriba mencionados, elementos  estos  que  el  Tribunal  omitió  analizar. Sin mencionar las incoherencias que  anuncia,  y ello a pesar de efectuar extensas transcripciones de aquél y de las  exposiciones    rendidas    por    Cárdenas   Pineda  antes del juicio, seguidamente sostiene que, al final,  la  declaración  ofrecida  por  éste  en el debate oral informa que el acusado  BERRÍO ARENAS intervino solo  en dos ocasiones en la presunta concusión.   

La  primera,  según  expresó, el día 8 de  marzo  cuando,  a modo de parrillero, se desplazaba en la motocicleta en la cual  arribaron    con    Palacios   López   al  lugar  donde  se encontraba Juan Felipe  Cárdenas.  Y  la segunda, añadió, el 13 de marzo en  horas  de  la  noche,  oportunidad  en  que  se le atribuye haber advertido a la  víctima  que  de  no  colaborar  le pasaría lo mismo que a otro acusado por un  doble homicidio.   

          En  criterio  del  demandante, la manifestación que el acusado hizo  en  esa  primera  intervención,  en  el  sentido  de preguntarle al afectado si  tenía   una   “chapa”  empezada  por “G”, conduce  a  demostrar  solamente  que él conoció de la existencia de un delito, que por  no  denunciar  lo  haría  responsable  del  ilícito  de abuso de autoridad por  omisión  de  denuncia.  Atribuirle  el  delito  de  concusión  “conlleva  a  asumir  una  responsabilidad  objetiva”, agregó.    

         

          De  otra  parte,  consideró  que  la advertencia que le realizó al  afectado  en el encuentro del 13 de marzo ocurrió cuando ya se había consumado  la  concusión, pues se presentó después de hacerse la exigencia dineraria por  el  Sargento  y  acordado  el  pago.  Con  todo, precisó que dichas palabras en  realidad   las   mencionó   Andrés  Felipe  Palacios  López,  conforme lo admitió éste válidamente en el  testimonio  que  por  petición  de  la defensa rindió en el juicio oral, donde  además  relevó  de  toda  responsabilidad  a  su  compañero  de trabajo en el  acaecer delincuencial.   

          Cargo Segundo:   

En este reproche aduce también la violación  indirecta  del artículo 181 de la Ley 906 de 2004 que, en su concepto, proviene  “del   manifiesto  desconocimiento  por  parte  del  defensor  de  las  reglas de producción y apreciación de la prueba”.  Y  lo  sustenta,  cuestionando al Tribunal por limitarse en el  fallo    a    censurar   al   defensor   de   BERRÍO  ARENAS  por  ignorar  las  normas que rigen el proceso  penal  en  el  sistema  acusatorio,  sin adoptar la decisión que correspondía,  como lo era la nulidad del proceso por falta de defensa técnica.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

El  recurso  de  casación  requiere para su  admisión, además de las exigencias de procedencia y  oportunidad,   que   el  demandante  satisfaga  unos  requisitos   mínimos   de  coherencia  y  lógica  argumentativa,  pues  sólo  de  esa manera tendrá idoneidad para demostrarle a la  Corte   que  la  sentencia  de  segunda  instancia  objeto  de  la  impugnación  extraordinaria   quebranta   en  forma  ostensible   la  Constitución  y/o  la  ley  o  afecta  de  manera  sustancial  las  garantías fundamentales, sin que la  demanda,  por  tanto,  requiera  ser  complementada  o  precisada   en   sus   alcances,  pues  ello  desconocería  los  principios  de  autosuficiencia     y     limitación     que     son     inherentes     a    la  casación.     

Esas  exigencias  mínimas,  en el estatuto  procesal  penal  expedido  mediante la Ley 906 de 2004, surgen de lo previsto en  el  inciso  segundo  de  su  artículo  184,  cuando  establece que no  se seleccionará la demanda que, entre otras eventualidades, no  señala la causal o no desarrolla los cargos de sustentación.   

La    necesidad    de    precisar    la  causal   incluye,  desde  luego,  su  correcta  selección.  Y la obligación de  desarrollar  los  cargos  implica  que  éstos  se  correspondan  con  la causal  invocada.  La debida    comprensión   de   la   demanda   dependerá,  sin  duda, del cumplimiento de esos presupuestos, y para ello es  indispensable   que  su  redacción  se  efectúe  de  forma  clara  y  precisa.   

En  el  caso que concita la atención de la  Sala,  se  observa  que  en los dos cargos formulados  contra  la sentencia, si bien el actor menciona la causal, en ambos eventos   yerra   en   su  selección,   pues  frente  al   primer   reproche   invoca   el   numeral   1º   del  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, pese a cuestionar al  Tribunal  por  incurrir  en violación indirecta de la  ley;  es  más,  alude  al  “cuerpo segundo” cuando  esa disposición no contiene sino uno solo.   

En  relación  con  lo  anterior,  adecuado  resulta  precisar  que,  a diferencia de la regulación prevista en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000 donde las           violaciones    directa    e    indirecta    se  fundían en un solo numeral  (el  1º),  correspondiendo  el apartado primero a la  violación  directa, mientras el cuerpo segundo a la violación indirecta, en el  texto  del  precitado artículo 181 la primera especie  de  violación  aludida está contemplada en el numeral 1º, en tanto la segunda  en   el   numeral   3º,   pues   esa   previsión  legal  consagra como      causal      de      casación      el     “manifiesto   desconocimiento   de   las  reglas  de  producción  y  apreciación    de    la    prueba    sobre   la   cual   se   ha   fundado   la  sentencia”.   

En el segundo cargo, como se dijo, también  se  aprecia la inconsistencia advertida, pues el demandante menciona esta vez la  causal   3ª   de  casación,  para  denunciar  la  violación  del  derecho  de  defensa   que,   en   su  criterio,  conduce a la nulidad del proceso. En cuanto  el  derecho  de  defensa  constituye una garantía del  acusado,  resulta  claro  que  la  vía correcta para  demostrar  su quebranto es el numeral 2º del   artículo   181   de  la  Ley  906  de  2004 (num. 3º del artículo 207 de la Ley 600 de  2000),  como  lo  tiene  precisado  la jurisprudencia de esta Corte.     

Ahora  bien, así  se  quisiera superar el defecto que acusan  los dos cargos por la errada selección  de  las causales invocadas, y ello sólo con el fin de  hacer  prevalecer  los  fines  de  la casación por sobre las formas, según los  dictados   del   inciso   tercero   del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004, tal pretensión encuentra como obstáculo la forma  confusa  y defectuosa como se sustentan los reproches,  que  no  permite  arribar  a la conclusión de que se  precisa    del    fallo    de    casación   para   cumplir   alguna   de   esas  finalidades.   

En  efecto, en lo  que   se   refiere   al   primer  cargo,  advierte  la  Corte  que  aunque  el  actor  aduce  la  incursión  del Tribunal en un error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  no  vincula el yerro denunciado con una  determinada    prueba    sino    que   lo   direcciona   hacia  la    ocurrencia    del   delito   de  concusión,  dando  así  a  entender  que  el  falso  juicio   corresponde   al   hecho  de  dar    por    demostrado  ese  punible,  aspecto en el cual es  insistente       a       lo      largo      de      la      demanda.     

En  este punto, necesario se hace recordar  que  el falso juicio de existencia se presenta cuando  el  sentenciador  omite  apreciar  una  prueba  legalmente aportada o  supone  un  medio  probatorio  que no fue legal y oportunamente  incorporado  al  proceso  para  sustentar  con  él  su  decisión. Para  demostrar esta clase de error, ha  señalado  reiteradamente  esta Corte, se requiere no  sólo  individualizar la prueba dejada de apreciar o  imaginada    por   el  fallador     sino  acreditar     la  trascendencia  del yerro, esto es, expresar de manera fundada la forma en que la  no   valoración   de  la  prueba  o  su  invención  incidieron  decisivamente  en  el sentido del fallo.   

En  la  demanda,  empero,  no hay   una  sustentación  clara     encaminada    a  la  demostración  de  los aludidos  supuestos.   El  desconocimiento  del  actor    del    rigor   argumentativo   propio   de   la   casación   se   denota  cuando  insólitamente   vincula   el   falso  juicio  de  existencia  con  la   ocurrencia   misma  del  punible,  según   quedó  visto  en  precedencia.  Esa falencia pareciera quedar atrás al observarse que en uno de  los   apartes  del  libelo  cuestiona  al  juzgador  de  segunda  instancia  por  omitir   apreciar  las  exposiciones  y  entrevistas  ofrecidas  por el denunciante por fuera del juicio  oral.  No  obstante, tal  percepción  es meramente aparente, porque el demandante se sustrae a    demostrar    la    trascendencia    del    error.   

En efecto, el actor se limita a transcribir  extensamente  tanto  las  afirmaciones  iniciales  expuestas por el denunciante   Juan  Felipe  Cárdenas  Pineda, como las ofrecidas durante el testimonio que  rindió   en   desarrollo  del  juicio  oral,  para  concluir  que  entre   unas   y   otras   no  existe  concordancia.  No  obstante, inmediatamente señaló  que   lo   único  que  demuestra  la  declaración  del  testigo,  apreciada  en  su conjunto (es decir,  incluyendo  las  exposiciones  previas  y  entrevistas),  es  que  el  acusado  intervino  en  dos ocasiones en los hechos que llevaron a predicar la existencia  del delito de concusión.   

Pero   ni   explicó   cuáles  son  las  contradicciones   advertidas   entre  unas  y  otras  declaraciones  ni  mucho  menos   su  carácter  sustancial,  como  tampoco  de  qué  forma  la  falta  de  apreciación  de  las  primeras  (las  exposiciones  previas y entrevistas) influyó en la decisión del Tribunal.   

Por  lo demás, bien está puntualizar que  sobre   esta   particular   temática   en  reciente  sentencia  de casación la Sala se ocupó de precisar  la  connotación  probatoria  que revisten las declaraciones previas  en las actuaciones surtidas bajo la égida del estatuto procesal  regulado     en    la    Ley    906    de    2004,    señalando    mayoritariamente   que   aun  cuando  ellas  no  tienen  el carácter de prueba autónoma e  independiente,   según   los  términos  del  artículo  347  de  la  precitada  disposición  legal, sí pueden ser valoradas en su contenido por el juez cuando  frente  a  las  mismas  se haya ejercido el derecho de contradicción durante el  juicio   oral,   mediante  la  impugnación  de  la  credibilidad  del  testigo,  pues  en  tal  caso esas  exposiciones se entienden  incorporadas   al   testimonio   rendido   en  dicha  fase  procesal1.   

     

Bien puede decirse entonces que la Corte ya  fijó  su  posición  sobre  el  tema,  sin  que  se  haga necesario volver sobre el mismo, si se tiene en  cuenta  que  ninguna  incidencia reviste en  la  definición  de  este  asunto,  pues,  como  lo  puso  de  presente  el  Tribunal de  Medellín  en  el  fallo,  la   defensa   omitió   impugnar  la  credibilidad  del  testimonio  rendido  por   Juan   Felipe   Cárdenas  Pineda  en  el  juicio  oral,  a  través  de  las declaraciones previas  ofrecidas   por   éste  ante  la  Policía  Judicial  y  la  propia  Fiscalía,  limitándose        durante        el        correspondiente        contrainterrogatorio   a   formularle  algunas  preguntas  relacionadas con el apodo o alias  con  que  era  conocido el acusado, la participación  del  mismo en los hechos y  la    presencia    del  testigo.   

Como  se  observa,  no se cumplió en este  caso  el presupuesto del cual partió la Sala para fijar su postura, esto es, la  impugnación  del  testimonio  mediante  el  uso  de  las    declaraciones   previas,   situación   que  es  suficiente  para concluir en la imposibilidad de  tenerlas   como   prueba  para cimentar con ellas la sentencia.   

Prosiguiendo  con  el  análisis  de  la  demanda,   importa  señalar  ahora  que     las    fallas    argumentativas  del  actor  son  tan  evidentes que dentro del mismo  cargo    donde    pretende   demostrar   el   falso   juicio   de   existencia,  postula  a  la par, aunque  sin              expresarlo,  un  falso  juicio  de  identidad e,  incluso, un falso raciocinio.   

El  primero, al señalar que el testimonio  del  afectado solo demuestra que el acusado intervino  dos   veces   en   los  hechos,  a  saber,  el  día  8  de  marzo  de    2006    cuando   preguntó   a  Cárdenas   Pineda   si  tenía      una      “chapa”     que  empezaba  por  “G”,  y el 13  siguiente,  oportunidad  en que advirtió a éste que  de  no  colaborar  le  podía  ocurrir  lo  mismo  que  a otra persona sindicada  de      un      doble      homicidio.    

Pero el actor en  ningún  momento se esforzó por explicar,  como  se  exige  cuando se afirma la  presencia   de   un   error   de   hecho   por   falso    juicio    de    identidad,   qué   contenidos  de  la  mencionada  prueba   distorsionó  el  sentenciador  al momento de apreciarla. Mucho menos  demostró  la  forma  en  que  esa alteración llevó al Tribunal a concluir que  el  acusado  acompañó  a   Palacios   López  en  todas las visitas que  éste   realizó   al   afectado  para  ejercer  una  labor  de  reforzamiento  del  constreñimiento,  y descartar de esa manera la  posición   de   mero   espectador  que  se  le  pretendió  asignar.     

El    falso    raciocinio,    a    su    turno,   lo  deja  entrever  cuando aspira  que, por encima de lo afirmado  por  el  testigo  de  cargo,  en el sentido de que el  acusado  en  el encuentro del 13 de marzo le advirtió que debía colaborar o le  ocurriría  lo mismo que a otra persona acusada de un  doble  homicidio,  se  otorgue  credibilidad a   Andrés    Felipe    Palacio    López   cuando   testificó   que  fue  él  y  no  JAIME  ÁNDERSON  BERRÍO ARENAS quien hizo esa advertencia.   

Mas,  en  la  demanda     no     se     ofrece    explicación  alguna  acerca  de cuáles  fueron   los  parámetros  de  la sana crítica  –reglas   lógicas,  principios   científicos   o   postulados   de  la  experiencia-  que  el Tribunal quebrantó, quedándose su exposición en un mero  alegato  de  instancia,  donde  plantea  la  forma como debieron apreciarse las pruebas practicadas en el  juicio,  punto de vista que opone al del fallador con  la  pretensión  de  hacer  prevalecer  el suyo, y es  bien  claro  que  ese  modo de proceder resulta   inadmisible   en   sede  de  casación.   

El  libelo  es  tan  defectuoso  que el demandante ni siquiera atina  en  señalar la  norma  sustancial  que supuestamente infringió indirectamente  el  sentenciador  de segundo grado, pues sorpresivamente  menciona como  tal  el  artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  cuando esa disposición contempla    las   causales   de   casación,  y  lo   que   el   rigor   argumentativo   propio   de  este  recurso  extraordinario  exige  es  la alusión a la  norma  que  regula la materia sobre  la   cual  recae  el  error  denunciado.     

No  menos  confusa es la sustentación del  segundo   cargo.   Aparte   de   errarse  en  la selección de la causal, igualmente se expresa como norma  violada   el   artículo  181  precitado;  es  más,  insólitamente    se  atribuye  el  error  de hecho que allí se   pretende   demostrar,    al  profesional   del  derecho  que  defendió  al  acusado  en  el  juicio,  cuando  la  esencia  y fundamento  de  la  casación  es  examinar  la  legalidad de la  actuación del juzgador.   

De  otra parte, así se quisiera pasar por  alto  esas  inconsistencias,  se  observa  que  tampoco el actor se esfuerza por  demostrar  los presupuestos anejos a la causal 2ª de  casación  (bajo  el  entendido  que  fue esa la que  quiso  invocar),  pues no  expresa  y  mucho  menos acredita la forma como el desconocimiento de las reglas  reguladoras  del  sistema  acusatorio  por parte del  letrado   que   en   su   oportunidad  representó  al  acusado influyó en el  ejercicio   del  derecho  de  defensa  (trascendencia),    como    tampoco  el   momento   en  que  se  habría  presentado  la  violación de esa garantía (cobertura).   

          Así,  pues,  como  la demanda acusa las graves falencias que se  han  precisado,  se impone de plano su inadmisión, sin  que,  por  lo  demás, se advierta en la actuación o  en  el  fallo  reprochado,  violación de derechos o garantías del acusado  que impusieran el ejercicio de  la    facultad    oficiosa    que   sobre   el   particular   le   confiere   el  legislador  a  la  Sala,  con  el  fin  de procurar su  protección.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  – siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –,   el   Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda de casación  interpuesta  por  el defensor de  JAIME   ANDERSON   BERRÍO  ARENAS,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

        De    conformidad    con   lo   dispuesto   en   el   inciso    segundo    del    artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,   contra   la   misma  procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Aclaración de voto  

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES          Aclaración de voto   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Aclaración de voto  

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                 JAVIER           ZAPATA          ORTÍZ   

Aclaración de voto  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación No. 25738. Sentencia del 9 de noviembre de 2006.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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