26897(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26897   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO   

                                               Aprobado Acta  Nº. 73   

Bogotá, D.C., dieciséis (16) de mayo de dos  mil siete (2007)   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte en relación con el  aspecto  formal  de  las  demandas  de  casación instauradas por el defensor de  JORGE  ELIECER GOMEZ RIVERA y  LUIS  GABRIEL DELGADO, contra  el  fallo  proferido  el 26 de mayo de 2006 por el Tribunal Superior de Bogotá,  por  cuyo  medio confirmó la condena de quince meses de prisión, interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por igual periodo y multa de seis salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  que  les  impuso el Juzgado Veinticinco  Penal  del Circuito de Bogotá el 12 de abril de 2005 por hallarlos responsables  de la conducta punible de receptación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los procesados JORGE  ELIECER  GÓMEZ  RIVERA  en  condición de vendedor, y  LUIS   GABRIEL  DELGADO  en  condición  de  comprador  y  dueño  de  una bodega en la Central de Abastos de  Bogotá,  fueron capturados el día 2 de marzo de 2001 en un operativo del grupo  de  antipiratería  terrestre  de  la  DIJIN a raíz de información telefónica  anónima  en  el  sentido  de  que  en  la bodega número 8, local número 8, de  “Corabastos”  comercializaron  unas  mercancías  de propiedad de la Empresa  Nacional  de Chocolates, avaluada en dos millones de pesos, y que fue hurtada el  año anterior (29 de nov. de 2000) por personas sin identificar.   

La  mercancía  negociada  consistía  en 99  cajas  que  contenían  cada  una  treinta  unidades  de  cocoa,  marca superior  –  Corona, de 200 gramos /  unidad;    12   cajas  de  chocolisto,  que  contenían  cada  una  treinta  tarros;   10  cajas  de  chocolisto,  que  contenían  cuarenta  bolsas  de  doscientos  gramos  c/u,  perteneciente  al  lote  de  remisión cuyo número de  referencia  era  68923  (cfr.  Fl.  22), que fue hurtada al señor Ángel María  Buitrago  Ramírez  cuando  conducía  su  tractomula  en  la  ruta  Río  Negro  –   Bogotá.    El  conductor    denunció    el    hurto    en    la    Fiscalía    Seccional   de  Facatativá.   

Los  procesados fueron hallados responsables  del  delito  de  receptación  y  sentenciados  por  la  conducta prevista en el  artículo 177 del Decreto Ley 100 de 1980.   

El  2  de  marzo  de  2001  la Fiscalía 206  Delegada  ante  los  Jueces  municipales  de  Bogotá  profirió  resolución de  apertura  de  investigación (fls. 28 y 29);  en la misma fecha recibió la  indagatoria   de  LUIS  GABRIEL  DELGADO  (fls.  30  – 35)  el  12  de  julio  de  2001  rindió  indagatoria JORGE  ELIECER   GÓMEZ   RIVERA   (fls.   98   – 102 / 1)   

El 7 de septiembre de 2001 decretó el cierre  parcial  de la investigación contra Luís Gabriel Delgado (fl. 119);  el 5  de  junio  de  2002  profirió  resolución  de  acusación  por  el  delito  de  receptación  (fls.  140  –  148 / 1)   

El  5  de  junio  de 2002 decretó el cierre  parcial  de la investigación con respecto de Jorge Eliécer Gómez Rivera (fls.  150  /  1);   calificó  el  mérito de la investigación el 10 de julio de  2002  con  resolución  de  acusación  por  el delito de receptación (fls. 164  – 173 / 1);  el 30 de  julio   siguiente  negó  el  recurso  de  reposición  (fls.  187  –  189  /  1);   el 28 de agosto de  2003  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá confirmó la acusación  (fls.  3  –  9 cuaderno de  segunda instancia).   

El Juzgado Veinticinco Penal del Circuito de  Bogotá  tramitó  el  juicio,  el 12 de noviembre de 2003 celebró la audiencia  preparatoria,  el  2  de  marzo  de  2004  se  realizó la audiencia pública de  juzgamiento  (fls. 46 – 84 /  2),  profirió  sentencia  condenatoria  el  12  de  abril  de  2005  (folios 95  – 106 / 2),   que  fue  confirmada  en  su  integridad  por el Tribunal de Bogotá el 26 de mayo de  2006  (folios  5  –  11  /  3).   

LAS  DEMANDAS   

Argumenta  el  demandante  que  a  pesar  de  haberse  proferido  el fallo del Tribunal el 26 de mayo de 2006, bajo el rito de  la  Ley  600  de  2000  que  en su artículo 205 establecía un límite punitivo  máximo  superior  a ocho años para acceder al recurso extraordinario, para esa  fecha  ya había entrado a “coexistir” en el Distrito judicial de Bogotá la  Ley  906  de  2004  (cfr.  Art.  530)  que  no contempla límites punitivos para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación  (Cfr. Art. 181 –  1),  de  donde  afirma  que  el nuevo  código  contiene una norma instrumental con efectos sustanciales con ribetes de  favorabilidad,  que  debe  aplicarse  a  sus pupilos por virtud del principio de  igualdad.   

1)   Demanda  en favor de JORGE ELIECER  GÓMEZ RIVERA   

Cargo  único.   Errores de hecho en la  apreciación de la prueba indirecta   

El casacionista encuentra que la sentencia se  construyó  sobre dos indicios, que fueron apreciados con errores de hecho en la  construcción:   

Indicio de negociación de la mercancía por  un   precio   inferior   al   que   ofrecía   en  el  mercado  la  fábrica  de  productos.   “falsa  apreciación de la prueba  del  indicio”1.   

El  Tribunal  imaginó que la mercancía fue  adquirida  por  el  señor LUIS GABRIEL DELGADO por un menor valor del precio de  fabrica,  pues  se  ahorró  cinco  mil  pesos  por  cada  una  de las cincuenta  cajas.   Pero  los condenó porque encontró que los sentenciados son   “…dos  comerciantes con basta (sic) experiencia y  versados  en  materia  mercantil  a quienes es exigible un comportamiento de los  hechos  conforme  a  su trayectoria, labor y conocimiento del medio, por lo cual  en  el  lugar  donde  se  efectúa la compra saben quién vende, qué bienes y a  qué    precio   a   su   vez   los   puede   volver   a   vender”.   

En   ese  orden,  el  yerro  del  Tribunal  consistió  en no advertir que el indicio es indivisible, que el hecho indicador  debe  estar  demostrado y no puede suponerse, además que multiplicó el número  de  indicios,  y  no señaló cuál era la fuente de la prueba indiciaria porque  no  dijo  cuál  medio  de  prueba  le  sirvió  de  soporte  para  realizar tal  aserción.   

De  manera  que  si  dentro  del  proceso se  estableció  que  la comercialización del producto fue por el precio normal del  mercado,  no puede edificarse el indicio de “pretium  vilis”,  máxime cuando la parte civil solicitó que  se hiciera el avalúo.   

Indicio de inexistencia de factura de compra  venta   

Según  el demandante, el Tribunal fundó la  decisión  en  la  consideración  de que no se obtuvo la factura de compraventa  que  diera  fe  sobre  el origen legal de las mercancías;  además estimó  que  no puede admitirse como válido para los comerciantes esgrimir la costumbre  mercantil  para  no  expedir  factura  cuando ello es obligación legal, no solo  para  demostrar la procedencia lícita sino para fines tributarios, y porque esa  práctica                –omisiva-    no    puede   erigirse   en  justificación   jurídicamente   atendible   para  excluir  la  responsabilidad  penal.   

La  inexistencia  del documento –factura  de compraventa- fue un indicio  grave  que tuvo en cuenta el Tribunal;  sin embargo, el recurrente sostiene  que  la  no  expedición  de  factura  y la consecuente ausencia del porte de la  misma  es  una  costumbre mercantil de la que no puede derivarse responsabilidad  penal.   

Por ello, el demandante sostiene que el error  del  fallador  consistió  en  que  no  puede exigir una solemnidad –la  factura  que  refrende  el  negocio  jurídico-   cuando   ni   la   legislación   mercantil   ni  la  civil  exigen  factura.  En efecto:   

Tanto  el  Código  de  Comercio2,   como  el  Código  Civil3,  regulan el contrato de compraventa, que es en esencia consensual,  y  consiste  en  transmitir  una  cosa  a un comprador a cambio de un precio que  puede    estipularse    en    dinero,    en    títulos   valores   –como  la  factura cambiaria-, o en otra  utilidad,  y  cuando  se  pacta  la  transacción  por  otra  cosa  a cambio, se  entenderá  que  hubo  una permuta, y en fin, el precio puede ser determinado, o  determinable si no se estipula de manera precisa.   

Pues  bien,  la transacción que se celebró  entre   JORGE   ELIECER   GÓMEZ   RIVERA  –vendedor- y  LUÍS  GABRIEL  DELGADO  no  fue de compraventa, ni de trueque, sino de permuta,  como lo refirió en declaración juramentada:   

“El chocolisto  lo  tenía  era  Oscar.  Oscar quería que le diera plata, es decir, que le  comprara  en  efectivo.   Yo le dije, que él, como también venía granos,  que  le  daba  granos.   Oscar aceptó como al otro día, que le diera  arveja.   Al otro día, ellos, Oscar me trajo las cajas de chocolisto, creo  que  fueron  cincuenta  cajas  de  chocolisto, y yo les di veintiséis bultos de  arveja  y  ocho o diez bultos de lentejas…”.   (Cfr.    Folios    87  –    90)   

Y  como  está  demostrado  que  el  señor  GÓMEZ  RIVERA es comerciante  que  siempre  ha  trabajado  en  la  central de Abastos de Bogotá, donde llegan  campesinos  desde  la  media  noche  a  vender sus productos entre comerciantes,  resulta  claro  que no puede exigirse factura cambiaria para los intercambios de  cebolla,  arveja,  frutas,  bienes perecederos manufacturados, etc., a menos que  se pretenda edificar una responsabilidad objetiva.   

De   manera   que   el  Tribunal  apreció  erradamente  las  pruebas al considerar que el contrato de compraventa de bienes  muebles  no  es  eminentemente  consensual  y estimar tácitamente y por efectos  puramente  tributarios, que la transacción del chocolisto tenía que realizarse  con  la  formalidad de un contrato solemne, quebrando así la ciencia jurídica,  las  reglas  de  la  experiencia  que  enseñan  que  los  bienes muebles pueden  permutarse entre comerciantes sin expedir las famosas facturas.   

Por esas dos razones pidió a la Corte casar  el  fallo  y en su lugar absolver a JORGE ELIECER GOMEZ  RIVERA  a  quien  favorece  la presunción de buena fe  inmersa en las transacciones comerciales sobre bienes muebles.   

2)   Demanda  en  favor de LUIS GABRIEL  DELGADO   

Cargo  único.   Errores  de hecho y de  derecho  en  la  apreciación  de  la prueba.  El informe de Policía   (Error de derecho por falso juicio de convicción)   

Estima  el demandante que el Tribunal fundó  la  condena  de su pupilo a partir del informe de Policía Judicial del Área de  Delitos  contra  el  Patrimonio Económico, rendido el 2 de marzo de 2001 por el  Mayor  Rodríguez  Borbón,  donde  dio  cuenta  que  a  raíz  de  una  llamada  telefónica  de  alguien  que refirió la comercialización de los productos que  habían  sido  hurtados  a  la  Compañía  Nacional de Chocolotes, organizó un  operativo  que  arrojó  el  decomiso  de  la  mercancía  y  la  captura de los  comerciantes,     entre     ellos    LUIS    GABRIEL  DELGADO.   

El error del Tribunal consistió en dar valor  al  informe  de  Policía  judicial,  cuando  es  sabido  que expresamente está  excluido  todo  valor a dichos informes en virtud del artículo 50 de la Ley 504  de  1999,  y  que  la  Jurisprudencia  de  la  Corte Constitucional (sentencia C  –  392  de 2000) fijó los  parámetros  interpretativos de esa norma, al decir que los mencionados informes  no  pueden  ser valorados como prueba, aunque si la prueba producida a partir de  los mismos.   

Indicio de negociación de la mercancía por  un   precio   inferior   al   que   ofrecía   en  el  mercado  la  fábrica  de  productos.   “falsa  apreciación de la prueba  del  indicio”4.   (cfr.  Nota 1).   

Testimonio  del Subintendente de la Policía  Nacional  Jorge  Eliécer  Herrera  Rivera  (error  de hecho por falso juicio de  identidad).   

Según el demandante, en la declaración que  rindió  el  Policial  indicó que el día del operativo acudió a la bodega del  señor  DELGADO  a  quien  le  fue  incautada mercancía de la Nacional de   Chocolates,   y  quien  manifestó  que  no  tenía  factura  que  soportara  su  adquisición;   el  Agente contó que la mercancía tenía el mismo número  de lote y de referencia de la que fue hurtada a la empresa.   

A  partir de esa versión el juez de primera  instancia  fundamentó  la  materialidad  de la conducta punible de receptación  porque    –según   el  uniformado-,  la  mercancía que se incautó al señor  DELGADO   era   la   misma   que   días   antes   le   habían   hurtado  a  la  compañía.   

Sin embargo, ni el fallador individual ni el  colectivo  indicaron  cuál fue la directa e indubitable incriminación que hizo  el  Agente Herrera Quiroga contra el señor LUIS GABRIEL DELGADO por la conducta  punible  de  receptación;   cuando  es lo cierto que el testigo limitó su  versión  a  describir  la manera como se ejecutó el operativo, sin detenerse a  examinar  la  responsabilidad  penal  del  procesado.   No basta, según el  casacionista,  con  que  objetivamente  se  adecue la conducta al tipo penal, se  requiere  además  demostrar  el elemento subjetivo (el dolo), entendido como el  impulso  de  voluntad  a  la  comisión  de  la  conducta  punible, es decir, el  conocimiento  de  la  ilícita  procedencia  de las cosas ocultadas, negociadas,  etc..   

Y  ese conocimiento del aspecto subjetivo de  la  conducta  punible no se desprende de la declaración del testigo,  pues  limitó  su  versión  a  decir  que  la  mercancía incautada “…se  encontraba  almacenada  en  el local de este señor y arrumada  normal  como  se  almacena  la  mercancía en esta clase de negocios”  (Cfr. Fl. 46  –   48  /  2).   De  ello se infiere –dice   el   casacionista-   que   “Los   elementos  materiales  incautados  jamás fueron ocultados y, por ende, que su adquisición fue lícita  y   que   no  estuvo  investida  de  la  conciencia  de  la  procedencia  de  un  punible”,   porque   nunca  se  consideró  que  su  procedencia fuese ilícita.   

Con   esos   planteamientos  orientados  a  demostrar  que  se apreció una prueba carente de valor, que la negociación fue  por  un precio normal del mercado y que a la versión del Agente se le adicionó  una  presunta  incriminación que el testigo no formuló, el recurrente pidió a  la  Corte  casar  el  fallo  y  absolver a LUIS GABRIEL  DELGADO          porque          –según el- su  defendido  actuó  de buena fe al comprar las mercaderías, y el menor precio de  la  compra  (cinco  mil pesos en caja) se justifica porque es una “utilidad de  la   negociación”   en   el   mercado   de   la   central   de   abastos   de  Bogotá.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Las  demandas de  casación  que  presentó  el defensor de JORGE ELIECER  GOMEZ  RIVERA  y LUIS GABRIEL  DELGADO,  contra  el  fallo proferido el 26 de mayo de  2006   por   el   Tribunal  Superior  de  Bogotá  se  INADMITEN  por las siguientes razones:   

1)  El deber  de fundamentar la demanda de casación   

A la luz de la Ley 600 de 2000 que   rigió  este  proceso  hasta  su  terminación,  es  claro  que  la  casación esta prevista para “…delitos  que  tengan  señalada  pena privativa de la libertad cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años, aún cuando la sanción impuesta haya sido una  medida     de    seguridad”,    y    cuando  el delito no reúne la condición  punitiva   para  acceder  al  recurso,  la     casación     debe    proponerse    por    el    trámite    de    la    casación  excepcional  o  discrecional,  que no fundamentó el impugnante.   

La  conducta  punible  de encubrimiento por  receptación   prevista  en  el  inciso  primero  del  artículo  177  del  Decreto Ley 100 de 1980, modificado por el artículo 7º de  la  Ley  365 de 1997 tenía prevista una pena de prisión de (1) uno a (5) cinco  años  como  límite  máximo, lo que permite advertir  que   no   supera   el   límite   punitivo   para   acceder  al  extraordinario  recurso.   

En  ese  orden  de  ideas,  el  recurso  de  casación    excepcional    exige   de   parte   del   actor   la   fundamentación  de  las  razones por las  cuales   un  nuevo  pronunciamiento  jurisprudencial  se  requiere  en  el  caso  específico  por  la  complejidad  del  tema,  la  dificultad  que  ofrece en la  jurisprudencia,  o  por haberse violado alguna garantía fundamental en el curso  del   proceso5,  y  además  de  ello, el libelo debe cumplir adecuadamente con la  sustentación  de las causales de casación.  (cfr. Art. 205 inciso tercero  de  la  Ley 600 de 2000);  igual carga de fundamentar la impugnación tiene  el  recurrente  en  la  ley 906, aunque no se contemplen límites punitivos para  acceder al recurso (art. 181 inciso primero).   

Lo   que   significa   que   en  el sistema procesal penal colombiano el demandante debe   motivar  la  impugnación  en  el  sentido  de  explicar las razones por las cuales considera que se hace necesario  un  pronunciamiento  de la  jurisprudencia,  o  demostrar  que se ha violado alguna garantía fundamental en  el         curso         del         proceso6  (Ley  600  art.  205  inciso  tercero;      Ley     906     art.     180)7.   

Por  ello,  cuando  no  existe  motivación  precisa,  el  escrito  debe  ser  inadmitido  (o no seleccionado según el caso)  cuando  adolezca  de  los  siguientes  defectos:   falta  de  interés para  recurrir  del demandante, demanda infundada (es decir,  que  no  evidencie una eventual violación de garantías fundamentales, o cuando  no  desarrolla  los  cargos de sustentación), y cuando  del  contexto de la demanda se advierte que no se requiere del fallo de la Corte  para  cumplir  alguna de las finalidades del recurso8.   (Artículo  213  de la  Ley 600;  Artículo 184 inciso segundo de la Ley 906).   

2)    Los   argumentos   de   ambas  demandas   

Como en ninguno de  los     escritos     el     censor    denuncia  faltas al debido proceso y/o al  derecho  de defensa que lesione derechos fundamentales  ni    garantías    constitucionales,   la  Sala encuentra que no se acreditó la  necesidad   de   la   intervención   de  la  Corte9,    como   se   muestra   a  continuación:   

Ambos  escritos  se centran en una  discusión  probatoria  abierta  que  dista    de    la    fundamentación   de  un cargo en casación, pues arguye el  libelista     que     hubo     una    permuta  de  chocolisto  por granos de arveja y lentejas  entre  los  sentenciados y que por ello  no encubrieron el origen ilícito de la mercancía.   

Sostiene  además el actor que los  sentenciados  actuaron  de buena fe  por   la   condición   de   comerciantes     de  la  plaza mayorista de Corabastos, y como la buena fue  “se  presume”  la  Corte  debe absolverlos porque negociaron por menor valor  del  precio  de  fábrica  y  sin factura cambiaria que acredite la transacción  porque esa es “costumbre mercantil”.    

Propuesta   la   impugnación   en  esos  términos,  a  la  Sala  de  casación  le    corresponde   decir   que   las  demandas      reflejan      la      expresión       íntima        de        convicciones  personales  del  actor  orientadas  a  una  discusión  probatoria  propia  de  las  instancias,  que  no  contienen  alguna pretensión  fáctica  o  jurídica,  coherente,  orientada  a  comprometer  la  legalidad  o  constitucionalidad del fallo objeto del extraordinario recurso.   

Tal manera de fundamentar la impugnación no  acredita   ninguno   de   los   fines   del   recurso  extraordinario.   En  efecto:   

1)    El  recurso  extraordinario  de  casación  es  un  control  constitucional  y  legal que busca hacer efectivo el  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  constitucionales y legales  debidas  a  las  partes intervinientes en el proceso, la reparación de agravios  inferidos  a éstos, la unificación de la jurisprudencia, y si el escrito no se  ocupa  de  ninguno  de esos fines, sino de una discusión probatoria insular, no  puede    ser    admitido    para    su    estudio10.   

2)   La  impugnación  se contrae a negar el valor probatorio de los informes de policía  judicial,  porque el artículo 50 de la Ley 504 de 1999  lo  negó y la sentencia C –  392    de    2000    fijó    los   parámetros   interpretativos   de   aquella  disposición.    A  partir  de  ello  el  demandante  afirma  que  hubo  un  error de derecho por falso  juicio  de  convicción al darle validez al informe que dio cuenta de operación  de  incautación de los productos de la Compañía Nacional de Chocolotes.   (cfr.    Fls    1    –  5).   

Sin  embargo,  el  fallo  objeto del recurso  propuesto  es  totalmente  coherente con la referencia de constitucionalidad que  citó  el demandante y a más de ello con la pacífica jurisprudencia de la Sala  Penal que es reiterada en este tema:   

“…Como puede  verse,   la  ley  autoriza  a  los  organismos  de  policía  judicial  realizar  entrevistas  y obtener exposiciones de informantes, pero introduce restricciones  a  la  aptitud  probatoria  de  estos  elementos  de juicio al disponer que solo  pueden  ser  tenidos en cuenta como criterio orientador de la investigación, lo  cual  significa  que  pueden  ser  utilizados como guía o referente para buscar  nuevas  pruebas,  o  lograr  su  autorización,  mas  no  como  evidencia  de la  responsabilidad  penal  de  la  persona  implicada por ellos, en ningún momento  procesal,   ni  en  la  sentencia,  ni  en  decisiones  precedentes”11   

Por  suerte  que el demandante no evidenció  error   de   derecho  alguno,  y  la  Sala  tampoco  advierte  la  necesidad  de  re-considerar  la  pacífica  postura  de  la jurisprudencia en relación con el  criterio  orientador  que brindan los informes de Policía Judicial, que en este  caso  se  limitó  a  dar  cuenta  del operativo de incautación de mercancías,  dejar  a  disposición  de la Fiscalía a un capturado y allegar unos documentos  que  prueban  el  número  de  referencia  del  lote de mercancías hurtado a la  Compañía  Nacional  de  Chocolates  (ref.  68923,  fl.  22)  y  la copia de la  denuncia por hurto del cargamento (cfr. Fol. 13 y 14).   

3)   En un último punto, el impugnante  controvirtió  el  testimonio  del  Subintendente  de la Policía Nacional Jorge  Eliécer  Herrera (cfr. Folios  46   –   48   /   2,  en  concordancia   con  el  informe  de  policía  judicial  folios  1  –       6      /      1), pero al revisar el dicho del patrullero  la  Sala  encuentra  que  el testigo limitó su versión a dar datos referidos a  desarrollo  del  operativo,  sin  que comprometa o excluya la responsabilidad de  los  sentenciados  (cfr.  Página  5,  segundo  párrafo  del  fallo  de primera  instancia),  de  donde  se advierte que se trata de una prueba intrascendente de  cara  a  los fines del recurso extraordinario de casación citados en el numeral  primero de estas consideraciones.   

Por  manera que las mercaderías halladas en  poder  de  los  sentenciados  fueron  plenamente identificadas por el número de  lote  de  remisión de la empresa Nacional de Chocolates, y se acreditó además  que  la  transacción  entre  los  comerciantes  fue  un ardid para encubrir ese  origen  ilícito  plenamente demostrado con la denuncia que ante la Fiscalía de  Facatativá formuló el camionero.   

Por  ello,  el  fallador  dedujo  que  los  implicados,  en  su  condición  de  propietarios  de bodegas en la mayorista de  Corabastos,        y        comerciantes       expertos       “…aprovechaban    su    ambiente    comercial    para    encubrir     u     ocultar    el    origen    ilícito    de    las  mercancías,  desde ahí se podía adquirir, poseer o  transferir   la   mercancía  (cocoa  –  chocolisto),  pasándolas  de mano en mano y logrando en últimas  un    beneficio    económico    al   comprar   a   un   precio   y   vender   a  otro…”.   (Página  7 del primer fallo;   Destaca la Sala).   

En  suma,  el  actor  dedicó  los libelos a  discutir  si  la  transacción  de  la  mercancía fue a título de compraventa,  trueque  o  permuta,  etc.,  cuando  ello realmente es un aspecto intrascendente  porque  el  nódulo  del  reproche consiste en que los sentenciados encubrieron,  ocultaron   el  origen  ilegal  del  chocolisto,  y  ese  tema  ni  siquiera  lo  abordó.   

Por  ello,  la Sala encuentra que el núcleo  fáctico    de    la    imputación    (adquirir,  poseer,  convertir bienes muebles o inmuebles originados  en     un     delito    con    la    finalidad    de    receptar    –      esconder      –       ocultar      –       acoger       –      encubrir      –      disimular      –       arropar      –      tapar,      su      origen  ilícito12)   no   fue   discutido,   y  desde  esa  perspectiva,   la   conclusión   a   la   que   se  llega  es  la  falta  de  fundamentación  de las demandas  que no discuten el argumento central del fallo.   

4)         Finalmente,        al     revisar    las    impugnaciones  desde  la óptica de la  finalidad  del  recurso  extraordinario, la Sala no  encuentra  la  necesidad  de  casar de oficio el fallo por no evidenciar ninguna  hipótesis  de  compromiso de garantías fundamentales, ningún agravio inferido  a  las  partes  intervinientes  en  el  proceso,  ningún criterio que devele la  necesidad  de  variar la jurisprudencia según lo previsto en los artículos 206  y 216 de la Ley 600 de 2000.   

En suma, la Sala  inadmite   las   dos  demandas  por  no  cumplir  en  lo más mínimo con el  requisito  de  fundamentación establecido en los artículos 205 inciso tercero,  206 y 212 del C. de P. Penal (Ley 600).   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR        las  demandas  de  casación  presentadas por  el  defensor  de JORGE ELIECER GOMEZ  RIVERA   y   LUIS  GABRIEL  DELGADO,  contra  el  fallo proferido el 26 de mayo de  2006      por      el      Tribunal      Superior     de     Bogotá.   

En    consecuencia    se    declara  desierto el recurso y ejecutoriado   el   fallo   condenatorio,  conforme    a    las    motivaciones    plasmadas   en   el   cuerpo   de   este  proveído.   

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

                                     

                                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

                                                                           

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                          JAVIER   DE   JESUS   ZAPATA  ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1Esta  misma  crítica la incluye como uno de los argumentos de la demanda que el mismo  casacionista  presentó  en  favor  de  LUIS  GABRIEL  DELGADO  (Véase  segunda  demanda).   

2Art.  905   

3Art.  1849   

4Cfr.  Nota 1.   

5CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, sentencia del 26/11/2003;  Rad. No. 20359;  auto  del  06/07/2006,  rad.  24659;  auto del 03/8/2006, rad. núm. 25812;    

6CORTE  SUPREMA   DE  JUSTICIA,  auto  del  16/05/2006,  rad.  núm.  25053.     

7Cfr.  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Auto del 03/8/2006, rad. 25726;   

8CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Auto del 12/10/2006, rad. 26086.   

9CORTE  SURPEMA DE JUSTICIA, auto del 09/02/2005, rad. núm. 23119.   

10Ib.  Auto del 05/10/2006, rad. 26009   

11CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  sentencia del 23/08/2006, rad. núm.  24898;   en  el  mismo  sentido,  sentencias  del  23/08/2006,  rad.  núm.  21728;   sentencia  del  07/09/2006,  rad. núm. 22512;  sentencia del  6/10/2005, Rad. núm. 21196. entre otras.   

12Cfr.  El quinto párrafo de la página 7 del fallo de primera instancia.     

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