26877(27-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26877   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 045.  

Bogotá  D.C., marzo veintisiete (27) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide la Sala en relación con la admisión  de   la   demanda   presentada   por  el  defensor  del  procesado  ENAR   RUIZ   RUIZ,  contra  la  sentencia  anticipada  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Popayán  de  fecha  julio  18 de 2006, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito de Patía el 8 de marzo de 2005, por cuyo medio lo condenó  como  autor  penalmente  responsable  del  delito de tráfico de estupefacientes  (inc. 3°, art. 376, Ley 599 de 2000).   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la  actuación   fue  declarado  por  el  Tribunal  de  la  siguiente  manera:    

          “Da  cuenta  el  acervo  probatorio que siendo aproximadamente las  09:20  horas  del 15-VIII-2003, en el Corregimiento de El Plateado, municipio de  Argelia,  Cauca, fue retenido ENAR RUIZ RUIZ en la vivienda del señor Primitivo  Ruiz,   por   unidades  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  D.A.S.  (Seccional  Cauca),  al  cumplir  allanamiento a dicha vivienda (ordenado por la  Unidad  de  Reacción Inmediata U.R.I. Fiscalía 003 de la capital caucana), por  haberse  encontrado  en  el  cielo raso de tal inmueble una olla de aluminio que  contenía  1.824  grs.  de  cocaína,  manifestando aquél, en el instante de la  diligencia,  que  esa sustancia era de su propiedad, por lo que in continenti se  procedió  a  su  captura  y  al  incautamiento del alcaloide, dando pábulo tal  situación  para  dejarlo  a  órdenes  y disposición de la antedicha Unidad de  Fiscalía,     juntamente    con    la    cocaína    desembozada”.            

          Con   fundamento   en   los   hechos   anteriores,   se   abrió  la  correspondiente  investigación  penal,  en  cuyo  marco  se  vinculó  mediante  indagatoria  a ENAR RUIZ RUIZ,  a  quien  se  resolvió  su  situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  -posteriormente sustituida por detención domiciliaria-,  como posible autor del delito de tráfico de estupefacientes.   

Cerrada  la  instrucción,  se  calificó el  mérito  probatorio  del  sumario  el  15  de  marzo  de 2004 con resolución de  acusación  en  contra del procesado por el mismo delito que sustentó la medida  de aseguramiento.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Patía despacho que, ante la solicitud  presentada  por  el sindicado durante el desarrollo de la audiencia preparatoria  en  el  sentido  de aceptar el cargo proferido en su contra, profirió sentencia  anticipada  el  8  de  marzo  de  2005,  por  cuyo  medio condenó a  ENAR  RUIZ RUIZ a la penas principales de  cinco  (5) años y tres (3) meses de prisión y multa por valor de 87.5 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y a  la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  pena  privativa  de la libertad, como autor penalmente responsable del delito de  tráfico  de  estupefacientes (inc. 3°, art. 376, Ley 599 de 2000). En la misma  providencia,   le   negó  el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

Contra  la  decisión  anterior,  interpuso  recurso  de  apelación  el  defensor del procesado, el cual fue resuelto por el  Tribunal  Superior  de  Popayán mediante providencia de fecha julio 18 de 2006,  confirmándola   “en   lo   que   fue   materia  de  impugnación”, determinación que ahora es objeto de  impugnación extraordinaria por parte de la defensa.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera prevista en el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, el defensor propone un único cargo contra  el  fallo impugnado por violación indirecta de la ley sustancial derivada de un  falso   juicio   de   existencia   “al   omitir  la  apreciación    de    documento    obrante    en    el    proceso”.   

Señala  el  libelista  que  en la sentencia  recurrida,  cuando se abordó el tema referente a si el procesado tenía o no la  condición  de  hombre  cabeza  de familia, se adujo que no estaba demostrado el  parentesco  entre  el  procesado  y el menor Einer Ruiz  Ruiz,  por  cuanto  no  se  aportó  al  expediente el  registro  civil  de  nacimiento,  lo  que  condujo  a  concluir que por no estar  demostrada  la  paternidad ni la dependencia económica del infante con respecto  al  procesado  ENAR RUIZ RUIZ,  no  procedía a favor de este último la concesión de la prisión domiciliaria,  aplicable  en  este caso por virtud del principio de favorabilidad del numeral 5  del artículo 314 de la Ley 906 de 2004.   

A  reglón seguido, advierte que el Tribunal  yerra  en  la anterior apreciación porque dicho documento obra en el expediente  a  folio  163  del  cuaderno  original  “y de él se  infiere    el   parentesco   con   el   procesado   y   la   edad   del   citado  menor”.   

Concluye  que como la sentencia “omitió   una   prueba   que   materialmente   existía   en   el  proceso”,      incurrió     en     el     error  atribuido.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  la   sentencia   impugnada  “otorgando  la  prisión  domiciliaria  a  ENAR  RUIZ  RUIZ,  por  tener la condición de hombre cabeza de  familia    en    reemplazo    de    la   negativa   a   otorgarla”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

          Impera  precisar, en primer término, que en este caso por razón de  que  los hechos tuvieron ocurrencia el 15 de agosto de 2003, no se remite a duda  que  la  normativa  aplicable en punto del recurso de casación es la Ley 600 de  2000,  cuyo  inciso  1º del artículo 205 establece que este medio impugnaticio  es  viable  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  proceda por “delitos que tengan señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo exceda de  ocho años” (subrayas fuera de texto).   

En aquellos casos en que el fallo de segundo  grado  no  es  proferido  por los mencionados Tribunales, o que el delito por el  cual  se  procede  tenga  pena privativa de la libertad inferior al quantum   señalado   en   precedencia  o  sanción  no restrictiva de la libertad, el inciso 3º de la misma preceptiva en  cita  faculta  a  esta  Sala  para  admitir  discrecionalmente  las  demandas de  casación   presentadas,   “cuando   lo   considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales,  siempre  que reúna los demás requisitos exigidos por  la ley”.   

          De   lo   anterior   se   desprende   que   en   relación   con  el  asunto      que  concita  la  atención  de  la  Sala,  sólo  se  permitía  el acceso al medio extraordinario de casación por la denominada vía  excepcional o discrecional.   

          Ello,  porque  si  bien  el  fallo  impugnado  fue  proferido por el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Popayán, al procesado ENAR  RUIZ  RUIZ  se  lo  condenó  por el  delito  de tráfico de estupefacientes, de conformidad con la modalidad prevista  en  el  inciso tercero del artículo 376 de la Ley 599 de 2000, que sanciona tal  conducta  con una pena de seis (6) a ocho (8) años de prisión, cuyo máximo se  impone  tener  como  referente a efecto de determinar la procedencia del recurso  de  casación por la vía normal, lo cual permite colegir que el presente asunto  queda  marginado de tal posibilidad, dado que la sanción prevista no excede los  8  años  de  prisión exigidos en el referido artículo 205 de la Ley 600 de la  misma anualidad.         

Así  las  cosas,  como ya se dijo, sólo se  contaba  con la posibilidad dispuesta por la denominada casación discrecional o  excepcional,  que  sólo resulta viable a condición de que la Sala “lo  considere necesario para el desarrollo de la jurisprudencia o  la      garantía      de      los     derechos     fundamentales”.   

          Sobre  este último aspecto, se ha dicho reiteradamente que en punto  de    la    casación    discrecional   compete   al   demandante   expresar  con  claridad  y precisión los  motivos   por   los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y   a   la   par   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Pero  si  lo pretendido por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias  que,  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

          El  actor,  sustrayéndose a las exigencias anteriores, optó por la  vía  ordinaria  para  demandar en casación, sin percatarse que el quantum  punitivo para el ilícito por que  se  procede  y  por  el que fue condenado no cumple, como ya se señaló, con la  preceptiva  procesal  que  refiere  a  su  procedencia y a que el Tribunal en el  numeral  segundo  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia recurrida ordenó  “INFORMAR  que  contra  el  presente pronunciamiento  procede   el   recurso  de  casación  por  la  vía  excepcional”,  de  allí  que  sólo  le  quedaba como posibilidad acudir a esta  forma  de  impugnación asumiendo, desde luego, las obligaciones aludidas que ha  dispuesto  el  legislador  en  esta  materia,  labor  que  no acometió, pues se  abstuvo  de  plantear  las  razones por las cuales debía intervenir la Corte de  manera  excepcional,  para  proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad  respecto  de una determinada temática, bien para unificar posturas conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico aún no desarrollado; o  para    procurar    la    garantía    de    derechos    fundamentales   de   su  defendido.   

Al respecto, oportuno se ofrece señalar que  el  único  cargo   que  instaura  el  actor  tiene fundamento en la causal  primera  prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000,  pues  considera  que  en  la sentencia impugnada se incurre en violación indirecta de  la   ley   sustancial,  debido  a  un  yerro  en  la  valoración  probatoria  a  consecuencia  de  un  falso  juicio de existencia, sin que vincule dicho error a  una  eventual  vulneración  de  garantías  fundamentales  o  a la necesidad de  abordar  dicha  temática  para  el  desarrollo jurisprudencial, amén de que no  ataca  en  su  totalidad  los  pilares del fallo, pues la negativa a conceder el  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria no se basó exclusivamente en la falta  del  documento  indispensable  para  corroborar el parentesco sino, además, por  razón  de  que  no aparece demostrado en la actuación que el procesado tuviera  bajo   su  cargo  económica  y  socialmente  al  menor  y  a  que  “no  hay  prueba respecto de la necesidad de la pena sustitutiva,  pues  nada  se  dice  respecto  del  estado de abandono y desamparo del supuesto  hijo,  criterio  éste  que  debe  guiar  la  decisión  del juez respecto de la  procedencia      o      no     de     la     pena     sustitutiva”.          

Lo   anterior  significa  que  la  demanda  presentada  por  el  impugnante  se  ofrece  inepta  y  hace inviable el recurso  extraordinario;  circunstancia  que  impide que la Sala entre siquiera a revisar  si  el  cargo  formulado  contra  el  fallo  de segundo grado atacado reúne los  presupuestos  de  lógica  y  de  adecuada  argumentación que se exigen para su  admisión en esta sede.   

          Lo  anterior constituye razón suficiente para que la Sala proceda a  la  inadmisión de la demanda, de acuerdo con la consecuencia procesal señalada  en  el artículo 213 de la Ley 599 de 2000.  Además, porque no se advierte  que  dentro  del  presente  trámite  o  en la sentencia se hubiera incurrido en  violación  de  garantías  fundamentales,  que  fuera necesario conjurar por la  vía de la casación oficiosa.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   ENAR  RUIZ  RUIZ, por las razones expuestas  en la anterior motivación.   

          De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 187 de la Ley 600  de 2000, contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                               JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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