26878(01-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26878  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  Aprobado   acta  No.  215   

Bogotá     D.    C.,    primero (1) de noviembre de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de HERNANDO  CEDIEL  BARRETO ORJUELA, contra la sentencia del cinco  (5)  de octubre de dos mil seis (2006) por medio de la cual el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial de Tunja confirmó el fallo condenatorio proferido el 16  de  agosto  anterior  por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de  Tunja  que  lo encontró responsable, junto con Manuel Antonio Monroy Rodríguez  y  Nilson  Suárez  Díaz  por  la  conducta  de  tráfico de sustancias para el  procesamiento  de  narcóticos prevista en el artículo 382 de la L. 599 de 2000  y  los  sentenció  a  las  penas  de ciento diecisiete (117) meses de prisión,  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo término, multa de  14  000  s.m.l.m.v.,  para  cada  uno y les negó el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión domiciliaria como  sustitutiva de la prisión efectiva.   

         HECHOS   

El  23  de  marzo  de  2006, a la una de la  mañana,  en  la  vereda “Sabaneta” del municipio de Guayatá Boyacá fueron  capturados      HERNANDO      CEDIEL      BARRETO  ORJUELA,  Manuel  Antonio  Monroy Rodríguez y Nilson  Suárez  Díaz cuando transportaban 550 galones (2 081 975 litros) de thinner en  el vehículo furgón marca Chévrolet de placas IYE 889.   

La   sustancia   incautada   (Thinner)   está  incluida  en  el  listado  de  enumeración de sustancias sujetas a control  del Consejo Nacional de Estupefacientes (Res.   Núm.   09  de  1987,  adicionada  por  la  Res.  núm.  1  de  1995,  adicionada  por la Res. núm. 12  de 2003) como  elemento  que sirve para el procesamiento de cocaína  o    de    cualquier    otra    droga   que   produzca   dependencia.   

ANTECEDENTES  

La  audiencia  de legalización de captura,  legalización  de  incautación  de  elementos  y formulación de imputación la  realizó  el  Fiscal  29  seccional de Guateque (Boyacá) ante el Juez Promiscuo  municipal  de  Somondoco (Boyacá) con funciones de control de  garantías,  el  24  de  marzo  de 2006;  la fiscalía imputó el delito de tráfico   de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos  prevista en el artículo 382 de la L. 599 de 2000   

En  escrito  del  28  de  abril  de 2006 la  fiscalía  solicitó  la  preclusión  de  la  investigación  porque  adujo  la  atipicidad  de  la  conducta en la medida que para ese momento no tenía certeza  sobre la identidad de la sustancia incautada.   

El  9  de mayo de 2006 el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Tunja citó para audiencia de preclusión en la que  la  Fiscalía  retiró  la solicitud (de preclusión) porque para ese momento ya  había  establecido  (mediante  experticia científica del Instituto Nacional de  Medicina  Legal) que la sustancia incautada fue Thinner, producto incluido en el  listado  de  sustancias  prohibidas  y  controladas  según las resoluciones del  Consejo    Nacional    de    Estupefacientes.     El   Juzgado   negó   la  preclusión.   (Es  pertinente  decir  que  a  esa  audiencia  asistió  el  defensor     de     HERNANDO     CEDIEL    BARRETO  ORJUELA,      quien      ahora     recurre     en  casación).   

El  7 de julio de 2007 la Fiscalía Tercera  Especializada   de  Tunja  presentó  escrito  de  acusación  por  tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento de narcóticos (art. 382 del C.P. modificado  por  el art. 14 de la Ley 890 de 2004);  la audiencia de formulación de la  acusación se celebró el 16 de junio de 2006.   

El  13  de  julio  de  2006  se celebró la  audiencia  preparatoria;   el  11  de  agosto la audiencia de juicio oral y  público;    el   16   de  agosto  de  2006  el  Juez  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Tunja  profirió  sentencia condenatoria de primera instancia  (fls.  111  – 102) que fue confirmada por el Tribunal el 5 de octubre siguiente.  (fls.     170     –  158)   

El  proceso  se  tramitó   sin   aceptación  de  responsabilidad  penal,  sin  celebración  de  preacuerdos.   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

Los     falladores     –tanto  de  primera  como  de  segunda  instancia-  llegaron  a  la  conclusión  de  que los  sentenciados      HERNANDO     CEDIEL     BARRETO  ORJUELA,  Manuel  Antonio  Monroy Rodríguez y Nilson  Suárez  Díaz  son  penalmente  responsables  porque  fueron  capturados cuando  transportaban  550  galones  (2  081  975  litros)  de  thinner  en el vehículo  furgón,  sin  ninguna  autorización  legítima  para  su  tenencia,  siendo la  sustancia  incautada  insumo  para  la producción de  estupefacientes.   

         LA IMPUGNACION   

Como se señaló en el auto del pasado 23 de  agosto  de 2007 por las deficiencias en la presentación de la primera propuesta  de  violación  directa  de  la  ley  sustantiva,  la  Sala inadmitió el primer  reproche.   

Fue  admitida  la  propuesta de nulidad por  violación del derecho de defensa y del debido proceso.   

El   cargo.  Nulidad por violación del  derecho de defensa y del debido proceso.   

El  libelista  sostiene  que  la  fiscalía  solicitó  la  preclusión  de la investigación porque estuvo convencida de que  la  conducta de los indiciados no constituye delito en la medida que el líquido  incautado  no  hace parte de la lista de sustancias legalmente controladas en su  transporte  y tráfico, de manera que la primera audiencia de formulación de la  imputación que hizo la fiscalía quedó sin efectos jurídicos.   

Cuando  el  Juzgado  Especializado de Tunja  citó  para  audiencia  de  preclusión  (el  9  de  mayo de 2006), la Fiscalía  retiró  la  solicitud  de preclusión por haber establecido mediante experticia  científica  del Instituto Nacional de Medicina Legal que la sustancia incautada  (Thinner)  está  incluida  en  el  listado  de sustancias prohibidas según las  resoluciones  del  Consejo  Nacional de Estupefacientes y por ello fue negada la  preclusión de la acción penal.   

Ante   esa  determinación  de  negar  la  preclusión,   el   libelista  estima  que  la  Fiscalía  debió  adicionar  la  imputación,    de    conformidad    con    el    artículo   154   –  8  del  C.  de  P.P.,  en una nueva  audiencia,  con  la finalidad de esclarecer si la sustancia incautada era de uso  restringido  y  proceder  a ratificar los cargos en audiencia de formulación de  imputación,  teniendo  en  cuenta que en la primera formulación de imputación  (cuando,  además,  dejó  en  libertad a los indiciados y no les impuso ninguna  medida de aseguramiento) quedó sin efectos jurídicos.   

Siendo la formulación de imputación la que  activa  el  derecho  de defensa, de conformidad con los artículos 158 y 290 del  C.  de  P.P., se requiere de la notificación personal dada la variación de los  cargos.   Esa  nueva  imputación  habilitaba  los  términos  para  que el  imputado  pueda  aceptar,  preacordar  o negociar la imputación a la luz de los  artículos  350 y siguientes, para acceder a los decrementos punitivos a los que  tiene derecho.   

Además,  era  importante  escuchar  en  la  audiencia    de   juicio   oral   la   versión   del   procesado   BARRETO  ORJUELA para que, de conformidad  con   los   artículos   344  (descubrimiento  de  prueba  en  la  audiencia  de  formulación  de  acusación),  357  (solicitudes  probatorias  en  la audiencia  preparatoria)  y  374  inciso  final  (oportunidad  de  pruebas  en  el juicio),  demostrara que no participó en el delito.   

Esas razones, dice, demuestran que se violó  el  debido  proceso  cuando no se vinculó en debida forma al indiciado mediante  una  nueva  audiencia  de  formulación  de  imputación  (art. 154 – 8);  se le negó la oportunidad  de  pedir y de aducir pruebas, se desconoció el derecho a la libertad que tiene  toda persona.   

Ello    demuestra    que   HERNANDO  CEDIEL  BARRETO ORJUELA no tuvo  oportunidad  de  preparar  su  defensa  toda  vez  que  nunca  estuvo legalmente  vinculado  al  proceso  en  la medida que no hubo adición de la imputación con  posterioridad  al  momento en el que apareció la prueba que determinó la clase  de sustancia.   

Por ello, la Corte debe decretar la nulidad  desde  el  momento  de la audiencia de formulación de la imputación con el fin  de  que se reconstruya el proceso en su totalidad para que se dé la oportunidad  al  sentenciado  de  aportar  pruebas  en  su  defensa  o  de que se allane a la  imputación si fuere el caso.   

AUDIENCIA  DE  SUSTENTACIÓN  DEL  RECURSO  EXTRAORDINARIO DE CASACION   

DEMANDANTE  

El  impugnante reiteró el cargo de nulidad  propuesto;    no  hizo  ninguna  precisión  ni  adicionó   la   demanda.   

EL FISCAL  

Recordó que se formuló en la audiencia de  imputación  el  tráfico  de sustancias para el procesamiento de narcóticos, a  pesar  de que el examen previo de la sustancia reportó “hidrocarburos”, sin  embargo,  la  Fiscalía  acertó  en la conducta delictiva y el imputado no se allanó.   

Manifestó  que  se  trata de un asunto de  congruencia  de  la  imputación  en  toda  la  actuación  procesal, se mostró  partidario   de   la   formulación   de   la   imputación   con   soporte   en  “probabilidades”  delictivas,  en  la  medida  que  en  el  proceso penal la  imputación    es    “escalonada    en   toda   la   actuación”:    Primero   se   formula   la  imputación   de   la   conducta   punible   como  “posible”  y  luego  como  “probada”.   

Solicitó a la Corte no casar la sentencia  objeto del recurso.   

El    REPRESENTANTE   DEL   MINISTERIO  PÚBLICO   

Se  mostró  partidario  de una demanda de  casación  “carente  de  todo  sentido” (en consonancia con el salvamento de  voto  al  auto  que admitió un solo cargo de la demanda);  recordó que la  audiencia  de formulación de imputación difiere de la audiencia de imposición  de  medida  de  aseguramiento  y  de  la  audiencia de legalización de captura,  aunque  todas  esas  actividades  pueden  realizarse  en  una  misma  diligencia  pública.   

En  éste caso,  recordó  que el juez de  garantías  no  legalizó  la captura porque los indiciados fueron llevados a la  fiscalía después de las 36 horas siguientes.   

En  relación  con  la  formulación  de  imputación     manifestó    que    se  profirió  de  manera  inequívoca  por  la Fiscalía, tanto a  nivel  jurídico  (artículo 382 del C.P.) como fáctico, a pesar de no tener un  dictamen     definitivo    que    clasificara    la    sustancia    –Thinner-  como  ilícita;   la  prueba  de  campo  preliminar  no determinó con exactitud la clase de sustancia  incautada,  pero  ello  obedeció  a  las  circunstancias  en  que  se   produjo  la  incautación:   a  la  media noche en una  zona   montañosa   donde   no  hay  industrias  de  ninguna  naturaleza  y  sí  laboratorios para la producción de sustancias estupefacientes.   

En  esas  condiciones la Fiscalía imputó  correctamente   el   delito,  tanto  en  su  concepción  fáctica  como  en  la  adecuación jurídica, a más de que existió flagrancia.   

Para formular la imputación deben existir  evidencias  probatorias,  pero la ley no exige certeza de las circunstancias del  delito,   pues,   la   intensidad   probatoria   surge  con  el  desarrollo  del  proceso.   

En     tales     condiciones           –dijo-  se  presume la validez de la  primera  audiencia  y  no  se  requería nueva audiencia para que los indiciados  conocieran  con  precisión  la  imputación  en  la  medida  que la fiscalía fue precisa en lo jurídico y en lo fáctico, aunque no  contara  con  un  dictamen  definitivo  de  la  sustancia  incautada.   

Cosa  diferente  es  que,  al  no  haber  decretado  la  imposición  de  medida  de aseguramiento, el imputado se hubiese  desentendido  creyendo  erradamente  que  el proceso había terminado;  sin  embargo  –dijo- ello no  afectó  las  garantías defensivas porque la estrategia consistió en alegar el  transporte    de   la   sustancia   como   el   ejercicio   de   una   actividad  lícita   de   HERNANDO  CEDIEL      BARRETO     ORJUELA,     quien  sostuvo  que orientó en la zona  a  las  personas  que  transportaban la sustancia sin averiguar el contenido del  cargamento.   

Tampoco se violó el derecho de defensa en  el  juicio  porque  no  fuese  escuchado  el  acusado  como  testigo  en la audiencia de juicio oral, en la  medida  que  la  estrategia  defensiva  se  centró  en la falta de voluntad del  procesado  para  la  aceptación de los cargos;   el    acusado   siempre   se   declaró   inocente,  no    tuvo   voluntad   de   allanarse.   

En  conclusión,  dijo,  ningún  motivo  válido  existe  para  anular  el  proceso  y  solicitó  a la Corte no casar la  sentencia recurrida.   

CONSIDERACIONES  

Es competente la Corte Suprema de Justicia  para  resolver  el  recurso  extraordinario  de  casación  propuesto  contra la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Tunja, bajo el supuesto de que  la  finalidad  del  recurso propende por la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia (Cfr. Artículos  32-1,180, 181 y 184 de la Ley 906 de 2004).   

Nulidad  por  violación  del  derecho de  defensa y del debido proceso   

No  le asiste razón al impugnante     por     los    siguientes  motivos:   

1)   Si  bien  es  cierto que en una  primera  oportunidad,  es  decir  en la audiencia de formulación de imputación  que   se   realizó   ante   el  Juez  Promiscuo          Municipal  con  funciones  de  control  de  Garantías de Somondoco  (Boyacá),  al  día  siguiente  de  la  incautación  de  la  sustancia, cuando  ciertamente  para  ese  instante  no  había sido científicamente identificada,  ello  en  nada  incide en la estructura del proceso penal, pues, el Fiscal  29 seccional de Guateque (Boyacá) formuló la imputación,  tanto  fáctica  como jurídica, por el transporte de una sustancia “que sirve  para  el  procesamiento  de  cocaína  o  de  cualquier  otra droga que produzca  dependencia”,  conducta  que  se adecua al tipo de tráfico de sustancias para  el   procesamiento   de   narcóticos   (artículo   382   de   la  Ley  599  de  2000).   

La   formulación   de   imputación  es  en  esencia  “un acto de  comunicación”  de  la  Fiscalía  a  una(s)  persona(s)  en  relación con la  sospecha   que   existe  de  que  un(os)  hecho(s)  jurídicamente  relevante(s)  –delitos- es susceptible  de  atribuírsele  como  obra  suya.   (Artículos  286  y  287  del  C. de  P.P.)   

En   virtud   de   ese  acto  formal  de  comunicación  que  se  desarrolla en audiencia pública ante un juez de control  de  garantías  (art.  286),  el  sujeto  adquiere  la condición de parte en el  proceso    penal    –  Imputado.  (Art. 126 ib.).   

La  formulación  de  la imputación es el  primer  “escalón”  en  el  proceso  de  perfeccionamiento de la imputación  (fáctico  –  jurídica)  que  se  funda  a  partir  de  evidencias  físicas o de información legalmente  obtenida,  que  le  permite  a  la Fiscalía “inferir razonablemente” que el  imputado es autor o partícipe del delito.  (Art. 287 ib.)   

Con  esos  elementos,  y  nada  más,  es  procesalmente   posible   a   la  Fiscalía  imputar  la(s)   conducta(s)  ante  el  juez  de  control  de  garantías  (Conc. Artículos 153, 154 –    6,    287,    288).     Imputar   significa   hacer   responsable,  atribuir,  inculpar,  incriminar,  señalar,  tildar,  estampillar,  cargar,  culpar…  etc.;   cuando    el    acto   de   atribución  se  cumple  con las ritualidades y garantías previstas en la Ley  (Título  III  del  C.  de  P.P.)  y  en  un  marco fáctico jurídico realmente  aproximado   a   la(s)   conducta(s)   que   se   investiga,  ello  debe  marcar  definitivamente  la  actividad defensiva, pues el imputado (principalmente) y su  defensor  sabrán  dimensionar qué tan lejos está la Fiscalía de perfeccionar  o no la investigación penal.   

En  el  sistema  de  enjuiciamiento  penal  acusatorio,   la  estrategia  defensiva  adquiere  ribetes  importantísimos  en  sucesos  como  éste,  en  donde  hubo captura en flagrancia con incautación de  550  galones  (2  081  975  litros)  de una  sustancia,  desconocida sólo para los funcionarios públicos  (y  respecto  de  la cual sólo bastaba la pericia científica para establecerla  de manera definitiva).   

En tales condiciones, y con ese referente  probatorio    legalmente    obtenido,    la    Fiscalía    podía    “inferir  razonablemente”  y  comunicar  al  (los)  capturado(s)  de manera más o menos  precisa:   “…sospecho que Usted(es)         traficaba(n)  sustancias para el procesamiento de  narcóticos”,   y   si   ello   es   así,  le(s)  “…formulo  imputación  por el artículo 382 del  Código  penal”, con las consecuencias que de ello  se derivan.   

Ese  acto  de  señalamiento  con ribetes  incontrovertibles  de  seriedad  (dadas las condiciones en las que se produjo la  incautación:   a  la media noche, en un lugar boscoso, en una vereda de un  municipio  que no es industrial y donde existen laboratorios para la producción  de   cocaína1,  etc.),  implicaba  para la parte defensiva entrar a considerar,  en  serio,  una  alternativa  más  razonable  que  la  negar indefinidamente el  compromiso    penal,    entre    otras    razones   porque   hubo   captura   en  flagrancia.   

En  tales  condiciones,  a  pesar  de  lo  provisional  que  puedan  ser  los  cargos  que  se  formulen  en  la  audiencia  preliminar,  en  un  proceso  penal  que  se  caracteriza  por lo escalonado del  perfeccionamiento     de    la    incriminación2,   al   advertir   que   la  imputación    –tanto  jurídica  como fáctica- era acertada desde el primer  momento,   había   que  explorar  hipótesis  defensivas  diversas  al  rechazo  insistente  del  compromiso  penal,  entre  otras  cosas porque la actividad del  defensor  no consiste –por  sí-  en apoyar a ultranza la negación del efecto penal vinculante del cliente,  sino  que se debe caracterizar por la seriedad y la coherencia de la estrategia,  medida también por las consecuencias.   

No     es     cierto    –como  argumenta  el  recurrente-  que  hubiese  habido  necesidad  de  “notificación personal, dada la variación de  los  cargos”,  porque  los  cargos  en  ningún momento fueron modificados; la  incriminación   fue   consecuente   en  todos  los  momentos  procesales:   formulación  de imputación, escrito de acusación,  audiencia  de  formulación  de acusación, audiencia de juicio oral.     Es    decir,    persistió   de   manera   coherente   e  ininterrumpida.   

No  es  cierta  la  afirmación  de  que  BARRETO  ORJUELA “nunca  estuvo  legalmente  vinculado  al  proceso”,  porque  lo  evidente  es que fue  vinculado  desde  el  siguiente día de su captura flagrante, cuando se celebró  –correctamente-   la  audiencia de formulación fáctica y jurídica a su conducta.   

2)  Si bien es cierto que la Fiscalía  presentó  una  solicitud  de preclusión de la investigación el 28 de abril de  2006,  por  atipicidad  de  la  conducta al no contar hasta aquella fecha con el  dictamen   científico   que   revelara  la  identidad  de  la  sustancia,  ello  no implica afirmar que el  proceso  penal  hubiese  clausurado  con  tal  solicitud;  tampoco es dable  entender  que la fiscalía retiró la imputación;  había que esperar a la  determinación  del  juez  del  conocimiento,  entre  otras  razones  porque  la  decisión  de  preclusión si bien es un auto genera los efectos de cosa juzgada  propios de una sentencia (Art. 333 ib.)   

Es perfectamente comprensible que, ante la  falta  de  información  sobre  la naturaleza de la sustancia, el fiscal hubiese  presentado   la   solicitud  de  preclusión  de  la  acción  penal  (Art.  332  ib.).   Sin  embargo,  una  vez  recibida  la  pericia científica que daba  cuenta  que  lo  incautado  era  thinner  y  que  esa sustancia hace parte de la  enumeración  que  tiene el Consejo Nacional de Estupefacientes en el listado de  productos  sujetos  a control, la fiscalía tenía el  deber  de  retirar  la  solicitud de preclusión como  efectivamente  lo  hizo, y el juez del caso tenía el  deber  de  negar  la  preclusión  pedida,  como así  procedieron.   

De  suerte que ninguna incidencia procesal  tiene  el  hecho de que el Juzgado Especializado de Tunja, en la audiencia del 9  de  mayo  de  2006 hubiese negado la preclusión que en principio solicitó y en  esa audiencia retiró [con total razón] la Fiscalía.   

Al  contar  con  la  evidencia científica  (experticia  científica  del  Instituto  Nacional  de  Medicina Legal) que daba  cuenta  de  la  sustancia incautada fue Thinner, no podía haber preclusión del  proceso  y  esa  información era fácilmente perceptible por la parte defensiva  (tanto material como técnica).   

La  Sala  no se sustrae al hecho de que el  defensor     de     HERNANDO    CEDIEL    BARRETO  ORJUELA estuvo presente en la audiencia del 9 de mayo  de  2006  cuando la Fiscalía retiró la solicitud de preclusión, de manera que  la  formulación de imputación permaneció inmodificable porque el Fiscal nunca  la varió y de ello tuvo permanente conocimiento la defensa.   

3)  Negada la preclusión, es palmario  entender  que  la  imputación penal de la audiencia inicial se mantiene y no es  necesario  –como reclama  el  recurrente  sin razón- una nueva audiencia con la finalidad de adicionar    o    de    reiterar  la  imputación  fáctica  y  jurídica  porque  es  claro que nada había que adicionar y tampoco nada había  que repetir.   

La  pericia  científica  no  hizo  cosa  diferente  que  ratificar  el  acierto  de  la  fiscalía  al formular el cargo.   

Después de la audiencia de formulación de  la  imputación  y  de  agotadas  las  audiencias  preliminares  de que trata el  artículo  154  del  C.  de  P.P., entre ellas la que resolvió provisionalmente  sobre  la imposición de medida de aseguramiento, cualquiera que hubiese sido la  decisión,   era  y  sigue  siéndolo,  la  presentación  del  escrito  de  acusación  el  siguiente  acto  del  curso  normal de la etapa preprocesal, con  preservación intangible de cualquier estrategia defensiva.   

4)   De manera pues que si la defensa  de   HERNANDO  CEDIEL  BARRETO  ORJUELA    –que  siempre  estuvo  atenta al curso del proceso penal- quería optar por aceptar la  formulación  de la imputación del 24 de marzo de 2006 (conc. art. 293 ib.) que  le  hubiera  reportado  un  decremento  punitivo  de  hasta  la mitad de la pena  imponible,  no lo hizo;  tampoco preacordó los términos de la imputación  a  la  luz  del  artículo  350  del  C.P., ni se decidió por la aceptación de  cargos  – en cualquiera de  sus    dos    manifestaciones    o    especies-    en   ningún   instante   del  proceso.   

En la etapa procesal y totalmente enterada  la  defensa  material  y  técnica  de  la  magnitud  de la imputación y de sus  consecuencias,   no   propuso   ningún   tipo  de  preacuerdo  posterior  a  la  presentación  de  la  acusación  (artículos  352  y  367) ni se allanó a los  cargos  en  la  audiencia  preparatoria  (artículo  356)  que  también hubiese  reportado  alguna  rebaja  punitiva  significativa,  simple  y llanamente porque  optó  por  negar el compromiso penal, tal como lo recordó de manera insistente  el Ministerio Público.   

En esas circunstancias, lo evidente es que  la  defensa  tenía  una  estrategia  diferente  a  la  aceptación de cargos en  procura de algun descuento de la sanción.   

5)   Hay que concluir entonces que el  procesado  –asistido por  su  defensor-  optó por la renuencia a comparecer al proceso y por la negación  indefinida   de   responsabilidad   penal,  confiando  [extremadamente]  en  una  sentencia   favorable   a   pesar   de   la   prueba   científica  –perfectamente   conocida-   que   lo  comprometía  plenamente,  sabiendo  y conociendo un dato de la mayor relevancia  probatoria:  la captura en flagrancia.   

El cargo no prospera.  

En  mérito  de lo anteriormente expuesto  la   Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de Casación Penal y administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

       RESUELVE   

Primero:                NO  CASAR  la  sentencia del 5 de octubre de 2006 proferida por el Tribunal  Superior de Tunja.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y devuélvase al  Tribunal de origen.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ          MARIA       DEL       ROSARIO GONZALEZ DE L.   

   AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

  YESID RAMÍREZ BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

        Teresa Ruiz Núñez   

      Secretaria   

    

1En  tal  sentido  lo  refirió  el Agente del Ministerio Público en la audiencia de  sustentación del recurso extraordinario de casación.   

2Cfr.  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sentencia   del   25/04/2007,   rad.   Núm.  26309     

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