26821(28-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26821  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado   acta   No.    028   

Bogotá,     D.    C.,    veintiocho  de  febrero  del año dos mil  siete.   

Decide  la  Corte  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el defensor del procesado  MOISÉS    RAFAEL    GÓMEZ    CERCHAR,  con  fundamento  en  el  inciso  tercero  del  artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  contra  la  sentencia proferida en  segunda   instancia  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Riohacha,  mediante  la  cual  revocó  la  absolutoria   dictada  por  el  Juzgado  Promiscuo   del  Circuito  de  San  Juan  del  Cesar  (Guajira), y lo     condenó    a    la    pena    principal    de    veinticuatro  (24)  meses  de prisión y  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por término igual al de la pena privativa de la  libertad,   a  consecuencia  de  hallarlo  penalmente  responsable  del  delito  de  fabricación, tráfico y  porte     de     arma     de     fuego     de    defensa    personal.   

1.- Antecedentes.  

Los  hechos fueron declarados en el fallo de  la manera siguiente:   

“Según informe  policial  No.  0114 del 21 de mayo de 2000,  cuando  miembros de la Policía Nacional realizaban un puesto de  control  entre  las  poblaciones  de  Barrancas  y Papayal, le fue incautada una  pistola  de  defensa  personal a MOISÉS RAFAEL GÓMEZ CERCHAR, quien la portaba  ‘sin   el   respectivo  permiso’, en los momentos  en que se movilizaba en un automotor”.   

2.-   Abierta  la investigación por la  Fiscalía     Segunda    Seccional    Delegada  ante  los Jueces Promiscuos del  Circuito    con    sede    en   San   Juan  del  Cesar  (fls.  3),  se vinculó  mediante  indagatoria  a MOISÉS RAFAEL GÓMEZ CERCHAR  (fls.    5 y ss.).   

3.-  Días  más  tarde,  previa  clausura  del  ciclo  instructivo (fl.  20),   el   cinco   (5)   de   marzo   de   dos  mil  cinco  (2005)  calificó  el  mérito  probatorio del  sumario  con  resolución de acusación en contra del procesado por el delito de  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o  municiones  de  defensa  personal  en  la  modalidad  agravada  prevista  por el  artículo  201 a) del Código Penal de 1980, modificado por el artículo 1º del  Decreto  3664  de  1986,  mediante determinación que  adquirió  ejecutoria en esa instancia el 18 de agosto  de  2005  al no haber sido  objeto   de   impugnación   (fls.   27  y ss.).   

4.- El conocimiento  del  asunto  fue  asumido  por  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  San  Juan  del  Cesar  (fl.  38), en  donde  después  de  haberse  llevado a cabo la diligencia de audiencia pública  (fls.   45  y  ss.),  el  diez   de   marzo   de   dos   mil  seis  se puso fin a la instancia absolviendo  al  procesado  de  los  cargos  que  le  fueron  formulados  en  la  resolución  acusatoria (fls. 51 y ss.).   

5.- Apelado este  fallo  por  la  fiscalía,  quien  demandó  la  condena del acusado (fls.     57    y    ss.),  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial   de   Riohacha,  al  conocer  en  segunda  instancia  de  la  impugnación  interpuesta,  mediante  sentencia  proferida el  veintinueve  de  junio  de dos mil seis resolvió   revocarlo  y  condenar   al  procesado  a  la  pena  principal  de veinticuatro  (24) meses de prisión y  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  por  tiempo  igual  al de la pena privativa de la libertad, al tiempo  que  concedió   la  suspensión condicional de la ejecución de la pena, a  consecuencia  de  hallarlo  penalmente  responsable  del delito de fabricación,  tráfico  y  porte  de  arma  de fuego de defensa personal, a él imputado en la  resolución    acusatoria    (fls.    4 y ss. cno. Sda. Inst.).   

          

6.-  Contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  el  defensor  manifestó  interponer recurso  extraordinario      de     casación     discrecional     (fl.     17),  el  cual  fue concedido por el ad  quem  (fls.  38 y ss.) y  dentro  de  la  oportunidad  legal  presentó  la  correspondiente demanda (fls.  57  y  ss.  cno.  Sda.  Inst.), sobre cuya admisibilidad se pronuncia la Corte.   

Es  de  advertir,  que  con posterioridad a  haber  sido  concedido  el  recurso  por  el  Tribunal,  el  defensor manifestó  desistir  de la casación, tras solicitar la emisión  de  un  pronunciamiento en relación con la cesación  de  procedimiento  por  prescripción  de la acción penal (fls. 43 y ss.). Esta  pretensión  fue  denegada  por  el  ad quem por considerar que la irregularidad  destacada  constituye causal de casación discrecional, y no puede ser corregida  por  la Corporación de segunda instancia toda vez que no se ubica dentro de las  hipótesis   previstas   por  los  artículos  23  y  310  de  los  códigos  de  procedimiento  penal  y civil, respectivamente (fls.  47    y    ss).         

7.- La demanda.   

Con  apoyo  en  lo  previsto  por el inciso  tercero  del  artículo  205 del Código de procedimiento penal, el defensor del  procesado  solicita  la  admisión  del  libelo  aludiendo  a  la  necesidad  de  garantizar   el   derecho   fundamental  del  debido  proceso,   toda   vez  que,  según  dice,  la  sentencia   se   dictó   en   un   juicio   viciado   de  nulidad  ya   que   para   el  momento  de  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación  la  acción penal se encontraba  prescrita,   y   la  necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia  respecto de la aplicación del principio in dubio pro reo cuando  el  juzgador  se enfrenta a dos pruebas antagónicas, la una documental pública  y la otra una confesión carente de respaldo.   

Después     de     hacer     dichas  consideraciones,    luego   de   identificar    los    sujetos    procesales    y    la   sentencia  demandada,   de sintetizar los hechos materia de juzgamiento y de   resumir  la  actuación  procesal  llevada  a  cabo,  con  fundamento en las          causales      tercera      y  primera  de casación, respectivamente,  dos cargos  formula  contra  el   fallo de  segunda  instancia,  en  el  primero  de  los cuales  lo  acusa  de  haber sido  proferido  en  juicio viciado de nulidad por violación del debido proceso, y en  el  segundo  de  ser  violatorio  por vía indirecta de disposiciones de derecho  sustancial,  a  consecuencia  de  incurrir en error de hecho por falso juicio de  existencia en la apreciación probatoria.   

En  orden  a  sustentar  la  primera       censura,  manifiesta  que  a  pesar  de haber  transcurrido  más de cinco años entre la   fecha   de   los  hechos  -20  de  mayo  de  2000-  y aquella en que cobró ejecutoria la resolución de acusación  (18    de    agosto    de    2005),   es  decir  un  término  superior  al  exigido por la ley para que  opere    el    fenómeno    jurídico    de    la   prescripción   de  la  acción penal, la misma no fue  declarada por el Tribunal Superior de Riohacha.   

Con  este  proceder,  dice, se vulneró no  solamente  el  precepto  constitucional contenido en el artículo 29 de la Carta  Política sino aquellos a  que se alude en los artículos 82 y 83 del Código Penal.   

Con fundamento en lo expuesto solicita a la  Corte  casar la sentencia recurrida y decretar la cesación de procedimiento por  prescripción de la acción penal adelantada contra su cliente.   

En    desarrollo    del   segundo  cargo  manifiesta  que  el ad  quem  no  tuvo  en  cuenta  el  principio in dubio pro reo, “cuando estando en  presencia  de  una  prueba  de  carácter  público  como lo es la fotocopia del  salvoconducto  debidamente  autenticado  ante notario y que amparaba el arma del  baldón  jurídico,  decidió  darle  un mayor valor a la confesión que hizo el  acriminado,   sin   pronunciarse   sobre  cuál  el  fundamento  legal  para  desquiciar  aquella,  que  entre  otras  cosas,  no fue  desvirtuada  a lo largo de la investigación, y simplemente sin razón atendible  jurídicamente  tercia  por  atender  la  confesión  y  de  esta  manera  dicta  sentencia contra mi cliente”.   

Sostiene que si el Tribunal hubiese tenido  en  cuenta  el  principio  de  la  duda  probatoria,  no habría incurrido en la  violación  indirecta  del  artículo  365  del  Código Penal. Por esta razón,  solicita  a  la  Corte, casar la sentencia recurrida y absolver a su asistido de  los   cargos   que   le   fueron   formulados  (fls.  57    y   ss.   cno.  Trib.).   

        SE CONSIDERA:   

1.- Con  la  puesta  en  vigencia de la Ley 600 de 2000, en los asuntos  cobijados  por ésta, la casación discrecional procede contra las sentencias de  segunda   instancia,  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial,  el  hoy extinto Tribunal Nacional y el Tribunal Penal Militar, en los  procesos  que  se  hubieren  adelantado  por  delitos  que tengan señalada pena  privativa  de  la  libertad  cuyo máximo no exceda los ocho años, y, también,  contra  sentencias  de  segunda  instancia dictadas por los Juzgados Penales del  Circuito,  independientemente del quantum punitivo establecido en la ley para el  delito por el que se profirió el fallo.   

De   conformidad   con  la  legislación  aplicable  al  caso,  la  demanda  de  casación  discrecional  debe  reunir los  requisitos  establecidos  por  el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000, y  presentarse  oportunamente  expresando  la  necesidad  de  su  admisión para el  desarrollo  de la jurisprudencia o la garantía de los derechos constitucionales  que  hubieren  sido  transgredidos en el trámite ordinario del proceso, únicos  motivos  por  los  cuales  puede  ser  admitida, correspondiéndole decidir a la  Corte,  en ejercicio de la discrecionalidad que la ley le otorga, si la admite o  rechaza.    

2.-  Si se toma en consideración que en el  presente     evento     si    bien    la  sentencia  de segunda instancia fue proferida por Tribunal  Superior de Distrito Judicial por delito cuyo máximo no  excede  de  ocho  años  (fabricación,  tráfico  y  porte  de armas de fuego o  municiones    definido    por   el    art.   365   de   la   Ley   599   de  2000),                es claro que contra ella no procede la  casación  común  sino  la discrecional que el demandante invoca, de manera que  al  haber  ejercitado  este  derecho  dentro  de  la oportunidad prevista por el  ordenamiento,    se    colige    que    tales    aspectos    pueden   entenderse  cumplidos.   

Igual   sucede   con  la  fundamentación  del   primero   de  los  motivos   de   casación  que  invoca  y  su  conexión  con  el cargo que postula con apoyo en la causal  tercera,  en  cuanto  pone  de  presente  la  posibilidad  de  que  la sentencia  hubiese   sido   proferida  en  juicio  viciado  de  nulidad,      por  prescripción  de  la  acción  penal  para  la  fecha  en que la resolución de  acusación  cobró  ejecutoria,  así como el efecto  negativo   que   ello   pudo   haber   tenido   para   los   intereses   de   su  representado.   

Entonces, como en  la  primera  censura el demandante sugiere haber sido  transgredidas  garantías  fundamentales  del  procesado  en  lo  cual  apoya la  solicitud  de ejercicio de la discrecionalidad por la Corte, y de manera seria y  coherente  enuncia  y  desarrolla un cargo acorde con tales planteamientos en el  que   concluye   solicitando   casar   la   sentencia  materia  de  impugnación  extraordinaria,  declarar  la  prescripción  de  la  acción penal y  ordenar  la  consecuente  cesación   de   procedimiento,  que  de  encontrar  respaldo   en   la   actuación  y  de  aparecer  evidenciada  su  trascendencia  eventualmente  podrían dar lugar a desquiciar el fallo de mérito, ello resulta  suficiente   para   admitir  la  demanda  por  dicho  concepto  y,  de conformidad con el artículo 213 de  la  ley  600  de  2000, disponer que se surta el traslado al Procurador delegado  para que emita el concepto de rigor.   

No  acontece  igual  en  relación  con  el  segundo  cargo, toda vez  que   pretextando  la  necesidad  de  un  desarrollo  jurisprudencial,  el  actor  deja  de  indicar  cuál  es el estado actual de la  discusión  en  torno  a  la  definición típica aplicada al caso, o  en relación con el alcance que jurídicamente corresponde a la  norma  que  recoge  el  principio in dubio pro reo, y  sin  ninguna  coherencia  lógica  incursiona  en  el  ámbito de los errores de  apreciación   probatoria   para  denunciar  que  el  sentenciador  incurrió  en  falso  juicio  de  existencia  en  relación con un  documento  público  allegado  a  la  actuación,  respecto del cual, a renglón  seguido,  de manera contradictoria sugiere que sí fue apreciado sólo que se le  confirió  mérito  probatorio  diverso del que a su criterio merece.   Esta  falta  de claridad en la formulación del reparo hace  que    la    censura  resulte  sustancialmente  inidónea  para  desquiciar los fundamentos fácticos  y jurídicos en que se cimentó el fallo.       

Tampoco se percata el demandante que por la  senda  de  la  casación  discrecional no resulta plausible denunciar errores de  apreciación  probatoria,  a  menos  que  constituyan defectos protuberantes que  incidan  en  la  debida  motivación  de  la  sentencia,  y  que  en  tal medida  la  Corte  se  ha  orientado  por sostener que “en  principio,  las posibilidades reconocidas en la jurisprudencia para acceder a la  casación  discrecional  no  se  extienden  a  las  hipótesis  planteadas en la  demanda,  es  decir,  a  discutir  la  valoración  judicial de los elementos de  convicción,  porque  en  esa  labor los jueces cuentan con la relativa libertad  que  se  desprende  de  la  sana  crítica,  a  no  ser  que se proponga que sus  deducciones  son producto de una motivación aparente, falsa o ausente, supuesto  que  determinaría,  en  caso  de  que  se  demuestre  y aparezca concretado, la  consolidación  de  un  quebranto a las garantías, en cuanto obedecerían tales  deducciones   a   la  arbitrariedad  –ajena  a un estado democrático y constitucional- y no a la razón  y  a  la  justicia” (auto cas. febrero 9/05. Rad. 23055), pero es claro que en  este  caso  el  censor  no  plantea  la  nulidad de la sentencia por defectos de  motivación, sino errores en la apreciación probatoria.   

Quedando   entonces  patentizado  que  no  se  ofrece procedente el  ejercicio  de  la discrecionalidad con apoyo en la pretensión de desarrollar la  jurisprudencia   -menos  si  se  la  utiliza  con el evidente propósito de  discutir  el  mérito  persuasivo  conferido  a  los  medios  por el fallador de  segunda   instancia-,   sin  dificultad  alguna  cabe  concluir  que,  al  contrario  de  lo  que  ocurre con el primero, el  segundo  cargo  formulado  en  la  demanda  no  tiene  ninguna  posibilidad de ser admitido a su estudio de fondo por la Sala.   

     

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

1.-          INADMITIR  el  segundo  cargo  de  la  demanda    presentada    por    el    defensor    del   procesado   MOISÉS  RAFAEL  GÓMEZ CERCHAR por las  razones   consignadas   en   la   motivación   de  este  proveído.   

2.-  ADMITIR  la  casación  que  por  vía  discrecional invoca y  presenta  el  defensor  del  procesado MOISÉS RAFAEL  GÓMEZ          CERCHAR,         exclusivamente     en     relación     con     el    primer        cargo  contenido  en  la  demanda, según se  dejó precisado en la parte considerativa de esta providencia.   

3.-   CORRER  TRASLADO  al  Procurador Delegado por el término de  veinte  (20)  días  para que emita el concepto de que trata el artículo 213 de  la Ley 600 de 2000.   

Contra  esta  providencia   no procede  recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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