26759(25-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26759  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado  acta N°   130   

Bogotá, D. C., veinticinco (25) de julio de  dos mil siete (2007).   

V    I   S   T   O  S   

Procede  la  Corte  a  conceptuar  sobre  la  solicitud    de    extradición    del    ciudadano    colombiano   MANUEL  SALVADOR PÉREZ LORDOY, elevada por  el Gobierno de los Estados Unidos de América.   

L  A     S O L I C I T U D   

1.     Mediante    oficio   número  OFI07-115-DIJ-0100  del  11  de  enero  de 2007, el Ministerio del Interior y de  Justicia  comunicó  a  esta  Sala  de  la  Corte que el Gobierno de los Estados  Unidos  de  América,  por  conducto  de su Embajada en Colombia y mediante Nota  Verbal  número  3284  del 22 de diciembre de 2006, solicitó en extradición al  ciudadano    colombiano   Manuel   Salvador   Pérez  Lordoy,  capturado  el  26  de  octubre  de  2006,  en  cumplimiento  de  la  resolución del 27 de septiembre anterior, expedida por la  Fiscalía General de la Nación.   

2.  La normatividad que rige al presente  trámite    es    la    contemplada    en   el    Libro   V,   Capítulo   II   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  en la  medida que no existe en el momento convenio aplicable  que  regule  el   asunto,  como así lo conceptuó el Jefe de la Oficina de  Asesoría  Jurídica  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores, según oficio  número  OAJ.E.  2471  del 26 de diciembre de 2006, quien además certificó que  la  documentación  del  expediente  procedente  de  la  Embajada de los Estados  Unidos de América, fue presentada debidamente autenticada.   

3.  Los acontecimientos fácticos objeto  de  la  investigación  e  imputación  de  los  cargos formulados en su contra,  motivo  de  la  solicitud de extradición, fueron sintetizados en la Nota Verbal  número 3284 del 22 de diciembre de 2006 de la siguiente manera:   

“Los hechos del  caso  indican  que  desde  el  25  de  marzo  de  2005, y continuando de ahí en  adelante   hasta   el   27   de   abril   de  2006,  los  acusados  Manuel     Salvador    Pérez    –     Lordoy,    Jaime  Enrique  Anaya  –   Morelos,  Gilberto  Garavito –   Ayala,  y  Pedro  Pablo  Cadavid  –   Jiménez  suministraron  servicios de  transporte   de   drogas   a   organizaciones  internacionales  de  tráfico  de  narcóticos.   

“Específicamente,  iniciando en noviembre  de   2004,   agentes   de   la   Oficina   Federal   de   Investigaciones  (FBI)  comenzaron    a  trabajar  con  una  fuente  confidencial  que  suministró  información  relacionada  con una organización internacional a gran escala que  traficaba  cocaína y cuya base de operaciones se encontraba en Venezuela.   De  conformidad con la fuente confidencial, dicha fuente confidencial conocía a  un  individuo como “Lugo Avilla”, quien posteriormente fue identificado como  Omar  Ignacio  Lamberti  –  Ledesma,  que se describía a sí mismo como un importante empresario de asuntos  marítimos en Puerto Cabello, Venezuela.   

“La  fuente  confidencial manifestó a los  agentes  que anteriormente en el año 2004, dicha fuente confidencial se reunió  con  Lamberti  – Ledesma en  Santo  Domingo,  República  Dominicana.   Durante dicha reunión, Lamberti  – Ledesma le suministró a  la  fuente  confidencial  los  detalles  de  una  operación  de  contrabando de  cocaína       a       gran       escala.        Lamberti      –   Ledesma   dijo   que   él  estaba  involucrado  en  el  transporte  de  la cocaína en embarcaciones de motor en el  Caribe  y  alrededor  del Caribe y lo hacía para varios traficantes colombianos  de    cocaína.     Lamberti    –   Ledesma   además   identificó   a   uno   de  sus  socios  como  “Salva” y le solicitó a  la  fuente  confidencial  que  se  involucrara  con  la suma de US $ 200.000 por  despacho de cocaína.   

“Lamberti        –  Ledesma  además  le  informó  a la  fuente  confidencial  que  su  organización  contrataba  con las organizaciones  colombianas    traficantes    de    narcóticos    para    transportar    dichos  narcóticos.      Lamberti     –   Ledesma   manifestó  que  él  supervisa  la  operación  de  la  embarcación  de  motor  que se utiliza en cada transacción y que tiene bajo su  responsabilidad  localizar  y  contratar  con  el dueño de la embarcación para  usar  dicha  embarcación  en  el  transporte.   Todos  los  gastos, según  Lamberti   –   Ledesma,  incluyendo  la  gasolina,  los gastos portuarios, el salario de la tripulación,  las  reparaciones  y  las comisiones al dueño, son pagados directamente por las  organizaciones colombianas de tráfico de narcóticos.   

“Lamberti        – Ledesma luego le explicó a la fuente  confidencial   el   método   típico   mediante   el   cual  se  transporta  la  cocaína.    Según   Lamberti   –  Ledesma, cuando se realiza una operación de tráfico de cocaína,  la  embarcación  utilizada  llevará  un  compartimento  escondido  o  “lugar  seguro”   en   donde  la  cocaína  se  esconde  durante  el  tránsito  desde  Colombia.    La   embarcación   generalmente   lleva   una   “carga   de  cubrimiento”,  que  es  una  carga  legal  y  la  embarcación  viaja a Puerto  Cabello,   Venezuela,   con   su   carga  legal.   En  Puerto  Cabello,  la  tripulación  recoge  una  nueva  carga  que  tiene como destino Puerto España,  Trinidad.   En  Trinidad,  la  tripulación  deja  la carga legal y obtiene  nueva   carga   cuyo   destino   es   el   lugar   a  donde  la  cocaína  será  transportada.   

“Según     Lamberti    –  Ledesma,  al poco tiempo después de  salir  de  Trinidad, la embarcación es encontrada por “lanchas rápidas” en  aguas  internacionales  fuera  de  la costa de Venezuela.  Tales “lanchas  rápidas”  entregan la cocaína a la embarcación que luego se dirige al lugar  de  destino  de  la  carga legal.  Cuando la embarcación se aproxima a ese  destino,  otras  “lanchas  rápidas”  encuentran  a la embarcación en aguas  internacionales  y  recogen  la cocaína antes de que la embarcación proceda al  puerto de entrega de su carga legítima.   

“Poco  tiempo  después  de la reunión en  Santo   Domingo,   la  fuente  confidencial  empezó  a  trabajar  con  Lamberti  –    Ledesma.   Específicamente,   la   fuente   confidencial   inició  a  trabajar  con  tres  embarcaciones  que  iban  a  ser  utilizadas  en  el delito de concierto para el  transporte  de  la cocaína, una de las cuales era una embarcación de motor que  estaba  ubicada  en  Santo Domingo y cuyo propietario era un hombre haitiano que  la  fuente confidencial conocía como Jean Louis.  Poco tiempo después, la  fuente   confidencial  comenzó  a  trabajar  con  el  FBI  y  empezó  a  tener  conversaciones    con    Lamberti    –  Ledesma  que fueron grabadas con el consentimiento de dicha fuente  confidencial.   

“Durante  las  conversaciones  que  fueron  grabadas  con consentimiento, Lamberti –  Ledesma  indicó  que la motonave Babouth y la motonave D´Mary se  estaban  preparando  para  realizar  operaciones  de tráfico de narcóticos que  involucraban    1500    kilogramos    y    2000    kilogramos    de    cocaína,  respectivamente.   En  enero  de  2005,  la fuente confidencial supo que la  motonave  Babouth  sería  la  primera  en realizar la operación y que estaría  viajando  desde Trinidad hasta St. Croix, Islas Vírgenes de los Estados Unidos,  con  1500  kilogramos  de  cocaína.  La fuente confidencial le pasó a las  autoridades  de  las  fuerzas  del  orden  de los Estados Unidos la información  sobre  las  fechas  específicas y las coordenadas específicas del descargue de  la cocaína cerca de St. Croix.   

“A  finales  de enero de 2005, la motonave  Babouth   salió  de  Trinidad  y  se  dirigió  exactamente  a  donde  Lamberti  – Ledesma le había dicho  a   la  fuente  confidencial.   “Lanchas  rápidas”  encontraron  a  la  motonave  fuera  de  la  costa  de  Trinidad  y allí se cargó la cocaína a la  motonave  Babouth.  La motonave Babouth luego se dirigió hacia St. Croix y  fue  abordada por el Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos.  Luego  de  ser  llevada  a  San Juan, Puerto Rico, los agentes de las fuerzas del orden  encontraron 922 kilogramos de cocaína.   

“Una  investigación mayor reveló que los  miembros    claves    de    la    organización    de    Lamberti   –    Ledesma    eran    Manuel  Salvador  Pérez  –   Lordoy,  Jaime  Enrique  Anaya  –   Morelos, y Juan Carlos Lamberti.  Oficiales  colombianos  luego solicitaron y obtuvieron órdenes judiciales para interceptar  telefónicamente  a varios de estos individuos lo cual dio como resultado que la  motonave  D´Mary  se encontraba en un muelle en Cartagena, Colombia, recibiendo  reparación  para  facilitar  su participación en una operación de tráfico de  narcóticos  que  iba  a  realizarse  desde  Trinidad  a  Honduras  en  abril de  2005.    Las   interceptaciones   realizadas  con  orden  judicial  además  revelaron  que  Lamberti  –  Ledesma,   Pérez   –    Lordoy,   Anaya  –   Morelos,  Garavito  – Ayala y la fuente confidencial  estaban  involucrados  en  la  preparación  de la embarcación para realizar el  transporte  de  los  narcóticos.   Específicamente,  las interceptaciones  telefónicas   revelaron   que   Anaya  –   Morelos  recibió  órdenes  de  Pérez  –   Lordoy para  reparar  la  embarcación,  comprar combustible, conseguir los alimentos para la  tripulación,   encontrar   otros   abastecedores   de   cocaína  que  pudieran  utilizarse,  y actuar como guardaespalda de Gilberto Garavito – Ayala que era el  dueño   de   la   cocaína  que  se  iba  a  cargar  a  la  D´Mary.   Las  interceptaciones  además revelaron que Pedro Pablo Cadavid – Jiménez trabajaba  para  Garavito  – Ayala representando a Garavito – Ayala con la organización de  Lamberti   –  Ledesma  y  supervisando el movimiento de la cocaína de Garavito – Ayala.   

“Detalles adicionales de la actividad de la  D´Mary  fueron  igualmente  interceptados.   Específicamente, la motonave  D´Mary  se  programó  para  viajar  desde  Cartagena con una carga legítima a  Puerto  Cabello, Venezuela, en donde se recogería la carga para viajar a Puerto  España,   Trinidad.    En  Puerto  España,  la  carga  legal  iba  a  ser  descargada,  iba  a  recoger  carga  adicional  y  luego  la D´Mary viajaría a  Honduras.   Fuera  de  la costa de Trinidad, la D´Mary se encontraría con  “lanchas  rápidas”  que  le entregarían 2000 kilogramos de cocaína a esta  motonave  y  luego  la  D´Mary  sería  encontrada  nuevamente  por  “lanchas  rápidas”   que  descargarían  la  cocaína  justo  antes  de  su  llegada  a  Honduras.   La  fuente  confidencial informó a los agentes que la cocaína  se  encontraría en un “escondite” e informó a los agentes en dónde estaba  dicho  “escondite”.   Además,  la fuente confidencial recibió de Juan  Carlos    Lamberti,    el   hijo   de   Omar   Ignacio   Lamberti   – Ledesma, las frecuencias de radio que  se  iban  a  utilizar  en las “lanchas rápidas”.  Juan Carlos Lamberti  también  era  la persona de contacto en Venezuela para obtener información de,  y   para   llevar   información   a,   Omar   Ignacio   Lamberti   –  Ledesma cuando Lamberti –  Ledesma  viajaba  a  Colombia  para  reunirse     con    las    organizaciones    colombianas    de    tráfico    de  narcóticos.   

“Por  razones  de  mantenimiento  de  las  embarcaciones,  Lamberti  –  Ledesma,  Pérez – Lordoy, y  Anaya   –   Morelos   expresaron   una   gran  frustración  a  través  de  las  interceptaciones.   Sin  embargo,  las  interceptaciones  hechas  con orden  judicial  y  las  conversaciones  grabadas  con  consentimiento  entre la fuente  confidencial  y  Lamberti –  Ledesma  revelaron que la D´Mary finalmente partió de Cartagena el 16 de junio  de  2005.   Cuando se encontraba en ruta hacia Puerto Cabello, sin embargo,  la  D´Mary  experimentó  problemas  de  motor y se dirigió al puerto de Aruba  para  ser  reparada.   Debido a problemas de programación, los planes para  el   viaje   de   la   D´Mary  fueron  alterados.   Específicamente,  las  interceptaciones   telefónicas  revelaron  que  la  D´Mary  estaría  viajando  directamente  a  Honduras sin su carga de cubrimiento.  La D´Mary entonces  sería  encontrada  por  “lanchas  rápidas” fuera de la costa de Aruba para  recibir los 2000 kilogramos de cocaína.   

“El  23  de  junio  de  2005,  la  fuente  confidencial  y  Lamberti –  Ledesma   tuvieron   una   conversación   en   la  cual  Lamberti  –  Ledesma  manifestó  que  la D´Mary  saldría  de  Aruba  esa  tarde  y  sería encontrada por “lanchas rápidas”  fuera  de   la  costa  de  Aruba.   Bajo  una  continua vigilancia por  activos  de  los Estados Unidos, la D´Mary salió de Aruba y fue encontrada por  “lanchas  rápidas” aproximadamente tres horas más tarde.  La cocaína  fue  luego  cargada a la embarcación y guardada en el “escondite” por todos  los miembros de la tripulación a excepción de dos.   

“La  D´Mary  fue  luego  seguida  por  el  Servicio  de  Guardacostas  de  los  Estados Unidos por aproximadamente 36 horas  antes  de  que fuera abordada por las fuerzas del orden.  El allanamiento a  la  embarcación  reveló  1700 kilogramos de cocaína que fueron encontrados en  el   “escondite”,   exactamente   en   donde   la   fuente  confidencial  lo  describió.      Lamberti     –  Ledesma,  Pérez  – Lordoy y  la  fuente  confidencial  fueron todos identificados por personas  que  cooperan  en  el  caso  como  que  estaban involucrados en la operación de  tráfico de narcóticos.   

“Todas  las  acciones  adelantadas  por el  acusado  en  este caso fueron realizadas con posterioridad al 17 de diciembre de  1997”.   

4.   La  documentación remitida por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  que  sustenta  la solicitud de  extradición  del  ciudadano  colombiano   Manuel  Salvador Pérez Lordoy, es la siguiente:   

4.1.   Copia   de  la  Segunda  Acusación  Sustitutiva  número  06-10008-CR-Moore(s)(s)   del  24 de octubre de 2006,  por  medio  de  la  cual el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito  Meridional  de Florida, acusó a Manuel Salvador Pérez  Lordoy de los siguientes cargos:   

“El  gran jurado  acusa que:   

“CARGO   1”   

(CONSPIRACIÓN PARA  POSEER  CON  LA  INTENCIÓN DE DISTRIBUIR CINCO KILOGRAMOS O MÁS DE COCAÍNA EN  NAVE SUJETA A LA JURISDICCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS)   

“A principios de o  acerca  de  marzo  de  2005,  y  continuando  por o acerca de abril de 2006, los  acusados,  …  MANUEL  SALVADOR  PÉREZ LORDOY alias  “SALVA”,  …combinaron, conspiraron, confederaron,  y  concordaron  intencionalmente  y  astutamente,  uno  con  el otro y con otras  personas  conocidas y desconocidas al gran jurado, para poseer con la intención  de  distribuir  una  sustancia  controlada mientras a bordo una nave sujeta a la  jurisdicción  de  los  Estados  Unidos,   en  violación  del  Título 46,  Apéndice  del  Código  de los Estados Unidos, Sección 1903 (a) , re-codificó  como   Título  46, Código de los Estados Unidos, Sección 70503 (a); todo  en  violación  del  Título  46,  Apéndice  del Código de los Estados Unidos,  Sección  1903  (j),  re-codificó  como   Título 46, Código de los   Estados Unidos, Sección  70506 (b).   

“Según Título 46, Código de los Estados  Unidos,  Sección 1903 (g), re-codificó como Título 46, Código de los Estados  Unidos,  la  Sección  70506  (a)  y  Título 21, Código de los Estados Unidos,  Sección  960  (b)(1)(B), se alega aún más que esta infracción implicó cinco  (5)  kilogramos  o  más  de  una  mezcla  y sustancia que contiene una cantidad  perceptible de cocaína”.   

“CARGO  2”   

(POSESIÓN  DE  SUSTANCIA  CONTROLADA  EN  NAVE  SUJETA A LA JURISDICCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS  CON LA INTENCIÓN DE DISTRIBUIRLA)   

“A principios de o  acerca  de  marzo  de  2005, y continuando por o acerca del 25 de junio de 2005,  los  acusados,  …  MANUEL  SALVADOR  PÉREZ LORDOY,  alias  “SALVA”,  …, poseyeron intencionalmente y  astutamente  con la intención para distribuir una sustancia controlada mientras  a  bordo  una  nave  sujeta  a  la  jurisdicción  de  los Estados Unidos, en la  violación  del   Título  46, Apéndice del Código de los Estados Unidos,  Sección  1903  (a),  re-codificó  como  Título 46, Código de Estados Unidos,  Sección   70503  (a),  y  Título  18,  Código  de  Estados  Unidos,  Sección  2.   

“Conforme  al  Título  46,  Apéndice del  Código  de  los  Estados  Unidos, Sección 1903 (g), re-codificado como Título  46,  Código  de  Estados  Unidos,  Sección 70506 (a), y Título 21, Código de  Estados  Unidos, Sección 960 (b)(1)(B), se alega aún más que esta infracción  implicó  cinco (5) kilogramos o más de una mezcla y sustancia que contiene una  cantidad perceptible de cocaína”.   

4.2.  También se allegaron copias de  las  declaraciones  juradas  de  Lynn  M.  Kirkpatrick,  Fiscal  Auxiliar  de la  Fiscalía  para  el Distrito Meridional de Florida, y de James D. Lawson, Agente  Especial  de  la  Oficina  Federal  de  Investigación,  las  que  respaldan  la  acusación    contra    Manuel    Salvador    Pérez  Lordoy.   

La  primera  funcionaria,  esto  es, Lynn M.  Kirkpatrick,  incorpora  en  su  declaración  la descripción y vigencia de los  tipos  penales  imputados  en  el  pliego  acusatorio, explica el alcance de una  acusación   sustitutiva   y   realiza  una  síntesis  de  los  hechos,  de  la  actuación    procesal   y  de  los  cargos  atribuidos  al  solicitado  en  extradición.   

Por  su  parte,  el Agente Especial James D.  Lawson   relata,   de   manera   pormenorizada,    los    hechos   objeto   de   juzgamiento   ante  el  citado Tribunal y  la  participación  en  los  mismos  por  parte  del  requerido en extradición,  respecto    de   quien   suministra   la   información   necesaria   sobre   su  identidad.   

4.3.   Así  mismo,  se informó que el  solicitado,  Manuel Salvador Pérez Lordoy,               “alias   SALVA   es  un  ciudadano  de  Colombia,   nacido   el   15  de  mayo  de  1948,  con  el  número  de  cédula  9.129.062.   Se  describe  como  un  varón  de  piel  moreno,  de  173-178  centímetros  de  altura,  que  pesa aproximadamente 104 kilogramos, y que tiene  pelo  oscuro  corto”.  Así  mismo  se  allegó  una  fotografía de su rostro.   

4.4.     Se     adjuntó   copia    del    texto    de   las   disposiciones   del    Código   de  los   Estados   Unidos   que   se    afirman    fueron    infringidas   por   el   solicitado    en     extradición     y     que     se   encontraban    vigentes   para   la   época   de   ocurrencia  de  los  hechos,  complementada  por  oficio OFI07-1450-DIJ-0100 del  Ministerio  del Interior y de Justicia remisorio de la Nota Verbal 0066 del 9 de  enero  de  2007,  a  través  de  la  cual  la Embajada de los Estados Unidos de  América  envía  la  traducción   en  español  del Título 46, Secciones  70502 a 70507 del Código de Estados Unidos   

4.5.   Por último, se incorporó copia  de  la  orden  de  captura  proferida  en contra del requerido en extradición y  dictada  por  el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito Meridional  de Florida.   

PERÍODO    PROBATORIO   

Ninguno  de los sujetos procesales solicitó  pruebas y la Sala no consideró necesario decretar de oficio.   

ALEGATO   DEL   PROCURADOR  PRIMERO   

DELEGADO   PARA  LA  CASACIÓN  PENAL   

El  representante  del Ministerio Público,  luego  de  relacionar de manera  detallada los hechos, los antecedentes, el  trámite  adelantado,  los  instrumentos  allegados a este diligenciamiento y de  mencionar  las  normas  aplicables  al  caso,  dice que en lo relacionado con la  validez  formal  de  los  documentos,  el Estado solicitante aportó debidamente  traducidas  y  autenticadas  la  providencia  acusatoria,  en  la   cual se  reseña   el  lugar  y  las  fechas  donde  ocurrieron  los  hechos  y  el   delito   imputado, las distintas normas penales, las declaraciones de apoyo  a  la   solicitud de extradición y la orden de captura, motivo por el cual  se cumple cabalmente con esta exigencia legal.    

En consecuencia, anota el Procurador que los  documentos   mencionados  que  sirven  de  apoyo  a  la  presente  solicitud  de  extradición,  “pueden  ser  apreciados como prueba  para  verificar  los requisitos formales en el caso bajo estudio, ya que cumplen  las condiciones señaladas en dicha normatividad”   

Respecto  a  la  demostración  plena de la  identidad  del  requerido,  asevera  que  es  otra  exigencia  que  se encuentra  satisfecha,  toda  vez que los datos suministrados por las autoridades del país  requirente  coinciden con los de la persona que fue notificada de la resolución  expedida  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  por medio de la cual se  ordenó  su  captura  y  que en este momento se encuentra privada de la libertad  con fines de extradición.   

Agrega  que en las Notas Verbales allegadas  al  presente  trámite  se  consignaron  sus  datos personales, es decir, que se  trata  de  un  ciudadano  colombiano,  nacido  el  15  de  mayo de 1948 y que es  portador  de  la  cédula  de ciudadanía número 9.129.062, datos que confirman  dicha  identidad,  los  cuales  coinciden  con  los que suministró Manuel  Salvador  Pérez  Lordoy al momento  de  ser  notificado  de  sus  derechos  como  capturado,  así  como en aquellos  documentos  que  ha  firmado  durante  el  trámite  ante  la  Corte, sin que al  respecto  se  haya  mostrado  objeción  alguna, “lo  cual  no  deja duda alguna en torno a la identidad del solicitado”.   

Aclara  que aunque la defensa ha pretendido  desconocer   tal  realidad  “aduciendo  que  Manuel  Salvador  Pérez  Lordoy,  no  corresponde en identidad a Manuel Salvador Pérez  “Lourdy”  o  “Loudy”, aunque se identifique con  la  misma  cédula (9.129.062)”, y el mismo requerido  ha  suscrito  algunos  documentos con otro segundo apellido y número de cédula  diferentes,  éstas  actuaciones  corresponden simplemente a posturas defensivas  ineficaces,  máxime  si se tiene en cuenta que,  precisamente, el defensor  allegó  una  fotocopia  de  la cédula de ciudadanía de su representado, en la  que  a  pesar de no ser muy clara se alcanzan a apreciar el número de la misma,  la  fecha  de  nacimiento y el nombre completo, que son concordantes en todo con  la información contenida en los instrumentos diplomáticos.   

En lo que tiene que ver con el principio de  la    doble    incriminación,   sostiene   que   los  cargos  imputados  a  Manuel  Salvador   Pérez  Lordoy  en  la  segunda  acusación  sustitutiva  por  el  Tribunal  de  Distrito  de  los  Estados  Unidos, Distrito  Meridional  de  Florida,  y  concretamente  el  Gran  Jurado  a  través  de  la  resolución  de  acusación  06-10008  –  CR,  constituyen  a  la  luz  de  la legislación penal colombiana  conductas  delictivas  sancionadas  con  penas  privativas de la libertad, cuyos  mínimos superan los cuatro años y   

encuentran   adecuación  típica  en  el  artículo  340  (modificado  por  el  artículo  8°  de la Ley 733 de 2002) del  Código  Penal,  según  el  cual  se  configura  el  delito  de  concierto para  delinquir,  cuya  pena mínima privativa de la libertad es superior a 4 años si  el   acuerdo   se   orienta   a   delinquir   en   actividades  específicas  de  narcotráfico.   Además,  conforme  a lo previsto en el artículo 14 de la  Ley  890  de  2004,  esta  pena  se incrementó en la tercera parte respecto del  mínimo  y  en  la mitad respecto del máximo a partir del 1° de enero de 2005,  “es  decir,  que  la  pena  de prisión está en un  rango entre ocho (8) y dieciocho (18) años de prisión”;   

Así  mismo, advierte que según los cargos  imputados,  también  se  adecua  la  conducta  imputada  al delito de tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, descrito en el artículo 376 de la Ley  599  de  200,  modificado en el monto punitivo por el artículo 14 de la Ley 890  de  2004  con prisión de entre nueve (9) años y seis (6) meses, a treinta (30)  años.  Aspecto  que  conlleva  a  concluir que también se encuentra acreditado  este presupuesto.   

En  lo que respecta a la equivalencia de la  providencia  dictada  en  el país solicitante, también se encuentra plenamente  acreditado,  por cuanto la acusación dictada en el extranjero contiene el cargo  del   cual   se   debe   defender  el  acusado,  sin  olvidar  que  dicha  pieza  se    constituye    en  presupuesto   procesal  para  la  iniciación  de   la   etapa   de   juzgamiento,  que  culmina  con  la  respectiva  sentencia,   además  de  que  contiene  una  relación  detallada  de los hechos, con especificación de las  circunstancias  de   tiempo,   modo  y  lugar  en   que    ocurrieron    y   la   calificación   jurídica  de    la    conducta,    con    indicación    de   las   disposiciones   sustanciales aplicables, lo cual permite colegir  que  dicha  pieza  procesal guarda correspondencia sustancial con la resolución  de acusación prevista en nuestro sistema procesal penal.   

En consecuencia, estima la Delegada que las  formalidades  legales  se  encuentran  cabalmente  demostradas para que la Corte  proceda  a  emitir  concepto  favorable respecto de la solicitud de extradición  del   ciudadano   colombiano  Manuel  Salvador  Pérez  Lordoy.   

Como  cuestión  final  y   en orden a  garantizar  los  derechos  fundamentales  del  ciudadano colombiano requerido en  extradición,  el Procurador Delegado sugiere a la Corte que exhorte al Gobierno  Nacional  para  que  en  caso de que se conceda la extradición se condicione la  misma  en  el  sentido de que el solicitado no sea juzgado por hechos anteriores  ni  distintos  a  los  que  motivan  la  extradición,  ni sometido a destierro,  prisión  perpetua,  ni  a tratos crueles, inhumanos o degradantes y que en caso  que  en  el  Estado  requirente  exista  pena de muerte para los delitos por los  cuales se le acusó, ésta sea conmutada.   

LA   DEFENSA  

La     defensa     de    Manuel  Salvador  Pérez   Lordoy  no  presentó  escrito  dentro  del  término legal.    

Vencido  el  término  de  traslado  para  presentar  los  alegatos  de  conclusión,   allegó  escrito en donde pide  algunas pruebas.   

CONCEPTO      DE    LA   CORTE   

El  artículo  502  del   Código    de   Procedimiento   Penal   de   2004   estatuye   que   el   concepto   que   emite   la   Sala    debe    estar    centrado   en   establecer  la  validez   formal de la documentación presentada, en la demostración plena  de   la    identidad   del   solicitado,   en  el  principio  de  la  doble  incriminación,  en  la   equivalencia  de  la  providencia proferida en el  extranjero    y,    cuando    fuere    el   caso,   en    el    cumplimiento   de   lo   previsto  en   los  tratados  públicos.   

1.   La   validez       formal       de      los      documentos   aportados   

Advierte  la  Sala  que  la  documentación  presentada   como   soporte  de  la  petición  de  extradición  de  Manuel Salvador Pérez Lordoy, cumple con  las  exigencias  legales  contempladas  en los Códigos de Procedimiento Penal y  Civil para tenerla como apta para fundar el respectivo concepto.   

En efecto, no hay duda que los documentos se  allegaron   por  vía  diplomática,  habiendo  sido  debidamente  traducidos  y  autenticados,  dentro  de  los  cuales  obra  la  copia de la Segunda Acusación  Sustitutiva  número  06-10008-CR-MOORE(s)(s) del 24 de octubre de 2006, dictada  por  el Tribunal de Distrito de  los Estados Unidos, Distrito Meridional de  Florida,  la  cual  fue  firmada por el Presidente del Gran Jurado, el Fiscal de  los  Estados  Unidos, señor R. Alexander Acosta y la Asistente de Fiscal de los  Estados  Unidos,  abogada Lynn M. Kirkpatrick, documento cuya autenticidad de su  contenido  fue  certificado  con  la  firma  y  el  sello  pertenecientes  a  la  Secretaria de dicho Tribunal, señora Clarence Maddox.   

A su vez, obran las declaraciones juradas de  Lynn  M.  Kirkpatrick, Asistente de Fiscal de los Estados Unidos en la Fiscalía  de  los  Estados  Unidos  para  el Distrito Meridional de Florida, y de James D.  Lawson,  Agente  Especial de la Oficina Federal de Investigación de los Estados  Unidos  (FBI),  rendidas  el  5 de diciembre de 2006, ante el Magistrado Juez de  los  Estados  Unidos,  Distrito  Meridional  de  Florida, señor Robert L. Dube,  cuyos   contenidos  y  traducción  al  español,  junto  con  el  resto  de  la  documentación  que  las  acompaña,  fueron certificados, el 15 de diciembre de  dicho  año,  por  Jason  E.  Carter, Director Asociado de la Oficina de Asuntos  Internacionales,  División  de  lo  Penal,  del Departamento de Justicia de los  Estados Unidos.   

Así    mismo    aparece   que   la  documentación  anexa  hace  referencia   a     la    orden     de     captura,     a    la   resolución   de   acusación   y   a  las  normas  aplicables  al  caso,  vale  decir,  para el cargo 1: Título 46,  Sección  1903  (g),  re-codificó  como  Título  46, la Sección 70506 (a) y Título 21,  Sección   960  (b)(1)(B)  (conspiración  para  poseer  con  la  intención  de  distribuir  cinco  kilogramos o más de una mezcla y sustancia que contenía una  cantidad  perceptible  de cocaína a bordo de una nave sujeta a la jurisdicción  de  los  Estados  Unidos).   Y  para  el  cargo  2:  Título 46, Apéndice,  Sección  1903  (g),  re-codificado como Título 46,  Sección 70506 (a), y  Título  21,   Sección  960 (b)(1)(B) (posesión de sustancia controlada a  bordo  de  una nave sujeta  a la jurisdicción de los Estados Unidos con la  intención    de    distribuirla),     del    Código    de   los   Estados  Unidos.   

Por  su  parte,  la rúbrica y el cargo del  señor  Jason  E. Carter fueron certificados por el señor Alberto R. González,  Procurador  de  los  Estados Unidos, quien según su propia afirmación escrita,  ordenó  que  se  estampara el sello del Departamento de Justicia de los Estados  Unidos,  siendo  atestada  la  firma  de  aquél  por  el Director Adjunto de la  Oficina  de  Asuntos  Internacionales,  División  de  lo  Penal, y el sello del  Departamento  de   Estado fue ordenado por la Secretaria de Estado, señora  Condoleezza  Rice,  de  cuyo  nombre dio fe la Auxiliar de Autenticaciones de la  misma oficina, Sonya N. Johnson.   

Por  último,  dichos  documentos  fueron  presentados  para su autenticación ante la Cónsul de Colombia en Washington D.  C.,  señora  María  de  los  Ángeles  Barraza G., como así lo constató y lo  avaló  la  Oficina  de  Legalizaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores,  cumpliéndose  con  lo  establecido  por  el  artículo  259 del C. de P. Civil,  modificado  por  el  1°,  numeral  118  del  D.  E.  2282  de  1989  que  dice:  “Los   documentos  públicos  otorgados  en  país  extranjero   por  funcionario  de  éste  o  con   su  intervención,   deberán  presentarse  debidamente  autenticados  por  el cónsul o agente   diplomático  de  la  República,  y  en su defecto por el de una nación amiga,  lo   cual  hace  presumir que se otorgaron conforme a la ley del respectivo  país.  La firma del cónsul o agente diplomático se abonará por el Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, y si se trata de agentes consulares de un  país  amigo,  se  autenticará  previamente  por  el funcionario competente del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano”,  disposición  aplicable al caso en virtud del principio de integración previsto  en  los  artículos 25 y 495, último inciso, del Código de Procedimiento Penal  de 2004.   

Además, el Jefe de la Oficina de Asesoría  Jurídica  del Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante oficio OAJ.E.  2471  del  26 de diciembre de 2006,  certificó  que  la  documentación  del expediente procedente de la Embajada de  los   Estados   Unidos   fue   presentada  debidamente  autenticada.   

Por  lo  tanto,  teniendo  en cuenta que la  solicitud  de  extradición  de  Manuel Salvador Pérez  Lordoy  se  hizo  por la vía diplomática y que en la  expedición   y  trámite  de  los  mencionados  documentos,  así  como  en  su  traducción,  se cumplieron todos los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los tendrá como  aptos  para  servir  de prueba en este asunto, cumpliéndose así con la primera  exigencia legal.   

2.  La   identificación     plena     del     solicitado    en   extradición   

No    hay   duda   que   el   ciudadano  colombiano  Manuel  Salvador Pérez Lordoy,  a  quien  se  refiere  este trámite, es la persona solicitada en  extradición por el Gobierno de los Estados Unidos de América.   

En efecto, de la documentación remitida por  vía  diplomática se colige claramente, como lo destaca el Procurador Delegado,  que   la   persona   detenida  por  cuenta  de  este  trámite  es  Manuel  Salvador  Pérez Lordoy, pues basta  observar  que  el  número de cédula de ciudadanía que suministró la Embajada  de  los  Estados  Unidos  de  América, a través de las Notas Verbales números  2444   y   3284   del   22  de  septiembre  y  del  22  de  diciembre  de  2006,  respectivamente,  concuerda  con  el  que  aparece  en  el acta de notificación  personal  de  la  providencia que dispuso su captura con fines de extradición y  con  el  acta  en donde se le comunicaron los derechos que tenía como capturado  (9.129.062).   

Igualmente,   los   datos   suministrados  coinciden  con  los que obran en las Notas Verbales, es decir, que el solicitado  en  extradición nació el 15 de mayo de 1948 y que se identifica con la cédula  de  ciudadanía N° 9.129.062, información que también concuerda integralmente  con  aquella  que  aparece registrada, sin dejar pasar por alto que, además, se  aportó una fotografía de su rostro.    

Ahora  bien,  la  defensa ha sostenido a lo  largo  del  trámite  judicial  de la extradición, que su representado no es la  misma  persona  requerida por el Gobierno de los Estados Unidos, en cuanto a que  el   segundo   apellido   de   su   poderdante  “Lourdy”  es  diferente  del  “Lordoy”  citado  en las  notas diplomáticas de cooperación internacional.   

Sin embargo, la Corte, de común acuerdo con  el  concepto del Procurador Delegado, infiere que dicho argumento no es más que  una  estrategia  de  la  defensa  carente del debido soporte probatorio, máxime  cuando  es  el mismo profesional del derecho quien allega un fotocopia simple de  la   cédula   de   ciudadanía  de  su  representado,   en   donde   se  lee  que  el  segundo  apellido  es  Lordoy.   

Además de lo anterior, quien presenta dudas  sobre  el  segundo  apellido   del solicitado en extradición es la defensa  técnica  inicial,  en  la  medida  en  que el memorial poder lo suscribe con el  apellido “Lorduis”.    

En  el  escrito  que  adjuntó  al memorial  poder,  el  citado  profesional del derecho asevera que actúa como “apoderado  judicial    del   señor   MANUEL  PÉREZ   LOURDY”.  Posteriormente, en el mismo documento dice  que  “debe  negarse  la  extradición     de    MANUEL    SALVADOR    PÉREZ  LOUDY…”.   

Finalmente,  dentro  de  tales  argumentos  confusos  y  la  amalgama  de  segundos  apellidos  que  suministra  la defensa,  también  presenta  una  pluralidad  de  números  de  cédula  de ciudadanías.   

No  obstante, la defensa técnica pasó por  alto  que  precisamente  en  la  copia  informal  que  adjuntó de la cédula de  ciudadanía,  el  número  que  aparece  allí,  como  lo señaló el Procurador  Delegado, coincide con el suministrado por las Notas Verbales.   

Sumado a lo anterior, se puede observar que  en  el  segundo  poder  otorgado  por  el solicitado en extradición, estampa su  firma  y  huella dactilar sobre la identificación con la cédula de ciudadanía  número 9.129.062.   

Además, basta observar la firma que obra en  la  copia  de la cédula de ciudadanía aportada por la primera defensa técnica  (folio  12)   y  confrontarla con las que aparecen en los poderes otorgados  (folios  6  y  96),  en el acta de notificación personal de la orden de captura  con  fines  de  extradición  (folio 24 carpeta de anexos) y en el  acta de  derechos  del  capturado  (folio  25  carpeta  de  anexos),  para  concluir  que  todas  fueron suscritas por  la misma persona, al poseer la misma grafía.   

En   esas   condiciones,   sin   temor  a  equívoco,  resulta evidente  que  la  persona  detenida  es  Manuel Salvador Pérez  Lordoy,  de  nacionalidad colombiana y es el ciudadano  requerido en extradición por el Gobierno de los Estados Unidos.   

3.  El   principio  de  la  doble  incriminación   

De  conformidad  con  el  numeral  1°  del  artículo  493  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  para  que  la  extradición  se  pueda  conceder  se  requiere que el hecho que la motiva esté  previsto  como  delito  en Colombia y reprimido con una sanción privativa de la  libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Teniendo  en  cuenta  la Segunda Acusación  Sustitutiva  número  06-10008-CR-MOORE(s)(s) del 24 de octubre de 2006, dictada  por  el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos,  Distrito Meridional de  Florida,  se sabe que se acusó a Manuel Salvador Pérez Lordoy, quien junto con  otras   personas,   se   “combinaron,  conspiraron,  confederaron     y     concordaron    intencionalmente       y       astutamente       …”   para  “poseer con la intención  de  distribuir  una  sustancia  controlada mientras a  bordo  una  nave  sujeta  a  la  jurisdicción de los  Estados  Unidos” (cargo 1) y  de  poseer,  junto con otras  personas                “intencionalmente  y  astutamente  con la intención para distribuir  una  sustancia  controlada  mientras  a bordo una nave  sujeta   a   la   jurisdicción   de   los   Estados  Unidos”      (cargo  2),  para  ambos cargos en una cantidad superior a los  cinco  (5)  kilogramos  “o  más  de  una  mezcla o  sustancia   que   contiene  una  cantidad  perceptible  de  cocaína”.   

En    esas   condiciones,   la    Sala    advierte    que    dichos   cargos,   de    acuerdo   con    los    hechos    que    se   imputan    y    las    normas   allegadas,   encuentran  adecuación     típica     en     nuestro     sistema   penal    en    lo   reglado   en   los  artículos  340  (modificado    por    el    artículo    8°   de   la    Ley    733   del   29   de   enero   de  2002    y    por    el   artículo   19   de   la   Ley   1121   del   29  de  diciembre  de  2006)   del   Código   Penal,   concierto   para   delinquir     relacionado     con     el   tráfico   de   drogas  estupefacientes,  cuya  pena  mínima  privativa  de la libertad, conforme   a   lo   previsto   en   el   artículo   14   de   la  Ley  890  de 2004,  se  incrementó   en     la     tercera    parte    respecto    del   mínimo   y   en  la mitad  respecto  del máximo   a    partir    del    1°    de   enero   de   2005,    es   decir,    que    la  pena   de  prisión   está   en   un   rango   entre  ocho  (8)  y  dieciocho     (18)     años     de    prisión.   

Y, respecto del segundo cargo, éste guarda  correspondencia   con   el   delito   de   tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  descrito  en el artículo 376 de la Ley 599 de 200, modificado  en  el  monto punitivo por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004 con prisión de  entre nueve (9) años y seis (6) meses, a treinta (30) años.   

Así, entonces, surge evidente que se cumple  con el principio de la doble incriminación.   

4.   Equivalencia  de  la  providencia   proferida  en  el  extranjero   

Advierte  la Corte que no existe dificultad  alguna  para  concluir  que  se  cumple  con  el  requisito   de    la    equivalencia    contemplado   en   el   numeral     2°    del    artículo    493    del   Código   de   Procedimiento  Penal  de 2004,  el   cual     exige    “que    por   lo    menos    se   haya   dictado   en   el   exterior   resolución   de   acusación   o   su   equivalente”.   

En  efecto, el Tribunal de Distrito de  los  Estados  Unidos,   Distrito  Meridional  de  Florida,  “acusó”   a  Manuel   Salvador  Pérez  Lordoy  por  las  conductas  punibles  señaladas  en  precedencia,  mediante  acto  procesal  que en nuestra  legislación  equivale  a  la  acusación,  equivalencia que emerge de las   siguientes similitudes:   

     

a. Es  un  escrito  de acusación en el cual se atribuyen los cargos en  contra   de   la   persona   acusada  para  que  se  defienda  de  ellos  en  el  juicio.     

     

a. Formulada  la  acusación  se inicia el juicio oral que finaliza con  el respectivo fallo de mérito.     

     

a. Se     señalan     los     hechos,    con   especificación     de     las    circunstancias    de   tiempo   modo  y  lugar  en  que  ocurrieron   y    la    calificación    jurídica   de   las  conductas,  con  indicación de las disposiciones sustanciales  aplicables.     

Por  lo tanto, se observa que la acusación  emitida  por  el  tribunal  extranjero  es  equivalente  y tiene la misma fuerza  vinculante  de  la  acusación  propia  de nuestro sistema judicial, pudiéndose  concluir que esta exigencia legal también se satisface.   

ACOTACIÓN    FINAL   

Como lo resaltó el Ministerio Público, se  pone   de   presente   al  Gobierno  Nacional  que  en  caso  de  concederse  la  extradición,  debe  condicionar  la  entrega  en  el sentido de que  Manuel  Salvador  Pérez  Lordoy no será  juzgado  por  hechos distintos a los que originaron la reclamación, ni sometido  a  tratos crueles, inhumanos o degradantes, ni se le impondrá la pena capital o  perpetua,  al  tenor  del  artículo  494  del Código de Procedimiento Penal de  2004.   

De la misma manera, se exhorta al Gobierno,  encabezado  por  señor  Presidente de la República como supremo director de la  política  exterior  y  las  relaciones  internacionales,  para  que efectúe el  respectivo  seguimiento  a los condicionamientos que se impongan a la concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias que se derivarían de su  eventual  incumplimiento,  al  tenor  de  lo  señalado  en  el  ordinal 2° del  artículo 189 de la Carta Política.   

Finalmente, se pide al ejecutivo recomiende  al  Estado  requirente que, en caso de condena, tenga en cuenta como parte de la  pena  el  tiempo  que el solicitado haya podido estar privado de la libertad con  motivo del trámite de extradición.   

En  consecuencia,  como la totalidad de los  requisitos   formales   contemplados   en   el  artículo  502  del  Código  de  Procedimiento   Penal  se  cumplen  satisfactoriamente,  la  Corte  CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a    la    solicitud    de    extradición   elevada   por   el   Gobierno   de   los   Estados  Unidos  de  América, respecto del ciudadano colombiano  MANUEL    SALVADOR    PÉREZ    LORDOY,  en cuanto tiene que ver con los cargos 1  y  2  que le fueron imputados en la Segunda Acusación  Sustitutiva  número  06-10008-CR-MOORE(s)(s) del 24 de octubre de 2006, dictada  por  el  Tribunal  de  Distrito  de  los  Estados Unidos, Distrito Meridional de  Florida.   

Comuníquese   esta   determinación   al  requerido,    ciudadano   Manuel   Salvador   Pérez  Lordoy,  quien  se  encuentra  recluido  en  el Centro  Penitenciario   de    Máxima    Seguridad   de   La  Dorada  (Caldas),   a   su   defensor, al Ministerio Público y al Fiscal  General de la Nación, para lo de su cargo.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia, para lo de ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

Aclaración de voto  

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                             MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *