26754(14-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26754  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  144   

Bogotá, D.C., catorce (14) de agosto de dos  mil siete (2007).   

DECISIÓN  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de NAPOLEÓN  GARAVITO  ACOSTA, contra el fallo del 21 de febrero de  2006,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito   Judicial  de  Santa  Marta,  confirmó  la  sentencia  adoptada por la  Juez   Cuarta   Penal   del  Circuito  de  la  misma  ciudad, el 12 de agosto de 2005.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1.  La  Dirección  Nacional  de  Estupefacientes  de  Bogotá, nombró mediante resolución número  1141  del  10  de  diciembre  de  2002,  a  NAPOLEÓN  GARAVITO      ACOSTA,      como      depositario  provisional  de quince (15)  inmuebles  ubicados  en  la  ciudad  de Santa Marta: parqueaderos, apartamentos,  hoteles,  casas, cabañas “Costa Azul” y una ferretería.    

GARAVITO ACOSTA fue  denunciado   por   LUZ   NIDIA   FIGUEREDO   MENDOZA  en representación de las propiedades de PEDRO  MANJARRES  GARCÍA que eran objeto  de  un proceso de extinción del derecho de dominio y por la Dirección Nacional  de  Estupefacientes,  teniendo  en  cuenta  que  se apropió y utilizó  en  beneficio   propio   los   bienes   entregados   a   él   para  su  custodia  y  administración;  no reportó, además, las ganancias obtenidas, ni canceló las  acreencias    laborales,    ni    pagó    las    deudas    a    los    diversos  proveedores.   

2. La Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de   Santa   Marta,   el  28  de  febrero  de  2005,  confirmó  la resolución  de  acusación proferida por  la  Fiscalía Treinta y Cinco Delegada ante los Jueces  Penales  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, el 6 de  octubre   de   2004,   contra   NAPOLEÓN   GARAVITO  ACOSTA    por    los   punibles   de   peculado  por  apropiación y  peculado  por uso; excluyendo el delito  de  peculado  culposo de la  imputación inicial.   

El Juzgado Cuarto  Penal  del Circuito de Santa Marta,  condenó       a       GARAVITO  ACOSTA, como autor responsable  de  los  delitos de peculado por apropiación  en  concurso  con  el  de  peculado  por  uso,  a la pena  principal  de  cuatro  (4) años y seis (6) meses de prisión, a pagar una multa  equivalente  al valor de lo apropiado, cancelar daños y perjuicios materiales e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un lapso  igual al de la pena principal.    

Contra  la  decisión  de primera instancia  interpuso   recurso  de  apelación la defensa técnica, así como la parte  civil  y  el  apoderado  especial  de la Dirección Nacional de Estupefacientes;  alzada  que  fue  resuelta  mediante sentencia expedida por el Tribunal de Santa  Marta,   al  confirmar  el  fallo del  Juez.   

El  defensor  de  NAPOLEÓN  GARAVITO  ACOSTA,  interpuso y sustentó el  recurso de casación.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

El demandante propone un cargo “único”  por  nulidad; no obstante,  por  la  casual  primera  cuerpo  segundo formula tres cargos más: (i)   falso  juicio  de  existencia  por  suposición,   (ii)  falso  juicio  de  existencia por omisión y (iii)   por   “falso  juicio” de raciocinio.   

1.           Nulidad:  invoca  el  libelista  por  la  causal  tercera  una “irregularidad sustancial… en  las    notificaciones”;   consistente   en  que  la Fiscalía inició la  investigación  previa  y  “envío  telegrama  para  versión  libre  el  19  de septiembre de 2003” a su  prohijado  a  la  Calle  18  NO.  2-10  Cabañas  Costa  Azul  de  Santa  Marta,  “lugar     donde…  jamás    residió”.  Informa,  que  tampoco se le notificó la apertura de  la  instrucción  y,  a pesar de ello, se le decretó su captura, la que además  no fue cancelada oportunamente.   

Sostuvo   que   con   la   “inexistencia  de  notificación” se  desconoció  el debido proceso y el derecho a la controversia de la prueba   toda  vez  que  se  practicaron pruebas en ese interregno sin la presencia de su  prohijado.  Así mismo, que al habérsele declarado persona ausente “acto  irregular” se le “hizo  más  gravosa” su situación,  “inclusive  se negó cualquier clase de alternativa  de prisión”.   

Aseveró      que      GARAVITO  ACOSTA, se podía haber ubicado  en  la  dirección  registrada en su hoja de vida o en la lista de auxiliares de  la  justicia,  en acatamiento del artículo 81 de la Ley 190 de 1995 y en la Ley  600  de  2000  artículos  6,  9,  10,  15  y  176;  reforzando su propuesta con  pronunciamientos  de la corte constitucional que revelan que la notificación es  un  derecho fundamental y otro de esta Sala en donde se indicó que “la  falta  de  notificación  del  inicio  de  la investigación  previa  no  genera  quebranto  a  la estructura del proceso, salvo que dentro de  esta etapa procesal, se tenga imputado conocido”.   

La trascendencia la hizo consistir en que la  fiscalía  estaba  obligada a notificar a su prohijado, indicando que en el caso  concreto  “el juzgador”  no  cumplió  con  los  preceptos  constitucionales  con  el  fin  de  logar  la  comparecencia  del  sindicado. Ocurriendo una vinculación tardía en detrimento  del  principio  fundamental  del  debido  proceso,  en  grave  perjuicio para el  ejercicio   del   derecho   de   defensa   técnico   y   material  “ya  que  dentro  de  la  investigación se habían practicado un  gran   número   de   pruebas”:  que  abarcan  tres  cuadernos:    informes,  consignaciones,  facturas,  pago  servicios,  contratos de arrendamientos, todas  documentales.   

Precisa que “el  hecho  de  realizar  una sola citación a un lugar donde nunca residió, generó  el  desconocimiento  absoluto del proceso”;  en  igual  forma,  la  captura, fue funesta para su libertad personal y “para  el  otorgamiento  de sustituciones a la prisión por parte  del  aquo”;  todo  lo  cual  llevó  al funcionario  judicial,  por  su  negligencia  y  descuido,  a  vulnerar el debido proceso por  ausencia  de  las  notificaciones,  al  no  hacer posible la comparecencia de un  imputado conocido.   

Concluye  que  la  nulidad se debe decretar  desde   cuando   se   ordenó   abrir   investigación   previa  o  “en   subsidio”   al  ordenarse  la  apertura  de  la  instrucción. Presentando como normas violadas el artículo 29  constitucional;  el  6, 9, 10, 15, 176 del Código de Procedimiento Penal; el 6,  29, 397, 3 del Código Penal y el 81 de la Ley 190 de 1995.   

2. Falso juicio de  existencia:  al  suponer  el  hecho  que “el  juzgador de primera instancia había probado la apropiación  por  medio  de  dictámenes  contables  del CTI, situación fáctica que no obra  dentro     de     los    considerandos    de    la    sentencia    de    primera  instancia”.   

Indica  el censor que el Tribunal con   base  en  los  informes  contables  del  CTI concluyó que el procesado sólo se  apropió  de  la  suma  de  cuatro  ($  4´000.000)  de pesos, pertenecientes al  inmueble  cabañas  Costa  Azul; cuando la Juez advirtió todo lo contrario: que  no  se  apoderó  de  dinero  alguno  en la administración de los bienes que le  fueron  confiados.  En  consecuencia,  afirma:  “se  cerró  la  posibilidad  de evaluación comparativa de otros medios probatorios,  al imprimirle certeza a la prueba pericial”.   

De ahí que, “la  suposición    del   hecho   consiste   en   la   “apropiación   de   los   $  4´000.000”; siendo trascendente para el actor que,  de  no  haber  existido  la  suposición  por  parte  el  Tribunal, “el  juicio  de  segunda instancia contaría con material profuso  sobre   la   apropiación   o   no  de  los  $4.000.000  por  parte  del  señor  Napoleón    Garavito,   entre   ellos  había  analizado  y  valorado  los  dictámenes  periciales  contables  del  CTI  y  sus conclusiones”;  toda  vez que el ad quin no valoró en  forma  integral  el  conjunto  probatorio,  para arribar a la certeza positiva o  negativa sobre la apropiación.    

Como normas violadas citó los artículos 29  y  85  de  la Constitución; 7, 232, 233, 237, 238, 242, 257, 259 del Código de  Procedimiento Penal y el 6, 29, 397, 3 del Código Penal.   

3. Falso juicio de  existencia   por   omisión:   el  cual  fundamentó  “al omitir la prueba documental legalmente allegada  al  proceso,  integrada  por  el informe Final de Gestión de Napoleón Garavito  Acosta”,  referida al uso  de   los   $   4´000.000   recibidos   por   el  sentenciado  por  concepto  de  administración de Cabañas Costa Azul.   

Trascribe el contenido de la prueba refutada  omitida   por   las  instancias,  para  concluir  que   el  citado  informe  presentado  a la Dirección Nacional de Estupefacientes por su prohijado, cuenta  con  recibos  originales  del  pago de nóminas, que es un documento auténtico,  que  la  cuenta  del  Banco  Popular  de  Santa Marta es institucional, donde se  consignaron   todos   los   dineros   provenientes   del  inmueble  Costa  Azul,  “lo  que con meridiana claridad demuestra que no es  una   cuenta   personal,   la   cual   omite   el   Ad.   Quem”.  Así  mismo, asevera, que el informe cumple con todas las normas de  contabilidad  exigidas,  por  tanto,  se  demuestra  que  los cuatro millones en  pugna,  están justificados en él, al relacionar el pago de servicios de agua y  energía.   

Por lo anterior el Tribunal se equivocó al  entender  que  los únicos pagos por concepto de servicios públicos que estaban  pendientes  fueron  los  que  se  hicieron  a  METROAGUA, el 28 de mayo de 3002.  Siendo  ello  así, la segunda instancia desestima el hecho de haberse destinado  los  $  4´000.000 para la cancelación de servios, como lo demuestra el informe  contable    ignorado;    en    consecuencia,    manifiesta    que   “esta   ausencia  de  credibilidad  esta  fundamentada  en  haber  omitido  el estudio del informe final de gestión… y sus anexos”, a la Dirección Nacional de estupefacientes.    

Finaliza  el  ataque  aduciendo  que, de no  haberse  realizado  la  omisión  probatoria  del  informe  citado,  se  habría  demostrado  que  su defendido no se apropió de ningún dinero; por esta razón,  como  normas violadas postuló los artículos 29 y 85 de la Constitución; el 7,  232,  233,  237,  238,  242, 257, 259 del Código de Procedimiento Penal y el 6,  29, 397, 3 del Código Penal.   

4. Falso raciocinio  (delito  conexo  de  peculado  por  uso):  haciéndolo  consistir  en  que  el  Tribunal  al  valorar  el  hecho  de  que  su poderdante  utilizará  el  apartamento  703  del  Edificio Buritica como centro de gestión  administrativa,  incurrió  en  el  error propuesto, porque dejó de aplicar las  reglas   de   la   ciencia  y  arribó  a  conclusiones  contrarias  a  la  sana  crítica.   

GARAVITO  ACOSTA,  realizó  todo  los  pagos  por  mantenimiento del inmueble que estaba ocupando,  luego  no es cierto, como lo afirma el Tribunal que el sentenciado en calidad de  auxiliar  de  la  justicia  le  dio un uso indebido al apartamento al destinarlo  para su uso personal.   

Como principios de la sana crítica presenta  un   esquema   en  donde  parte  de  un  “enunciado  fáctico”  considerado  racionalmente  mediante  la  observación  y  relacionado  con  la  conclusión producto de la inferencia. En  donde   hay   una  “premisa  tácita”   identificada  como  regla  de la  sana       crítica      que      –explica  el demandante- son “enunciados  generales    de    estructura    condicional    que   operan   como   conjeturas  explicativas”      Y      un      “enunciado  derivado”   el  que  representa    lo   “fáctico   a   utilizar   como  justificación de la sentencia judicial (motivación)”   

Es  por  ello  que  el  Tribunal  erró  al  apresurarse    a    concluir   y   dar   por   sentado   que   el   uso  dado  al  apartamento  fue personal  (falacia  argumentativa)  porque   “no  existe  regla  científica  alguna  que indique que el uso como centro de operaciones es  un  uso  personal”. Por esto, la Corte ha dicho que  el    “servidor    público    podrá    realizar  ocasionalmente  y  bajo  su cuidado actos  acordes con la naturaleza de los  objetos  dejados  a su disposición”. Lo cual prueba  que,  la  regla  aplicable  al caso es “que todo uso  destinado  a la satisfacción de intereses particulares de los bienes del Estado  comportan  un  uso  personal.  Esta regla científica tiene en cuenta el sentido  literal de la expresión”   

Luego  entonces, el actor, se afirma que el  uso  dado  al  apartamento fue destinado para la correcta administración de los  bienes  dejados  a  su  cuidado,  en  donde  el Tribunal llega a “deducciones  erradas  por  la  utilización de una regla de la  experiencia inexistente”..   

En  torno  al  principio  de trascendencia,  concluye   el libelista que, con la indebida valoración al dar por sentado  un  uso  personal  al apartamento se estructuró el peculado por uso, pues de no  haber  existido  ese  error  de  raciocinio el tipo penal por falta del elemento  normativo no se hubiera estructurado.    

Como normas violadas citó los artículos 29  y  85  de  la Constitución; el 7, 232, 233, 237, 238, 242, 257, 259 del Código  de Procedimiento Penal y el 6, 29, 398 del Código Penal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de  NAPOLEÓN  GARAVITO  ACOSTA, no reúne  los  presupuestos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa puntualizados por la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda.  Pues si bien, propone como punto de  partida  para lograr la infirmación del fallo de segundo nivel, una nulidad por  “inobservancia  de  las  formas  legales”  y  otros  tres  cargos  por  vía  indirecta  de  la  casual  primera  de  la  Ley  600 de 2000, en su desarrollo y  demostración  incurre  en  graves  fallas  que atentan contra la filosofía que  inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se  pretenda  derrumbarse  la  doble presunción de acierto y legalidad que  viene  unida  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en busca de un fin  jurídico  subjetivo  o hipotético del censor para asegurar la demostración de  las causales alegadas.   

Como  metodología  la  Sala  abordará  el  estudio  por  separado  de  cada ataque, con el objeto pedagógico de evidenciar  las falencias contenidas en la demanda.   

1.   Sobre   la  nulidad: el punto central de ataque se condensa en el  hecho  sostenible  para el actor que su protegido jurídico no fue notificado de  las  resoluciones  de  apertura  de  indagación   previa como de la formal  investigación.  Con tal omisión -afirmó- se vulneró el debido proceso, al no  notificarse  como era obligatorio los autos donde se pone en marcha la actividad  del  Estado  contra un implicado conocido. Así mismo, se vulneró el derecho de  defensa  material  al  no brindársele la oportunidad de conocer las pruebas que  se  practicaron  en  su  ausencia,  la  defensa  técnica al no poder nombrar un  letrado  en  protección  de sus derechos, el derecho de controversia probatoria  el  cual  fue vilipendiado; por todo ello, solicita se retrotraiga la actuación  hasta  sus  inicios.  Amén  que  se  ordenó  su captura y no se le brindó una  alternativa de sustitución de la detención.   

El           primer  yerro  del  censor consistió en  desconocer  la  normatividad  que  gobierna  las nulidades, la cual era su deber  precisar,  a  fin  de demostrar con los principios que guían la declaratoria de  las       nulidades,       por       ejemplo,       el      de      taxatividad  consagrado  en el artículo  306      Ley      600      de      2000      o      el      de      convalidación contenido en la misma ley  instrumental  artículo  310,  incisos  1,  2,  4;  si se conectan o no al caso:  primero,  porque  se  encuentra  prevista  como  tal  y,  segundo, al no haberse  reparado   el   vicio   censurado.   Así  mismo,  deberá  escrutarse   la  inexistencia   de   otro   remedio  procesal  que  pudiese  haber  subsanado  la  irregularidad    sustancial    alegada   (artículo   310,   numeral   5,   obra  citada).   

El           segundo  error  del  actor se contrae en  efectuar  su  particular  interpretación  de los hechos, imponiendo su criterio  especial  por  encima  del  de los juzgadores, como cuando afirmó que la única  notificación  viable  tenía  que  haber  sido  realizada  en  la  casa  de  su  protegido,  cuestión,  desde  luego, que se sale del ámbito fáctico-jurídico  en el que se debe enmarcar un ataque.    

El           tercer  desatino del censor, se ubica en  mezclar   varios   sentidos   de   ataque   de  nulidad  en  un  mismo  contexto  argumentativo:  (a)  debido  proceso,  (b)  derecho  de  defensa   técnico,   (c)  derecho    de    defensa   material   (d),  derecho de controversia probatoria; los cuales tienen, cada uno,  un desarrollo independiente y autónomo.   

El cuarto equivoco  del  libelista se verifica en la trascendencia que le  imprimió  al  ataque, al hacerlo confluir con el derecho de defensa por el gran  cúmulo  de  pruebas  que se practicaron en su ausencia, las que identifica como  documentales,  desconociendo  los  avances jurisprudenciales sobre tal garantía  en  sus  variadas  vertientes  y,  contra el principio de autonomía que rige el  recurso extraordinario, al fijar la trascendencia de una nulidad.   

El           quinto   desacierto   lo  determina  la  misma   argumentación  presentada  por el actor al pretender derrumbar los  fallos   de   instancia,   cuando  afirma  que  “El  telegrama  citando  a  NAPOLEÓN GARAVITO AGOSTA, fue dirigido a la CALLE 18 No.  2-10,   Cabañas   Costa   Azul   en   Santa   Marta,   lugar   donde…  jamás  residió”.  Aquí  está  aceptando  que  sí  hubo  notificación,  luego  entonces,  no  podría  en forma posterior alegar que no,  pues  una  motivación  de  ese  talante vulnera el principio de casación de no  contradicción,  que  se explica porque bajo una misma premisa o constante no se  puede,  a la vez, afirmar y negar un hecho, fenómeno o situación: muerte-vida,  hombre-mujer, día-noche.   

2. Falso juicio de  existencia:  se  infringe, en primer lugar, cuando el  fallador  omite apreciar una  prueba  aportada  legalmente  al  proceso,  en  segundo  término,  cuando   supone  un medio probatorio  que  no  fue  incorporado  a  la actuación y del cual se infieren consecuencias  valorativas.  En  la  segunda  hipótesis, que es la alegada aquí, es deber del  demandante:    (a)   determinar  la prueba inexistente que fue objeto de análisis de las instancias,  (b)    puntualizar   la  expresión  objetiva  de  la  prueba,  (c)  explicar  cuál  fue la incidencia suasoria y trascendente de tal  medio  probatorio  o  cómo  repercutió  al  punto de demostrar la irremediable  necesidad   jurídico-probatoria   de  modificación  del  fallo  atacado.    

El  yerro  del  actor  se  evidencia por la  confusión  que  presenta sobre la incorporación o no de un medio probatorio al  proceso.   Manifiesta  que  una  prueba  (dictámenes  contables  del  CTI)  fue  supuesta  pero  la nombra,  identifica,  ubica,  clasifica  y  valora  dando  por  cierto  su incorporación  física  al  proceso;  actuar que contraría los postulados de casación como el  de  claridad  y no contradicción. Es ilógico entender que una prueba se supuso  y  a  renglón  seguido  afirmar  que  “frente a tal  situación  de  certeza  dada  por la prueba pericial (dictámenes contables del  CTI)  se  cerró  la  posibilidad  de  evaluación  comparativa  de otros medios  probatorios”;  sencillamente  porque  la prueba que  según  el  demandante  supuso  el juzgador, sí existe materialmente dentro del  proceso.   

Más  aún:  sin  que  sea  considerado  un  argumento  de  fondo,   cuando  el  actor  en  forma  aislada  trascribe un  apartado  del fallo de primera instancia afirmando que allí  se manifestó  que  su  prohijado  no  se  apropió  de  ningún  dinero;  la  misma  decisión  cuestionada  contradice  la  interpretación  que  quiere  hacer  valer el   demandante,  al  concluir  dicha  sentencia  que “se  encuentra  demostrado  que los dineros fueron consignados en la cuenta del Banco  Popular,  cuyo  titular es el señor GARAVITO y fueron retirados por él para su  propio beneficio”.   

3. Falso juicio de  existencia  por  omisión: Estima el libelista que los  falladotes  no  tuvieron  en  cuenta  el  informe  de gestión presentado por su  prohijado  a  la  Dirección  de  Estupefacientes,  el  que  les hubiera probado  “con      meridiana     claridad”  que  la  cuenta  del  Banco  Popular  donde  consignó los cuatro  millones de pesos era institucional y no personal.   

Viene  afirmando  la  jurisprudencia que la  omisión  del medio probatorio como tal, no es lo que eventualmente daría lugar  a  la infirmación del fallo, sino la trascendencia del yerro propuesto, el cual  “no  se  verifica con el simple relato de lo que el  censor  piensa sobre el poder de persuasión de los medios omitidos, sino con la  demostración  clara,  precisa y suficiente de que tales pruebas, si se hubiesen  valorado,  desvirtuarían  las  actuales motivaciones del fallo y harían variar  su   sentido1”.   

En  la  trascendencia  el demandante quiere  imponer   su  criterio  particular,  al  confrontar  sus  conclusiones  con  las  expuestas  por  los  falladores,  situación  que  desborda el sentido de ataque  seleccionado,  proponiendo  su  exclusiva reflexión jurídica sobre la del Juez  Colegiado  e  insistiendo que lo único que se debe tener como prueba de certeza  para absolver es el referido informe de gestión.   

La  Sala  advierte,  sin  que  pueda  ser  considerada  como  una  respuesta  de  fondo sino una evidencia más que pone al  descubierto  la ausencia de lógica-argumentativa, el hecho que el censor indica  que  la  prueba  omitida se ubica en el cuaderno de anexos número tres (3) y el  Tribunal  al  rechazar  los  planteamientos defensivos afirmó que lo hacía con  base  en  la actuación: “del folio 150 y siguientes  del  cuaderno  de  anexos  Nº 3 y del folio…”, la  cual contiene la prueba objeto de controversia.      

4.   Falso  de  raciocinio  (delito  conexo  de  peculado por uso): en  este    ataque    el    libelista    también    desconoce    los    desarrollos  jurisprudenciales2   que  viene  decantando  la  judicatura  respecto  de  los  presupuestos  identificados  como  interés  para  recurrir  en sentido integrador del principio de unidad temática que en esencia  sustentan el conocimiento del instituto casacional.   

Manifestó  el  Tribunal  que  “Así  las  cosas,  no  prospera  la  argumentación del apelante  defensor.   Y  como  este  sujeto  procesal  guardó  silencio  en  lo  referente  a  la  condena por el delito de peculado por uso la  Colegiatura   no  lo  estudia.  (Subrayado  fuera  de  texto)   

Sobre   el   principio   de  identidad  temática viene precisando la  Sala   que  el  demandante  para  acceder  en  casación  debió  en  instancias  –al sustentar el recurso  de   apelación   contra   el   fallo-   haber  efectivizado  o  puesto  en  conocimiento  del  Juez Colegiado como mínimo una determinada tesis jurídica a  fin  de  constatar que sigue vigente su desacuerdo con la decisión y que jamás  ha  renunciado  al  debate  en  procura  de  demostrar  las  falencias  por  él  alegadas.    

Si no fue motivo de apelación una sentencia  (unidad   temática   entre   la   apelación  y  la  casación),  como  lógica  indiscutible,  la  Sala  estaría  vedada para abordar su estudio, inclusive, no  tendría  competencia  para  pronunciarse,  por  la  sencilla  razón  que no se  cumplirían  los  requisitos legales ni los  presupuestos jurisprudenciales  para  tal  fin;  habida  consideración  que  el  acceso a la administración de  justicia  en  sede  extraordinaria  no fue querido, provocado o puesto en marca,  con  tal  asentimiento,  se  dilapidó el  interés jurídico, el que no se  puede  recuperar  por  el  hecho  mismo  de  haberse  presentado  la  demanda de  casación,  toda  vez  que  libre, consiente y voluntariamente se renunció a su  interposición   y   sustentación,   en   virtud,  además,  del  principio  de  preclusión de los actos procesales.    

   

En  el  caso objeto de estudio, respecto al  punible  de peculado por uso  por  el que fue condenado el señor NAPOLEÓN GARAVITO  ACOSTA,  como  no  se  realizó  ninguna controversia  jurídica  por  parte  de  la  defensa técnica, no le  asiste  interés  al  demandante;  toda  vez que, sin  haber  atacado  el  fallo  de  primer  grado  a fin de contextualizar una unidad  temática  susceptible de ser atendida en casación, con base en ello, antes que  mostrar  su  desacuerdo  con  la  decisión  contenida en la decisión del Juez,  evidenció   –por   el  contrario-   una   total   y   absoluta   armonía   jurídica   con  el  mismo:  arrepentimiento que no legaliza un ataque en sede extraordinaria.   

Amén   que  la  Sala  entraría  en  una  contradicción      hermenéutica      indescriptible,      al      absolver  a  una  persona  en  casación  –como   lo   solicita   el  libelista—cuando  se estuvo de acuerdo con la decisión, precisamente, porque  su   silencio   marcó   la   pauta  definitiva  de  conformidad  con  el  fallo  condenatorio.   

Se  verifica,  entonces,  que  el libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que sustenta  el instituto casacional.   

Los  defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino a la Sala que inadmitir la  demanda    de    casación,   presentada   a   favor  de     NAPOLEÓN    GARAVITO    ACOSTA,  de  conformidad con lo preceptuado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso,  no se percibe en su  contexto,  que se hubiese violentado alguna garantía fundamental que amerite el  facultativo  ejercicio  de  la  oficiosidad,  en  virtud  de los dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de NAPOLEÓN GARAVITO  ACOSTA.   

Segundo:  Contra  la  presente  providencia  no procede recurso  alguno.   

         Cópiese,                 comuníquese,                cúmplase.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO   GONZÁEZ  DE  LEMOS                       

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                         MAURO SOLARTE PORTILLA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

         Secretaria   

    

1 Corte  Suprema de Justicia, radicación 17.544 del 03-03.04.   

2 Corte  Suprema de Justicia, radicado 16198, 27-08-03.     

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