26629(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 26629  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA N°.069  

Bogotá,  D.C., nueve (09) de mayo de dos mil  siete (2007).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del  ciudadano    HANS    BARNEY   SALAZAR   contra  la  sentencia  condenatoria del Tribunal Superior de Bogotá  –Sala de Descongestión- de  31 de octubre de  2005.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  día 1º de septiembre de 2003, en el  desarrollo   de   un  registro  ordinario,  miembros  de  la  Policía  Nacional  inmovilizaron  el  vehículo  Renault Clío, de placas BNE 916, en cuyo interior  se  hallaron  seiscientos  noventa  y  seis  millones  de  pesos.  Los  señores  Hans  Barney  Salazar y Edgar Eduardo Sánchez Alzate,  fueron   aprehendidos,   el  primero  en  calidad  de  propietario   de   la   suma   de   dinero  y  el  segundo  como  conductor  del  vehículo.   Los hechos descritos ocurrieron en la calle 138 con carrera 52  de la ciudad de Bogotá.   

2. La Fiscalía 7ª Delegada de la Unidad para  la  Extinción  del  Derecho  de  Dominio y contra el Lavado de Activos vinculó  mediante  indagatoria  al  procesado  y  el 8 de septiembre de 2003 resolvió su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva como  probable  coautor  de  los  delitos de enriquecimiento  ilícito   y   lavado  de  activos.   

3. Luego de la ruptura de la unidad procesal,  el  20  de  abril  de  2004, la fiscalía acusó a HANS  BARNEY   SALAZAR   por   los   mismos  cargos  de  la  vinculación.  La  defensa recurrió y el proveído fue confirmado el 21 de mayo  de 2004.   

4. El juicio se adelantó ante el Juzgado 3º  Penal  del  Circuito  Especializado de Bogotá. El 28 de julio de 2005 profirió  sentencia  absolutoria  y  dispuso  la libertad del procesado, con fundamento en  que  de  acuerdo  con  la  prueba  recaudada la procedencia del numerario no era  ilícita,  es  decir,  que  no  existía  demostración  del delito subyacente.    

5.   La  decisión  fue  impugnada  por  la  fiscalía,  en  búsqueda de condena por los delitos de enriquecimiento ilícito  y blanqueo de capitales.   

6.  Desatado  el recurso, el 31 de octubre de  2005,  la  Sala  de  Descongestión del Tribunal de Bogotá revocó la sentencia  absolutoria  y  declaró responsable al acusado  como autor del delito  de  lavado  de  activos. Lo  condenó  a  72  meses  de  prisión,  multa  de  1000 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a interdicción de derechos y funciones públicas por un  lapso  igual  al  de  la  pena  privativa de la libertad. Le negó la condena de  ejecución   condicional  y  la  prisión  domiciliaria.  Ordenó,  además,  la  captura.   

En  criterio  del  Tribunal, sustentado sobre  todo  en  prueba  indiciaria,  sí  se  encuentra  demostrado  el  delito base o  presupuesto,    para    el    caso   el   enriquecimiento   ilícito1.   

7.  La  defensa técnica interpuso y sustentó el recurso extraordinario  de casación.   

8.   El   asunto   fue   remitido   a   la  Corte.   

LA DEMANDA  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo, el libelista reprocha la sentencia de segundo grado por   

graves  y  ostensibles  ERRORES  DE  HECHO  relacionados  con  la  trasgresión  de  los  artículos  232,  238  y  234, que  determinaron  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por aplicación  indebida  del artículo 323, artículo 29 y 9 de la ley 599 de 2000.    

Formuló dos cargos, así:  

Primero    

Por  error  de  hecho debido al falso   juicio   de   identidad  en  que  incurrió  el  juzgador  al considerar que los elementos estructurales del hecho  punible  de  LAVADO  DE  ACTIVOS estaban demostrados y por ello concluía que no  existía   duda  sobre  su  tipificación,  llegando  a  ésta  conclusión  con  desconocimiento  total  de  las  reglas  de  la  Sana  Crítica y de la Lógica Jurídica.   

Expresa  que el Tribunal  

basó  su sentencia en meras sospechas y que  las  mismas  no  son  medio  de  prueba…los  indicios  alegados no reúnen los  requisitos  señalados por el legislador…razones suficientes para concluir que  se  pasó  al  ámbito  de  la subjetividad lejos de la realidad procesal penal,  codeándose tal sentencia con las meras especulaciones y sospechas.   

Afirma que,  

resultan   falsas   las   inferencias   y  conclusiones  de  la  segunda  instancia,  y,  por  tanto,  en  la  apreciación  probatoria  y  análisis de los elementos configurantes del tipo penal de LAVADO  DE   ACTIVOS…   Por   lo   anterior  podemos  decir  que  las  pruebas  fueron  distorsionadas  y tergiversadas en su expresión fáctica, haciéndolas producir  efectos que obviamente no se desprenden de ellas.   

Luego translitera apartes de la sentencia del  A  quem, y a partir de allí  confía  en  develar  los vicios que reprocha, pero, adelántese desde ya, omite  el     análisis     puntual    sobre    lo    tomado    como    referente    de  demostración.   

Agrega  que  ante los vacíos probatorios era  aplicable  el  principio  in dubio pro reo,   toda   vez   que  la  “actividad  investigativa  se  redujo  a  nada”.   

Y culmina:  

La  gran  pregunta  que  nos  surge  es qué  pruebas,  existen hoy que permitan endilgarle el punible de LAVADO DE ACTIVOS al  señor  BARNEY, cómo este delito se puede estructurar si nunca se demostró que  el   capital  incautado  provenía  de  alguno  de  los  punibles  taxativamente  señalados  por  la  ley  o  por  lo  menos  que a juicio del fallador encuentre  siquiera  sumariamente  demostrados algunos elementos que vislumbren actividades  ilegales y los encause dentro del determinado delito generador.   

A más de lo anterior, alude a desconocimiento  de   la   presunción   de   inocencia   y   al   principio   de  investigación  integral.   

Segundo  

Es  presentado  desde  la  misma  causal.  Lo  anuncia  como  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad,   

por cuanto el Tribunal, al fijar el contenido  de  la  prueba,  lo distorsionó en su expresión fáctica, haciéndole producir  efectos  que obviamente no se desprenden de ella, para concluir que en el caso a  estudio   existían  los  elementos  de  juicio  para  deducir  con  certeza  la  ocurrencia  del  punible  de  LAVADO  DE  ACTIVOS,  con  desconocimiento  de las  reglas  de la Sana Crítica, la Ciencia Jurídica del  Derecho Penal y la Lógica Jurídica…   

Además  de  lo  anterior el juzgador no dio  aplicación  al  principio  de la duda… El fallador deja entrever la presencia  de  la  incertidumbre  y mas sin embargo, ha condenado, con lo cual ha incurrido  en  falta  de  aplicación  del  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

                    

CONSIDERACIONES  

De conformidad con el artículo 213 de la ley  600  de  2000,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda porque se aparta de las bases  jurídicas, lógicas y argumentativas en su confección.   

Obsérvese.  

Primer cargo  

El  libelista,  de  entrada,  yerra  en  su  construcción,  pues  hace  coincidir  en  el mismo espacio de argumentación, y  respecto   del   mismo   tema,  el  falso  juicio  de  identidad  y  el  desconocimiento de la sana crítica,  que   corresponde   al  falso  raciocinio,   cuando   el   uno   se   refiere  a  defectos  objetivos  en  la  contemplación  de  la  prueba  y  el  otro  a  defectos  intelectivos, luego de  aprehendida y analizada.   

El  falso juicio de  identidad   tiene  lugar  cuando  se tergiversan,  distorsionan  o  falsean  los  alcances  objetivos de la prueba, se le otorga un  contenido  diverso  del real, o, en otras palabras, se la pone a decir lo que no  dice.    

Mas   allá   del   purismo  técnico,  que  ciertamente  se  echa  harto de menos, lo cierto es que el censor se equivoca en  algo  de  mayor  contenido  pues  no  increpa una prueba en concreto, no enseña  específicamente  en  qué  consiste la distorsión, no muestra la trascendencia  en  el fallo del hipotético desdibujamiento de la prueba, con todo lo cual, sin  duda, deja huérfano de comprobación el reproche formulado.   

Si  la  Corte  aceptara  que  en  últimas el  libelista     pensaba    en    evidenciar    falsos  raciocinios,  éste tampoco habría acertado porque no  determina  con  plena  exactitud  la  prueba o pruebas afectadas por el supuesto  yerro;  no  expresa cuáles reglas de la experiencia, directrices científicas o  principios  lógicos  fueron  mal  aplicados por los jueces; no se refiere a las  reglas,   directrices   o  principios  que  han  debido  ser  los  correctamente  utilizados;  y  no  desarrolla  las  reglas, directrices y principios atendibles  para  luego  incrustarlas  en  el  amplio  haz probatorio y concluir que así el  asunto el fallo habría sido totalmente diferente.   

Al  final,  no avanzó por ninguno de los dos  caminos.  Pero  sí  dejó a la Sala la interpretación de su querer con base en  los apartes que transcribió de la sentencia del Tribunal.   

Si  a  lo anterior se adiciona que dentro del  mismo  reparo,  es decir, sin autonomía e independencia alguna, hace alusión a  infracciones  a  los postulados de la investigación integral, de la presunción  de  inocencia  y  del  in  dubio  pro reo,  es  claro  que  el  desajuste  en  el libelo es muchísimo mayor.   

Segundo cargo  

En  el primer enunciado de este reparo repite  el  reproche  anterior,  es  decir,  falso  juicio de  identidad   por   desconocimiento   de   la  sana  crítica.  Por tanto,  las  consideraciones  de  la  Sala  para  desestimarlo  en  aquella  ocasión,  caben  perfectamente en esta otra sede.   

Cuando  el  censor afirma que el A  quem no aplicó el principio de duda a  pesar  de  reconocer  la  incertidumbre,  y  que  ello  constituye  error   de   hecho   por   falso  juicio  de  identidad,  se  equivoca  en forma grave porque, por ejemplo, si se admite la  concurrencia  clara  de  la  perplejidad y esta no es reconocida en el fallo, el  reparo  procedente  se  debe  construir con fundamento en la infracción directa  por falta de aplicación del artículo 7º de la ley 600 del 2000.   

Pero  si  se  quisiera entender que el censor  hablaba  de  violación  directa,  igualmente  habría caído en falta porque en  este  evento  casacional  no  es  posible  problematizar nada relacionado con la  aprehensión  y  con  la  estimación  probatoria  realizada  por los servidores  judiciales.   

Dígase  igualmente que, en estricto sentido,  el  Tribunal  no  dio  lugar  a  la  duda. Por eso la Sala, en llamado a pié de  página   número  1,  textualmente  escribió  las  palabras  del  Ad  quem,  como  también  emanan  de las  transcripciones  efectuadas  en  la  demanda.  Objetivamente,  así, el reproche  carece de debido fundamento.   

Por  último,  insiste  el  actor  en  que el  Tribunal  se  sustentó  en “sospechas”, y en que “no existe prueba” del  delito  previo.  Esto,  con  buen  tino,  se  ha  debido  formular  a la luz del  falso  juicio de existencia,  no   del   falso   juicio  de  identidad,   pues  equivaldría a “imaginación” o “suposición”  de la prueba y no a distorsión de la misma.   

Lo  anterior  es  suficiente para reiterar lo  expresado  al comienzo de las consideraciones de esta decisión: como la demanda  no  reúne los requisitos jurídicos y lógicos más  elementales, no puede  ser aceptada.   

Y añádase: como la revisión del expediente  permite  inferir  que  no  se ha incurrido en notorias causales de nulidad ni en  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  la  Corporación no puede  penetrar de oficio más al fondo del asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   HANS  BARNEY  SALAZAR, contra la sentencia  de  31  de  octubre  de  2005,  dictada  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  de  Bogotá.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso   

Notifíquese y cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                           ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                       JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Expresamente,  dijo:  “Así  que el papel que en este caso en particular juega  el  enriquecimiento  ilícito es el de ser  delito subyacente del lavado de  activos,  que  configura  la  génesis  del  mismo,  toda vez que encuadra a los  bienes  adquiridos  y  utilizados  dentro de un marco de ilicitud”. Y luego de  citar  precedentes de la Corte Suprema de Justicia, añadió: “Se entiende con  la  acotación  jurisprudencial  anterior,  que  para  que  se  estructuren  los  elementos  correspondientes al delito de lavado de activos, basta con que dentro  del  proceso se determine que los bienes, en este caso el dinero, es proveniente  de  cualquier  punible,  no  debiendo  ser  requisito  para  su  existencia,  el  reconocimiento   judicial   previo   ni   tampoco  la  plena  identificación  y  responsabilidad  de  la persona que entrega el capital, y en el presente caso el  delito  subyacente  es  el  enriquecimiento  ilícito  de  particulares  probado  mediante prueba indiciaria”.     

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