26583(28-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26583  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta N° 28   

          Bogotá, D. C., veintiocho de febrero de dos mil siete.   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  Art. 212 del C. de P. Penal, examina la  Corte  la  demanda  de  casación que a nombre de JUAN  PABLO  URIBE  RODRÍGUEZ,  en  calidad de parte civil,  instauró     su    apoderada     contra  la  sentencia  de  segundo grado proferida el 31 de julio de  2006  por  el  Juzgado  38  Penal  del Circuito de Bogotá, que confirmó la que  dictó  el  18  de  febrero  de  2005  el Juzgado Promiscuo Municipal de Ubalá,  Cundinamarca,  en  virtud  del Acuerdo 2781 del 23 de diciembre de 2004 expedido  por  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  para  efectos  de depuración de  procesos  para  fallo  en  los  juzgados  penales municipales de Bogotá para la  transición  al  Sistema  Penal  Acusatorio; determinación aquélla mediante la  cual  absolvió  a  los procesados, Víctor Raúl Mera  Rodríguez  y  Jorge  Rocha  Valek  del  delito  de estafa en menor cuantía por el  cual se les venía juzgando.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Conforme  al relato plasmado en la sentencia  de  segundo  grado  respecto  de los acontecimientos investigados, se tiene que:   

“En  el  mes de  marzo  de  1998,  Juan  Pablo  Uribe Rodríguez ingresó a laborar a la sociedad  Artegas  y  Cía.  Ltda.,  como  Gerente Comercial, por recomendación de Johann  Paul Evers Avendaño, quien fungía como gerente de esa empresa.   

“La dirección de  la  compañía  la  ejercían,  conjuntamente, entre Jorge Rocha Valek y Víctor  Raúl  Mera  Rodríguez  y  Johann  Paul Evers Avendaño, por ser esposos de las  socias  capitalistas Lucía Isabel García Becerra, Nohora Nancy Porras Jiménez  y  María  Fernanda  Soto Medina, respectivamente, es decir, eran los encargados  tanto  de  lo comercial como de lo financiero, actividades de las que se valían  para   comentar,   el   buen  momento  comercial  por  el  que  cursaba  Artegas  Ltda.   

“El 18 de febrero  de  1999,  Jorge  Rocha Valek, Víctor Raúl Mera Rodríguez y Johann Paul Evers  Avendaño,  le ofrecieron a Juan Pablo Uribe, se hiciera a parte de la empresa.,  dándole    a    conocer    las    alternativas    que    para    ese   entonces  contemplaban.   

“Fue así como el  29    de   abril   del   año   en   cita,   se   suscribió   un   ‘ACTA    DE   COMPROMISO’,  mediante  la que Johann Paul Evers  Avendaño,  en  representación  de  María Fernanda Soto Medina, le vende a Luz  Ángela  Roa de Burbano, cónyuge de Juan Pablo Uribe Rodríguez , el 75,75% del  33,33%  de las acciones que le correspondían en Artegas Ltda., por un precio de  $11’000.000,  cancelados  así:  $4’500.000 el 30 de  abril,  $4’500.000 el 26  de   mayo   cuando   se   firmó   la   escritura   pública   de   ‘REFORMA   ESTATUTARIA   CESION   DE  CUOTAS’,  y dos pagos de  $1’000.000  cada uno, el  1° de junio y el 5 de julio de ese año 1999.   

“Dentro del acta,  los  socios  se  obligaron  para  perfeccionar  la  venta,  entregar los estados  financieros  de  la  compañía,  lo mismo que del proyecto de contratos, debía  entregársele  a  la nueva socia el 25%, hasta tanto los responsables del pasivo  generado hasta el 30 de abril, lo cancelaran.   

“Cumplido con el  último  pago  acordado,  Johann  Paul  Evers decide salir del país desentendiéndose de las obligaciones  adquiridas;  por  su  parte  Jorge  Rocha  y Víctor Mera, cuando los acreedores  empezaron  a  cobrar  manifestaron que no podían cumplir debido a la situación  financiera  de  Artegas,  y  sin ninguna explicación abandonaron los proyectos,  cerrando    las    instalaciones    donde   la   firma   funcionaba.”   

Por tales hechos, Juan Pablo Uribe Rodríguez  denunció  criminalmente  a  Jorge  Rocha Valek, Víctor Raúl Mera Rodríguez y  Johann   Paul   Evers   Avendaño.  Decretada  la  correspondiente  apertura  de  instrucción  y vinculados los implicados a la presente actuación, la Fiscalía  106   Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  Municipales  de  Bogotá  mediante  providencia  del  14 de diciembre de 2001 profirió resolución de acusación en  contra  de  los  antes nombrados, como presuntos coautores del delito de estafa,  determinación  que  al  ser  recurrida  en  apelación  fue  confirmada  por la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de la misma ciudad por la suya del  19 de mayo de 2003.   

Celebrado  el juicio, la sentencia de primer  grado  finalmente  le  correspondió  dictarla al Juzgado Promiscuo Municipal de  Ubalá,  Cundinamarca,  en  virtud  del Acuerdo 2781 del 23 de diciembre de 2004  expedido  por  el  Consejo Superior de la Judicatura para efectos de depuración  de  procesos  para  fallo en los juzgados penales municipales de Bogotá para la  transición  al  Sistema  Penal  Acusatorio,  como  atrás  se  indicó,  en los  términos  igualmente  dichos,  a  la  cual  el Juzgado 38 Penal del Circuito le  impartió  integral confirmación como del mismo modo quedó reseñado, la misma  que          hoy          es          objeto          del         extraordinario  recurso.            

LA     DEMANDA   

Por violación indirecta de la ley sustancial  traducida  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  al amparo de la causal  primera,  cuerpo  segundo,  un  único  cargo  plantea  la  demandante contra la  sentencia impugnada en sede del extraordinario recurso.   

En la fundamentación del reproche, sostiene  la  libelista  que  en  los  fallos  producidos  en las instancias ordinarias se  absolvió  a  los procesados con base en la afirmación de que no es creíble la  manifestación  del  denunciante,  respecto  a  su  desconocimiento  de  la real  situación  de  la  empresa  que por compraventa pretendió adquirir como quiera  que,  a  juicio  de  los  juzgadores,  no se hallaba acreditada la inducción en  error constitutiva del delito de estafa.   

De  una  tal  manera  -aduce-, los jueces se  equivocaron  en  el  análisis lógico de la prueba acopiada a la actuación, en  la  medida  en  que desviaron “su sentido común sus  ciencia    -sic-   o   su  experiencia”,  aserto  que la casacionista explica a  partir  de  lo  que  el sentenciador de primera instancia tuvo como sustento del  fallo  absolutorio  que  emitió,  esto  es,  la  existencia de una transacción  comercial  entre  los  procesados  y  su  representado,  mas  no  un  engaño de  aquéllos    hacia    éste    en    cuanto    URIBE  RODRÍGUEZ   “sabía  a  ciencia   y   conciencia   el   movimiento   financiero   de   la   sociedad  en  mención.”   

No  obstante  esa  conclusión,  el juzgador  primario  nada dijo de la prueba que, a la luz de la sana crítica, le permitía  realizar  una  tal  inferencia,  es decir, que no existió inducción en error y  que  por  lo  tanto  la  conducta  imputada  es  atípica,  por lo que sentencia  recurrida  resulta  ser  “absolutamente huérfana de  análisis   y   valoración   jurídica   de   las  pruebas  en  las  cuales  se  funda.”   

Otro tanto cabe predicar del fallo de segundo  grado,  aduce  la  censora.  Tras  destacar  los  argumentos  expuestos  por  el  Ad-Quem,  afirma que una de  las  razones  que  aduce  para  haberle  impartido  confirmación a la decisión  absolutoria  apelada,  es  la  ausencia  de  certeza  acerca de que URIBE  RODRÍGUEZ desconocía el estado de  quiebra  de  la  empresa,  dada  su condición de gerente comercial de la misma,  situación  que  le  permitía a plenitud estar al tanto de los ingresos que por  ventas  obtenía  la  mencionada  compañía.  Sin embargo, se da por probada la  posición  que allí ostentaba su asistido sin que realmente lo esté, porque lo  cierto   es   que   simplemente   él   se   desempeñaba  como  “empleado  asesor  comercial de ventas” y  no  como  gerente,  lo  que  fácilmente  se  puede verificar por el salario que  percibía                                 por                                 su  labor.                                           

Pero, no solamente se equivoca el juzgador de  la  segunda  instancia  en  ese aspecto, sino que también incurre en insalvable  contradicción   al  por  cierta  la  afirmación  de  uno  de  los  procesados,  Víctor Mera, cuando sostuvo  que    por   ser   URIBE   RODRÍGUEZ   un  simple empleado, “no se le permitía  asistir  a  las  reuniones  de  socios,  ni  se  le  informaba  sobre  el estado  financiero de la sociedad.”    

Finalmente sostiene la demandante que si los  juzgadores  no  hubiesen  incursionado en el vicio de estimación probatoria que  denuncia,   no   hubieran   caído   en  la  “falsa  conclusión”  a  la  que  arribaron,  por  lo  que,  consecuentemente,  le  solicita a la Corte casar la sentencia impugnada para que  en  su  lugar se profiera la de carácter condenatorio en contra de Mera      Rodríguez     y Rocha Valek.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  de  casación cuyo aspecto formal ahora examina la Sala  debe  ser  inadmitida  de plano, como quiera que la censora no menciona, y menos  acredita,  la  necesidad  de  que  la Corte intervenga en un asunto respecto del  cual  no  procede  la  casación  común,  a  efecto  de  que la Corporación se  pronuncie    sobre    los    motivos    que    hacen    viable    su    facultad  discrecional.   

Ciertamente, conforme a lo establecido en el  inciso  3º  del  Art.  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal, dicho medio  impugnativo  procede en relación con los fallos de segundo grado proferidos por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal Penal Militar en  procesos  adelantados  por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  no  exceda de ocho (8) años, o contra los fallos de la  misma  naturaleza  dictados  por los Juzgados Penales del Circuito, sin importar  en    estos    eventos   el   quantum   punitivo.   

En  ese  orden  de ideas, tales presupuestos  dicen  relación con su interposición dentro de la oportunidad legal por sujeto  procesal  legitimado  y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe  enseñarle  a la Corte la necesidad de su intervención, bien para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  -ya porque no exista antecedentes sobre una materia, ora  porque  existiendo  hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque  es necesario  aclarar  algún  aspecto-,  o  para  la garantía de los derechos fundamentales,  caso  este  en  el  cual  ha  de  especificarse  el derecho objeto de quebranto,  señalando  el  medio que lo garantiza, y la irregularidad en la cual se origina  su  desconocimiento,  atropello  o  vulneración. Valga decir, debe indicarse de  manera  concreta  en  qué consistió la violación y su influencia nociva en la  garantía,  que  no  permite  el goce o libre ejercicio del derecho fundamental,  criterio  reiterativamente  expuesto  por  la  Sala  en  múltiples de sus   pronunciamientos,  entre  otros,  en  el  realizado el 25 de septiembre de 1997,  Rdo. 13.401. En esa oportunidad se dijo:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

“Aunque  finalmente  todo  depende  de la discrecionalidad reglada de la Corte, lo cierto  es  que  el  peticionario  ha  de  exhibir la argumentación autosuficiente para  mostrar  la  necesidad  de  un desarrollo jurisprudencial o de la protección de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a  partir del  señalamiento   concreto   de   falencias   puede  el  órgano  decisor  avanzar  dialécticamente  sobre  temas  que de otra manera le están vedados por obra de  la   legalidad   y   el   acierto   que   se   presumen  en  el  debate  de  las  instancias.”   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  la  demandante, porque si bien la impugnación se ejercitó oportunamente contra  sentencia  de  segundo  grado  expedida por un Juzgado Penal del Circuito, es lo  cierto  que  la  argumentación  pertinente  se  halla  huérfana  de  cualquier  planteamiento  serio  que le indique a la Corte la necesidad de su intervención  en  orden  al  cumplimiento  del  cometido  que  le impone una cualquiera de las  alternativas   posibles   que   tornan   viable  el  ejercicio  de  su  potestad  discrecional,   como   con   antelación  se  indicó,  y  del  mismo  modo,  la  acreditación  del  consecuente  agravio  que  para  el  procesado  contiene  la  sentencia cuestionada.   

          Y,  como  del contexto del libelo tampoco se infiere que haya dejado  patente  la  necesidad  de  desarrollar la jurisprudencia o de garantizar algún  derecho  fundamental,  por  cuanto  el  enfoque  de la demanda exclusivamente se  dirigió  a  cuestionar  los razonamientos probatorios de la sentencia, pero sin  desarrollo  alguno  y  sin  mención  atendible  de la forma como esa situación  incidió  en las garantías de los justiciables, finalmente dígase que como los  reparos  relacionados  con  la  apreciación de las pruebas de suyo no entrañan  una  afrenta  directa a derecho fundamental alguno, pues el agravio se mediatiza  por  el  establecimiento  de los errores de juicio en su estimación, los mismos  no   pueden   tenerse  como  sustentación  válida  del  recurso  de  casación  discrecional.   

         

          Este  medio  de  impugnación  excepcional sólo se justifica por la  urgencia  de  proteger  las garantías fundamentales conculcadas, si el daño se  pone  en  evidencia  con la sola indicación descriptiva de su ocurrencia, o que  surja  del  texto  de la demanda, cuestión que por completo olvidó la censora.   

         

Se  insiste,  los razonamientos en relación  con  la  apreciación de las pruebas, dada la indeterminación de los resultados  por  la  posibilidad de meras discrepancias valorativas, no pueden ser argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

         

Lo anterior es suficiente para no acceder al  estudio  del  libelo  que  la  defensora  de  los  interese de la parte civil ha  instaurado  contra la sentencia impugnada, como quiera que no sólo no acreditó  los  requisitos  de  procedencia  de la casación discrecional -Art. 205, inciso  3° del C. de P. Penal-, sino que ni siquiera la invocó.   

Por  lo  demás,  téngase  de  presente que  revisada  la  actuación no se observa violación a garantía fundamental alguna  que  en  virtud  del artículo 216 del Código de Procedimiento Penal conduzca a  la Sala a actuar oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de casación que a nombre de JUAN PABLO URIBE  RODRÍGUEZ,  en  calidad  de parte civil, instauró su  apoderada,  conforme con lo plasmado en el cuerpo del presente proveído, contra  el cual no procede recurso alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase a la oficina de origen.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria     

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