26564(20-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26564  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 056  

          Bogotá    D.C.,    abril    veinte    (20)   de   dos   mil   siete  (2007).   

  VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  CARLOS    ARTURO    MORENO    RODRÍGUEZ,  condenado  por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado  de  Cali,  mediante  sentencia  de fecha abril 18 de 2005, como autor penalmente  responsable  de  los delitos de secuestro simple y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

En virtud del recurso de apelación promovido  por  la  defensa  del  mencionado  contra  la  anterior  sentencia,  el Tribunal  Superior  de  la  misma  ciudad,  el  14  de  diciembre siguiente, la confirmó.   

HECHOS  

El  5  de  octubre  de 2001, hacia las 10:00  a.m.,        cuando        la       joven    Carolina    Gil    salía  de  su  residencia  ubicada  en la calle 75 A (N) # 2-39 del  barrio  “Brisa del Mar” de  la  ciudad  de  Cali,  fue interceptada por varios sujetos quienes, provistos de  armas  de  fuego,  la  obligaron  a  subir a un vehículo Mazda, de placas   JGD-970,  modelo  1987,  el  cual  fue  interceptado por miembros de la Policía  procediendo  a  liberarla  de  inmediato.  En  el  acto  fueron  capturados  los  ciudadanos    CARLOS    ARTURO   MORENO   RODRÍGUEZ  y     Diego    Fernando  Marulanda.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con fundamento en los hechos anteriores, se  declaró  abierta la investigación formal en cuyo marco se vinculó,     mediante     diligencia     de  indagatoria,  a  los  dos  mencionados,  a  quienes  se  definió  su situación  jurídica   con  medida  de  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  beneficio  de excarcelación, por los delitos de secuestro simple y porte ilegal  de armas de fuego de defensa personal.   

Una  vez  clausurada  la  instrucción,  se  calificó  su  mérito  el 7  de  diciembre  de  2001  con resolución de acusación  en  contra  de  los procesados por los mismos delitos  que  sustentaron la medida de aseguramiento, decisión  que fue confirmada el 21 de febrero de 2002.     

La  fase  de  la  causa  le  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cali,  despacho   que  luego  de  surtir  el  trámite  legal  correspondiente,  dictó  sentencia  el  18  de  abril de 2005, por cuyo medio condenó a los procesados a  las  penas  principales  de ciento treinta y dos (132) meses de prisión y multa  por  valor  de  mil  (1000)  salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  igual  al  de la pena privativa de la libertad, al  encontrarlos  penalmente responsables, a título de coautores, de los delitos de  secuestro   simple   y   porte   ilegal   de   armas   de   fuego   de   defensa  personal.   

Impugnada la anterior decisión, el Tribunal  Superior   de  la  misma  ciudad  el  14  de  diciembre  de  2005  la  confirmó  “en     su    aspecto    recurrido”.   

LA  DEMANDA   

El   apoderado   especial   del  condenado  CARLOS   ARTURO   MORENO   RODRÍGUEZ,   presenta  demanda  a  través de la cual invoca la causal tercera de  revisión  prevista  en  el  artículo  220  de  la  Ley  600 de 2000 contra las  sentencias condenatorias de instancia.   

En  el  capítulo  que denomina “relación     de     las     pruebas     que    fundamentan    la  petición”,  empieza  por  indicar  que “teniéndose  en cuenta que el proceso de mi defendido comenzó el  día  05  de  octubre  del  2001.   Y  FUE CONDENADO el DIA 18 de abril del  2005.   Tengo  la obligación de mencionar los artículos que en su momento  regían,  para  demostrar una vez más, LA VIOLACIÓN AL DEBIDO PROCESO.  Y  POSTERIORMENTE  MENCIONARE  LAS RAZONES DE HECHO Y DE DERECHO QUE FUNDAMENTAN MI  PETICION”.   

Acto  seguido, refiere a los artículos 232,  en  cuanto  que  exige  certeza  para  condenar;  13,  relativo  al  derecho  de  contradicción  y  20, en torno a la garantía de investigación integral, todos  de la Ley 600 de 2000.   

De  inmediato advierte que de acuerdo con la  declaración    de    Carolina    Gil   en  ningún  momento  fue amenazada o vio arma alguna, por lo que la  Fiscalía  110  de la Unidad de Reacción Inmediata altera gravemente el informe  de  policía,  así  como la ampliación de declaración del agente García    Galicia   Rodrigo,      cuando     llega     a     tales  conclusiones.   

Por  consiguiente,  a  su  juicio,  se  hace  necesario  establecer  “en  donde  se  determinó el  punible  de  secuestro,  si  no  existía, ni existe una denuncia formal y penal  ?”;     igualmente   imprescindible   resulta  determinar  por  qué  se habla de flagrancia, a pesar de las razones expuestas.   

Lo anterior conduce al accionante a señalar  que  “pregunto  a  la  Honorable  Corte  Suprema  de  Justicia…se  puede  culpar,  señalar  y  juzgar  como secuestro por el simple  hecho  de una presunción de un delito que claramente no se puedo establecer con  certeza  cual  era,  porque  la  presunción cabe en que se puede ser culpable o  inocente”.                   

A   lo   que   agrega   que   “debo  aclarar  que antes, en ese momento y después del verdadero  punible   mi   apoderante    (sic)  pertenecía  a  las  autodefensas unidas de Colombia, que la familia  de  la  señora  Gil está seriamente comprometida al igual que ella y su esposo  en  el  negocio  del  narcotráfico,  y  que la persona que realizó la supuesta  llamada    para    informar    lo    ‘sucedido’ fue  quien determinó el punible”.   

Sostiene  que  lo anterior se hubiera podido  establecer  si  el CTI hubiera hecho las labores ordenadas por el Juez, a lo que  se    suma    que   la   señora   Gil   incurre  en  serias contradicciones en su dicho, lo que a su modo de  ver pone al descubierto que mintió.   

A continuación, reitera que la Fiscalía no  realizó  las pruebas “que hubieran podido desvirtuar  todo  lo  hasta  ese  día  manejado  como certeza de los hechos y mostrar menor  punivilidad              (sic)”,    circunstancia    que    produjo  vulneración  del principio de contradicción de la prueba, porque se dejaron de  practicar  pruebas  que  favorecían  a su defendido.  En esa medida, no se  podía  cerrar  la  investigación,  bajo  el  argumento  de  que  se encontraba  perfeccionada     “cuando    para    esa    altura  procesal.   Todo  se ha venido manejando por todas las partes con mentiras,  declaraciones  falsas, alteración de informes, información de la existencia de  otras  personas  en  el  supuesto hecho punible, ausencia por parte de testigos,  ausencias  por parte de personas que fueron llamadas a declarar, y sobre todo la  falta  de pruebas lícitas.  Se faltó al principio de contradicción de la  prueba,  se  dejaron de practicar pruebas que el mismo fiscal solicitó, pruebas  que  finalmente  conducirían  a  la  verdad,  pruebas  que  favorecerían  a mi  defendido.  (se violentó el derecho de defensa y al debido proceso ‘claramente’)”.   

Luego,  sostiene  que  su defendido también  careció  de  defensa técnica en el proceso, “porque  existiendo  muchas  causales para presentar alegatos, el no se notificó y menos  aún   fue   informar   a   el   (sic)   sindicado  de los términos, perjudicando aun mas el debido proceso,  negándosele  el derecho a la defensa” y porque, como  más   adelante  lo  indica,  a  pesar  de  que  su  representado  solicitó  la  designación     de    un    defensor    público,    hubo    demora    en    su  nombramiento.   

También  aduce que no existía mérito para  proferir  resolución  de  acusación  contra  su defendido, porque la Fiscalía  dejó  de practicar las pruebas que había ordenado y porque existen suficientes  argumentos  para “refutar, negar y declarar nula toda  la  providencia  de  segunda  instancia” mediante la  cual se confirmó la acusación de primer grado.   

Enseguida,  pregona  que  la  prueba  no  se  valoró  apropiadamente, incorrección en la que también incurrió esta Sala al  dirimir  el conflicto de competencias que se suscitó dentro del proceso, cuando  adujo  que  Carolina  Gil fue  intimidada  para abordar el vehículo, refiriéndose además a su defendido y al  otro    condenado    como    secuestradores,    de    modo    que   “también  cae  en el posible error de alterar el marco jurídico,  las  pruebas  allegadas  y  sobre los hechos”, por no  aparecer  demostrado que se haya esgrimido arma alguna y porque no se realizaron  pruebas legales.   

Culmina su exposición señalando que en los  mismos  yerros  señalados  también  incurrieron  el  juez de conocimiento y el  Tribunal  en  los  fallos  a través de lo cuales se declaró la responsabilidad  penal   de   su  representado,  lo  cual  lo  conduce  a  deprecar  “nos   concedan   el  derecho  de  la  acción  extraordinaria  de  revición               (sic)”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  Corte  ha sostenido, en forma reiterada,  que  la  acción  de revisión fue concebida por el legislador como un mecanismo  por  virtud del cual se busca la invalidación de una decisión que ha adquirido  firmeza  y  de  la  cual resulta razonable predicar que entraña un contenido de  injusticia  material  porque  la  verdad  procesal  declarada  resulta  ser bien  diversa   a   la   verdad   histórica  del  acontecer  objeto  de  juzgamiento,  demostración  que  sólo  es posible jurídicamente dentro del marco delimitado  por las causales taxativamente señaladas en la ley.    

De conformidad con dicha naturaleza, para la  admisibilidad  de  la  demanda se exige el cumplimiento de rigurosas y taxativas  exigencias,  que  no  son otras que las señaladas en el artículo 222 de la Ley  600 de 2000.   

Así, como la acción procede exclusivamente  contra  decisiones  ejecutoriadas (sentencias, resoluciones de preclusión de la  investigación  o  autos  de  cesación  de procedimiento), es deber inicial del  actor  allegar  copia  de las providencias de primera y segunda instancia con su  respectiva constancia de ejecutoria.   

Ahora,  cuando  la  causal  invocada  es  la  contenida  en el numeral 3º del artículo 220 del nuevo estatuto procesal, como  ocurre  en  este  caso,  por  la aparición de hechos nuevos o el surgimiento de  pruebas  de  igual  naturaleza  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates  con  virtualidad  para  acreditar  la  inocencia  del condenado o su inimputabilidad,  tales  novedosos elementos probatorios deben también ser aportados junto con la  demanda  y  ser  idóneos  para  demostrar  cualquiera  de las finalidades antes  precisadas.   

Pues  bien,  revisado  el  contenido  de  la  demanda  que  concita la atención de la Sala, sin dificultad alguna se advierte  que   el   apoderado  especial  del  condenado  MORENO  RODRÍGUEZ  no satisface los presupuestos indicados y,  en  esa  medida,  la decisión que corresponde adoptar es la de inadmitirla, por  ser  la  consecuencia  prevista  legalmente  para  este  evento, en virtud de lo  dispuesto   en   el   inciso  segundo  del  artículo  223  de  la  Ley  600  de  2000.            

En  efecto, el demandante no anexa al libelo  ni  constancia de ejecutoria de la sentencia contra la cual instaura la acción,  ni  tampoco  prueba alguna por cuyo medio persuada a la Corte sobre la necesidad  de  remover  el  carácter de res iudicata de    las    decisiones    que   cuestiona   a   través   de   esta  vía.            

En lo que concierne a la omisión de aportar  pruebas  con  la  demanda  “para demostrar los hechos  básicos  de  la  petición”,  como  lo  refiere  el  numeral  4°  del  artículo  222  ibídem,  es  preciso acotar que tal situación impide a la Sala establecer  al  menos  como  posibilidad  que el condenado no es responsable de la conducta,  siendo  ello  indispensable  para  desvirtuar  la doble presunción de acierto y  legalidad  que  ampara  al  fallo  que  supuestamente  en este evento ha cobrado  ejecutoria   material  y  adquirido,  en  consecuencia,  el  carácter  de  cosa  juzgada.    

Lo anterior porque la acción de revisión, y  en  especial  la causal tercera, a diferencia de lo que considera el demandante,  no  constituye  el resurgimiento de una nueva oportunidad para propender por una  discusión  probatoria  que  ya  tuvo  su  escenario  propicio en las instancias  ordinarias  del  proceso y, con las limitantes inherentes a su naturaleza, en el  recurso extraordinario de casación.   

El  desacierto  advertido  es notorio cuando  fácil  se observa del contenido de la demanda que su pretensión fundamental se  orienta  a  discutir  sobre  el mérito persuasivo otorgado a las pruebas, punto  que fue objeto de amplio debate en las instancias del proceso.   

De suerte que no sólo el demandante incurre  en  las  falencias  de no anexar la constancia de ejecutoria del fallo contra el  cual  promueve  la  acción  y  en  la  de no acompañar, siquiera con carácter  sumario,  las  pruebas  nuevas consecuentes con la causal que propone con el fin  de   persuadir  a la Corte sobre la posibilidad de que sea preciso levantar  el    carácter    de   res   iudicata   del  fallo,  sino  en  la  más grave en el sentido de desvirtuar la  naturaleza  para  la  cual fue instituida esta acción, reviviendo oportunidades  fenecidas  tanto para controvertir desde su estricta visión personal el mérito  otorgado  a  las  pruebas,  como  para aludir a supuestas irregularidades que se  presentaron  en  la  actuación procesal, para cuya postulación también contó  con el amplio espectro que ofrecía el proceso.   

Sobre  el  punto relacionado con el hecho de  que  el  actor  pretende  revivir  un  espacio de discusión abierta del mérito  de   las  pruebas,  oportuno  se  ofrece puntualizar que si bien es cierto,  según  lo  ha  reconocido  la  Sala, la acción de revisión ostenta naturaleza  probatoria  y  por  tal  razón  prevé  un  término  para  que  las partes, de  conformidad  con  el  artículo  224  del  estatuto procesal penal, “soliciten     las    que    estimen    conducentes”,  tal  posibilidad  no  se  puede  entender  hasta  el  extremo  de  considerarla  como  una  prolongación de las instancias con el fin de practicar  todas  las  probanzas que allí no se pudieron evacuar, o de revisar a partir de  una  postura  personal  su  valoración,  pues su objetivo especial apunta sólo  hacia  aquellas  que  pongan  en  evidencia,  por lo menos como probabilidad, la  injusticia    de    la    decisión    cuestionada    a    través    de    esta  acción.               

Ahora,  en  cuanto a la utilización de este  mecanismo  con el objeto de resaltar eventuales vicios de la actuación procesal  originaria,  como lo hace aquí el demandante al señalar que durante su decurso  se  violó  el  principio de investigación integral, el derecho de defensa  -en  tanto  a  su  asistido  no  se  le  proveyó  en forma oportuna de defensor  técnico  y  porque  el  designado no ejerció los actos necesarios tendientes a  garantizarla-  y  el  de  contradicción,  los  cuales  en forma confusa expone,  conviene  precisar  adicionalmente  que  tales situaciones tampoco encasillan en  alguna  de  las causales previstas para la procedencia de esta     acción  a  las  que  no es posible acudir en virtud del denominado principio de  taxatividad  que  regenta  este  trámite  y  que  eventualmente  configurarían  causales   de   nulidad   alegables   en   sede   de  casación  penal,  recurso  extraordinario  que  difiere, como lo ha señalado reiteradamente la Sala, en su  naturaleza, fines y efectos con la acción de revisión.   

Así  las  cosas,  dado  que  la acción de  revisión  según la concepción legislativa no constituye una prolongación del  juicio,  como  parece  entenderlo  el  demandante,  para  lo cual contó con las  oportunidades  que  la  ley  tiene  establecidas  en  las instancias y, agotadas  éstas,  con  el  recurso  de  casación,  es  claro  que el libelo que viene de  examinarse  no  apunta  a la finalidad de este instituto, sino apenas a suscitar  un   nuevo   debate   probatorio   y   a  revivir  oportunidades  procesales  ya  expiradas.   

Como  el  escrito  incumple  las  exigencias  formales  que  para  su  admisión  establece  el numeral 4° (incisos primero y  segundo)  del  artículo  222  de  la  Ley  600  del  2000, resulta imperiosa su  inadmisión  de  conformidad con lo indicado en el siguiente artículo del mismo  estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado especial de   CARLOS   ARTURO   MORENO   RODRÍGUEZ,  de  conformidad  con  las  razones  consignadas  en la  anterior motivación.   

Contra  la  presente  decisión  procede el  recurso de reposición.    

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                               JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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