26477(05-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26477   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 012.  

Bogotá  D.C.,  febrero cinco (5) de dos mil  siete (2007)   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  en  punto  de  los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  del  libelo  de casación  presentado  por  el  defensor  del  procesado  WILLIAM  GUSTAVO  CRUZ  ALARCÓN, contra la sentencia de segunda  instancia  proferida por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Soacha el 7 de  abril  de  2006,  confirmatoria  de  la dictada por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  la  misma  localidad el 7 de febrero del mencionado año, por cuyo  medio  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable del delito de lesiones  personales    dolosas    en    Bernardo    Bermúdez  Cardozo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los    hechos    que    motivaron   este  diligenciamiento   fueron   adecuadamente   sintetizados   por  el  ad     quem     de     la     siguiente  manera:   

“El  diecinueve  (19)  de  mayo  de  dos  mil  dos (2002), en las primeras horas de la madrugada,  dentro  del  establecimiento  público (Billares), ubicado en la calle 47 No. 40  –  08,  barrio  Ciudadela  Sucre  de  esta  ciudad,  se  presentó  un altercado entre WILLIAM GUSTAVO CRUZ  ALARCÓN,  propietario  del  negocio  y  BERNARDO  BERMÚDEZ  CARDOZO,  quien se  dedicaba  a  ingerir  bebidas  embriagantes  y  al  juego  de billar”.   

“Como el primero  no  le  concedió  plazo  a  BERMÚDEZ  CARDOZO  para  pagar la cuenta, éste lo  ultrajó  con  palabras  soeces,  a más que rompió envase y dañó una mesa de  billar,  circunstancia  que  provocó  la  reacción  de CRUZ ALARCÓN, quien le  propinó  varios golpes a aquel, causándole lesiones que ameritaron incapacidad  médico  legal  definitiva  de  catorce  (14)  días  y  como secuela deformidad  física permanente del cuerpo”.   

Con fundamento en la denuncia presentada por  el   lesionado,   la  Fiscalía  Local  de  Soacha  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar  y  luego  de  practicar  algunas  diligencias  declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  WILLIAM     GUSTAVO    CRUZ    ALARCÓN,   resolviéndole   su   situación   jurídica   con   medida   de  aseguramiento  de detención preventiva con derecho a libertad provisional, como  posible autor del delito de lesiones personales.   

Clausurado  el  instructivo,  el sumario fue  calificado  el  10  de marzo de 2005 con resolución de acusación en contra del  procesado   como   presunto   autor   del   delito   que   sustentó  la  medida  asegurativa.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Tercero  Penal Municipal de Soacha, despacho que una vez surtido el  rito  correspondiente  profirió  fallo  el 7 de febrero de 2006, por cuyo medio  condenó  a CRUZ ALARCÓN a la  pena  principal  de  seis (6) meses de prisión y multa de 5.3 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso de la sanción privativa  de  la  libertad  y  al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios,  como  autor  penalmente  responsable  del  delito por el cual fue acusado. En la  misma  oportunidad  le  concedió el subrogado penal de la condena de ejecución  condicional.   

          Impugnada  la sentencia por la defensa, el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Soacha la confirmó mediante fallo del 7 de abril de 2006, el cual  es  ahora  objeto  de impugnación extraordinaria interpuesta por el defensor de  WILLIAM     GUSTAVO    CRUZ    ALARCÓN.   

LA DEMANDA  

Sin  precisar la causal al amparo de la cual  acude  a  este  mecanismo  casacional,  el impugnante afirma que “según  el acervo probatorio, se lesionó fragantemente (sic)  la  credibilidad  y  el  derecho de  defensa,  en  el caso de marras pone de precedente que el ofendido fue lesionado  fuera  del  establecimiento,  por  unos sujetos con los cuales tuvo un altercado  señalando   a   ALDEMAS   y   a   ALIAS  KIKO  como  autores  de  las  lesiones  personales”.   

          Añade  que  si  ninguna  de  las personas mencionadas fue llamada a  declarar  dentro  del  investigativo,  le fue violado el derecho de defensa a su  patrocinado.   

Además,  cuestiona  que  el  ad  quem hubiera otorgado credibilidad a lo  expuesto  por el lesionado, pues resultó “vulnerando  una  serie  de  garantías  que quebrantan la prueba material del hecho punible.  Surge  entonces  un  error  en  la apreciación del medio probatorio”.   

          Finalmente     expresa     que     “el  desconocimiento  de  las exigencias para su propia validez, el cual por contener  una   ilegalidad  intrínseca  no  debe  ser  estimado  hacerlo  como  se  hizo,  estaríamos   en   un   vicio   de   juicio  o  error  in  iudicando”.   

          Con  base  en  lo  anterior  el defensor solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada,  para  en  su  lugar proferir el fallo de reemplazo que en  derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Inicialmente  impera  precisar  que  en  el  análisis formal de las  demandas  de  casación  corresponde  a  la  Sala  verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada  argumentación   definidos   por   el   legislador   y   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  tercera   instancia.  Tales  exigencias  se  orientan a conseguir que los libelos se enmarquen dentro de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  dado  que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal develar  o   desentrañar   el   sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones de los impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, este medio impugnaticio procede contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores de distrito  judicial  y por el Tribunal Penal Militar, cuando se proceda por “delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

En aquellos casos en que el fallo de segundo  grado  no  es  proferido  por los mencionados tribunales, o que el delito por el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir    discrecionalmente    las    demandas    de   casación   presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

         

          Desde  luego,  cuando se trata de la casación discrecional es deber  del    impugnante    exponer    con    claridad   y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para  unificar posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  ora para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.   

Cuando  la  pretensión del casacionista se  orienta  a asegurar la garantía de derechos fundamentales, tiene la obligación  de  demostrar  la  violación e indicar las normas constitucionales que protegen  el    derecho   invocado,   así   como   su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

También  se  tiene  que  el censor no puede  acudir  simultáneamente  a  las dos especies de casación (ordinaria o común y  discrecional)  en  cuanto  son excluyentes, dado que la segunda es sucedánea de  la  primera,  esto es, únicamente procede en la medida en que no resulte viable  la casación ordinaria.   

         Advertido    lo    anterior,  en  el  caso  de  la  especie  se  observa que, de una parte, por  tratarse  del  delito  de  lesiones  personales  dolosas  que generó deformidad  permanente  en el cuerpo, para el cual el inciso 2º del artículo 113 de la Ley  599  de  2000  dispone  una pena privativa de la libertad cuyo máximo no supera  los  ocho  (8) años y de otra, dado que el fallo de segundo grado fue proferido  por  un  juzgado penal del circuito, en punto del recurso de casación se impone  acudir   a   la   vía   discrecional   (artículo   205   de   la  Ley  600  de  2000).   

Pues bien, al observar el libelo de casación  presentado  por  el  defensor del incriminado, pronto se establece que no cumple  su  obligación  de  ofrecer  argumentos  encaminados  a demostrar alguna de las  posibilidades para que la Sala admita discrecionalmente su demanda.   

          En  efecto,  no identifica en concreto la temática que debe abordar  el  pronunciamiento,  no dice si sobre el particular ya hay jurisprudencia y, de  ser  así,  cuáles  son  las  decisiones  que  se  ocupan del asunto y cómo se  relacionan  con  el  caso  objeto de estudio, omisión que a la postre le impide  identificar  el  punto  dudoso, la existencia de providencias contradictorias, o  el  vacío  que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo  del  concepto  reclamado  tiene  la  doble  utilidad  de servir, tanto para este  trámite, como para la solución de casos similares.   

Tampoco del cuerpo de la demanda se consigue  establecer  con  precisión  la  denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales  del  acusado,  pues  el  recurrente  de  manera  vaga e imprecisa  plantea  la  violación  al  derecho  de  defensa  de  su asistido, así como la  crítica  a  la  credibilidad  otorgada  por los falladores a lo expuesto por el  lesionado,  pero  no  procede  a  señalar  la  causal invocada y tanto menos la  especie de yerro que propone.   

Es  claro,  entonces,  que  si  el censor se  encontraba  inconforme  con  la ponderación judicial de las pruebas obrantes en  la  actuación,  le  correspondía  postular  la  violación indirecta de la ley  sustancial  y  acto  seguido, precisar si los falladores incurrieron en un error  de  hecho o de derecho. En el primer caso, debía demostrar que los funcionarios  erraron   al   apreciar   la  prueba,  bien  sea  porque  pese  a  obrar  en  el  diligenciamiento  no  fue valorada (falso juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin  figurar  en  la  actuación  supusieron  que  allí  aparecía y la  tuvieron   en   cuenta   en   su  decisión  (falso  juicio  de  existencia  por  suposición);   ora   porque   al   considerarla   distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso juicio de identidad);  también,  cuando  sin  incurrir en alguno de los yerros referidos derivaron del  medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

          En  el  segundo  caso, esto es, en tratándose de la postulación de  errores  de  derecho,  le  correspondía  especificar  si el yerro consistió en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la ley u otorgarle  un  mérito  diverso  al  atribuido  legalmente (falso juicio de convicción), o  bien,  si los falladores al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener   tal   condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera  errada  su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley  para  su práctica o aducción (falso juicio de legalidad), proceder que no  acometió.   

          Como  también y de manera sincrónica el casacionista afirma que se  violó  el derecho de defensa de su representado, en punto de tal censura debía  señalar  claramente  la  especie  de  incorrección sustantiva que determina la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos y las normas que estima conculcadas,  con  la  indicación  de los motivos de su quebranto. También era de su resorte  especificar  el  límite de la actuación a partir del cual se produjo el vicio,  así  como  la  cobertura  de  la nulidad, demostrar que procesalmente no existe  manera  diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto, labor que tampoco emprendió.   

Observa  entonces la Sala que ninguna de las  referidas  reglas  lógicas  fue  acatada  por  el  censor,  quien no señala en  concreto  yerros  de  los  falladores,  pues  sólo  ofrece algunas afirmaciones  indemostradas  e  insuficientes  para tener como fundamentado de manera adecuada  el cargo presentado.   

Lo  anterior  permite  establecer  que  el  recurrente  no  cumple  con  los  postulados  requeridos para que resulte viable  admitir  discrecionalmente  el  estudio  del  recurso  de casación interpuesto,  amén  de  que  tampoco  la  Sala  advierte  violación  alguna  de los derechos  fundamentales  o garantías del procesado WILLIAM  GUSTAVO  CRUZ  ALARCÓN, como para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa de  naturaleza    legal    que    le   asiste   a   esta   Corporación   sobre   el  particular.   

          Así  las  cosas,  encuentra  la Sala que el libelo acusa las graves  fallas  destacadas,  que  no  pueden en modo alguno ser enmendadas por la Corte,  pues   ello  lo  impide  el  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado WILLIAM  GUSTAVO  CRUZ  ALARCÓN,  por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN                        

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                                             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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