27888(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27888   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N°. 181   

Bogotá  D.C., septiembre veintiséis (26) de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas,  lógicas  y argumentativas de la demanda de casación presentada por el defensor  de        DARÍO       SALVADOR       RODRÍGUEZ  LEYVA       contra  la  sentencia  proferida     por    el    Tribunal    Superior    de    Bogotá    –Sala Penal de Descongestión- de fecha  septiembre    13  de  2005,  a través de la cual confirmó la dictada  por  el Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad el 28  de  abril  anterior  que  lo  condenó  por  el delito de lavado de activos y lo  absolvió     de     la     conducta     de    enriquecimiento    ilícito    de  particulares.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  día  23  de  mayo de 2002, en el muelle  internacional  del  aeropuerto  El  Dorado  de esta capital, fue aprehendido por  personal  de  la  Policía  Fiscal y Aduanera el ciudadano mexicano DARÍO  SALVADOR  RODRÍGUEZ  LEYVA cuando  pretendía  ingresar  al país US. 248.000, ocultos en el interior de una esfera  de  bolos  de  color  negro,  suma  que  no  registró  en  la  forma denominada  “declaración   de   equipaje  y  dinero  de  viajeros”  de  la  DIAN.    

Una  vez  puesto  a  disposición  de  las  autoridades   judiciales   competentes,   se  decretó  la  apertura  formal  de  instrucción,  en  cuyo  marco  fue  vinculado  el  aludido   mediante  diligencia  de  indagatoria  y  definida  su  situación jurídica con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin beneficio de excarcelación, por  los delitos de lavado de activos y falsedad en documento privado.   

Clausurada la investigación, un fiscal de la  Unidad  Nacional  para  la  Extinción  del Derecho de Dominio y  Lavado de  Activos,  calificó  su  mérito  el  17  de  enero  de  2003 con resolución de  acusación  en  contra  de  DARÍO SALVADOR RODRÍGUEZ  LEYVA  como  presunto autor responsable de los delitos  de  lavado  de activos, falsedad en documento privado y enriquecimiento ilícito  de particulares.   

Contra la anterior determinación, la defensa  del  procesado  interpuso  recurso  de  apelación,  el cual fue desatado por la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Bogotá  el 27 de junio  ulterior,    en    el    sentido    de   revocarla   parcialmente   “en  lo  que  toca  exclusivamente  con  el delito de falsedad en  documento   privado  y  en  su  lugar  se  le  precluye  investigación  por  el  mismo”,  y  confirmar la acusación en relación con  los demás cargos.   

Para la prosecución de la fase de la causa,  el  proceso   se asignó al Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado  de  Bogotá,  el  cual, luego de surtido el trámite de ley, dictó sentencia el  28  de  abril  de 2005, por cuyo medio condenó al acusado como autor penalmente  responsable  del  delito  de  lavado de activos a las penas principales de siete  (7)  años  de  prisión  y  multa  en cuantía de 900 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a la accesoria de expulsión del territorio nacional una  vez  cumplidas  las  penas  principales. En la misma decisión, lo absolvió del  delito  de enriquecimiento ilícito de particulares, se abstuvo de condenarlo al  pago  de  perjuicios  y,  además,  le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

En  desacuerdo con la anterior decisión, el  representante  de la Fiscalía y el defensor del procesado interpusieron recurso  de  apelación,  sobre  los cuales se pronunció el Tribunal Superior de Bogotá  -Sala  Penal  de  Descongestión-, confirmándola mediante providencia del 13 de  septiembre de 2005.   

Dentro del término de ejecutoria del fallo,  la   defensa  del  procesado  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  sustentado   mediante   demanda,   sobre  cuya  viabilidad  ahora  se  ocupa  la  Sala.   

LA DEMANDA  

       

El  censor propone un único cargo contra el  fallo  con  fundamento  en  la  causal  primera,  motivo  segundo,  esto es, por  violación  indirecta  de la ley sustancial, en tanto estima incurre en error de  hecho  derivado  de  falso raciocinio “al desconocer  los   postulados   sana   crítica   (sic),  las  reglas  de  la  lógica  y la experiencia, vulnerándole la  presunción   de   inocencia,   al   in  dubio  pro  reo,  principios  de  orden  constitucional  y  legal consagrados en artículo 6° y 7° del Código Penal al  condenar  a  DARÍO  SALVADOR  RODRÍGUEZ  LEYVA,  a  la  pena antes anotada, al  aplicar el artículo 323 del C.P.”.   

Después  de  resumir los que en su criterio  constituyeron  los  fundamentos  probatorios de los fallos de instancia, señala  que  “todos  estos  razonamientos rayan contra todo  principio  de  lógica”,  porque si bien el hecho de  transportar  dinero  de una manera oculta “denota un  presentimiento    o    duda    respecto    porque    se   utiliza   (sic)”, siendo  lo  lógico  inferir  que  el  objetivo  de  su  prohijado era evadir impuestos,  “también  se pudiera pensar y así lo hicieron los  dispensadores  de  justicia  que  su  origen  podía  ser de alguna actividad al  margen  de  la ley”, a lo que se suma el hecho de que  no fue claro en demostrarlo.   

Advierte que si bien el razonamiento anterior  de  los  juzgadores  “tiene toda lógica, y así los  plasmaron  al  proferir  una providencia de condena”,  también  lo es que “para el Derecho Penal este tipo  de  lógica  no  tiene  asidero,  máxime  si  dentro de sus conceptos existe el  concepto  de  la  duda  razonable”, de ahí que todos  los   indicios   expuestos   por   el   juzgador  pierden  soporte  “porque   por  mandato  constitucional,  se  debe  demostrar  que  efectivamente  se  vulneró  la norma en mención a la que se hizo alusión y no  solamente  por  suposiciones  o conjeturas se llego a tal resultado (sic)”.   

De  ahí  que, agrega, la inferencia lógica  elaborada  por  los  falladores “rompe con cualquier  principio  o postulado de la sana crítica”, dado que  no   podía   surgir   como  consecuencia  de  que  su  defendido  no  demostró  concretamente  que  dichos dineros eran de su propiedad, con lo cual, añade, se  invirtió  la  carga  de la prueba, en cuanto dicha demostración corresponde al  Estado,  violándose  así  el  imperativo legal contenido en el artículo 7 del  estatuto  procesal  penal  que  consagra  el  principio  de  la  presunción  de  inocencia.   

Acto   seguido,  puntualiza  que  como  se  desconoció  el  elemento  de  la  estructura  del  delito  atinente  a  que  la  procedencia  de  dichos  dineros  debe  ser  de  actividades delictivas y que el  mismo,  según  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  corresponde  a un ingrediente  especial  del  tipo  de orden normativo, se incurrió en el error que endilga al  fallo,  toda  vez  que  “tal razonamiento debe estar  encuadrado  dentro de las reglas de la lógica y de la sana crítica para llegar  efectivamente  al  convencimiento  de  que  sí  tienen  origen  en  actividades  delictivas”.   

De   inmediato,  agrega  que  “otra  falencia  de  la  inferencia  lógica que raya contra todo  postulado  de  la  razón” fue haber concluido que la  falta  de  claridad  y  las contradicciones en las que incurrió el procesado al  explicar  el  origen  de los dineros demostraban su responsabilidad en el delito  endilgado,  cuando  esa  circunstancia conduce es al reconocimiento de la duda a  favor del reo.   

         Para  terminar,  trae  a colación apartes de la sentencia proferida  por  la  Sala  de  fecha  marzo  9  de  2006, rad. 22179, en la que “expresa  teniendo como fuente el derecho constitucional, cuáles  son  las  características del lavado de activos, y por qué razón la Fiscalía  para  proferir  un  juicio  de  valor  debe  probar  y no suponer la procedencia  ilícita    de    dineros    par    (sic)   imputar   el   delito   de   lavado   de  activos”.   

En  el acápite de la conclusión, alude que  “si  el  juzgador  de  segunda  instancia  hubiere  valorado  y  analizado  que  las  decisiones  tomadas  en  primera instancia, se  hallaban  construidas  sobre  la base de suposiciones o eventualidades, pero que  ninguna  de  ellas  demostraba  la  ilicitud  de  la conducta de mi patrocinado,  además  de  encuadrar  tal  conducta  en una sanción administrativa y no penal  como  siempre lo he considerado, y al no poder éste demostrar lo afirmado en su  injurada  y  en las circunstancias en qué actuó, no habría caído el ad-quem,  en  la  falsa  conclusión  de  hallar  responsable  penalmente a DARIO SALVADOR  RODRÍGUEZ  LEYVA,  para  darle aplicación al artículo 323 del C.P.P. y violar  la   ley   sustancial   y   dejar   de   aplicar   artículo   7°  (sic)  de la misma obra, para con base en  la    duda    razonable    absolver    como    era    lo   debido”.   

Corolario  de lo expuesto, solicita casar el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  a su defendido para “restablecer      los     derechos     conculcados”.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  DARIO    SALVADOR    RODRÍGUEZ   LEYVA  no cumple los presupuestos previstos en el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  motivo por el cual la decisión que corresponde adoptar es la de  inadmitirla,   de   conformidad   con   el  efecto  señalado  en  la  siguiente  disposición del mismo ordenamiento.   

Para arribar a esa conclusión, confluyen las  siguientes razones jurídicas:   

1. El demandante invoca la causal primera de  casación  por considerar que la sentencia incurre en violación indirecta de la  ley  sustancial  a  consecuencia de un error de hecho por falso raciocinio en la  apreciación  de las pruebas, pero en realidad no desarrolla una propuesta afín  con la naturaleza y esencia de este yerro.   

De    conformidad   con   la   pacífica  jurisprudencia  de  la  Sala sobre el particular, se tiene que una tal modalidad  de  desacierto se presenta cuando el juzgador se aparta de las reglas de la sana  crítica en el proceso valorativo de las pruebas.   

En  ese  orden de ideas, el demandante está  compelido,  como  primera medida, a identificar la prueba sobre la cual recae el  yerro;  luego, a establecer el mérito que se le otorgó al medio de convicción  en  la  sentencia,  a  la vez que debe señalar cuál es el postulado de la sana  crítica  que  en  su  criterio fue vulnerado, esto es, el principio lógico, la  máxima de la experiencia o la regla científica quebrantada.   

Acto  seguido, ha de proceder a vincular esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial,  lo cual obliga a exponer los argumentos que conducen a estimar  que  la  sentencia  impugnada  se  debe  modificar  en  favor  del  interés que  representa,   como  consecuencia  necesaria  del  error  que  alega,  tarea  que  ineludiblemente  entraña    abordar  la  totalidad  de  los medios de  persuasión                                que                                la  sustentan.            

          Con  base en las anteriores premisas, sin dificultad se advierte que  el  único  reparo  propuesto  en  la  demanda,  no  cumple con los presupuestos  indicados.   

          El  primer  tropiezo  surge  en  orden  a  establecer  con  absoluta  claridad  la  prueba  respecto  de  la  cual  pregona el yerro de apreciación a  partir  de  la confusa redacción que se utiliza en el cargo.  Sin embargo,  con  gran  laxitud,  se  logra  colegir  que el motivo de discordia radica en la  valoración  del  indicio  de  responsabilidad que se construyó a partir de las  múltiples  contradicciones  en  las que incurrió el procesado en sus distintas  salidas  procesales  y  que  permitieron  a  los  juzgadores  inferir  el origen  ilícito del dinero que pretendía ingresar al país.   

          No  obstante lo anterior, el mayor defecto que evidencia el reproche  en  punto  de  la  correcta  demostración  del yerro de apreciación planteado,  consiste  en  haber  omitido   expresar,  con  la  indispensable claridad y  precisión,  el  principio  lógico,  la  máxima  de  la experiencia o la regla  científica desconocida.   

Al   respecto,   nótese   que  todas  las  afirmaciones  del  casacionista  en  cuanto  a  que  la  valoración  probatoria  referida  riñe  con  la lógica son de carácter genérico, sin concretar cuál  es  el postulado quebrantado en esa materia. De allí que su inconformidad pueda  sintetizarse  a  que  le  parece  ilógica  en cuanto no se adecua a su personal  percepción,  lo  que,  ciertamente,  nada tiene que ver, como ya se vio, con la  naturaleza  del  error de hecho por falso raciocinio invocado.      

Como  en  forma  pacífica y reiterada se ha  sostenido,  la  pretensión  de  anteponer un criterio íntimo de valoración al  que  a  su  vez  expuso  el  sentenciador  se  aparta  de la esencia del recurso  extraordinario  y  tiene  arraigo exclusivamente en las instancias ordinarias de  la  actuación,  amén de que tampoco se corresponde con la naturaleza de alguno  de  los     distintos  yerros  de  apreciación probatoria en que  puede  incurrir  el  sentenciador, ni en la de algún otro que pueda invocarse a  través de esta sede.   

Adicionalmente, desconoce que el fallo arriba  a  esta sede amparado por las presunciones de acierto y legalidad, de suerte que  los  argumentos  que le sirven de sustento prevalecen sobre el criterio personal  que expone el demandante.    

         

          2.   Ahora,  también es evidente que el actor se aparta de las  bases   mínimas   argumentativas   que   rigen  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  porque  el reparo carece de trascendencia, en la medida en que no  involucra  el  criterio  actual  de  la  Sala  en  torno  a la demostración del  ingrediente  del  tipo  penal  de  lavado  de  activos relativo al origen de los  dineros, que se puede resumir en el siguiente párrafo:   

           “La  demostración  del  origen  del  dinero  en  un  particular  delito  no  está  sujeta  a un especial elemento de  prueba,  tampoco  a un pronunciamiento judicial sobre el punible que lo origina,  de  manera que ninguna relevancia otorgaron los jueces de instancia para efectos  de  tipificar  el  lavado  de  activos  al  hecho de que el acusado hubiera sido  absuelto  por  la  conducta  punible  de enriquecimiento ilícito”1.   

Al  sustraerse el casacionista a orientar su  discurso  de acuerdo con la postura vigente de la Sala, refulge indudable que la  censura  carece  de  la  trascendencia  que  debe  tener  a  efecto de lograr el  decaimiento del fallo.   

La   sumatoria   de   las   incorrecciones  señaladas,  permite  de  modo  razonable  concluir  que en tanto el reproche no  desarrolla  una  propuesta  compatible  con  la  causal invocada y no expresa la  trascendencia  requerida  para  desvirtuar el fallo impugnado, no cumple con las  exigencias  contenidas  en  el  numeral  3°  del artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  lo  cual  impone  su  inadmisión y  la  devolución del expediente al despacho de origen, tal como lo  señala   el   artículo   213   ibídem.  Además,  porque  no  se  advierte  que  dentro del presente trámite y en la sentencia se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención oficiosa de la Sala.      

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por  el  defensor  de  DARÍO  SALVADOR  RODRÍGUEZ  LEYVA,  por  las razones consignadas en la  anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase,   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          MARÍA   DEL  ROSARIO      GONZÁLEZ      DE      LEMOS   

AUGUSTO       JOSÉ      IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE           LUIS          QUINTERO          MILANES              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                         JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA       

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                JAVIER         ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1Sentencia de fecha enero 24 de  2007, rad. 25219.   

    

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