26409(13-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26409  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

Aprobado   Acta   No.  16   

             

Bogotá,  D. C., trece de  febrero de dos mil siete.   

V    I   S   T   O  S   

         

Conforme  a  lo normado en el inciso 3° del  Art.  205  del  C.  de  P.  Penal,  en  armonía  con  el  Art. 212 ibidem,  la  Corte  evalúa si se cumplen  las  condiciones  de  admisibilidad  de la demanda de casación promovida por el  apoderado  de  la  Parte  Civil,  respecto  de  la  sentencia  de  segundo grado  proferida  por  la  Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Neiva el 28  de  junio  de 2006, por cuyo medio revocó el fallo condenatorio proferido el 29  de  julio de 2005 por el Juzgado Penal del Circuito de Garzón, Huila, en contra  de  MARÍA RUTH CEDIEL MOLANO  y,  en  su  lugar, la absolvió del cargo de homicidio  culposo por el cual se le procesó.   

SITUACIÓN FÁCTICA  

         

De acuerdo con lo reseñado en la sentencia,  los  hechos  a  los  que  se  contrae  la  presente actuación tuvieron lugar en  predios  de  la  finca  “La  Cabaña”,  ubicada  en  la  vereda  San Rafael,  comprensión   municipal   de   Garzón,  Huila.  Su  propietaria,  MARÍA  RUTH  CEDIEL  MOLANO, tenía en el  fundo  para  su  custodia  alrededor  de  una  veintena de perros cuyas razas se  caracterizan  por  su  extrema  ferocidad,  algunos  de  los  cuales deambulaban  libremente por la heredad sin medidas de seguridad alguna.   

Ocurrió que, en las horas de la mañana del  15  de  junio  de  2002  hizo  su  arribo  al  inmueble  en  mención  la  menor  María    Lizeth    Calderón    Losada    en    compañía   de   su  progenitor  Henry  Enrique  Calderón  Cortés,  quien  desde  tres  meses  atrás poseía en  arriendo  un  lote  del  citado  predio.  Poco  después de su llegada al lugar,  mientras  Calderón  Cortés  se  dispuso  a  reparar  unos  cercos,  su hija María  Lizeth   procedió   a   cerrar   un  “broche” en cumplimiento de la orden que  para  tal efecto su padre le impartió. Al percatarse éste de la tardanza de la  menor  en  regresar, salió en su búsqueda, hallándola exangüe a consecuencia  de  las  mortales  dentelladas que en su bestial ataque le infligieron varios de  los     fieros     canes     utilizados     para    la    vigilancia    de    la  propiedad.              

LA  DEMANDA   

          Dentro del término legal el apoderado  de  la  Parte  Civil presentó  demanda  de  casación,  cuya  previa  motivación al  único  cargo  que postula  por  vía  de  la  violación  indirecta  -deja  entrever- dice relación con la  necesidad  de que la Corte intervenga en este asunto, a efecto de que examine el  desconocimiento  que  en el fallo recurrido en sede extraordinaria se hace de la  posición  de  garante  que  debe  ostentar quien, como en el presente caso y en  tratándose   de  delitos  de  “omisión  impropia,  impura  o comisión por omisión”, estaba obligada a  impedir  el  resultado  nocivo  que  por  su  conducta  negligente se presentó.   

         Para  efectos  de  la   determinación  que ha de adoptar     la     Sala,      seguidamente      se  hará  la  reseña  general  de  los  argumentos  en  los  cuales  el  censor fundamenta el  reproche  que aduce al amparo de la causal primera, cuerpo segundo, por errónea  apreciación probatoria.   

         

         Critica  el  demandante  al Tribunal, porque no empece reconocer la  condición   de   garante   de   la   fuente   de   riesgo  de  la  CEDIEL  MORENO por la tenencia de perros  en  su  finca,  de cuya agresividad prolíficamente informa la prueba recaudada,  sin  embargo  la  absuelve  del  cargo  por  el  que la acusó la Fiscalía y la  condenó  el  juzgador  de  primera  instancia,  desatendiendo de esta manera lo  dicho  por  múltiples  testigos que dan cuenta de los frecuentes ataques de los  canes  en  cuestión a miembros de la comunidad, causándoles daños tanto en su  integridad  física como en su patrimonio, sin que su ama tomara los correctivos  necesarios  tales  como  mantener  con  correas o bozales a los fieros animales.   

         Si  se  hubiesen  examinado  en su entera dimensión los medios que  obran  en  la  actuación  -testimonios, anuncio de la existencia en el fundo de  perros  bravos,  escritos  de  la  Junta de Acción Comunal de la vereda y otros  documentos,  pericia  y la propia confesión de la procesada, entre otros, acota  el  actor-,  el  sentido del fallo habría sido sustancialmente diferente al que  finalmente  se  adoptó,  en  cuanto  “MARÍA  RUTH  CEDIEL  MOLANO  tenía  el deber jurídico de vigilar y garantizar la indemnidad  de  uno  o varios bienes jurídicos pertenecientes a determinadas personas y que  se  hallan  previamente  individualizados y de una manera concreta. Ese no hacer  cuando   se   tenía   la   obligación   jurídica  de  actuar  conlleva  a  la  responsabilidad  penal  de  la  implicada,  o  considerarla  digna  de  sanción  punitiva.”   

         Para  el  caso  a  estudio,  y  según nuestro derecho positivo, el  delito  de  comisión  por  omisión  se  configura por no hacer algo, no por el  simple  no hacer, mandato que si no se observa, su infractor debe ser castigado.  En  aquella aciaga fecha, la procesada estaba obligada a hacer algo, mas omitió  realizarlo,  por  lo  que  su  actitud  omisiva  deviene  en  reprochable.  Tras  ejemplificar  situaciones  que  la propia doctrina reseña en eventos como el de  la  especie,  sostiene el censor que el Tribunal por la errónea apreciación de  la  prueba en que incurrió, violó indirectamente la ley sustancial al dejar de  aplicar  “la  posición de garante en sus estrictos  límites  y  de  manera  razonada  ya  que  los  resultados  eran  objetivamente  previsibles  y  evitables  y  que  el  agente  estaba  en  posibilidad  de haber  previsto.”                    

         Muy  a  pesar  de  afirmar  que  la  responsabilidad  en los hechos  recaía  en  la procesada, el juzgador finalmente se equivocó en la valoración  conjunta  y  mancomunada  de  las  pruebas  e  incursionó  en un error de hecho  derivado   de   un   falso   juicio  de  identidad,  en  cuanto  “supuso  un  medio de convicción que no obra en el diligenciamiento  y  excluyó  los  que  tenían  la  capacidad  de  probar  la culpabilidad de la  garante,  y  por  ende  el  fallo fue absolutorio para con la acusada, cuando ha  debido         confirmar        el        fallo        condenatorio.”   

         Discrepa  el  censor  del  razonamiento  del Tribunal y cataloga de  antagónica  su  argumentación,  cuando  esa  Colegiatura  advierte  que por la  “amistad” surgida entre  la  menor y su padre con los animales en cuestión, era menester entender que el  deber  de  cuidado  de  la  garante era menos exigente, con lo cual trasladó la  responsabilidad  de lo ocurrido al progenitor de la víctima, sin reparar en que  los  perros,  tal  como  lo  sostienen  guías  y adiestradores caninos, actúan  instintivamente  y  atacan  a  cualquier tipo de especie, inclusive a su propios  amos,  al  punto  que  Calderón  Cortés  tuvo  que  segar la vida de uno de esos canes frente a su dueña,  ante  el  ataque  del  que  fue  víctima  por  parte  del fiero animal. Una tal  negligencia  solo  le  es  imputable a su propietaria, que no precavió el daño  que  aquél  podía causar. Incurre pues el juzgador en error cuando en su fallo  alude  al  principio de confianza, que bien decantado tiene la jurisprudencia de  la Corte en su Sala Penal, uno de cuyos pronunciamientos cita.   

         Tras   referirse   a  las  “múltiples  discusiones”  que  en  el ámbito de las relaciones  sociales   ha   suscitado  la  convivencia  de  los  humanos  con  los  animales  domésticos,  concluye  que  la  persona bajo cuya dependencia se encuentran los  mismos  debe  responder  por  los  daños  que  ellos causen, como garante de la  fuente  de  riesgo  creada,  en  este  caso  la  procesada,  tal  como  se halla  instituido  en  el  Art.  25  del  C.  P.,  como quiera que a su cargo estaba la  protección del bien jurídico que el ordenamiento tutela.   

         Contrarió  pues  el  Tribunal  la evidencia que emana de la prueba  erróneamente   valorada,  en  cuanto  atribuye  lo  acontecido  a  un  acto  de  irresponsabilidad   del   padre   de   la   menor  víctima,  omitiendo  imputar  jurídicamente  el resultado a la creadora de la fuente de riesgo, esto es, a la  dueña  de  los  perros  de  cuya  ferocidad abundante información existe en la  actuación.   

         Así,  entonces,  dejó de aplicar la citada Corporación los Arts.  29  de  la  Carta  Política,  6°, 13, 23, 25, 103 y 109 del C. Penal, 25, 232,  233,  266,  280, y 284 a 287 del C. de P. Penal, por lo cual solicita se case la  sentencia  impugnada  y  en  su  lugar  se confirme la de carácter condenatorio  proferida                    por                   el                   juzgador  primario.                          

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Aunque  el demandante no dice expresamente que acude a la casación  por  la vía discrecional, de los argumentos esbozados se infiere claramente que  a  ese  propósito  se dirige la demanda, toda vez que los cargos presentados se  centran  en  fundamentar  la necesidad de que la Corte  intervenga  en  un  asunto  en  el  que  no  hay  lugar  a  la  casación común  -se procede por un delito cuya pena máxima no excede  de  8  años  de  prisión  (Art.  109 de la ley 599 de  2000),  por  lo  que es esa la única vía posible para acceder a esta instancia  extraordinaria-.     

Ahora  bien,  de  acuerdo  con  la  actual  legislación  procesal,  la  demanda  de  casación discrecional debe reunir los  requisitos  establecidos por el artículo 212 de la ley 600 de 2000, y, además,  ha  de  expresar  la  necesidad  de  su  admisión  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos constitucionales que hubieren  sido  transgredidos  en  el  trámite ordinario del proceso, únicos motivos por  los  cuales  puede  ser  admitida,  correspondiéndole  decidir  a  la Corte, en  ejercicio  de  la  discrecionalidad  que  la  ley  le  otorga,  si  la  admite o  rechaza.    

         

En   el   presente   evento,  los  motivos  esgrimidos  por  el actor a  efecto  de que se examine el  caso  como  quiera  que  estima que el Tribunal se equivocó en la solución del  mismo, se avienen a lo que la Sala tiene decantado en  relación  con  la  materia.  Ciertamente, como  en  este  evento  se  trata  de  un  delito  de  comisión por  omisión,  considera  el  censor que respecto de dicha temática aún se precisa  de  desarrollo jurisprudencial, específicamente en lo relativo a la manera como  debe  responder quien a su cargo tiene animales domesticados, por los daños que  éstos causen.   

         En  consecuencia,  tenidos  por  satisfechos  los  presupuestos que  tornan  viable  la  casación  discrecional, la Corte dispondrá que se surta el  traslado    al   Procurador   Delegado   para   que   emita   el   concepto   de  rigor.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     Sala     de     Casación     Penal,   

         

R E S U E L V E  

        1º.         ADMITIR  la demanda de casación que  por la vía discrecional, presenta  el   apoderado  de  la  Parte  Civil  dentro  de  la  actuación   surtida   contra   MARÍA  RUTH  CEDIEL  MOLANO,  conforme  a  las  motivaciones  consignadas  en  el  cuerpo  de  esta  providencia.   

        2º.   Correr   traslado  al  Procurador  Delegado por el término de veinte (20) días para  que  emita  el  concepto  de  que  trata  el  artículo  213  de  la  Ley 600 de  2000.   

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Cita medica  

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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