26368(22-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26368  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PÉNAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO      ACTA      No.43   

Bogotá. D.C., veintidós (22) de marzo de dos  mil siete (2007)   

ASUNTO  

Examina la Sala las bases jurídicas, lógicas  y  argumentativas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de los  ciudadanos  condenados  NICOLÁS  ELÍAS  LIBOS SAAD y  ELÍAS  LIBOS  ZIADE  contra la sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de San Gil el cuatro (4) de noviembre de dos mil cinco  (2005).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  25  de  abril  de  2000,  el  señor  Julio       César       Pulido      consignó,  con fines de venta, su vehículo Mercedes Benz C-280, de  placas   BGH   829,  al  establecimiento  de  comercio  “Nicolás  Libos  Saad  Automotores”. Se pactó un precio base de $55.000.000.   

2. El vehículo fue comprado por Mario  Francisco  Pérez, quien canceló el  precio  total  con  una camioneta Cherokee, recibida por 30 millones de pesos, y  el   saldo   en   cuatro   cheques    que   hizo   efectivos   Elías Libos Saad.   

3. Pese a que el vehículo se vendió, no fue  pagado  al  consignatario,  el  señor Pulido Ramírez,  quien denunció el hecho a la fiscalía.   

4.  La  fiscalía seccional 173, de la Unidad  8ª  de  Patrimonio y Fe pública de Bogotá, vinculó mediante indagatoria, por  el  delito  de  estafa, a los señores Nicolás Libos y  Elías  Libos,  contra quienes, en resolución de 19 de  noviembre de 2001, impuso medida de aseguramiento de caución.   

5.  El  22  de abril de 2002, se calificó la  instrucción  con  resolución  de  acusación  por  el  delito  de estafa1   y,  atendiendo  razones  de  favorabilidad,   se   revocó   en   la   misma  decisión  la   medida  de  aseguramiento.   

6.  El  juicio  se  adelantó ante el Juez 48  Penal  del  Circuito  de  Bogotá. Mediante sentencia de 21 de enero de 2004, se  declaró  penalmente  responsables  a los procesados y se les condenó a la pena  principal  de veinticuatro (24) meses de prisión y multa de cincuenta mil pesos  ($50.000),      como      autores      del      delito      de      estafa.  El  juzgado  se  sustentó en el  artículo   356  del  Código  Penal  de  1980  que,  dijo,  era  aplicable  por  favorabilidad,  y  se abstuvo de agravar el hecho con el propósito de conservar  la   congruencia   pues   el   incremento   no   había   sido  deducido  en  la  acusación.   

7.  Recurrida  por la defensa la sentencia de  primer  grado,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de San Gil –que    conoció   por   razones   de  descongestión-  la  confirmó, pero modificó la calificación jurídica por la  de   abuso  de  confianza.  Redujo  la  pena  de  prisión  a dieciocho (18) meses y mantuvo incólume la de  multa.   

Para  sustentar  el  cambio,  se  basó  en  jurisprudencia   de   la   Corte   Suprema   de   Justicia  en  el  sentido  que  cualitativamente  se  podía  disminuir la imputación, mantuvo el núcleo de la  acusación  y  aplicó  el artículo 249 del Código Penal de 2000, por ser más  benigno    que    el   anterior   en   materia   de   pena   privativa   de   la  libertad.   

8.  Oportunamente,  la  defensa  interpuso  y  sustentó  el  recurso de casación contra la decisión del Tribunal Superior de  San Gil.   

LA DEMANDA Y SUS CONSIDERACIONES  

La Sala inadmitirá la demanda porque su autor  se  aparta  ostensiblemente de los condicionamientos de procedencia, se aleja de  las  finalidades del recurso -artículos 205 y 206 de la ley 600 de 2002-, yerra  en   la   construcción  argumentativa  de  los  cargos  formulados,  y  porque,  claramente, carece de interés para acudir en casación.   

Obsérvese.  

1.    El    delito    de    abuso   de   confianza,  definido  en  el  artículo    249   de   la   ley   599   de   20002   

, está sancionado con pena de prisión de uno  (1)  a  cuatro (4) años. La punibilidad del delito por el que fueron condenados  los   señores   Elías  y  Nicolás  Libos, entonces, no  se  ajusta  a  los  condicionamientos  que  sobre  este particular desarrolla el  artículo  205  ejusdem  en  materia    de    casación    ordinaria,    como   tampoco   era   posible   de   cara   a   la   normativa  pretérita.   

2.  El  recurrente  no  edifica,  ni siquiera  enuncia,  explicación  y  justificación  alguna  sobre  la necesidad de que la  Corte  intervenga para fijar el alcance interpretativo de alguna disposición; o  para  unificar  posiciones disímiles; o para que se pronuncie sobre un punto en  concreto  que jurisprudencialmente no ha sido desarrollado; o para actualizar la  doctrina  al  tenor  de las nuevas realidades fácticas y jurídicas; o para que  analice  la  incidencia  favorable de la pretensión doctrinaria frente al caso;  o,  por  último, para que ayude a la actividad judicial, trazando derroteros de  interpretación con criterio de autoridad.   

Tampoco señala ni demuestra que dentro de la  actuación  se hubieran afectado derechos o garantías fundamentales respecto de  las cuales sea necesario que la Sala se pronuncie.   

Desde este ángulo, así, no es posible pensar  en    la    casación   discrecional,   que   no  fue  anunciada  –como  correspondía-  por la defensa, a pesar de que la sentencia de  segunda   instancia   expresamente   comunicó  que  contra  ella  procedía  el  “recurso de casación excepcional”.   

3.  Se  devela  con  evidencia  la  falta  de  interés  del casacionista,  por  cuanto  el trabajo que ha hecho riñe con la misión que representa agravar  la situación de sus prohijados.   

Fíjese la atención.  

La   sentencia   de   segunda   instancia,  que   el   libelista  somete  a  reparos  porque  es  inconsonante    con    los    cargos    formulados    en   la   resolución   de  acusación,     atenuó  la  entidad delictiva que afrontaron sus defendidos en  el  juicio  y  en  la  sentencia  de  primer  grado.  El  Tribunal  arribó a la  conclusión  de  que los hechos se adecuaban al delito de abuso de confianza, de  menor  reproche  punitivo  que  el  delito  de   estafa, motivo por el cual  modificó  la pena de prisión -de veinticuatro a dieciocho meses- sin que fuera  afectado  el  mecanismo sustitutivo de la suspensión condicional de la pena que  se le había otorgado en primera instancia.   

Si el anhelo y la misión de quien acude a los  recursos   debe   ser   la   de   mejorar  la situación del procesado, no se entiende cómo se quiera buscar  una  sentencia  que,  sin  duda, frente al fallo de segundo grado, perjudicaría  esa situación.   

Si    fuera    necesario,    se   podría  agregar.   

4.  El  examen  que  se  hace  a  los  cargos  formulados  no  supera  las  mínimas  bases  lógicas  y  argumentativas que se  reclaman  cuando  se  emprende  y  culmina  la  elaboración  de  la  demanda de  casación.   

Mírese.  

4.1. Por vía de la causal tercera, el censor  construye  el  primer  cargo  con  base  en  que   “la  sentencia  fue  dictada  en  juicio  viciado de  nulidad”.   

Aduce  como  fundamento  que  la  fiscalía  seccional  que  dictó  la  resolución  de  acusación carecía de competencia,  porque   “al   no  existir  delito  se  debía  definir  el  conflicto  en  la  jurisdicción        civil”,    y   entonces   concluye   que  la  falta  de  competencia  en  la  investigación   y   juzgamiento   condujo   a   que   se   diera   un  trámite  equivocado.   Replica  que  “No  era  el  Juez  Penal  de  Circuito, ante la decisión de la justicia  civil”.    

Así  el  asunto,  no  es  viable realizar un  diálogo  jurídico,  ni  de  validación  ni  de  refutación,  con  lo  que el  recurrente  ha  titulado  fundamento  de su cargo primero, pues funde en un solo  amasijo   los  conceptos  de  competencia  y jurisdicción  y por ese camino lejos está de ser inteligible.   

En  otra  ocasión,  sobre este tema, la Sala  indicó lo siguiente:   

Si  bien la causal de nulidad como motivo de  casación  aparentemente no exige en su redacción formas específicas en cuanto  su  proposición y desarrollo, la demanda no puede confundirse con un alegato de  libre  confección,  pues,  igual  que  en  las otras causales, debe ajustarse a  ciertos   parámetros  lógicos  de  modo  que  se  comprendan  con  claridad  o  precisión  los motivos de la nulidad, las irregularidades sustanciales alegadas  y  la  manera  como  se  quebranta  la  estructura  del proceso o se afectan las  garantías de los sujetos procesales.   

En punto de esta causal, corresponde también  al  recurrente demostrar que la irregularidad cometida durante el desarrollo del  proceso  e  inadvertida en el fallo incide de tal manera, que para remediarla no  queda  ninguna  alternativa  distinta  a  invalidar  las diligencias3.   

4.2.  Al amparo de la causal segunda, formula  el  segundo  cargo  y  afirma  que  la sentencia no está en consonancia con los  cargos formulados en la resolución de acusación,   

con lo que fue violado el artículo 29 de la  Constitución  Nacional,  pues  no  se tuvo en cuenta las formas propias de cada  juicio  que  determinan que dentro del proceso penal debe existir la consonancia  entre la Resolución de Acusación y la sentencia.   

El  reproche  de la Sala sobre la ausencia de  argumentación  del  primer cargo se extiende al  segundo, con un bemol: el  libelista deja de lado la verdad procesal.   

Nótese     con     una    simple   observación   objetiva  de  las  diligencias.    

4.2.1. Se trata de un cargo que se excluye con  el    primero    y    que    no    fue    formulado   de   manera   subsidiaria.   

4.2.2.  No  es  cierto  que la resolución de  acusación  se  refiera  al  artículo  26  del  decreto  100 de 1.980, sobre el  concurso  de  hechos  punibles. Tampoco hay mención a otras instituciones, como  la  del  delito masa, que son incorporadas en la demanda pero que no aparecen en  ningún aparte de las decisiones.   

   

4.2.3. No se comprende por qué el recurrente  echa  de  menos  que  en  la sentencia de segundo grado no se haga alusión a un  concurso  de  hechos  punibles, siendo que, si así fuera, resultaría aún más  agravada la posición jurídica de sus defendidos.   

Lo  expuesto  es  suficiente para reiterar lo  anunciado  al  comienzo de las consideraciones de este auto: la demanda no puede  ser aceptada.   

Finalmente,  dígase  que  como  la  Sala  no  percibe  motivos  graves  de  nulidad  ni  violaciones  flagrantes  de  derechos  fundamentales, no puede proceder de oficio.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada por el defensor de los ciudadanos NICOLÁS  ELÍAS  LIBOS  SAAD  Y  ELIAS  LIBOS  ZIADE,  contra  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior de San Gil el  4 de noviembre de 2005.   

DEVOLVER   la  actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                              JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO E. SOCHA SALAMANCA   

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                         JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Se  aplicó el artículo 356 del Código Penal de 1980.   

2 Con  base   en   el   cual,   exclusivamente,   se   dictó   el   fallo  de  segunda  instancia.   

3  Decisión del 13 de julio de 2006, radicación 22904.     

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