26354(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26354  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta N° 139   

          Bogotá, D.C., treinta de noviembre de dos mil seis.   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  Art. 212 del C. de P. Penal, examina la  Corte  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de GERMÁN  LADINO  CASTRO contra la sentencia  de  segundo  grado proferida el 10 de noviembre de 2005 por el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de Cundinamarca, confirmatoria de la que dictó el 2 de  mayo  del  mismo año el Juzgado Penal del Circuito de Cáqueza, por medio de la  cual  condenó,  entre  otros, al citado procesado a las penas principales de 51  meses  de  prisión  y  multa  equivalente  a 23 s.m.l.m.v., y a la accesoria de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por similar  lapso  al de la restrictiva de la libertad, como autor responsable del delito de  interés ilícito en la celebración de contratos.   

ANTECEDENTES FÁCTICO-PROCESALES  

Para el 7 de junio de 1996, la Secretaría de  Agricultura  y  Desarrollo Económico del Departamento de Cundinamarca, dirigida  por   el   Jefe   de   División   Pecuaria   de   esa   entidad,   GERMÁN   LADINO   CASTRO,  programó  una  subasta  pública sobre unos semovientes en la Granja que dicha entidad posee en  el municipio de Cáqueza.   

Al  Remate  en  cuestión  se  hizo presente  Fanny Deyanira Amaya Méndez,  quien  aduciendo su condición de Directora de la Unidad Municipal de Asistencia  Técnico-Agropecuaria          –UMATA–  del  municipio   de   Gutiérrez,    comunicó   al   organizador   LADINO  CASTRO  su pretensión de adquirir  el  toro  de  raza  normanda  llamado “Farol”, con la finalidad de buscar el  mejoramiento  genético  de  los  bovinos pertenecientes a la Institución, para  efecto   de   lo  cual  el  alcalde  de  esta  última  localidad,  Javier  Ricardo  Castro Ladino, ofreció la  suma  de  $800.000.oo  -postura  base del remate- para su adjudicación directa,  como  en  efecto  ocurrió, pues la venta en pública subasta del mentado astado  se  suspendió  ante  el  requerimiento hecho por la representante de la entidad  oficial,  procedimiento que la propia ley prevé y autoriza en un evento como el  de la especie.   

De  una  tal  manera,  el  burgomaestre  de  Gutiérrez  con la coadyuvancia de su dependiente, aprovechando su investidura y  el  parentesco  habido  con  quien  a su cargo tenía el evento en cuestión, se  hizo  al  citado semoviente, puesto que la peculiar forma como  procuró la  obtención  del cornúpeta no fue más que el ardid empleado para adueñarse del  mismo,  el cual dejó pastando en una finca de propiedad de su progenitor, José  Alejandro  Castro  Ladino, ubicada en el sector de La Báscula, vereda La Reina,  comprensión municipal de Gutiérrez.   

Por esos hechos se decretó por la Fiscalía  formal  apertura  de  instrucción  y vinculó a la misma mediante indagatoria a  los  protagonistas de aquella sui géneris adjudicación,  y  al  definírseles  su situación jurídica se les  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  beneficio de  excarcelación,  como  presuntos  autores  del delito de interés ilícito en la  celebración de contratos.   

El  14  de  noviembre  de  2002 se impartió  calificación  sumarial  con  preclusión  de  la  investigación para todos los  involucrados  en  el  episodio  delictual  en  cuestión, resolución que al ser  impugnada  en apelación por el agente del Ministerio Público, fue revocada por  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cundinamarca por la suya del  22  de  julio de 2003 y, en su lugar, acusó a los antes nombrados, al primero y  a  la  tercera  como  coautores  de  la  ilicitud en mención, y al segundo como  determinador de la misma.   

Por  dicho  cargo  y  en  las  condiciones  establecidas  en  la  resolución  acusatoria  fueron  juzgados lo implicados en  cita,  lo  que  los hizo acreedores a la condena de la que se hizo mérito en el  acápite  inicial  de  esta  providencia,  fallo  de  primer grado que solamente  apeló   el   defensor   de   Javier  Ricardo  Castro  Ladino.   

Con  posterioridad  a  la  interposición  y  sustentación   del   recurso   de   alzada,   el   defensor   de   GERMÁN  LADINO  CASTRO  presentó escrito  ante   el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  reclamando  la  nulidad  de  la  actuación  a  partir  del  día  siguiente de la expedición de la sentencia de  primera  instancia,  habida  cuenta  de  la irregular notificación de la misma,  pues,  a  su  juicio,  debió  citárseles  -a  él  o  a su defendido- para que  acudieran  al  despacho  a  enterarse  de  manera personal de la correspondiente  decisión  de  fondo, pero como ello se omitió, transcurrieron los términos de  ley  sin  que  se  percataran de que ya se había producido el fallo, situación  que no les permitió impugnarlo oportunamente.   

No  empece  a  que  en  el  fallo de segunda  instancia  se  hizo hincapié en la posición de no recurrente del memorialista,  sin  embargo se le dio respuesta a su pretensión, negándosela, como quiera que  conforme  a  jurisprudencia  vigente  de  la  Sala  de  Casación  Penal de esta  Corporación,  a  la  citación  que el letrado dice echar de menos no hay lugar  cuando  la  decisión  cuyo  proferimiento  se  espera es emitido en el término  legal.  En  este caso, en acatamiento a lo dispuesto en el inciso final del Art.  410  del  C.  de  P. Penal, la sentencia de primer grado se dictó dentro de los  quince  (15)  días siguientes a la culminación de la vista pública, concluyó  el Ad-Quem.   

Prevalido  de que en la sentencia de segundo  grado   -la   cual   fue  confirmatoria  de  la  que  expidió  el  A  Quo, como con antelación igualmente se  dejó  dicho-  el  Tribunal dio respuesta a su solicitud de nulidad, el defensor  de  LADINO CASTRO recurrió en  casación  el  pronunciamiento  de  esa  Colegiatura  para  invocar  con similar  argumentación  expuesta  en aquella ocasión, la invalidación del trámite por  haberse  proferido  el fallo en cuestión en juicio viciado de nulidad, amén de  la   errónea  apreciación  probatoria  en  que  el  juzgador  incurrió,  como  seguidamente pasa a verse.   

De otra parte, los coprocesados Javier    Ricardo    Castro    Ladino   y  Fanny  Deyanira Amaya Méndez  impugnaron  mediante  el  extraordinario  recurso  el fallo de segundo grado, el  cual  les  fue  declarado desierto por autos del 22 de agosto y 11 de septiembre  del  año en curso, en su orden, como quiera que omitieron sustentarlo a través  de                               la                              correspondiente  demanda.             

LA DEMANDA  

Dos  cargos  presenta  el  censor  contra la  sentencia  recurrida; el primero, al amparo de la causal tercera por estimar que  el  fallo  se  dictó  en juicio viciado de nulidad, y el segundo por errores de  apreciación   probatoria   al   auspicio   de   la   causal   primera,   cuerpo  segundo.   

Primer        cargo.   

Violación  del  derecho  de  defensa  del  procesado  en  cuanto se le afectó el término para recurrir el fallo de primer  grado  por  su  indebida notificación, es el sustento de este reproche. Por tal  razón,  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca no podía proferir la sentencia  hoy objeto de la impugnación extraordinaria.   

En  el desarrollo de la censura sostiene que  el  juzgador  de  la primera instancia “se abstuvo de  convocar  a  los  sujetos  procesales  para  la  notificación  personal  de  la  sentencia.”  Explica  que el juicio no contó con la  celeridad  debida  por factores ajenos a su voluntad -la del defensor-, al punto  que  la  vista  pública  hubo  de  ser  aplazada  por  varias oportunidades. Ya  fatigados,  y  cuando  al  fin pudo llevarse a cabo la audiencia de juzgamiento,  sorpresivamente  se  profirió  sentencia sin que tuviera oportunidad interponer  contra  la misma el recurso de apelación porque no se le avisó de que tal acto  se  había  producido, no empece dejar anunciado que recibiría citaciones en su  sede de Bogotá.   

Mal se le puede imputar negligencia a él o a  su  defendido  en  la  falta de notificación personal del fallo cuando, tras la  “intermitente” actuación  judicial,  al  catorceavo día de culminada la vista pública se dicta el fallo,  reitera,  y  no  libra  comunicaciones  para  procurar  la  comparecencia de los  sujetos procesales al estrado judicial.   

Discrepa  de la tesis del Tribunal en cuanto  dicha  Corporación  sostiene  que,  a voces del Art. 180 del C. de P. Penal, la  citación  para  la  notificación  personal  de  las decisiones opera para otra  clase  de  providencias y no para las sentencias, interpretación exegética que  la  Colegiatura  hace  con apoyo en pronunciamiento de la Corte. Un tal criterio  dice  no compartirlo, porque en salvaguarda del derecho material de defensa cada  caso  tiene su ítem que permite flexibilizar esa posición, como en este evento  lo fue la dilación en el trámite procesal.   

Tras    un    examen    “armónico” de las preceptivas contenidas  en  los  Arts. 180. 178 y 179 del estatuto procesal penal, dice el actor colegir  “sin  hesitación, que tanto para las resoluciones o  autos  interlocutorios, como para las sentencias, es deber del operador judicial  citar  a  los  sujetos  procesales  para  efectos  de  su notificación personal  (…)”  De  esta  manera  se garantiza el respeto al  debido  proceso  del  cual  hace  parte  el derecho de defensa, pues interpretar  aquellas  normas en forma diferente a la por él propuesta, es dejar en el limbo  previsiones   legales   que   carecen  de  claridad  a  costa  de  los  derechos  fundamentales  del  procesado  que, como en este caso, queda indefenso por falta  de una comunicación oportuna en la toma de decisiones.   

Que  se  decrete  la  invalidación  de  la  actuación  a  partir de la notificación de la sentencia de primer grado, es la  pretensión         del        censor.          

Segundo       cargo.   

Violación indirecta de la ley sustancial por  haber  incurrido  el juzgador en ostensibles errores de hecho por falsos juicios  de   existencia,  por  ignorar  testimonios  que  obran  legal  y  oportunamente  acopiados a la actuación, es el fundamento de esta censura.   

En  la  demostración  del  cargo,  aduce el  demandante  que  tanto  en los fallos de primero y segundo grados no se tuvieron  en  cuenta  los  testimonios  de  quienes determinan la legalidad de la venta de  semovientes  con ocasión del remate del que da cuenta la investigación, medios  que  reseña  de  la  siguiente  manera: Alfonso Torres  González,  jefe de Distrito Agropecuario de Cáqueza;  Manuel  Gerardo  Mora  Rey,  médico   veterinario  y  coordinador  del  remate  en  cuestión;  Eleonora  Amaya  Martínez, Delegada de la  Secretaría  de Agricultura de la Gobernación de Cundinamarca; y la ampliación  del  testimonio  del  denunciante, José Domingo Ladino  Moreno.   

Un  examen  ponderado  de la referida prueba  testimonial,  conduce a determinar sin duda alguna que el procesado LADINO      CASTRO     “no     tuvo     ingerencia     directa    o    indirecta    en    la  adjudicación”  del  semoviente objeto del remate en  cuestión,  como  que  en  el  trámite observado en el mismo se obedecieron las  directrices  trazadas  por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Económico  de  la  Gobernación  de  Cundinamarca.  Son  aquellos  testimonios -advierte el  censor-   los   que   “develan  que  el  torete  fue  solicitado  de  manera  directa  por  la  directora  de  UMATA  del municipio de  Gutiérrez,  pues  de  manera pública hizo la oferta a nombre de la entidad que  representara  y  a  quien  de  forma  conjunta, los encargados del remate, se lo  adjudicaron  en cumplimiento a la preferencia que directivamente había impuesto  la              Secretaría              de             Agricultura.”         

De  haberse  valorado en conjunto, de manera  coherente,  secuencial y lógica las pruebas omitidas, la sentencia hubiese sido  sustancialmente  diferente  a  la  adoptada,  pues  los  juzgadores  se habrían  percatado      que      la      venta     del     semoviente     “Farol”   se   realizó  dentro  de  los  parámetros legales pertinentes.   

Con fundamento en los argumentos precedentes,  el actor solicita se case la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Por regla general -tiene dicho la Sala- quien  no   ha  recurrido  en  apelación  la  sentencia  de  primer  grado  carece  de  legitimación  para  impugnar  por vía extraordinaria, excepto si su situación  procesal  es  desmejorada  con la decisión de segunda instancia en virtud de la  impugnación  de  otro  de  los  sujetos  que  intervienen  en  el proceso, o se  reclaman  nulidades  o el amparo o restablecimiento de garantías fundamentales,  o   arbitrariamente   se   ha   obstaculizado   el   ejercicio  del  derecho  de  impugnación.1   

El   interés  para  recurrir  -igualmente  advirtió  la  Corte  en  Sentencia de casación del 21 de febrero de 2002, Rad.  14.872-  estará  ausente  en aquellos casos en los cuales la demanda de nulidad  es  simplemente  una  excusa para la discusión de determinaciones de la primera  instancia  frente  a  las  cuales  se  guardó  silencio  y  que  en realidad no  corresponden  a  hipótesis  de violación de garantías fundamentales que deban  remediarse a través del mecanismo extremo de la nulidad procesal.   

Ahora   bien,   como  de  acuerdo  con  lo  establecido  en  el  artículo  206 del C. de P. Penal la función que la ley le  asigna  al  recurso  de  casación  tiene  que  ver,  entre  otros aspectos, con  “la  reparación  de  los  agravios  inferidos a las  partes  en  la  sentencia  recurrida”, tal preceptiva  proporciona el interés para impugnar.    

En el asunto a examen de la Sala, ese agravio  al  procesado  –que, por lo  demás,   debe   mostrarse   evidente   con   su  mera  enunciación–,   por  parte  alguna  se  encuentra  acreditado  en la foliatura, pues, como bien lo precisó el Tribunal en su fallo  al  dar respuesta al escrito que introdujo el no recurrente en el trámite de la  segunda  instancia,  conforme  con  la  tesis de la Corte de acuerdo con la cual  “si  la  resolución, auto o sentencia, es proferida  dentro  del  marco  temporal  legal,  no  es  menester  oficiar  a  los  sujetos  procesales,  salvo  cuando  la  misma  normatividad  compele  a ello”2,  en  el  presente caso no había lugar a librar comunicación para  citar  a  las  partes  a  que  concurrieran  al  Juzgado de conocimiento para la  notificación  personal  de la sentencia, porque, como se dejó reseñado en los  antecedentes  procesales  de  este proveído, el fallo en cuestión se profirió  dentro  de  los  15 días siguientes a la culminación de la vista pública, tal  como lo establece el Art. 410 del C. de P. Penal.   

Así las cosas, como incontrovertible resulta  que    al   sentenciado   LADINO   CASTRO         no        se        le        privó        “arbitrariamente”   del   ejercicio  del  recurso  de  instancia,  ni  con  el  fallo  de  segundo  grado  se modificó su  situación  de manera negativa, desventajosa o más gravosa, ni tampoco se trata  de  fallo  consultable  que  le  cause  perjuicio,  y menos resulta legítimo el  procedimiento  en  el cual sustenta su reclamo de invalidación de la actuación  para  el  amparo  y  restablecimiento del debido proceso y el derecho de defensa  cuya  violación  pretexta,  es menester concluir que al impugnante no le asiste  interés  para  acudir  en casación en virtud de este asunto.      

Tampoco  resulta viable controvertir en sede  de  casación  la  sentencia de segundo grado a esta hora de ahora por supuestos  errores  de  apreciación probatoria, porque, como igualmente lo ha decantado la  jurisprudencia de la Sala:   

“El  interés  jurídico  para  recurrir  tiene  relación  directa con las pretensiones que el  sujeto  procesal  que  se  dice  afectado  haya  formulado  ante  los  jueces de  instancia.  Si  lo  que  se  pretende  en  sede de casación no fue planteado al  funcionario  de primer nivel, como tampoco al de segunda instancia a través del  recurso  de  apelación,  para,  luego de dejar vencer esas oportunidades que la  ley  concede, acudir a esta vía extraordinaria, deviene en ilegítima su causa,  porque  mal  puede pretenderse perjudicado por algo que si no se decidió por el  tribunal,  obedeció  única y exclusivamente a que no se le solicitó a través  de    la    oportuna    alzada   (…)”3   

   

2.  No  podría la  Sala,  sin  desbordar  los  marcos propios de su limitada competencia funcional,  arrogarse  la  facultad  de  estudiar  la  actuación  procesal  de  quienes  no  interpusieron   el   recurso,   o  habiéndolo  interpuesto  les  fue  declarado  improcedente  o  desierto  por  cualquier  motivo,  pues  su  condición  de  no  recurrentes  los  hace,  en principio, impermeables a cualquier modificación de  su  situación  jurídica  en sede extraordinaria, salvo en aquellos eventos, se  reitera,  donde  adviene como consecuencia necesaria de la decisión que se tome  en  la  sentencia en relación con el procesado recurrente, bien sea de oficio o  por  virtud  de la demanda, en cuyo caso, por disposición legal, la competencia  de  la  Corte  se  amplía  para hacer extensivos los efectos del fallo a los no  impugnantes,  siempre,  claro  está,  que  la decisión no signifique desmejora  para  su  situación procesal o que se trate de una causal de nulidad que afecte  la legalidad de todo el proceso.   

            

Esta  es  la situación que cabe predicar en  relación  con  el  escrito  presentado dentro del término de traslado a los no  impugnantes,  por  otro  de  los  sentenciados con ocasión del presente asunto,  Javier  Ricardo Castro Ladino  -a   quien  por  auto  de  22  de agosto de 2006 se le declaró desierto el  recurso  extraordinario  de  casación  que interpuso por no haber presentado la  demanda  pertinente,  como  se  dejó  indicado-, manuscrito que no contiene una  respuesta  de  oposición  o  adhesión  a  los  argumentos  de la demanda, como  corresponde a su naturaleza.   

Así,   es   menester   advertir   que  el  memorialista  carece  de interés frente a los contenidos precisos del libelo de  sustentación  del  recurso,  que marcan el ámbito de conocimiento para quienes  intervienen  en  esa  condición,  tal  como  lo  señaló la Sala en pretérita  oportunidad:   

“El  traslado a  los  no  recurrentes  en  casación para alegar, que prevé el artículo 211 del  actual  estatuto  procesal  penal (224 del anterior); constituye una oportunidad  que  la  ley  establece  a favor de los sujetos que no impugnaron el fallo, para  que  se  pronuncien  sobre las pretensiones de la demanda. El contenido de ésta  (de  la  demanda),  se  erige,  por  tanto,  en  el  fundamento  y límite de la  alegación  apreciatoria. Esto significa que solo en relación con ellas resulta  posible  a  los  sujetos procesales no recurrentes formular alegaciones, ya para  rebatirlas,  ora  para  avalarlas,  y  que cualquier discurso por fuera de estos  concretos     marcos,    deviene    impertinente.”  4   

No obstante lo anterior, y como quiera que el  pedimento  del  libelista hace relación a un aspecto sustancial de la relación  jurídico   procesal  -prescripción  de  la  acción  penal-,  la  Sala  estima  necesario  aclararle  que  no le asiste la razón, porque si a voces del Art. 86  del  C.  Penal  la  prescripción  de  la  acción  penal  se  interrumpe con la  resolución  acusatoria  debidamente  ejecutoriada  y, producida ésta, para que  opere    dicho    fenómeno   se   requiere   de   un   tiempo   “igual   a   la   mitad  del  señalado  en  el  Art.  83”,    significa   ello   que   dicho   lapso   aún   no   se   ha  cumplido.   

En efecto, partiendo de la premisa de que la  resolución  acusatoria  quedó  ejecutoriada  con  la expedición del pliego de  cargos  por  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cundinamarca de fecha 22  de  julio de 2003, y si igualmente se tiene que la mitad del término máximo de  la  pena  establecida  para el delito de interés ilícito en la celebración de  contratos  es  de  6  años, término este que debe incrementarse en una tercera  parte,  esto  es,  en  2  años, por virtud de lo dispuesto en el inciso 5° del  Art.  83  del  estatuto  represor  dada  la  calidad  de  servidor  público  de  Castro  Ladino para la época  de  la  comisión  de  la  conducta  delictiva  que  se  le endilga, el término  prescriptivo   estipulado   en   el   inciso   2°   del  Art.  86  ibidem  se  cumpliría  el  22 de julio de  2011.   

Se   negará   pues,  la  pretensión  del  libelista.              

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación,  no  se  observó  la  presencia  de  ninguna  de las hipótesis que  permitirían  a  la  Corte  obrar  de  oficio de conformidad con el Art. 216 del  C.P.P.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada en nombre de GERMÁN  LADINO  CASTRO, conforme con las motivaciones plasmadas  en el cuerpo del presente proveído.   

NEGAR    a  JAVIER    RICARDO    CASTRO    LADINO   la  prescripción de la acción penal, de acuerdo con lo expuesto en  las consideraciones de esta providencia.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase a la oficina de origen   

Cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                             ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                    MARINA PULIDO DE BARÓN          

Permiso  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ                                      

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria     

1 C. S.  de  J.,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  de  16  de  julio de 2001, Rad.  15.488.   

2 C. S.  de  J.,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  de  31  de  marzo de 2004, Rad.  20.594.   

3 C. S,  de   J.,   Sala  de  Casación  Penal,  Auto  de  13  de  junio  de  2002,  Rad.  16.662.   

4 C. S.  de  J.,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  de  casación de 11-09-03, Rad.  20.074.     

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