26350(09-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26350  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No.  

Bogotá, D. C.,  

VISTOS  

Mediante sentencia del 15 de julio del 2004,  el  Juzgado  3°  Penal  del  Circuito  de  Socorro  (Santander)  declaró a los  señores     Rodolfo    Moreno    Silva,  Jaime  Alberto Arenas Reyes   y   Fran   Giovanny  Beltrán  Fuentes  penalmente  responsables  del  concurso  de delitos de  celebración  de  contrato  sin cumplimiento de los requisitos legales, falsedad  material  de  servidor  público  en  documento público y falsedad en documento  privado.  Les  impuso  8  años  de  prisión y de inhabilitación de derechos y  funciones  públicas y 21 salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa;  les  negó la condena condicional y a los dos primeros les concedió la prisión  domiciliaria,    que    no   concedió   a   Beltrán  Fuentes.   

El fallo fue recurrido por los defensores. El  10    de    diciembre    del   2004,   el   Tribunal   Superior   de   Sal   Gil  resolvió:   

1. Revocar la condena impuesta a Arenas  Reyes por los delitos de falsedad,  “en  lo  que  tiene  que ver con el contrato adjudicado a nombre de Hency Soto  Galván”.   

2.  Ratificar  integralmente la sentencia en  relación  con  Moreno Silva y  Beltrán Fuentes.   

3. Confirmar el fallo en cuanto “condena a  Jaime  Alberto  Arenas  Reyes  por  los delitos de celebración de contratos sin  requisitos  legales  y  falsedad en documento privado en lo que se relaciona con  la  propuesta  presentada  a nombre de Yolanda Carvajal, con la modificación de  fijar  la  pena  en seis (6) años de prisión. Por este mismo lapso se extiende  la accesoria”.   

Los señores Moreno  Silva     y     Arenas  Reyes  acudieron a la casación, que fue concedida. La  Sala  se  pronuncia sobre los presupuestos formales de la demanda presentada por  el  apoderado  del  primero.  Sobre  el  segundo,  la impugnación fue declarada  desierta por ausencia de sustentación.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 11 de septiembre de 1998 el Ministerio de  Minas  y  Energía,  en  su condición de Presidente de la Comisión Nacional de  Regalías,  mediante  resolución  81.812  asignó  al  municipio  de  Guadalupe  (Santander)  $70.000.000  para  la  construcción de la planta de tratamiento de  aguas residuales.   

El  Alcalde  de  la  localidad, Rodolfo  Moreno  Silva, expidió el Decreto  Municipal  número  86  del  15  de  octubre  de ese año creó un rubro con esa  finalidad,  al  que  le  asignó  $67.200.000,  hizo  una invitación pública a  presentar  propuestas,  pero, para eludir la licitación obligatoria, fraccionó  la   obra   en   tres   partes   y   por   contratación  directa  la  adjudicó  así:   

Contrato  de suministro número 16 del 10 de  noviembre  de 1998, suscrito con Fran Giovanny Beltrán  Fuentes,  representante  de  la  Constructora Duarte y  Beltrán  Limitada,  para  la  adquisición  de  una  planta  de tratamiento por  $25.000.000.   

Contrato de obra pública número 17, del 15  de  noviembre,  celebrado  con  Jaime  Alberto  Arenas  Reyes,  para el transporte, instalación y cerramiento  de la planta, por valor de $25.000.000.   

Contrato  de obra pública número 18, del20  de  noviembre,  con  el  ingeniero  Hency Soto Galván, para la construcción de  obras civiles para la instalación de la planta, por $17.200.000.   

Los  convenios  fueron  celebrados  sin  que  previamente  se  lograran  conceptos técnico, económico o de conveniencia. Los  certificados  de  disponibilidad presupuestal fueron expedidos con posterioridad  a la firma de los contratos.   

El señor Hency  Soto  Galván  nunca  participó  en  esos  hechos; su nombre e identidad fueron  suplantados  y  en  los  documentos suscritos como suyos, se falsificó su firma  (oferta  de  obra,  el  contrato,  las actas de iniciación, pago, suspensión y  recibo final de la obra, y las cuentas de cobro)   

Adelantada la investigación, el 19 de julio  del  2001  se  acusó a los procesados como coautores de los delitos por los que  finalmente fueron condenados.   

Luego  fueron  proferidas  las sentencias ya  indicadas.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento  Penal, la Sala inadmitirá la demanda, por cuanto no  reúne  los  requisitos  previstos  en  el  artículo  212  del  mismo Estatuto.   

Las razones son las siguientes:  

El   defensor   presentó  cuatro  cargos,  así:   

Primero.  Causal  primera  cuerpo  segundo,  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por  omisión.   

Incurrió     en     las    siguientes  irregularidades:   

No  demostró,  ni siquiera indicó, cuál o  cuáles  fueron los medios probatorios que, habiendo sido llegados legalmente al  proceso, el Tribunal excluyó de su valoración.   

El  desarrollo de la censura se quedó en el  desacuerdo del censor con las deducciones judiciales.   

Se  quejó  de que no se hubieren practicado  algunas  pruebas,  como  un dictamen grafológico y un reconocimiento en fila de  personas.  Estas  irregularidades  infringirían  el  derecho  a  la defensa por  ausencia  de  una investigación integral. Por modo que debieron ser presentadas  por vía de la causal tercera, nulidad, no de la primera.   

Además,  no  probó  la  trascendencia  del  supuesto yerro en la situación jurídica del procesado.   

Presentó  una valoración delos testigos de  cargo  y  resaltó  las  contradicciones  en  que, según él, incurrieron. Este  procedimiento   nada  verifica  sobre  el  yerro  denunciado,  falso  juicio  de  existencia por omisión.   

Segundo. Error de  apreciación o de hecho por falso juicio de identidad.   

“El fallador, dice el recurrente, parcela,  sectoriza    y    divide    la    prueba    testimonial    del   señor   ALIRIO  SUÁREZ”.   

Pero  el  acertado  planteamiento  no  fue  verificado.  El  defensor no precisó los apartes del fallo quien incurrieron en  esas  equivocaciones. Además, se quedó en la enunciación de que otras pruebas  “contradicen  el  decir” del declarante, para concluir que “carece de toda  credibilidad  la  versión”  de  Alirio  Suárez,  porque  otros  testigos  lo  “desmienten” y “no tiene asidero probatorio”.   

Así,  el  supuesto  yerro se hace consistir  exclusivamente  en  que  se le niega veracidad, lo que en modo alguno constituye  la distorsión que correspondía acreditar.   

Tercero.   

,  eficacia  a  las palabras del testigo, lo  que   la  propuesta  apuntaAsí,  lo propuesto como contrasimple enunciaci,  pues no fueron precizindicados los apartes del fallo   

simñplemente se pretyendió prke acudió al  expediente  adLaEl  acertado planteamiento, sin embargo no fue probado, porque a  reglón seguido afirma el demandante   

1. El casacionista  presentó  un  primer cargo,  con  base  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  violación  indirecta  de  la  ley  sustantiva, pero no  señaló las disposiciones materiales infringidas.   

          2.       Anunció       falsos  juicios de identidad cometidos por  el Tribunal.   

          No   obstante  la  presentación  correcta,  en  el  desarrollo  del  reproche   el   censor  dio  la  siguiente  explicación  que  realmente  es  un  galimatías  que, en oposición a la claridad y concisión exigidas, impide a la  Sala conocer sus pretensiones:   

          “…   cotejados  (los  testimonios  de  cargo)  no  solo  tienen  abismales  diferencias  y  por  lo  cual  quiero  aclarar… que aunque esto nos  daría  adicionalmente  un  falso  juicio  de  identidad,  el  que  se cumple en  relación  con  los  medios probatorios existentes que al valorarlos el fallador  de  segunda  instancia  distorsiona  sus  alcances  y le suministra un contenido  diferente  al  que  en  realidad contienen, me inclino a no desgastar la causa y  aferrarme,  en  este  cargo,  solo a que el falso juicio de existencia afecto en  una  forma muy grave la sentencia aludida, debido a que las pruebas tomadas para  fallar,  con  relación  a  la  testimonial,  el  Tribunal  y  el  omitir las ya  trascritas, le dan un giro completo a la sentencia”.   

          3.   No  demostró  que  la  Corporación  hubiera  tergiversado  el  contenido  real  de  algún  medio  de  prueba.  Como  distorsión  señaló,  según sus propias palabras, la “contradicción” que  surgía  de  la  comparación  de  los  testimonios de Isaura Valderrama y de su  padre.   

          Hizo  lo  propio con la declaración de Gloria Lorena González, sin  que,  además,  precisara  la  incidencia que las irregularidades podrían haber  tenido en el sentido de la decisión.   

         Sobre  la  versión  de  José  Agustín Valderrama, el casacionista  indicó  la  conclusión  a  que llegó el Tribunal a partir de las palabras del  testigo,  inferencia  que  no  compartió,  pues  -en  su  criterio-  debió ser  otra.   

         Así  elaboraba,  la  censura  sólo  muestra  la  inteligencia  del  casacionista  sobre  el alcance del testimonio, no la deformación del contenido  de la prueba.   

         Tal  planteamiento,  ajeno  a la tergiversación anunciada, pudo ser  presentado    como    falso   raciocinio.  Pero  tampoco  habría  prosperado,  porque  no  citó las reglas  lógicas,   las   máximas   de  la  experiencia,  o  los  aportes  científicos  –componentes  de  la sana  crítica-   que   fueron   desconocidos   por  el  Ad  quem. Tampoco los que eran aplicables.   

         4. En el segundo  cargo,   el   demandante   anunció  un  falso  juicio  de existencia por omisión.  Incurrió en las siguientes irregularidades:   

         a)  Mezcló  censuras  relacionadas  con  atentados  al debido   proceso   y   al   derecho   a   la   defensa.  Éstas,  por  estructurar   dos   motivos   de  nulidad,   han   debido   ser  formuladas  al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación,  en forma  separada  y  subsidiaria,  pues  apuntarían a la invalidación del trámite, en  tanto  que  la  solución  para el falso juicio de existencia, propio del motivo  primero      parte     segunda     –violación  indirecta  de  la  ley  sustancial-,  sería un fallo de  sustitución.   

         b)  Una  vez más, el censor transcribió el aparte arriba indicado,  para  concluir que las omisiones a la vez generaban falsos juicios de identidad.  La   proposición  comporta  un  contrasentido,  por  cuanto  sobre  los  mismos  elementos  de  juicio  el  Tribunal  sólo  pudo  incurrir  en  una  de  las dos  irregularidades,  pero no en ambas simultáneamente porque son excluyentes: o no  valoró  pruebas  obrantes  en  el expediente, o lo hizo así fuera falseando su  contenido.   

         

         c)   Citó,   como  elementos  excluidos,  dos  declaraciones  y  la  conclusión  médico-legal  sobre  la  probable hora en que se causó la muerte,  así  como  los  testimonios  de  la  progenitora  y del hermano de la víctima,  quienes        aseveraron        –conforme  a  la  demanda-  que el deceso pudo ser consecuencia de un  suicidio o de un crimen pasional.   

         El   impugnante  no  realizó  ningún  estudio  que  demostrara  la  incidencia  que el error pudo haber tenido en el sentido de la sentencia. Por el  contrario,  sus propias palabras verifican su intranscendencia, por cuanto dejó  en  claro  que las deducciones de los testigos eran producto de sus conjeturas y  no de un conocimiento preciso al respecto.   

         Además,  en  la  relación  que  hizo  de  la  actuación procesal,  especificó  que  la  condena  se  fundamentó  en  diversas  declaraciones  que  sindicaron  a  los  dos  soldados  de  ser  responsables  del  hecho,  y  en  la  indagatoria     de     Diógenes    Antonio    Cueto  Cañaveral, quien   

         “en  su  relato  acusa  como  autor a su compañero JHON MAURICIO  CANO GALEANO”.   

         Como  esos  medios  de prueba no fueron cuestionados, permanecerían  incólumes  y  resultarían  suficientes  para la deducción de responsabilidad.  Pero  igual  sucedería  con  la  versión del acusado en la audiencia pública.  Véase lo que dijo la demanda sobre ese acto procesal:   

         “Mi  representado  CANO  GALEANO  en  la  diligencia de AUDIENCIA  PÚBLICA  confiesa  que  una  vez  sale  con su compañero del bar, señor CUETO  CAÑAVERAL,  se  quedaron  sentados  en  la  plazuela y el señor RAFAEL ANTONIO  CARVAJAL  LÓPEZ  se  disgustó  por  que  no  tenía  un trago y que primero lo  manoteo  y cuando vio que se mandaba la mano debajo del poncho, tiró a rayarlo,  ahí fue cuando lo chuzó”.   

         Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

         Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO    ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Secretaria  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No.128  

Bogotá,  D.  C., nueve (9) de noviembre de  dos mil seis (2006).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Mediante  sentencia  del  18  de julio del  2003,  el Juzgado 6° Penal del Circuito Especializado de Bogotá declaró a los  señores   Édgar  Rodríguez  Rodríguez,   Martín  Velasco  Galvis  y  Francisco Alberto Marulanda Ramírez  penalmente  responsables de las conductas punibles de  terrorismo   y   paramilitarismo  (realmente  concierto  para  delinquir  en  la  modalidad  de pertenecer a grupos armados ilegales), previstas en los artículos  343 y 340, inciso 2°, del Código Penal del 2000.   

Les  impuso  18  años  de prisión, 20 de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  30.000  salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  multa,  los  exoneró  de  la  obligación  de  indemnizar  los  perjuicios  causados  y  les  negó  la  condena  de ejecución  condicional.   

El  fallo  fue  recurrido por Marulanda  Ramírez  y su defensor. El 31  de enero del 2006 el Tribunal Superior de Santa Marta resolvió:   

(a)  Revocar  la  condena respecto de este  procesado, a quien absolvió de los dos cargos.   

(b)    Absolver    a    Rodríguez   Rodríguez  del  delito  de  concierto  para  delinquir y confirmar la condena por el de terrorismo. Por este  motivo,  modificó las penas, que dejó en 7 años de prisión e interdicción y  30 sueldos de multa.   

(c)   Ratificar   lo   concerniente   a  Velasco  Galvis,  pero   con disminución de la pena de multa, que fijó en 29.930 salarios.   

El apoderado de la parte civil acudió a la  casación, que fue concedida.   

La Sala se pronuncia sobre los presupuestos  lógicos y argumentativos de la demanda presentada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En  1996,  varios  predios de la finca  Bellacruz,  ubicada  en  el  departamento del Cesar y de propiedad de la familia  Marulanda  Ramírez,  habían  sido  ocupados  por  diversas familias porque, al  parecer,  el  Instituto  Colombiano  para  la  Reforma  Agraria  -Incora- había  declarado que parte de ellos eran baldíos.   

Los  días  14  y  15  de febrero de 1996,  varios    hombres    armados,    denominados   “paramilitares”,   ingresaron  violentamente  al  lugar  y  bajo  amenaza de muerte y maltratos exigieron a los  campesinos  que  lo  abandonaran  porque  pertenecía  a  la  familia  Marulanda  Ramírez.  Procedieron  después a prender fuego a las viviendas y a los bienes.   

En  el  curso  de la investigación fueron  señalados   como   integrantes   de   esa   organización  armada  Édgar      Rodríguez     Rodríguez,  Martín  Velasco  Galvis  y  Francisco   Alberto   Marulanda  Ramírez, entre otros.   

2.  Adelantada la investigación, el 13 de  enero  de  1999 la fiscalía acusó a los procesados1   

como  infractores  del artículo 1° del  Decreto  1194 de 1989 (conformación de grupos armados ilegales) y del artículo  1°  del Decreto 180 de 1988 (terrorismo), normas adoptadas como permanentes por  los artículos 6° y 4° del Decreto 2266 de 1991.   

Luego  fueron proferidas las sentencias ya  indicadas.   

CONSIDERACIONES  

La   prescripción  del  concierto  para  delinquir   

La acusación y las sentencias dedujeron la  comisión   del   delito  de  concierto  para  delinquir,  en  la  modalidad  de  conformación  de  grupos  armados  ilegales,  de  los  comúnmente  denominados  “paramilitares”.   

La   resolución  acusatoria  ubicó  el  comportamiento  en el artículo 1° del Decreto 1194 de 1989, que fuera adoptado  como  permanente  por  el artículo 6° del Decreto 2266 de 1991 y que señalaba  pena de prisión de 20 a 30 años.   

El  juez de primera instancia, avalado por  el  Tribunal,  por  respeto al principio de favorabilidad adecuó la conducta al  concierto  para  delinquir  del  inciso  2° del artículo 340 de la Ley 599 del  2000, que prevé sanción de 6 a 12 años.   

En  ese  supuesto,  de conformidad con los  artículos  83  y  86  del  Código Penal, en la fase del juzgamiento la acción  penal  prescribe  en  un término de 6 años, contados a partir de la ejecutoria  de la acusación.   

En el presente evento, según se lee en los  oficios  del  21  y del 24 de junio de 1999 (folios 204 y 205, cuaderno original  12),  el  proveído  calificatorio fue confirmado por la segunda instancia en la  fecha ya señalada, esto es, en esa data adquirió firmeza.   

De  tal  manera  que  el  término máximo  legal,  6  años,  contado  desde  el  21 de junio de 1999, se cumplió el 21 de  junio  del  2005,  mucho  antes  de que el Tribunal emitiera el fallo de segunda  instancia.   

En  esas condiciones, la única actuación  que  corresponde  al  juez,  sea de primera o segunda instancia, e incluso al de  casación,  es  el  reconocimiento  de  la  prescripción,  su declaratoria y la  consiguiente cesación de procedimiento.   

Como   la  decisión  afecta  las  penas  impuestas   a   Martín   Velasco  Galvis,    respecto    de    quien    el   Ad  quem  confirmó la condena por las dos conductas  –terrorismo y concierto-,  y  en  atención  a  que los criterios de dosificación para los tres procesados  fueron  los  mismos,  se  dejarán  las  fijadas  por el Tribunal a Édgar  Rodríguez  Rodríguez, esto es, 7  años  de  prisión  y  de interdicción de derechos y funciones públicas, y 30  salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa.   

La demanda  

De  conformidad  con  el artículo 213 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000,  la Sala, de acuerdo con el señor  apoderado  que  se  pronunció en el traslado para las partes no recurrentes, la  inadmitirá,  porque  evidentemente  no  reúne  las  exigencias previstas en el  artículo 212 del mismo Estatuto.   

Las siguientes son las razones:  

El   casacionista  formula  un  único  cargo,  con fundamento en la  causal  primera,  segunda  parte,  violación  indirecta  de  la ley sustantiva,  consecuencia  de  un  error  de  hecho  por  falso raciocinio. Añade que se han  violado  las  reglas  de  la sana crítica, de la lógica y de la experiencia, y  que  desde  la  lógica  resulta  clara la responsabilidad, especialmente la del  procesado  Marulanda  Ramírez. Luego entra al estudio de la determinación y de  la  coautoría,  se  ocupa  del  análisis  de  la  prueba,  sobre  todo  de  la  testimonial,   para   pedir  finalmente  la  condena  de  este  procesado  y  el  mantenimiento  de  la  que  pesa  sobre  el  co-procesado Rodríguez Rodríguez.   

Sin embargo:  

1.  Para desarrollar la censura, hace unos  enunciados  genéricos pero no precisa estrictamente los elementos constitutivos  de  la  sana crítica –por  ejemplo,  las  directrices   científicas,  los  principios  lógicos y las  máximas  de  la  experiencia- que fueron desconocidos  por  los  juzgadores.  Como es obvio, en casación no  basta  con  afirmar  que  el  falso  raciocinio surge del desconocimiento de los  componentes  mencionados.  Es  necesario,  sí,  indicar  y demostrar de cuál o  cuáles  principios,  enunciados, reglas o máximas, se ha alejado completamente  el   servidor   judicial.   Y   tampoco   es  suficiente  plantear  otra  sana  crítica con el propósito de  contraponerla a la elaborada por los funcionarios judiciales.   

2.   No   menciona   ni   comprueba  las  directrices,  principios  ni máximas que eran aplicables al caso concreto. Como  es  igualmente  elemental,  si se afirma que el juez se ha apartado de ellas, es  imperioso   decir   y   demostrar   cuál   o   cuáles   han   debido  ser  las  aplicadas.   

3.   Se   esfuerza   por   criticar  las  apreciaciones  del  Tribunal  y  hace énfasis en que éste se equivocó porque,  recaba,  el alcance que se ha debido otorgar al material probatorio es el que le  impartió       el       A       quo.   

Esta  manera de obrar en la confección de  la  demanda  a  partir  del  expediente  pasa  por  alto  que  tratándose de la  casación  es  imprescindible evidenciar que la sentencia del Tribunal es ilegal  porque  se  opone  a  la  Constitución  Política y/o a la ley, tarea que no se  cumple  si simplemente se plasma otra forma de contemplar, apreciar y valorar la  prueba  con  el ánimo de enfrentarla a la composición material-intelectual que  de  las  evidencias  hacen  los funcionarios judiciales. Es menester, se sabe de  largos  años,  que  el  actor  enseñe  la existencia de errores protuberantes,  fácilmente asibles, cometidos por la justicia.   

Como el recurso mencionado no es una nueva  fase  de  debate abierto, no se puede acudir a él para señalar otra visión de  las  cosas  con  el  afán  de  que  la Corte mire unos y otros razonamientos, y  escoja  uno  de ellos. Esto es válido pero en otros escenarios, en concreto los  correspondientes    a    los    trámites    de    la    1ª   y   la   2ª  instancias.   

Suficiente  lo  dicho  para  ratificar  lo  expuesto   al  inicio  de  estas  consideraciones:  la  demanda  no  reúne  las  exigencias  legales  que habiliten, con base en los principios de rogación y de  limitación, el estudio del fondo del asunto.   

De otra parte, como la revisión detallada  e  íntegra  del expediente -y de manera específica de las sentencias frente al  haz  probatorio-  permite  concluir  que  no  concurren  causales  de nulidad ni  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales  de  las partes, la Sala no  puede actuar de oficio.   

Finalmente,  la  Corte  no  resuelve  la  solicitud    hecha    por   el   señor   defensor   no   recurrente2,  primero,  debido  a  la  decisión  que  aquí  se  toma,  que implica en lo pertinente la  vigencia  del  fallo  de  segunda  instancia;  y,  segundo,  porque el Tribunal,  consecuencia   del   recurso   de  apelación,  se  ocupó  del  estudio  de  la  individualización de la pena y del principio de favorabilidad.   

Consecuente  con  lo  expuesto, la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

1.  Declarar  la  prescripción  de  la  acción penal y la cesación del  procedimiento  seguido  en  contra  de  Édgar      Rodríguez     Rodríguez,  Martín  Velasco  Galvis  y  Francisco   Alberto   Marulanda  Ramírez,     exclusivamente    por    la    conducta    de    concierto para delinquir.   

2.  Declarar que,  en  relación  con el delito de terrorismo,  las  penas  que  debe  cumplir  Martín  Velasco  Galvis  quedan  en  7 años de prisión y de  interdicción  de  derechos y funciones públicas y 30 salarios mínimos legales  mensuales vigentes para 1996.   

3.  Inadmitir la  demanda de casación presentada por el apoderado de la parte civil.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN             MARINA PULIDO DE BARÓN   

                                                                                                   Permiso   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Decisión que quedó ejecutoriada el 21 de junio de 1999.   

2 Tras  problematizar  la  demanda  presentada y concluir que no debía ser admitida, ha  pedido  que en caso de que la Corte proceda de oficio y concluya en condena para  su         representado         –Francisco  Alberto  Marulanda-,  revise  la  dosificación punitiva  estructurada por el A quo y acuda a la favorabilidad.     

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