26205(19-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26205  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 119.  

          Bogotá   D.C.,   octubre   diecinueve   (19)   de   dos   mil  seis  (2006).   

VISTOS  

          Decide  la Sala sobre el cumplimiento de los presupuestos de lógica  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de casación presentada por el  defensor  del  procesado  HÉCTOR FABIO CASTAÑO OVIEDO  contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior  de  Cali  de  fecha junio 15 de 2006, por cuyo medio confirmó la dictada por el  Juzgado  21  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad el 12 de abril del año  anterior,  que  lo  condenó  por  los  delitos  de  peculado por apropiación y  falsedad material en documento público.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  día 10 de marzo de 2004, se presentaron a la Fiscalía 72 Local  adscrita   a  la  estructura  de  apoyo  en  la  ciudad  de  Cali  los  señores  John        Jairo       Rojas       y  José  Rodríguez  Sánchez  con  el  objeto  de  solicitar  los  documentos definitivos de las  motocicletas   identificadas  con  las  placas  XSL-02  y  WIK-92,  argumentando  haberlas  adquirido  con  antelación, para lo cual exhibieron oficios suscritos  aparentemente  por los Fiscales 71 Local y 4° Seccional de la misma ciudad, por  cuyo  medio  se ordenaba su entrega.  Tales documentos, se pudo establecer,  no    eran    auténticos,   razón   por   la   que   en   el   acto   se   los  aprehendió.   

Durante   las  diligencias  de  indagatoria  rendidas    por   John   Jairo   Rojas   y  José  Rodríguez  Sánchez,  explicaron  detalladamente  lo relacionado con la negociación de  los   vehículos,   señalando   haberlas   adquirido   al  señor  José  Alberto  Alzate, quien para otorgar  visos   de   credibilidad   al   negocio,   entregó   al   señor  Rojas  un documento mediante el cual se lo  autorizaba  para  ingresar a las bodegas de bienes de la Fiscalía en la capital  vallecaucana,  documento  que  también resultó espurio. Posteriormente, con la  declaración    de   la   doctora   Yolanda   Herrera  Murgueitio,  almacenista  de la Unidad de Bienes de la  Dirección  Administrativa  de  la  misma  entidad, se logró establecer que los  vehículos  se entregaban con las órdenes contenidas en los oficios debidamente  confirmadas  con  los  empleados  de la Fiscalía a cargo del bien, como en este  caso  ocurrió  al  establecerse  que  el  Técnico Auxiliar de la Fiscalía 4ª  Seccional  de  Cali,  señor  HÉCTOR  FABIO  CASTAÑO  OVIEDO,  habría  confirmado  la entrega de la moto de  placas  WIK-92  y  suscrito  el oficio autorizándola. Irregularidades similares  se   detectaron   con  la  entrega  de otros vehículos, identificados  con   placas  MLJ  10  A  y  XSL  02  A,  por  los cuales en ese momento se  adelantaban investigaciones independientes.   

Con  fundamento en los hechos anteriores, se  dispuso  la  apertura  de  instrucción,  en  cuyo  marco  se  vinculó mediante  diligencia  de  indagatoria  a  HÉCTOR FABIO CASTAÑO  OVIEDO,  a  quien se definió situación jurídica con  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva,   sin  beneficio  de  excarcelación,  por  los  delitos de peculado por apropiación y concierto para  delinquir.   

Clausurada la investigación, se calificó su  mérito    con   resolución   de   acusación   en   contra   de   CASTAÑO   OVIEDO   por  los  delitos  de  peculado   por  apropiación,  falsedad  ideológica  en  documento  público  y  estafa.   

El  defensor del procesado interpuso recurso  de  apelación  en  contra de la anterior decisión, sobre el cual se pronunció  la  Fiscalía  Séptima Delegada ante el Tribunal de Cali el 20 de septiembre de  2004,  en el sentido de declarar la nulidad parcial del proceso en relación con  el  delito  de estafa, confirmar la resolución de acusación por la conducta de  peculado  por  apropiación  y, en el de modificar el pliego de cargos en cuanto  al  delito  contra  la  Fe Pública imputado, “que se  califica   como   falsedad   material   en   documento   público”.                     

El  juzgamiento  correspondió al Juzgado 21  Penal  del  Circuito  de  Cali  despacho  que, una vez surtido el trámite legal  correspondiente,  profirió  sentencia  de  primer grado el 12 de abril de 2005,  por  cuyo  medio  condenó  a  HECTOR  FABIO  CASTAÑO  OVIEDO  a  las penas principales de sesenta y dos (62)  meses  de prisión y multa por valor de un (1) salario mínimo legal vigente y a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo  término  de  la  pena privativa de la libertad, al encontrarlo autor penalmente  responsable  de  los delitos de peculado por apropiación y falsedad material en  documento  público.   En  la  misma decisión, se abstuvo de condenarlo al  pago  de  perjuicios,  al  tiempo  que le negó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

   

          En  contra  de  la  providencia  anterior, el defensor del sindicado  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el  cual  se  pronunció el Tribunal  Superior  de  Cali  mediante  providencia del pasado 15 de junio, confirmando la  decisión impugnada.   

Inconforme  con la determinación de segunda  instancia,   el   defensor   interpuso   recurso  extraordinario  de  casación,  posteriormente  sustentado  mediante demanda, sobre cuya admisibilidad formal se  ocupa ahora la Sala.   

LA DEMANDA  

          El  censor  formula tres cargos contra la sentencia de segundo grado  con  sustento  en la causal primera de casación prevista en el artículo 207 de  la  Ley  600 de 2000, por violación indirecta de la ley sustancial “por  error  de hecho, al omitir el análisis de pruebas que obran  dentro  del  proceso y de haber sido consideradas por las instancias, se habría  llegado  a  una  convicción  diferente,  o sea, HECTOR FABIO CASTAÑO OVIEDO es  responsable  de  PECULADO CULPOSO”.  Los reparos  propuestos  en  el  libelo,  son  del  siguiente tenor:            

          Primer  cargo:   

Comienza  por  señalar  el casacionista que  “el  reconocimiento  que  hizo HECTOR FABIO CASTAÑO  OVIEDO  en  su  injurada  de  haber  elaborado y firmado los oficios que obran a  folios  53,  79,  87 del c.o. No. 1 y 559 del c.o. No. 2 resulta desvirtuado con  una  serie  de  hechos  indicadores  que  debieron  conllevar a la pertinencia y  conducencia  de  la  experticia  determinada  por  las instancias”.   

Indica,  a  continuación,  que  este  cargo  encuentra fundamento en los siguientes aspectos:   

En  primer  lugar,  por  el  hecho de que la  defensa   técnica   del   procesado   no  tiene  la  obligación  de  solicitar  absolución,  aún  si  con  ello  contraria  la  posición procesal asumida por  éste.    Ello,   porque   surgen   “elementos  fácticos” que cubren de duda la  confesión de  CASTAÑO OVIEDO.   

Añade  que  el  artículo  281 del estatuto  procesal   penal   “insta   al  propio  funcionario  competente  para  practicar  las  diligencias pertinentes a fin de determinar la  veracidad   de   la  confesión”,  de  modo  que  la  aceptación  de  responsabilidad  admite  prueba en contrario, como “podrán  ustedes  verificar  en este plenario por la presencia de  una  serie  de  hechos  indicadores  sobre una errada apreciación del procesado  cuando le fueron exhibidos los oficios”.   

En  segundo orden, debido a que “el  procesado perdió el norte de su memoria, entró en una serie  de  imprecisiones  que  la  defensa no se aparta de sus causas, no siendo otras,  que  su  preocupación y angustia de afrontar súbitamente un proceso por hechos  de  los  cuales jamás ejecutó en forma dolosa como infirió la Fiscalía en el  interrogatorio”.   

Adicionalmente,  porque  en relación con el  oficio  que obra a folio 559 del c.o. No. 2, concluyó el grafólogo forense que  “no  fue reconocido por HECTOR FABIO CASTAÑO OVIEDO  y  resultó  ser falso”;  infiriéndose también  que  fue  elaborado  por  otra  persona,  situación  que igual se  predica  respecto del formato visible a folio 427 del mismo cuaderno.   

En  tercer  término, continua el libelista,  porque  en  relación  con  el  disquete  encontrado por la señora María  Aleyda  Londoño  de  Toro, prueba  “no  controvertida  en las instancias”,  se corroboró  que  corresponde  “a todo un acervo de elementos que  demuestran  las  manipulaciones  que  ejerció  ALZATE GÓMEZ enviando oficios a  distintas    entidades    oficiales    para    lograr    la    apropiación   de  bienes     que se encontraban en custodia de la Fiscalía General  de la Nación”.   

En  cuarto  lugar, toda vez que “las  instancias  no prestaron atención probatoria a los formatos  que  fueron  reproducidos  del  disquete  aportado  por  la señora MARIA ALEYDA  LONDOÑO  DE  TORO, en una denuncia que por abuzo (sic)  de  confianza  contra  ALZATE GÓMEZ, cuando impera la  valoración  de las pruebas en conjunto, exponiendo de manera clara y precisa el  mérito  que  se  le  da a cada una de ellas, según lo prevé el art. 238 de la  Ley 600 de 2000”.   

Además,     porque     “corresponde  al  funcionario judicial buscar la determinación de  la  verdad  real.   Por  este motivo está obligado a investigar, con igual  celo,  las circunstancias que demuestren la existencia del delito, como también  las  que  lo  agravan, atenúen o exoneren de responsabilidad al procesado y las  que conlleven a demostrar su inocencia”.   

En quinto orden, prosigue el demandante, por  cuanto  “quizás  HECTOR FABIO CASTAÑO OVIEDO, pudo  haber  incurrido en una imprecisión al reconocer la elaboración de los oficios  y   su  lubricación  ‘de  por’, porque militan a su  alrededor  una  serie  de  situaciones  que lo relievan de esta elaboración, en  particular,  la alusiva al permiso concedido para que particulares, sin interés  legítimo  ingresaran  a  las  bodegas  de  la  Unidad de Bienes de la Fiscalía  General de la Nación”.   

Sobre el mismo punto, aduce que “la   experticia   grafológica   solicitada   al  señor  juez  y  decretada,  como  bien  lo  expresó en esa providencia de pruebas, la encontró  procedente  y  conducente.   O sea que la prueba era necesaria y no de otra  manera  puede  entenderse  que  un  juez  de  la  república  la ordene y luego,  frente    al  resultado  favorable  al  procesado,  se  aparte  con el  criterio  de  ser  innecesario frente a la confesión del hecho que el procesado  HECTOR   FABIO   CASTAÑO   OVIEDO   hizo   en   su   indagatoria   (sic)”.   

En   sexto   y  último  lugar,  dado  que  “la  desestimación  de  este dictamen no es como ha  dicho   el   ad-quem,   porque   es   contrario  a  la  evidencia”,  circunstancia  que permite inferir que tampoco  tiene razón  el juzgador de primera instancia al señalar su irrelevancia.   

A   lo  anterior  se  suma,  según  el  casacionista,  que  el  fiscal  en  la  audiencia  preparatoria no se opuso a la  realización  de  esta prueba, cuya importancia radica en que permite establecer  que  ninguno  de los oficios por medio de los cuales se autorizaba el ingreso de  particulares  a  las  bodegas  de  la  Unidad  de  Bienes  fue  elaborado por el  sindicado,  lo  que  igual se colige respecto del oficio que obra a folio 599 de  c.o.    

Segundo cargo:  

Sostiene  el  impugnante  que  “HECTOR  FABIO  CASTAÑO al no elaborar y rubricar los oficios que  obran  a  folios 53, 79 y 87 del c.o. No. 1 y 559 del c.o. No. 2, es ajeno a una  coparticipación   dolosa  con  las  personas  que  fraguaron  y  ejecutaron  la  defraudación   a   los   bienes   bajo   custodia   del   Estado”.   

Para  el  actor,  la anterior afirmación se  demuestra con base en los siguientes aspectos:   

En   primer   lugar,  porque  “hay  constancia  en  el  expediente  que la motocicleta de placas  WIK-92,  tenía  una solicitud de entrega del señor GERMAN VIDAL HENAO quien le  dio   poder   a   HERMES  ARMANDO  DELGADO  VALENCIA,  los  cuales  (sic)  recibió  el  propio  HECTOR  FABIO  CASTAÑO  OVIEDO”,  de  modo  que,  agrega,  si este  último  hubiera  concertado  la  defraudación,  indudable  resulta que habría  tenido    disponibilidad    sobre    el    expediente    397781,    “pudiéndose  dar  cuenta  de  la  petición  pendiente  por   resolverse”.   

En   segundo  orden,  porque  “el  oficio  de  entrega  de  la motocicleta de placas TTV-51A fue  confirmado  por  HECTOR  FABIO CASTAÑO OVIEDO, al mismo tiempo que el oficio de  entrega  de  la  motocicleta WIK-92. El número de motor y chasis que aparece en  el  oficio  del  folio  42 del c.o. No. 1 referencia la entrega definitiva de la  moto  WIK-92,  no  corresponde  a  los  señalados  en  los  diversos documentos  obrantes en el expediente 397781”.       

   

La  convergencia  de  los puntos anteriores,  destaca,  “demuestra  una  ajenidad  de HECTOR FABIO  CASTAÑO  OVIEDO  en  un  comportamiento  doloso.  Por el contrario aflora en el  proceso,  según  los razonamientos de las instancias, que HECTOR FABIO CASTAÑO  OVIEDO  incurrió  en un acto de falta de diligencia y cuidado. Se confió en lo  que  correspondía  en  él prever y evitar, asumiendo la responsabilidad de sus  consecuencias  al  no  remitirse  a  los expedientes radicados bajo los números  397781  y  535841,  para darse cuenta que la motocicleta de placas WIK-92 tenía  una  solicitud  pendiente  de  entrega, documento que él mismo recibió, por lo  tanto  dicho  oficio  no correspondía a una decisión de la Fiscalía. Lo mismo  ocurrió  con  la  motocicleta  de placas TTV-51A si se hubiera cerciorado en el  expediente  y  confrontado  con el oficio de la supuesta entrega habría evitado  esta defraudación”.   

Tercer        cargo:      

Aduce el demandante que los oficios visibles  a  folios  53,  79  y  87  del  c.o.  No.  1,  no fueron elaborados “y  menos rubricados” por su defendido,  como  se señaló en la pericia grafológica ordenada por el Juez  21 Penal  del  Circuito,  de  suerte que si bien es cierto en su indagatoria reconoció su  elaboración,  los  hechos  demostrados  en  el proceso arrojan incertidumbre al  respecto.   

No  obstante lo anterior, señala a renglón  seguido,  que el funcionario judicial se apartó “sin  fundamentación”    de   lo   concluido   por   el  perito.   

En  el  acápite siguiente de la demanda, el  censor  señala  que  se  transgredieron por falta de aplicación los artículos  232,  234,  237,  238,  249,  254, 257, 281 y 282 de la Ley 600 de 2000 y que se  aplicó  indebidamente  el  artículo 397, “cuando en  su  lugar  debió ser el 400 de la Ley 599 de 2000, así también se ha aplicado  en   forma   indebida   el  art.  287  de  la  Ley  599  de  2000”.   

De esa manera, solicita se case la sentencia  impugnada      “para  en  su  lugar condenar a HECTOR FABIO CASTAÑO OVIEDO,  de  la conducta punible de PECULADO CULPOSO y ABSOLVERLO de la FALSEDAD MATERIAL  EN DOCUMENTO PUBLICO”.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Impera  precisar, en primer término, que el  casacionista  carece  de  interés  para impugnar la sentencia a través de esta  forma  extraordinaria  de  impugnación  en  relación con el aspecto referido y  que,  por  ende,  las  censuras  contenidas  en  el  libelo  casacional se deben  desestimar  de  plano,  en  atención  a  la  preceptiva  del  artículo 213 del  estatuto      procesal      penal,      al     señalar     que     “si  el  demandante  carece de interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos  formales  se   inadmitirá   y   se  devolverá    el    expediente    al    despacho   de   origen”   (subrayas fuera de texto).   

Para  proveer  en  el  sentido  indicado  es  necesario tener en cuenta las razones siguientes:   

Constituye  presupuesto  del  derecho  a  la  impugnación  el  interés jurídico del sujeto procesal que pretende, a través  del  ejercicio  de  los  recursos, la reparación de un desmedro causado con una  decisión  judicial,  por  manera  que  lo que se persigue es remover, mejorar o  atemperar  una  situación que resulta gravosa, criterio desde luego extensivo y  aplicable a la casación.   

La  jurisprudencia  de  la  Sala ha expuesto  reiteradamente,  de  modo  general,  que  la  no  interposición o sustentación  debida  del  recurso  de  apelación respecto de la sentencia de primer grado es  señal  de  conformidad del sujeto procesal con el contenido de tal providencia,  razón  por  la cual carecerá de interés jurídico para impugnar la de segunda  instancia,  quien  invoque  a última hora un agravio, con el fin de legitimarse  en casación.   

En  otras  palabras,  si  cualquiera  de las  partes  se abstiene de interponer o sustentar en tiempo el recurso de apelación  contra  la sentencia de primera instancia, estando en condiciones de hacerlo, se  ha  de  entender  que  se  muestra  conforme  con  la  decisión  proferida y el  ad  quem  no  puede,  por su  iniciativa, entrar a examinar su situación.   

La  Corte  ha  precisado  que sólo se puede  prescindir    de    la     exigencia    señalada,    en   los   siguientes  casos:   

1.-             Cuando   aparezca   demostrado   que  arbitrariamente    se    le    impidió    el    ejercicio    del   recurso   de  instancia.   

2.-             Cuando   el  fallo  de  segundo  grado  modifique  su  situación  jurídica,  de  manera  negativa, desventajosa o más  gravosa.   

3.-            Cuando  se  trate de fallos consultables  que    causen    perjuicio,    para    los   eventos   en   que   aún   resulte  procedente.   

4.-     Cuando el sujeto  procesal proponga nulidad por la vía extraordinaria.   

La falta de interés para recurrir, cuando se  ha  dejado  de  impugnar  la  sentencia de primera instancia, con las salvedades  planteadas,  se predica de todos los sujetos procesales, sin privilegio distinto  del que pueda surgir normativamente.   

A  partir  del  anterior  marco  conceptual,  precisa  la  Sala  que  la  defensa no cumplió con la obligación de interponer  recurso  de  apelación contra el fallo de primer grado en relación con el tema  específico  que  ahora  plantea  en  los tres reparos del libelo casacional, al  indicar  que  se incurrió en violación indirecta de la ley sustancial derivada  de   calificar   erróneamente   la   conducta   de  su  defendido  HÉCTOR   FABIO  CASTAÑO  OVIEDO  en  los  delitos  de  falsedad material de documento publico y peculado por apropiación,  cuando  ha  debido  condenárselo  por  la conducta punible de peculado culposo,  sancionada  en  el  artículo  400  de  la  Ley  599  de 2000, circunstancia que  evidentemente  lo  margina  de  la posibilidad de efectuar reproche alguno sobre  ese aspecto por vía del recurso extraordinario de casación.   

En  efecto,  una revisión de los argumentos  que  expuso  la  defensa  del  procesado  en  procura de sustentar el recurso de  apelación  que  interpuso contra el fallo de primer grado, permite advertir que  no  existe  la  necesaria  identidad  temática  para  tener  como satisfecho el  presupuesto  del  interés  que  franquee  el  acceso al medio extraordinario de  impugnación,  pues  en  aquella  oportunidad  el  punto  a  que se concretó la  atención  del  impugnante  y, por ende, del Tribunal al resolverlo en uso de su  competencia  limitada,  como  así textualmente lo plasmó dicha Corporación al  resumir   los   argumentos   del   apelante,   radicó   en   que   “hubo  un  error  en la calificación jurídica del comportamiento  atribuido   a  su  prohijado,  y  que  la  ubicación  típica  correcta  es  el  abuso     de     función     pública”1 (subrayas fuera de texto).   

Ha  dicho la Sala que, de conformidad con la  preceptiva  del  artículo  204  de  la  Ley  600  del  2000,  el Tribunal tiene  competencia  exclusiva  para  pronunciarse  sobre los aspectos impugnados por el  apelante  e  igualmente  respecto de aquellos inescindiblemente vinculados a los  mismos.   

Así  las  cosas,  como la inconformidad del  impugnante  en  casación  gira  en  torno  de  un aspecto que no fue objeto del  recurso  de  apelación  que el defensor instauró contra la sentencia de primer  grado  y  que por lo mismo tampoco fue objeto de pronunciamiento en la sentencia  de  segunda instancia, es evidente su falta de interés jurídico para acudir en  casación.   

Por otro lado, es claro, además, que no le  es  permitido alegar en su favor la conjugación de una cualquiera de las cuatro  hipótesis  referidas  en  precedencia como excepción a la carga de impugnar la  sentencia  de  primer  grado  sobre  el  mismo  tópico  que es ahora objeto del  recurso  extraordinario  de  casación, en cuanto la de segundo grado confirmó,  en lo que fue objeto de impugnación, el fallo recurrido.   

Como el requisito del interés para recurrir  es  un  presupuesto  para  acceder  al  medio extraordinario de impugnación, de  conformidad  con lo dispuesto en el referido artículo 213 del estatuto procesal  penal,  la  decisión  que razonablemente corresponde adoptar, de acuerdo con la  misma  preceptiva,  es  la  de  inadmitir la demanda y devolver el expediente al  despacho  de  origen. Además, por cuanto no se observa que se haya incurrido en  una  vulneración  de  garantías  fundamentales  que imponga a la Sala casar el  fallo oficiosamente.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor de HÉCTOR FABIO CASTAÑO  OVIEDO,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Excusa  justificada   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER           ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Fol.  279 del cuaderno del Tribunal.      

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