26192(12-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26192  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 115                                                                              Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D. C.,  doce de octubre de dos  mil seis.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el defensor del acusado en el proceso  seguido   contra   Fernando  José  Castillo  Alvarino  por    el   delito   de   acceso   carnal   violento  agravado.     

Antecedentes.   

1. El 23 de octubre de 2001, alrededor de las  6:30  de la tarde, en el sector La Plumita del barrio Olaya Herrera de la ciudad  de  Cartagena,  cuando  la  menor  (…),  de  7  años de edad, se dirigía del  colegio  donde  estudiaba  a  su  residencia,  fue abordada por un sujeto que le  tapó  la  boca y la llevó bajo amenazas de muerte hasta su domicilio, donde la  accedió  carnalmente,  causándole lesiones que obligaron a su hospitalización  por  varias  días.  Con la colaboración de la menor se logró establecer días  después  la  ubicación  del  inmueble  donde  se  produjeron  los  hechos y la  identificación   del   autor,   quien  respondió  al  nombre  de  Fernando    José    Castillo   Alvarino.   

2. El 30 de enero de 2002, la Fiscalía acusó  al  procesado  por  el  delito  de  acceso  carnal  violento, agravado por haber  recaído  la  conducta sobre una menor de doce años de edad, de conformidad con  lo  previsto  en  los  artículos  205 y 211.4 del Código Penal (ley 599/2000).  Esta  decisión  fue  apelada  por  la  defensa  y  confirmada  por la Fiscalía  Delegada   ante   el   Tribunal   en  decisión  de  28  de  febrero  del  mismo  año1.    

3. Rituado el juicio, el Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  Cartagena condenó al procesado a la pena principal privativa  de  la  libertad  de  170  meses  de prisión y la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo término, como autor del delito  imputado  en la acusación. Apelado este fallo por el defensor del procesado, el  Tribunal,  mediante  el  suyo  de  10  de  marzo del año en curso, que el mismo  sujeto   procesal   recurre   en   casación,   lo   confirmó   en   todas  sus  partes2.   

La         demanda.   

Dos  cargos,  ambos  al  amparo  de la causal  primera  de  casación del artículo 207 del estatuto procesal penal (ley 600 de  2000),  cuerpo  segundo,  presenta  el  actor  contra  la  sentencia  impugnada,  así:   

Cargo   primero:  Violación  indirecta  de la ley sustancial debido a un error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  derivado  de  la falta de apreciación por parte de los  juzgadores  de  los testimonios de las menores “Lewis  y Liceth”.   

Sostiene  que  la  supuesta  ofendida,  en su  denuncia  y  después  en  su  ampliación, sostuvo que el día de los hechos se  encontraba  en  compañía  de  las  menores “Lewis y  Liceth”, y que también ellas fueron víctimas de la  acción  del procesado. Pero al ser llamadas las menores a declarar, dijeron que  todo    lo    dicho    por    aquélla   era  falso,  quedando  en  el  proceso solamente la versión de esta  última.   

Además  de  estas pruebas, los juzgadores de  instancia  tampoco  tuvieron en cuenta para nada los testimonios de descargos de  Felicidad  Acosta  Osorio,  Nelly  Asprilla  Márquez, Isabel Magallanes Ortiz y  Cecilia  Martínez Sotomayor, ni la declaración de Genarina Banquez Malo, quien  asegura  que  el  autor del hecho fue un hombre a quien le dicen “El Chino”,  ni  el  informe  de  la  Sijin  donde  se  hace  alusión  a la versión de esta  testigo.   

Cargo  segundo:  Se  presenta  en  el  carácter  de  subsidiario.  Se  hace consistir en un error de  derecho  por falso juicio legalidad en la apreciación del reconocimiento que la  menor hizo del procesado en la Estación de Policía.   

Explica  que  del testimonio de la Jefe del  Grupo  Humanista  de  la  Sijin,  SI.  Beatriz Taborda  Hernández,  surge que la niña al ver al procesado en  la  Estación  de Policía, lo reconoció enseguida, y que también reconoció a  su  esposa:  “al verlo me dijo que ese era, eso fue en la Estación del Olaya,  y de inmediato reconoció a la señora del sindicado”.   

Sostiene  que  este  reconocimiento viola las  reglas  establecidas  en  el  artículo  303 del Código de Procedimiento Penal,  razón  por  la  que no puede ser tenido en cuenta como prueba, y que el segundo  reconocimiento  no  puede  tener la fuerza que tuvo, porque es lógico que “la  misma  niña  tenía  que  volver  a  reconocer  a mi defendido, a quien, con el  mecanismo anterior, se lo habían mostrado”.    

Apoyado  en  estas  consideraciones pide a la  Corte  anular  la  sentencia impugnada y dictar en su reemplazo una de carácter  absolutorio,  “teniendo  en  cuenta que con los testimonios ignorados y con el  reconocimiento  mal  introducido,  está  demostrándose  en esta demanda que mi  defendido no cometió hecho imputado”.   

SE        CONSIDERA:   

La  Corte  ha sido insistente en advertir que  cuando  se  plantea  en  sede  de  casación  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores en la apreciación de las pruebas, es necesario cumplir  los  siguientes requerimientos mínimos, para que la demanda pueda ser declarada  en  forma  y  admitida para su estudio de fondo: (i) la indicación de la causal  alegada,  (ii)  la  identificación del error cometido por los juzgadores, (iii)  la   concreción  de  la  prueba  sobre  la  cual  recayó  el  error,  (iv)  la  demostración    de    su   existencia,   y   (v)   la   acreditación   de   su  trascendencia.   

Las  dos últimas exigencias, que son las que  importa  destacar  en  el  presente caso, no se demuestran afirmando simplemente  que  los juzgadores incurrieron en un determinado error de hecho o de derecho, y  que  si  el  error  no  hubiera  existido  el  sentido  del  fallo  habría sido  distinto.   Nada  de  eso. Para cumplir esta tarea es necesario analizar el  cargo  frente  a  los  contenidos  de la sentencia, con el fin de mostrarle a la  Corte   qué  se  dijo  en  ella  en  relación  con  el  hecho  que  motiva  la  impugnación,  en  qué  consistió  en  concreto el error que se denuncia, qué  implicaciones  tuvo  en  sus  conclusiones,  y  cuál  debió ser la conclusión  correcta de no haberse presentado el error denunciado.     

En  el  caso  en estudio, el enunciado de las  censuras  es  formalmente  correcto,  pues  el actor, como se dejó visto,   plantea  dos  errores,  uno  de  existencia por omisión y otro de legalidad por  vicios  en  la  formación  de  una  prueba, ambos dentro del marco de la causal  primera,  cuerpo segundo. Pero hasta allí llegan sus argumentaciones, pues nada  dice  sobre los fundamentos probatorios del fallo, ni sobre la incidencia que en  sus  conclusiones  llegaron  a  tener  los  errores  que  denuncia,  dejando  el  desarrollo de la censura a mitad de camino.      

Cuando  se  plantea  en  casación violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de  existencia por omisión de  prueba,  el  ataque  debe orientarse a demostrar que los juzgadores ignoraron un  determinado  medio  de  prueba,  y que su contenido material era importante para  definir  el caso. Siendo ello así, una demostración adecuada del reparo impone  al  actor  tener  que confrontar el análisis que los juzgadores hicieron de los  elementos  de  prueba  que  condujeron  a  la  conclusión  equivocada,  con  el  contenido  material  de  la  prueba  omitida,  para  mostrar  que  de no haberse  presentado  la omisión, las conclusiones habrían sido diferentes, labor que en  el presente caso el casacionista no acomete.   

Es  más.  Si  son  revisados  los  fallos de  instancia,  se  establece  que  en  ellos  fueron  analizados los testimonios de  Leibi  Julieth  Velásquez  Calderón,  Liseth  Yamile  Rivera   Blanco  y  Genarina  Banquez   Malo3,  y  que  su  inconformidad  realmente surge del hecho de haber los  juzgadores  desestimado algunas de sus afirmaciones para darle credibilidad a la  víctima,  situación  que  no  se  inscribe  dentro de los linderos propios del  error  de existencia, sino de raciocinio por desconocimiento de las reglas de la  sana  crítica  en  la  apreciación  de  su  mérito, que el demandante tampoco  plantea ni acredita.       

Igual  acontece con el ataque por el error de  derecho  por falso juicio de legalidad. El recurrente se limita a afirmar que el  “reconocimiento”  realizado  por  la menor en la estación de policía no es  válido  porque  en  su  formación  no  se  cumplió la liturgia prevista en el  artículo  303  del  estatuto  procesal  penal, pero no muestra cómo, o en qué  dimensión  probatoria los juzgadores lo tuvieron en cuenta, ni qué papel   jugó en las conclusiones del fallo.   

Simplemente dice que la identificación que la  víctima  realizó  del  supuesto  victimario en la referida estación, al verlo  accidentalmente  en una de sus instalaciones, no podía ser tenido en cuenta por  los   juzgadores  porque  no  medió  fila  de  personas,  y  que  el  realizado  posteriormente,  con el cumplimiento de todos los requisitos, tampoco, porque la  víctima  ya  lo  había  visto en la estación, sin indicar qué clase de error  cometieron  los  juzgadores  en  la  valoración de este reconocimiento, ni qué  incidencia   tuvo   en   la   declaración  de  responsabilidad  del  procesado.   

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  requisitos  mínimos  requeridos  para  ser  declarada  en  trámite, la Sala la  inadmitirá  y ordenará devolver el proceso a la oficina de origen, teniendo en  cuenta,  de  otra  parte,  que  no  se  observan  violaciones  a  las garantías  fundamentales   que    esté   en   el   deber   de   proteger   de  manera  oficiosa.     

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de Fernando  José Castillo Alvarino.    

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO               

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                   MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON               

JORGE        L.        QUINTERO  MILANES             YESID   RAMIREZ  BASTIDAS               

JULIO         E.         SOCHA  SALAMANCA             JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1  Folios  147-156  del  cuaderno  1  y  2-14  del  cuaderno de la Delegada ante el  Tribunal.   

2  Folios 121-125 del cuaderno 2 y 6-23 del cuaderno del Tribunal.   

3  El  actor   menciona   otros   testimonios  pero  se  limita  a  relacionarlos,  sin  decir  siquiera qué dicen.      

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