26016(13-09-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26016  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 97  

Bogotá  D.C., trece de septiembre de dos mil  seis   

          Decide  la  Corte  lo  pertinente con relación a la admisión de la  demanda  de  casación  discrecional interpuesta por el defensor de WILLIAM  IVAN  ARANAGA  ROJAS,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida el 7 de marzo de 2006 por el Juzgado  quinto  penal del circuito de Ibagué, mediante la cual confirmó la del Juzgado  séptimo  penal  municipal  de  la misma ciudad, que condenó al recurrente como  autor del delito de inasistencia alimentaria.   

HECHOS  

          Así    pueden    resumirse    los    hechos    juzgados    en   las  instancias:   

          En  el  año  2000,  el  Juzgado  sexto  de  familia de la ciudad de  Ibagué,    le   fijó   a   WILLIAM   IVAN   ARANAGA  ROJAS  una  cuota  alimentaria  a favor de su hija por  valor  de  250.000  pesos mensuales. No obstante, desde el 10 de agosto de 2004,  hasta  30 de marzo de 2005, el sindicado debía una suma igual a 2.500.000.00 de  pesos  por  concepto  de  alimentos, fuera de 5.700.000.00 de pesos                   que  corresponden  a  periodos  anteriores,   por cuya omisión fue condenado en  proceso separado.   

ACTUACION PROCESAL  

          El  11  de  enero  de  2005,  la  representante  legal  de  la menor  presentó   denuncia   penal   (artículo   35   del  C.P.P.),  con  base  en  la  cual,  el  18  de  enero  siguiente,  la fiscalía veintiocho de la Unidad de protección al menor, abrió  investigación    penal    (fs.,    11).   

          Después     de     cerrar     la     investigación    (fs.,   61),   la  fiscalía  acusó  al  sindicado  mediante  providencia  del  10  de  mayo  de  2005,  por  la probable  comisión  del delito de inasistencia alimentaria, sin deducirle ningún tipo de  agravantes    genéricas    (fs.,   92).   

          El  Juzgado  séptimo penal municipal, luego de tramitar la fase del  juicio,   condenó   a   ARANAGA  ROJAS  a  la  pena  principal de 34 meses de prisión, multa de 18 salarios  mínimos  legales vigentes como autor del delito de inasistencia alimentaria y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas,  para  lo  cual  consideró el quebrantamiento de los deberes que las  relaciones  sociales  o  de  parentesco  impongan  al sentenciado respecto de la  víctima,   como   causal   genérica   de   agravación  punitiva  (fs., 196).   

          Apelada  la  decisión  por  la defensa, el Juzgado quinto penal del  circuito la confirmó mediante la suya del 7 de marzo de 2006.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Con  fundamento  en lo dispuesto en la parte final del artículo 205  de  la ley 600 de 2000, y con apoyo en el cuerpo segundo de la causal primera de  casación,  un  cargo formula el demandante contra la sentencia proferida por el  juzgado quinto penal del circuito de Ibagué.   

          Aduce,  en ese sentido, que el juzgado dejó de aplicar el numeral 1  del  artículo 32 de la ley 599 de 2000, que trata de la ausencia de conducta en  eventos  de  caso  fortuito  y fuerza mayor, como consecuencia de los errores de  derecho  en  que  incurrió al no habérsele otorgado “el valor probatorio que  la ley le asigna a las pruebas aportadas en la etapa del juicio.”   

          En  efecto, a pesar de que en la fase del juicio se logró demostrar  que  el  sindicado  poseía varias cuentas bancarias inactivas, y que sus bienes  se  encontraban  embargados  y  secuestrados, el juzgado omitió considerar esas  pruebas,  para  concluir  que  aquel es responsable, en lugar de aceptar que una  fuerza mayor le impedía cumplir con sus compromisos de padre.   

          Con    palabras    de    la    Corte   Constitucional   1,  señala que  cualquiera  que  sea  la  posición dogmática que se asuma, lo cierto es que la  carencia   de  recursos  económicos  no  solo  impide  la  exigibilidad  de  la  obligación,   sino  –  a  fortriori  – la deducción  de  la  responsabilidad  penal.”  Sería  bueno,  a su juicio, que la Corte se  ocupara de desarrollar “esta jurisprudencia.”   

          Como  consecuencia  de lo anterior, pide casar la sentencia y dictar  el fallo de sustitución.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La demanda se inadmitirá, por las siguientes  razones:   

Primero. Además de  los  requisitos de toda demanda (artículo 212 de la ley 600 de 2000), cuando se  impugna   sentencias   de   segunda  instancia  por  la  vía  de  la  casación  discrecional,  sean estas proferidas por juzgados penales del circuito o por los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial o por el Tribunal Superior Militar,  aparte   de   indicar   si  con  el  recurso  se  pretende  defender  garantías  fundamentales  o el desarrollo de la jurisprudencia, o ambas, el recurrente debe  persuadir  a  la  Corte  para  que  ejerza  su  poder discrecional en orden a la  realización  de  las  finalidades  que persigue (artículo 205 de la ley 600 de  2000).   

Segundo.   El  demandante,  como  se  ha  indicado, al parecer pretende que la Corte desarrolle  por  vía  jurisprudencial  un  punto  concreto de derecho, pero sin explicar la  razón  por  la cual resulta de interés en general y la manera como a partir de  ese  supuesto se resolvería el caso concreto, dado que, como lo ha señalado la  Sala, esta fórmula busca,   

“…  fijar  el  alcance  interpretativo   de   alguna  disposición,  o  la  unificación  de  posiciones  disímiles  de  la  Corte,  o  el  pronunciamiento  sobre  un punto concreto que  jurisprudencialmente   no   ha   sido   suficientemente   desarrollado,   o   la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas;  y,  además,  la incidencia favorable de la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros  de  interpretación con criterio de autoridad “. 2   

            

En su lugar,  después de una referencia  muy  somera a la ausencia de conducta y sin conservar la debida afinidad con los  propósitos  que persigue con el recurso (desarrollo de  la  jurisprudencia),  al  postular el cargo se desliza  hacia   la   crítica  probatoria,  olvidando  que,  como  lo  ha  señalado  la  Sala,   

“Los   giros  de  fundamentación  por  la  apreciación  de  la  prueba,  dada la indeterminación de los resultados por la  posibilidad   de  meras  discrepancias  valorativas,  no  pueden  ser  argumento  suficiente   para   reclamar   una   casación   sujeta  a  tan  singulares  necesidades.” 3   

          De  manera  que tanto por la indebida fundamentación de las razones  que  posibilitan  el  ejercicio  discrecional  de la Corte en sede de casación,  como  por  la  indebida  postulación  de  los  cargos,  que  dicho  sea de paso  demuestran  la  incongruencia  entre las finalidades del recurso y el desarrollo  del cargo, la demanda debe inadmitirse.   

          Tercero.  Sin embargo, observa la Corte la  posible  vulneración  de  garantías  fundamentales,  consistentes  en  haberle  deducido  al  sindicado  circunstancias  de  agravación  no  contempladas en la  acusación,  que  pueden  incluso  infringir  el  principio del non bis in idem.  (artículo  216  de  la  ley  600 de 2000).  Con  ese fin, correrá traslado al Ministerio Público por veinte  días para que se pronuncie sobre este supuesto.   

Por lo expuesto, La Corte  Suprema de Justicia, Sala de casación penal,   

Resuelve   

          Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada     a     nombre     de    WILLIAM IVAN ARANAGA ROJAS.   

          Córrase  traslado  al Ministerio Público  para    que   conceptúe   sobre   la   posible   vulneración   de   garantías  fundamentales.   

         

Notifíquese y Cúmplase  

MAURO  SOLARTE            PORTILLA   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

Permiso  

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

       Salvamento de  voto   

JORGE           QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

JULIO             SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

Salvamento parcial de voto  

(Casación 26.016)  

He  salvado  parcialmente el voto porque no  estoy  de  acuerdo con el traslado que se hace del asunto al Ministerio Público  para que emita concepto.   

En  otras  oportunidades  he  expuesto  los  motivos de mi disentimiento, que ahora reitero. Decía:   

1. Establecida la vulneración de un derecho  o   de   una   garantía,   de  inmediato  el  funcionario  judicial  tiene el deber de declararla, salvo en  aquellos  eventos en los cuales se admite la demanda de casación y se remite al  Ministerio  Público.  Si la ruptura de los derechos es algo grave, y a plenitud  la  detecta  el  juez  de  casación, lo que debe hacer es decretar la lesión a  ellos tan pronto recibe el proceso y se percata de ello.   

2. No veo cómo pueda el Ministerio Público  opinar  frente  a  una  demanda  que  no reúne los requisitos técnico-formales  mínimos.  No  sé  cómo podría hacerlo pues es la propia ley la que determina  como   requisito   de   procedibilidad  para    esa   entidad   la   declaración   de   “admitida”   o  “ajustada”     de     la     demanda.    Basta    leer    la    disposición  correspondiente.   

3.  Oía  en  Sala  que  se  hacía “para  mayores  garantías”.  No  veo por qué se hace con esa finalidad, si se tiene  claro  que  ha  existido  desconocimiento de derechos. Con el traslado lo que se  hace  es  lo  contrario:  prolongar  aún  más,  sin razón, la ruptura de esos  derechos.   

4. La mayor garantía ciudadana frente a un  eventual  desconocimiento  de derechos fundamentales es que conozca el asunto la  Corte  Suprema  de  Justicia pues esta, se afirma, es el máximo Organismo de la  jurisdicción  Ordinaria.  Y  con esto no se menosprecia al Ministerio Público.  No.  Simplemente  se  hacen  las  cosas  como  se deben hacer: si la Corte, tras  inadmitir   la  demanda,  observa  una  nítida  violación de derechos y/o garantías, o una protuberante  causal  de  nulidad, por el rango de su ejercicio, debe proceder de una vez a la  declaración correspondiente.   

5.    Si    la    Corte    inadmite   la   demanda  y  dispone  el  traslado  al  Ministerio  Público, en estricto sentido ha perdido totalmente su  competencia.  Por  consiguiente,  cuando retorne el expediente a su seno, carece  de potestad para hacer cualquier tipo de pronunciamiento.   

6.    Si    la    Corte    inadmite  la demanda, su decisión queda  ejecutoriada  con  la firma de los integrantes de la Sala de Casación Penal. Si  se   envía   el   asunto   al   Ministerio   Público   y   luego  –mañana,  dentro de un mes, dentro de  un  año, o cuando sea- éste retorna las diligencias con su opinión, la Corte,  ante  la flagrante lesión de una garantía básica o de un derecho fundamental,  no  puede  ocuparse  del  expediente,  pues,  se repite, su auto de inadmisión  ya está ejecutoriado. Y no  me  cabe  en  la cabeza que con el traslado a la Procuraduría surja otra figura  jurídica:  suspensión de  la  ejecutoria  mientras  conceptúa  el Ministerio Público y mientras la Corte  vuelve a pronunciarse.   

7.  Si  la  Corte remite el expediente para  concepto  a  la  Procuraduría,  esta  opina  y regresa el expediente a la Corte  ¿qué sigue? Ensayemos:   

7.1. Un auto que modifique la sentencia. Por  principio,  con  un  auto no puede ser variado un fallo de segunda instancia que  ya  ha  sido ratificado con la inadmisión.   

7.2.    Que   la   Corte   case   la  sentencia.  Pero  tiene  que  hacerlo  por  medio  de  una  sentencia  de  casación, que no es posible sin el  “ajuste”   previo   de  la  demanda  de  casación  y  sin  el  –ahí   sí-  concepto  anterior  del  Ministerio Público, en cualquier sentido.   

Ante este problema, pienso lo que siempre he  pensado frente a los problemas: lo mejor es evitarlos.   

8. La solución es muy sencilla:  

8.1.  El  artículo  216  del  Código  de  Procedimiento   Penal   establece   el  principio  de  limitación  en casación: la Corte no puede tener en  cuenta  causales distintas de las expresamente formuladas por el demandante. Sin  embargo,   agrega:   Pero  tratándose  de  nulidad  o de violación ostensible de garantías sustanciales,  debe   casar   de  oficio.   

8.2.  La  lectura del artículo permite ver  dos hipótesis:   

Una. Dictar fallo  de  casación  luego  de  admitida  la  demanda  y de obtenido el concepto de la  Procuraduría, siempre ceñida a lo esgrimido por el recurrente.   

Dos.   Otra,   por   eso   el  pero,   que   permite   a  su  vez  dos  hipótesis:   

Primera.  Dictar  sentencia   de   casación   de   oficio,  después de la declaración de “ajustada” de la demanda y de  la  recepción  del concepto del Ministerio Público, más allá de lo planteado  por  el  casacionista,  por  violación  de  derechos  y  garantías  o  por  la  percepción de una causal de nulidad.   

Segunda.  Dictar  sentencia   de   casación,   de   oficio,  sin limitación alguna pues la demanda habrá de ser inadmitida,  por las mismas razones anteriores.   

Por supuesto que esta interpretación puede  ser  discutible. Pero sin duda es la que más se ajusta al derecho sustancial, y  es  la  que  permite  resolver  más  rápido  sobre los derechos agraviados. La  Corte,  entonces,  en  vez  de  aumentar  el  tiempo  de lesión de los derechos  fundamentales,  y  de hacer giros que la Constitución y la ley prohíben, tiene  que ocuparse directamente, de una vez, del tema.   

Álvaro Orlando Pérez Pinzón  

(19-09-2006)  

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C 237 de 1997.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  providencia  del  29  de  septiembre  de  2004, radicado  22572,   entre   otras.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  providencia del 24 de noviembre de 2005, radicado 23897.     

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