25986(12-09-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No  25986  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                  Dr.  ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO   

                                               Aprobado Acta  No 96   

Bogotá, D.C., doce (12) de septiembre de dos  mil seis (2.006)   

VISTOS:  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación  discrecional  instaurado  por el  defensor  del  procesado CARLOS GARDEL BARRIOS ORTEGA contra la sentencia del 23  de  febrero  de  2006  proferida  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Montería,  mediante  la  cual  confirmó  en  su integridad la emitida el 16 de  marzo  de  2005  por  el  Juzgado  Segundo Penal Municipal de esa ciudad, que lo  condenó  a  la  pena  de  prisión  de  veintiséis (26) meses por el delito de  lesiones personales.   

LOS HECHOS:  

El  12 de junio de 1999 alrededor de las seis  horas  y  treinta  minutos  de la tarde, en zona urbana de Montería se suscitó  una  riña  entre  CARLOS  GARDEL BARRIOS ORTEGA y Emiro Hernández Junco, en la  cual  se  agredieron físicamente. Minutos después se generó una reyerta entre  miembros  de  las  familias  de  los rijosos, algunos de los cuales –los  esposos  Emiro  y  Matilde- fueron  lesionados  por  BARRIOS  ORTEGA  y  éste  a su vez por Samis Hernández Junco.   

La  Fiscalía Novena Delegada ante los Jueces  Penales  Municipales  de  Montería mediante resolución del 19 de septiembre de  2002    –entre   otras  determinaciones-  acusó  a  BARRIOS  ORTEGA,  decisión  que  causó ejecutoria  material el 11 de octubre de ese año al no haber sido recurrida.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN:  

Con  sustento  en  la  causal  primera  del  artículo  207  de  la  ley 600 de 2000 en la demanda se propone un único  cargo  contra  la sentencia por un  falso  juicio de identidad, bajo el supuesto de que la versión de Carlos Gardel  Barrios  Ortega  y  las  declaraciones de Emiro Hernández Vitola, Matilde Junco  Barrios  y  Emiro  Hernández  Junco  no  son  pruebas que ofrezcan certeza para  condenar.   

A  continuación  reproduce algunos segmentos  del  fallo  impugnado  en  los  cuales  se  hacen afirmaciones probatorias, para  cuestionar  al de primer grado por falta de motivación y criticar al de segunda  por  haberlo  confirmado,  advirtiendo  que  en  éste  no se indica cuál es el  contenido de esa prueba, el sentido y alcance de la misma.   

Luego  procede  a  transcribir  partes de las  declaraciones  de Emiro Rafael Hernández Vitola, Emiro Hernández Junco y Samis  de   Jesús   Hernández,   para   señalar  que  de  ellas  “no  puede  (sic)  deducirse   afirmaciones claras o contenido probatorio serio que comprometa  la responsabilidad” del procesado.   

Según  el  actor  se  incurre en el error de  hecho  que  denuncia  porque  el  juzgado “estima equivocadamente el sentido y  alcance  de  los  medios  de  convicción”  existentes  en  el  proceso,  pues  –a  su  juicio- existe una  disparidad  entre  la prueba y la argumentación del fallador como quiera que la  realidad  probatoria  objetiva  no  es  demostrativa  de  la responsabilidad del  acusado, en cuyo caso emana de ella la duda razonable.   

CONSIDERACIONES:  

Aun  cuando  el  recurrente  cumplió  con la  obligación  de justificar en la demanda la intervención de la Corte Suprema en  este  asunto,  aduciendo que se hace necesaria para la protección del principio  de  presunción de inocencia por desconocimiento de la duda probatoria, la misma  desatiende los requisitos de técnica propios del reparo propuesto.   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  es  un  vicio  de  contemplación material de los medios probatorios.  Consiste  en la tergiversación del contenido literal de la prueba por adición,  supresión o alteración.   

Cuando  en  casación  se alega esta clase de  error  es  imprescindible que en la demanda se individualicen las pruebas objeto  del  yerro,  se  confronte  su  literalidad con lo que de ellas se expresa en la  sentencia  demostrando  que  al  mismo  se  llego  por  adición,  supresión  o  alteración  de su contenido material, se señale cuál es el sentido que se les  dio  en  el  fallo,  cuál  es  el  que  les  corresponde  y cómo de no haberse  incurrido en el vicio el fallo sería otro.   

Sin embargo, el impugnante incumplió con ese  cometido.  Aunque  individualiza  la prueba testimonial sobre la cual predica el  error,  lo  hace  para  señalar que la misma no reunía el grado de certeza que  permitiera  establecer  la autoría del hecho pero sin demostrar que el fallador  traicionó  su  contenido  material,  pues  su reparo lo vincula con la falta de  motivación  de  la  sentencia que prohijó el fallador de segundo grado, cuando  tampoco  indicó  “el  contenido  de esa prueba, el sentido y el alcance de la  misma”.   

Además la trascripción literal de apartes de  algunas  declaraciones  persigue  demostrar  que  el principio de presunción de  inocencia   no   fue   desvirtuado,   porque  de  ellas  “no  puede  deducirse  afirmaciones  claras o contenido probatorio que comprometa la responsabilidad”  del  acusado,  de modo que el reproche se relaciona con el valor que les asignó  el  juzgador  a dichos medios de prueba y no porque los mismos hayan sido objeto  de tergiversación.   

Su  inconformidad  radica  entonces en que el  fallador  a  partir  de las manifestaciones del inculpado en su indagatoria y de  las  versiones de Emiro y Samis de Jesús Hernández estructurara la certeza, la  cual  constituye  un  juicio  personal  del recurrente al valor probatorio que a  tales  medios  probatorios  le otorgara el tribunal, motivo ajeno a la casación  donde  se  juzgan  errores  y  no  la  disparidad  de  criterios  propias de las  instancias.   

Luego  si lo pretendido por el impugnante era  demostrar  que  el  fallador  no  podía  llegar  a  las  deducciones  y  a  las  conclusiones  que  arribó  a  partir  de  los  testimonios  citados, los hechos  aducidos  en  la  demanda  no  guardan  relación  alguna con el falso juicio de  identidad  propuesto,  pues  no  demuestra  que  la prueba referida hubiese sido  objeto  de  distorsión por adición, supresión o alteración ni tampoco indica  de qué manera fue tergiversada.   

La  inconformidad  por  el  alcance  o  valor  probatorio  asignados  a  las  pruebas  mencionadas  en  la  demanda  ha  debido  proponerla  bajo  otra  de las modalidades del error del hecho, pues amparado el  fallo  por  la doble presunción de acierto y de legalidad, prevalece el sentido  fijado  por  el  juzgador  a  menos  que  se  probara que dentro de esa libertad  relativa  ignoró  las  reglas  de  la  sana crítica, porque en su apreciación  violó  las  reglas  de  la  experiencia,  los  principios  de  la ciencia o los  postulados    de    la    lógica    –falso raciocinio-.   

Impedida  la Sala por la naturaleza rogada de  la  casación  para  subsanar,  corregir o enmendar las deficiencias de técnica  anotadas  a la demanda la inadmitirá, sin que disponga su trámite oficioso con  fundamento  en  lo  dispuesto por el artículo 216 de la ley 600 de 2000 pues no  se vislumbra la violación de garantías fundamentales.   

En   mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda de casación discrecional  presentada    por   el   apoderado   del   procesado   CARLOS   GARDEL   BARRIOS  ORTEGA.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                   

ALVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN            MARINA    PULIDO   DE  BARON          

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES              YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                              

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

      

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