25914(13-09-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25914   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado Acta No. 097.  

         

          Bogotá  D.C.,  septiembre  trece  (13)  de  dos  mil  seis  (2006).   

  VISTOS  

La  Sala  se pronuncia de fondo en relación  con  el  tercer  cargo de la demanda de casación discrecional presentada por la  defensora  del  procesado  WILLIAM  SIERRA   contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena1  el  2  de  septiembre de 2005, mediante la cual revocó la dictada  por  el  Juzgado 14 Penal del Circuito de Bogotá el 3 de diciembre de 2003, que  lo  había  absuelto del cargo que por el delito de injuria le fue formulado por  la Fiscalía.   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita en su concepto casar la sentencia impugnada en lo que  tiene  que  ver  con la sanción pecuniaria “para que  se  imponga  dentro  de  los límites establecidos en la normatividad vigente al  momento de ocurrencia de los hechos”.   

HECHOS  

El  supuesto  fáctico  que  motivó  este  diligenciamiento    fue    resumido    por    el   ad  quem en los siguientes términos:   

         

          “Narran  las  foliaturas,  que  según  denuncia instaurada por la  señora  BLANCA  FLOR CARABALLO, que a su domicilio, siendo las 10:00 p.m. del 9  de  febrero  de  1999,  se  presentó  el señor WILLIAM SIERRA en compañía de  otras  personas,  quien se dirigió a la señora CARABALLO, para proferirle toda  clase   de   improperios,  insultos,  palabras  soeces  etc.   Que  en  los  siguientes  días  a  la  fecha  referida, el señor WILLIAM SIERRA se dedicó a  desacreditar  y difamar a la denunciante ante terceros;  y se hizo presente  en  el  local  donde  la  señora BLANCA FLOR CARABALLO trabajaba, cambiando las  cerraduras  de  las  puertas  de  acceso  impidiendo  que ésta desarrollara sus  actividades laborales”.       

          ACTUACIÓN PROCESAL   

Con  base  en  los  hechos  anteriores,  se  decretó  la  apertura  formal  de  la  investigación  penal,  en cuyo marco se  vinculó     a     WILLIAM    SIERRA    mediante  indagatoria,  a  quien se le definió situación jurídica  con   medida   de   aseguramiento   de  caución  prendaria  por  el  delito  de  injuria.   

Cerrada  la  investigación, se calificó el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra del procesado por  el  mismo  delito que sustentó la medida detentiva.  Al ser impugnada esta  decisión  por  la defensa del sindicado, se confirmó por la Fiscalía Delegada  ante el Tribunal de Bogotá el 2 de octubre de 2001.   

La   etapa  del  juicio  le  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  14 Penal del Circuito de la misma ciudad, despacho que  una  vez  surtió  el  trámite legal correspondiente, el 3 de diciembre de 2003  dictó  sentencia por cuyo medio absolvió al procesado del cargo imputado en la  resolución de acusación.   

Contra  la  anterior  decisión,  interpuso  recurso  de  apelación  el  apoderado  de la parte civil, motivo por el cual se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  el  2  de septiembre de 2005,  revocándola  y,  en  su  lugar,  condenando  al procesado como autor penalmente  responsable  del delito de injuria a las penas principales de un (1) año y tres  (3)  meses de prisión y multa por valor de trece (13) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un tiempo igual al de la pena  privativa  de  la  libertad.   Del  mismo  modo,  lo  condenó  al  pago de  perjuicios  por  la  suma  de  cien  (100)  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes  y  le concedió la suspensión condicional de la ejecución de la pena  privativa de la libertad.   

Inconforme con la anterior determinación, la  defensora  del  sindicado  interpuso  y  sustentó,  mediante  demanda,  recurso  extraordinario  de  casación  discrecional, sobre el cual se pronunció la Sala  el  23  de  agosto  de la anualidad que transcurre inadmitiendo los dos primeros  cargos  propuestos  y  admitiendo  únicamente el tercero, dado que a través de  dicha  censura  se   “persuade sobre la posible  vulneración   de   garantías   fundamentales”  del  procesado   WILLIAM  SIERRA.   

En el curso del trámite casacional se obtuvo  el respectivo concepto del Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

          Habida  cuenta  que  a  través  de  la  referida decisión de fecha  agosto  23  del año que transcurre la Sala únicamente admitió el tercer cargo  de  la  demanda,  en  este  acápite  sólo resulta pertinente referirse a dicha  censura.   

          El  sustento  del  reparo  está contenido en el siguiente párrafo:   

“En el evento de que la H. Corte Suprema no  estime    procedentes   los   anteriores   cargos,   me   permito  formular  subsidiariamente,  con  base en el numeral 1 del Código de Procedimiento Penal,  el  de  violación  directa de la ley por aplicación indebida del artículo 220  del  Código  Penal  -Ley  599  de  2000- por cuanto la norma aplicable, como se  señaló  en  la  resolución  de  acusación,  era el artículo 313 del Código  Penal  anterior   -Ley  100  de 1980- y no puede bajo ninguna circunstancia  bajo  nuestra  óptica judicial, el juzgador aplicar la norma posterior violando  la  favorabilidad  que le cobija al señor SIERRA y contemplada, al comparar las  dos  normas,  en  la  vigente  para  la época de los hechos o sea la Ley 100 de  1980”.   

   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita en su concepto casar el fallo objeto de impugnación,  de conformidad con las siguientes consideraciones:   

          El  delito  de  injuria  con la Ley 599 de 2000 no comportó ningún  cambio  en  la  descripción  del  tipo  frente  a  la  fórmula  prevista en el  artículo  313  del  Código  de 1980 “únicamente se  incrementó    la    multa    de    ‘un   mil  cien  mil  pesos’,  a  ‘diez a  mil     salarios     mínimos    legales    mensuales    vigentes”.   

          Para  la  época  de comisión del suceso delictivo la norma vigente  “era la que contemplaba la pena pecuniaria de un mil  a  cien  mil pesos, mientras que cuando fue emitida la sentencia condenatoria de  segunda  instancia  se  encontraba vigente la Ley 599 de 2000, en cuyo artículo  220  se  establece  una  nueva modalidad de este medio punitivo, al establecerse  una  conversión  teniendo  en  cuenta  el  salario mínimo legal”.   

          Al  imponerse  la  pena  pecuniaria de conformidad con la preceptiva  vigente,   prosigue   la  Procuradora  Delegada,  el  sentenciador  “ocasiona  una  mayor  significación punitiva en relación con la  norma  vigente  al momento de ocurrencia de la conducta punible, ya que el monto  de  la pena impuesta supera la suma de $ 4.959.500., resultado de la conversión  del  valor  de los trece salarios mínimos legales mensuales vigentes al momento  de        proferirse        la       sentencia       condenatoria”.   

En tales condiciones, indica que es evidente  la  restauración  del  derecho  fundamental vulnerado al procesado “específicamente  en  lo  que tiene que ver con la imposición de  la  pena  más  favorable”, a tenor de lo previsto en  el  artículo  29 de la Carta Política, pues “no hay  duda  que  en  virtud del principio de favorabilidad debía aplicarse la ley que  regía  al  momento  de  los  hechos,  teniendo  cabida  la  ultractividad de la  legislación derogada en este punto”.   

Por ello, la Procuradora  Delegada  solicita  casar  parcialmente  el fallo en lo que tiene que ver con la  sanción  pecuniaria impuesta.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

El artículo 29 de la Constitución Política  de  Colombia  ordena que “la ley permisiva o favorable,  aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a la restrictiva o  desfavorable”.  Tal  mandato  superior,  que encuentra  reflejo  legal  en  el inciso segundo del artículo 6° de la Ley 599 de 2000 no  admite  limitaciones,  lo  cual  impone  que  cuando  se  encuentre que un mismo  supuesto  se  regula  por  diversas  normatividades,  se  aplicará  aquella que  comporte mayor beneficio.   

Con  fundamento  en lo anterior, oportuno se  ofrece  precisar  que  para  el  momento en que se profirió el fallo de segundo  grado  de  fecha  septiembre  2  de  2005,  por  virtud  del  cual se revocó el  absolutorio  de  primera  instancia  dictado  a favor del procesado WILLIAM    SIERRA   en   punto   de   las  consecuencias  del  delito fundamentalmente, el sentenciador tenía que ponderar  las  dos  normatividades  que  durante  la  investigación  y el juzgamiento, de  manera sucesiva tuvieron plena vigencia.   

Por  una  parte,  las disposiciones vigentes  para  la  fecha  en que tuvo ocurrencia la conducta (febrero de 1999), es decir,  el  Decreto  Ley  100  de  1980  y,  por  otro  lado, las de la Ley 599 de 2000,  actualmente en vigor.     

En  ese  orden  de  ideas,  correspondía al  funcionario  acometer  la  tarea  de  establecer  cuál de las dos disposiciones  resultaba  más  benigna  para  el  procesado,  imperativo  al  cual se sustrajo  totalmente  no  sólo  porque  optó  por  aplicar  sin  explicación  alguna el  artículo  220  de  la  Ley 599 de 2000 y no el 313 del Decreto Ley 100 de 1980,  punto  sobre  lo  cual  se  ahondará  más adelante, sino porque en la labor de  individualización  de  la  pena  procedió  de  conformidad  con  el sistema de  cuartos  de  movilidad  punitiva  que  contempla  el  artículo 61 de la primera  codificación,  aun  cuando,  como lo tiene dicho la Sala, en principio, resulta  más   gravoso   que  el  método  de  dosificación  previsto  en  el  anterior  estatuto.   

Sin  embargo,  en  cuanto  a  este  último  tópico,  según también lo ha precisado la jurisprudencia de la Corte, una tal  situación  finalmente  no  genera  afectación  de las garantías del procesado  porque  cuando  dicha labor se efectúa dentro de los linderos del primer cuarto  de  movilidad,  como  ocurrió  en el caso que concita su  atención, no se  advierte  diferencia  alguna  entre  los  dos  sistemas  que  imponga  acudir al  principio de favorabilidad.    

De  allí  que  la  aplicación  de  dicha  garantía   en   este   asunto   se  contrae  a  establecer  cuál  de  las  dos  normatividades  en  conflicto,  esto es, el artículo 313 del Decreto Ley 100 de  1980  o  el 220 de la Ley 599 de 2000, que sancionan el delito de injuria por el  cual  se  condenó al procesado, le resulta más favorable, bien en cuanto a los  elementos  que integran la descripción típica de la conducta, ora en relación  con  las  consecuencias  previstas  cuando  se  ha  declarado la responsabilidad  penal.   

Pues bien, del cotejo de las referidas normas  se  observa  que,  como bien lo indica la Procuradora Delegada, existe identidad  en  cuanto  a los elementos que estructuran la conducta punible aludida, lo cual  descarta  la  aplicación del principio de favorabilidad por este factor, mas no  sucede   igual   en   cuanto   a   las   consecuencias  que  se  derivan  de  su  comisión.    

En  efecto,  mientras  el  artículo 313 del  Decreto  Ley  100  de  1980  sancionaba tal comportamiento con pena de uno (1) a  tres  (3) años de prisión “y multa de un mil a cien  mil  pesos”, el actualmente vigente artículo 220 de  la  Ley  599  de  2000,  seleccionado por el juzgador para regular el asunto, lo  castiga    con    la   misma   pena   de   prisión,   pero   con   “multa  de  diez  (10)  a  mil  (1.000)  salarios mínimos legales  mensuales vigentes”.   

La simple comparación de los límites dentro  de  los  cuales  debe tasarse la sanción pecuniaria previsto en uno y otro  ordenamiento  pone  de  manifiesto que la aplicación de la primera disposición  contraría  el  principio de favorabilidad de la ley penal, pues si bien la pena  de  prisión  es  igual en ambas normatividades, tal no ocurre con la pecuniaria  que  en la última codificación es más severa, porque en el mejor de los casos  en  que  se  opte  por imponer la pena mínima de multa prevista en el artículo  220  de la Ley 599 de 2000, esto es, de diez salarios mínimos legales mensuales  vigentes,   su   conversión   para  el  2  de  septiembre  de  20052,  fecha en la  cual  se  dictó  el  fallo, arroja una suma de tres millones ochocientos quince  mil  pesos ($ 3.815.000), la cual supera con creces el máximo de cien mil pesos  (  $100.000)  que  para  tal efecto contemplaba el artículo 313 del Decreto Ley  100 de 1980.   

Así  las  cosas,  la  conclusión  a la que  razonablemente  se  llega  es  a  la  de  que  con  sujeción  al  principio  de  favorabilidad,  al  fallador  le  resultaba  imperativo  aplicar  con  carácter  ultractivo  la  disposición  vigente  para  el momento en que se cometieron los  hechos   respecto   de   la   pena   pecuniaria   prevista  para  el  delito  de  injuria.   

    

Bajo  esa perspectiva, es también claro que  el  juez  de  segundo  grado  se  equivocó  en la selección de la disposición  aplicable,  situación  que  impone  la  casación  parcial  del  fallo, como al  unísono  lo  deprecan  la demandante y la colaboradora del Ministerio Público,  una  vez  se constata que efectivamente se produjo afectación de las garantías  fundamentales  del  sindicado,  presupuesto  que  franqueó  el  paso  al  medio  extraordinario de impugnación por la vía discrecional.   

En  este  orden  de  ideas, se procederá al  proferimiento  del  fallo de reemplazo acorde con la disposición más favorable  para   el   procesado   WILLIAM  SIERRA  en  punto  de  la  cuantificación de la pena pecuniaria, respetando  los   parámetros   expuestos   por  el  juzgador.        

Así las cosas, lo primero que se observa es  que  el  fallador  no  partió  de  la  pena  mínima,  teniendo  en  cuenta las  siguientes    razones   consignadas   en   el   siguiente   aparte   del   fallo  impugnado:   

“…la gravedad y modalidad de la conducta  punible,  esto  es  la forma como el procesado cometió la conducta, a tal punto  que  es de dominio público la deshonra de la quejosa; el grado de culpabilidad,  pues   sin   miramientos  pregonaba  la  mala  reputación  de  la  señora,  la  personalidad  de  los agentes, el atender solo el aspecto económico, siendo que  la  postre  más  importante  es  la  moral  y honra de las personas, además de  contar  con  mecanismos  legales  y jurídicos para el  cumplimiento de las  obligaciones  contraídas,  a  menos  que  sienta satisfecha su acreencia con la  difamación  a  la  cual  sometió  a  la  víctima,  a  las  circunstancias  de  atenuación  y  agravación  concurrentes,  y  la  intensidad del daño, pues ha  dejado  a  la señora Caraballo, sin posibilidad de que otras personas le vendan  las  valeras  para  suministrar  a  sus  vendedores,  y  que estos no le quieran  recibir,  siendo  que  lleva  diez  años  ejerciendo  ese oficio”.        

          Un  tal  razonamiento  lo  condujo  a  que  impusiera  al  sindicado  WILLIAM  SIERRA,  de conformidad con el artículo 220 de la  Ley  599, las penas de un (1) año y tres (3) meses de prisión y multa por suma  equivalente  a  trece (13) salarios mínimos legales mensuales vigentes, última  proporción   de   incremento   frente   a   la   sanción   mínima  pecuniaria  correspondiente  al  3  %, que necesariamente debe respetarse en este proceso de  redosificación  para  aplicarlo al límite inferior previsto para la pena de la  misma  naturaleza  en  el  artículo  313  del  Decreto Ley 100 de 1980, lo cual  arroja una suma de un mil tres pesos ($1.003).   

Así las cosas, imperioso resulta restablecer  el  agravio  causado  por  falta  de aplicación del principio de favorabilidad,  para  lo  cual se casará parcialmente el fallo, esto es, sólo en cuanto atañe  a  la  pena  principal de multa, para en su lugar establecer su monto en la suma  indicada,  petición  en la cual coinciden, como ya se señaló, la demandante y  la Procuradora Tercera Delegada para la Casación Penal.   

                  

Por  lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.                   CASAR         parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado,  para  reducir  la pena  principal    de   multa   a   un   mil   tres   pesos   ($1.003)   impuesta   al  procesado  WILLIAM SIERRA, de  conformidad con la argumentación precedente.   

2.            PRECISAR que los  restantes    ordenamientos    de    la    sentencia   impugnada   se   mantienen  incólumes.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                JAVIER        ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Conocimiento  asignado  mediante Acuerdo 2776 del 23 de diciembre  de  2004,  expedido  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la  Judicatura.    

2  El  salario  mínimo legal mensual vigente para el año 2005, era  de   $  381.500,  de  conformidad  con  el  Decreto  4360  de  2004.       

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