25914(23-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25914   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado Acta No. 089.  

         

          Bogotá  D.C.,  agosto  veintitrés  (23)  de  dos  mil seis (2006).   

  VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisión formal de  la  demanda  de casación discrecional presentada por la defensora del procesado  WILLIAM  SIERRA  contra  la  sentencia   proferida   por   el   Tribunal  Superior  de  Cartagena1   el   2  de  septiembre  de 2005, mediante la cual revocó la dictada por el Juzgado 14 Penal  del  Circuito  de  Bogotá el 3 de diciembre de 2003, que lo había absuelto del  cargo   que   por   el   delito   de   injuria   le   fue   formulado   por   la  Fiscalía.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Según   narra   la  señora  Blanca  Flor  Caraballo  en la querella que  formuló  el  13  de  marzo  de  1999 ante el Grupo de Denuncias de la Fiscalía  General  de  la  Nación  de Bogotá, el señor WILLIAM  SIERRA  se  presentó  en  su  domicilio  el día 9 de  febrero  anterior  en compañía de otros tres ciudadanos, quienes procedieron a  increparla  mediante  insultos  y  palabras  soeces,  a  raíz de una diferencia  económica   que   supuestamente   tenía   con  el  primero.   Señala  la  querellante  que  luego  de  ese  incidente,  el mencionado se dedicó a difamar  sobre  su  reputación  ante  terceros,  acusándola  de  haberle  hurtado  unos  dineros, lo cual no corresponde a la verdad.   

Con  sustento  en  los hechos anteriores, se  decretó  la  apertura  formal  de  la  investigación  penal,  en cuyo marco se  vinculó     a     WILLIAM    SIERRA    mediante  indagatoria,  a  quien se le definió situación jurídica  con   medida   de   aseguramiento   de  caución  prendaria  por  el  delito  de  injuria.   

Clausurada  la instrucción, se calificó el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra del procesado por  el  mismo  delito  que  sustentó  la  medida  detentiva.   Impugnada  esta  decisión,  se  confirmó  por  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal de esta  capital el 2 de octubre de 2001.   

El  juzgamiento le correspondió adelantarlo  al  Juzgado  14  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, despacho que una vez  surtió  el  trámite  legal  correspondiente,  el 3 de diciembre de 2003 dictó  sentencia  por  cuyo  medio  absolvió  al  procesado  del  cargo imputado en la  resolución de acusación.   

Esta decisión fue impugnada por el apoderado  de  la  parte  civil,  motivo  por el cual se pronunció el Tribunal Superior de  Cartagena  el  2  de septiembre de 2005, revocándola y, en su lugar, condenando  al  procesado  como  autor  penalmente  responsable  del delito de injuria a las  penas  principales de un (1) año y tres (3) meses de prisión y multa por valor  de  trece  (13)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por un tiempo igual al de la pena privativa de la libertad.  Del  mismo  modo,  lo  condenó  al  pago  de  perjuicios  por  la suma de cien (100)  salarios  mínimos y le concedió la suspensión condicional de la ejecución de  la pena privativa de la libertad.   

    

Inconforme con la anterior determinación, la  defensora  del  sindicado  interpuso  y  sustentó,  mediante  demanda,  recurso  extraordinario  de casación discrecional, sobre cuya admisión se ocupa la Sala  en esta decisión.    

LA DEMANDA  

          Previo  a  elaborar  la  respectiva  síntesis de los fundamentos de  inconformidad  de  la  casacionista,  es  necesario  precisar  que  aportó  dos  escritos  con  el  mismo  propósito.   El  primero  se  allegó  cuando se  interpuso  el  recurso  extraordinario y, el segundo, dentro del correspondiente  término  del traslado, una vez fue concedido por el Tribunal, lo cual no genera  inconveniente  a  efectos  de  su  síntesis  y  estudio,  habida  cuenta que su  contenido, en esencia, es igual.        

          A  través de los referidos escritos, tras identificar a los sujetos  procesales  y  la sentencia en contra de la cual se dirige el ataque, además de  elaborar  una  reseña  de  los  hechos  y de la actuación procesal, se abre un  capítulo   independiente  en  el  cual  se  hace  alusión  a  la  “procedencia    de    la   casación   discrecional”.   

          En  tal  acápite  se  solicita  admitir  el  recurso extraordinario  “en  vista  de  que  con  la  sentencia  del  2  de  septiembre  de  2005,  del Tribunal de Cartagena, se violaron flagrantemente los  derechos  fundamentales  del  señor  WILLIAM  SIERRA  en  la  medida  que se le  condenó  por  un  delito  que  no  cometió,  como  está demostrado dentro del  expediente,  con  las  graves consecuencias que ello implica para sus derechos a  la  libertad,  al  buen  nombre,  al  trabajo, al debido proceso y a la defensa,  entre otros”.   

          Acto  seguido, se formulan tres cargos contra el fallo impugnado, en  su  totalidad  con  fundamento en la causal primera prevista en el artículo 207  del   estatuto   procesal   penal.   Los  dos  primeros  con  carácter  de  principales,  por  violación  indirecta  de la ley sustancial y, el tercero, de  naturaleza  subsidiaria,  por  violación  directa,  el  cual,  como adelante se  precisará, será admitido.   

          1.   Primer   cargo   principal.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial originada en un error de hecho por falso raciocinio:   

          Aduce  la demandante que el error que invoca está sustentado en que  el  Tribunal  parte  de premisas que no corresponden a la realidad de los hechos  ni  de  los  dichos  recaudados  en  el  proceso para valorar los testimonios de  Blanca  Nilsa  Gálvis  Hoyos,  Nelly  Durley  Palacio  Caraballo,    Gina    Marcela   y   Luz   Enit   González   Rincón.   

En cuanto a las dos primeras, señala que no  estaban  presentes  en el momento de los hechos, además de que sus afirmaciones  no  resultan  claras, ni lógicas, además de que tampoco aportan certeza acerca  del   motivo   por   el   cual,   según   la   denunciante,   su  defendido  la  injurió.   

Respecto del tercer testimonio indica que, si  bien  se  trata  de  una  persona  que  se encontraba en el lugar de los hechos,  tampoco  tiene  claridad  sobre  el  motivo  que  existió  para  injuriar, pues  “queda  constancia  en esta declaración como en las  anteriores,  que  existía  una  deuda  por  la venta de chance entre la señora  BLANCA   FLOR   CARABALLO   y   a   favor   de   WILLIAM   SIERRA”.   

De  acuerdo  con  lo expuesto, colige que se  valoraron  las  pruebas  incurriendo  “en manifiestos  errores  de  raciocinio,  contrarios  a simples reglas de la experiencia y de la  lógica,  se  violaron,  sin  duda,  los  artículos  232  y  234 del Código de  Procedimiento  Penal  que  exigen  la  certeza  para  condenar, el primero, y la  determinación  de  la  verdad  real, el segundo”, lo  cual  obliga  “a  la  casación del fallo de segunda  instancia    con   la   consecuente   absolución,   como   respetuosamente   se  solicita”.   

2.  Segundo cargo principal. Violación  indirecta  de  la ley sustancial originada en un error de hecho por falso juicio  de identidad:   

Señala  la  demandante  que  a  efecto  de  “exponer  claramente la falta de identidad entre los  testimonios  y  la  valoración  hecha  por la segunda instancia” se  permite  “comparar unos con otros, lo  que    de    bulto    demuestra    claramente   la   errada   apreciación   del  juzgador”.   

De esa forma, transcribe un aparte del fallo  impugnado   en   donde   fueron   valorados   los  testimonios  de  Blanca  Nilsa  Gálvis  Hoyos,  Nelly Durley Palacio Caraballo, Gina  Marcela   y   Luz   Enit   González   Rincón   y,  a  continuación procede a lo mismo en cuanto a esas pruebas.   

Luego  de  ello,  concluye  que “se  supuso  el  contenido  de  las  pruebas que se invocaron como  sustento  para  la condena al señor WILLIAM SIERRA”,  por   consiguiente,  “se  violaron,  sin  duda,  los  artículos  232  y  234 del Código de Procedimiento Penal que exigen la certeza  para   condenar,   el  primero,  y  la  determinación  de  la  verdad  real  el  segundo”,   lo   cual  impone  casar  la  sentencia  recurrida       “con       la       consecuente  absolución”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Impera  precisar,  en  primer término, que el asunto que concita la  atención  de  la  Sala  sólo  permite  el  acceso  al  medio extraordinario de  casación  por  la  denominada  vía  excepcional  o discrecional, en virtud del  análisis  de  las  diferentes  normatividades  procesales  que  han regulado la  procedencia  del recurso a partir de la fecha en que tuvo ocurrencia la conducta  por la que se procede (febrero de 1999).   

          En  efecto,  para  entonces se encontraba vigente el Decreto 2700 de  1991,  cuyo  artículo 218, modificado por el 35 de la Ley 81 de 1993, señalaba  que  el  recurso  extraordinario  procedía  contra  las sentencias “por  los  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de la  libertad   cuyo   máximo   sea   o  exceda  de  seis  (6)  años”.   No  obstante,  en  el  inciso  tercero de la misma norma se  previó  la  figura  de  la  casación  discrecional  o excepcional “en   casos  distintos  a  los  arriba  mencionados”.   

El  requisito  en  cuestión  se tornó más  drástico  con  la  Ley  553  de  2000, habida cuenta que, de conformidad con su  artículo  1°,  el  medio  extraordinario  de  impugnación se estableció para  “los  delitos que tengan señalada pena privativa de  la    libertad    cuyo    máximo    exceda    de    ocho   años”.    Vale  recordar  que  este  precepto  se  reprodujo  en  el  artículo   205   de   la   Ley   600   de   2000,   manteniendo   la  casación  discrecional    

Se desprende de lo anterior que la exigencia  punitiva  para  acceder  al medio extraordinario de impugnación no se cumple en  tratándose  del  delito  de  injuria  que  se endilga al procesado WILLIAM  SIERRA,  cuya  pena  máxima,  de  acuerdo  con  el artículo 313 del Decreto 100 de 1980 (vigente para la fecha en  que  se  cometieron  los  hechos) y el 220 de la Ley 599 de 2000, es de tres (3)  años de prisión.   

Así  las  cosas,  sólo  se  contaba con la  posibilidad  dispuesta  por  la denominada casación discrecional o excepcional,  la  cual,  según  así  se tiene establecido en todas las normas que han regido  desde  la  comisión  de  la  conducta  que ocupa la atención, resulta viable a  condición  de  que  la  Sala “lo considere necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales”  y  en  la  medida  en  que  el actor  justifique         adecuadamente         la        necesidad        de        su  intervención.             

          En   esa   dirección,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  venido  sosteniendo  que se hace necesario que el demandante exponga, así sea de manera  sucinta  pero  clara,  qué  es lo que pretende con la impugnación excepcional,  debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema  jurídico  sobre  el  cual considera se hace indispensable un pronunciamiento de  autoridad por parte de esta Corporación.   

Así,  los argumentos que deben sustentar la  justificación  han  de  estar  dirigidos a orientar a la Corte en el sentido de  hacerle  ver, se repite, la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si  se  trata de reclamar la garantía de un derecho fundamental, al casacionista le  corresponde  precisar  los  derechos que fueron desconocidos, indicar las normas  constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación que debe  adoptarse  para  su salvaguarda. Y, si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,   tendrá   que  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas que deben ser unificadas.   

      

En  ese  propósito  no  es necesario que el  casacionista   exponga   fórmulas  sacramentales,  ni  que  elabore  un  aparte  específico  para  desarrollarlos,  pues  basta  con  que  puedan  deducirse del  contexto         de         la        demanda2.   

No   obstante  lo  anterior,  lo  que  sin  dificultad  alguna  se  puede  observar  en  este  particular  evento, es que la  censora,  aun  cuando  procesalmente acierta al seleccionar la vía discrecional  del  recurso  para  sustentar  su  pretensión,  en lo que concierne con los dos  primeros  cargos  que  formula con carácter principal, lejos de plantear que se  conculcaron  en forma flagrante los derechos fundamentales de su prohijado, como  lo  indicó  en  el  capítulo  previo  de  la  demanda  en  donde  aludió a la  procedencia  del  recurso  por  la  vía  excepcional, se limita a cuestionar la  forma  en  que  fueron  apreciadas las pruebas, pues a su juicio se incurrió en  errores  de  hecho  por falso raciocinio (primer reproche) y por falso juicio de  identidad  (segundo  reproche),  lo  cual  no guarda relación con el motivo que  invoca  para  justificar  el acceso al recurso extraordinario de conformidad con  los términos legales señalados.   

En efecto, es claro que los supuestos errores  que  postula  en  relación  con  la  apreciación  de  la  prueba  no comportan  per   se   vulneración  de  garantías,  razón  por  la  cual  es  razonable  concluir que la propuesta que  plantea  la  actora a través de estos dos cargos no tiene la entidad suficiente  como   para   franquear  el  acceso  a  la  denominada  casación  discrecional.   

Así  las  cosas, como es evidente que tales  presupuestos  fueron  omitidos  por  la demandante en los aludidos reproches, se  impone su inadmisión.   

Finalmente,  es necesario precisar que, como  ya  se  había  anunciado,  la  Sala  admitirá  el tercer reparo que la censora  formula  con  base  en  la  causal  primera  de  casación  prevista en el   artículo  207  del  Decreto  2700  de  1991,  por  violación  directa  de  ley  sustancial,  puesto  que  a  diferencia  de  las  censuras precedentes, en ésta  persuade  sobre  la posible vulneración de garantías fundamentales al señalar  que  en el fallo impugnado  se desconoció el principio de favorabilidad de  la  ley penal cuando se optó por aplicar el artículo 220 de la Ley 599 de 2000  y  no  el  313  del  estatuto  penal  anterior,  los cuales regulan el delito de  injuria  por  el  cual  se  condenó  a  su  defendido,  materia que, según las  previsiones  normativas  señaladas, permite el acceso al recurso extraordinario  por la vía excepcional.        

          Lo  expuesto  constituye  razón suficiente para que se proceda a la  inadmisión  de  la demanda en cuanto a los dos primeros cargos contenidos en la  demanda  y  la  admita  sólo  en  relación  con  el tercero, de acuerdo con la  consecuencia  procesal señalada por la ley en el artículo 226 del Decreto 2700  de 1991.   

         

         

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.   INADMITIR  los  dos primeros cargos de la demanda presentada por la defensora del procesado  WILLIAM   SIERRA,  por  las  razones consignadas en la anterior motivación.   

         

2.   ADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el mismo sujeto procesal únicamente en lo  que   concierne   al   tercer  cargo,  como  se  dejó  precisado  en  la  parte  considerativa de esta providencia.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                JAVIER        ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Conocimiento  asignado  mediante Acuerdo 2776 del 23 de diciembre  de  2004,  expedido  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la  Judicatura.    

2  Véase,   entre   otros,  auto  de  noviembre  18  de  2004,  rad.  22780.      

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