25908(13-09-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25908   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 97  

Bogotá,  D.  C., trece (13) de septiembre de  dos mil seis (2006)   

VISTOS  

Decide  la  Sala  si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   FEDERMÁN  ALONSO  BARRERA TANGARIFE contra  la  sentencia  dictada  el  17  de  marzo  del  2006 por el Tribunal Superior de  Antioquia.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

El  23  de  marzo  de  1996,  en el municipio  antioqueño  de  Valparaíso,  FEDERMÁN ALONSO BARRERA  TANGARIFE  vendió una camioneta a Leonardo Arturo Gil  Sáenz,  quien  la enajenó después a favor de Laura Sierra. Posteriormente, en  noviembre  del  mismo  año,  el  vehículo  fue  retenido por la policía en la  ciudad  de  Medellín y puesto a disposición de la DIAN, porque su circulación  se  restringía  a  la  zona  de Urabá y porque sus placas, matrícula y seguro  obligatorio, eran falsos.   

Denunciado  el hecho por el señor Gil, el 23  de  marzo  del  2000  un  fiscal  seccional  de  Támesis  formuló  resolución  acusatoria   contra   BARRERA  TANGARIFE  por  el  delito  de uso de documentos públicos falsos, ilícito por  el  que fue condenado el 29 de noviembre del mismo año por el Juzgado Promiscuo  del Circuito de la misma localidad.   

Sin embargo, como por auto del 11 de mayo del  2001  el Tribunal Superior de Antioquia declaró la nulidad del proceso a partir  de  la  resolución  de  acusación,  el 11 de septiembre siguiente la fiscalía  expidió  un  nuevo  proveído  que  también fue invalidado por el A  quo  catorce  días  después,  lo que  motivó  que,  surtidos los recursos pertinentes, un fiscal seccional de Jericó  calificara  otra  vez el mérito de la investigación mediante providencia del 7  de  mayo del 2002, ratificada el 21 de octubre siguiente, imputándole al señor  BARRERA    un   concurso  homogéneo  de  falsedad  material de particular en documento público, agravada  por el uso.   

Por  sentencia  del  6  de marzo del 2003, el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Támesis  condenó  al  procesado por las  indicadas  ilicitudes  a  51  meses  de  prisión  y  de  interdicción  para el  ejercicio de derechos y funciones públicas.   

El  fallo,  apelado  por  el  defensor,  fue  confirmado  por  el  Tribunal  Superior de Antioquia en la fecha antes indicada.  Sin  embargo,  declaró  que  la  condena  procedía por dos delitos de falsedad  material  de  particular  en  documento  público  agravada  por el uso y uno de  falsedad  en  documento  privado;  redujo  la  pena  a  47  meses  de prisión y  sustituyó la intramural por domiciliaria.   

        LA  DEMANDA Y SUS CONSIDERACIONES   

Aunque  el  defensor  acusa  la  sentencia de  segunda  instancia  de ser violatoria de la ley sustancial por error de hecho en  la  apreciación  de  la  prueba,  en lugar de establecer la modalidad del yerro  –es  decir, si reprochaba  al  juzgador  haber  incurrido  en  falso  juicio  de identidad, falso juicio de  existencia   o  falso  raciocinio-  dedica  toda  la  demanda  a  cuestionar  la  valoración  probatoria  contenida  en  el  fallo  y,  en  un  escrito  de libre  elaboración,  apartado  por completo de la técnica casacional, pretende oponer  su  personal  criterio  al expuesto en las instancias, olvidando que a esta sede  las  sentencias  arriban  amparadas  por  una  doble  presunción  de  acierto y  legalidad  que las hace intangibles, a menos que alguna de ellas sea desvirtuada  mediante  la  demostración  de  errores  o  vicios  que  conduzcan a demoler la  providencia impugnada.    

Así,  después  de  transcribir  apartes del  fallo  de  segundo  grado  y  de  anunciar  que pasaría a acreditar un “error  ostensible  de  interpretación”  que “se opone rotundamente al requisito de  certeza  de  la  responsabilidad”,  critica  que se le haya dado trascendencia  penal  a  un  contrato de compraventa en el que el vendedor se obligaba a sanear  los  vicios que presentara la cosa enajenada, para aceptar seguidamente el hecho  porque  “los que saben de estos menesteres así lo entendieron” y cuestionar  entonces   que   no   existe   prueba   sobre   la  autoría  de  las  conductas  imputadas.   

Pero para soportar el reproche no señala los  errores  trascendentes  que hubiere cometido el Tribunal en la valoración de la  prueba  testimonial,  como  lo había anunciado desde el principio, sino que con  invocación  de  un  segmento de alguna de las providencias dictadas en el curso  del  proceso –al parecer la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia  que  resultó  afectada  con la  nulidad   decretada   por   el   Ad  quem-  dice  que  si  en  ella  se  dudaba  sobre  la participación del  procesado  en  la  falsificación  de los documentos, no entiende cómo después  apareció la certeza si la prueba al respecto no varió.   

No  cesa  allí la confusión. Luego sostiene  que  la prueba testimonial se refiere a la celebración de un contrato pero no a  la  autoría  de  la falsedad y acusa al Tribunal de haber condenado con base en  suposiciones,  no  en  medios  de convicción, con lo que traslada la censura al  campo de un falso juicio de existencia que tampoco desarrolla.   

Y luego, para concluir, concluye que persiste  la  duda  insalvable  como  lo  había  señalado  en  una de las apelaciones su  antecesor  en  la defensa, trozos que igualmente reproduce, y culmina reclamando  la  violación  directa  “porque  hubo  enfrentamiento  entre lo probado en el  proceso y la aplicación de la ley”.   

En  estas  condiciones, la decisión que debe  tomar  la  Sala  es  evidente: la demanda será inadmitida, porque no cumple con  las  exigencias  previstas  en  el  artículo  212  del Código de Procedimiento  Penal.  Y como tampoco se advierte la violación de garantías fundamentales que  amerite  la  intervención oficiosa de la Corte, el expediente será devuelto al  Tribunal   de   origen   como   lo   prevé   el   artículo   213   del   mismo  estatuto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de    casación   presentada   por   el   defensor   del   señor   FEDERMÁN  ALONSO  BARRERA TANGARIFE contra  la  sentencia  dictada  el  17  de  marzo  del  2006 por el Tribunal Superior de  Antioquia.   

Contra   este   auto   no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

  MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

         Permiso   

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                                                           MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                           YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS             

  JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA            JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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