25821(07-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta N°031  

Bogotá,  D.C., siete (7) de marzo de dos mil  siete (2007).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La Sala resuelve de fondo sobre la posibilidad  de  casar  oficiosamente la sentencia condenatoria de 17 de marzo  de 2005,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  en  la  que  se declaró  penalmente   responsable  al  ciudadano  Carlos  Mario  Marulanda  Giraldo,   como  autor  del  delito de  homicidio  homicidio  agravado.  Se impuso como pena principal veintisiete años  de  prisión  y la pena accesoria  de interdicción de derechos y funciones  públicas por un periodo de 20 años.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  El  día 3 de julio de 2001, Marinella  Ríos  salió  de su casa   con  su  pequeño  hijo  de  tres  años de edad, a quien dejó al cuidado de un  vecino;  le indicó a éste que regresaba mas tarde, pero pocos minutos después  se  escucharon  unos  disparos  de arma de fuego. Hacia las 7 de la noche, en la  vereda  la Cristalina, del municipio de Granada  -Antioquia- se realizó la  diligencia   de  levantamiento  de  cadáver  de  la  joven,  constatándose  en  diligencia  de  necropsia  que la muerte sobrevino a laceraciones cerebrales por  proyectil de arma de fuego.   

2.  La   Fiscalia   59   Seccional  de  Santuario   -Antioquia-  en  resolución  de  30  de julio de 2003, vinculó e impuso medida de aseguramiento  al     ciudadano     CARLOS     MARIO     MARULANDA  GIRALDO   como  probable  autor  responsable  del  homicidio.   

3.  El  22  de  julio de 2004 se calificó la  instrucción  con  resolución  de  acusación contra el procesado, como coautor  material de los delitos de homicidio y rebelión.   

4.  Agotado el debate público, el Juez Penal  del   Circuito   de   El   Santuario   –Antioquia-  en  sentencia  de  14  de  diciembre  de  2004, declaró  penalmente  responsable  al  señor  Marulanda Giraldo  por el delito de homicidio agravado e impuso como pena  principal   veintisiete   años   de  prisión  y  como  pena  accesoria  la  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  periodo de veinte  años.   

5.  La sentencia fue recurrida por la defensa  ante  la Sala Penal del Tribunal Superior de Antioquia.  En sentencia de 17  de  marzo   de  2005  se  confirmó la decisión de primer grado en toda su  integridad.   

6.  El  Ministerio Público interpuso  y  sustentó oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

7. La Sala de Casación Penal, mediante auto  de  10  de agosto de 2006, inadmitió la demanda presentada porque el demandante  carecía  de  legitimación  en  la causa.  En el mismo auto consideró una  probable  vulneración  a  la  garantía de la legalidad de los delitos y de las  penas.   

8.  El  Ministerio Público conceptuó que el  Tribunal  Superior  de  Antioquia  vulneró  la  garantía  constitucional de la  legalidad  de  los  delitos  y  las  penas, por desconocimiento del principio de  favorabilidad.   Solicitó  a  la  Corte  casar  parcialmente  y  de manera  oficiosa   la  sentencia,  para  fijar  en  diez  años  la  pena  accesoria  de  interdicción   de   derechos  y  funciones  públicas  impuesta  al  condenado.   

CONSIDERACIONES  

En  materia  de  casación  penal  rige  el  principio  de  limitación,  según el artículo 216 de la ley 600 de 2000. Pero  cuando  la  sentencia  vulnera  garantías  judiciales  fundamentales,  la norma  habilita  a  la  Corte para intervenir en el asunto, con el fin de reivindicar o  conjurar el menoscabo.   

Las garantías fundamentales son la barrera de  contención  al  ejercicio  de la potestad punitiva del Estado. El artículo 8°  de  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos  eleva  a rango de derecho  fundamental  la  garantía  de  la legalidad de la pena y del delito1.   Los  artículos  29  de  la  Carta  Política,  y  6° de la ley 599 de 2000, de modo  similar,  consagran  el  principio  de  la  legalidad de la pena y el delito, y,  también,   cuándo  hay  lugar  a  obviarlo,  por verificarse dentro de un  conflicto  de  sucesión  de  leyes  la  necesidad  de aplicar una ley penal que  resulta mas favorable o permisiva.   

La  conducta delictiva que se juzgó sucedió  el  3  de  julio  de  2001, fecha para la cual, en materia de penas accesorias y  otros  temas,  estaba vigente la ley 365 de 1997, modificatoria del artículo 44  del  Código  Penal  de  1980,  normativa que prescribió en su artículo 3° un  límite  máximo  de  diez  años  para la interdicción de derechos y funciones  públicas.  Sin  embargo,  la pena accesoria impuesta fue de  veinte años,  con remisión expresa al artículo 52 de la ley 599 de 2000.   

Examinada la sentencia a través de las normas  referidas,  se  advierte  que en la determinación judicial de la pena accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  se  vulneró   la  garantía  fundamental  de la legalidad de la pena al aplicar el artículo 52 de  la  ley  599  de 2000,  conclusión que deviene de la simple confrontación  de  las  normas.  La  Sala resarcirá la garantía judicial vulnerada,  al  disponer  la  aplicación  ultraactiva  de  la  ley  favorable,  esto es, el  artículo 3 de la ley 365 de 1.997.   

Lo  anterior  conforme  al  inciso  3°  del  artículo  29 de la  Carta Política y  al artículo 6 de  la Ley  600  de  2000,   que  resuelve  el  conflicto de sucesión de leyes penales  disponiendo  que  se  aplicará   la  ley  permisiva  o favorable de manera  preferente a la restrictiva o desfavorable.   

En virtud de lo expuesto, la Sala de Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CASAR  oficiosa  y  parcialmente  la sentencia condenatoria dictada contra el ciudadano CARLOS  MARIO  MARULANDA  GIRALDO, de 17 de  marzo  de  2005,  proferida por el Tribunal Superior de Antioquia, en el sentido  de  fijar   la  pena accesoria de interdicción del ejercicio de derechos y  funciones públicas  en 10 años.   

En  lo  demás,  rige  el  fallo  de  segunda  instancia.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso   

Notifíquese y cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                     ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

        Aclaración de voto   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                 JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                                             JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

Como  lo señalé en la aclaración de voto  al  auto  del  10  de  agosto  de  2006,  aquí  obrante,  hoy en día existe la  posibilidad   de   “superar  los  defectos  de  la  demanda” para realizar pronunciamiento de fondo por  posible  vulneración  a  garantía  fundamental,  pues  así  se  prevé  en el  artículo  184,  inciso  tercero, de la Ley 906 de 2004, a raíz precisamente de  los   fines   de   la  casación,  cuales  son  “la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia” (artículo 180  ibídem),  para  lo  cual  ha  de tenerse en cuenta la fundamentación que en la  demanda  se haga de los mismos, la posición del impugnante dentro del proceso y  la   índole   de   la   controversia   planteada,   todo   lo   cual   permite,   itero,   superar  los  defectos  de  la  demanda.   

En  lo  que  no  estoy  de acuerdo, y es el  objeto  de  la  presente  aclaración  de  voto  al  fallo  emitido dentro de la  presente  actuación, es en que se haya dispuesto el traslado de la actuación a  la  Procuraduría  General  de  la Nación para la emisión de concepto sobre la  posible  vulneración  a  garantía  fundamental del sujeto pasivo de la acción  del  Estado,  ya  que  esto  sólo es procedente cuando la demanda satisface los  requisitos  formales  (artículo  213,  Ley  600  de 200), pues el concepto debe  versar  sobre  los  cargos  admitidos, motivo por el cual al no haberse aceptado  ninguno  resultaba innecesario el traslado, por lo que lo procedente era haberse  pronunciado  inmediatamente  sobre  el punto en la misma providencia inadmisoria  de  la  demanda,  para  de  esta manera dar aplicación al principio de pronta y  cumplida  administración  de justicia, consagrado en el artículo 4º de la Ley  270 de 1996.   

En  torno  a  este  tema,  cabe agregar que  cuando  la  Corte  entra  a proferir una sentencia de casación, es porque se ha  observado    el    debido    proceso    propio   del   medio   de   impugnación  extraordinario.   Así,  ha  debido interponerse contra el fallo de segunda  instancia  dentro  del  término  oportuno, el tribunal lo concedió, la demanda  fue  presentada  en  el  término  de traslado para el efecto, se tuvo que haber  corrido,  así  mismo,  el  traslado  para  los  no  recurrentes; de igual modo,  llegada  la  actuación a esta Corporación, se examinó la demanda, se declaró  ajustada  y  ordenó  el  traslado  al  Procurador Delegado para que conceptuara  sobre el mérito de la misma.   

De  esa  forma, digo, la Corte regularmente  asume  de  plano la competencia que tiene como Tribunal de casación para emitir  la  sentencia  que  sea  del  caso de acuerdo con los términos planteados en la  demanda.   Por  ministerio  de  la  Ley tal competencia se puede extender a  aspectos  no  tratados  en  la demanda, cuando quiera que encuentre un motivo de  nulidad  o  afectación  a  las  garantías de los sujetos procesales (artículo  216).   

No  han  sido pocos los casos en los que la  Corte  se ha visto precisada, después de haberse surtido el comentado trámite,  a  casar  de  oficio  una sentencia de segundo grado al advertir la presencia de  cualquiera  de  esas  eventualidades,  incluso, sin que el agente del Ministerio  Público la hubiera detectado al rendir su concepto.   

Entonces, si así ha procedido, es decir, si  ha  casado  de  oficio sin contar ni conocer la opinión del Procurador Delegado  sobre  un  aspecto que sólo emergió a ojos de la Corte al momento de dictar la  sentencia  de  casación,  no encuentro razón atendible para que al estudiar si  la  demanda  de  casación  reúne los requisitos de admisibilidad y después de  inadmitirla  ante  la  carencia  de tales requisitos, se dé lugar a un trámite  que la ley no prevé.   

En  otras  palabras, si según el artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000 el presupuesto para casar de oficio es que la Corte  perciba  que  la sentencia se profirió dentro de un juicio viciado de nulidad o  porque   la   misma   atenta   de   manera   ostensible  contra  las  garantías  fundamentales,  es  decir,  si ya advirtió la falla al examinar preliminarmente  la  demanda  que  se va a inadmitir, pregunto ¿para qué traslado al Ministerio  Público?   

Creo,  al  contrario,  que  frente  a  esa  circunstancia,  el  sentido  del  artículo  en  cita  consiste  en habilitar la  competencia  de  la Corte para que profiera sentencia de oficio por fuera de los  derroteros  de la demanda, bien sea coetáneamente con la inadmisión de ésta o  después  de  agotado el debido trámite casacional si es que el libelo llegó a  ser admitido.   

Por  último,  debo ser enfático en que el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que la ley le otorga a la Corte para casar  una  sentencia  de  segunda  instancia  si  percibe  alguna  de  las condiciones  señaladas  en  el  artículo  216  de  la  Ley  600 de 2000, no abre paso a una  tercera  instancia, ni se asimila a un ámbito de plena jurisdicción, a modo de  consulta,  como  para  que  pueda estimarse que tiene la gracia de decidir sobre  todos  los  aspectos  fácticos  o jurídicos tratados en el fallo o examinar el  completo andamiaje procesal.   

En  tal  evento, el legislador estatuyó un  plus  de  protección  a las garantías fundamentales al asignarle a la Corte la  misión  de  reparar  ostensibles  agravios  a  la  estructura del proceso o las  garantías  debidas a los sujetos procesales, por manera que su campo de acción  no  es  ilimitado sino el apenas necesario para introducir el correctivo que sea  del caso.   

En cuanto sentencia de casación la que así  produzca,  desde  luego,  como  cualquier  otra de la misma naturaleza, también  debe  propender  por  el cumplimiento de los fines que la Constitución y la ley  le  asignan a esa sede extraordinaria:  hacer efectivos el derecho material  y  las  garantías  de  las  personas que intervienen en la actuación penal, la  unificación  de  la  jurisprudencia  nacional  y la reparación de los agravios  inferidos a las partes con el fallo.   

No  son  más,  pero  tampoco  menos,  los  límites  que  tiene  la  Corte  en  el ejercicio de la atribución que tiene de  casar  de  oficio  la sentencia.  La ineludible e imperativa observancia de  ellos  garantizará  que  la  casación  no  pierda  su  naturaleza de instituto  procesal  extraordinario,  que  se  desarrolla  por  fuera  de  las  instancias,  técnico  y  especializado,  y  que  no  mute  en  simple escenario para revivir  controversias  ya  agotadas  o  para  prolongar, en desmedro de la celeridad que  debe   observar  la  administración  de  justicia,  la  discusión  de  asuntos  resueltos  en  una  sentencia  judicial  que  se  presume acertada y emitida con  arreglo al ordenamiento jurídico.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1  En  igual   sentido   obsérvese   el   artículo   11    de   la  Declaración  Universal   de  Derechos Humanos; artículo 15.1 del Pacto Internacional de  Derechos Civiles y Políticos     

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