25791(19-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 119.  

Bogotá  D.C., diecinueve (19) de octubre de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  del  libelo  de casación  presentado  por  el  defensor  del  procesado  EDISSON  FERNEY   ÁVILA  SALAMANCA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá el 12 de  diciembre  de  2005, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Veintidós Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad  el  4  de  mayo de 2005, por cuyo medio lo  condenó   como   autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  en  Jhon     Carlos     Herrera     Franco.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente a las tres de la mañana del  27  de  junio  de  2004  en  una  taberna  ubicada  en  la  carrera  1  B No. 41  – 87 sur de esta ciudad, se  presentó  un  enfrentamiento entre José Ángel Franco  Ávila  y Jhon Carlos Herrera  Franco,  con  ocasión  del  cual el segundo hirió al  primero  en la cabeza con una botella. Entonces, Franco  Ávila  fue  hasta  la  casa  de su primo EDISSON  FERNEY  ÁVILA, quien enterado de  los  sucesos  concurrió al sitio de los hechos y le causó múltiples heridas a  Jhon  Carlos  Herrera con una  navaja, produciéndole la muerte.   

Una  Fiscalía Seccional de Bogotá declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  EDISSON    FERNEY    ÁVILA    SALAMANCA  y  José Ángel Franco Ávila,   resolviéndoles   su   situación   jurídica   con   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  respecto de aquél como posible autor  del  delito de homicidio y absteniéndose de imponer medida alguna con relación  al segundo de los nombrados.   

Clausurado  el  instructivo,  el sumario fue  calificado  el  19 de octubre de 2004 con resolución de acusación en contra de  EDISSON  FERNEY  ÁVILA como  presunto  autor  del  delito  que  sustentó  la  medida  de aseguramiento y con  preclusión  de  la  investigación  en  favor de José  Ángel Franco Ávila.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Veintidós  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, despacho que una vez  surtido  el  rito correspondiente profirió fallo el 4 de mayo de 2005, por cuyo  medio    condenó    a    EDISSON    FERNEY   ÁVILA  SALAMANCA  a  la pena principal de trece (13) años de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  diez  (10)  años  y  al  pago  de la correspondiente  indemnización  de  perjuicios  como autor penalmente responsable del delito por  el cual fue acusado.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Bogotá  la  confirmó  mediante  fallo  del 12 de diciembre de 2005, el cual es  ahora  objeto  de  impugnación  extraordinaria  interpuesta  por el defensor de  ÁVILA SALAMANCA.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  impugnante  formula un reproche contra el fallo de segundo  grado,  por  violación indirecta de la ley sustancial (aplicación indebida del  artículo  103  del  Código  Penal y falta de aplicación del artículo 7º del  estatuto  procesal  penal)  derivada  de  errores  de  hecho por falso juicio de  existencia,  falso  juicio  de identidad y falso raciocinio sobre algunas de las  pruebas obrantes en la actuación.   

          Al  fundamentar  el  reparo  comienza por afirmar que los falladores  incurrieron  en  un  error  de  hecho  por falso juicio de existencia al otorgar  credibilidad  a  testimonios  parcializados  y  sospechosos,  amén  de  que  el  Tribunal  se  limitó  a  confirmar  el  fallo  de  primer grado sin analizar lo  expuesto  por  el  procesado,  en  el  sentido de que el autor del homicidio fue  José     Ángel     Franco     Ávila.   

          Luego      de      transcribir      in  extenso  apartes  de las declaraciones de Diana  Lucero  Herrera Franco, Johanna Melissa García León, Milton  Jhon  Urrego  Garzón  y Fredy  Orlando  Chávez  Ávila,  así  como del protocolo de  necropsia  practicado al cadáver de la víctima, el recurrente afirma que en su  condición  de  defensor  solicitó  a  la  Fiscalía escuchar en declaración a  varios   testigos   presenciales   de   los   hechos  investigados,  tales  como  María   Yotagri,  Xiomara  Sierra,  Cladia  Patricia  Sierra,   Jhon   Bonilla   Malaver,   Alexander  Ávila  Salamanca  y    Pedro    Pablo   Acosta,  en  procura de demostrar que su asistido no cometió el homicidio  objeto   de   investigación,   pero  no  se  ordenó  la  recepción  de  tales  declaraciones.   

Agrega   que   en  la  audiencia  pública  EDISSON   FERNEY   ÁVILA  señaló   bajó   juramento  a  José  Ángel  Franco  Ávila  como  autor  del  homicidio  de  Jhon  Carlos  Herrera, en apoyo de lo cual  mencionó   a  los testigos Pablo Malaver Bonilla,  Víctor  Bonilla,  Braylon  Bonilla  Malaver, Patricia, Pablo N, Carlos Munevar,  Leonardo  Guzmán  y  María  Fajardo,  cuyas  declaraciones no fueron ordenadas por  el a quo.   

De lo expuesto concluye que durante el curso  del  diligenciamiento no se practicaron las pruebas solicitadas por el procesado  y  su  defensor  a  fin de demostrar la inocencia de aquél, sobre la cual sólo  obra   el   testimonio  de  Milton  Urrego.   

          Cuestiona    el    censor   que   el   ad  quem  otorgara  credibilidad  a  las  declaraciones de  Diana  Lucero  Herrera  Franco, Johanna Melisa García  León     y     Milton  Urrego,  dado  el parentesco y amistad que tenían con  la  víctima  y  sin  tener  en  cuenta  que  para  el  momento de los hechos se  encontraban   ingiriendo  licor  desde  tempranas  horas,  motivo  por  el  cual  “su   estado   no  era  normal  y  su  fijación  y  apreciación  no  eran  correctas”,  más aún si el  lugar de los hechos se encontraba oscuro.   

          Añade  que  el  Tribunal  ignoró  la  declaración de Milton             Urrego,  quien  afirma  que  uno  de  los  agresores  era corpulento, de más de setenta kilos y de más de treinta años y  que   el   otro   era   moreno,   de  pantalón  negro,  se  llama  Alex  y fue quien lo atacó con la navaja.  Concluye  el  recurrente  que  la  única persona que en la escena de los hechos  portaba     una     navaja,    era    un    individuo    llamado    Alex  y que por tanto, no fue su procurado  el autor del referido delito.   

Adicionalmente  expone  el  demandante  que  Diana   Lucero  Herrera  es  confusa  en su declaración, pues dijo que José Ángel  Franco  golpeó  en  la  cabeza  con  una  botella  a  Jhon  Carlos  Herrera, cuando  lo   cierto   es   que   fue   al   contrario,   circunstancia  que  ignoró  el  Tribunal.   

          Agrega    el    defensor    que   el   ad  quem  no  tuvo  en  cuenta  que  en  el  protocolo  de  necropsia  se  dice que los labios, la nariz y el dorso de la víctima no tienen  lesiones,  lo  cual  “descarta totalmente la versión  de  JOSÉ  ÁNGEL  FRANCO  ÁVILA  quien  miente para justificar la presencia de  sangre  en  su  chompa,  de  que  él  le había dado un puño en la nariz de la  víctima  JHON  CARLOS HERRERA FRANCO y que éste había sangrado por la nariz a  consecuencia   del   golpe,   hecho   o  acto  que  jamás  existió”.  De  lo  expuesto  deduce  que  las  manchas  de  sangre que se  hallaron   en  la  chaqueta  de  José  Ángel  Franco  Ávila  fueron el producto de las lesiones que con una  navaja ocasionó al occiso.   

          Considera  entonces,  que  los  falladores  dejaron  de  aplicar  el  artículo  7º  del estatuto procesal penal que trata del principio in  dubio pro reo, pues no se consiguió la  certeza   requerida   por   el  legislador  para  condenar  al  procesado,  pues  equivocaron  “su  juicio,  al  despreciar  en  forma  sistemática  todos  los  hechos  narrados en las declaraciones que no apreció;  las  pruebas  que supuso, también le dieron otra dirección al fallo, junto con  las  que  tergiversó  en  punto a los hechos indicadores y las que concluyó en  flagrante    violación    a    los    principios    de    la   lógica   y   la  experiencia”.   

Igualmente  expone  que  el  Tribunal  no se  detuvo   a   establecer   el   móvil  que  habría  podido  tener  EDISSON  ÁVILA  para  causar  la muerte a  Jhon  Carlos Herrera, pues no  lo dice en el fallo atacado.   

A partir de lo dicho, el recurrente solicita  a  la  Sala  casar  la  sentencia  impugnada, para en su lugar proferir fallo de  reemplazo de carácter absolutorio en favor de su asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ab  initio  impera  precisar  que  en el análisis formal de las demandas de casación corresponde a  la  Sala  verificar  que  los recurrentes formulen sus reproches con sujeción a  los  requisitos de lógica y adecuada argumentación definidos por el legislador  y  desarrollados por la jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario  no  se  convierta  en una tercera instancia.  Tales  exigencias  se  orientan  a  conseguir que las demandas se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Habida  cuenta que inicialmente el defensor  aduce  la  violación  del  principio  de  investigación  integral,  en  cuanto  manifiesta  que  durante las instancias e incluso en la audiencia pública no se  dispuso  la  práctica de pruebas que favorecían a su patrocinado, encuentra la  Sala   que   era  deber  del  recurrente,  además  de  relacionar  los  medios probatorios cuya práctica fue  omitida,  señalar  su fuente, conducencia, pertinencia y utilidad, así como su  incidencia  favorable  a  los intereses de su asistido frente a las conclusiones  del  fallo,  pues es claro que no basta con indicar las pruebas echadas de menos  o  decir  que  se  trata  de testigos presenciales de los hechos, sin proceder a  puntualizar  su  aporte  al diligenciamiento y lo más importante, sin acreditar  en  concreto  que  tienen la virtud de derruir las conclusiones del fallo objeto  de impugnación.   

Como también el demandante argumenta que el  Tribunal  incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia por  omisión,  se  impone puntualizar que tal especie de yerro tiene lugar cuando la  providencia   judicial   se  estructura  con  total  marginación  de  un  medio  probatorio   válidamente   practicado   o   aducido   al  proceso  que  resulta  trascendente  en  el  sentido  de  la  decisión, caso en el cual corresponde al  demandante  indicar  la  prueba  no  valorada,  cuál  es  la  información  que  objetivamente  brinda,  qué mérito demostrativo debe serle asignado y cómo su  estimación   conjunta  con  el  resto  de  elementos  que  integran  el  acervo  probatorio     conduce    a    trastrocar    las    conclusiones    del    fallo  censurado.   

          Precisado  lo  anterior  se  advierte  sin  dificultad que el censor  incumple  tales deberes, pues en la demostración del cargo dedica su esfuerzo a  cuestionar  la credibilidad que los sentenciadores otorgaron a las declaraciones  de  Diana  Lucero  Herrera  Franco,  Johanna  Melissa  García      León,      Milton     Jhon     Urrego     Garzón     y Fredy Orlando Chávez Ávila,  proceder  que  le  impide  identificar  los  medios de prueba que  obrando  en  la actuación y siendo trascendentes en la declaración de justicia  que reprocha, no fueron valorados por los funcionarios judiciales.   

Ahora,  si  lo que critica el defensor es la  apreciación  judicial  de  las  referidas pruebas, le correspondía plantear un  error  de hecho por falso raciocinio, no por falso juicio de existencia y en tal  caso,  era  su  deber señalar con precisión el principio lógico, el postulado  científico  o  la máxima de la experiencia desconocida por los juzgadores, con  la  obligación de exponer a la par su correcta aplicación y alcance, así como  su  definitiva  injerencia favorable a su asistido en las conclusiones del fallo  impugnado, labor que no acometió.   

Como  también  el  casacionista  aduce  la  presencia  de  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, es pertinente  puntualizar  que  dicho  yerro  tiene  lugar  cuando  el juzgador se equivoca al  apreciar  la  prueba,  dado que, obrando en el proceso, al valorarla distorsiona  su contenido cercenándolo, adicionándolo o tergiversándolo.   

En  tal  caso,  debe  el impugnante señalar  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio  del actor acerca del valor que corresponde al medio de  prueba   que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta  que  materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el sentido de la decisión reprochada.   

Una vez efectuada la anterior precisión, en  el  asunto  de  la  especie  observa  la  Sala que el demandante no emprende tal  actividad,  pues  no  identifica  la  prueba  cuyos apartes fueron objetivamente  cercenados  o  adicionados  y  tanto  menos  señala  la  trascendencia  de  tal  equívoco  en  punto del sentido del fallo, es decir, no dice de qué manera las  demás  pruebas,  así  como  los  planteamientos  y  argumentos de la sentencia  atacada  resultan  derruidos  con  los  reparos  que  formula,  como para que se  imponga    casar    el    fallo    y    adoptar   una   decisión   diversa   de  reemplazo.   

Ahora, si de conformidad con el principio de  claridad  y  precisión que rige la presentación y fundamentación del cargo en  este  trámite, corresponde al actor dentro de la violación indirecta de la ley  sustancial,  identificar  la  especie  de  yerro  que reprocha y conforme a ello  desarrollar  la  censura,  no se aviene al referido principio que respecto de la  misma  prueba  y  en  el  mismo  reproche,  o  en otro postulado sin señalar su  prioridad,  se  confunda la argumentación y acreditación propias de errores de  distinta  especie,  como  ha  ocurrido  en  este  asunto, con el falso juicio de  existencia  por  omisión,  el  falso raciocinio y el falso juicio de identidad,  dado  que  se  viola  el principio lógico de no contradicción, en la medida en  que  los  falladores  no  pueden  marginar  íntegramente una prueba y a la vez,  cercenarla,  adicionarla o derivar de ella conclusiones que violen las reglas de  la sana crítica.   

          La  referida  confusión lógica y conceptual imposibilita a la Sala  para  acometer  el  estudio  de  la censura así planteada, más aún, cuando el  impugnante  no  se  ocupa  de desvirtuar el aporte demostrativo de otras pruebas  que   obran   en   la   actuación,   como  para  derrumbar  la  atribución  de  responsabilidad contenida en el fallo atacado.   

Adicional a lo dicho, si bien el casacionista  hace  explícito  su interés por atacar la prueba indiciaria, no se percata que  para  emprender  tal  cometido debe identificar con claridad si la equivocación  se  cometió  respecto de los medios demostrativos de los hechos indicadores, la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración conjunta al apreciar la  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, o  entre  éstos  y  las  restantes pruebas, para llegar a una conclusión fáctica  desacertada.   

Tampoco  tiene  en  cuenta  que  si el error  radica  en  la apreciación del hecho indicador, dado que debe acreditarse   necesariamente  con  otro  medio de prueba, imprescindible le resulta establecer  si  se  trata  de  un  yerro de hecho o de derecho, a qué especie corresponde y  cómo se acredita su ocurrencia en el asunto.   

Ahora, olvida que si el error se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el que se acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en  su  apreciación  se  apartó  de  las leyes de la ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia, para acto seguido señalar en qué  consiste  y  cuál  es  su  operancia correcta, así como su trascendencia en la  decisión impugnada.   

Igualmente,  no atiende que si lo pretendido  es  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia de un indicio o  un  conjunto  de  ellos, lo primero que debe acreditar es la existencia material  en  el proceso del medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la validez  de  su aducción, qué se establece de él, cuál mérito le corresponde y luego  de  realizar  el  proceso  de inferencia lógica a partir de tener acreditado el  hecho  base,  exponer el indicio que se estructura de conformidad con las reglas  de  la  experiencia,  para  ahí  sí,  poner  de  presente  su  articulación y  convergencia con los otros indicios o medios de prueba.   

También  en punto de los yerros respecto de  la  prueba  indiciaria  se  tiene,  que el demandante omite precisar si estos se  presentan  en  la  labor de análisis de la convergencia y congruencia entre los  distintos  indicios y de éstos con los demás medios, circunstancia que permite  advertir serias incorrecciones formales en el libelo.   

          Como  puede  verse,  ni siquiera el impugnante procede a identificar  los  indicios  que fueron aducidos por los falladores para proferir la sentencia  de  condena, amén de que no atina, de acuerdo a las reglas ya enunciadas, a ser  claro   en   su   planteamiento,  como  que  únicamente  expone  su  particular  ponderación  de  los  medios  de  prueba y ensaya su cotejo con la apreciación  judicial  de  los mismos, pero sin detenerse a identificar errores y tanto menos  a acreditarlos y demostrar su trascendencia en el fallo.   

En   cuanto  se  refiere  a  la  falta  de  aplicación  del principio in dubio pro reo,  es  evidente que el casacionista únicamente procede a plasmar su  criterio  personal  y llega a afirmar sin demostración alguna, que no se obtuvo  la   certeza   necesaria   para  condenar  a  su  procurado,  sin  adentrarse  a  especificar,  como  es  su  obligación,  qué  aspectos  no  fueron debidamente  dilucidados  y probados en la actuación y dan lugar a la conformación de dudas  trascendentes  sobre  la  materialidad  del  ilícito  o  la responsabilidad del  incriminado.   

Es  claro  que  si el libelo de casación no  corresponde  a  un  alegato  de  libre confección, su presentación con base en  meras  apreciaciones  personales  del  impugnante y sin atenerse a alguna de las  reglas  lógicas  y argumentativas que lo gobiernan, comporta el desconocimiento  de la dual presunción de acierto y legalidad del fallo atacado.   

Así las cosas, encuentra la Sala que si el  defensor  no  ajusta  su  demanda  a  las  exigencias dispuestas para postular y  demostrar  el  reproche  que  presenta  contra  el  fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  la inadmisión del libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   EDISON  FERNEY  ÁVILA  SALAMANCA,  como  para  que  tal  circunstancia impusiera el ejercicio de la facultad oficiosa que  sobre  el particular le confiere el legislador en punto  de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado EDISSON  FERNEY  ÁVILA  SALAMANCA, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *