25605(10-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25605  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 084  

Bogotá,  D.C.,  diez (10) de agosto de dos  mil seis (2006).   

  V   I   S   T   O  S   

Sería  del  caso que la Corte decidiera el  recurso  de  apelación   interpuesto   por  la  sentenciada,  doctora  AMPARO       RODRÍGUEZ      ROLDÁN,   ex  Juez  Treinta  y  Uno  Penal Municipal de Cali, contra la providencia dictada, el 9 de  mayo  de  2006,   por  el  Tribunal Superior de la citada ciudad,  por  medio  de  la  cual  decretó  la  “extinción de la  sanción  penal  impuesta” a la mencionada procesada  y  negó  la  devolución  del  título  judicial  que  respalda la caución que  prestó  cuando  se  le  concedió  la  libertad provisional, si no fuera porque  observa la concurrencia de un motivo de ineficacia de lo actuado.   

A N T E C E D E N T E S   

1.   Mediante  sentencia  de  primera  instancia  fechada  el  16  de  julio  de  2001,  la Sala de Decisión Penal del  Tribunal    Superior    de   Cali   condenó   a   la   procesada   Amparo  Rodríguez  Roldán  a las penas  principales  de  46  meses  de  prisión,  multa  de  cincuenta  y siete y medio  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y  funciones  públicas  por el mismo término de la pena privativa de la libertad,  como  autora  del   delito de prevaricato por acción, conducta punible que  cometió  cuando  se  desempeñaba  como  Juez  Treinta y Uno Penal Municipal de  dicha ciudad.   

Apelado  el  fallo  por  la  procesada y su  defensor,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, al  desatar  el  recurso,  el  27  de octubre de 2005, lo modificó en el sentido de  condenar  a  la  sentenciada  a  las penas principales de 42 meses de prisión e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso. En lo  demás lo confirmó.   

2.   Encontrándose  ejecutoriada  la  sentencia  y  hallándose  en  curso  la  ejecución  de  la misma, la condenada  solicitó       la      “extinción”  de  la pena que le fue impuesta y, por ende, la devolución de  la  caución  que  prestó cuando obtuvo su libertad provisional, pues considera  que para tales efectos se reúnen las exigencias legales.   

3.   La  Sala  de  Decisión Penal del  Tribunal  Superior  de Cali, por auto del 9 de mayo del año en curso, resolvió  “decretar  la  extinción de la sanción impuesta a  la   Dra.   Amparo   Rodríguez  Roldán”   y,  a  su  vez,  negó  la  devolución  del  “título  judicial  N°  5925592, del Banco Agrario de Colombia, por  valor    de    $2.601.060”,    por   cuanto   que  “sobre  éste  pesa  el  embargo  decretado  por la  oficina  de Jurisdicción Coactiva de la Dirección Seccional de Administración  Judicial  de  Cali”,  razón por la cual ordenó su  correspondiente conversión.   

4.    Inconforme   con  la  anterior  decisión,  la  sentenciada  interpuso  recurso  de apelación, argumentando que  tiene  derecho  a  que  se  le  devuelva el valor de la citada caución, máxime  cuando,  en su criterio, se encuentra “extinguida la  sanción  penal”,  extinción  que  también  recae  sobre  la pena de multa. Así mismo, solicita que no se proceda a la conversión  del citado título judicial.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   Como  se indicó, sería del caso  que  la  Sala  entrara  a  resolver  el recurso de apelación interpuesto por la  sentenciada,     doctora     Amparo     Rodríguez  Roldán,  contra  de  la providencia proferida por el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cali, a través de la cual negó la  devolución  de  la  caución que prestó en pretérita ocasión procesal, si no  encontrara que carece de competencia para ello.   

En efecto, si bien es cierto que el numeral  8°  del  artículo  79  de  la  Ley  600  de  2000 radica en cabeza del juez de  conocimiento  la  competencia  para  vigilar  la ejecución de la pena cuando se  trata  de  procesados  que gozan de fuero constitucional o legal, como sucede en  este  asunto  y,  por  los  mismo,  a la Corte le competería conocer en segundo  grado  las  decisiones  adoptadas  por  los Tribunales Superiores cuando actúan  como  jueces de ejecución de penas y medidas de seguridad en primera instancia,  también  lo  es  que  con  la  entrada en vigencia de la Ley 906 de 2004, dicha  competencia  ahora  recae  en  los  jueces  de  ejecución de penas y medidas de  seguridad  del  lugar  donde  el  sentenciado se encuentre purgando la pena y la  segunda  instancia  en  el  juez  de  conocimiento,  según así lo contempla el  parágrafo del artículo 38.   

Así, entonces, frente a la coexistencia de  los  dos  Códigos  de  Procedimiento  Penal,  la  Sala  viene  indicando que no  obstante  la Ley 906 de 2004 solo es aplicable en los distritos judiciales donde  ha  sido  implementado el sistema acusatorio desde el 1º de enero de 2005, ello  no  obsta  para  que  en  los  demás, donde aun rige la Ley 600 de 2000, puedan  aplicarse  ciertas  disposiciones  de la Ley 906, de acuerdo con el principio de  favorabilidad   que  opera  en  materia  penal  y  procesal  penal  con  efectos  sustanciales,  consagrado  en  los artículos 29 de la Constitución Política y  6º  de  las mencionadas Leyes 600 de 2000 y 906 de 2004, fundada en que no solo  opera  en  casos  de  sucesión  de  leyes  sino, además, en la coexistencia de  normas,  en  tanto  que  los  preceptos  llamados  a regular el asunto jurídico  prevean  el  mismo  supuesto  de  hecho  y  no hagan parte de la esencia o de la  naturaleza   jurídica  del  sistema  procesal  penal  acusatorio  recientemente  implementado   y   el   seleccionado   le   ofrezca   ventajas  al  procesado  o  condenado.   

En cuanto atañe a la competencia a efectos  de  la ejecución de la pena respecto de una persona condenada que goza de fuero  legal, la Corte ha dicho:   

“Si  bien  es  cierto,   de  conformidad  con lo dispuesto por el artículo 79-8 de la Ley  600  de  2000,  la  competencia  para  conocer  de la ejecución de la sentencia  condenatoria  en  los  casos  de  procesados  o  condenados  que  gocen de fuero  constitucional  o  legal  permanece  en  la  autoridad judicial de conocimiento,  advierte  la  Corte  que  con  la entrada en vigencia de la Ley 906 de 2004, tal  precepto  resulta  inaplicable  por restrictivo en los casos de única instancia  de  que conoce la Corporación, al no permitir la impugnación de sus decisiones  ya  que  la Corte Suprema de Justicia es el Máximo Tribunal de la Jurisdicción  Ordinaria     en    el    país,    ‘en  tanto que al asignarla al Juez de Ejecución de Penas y Medidas  de  Seguridad  el nuevo Código de Procedimiento Penal y la segunda instancia al  respectivo  juez  de  conocimiento,  materializa las garantías fundamentales de  impugnación  y segunda instancia a través del recurso ordinario de apelación,  las  cuales hacen parte del derecho al debido proceso consagrado en el artículo  29  de la Carta Política’  tal  cual  ha sido indicado por la jurisprudencia (Cfr. Auto de única Instancia  de agosto 3 de 2005. Rad. 22099).   

“En   el  pronunciamiento  que viene de evocarse, la Corte reiteró el criterio sentado en  la  decisión  del  28  de  julio  de  2005,  dentro del proceso radicado con el  número    19093,    en   el   cual    indicó   lo   siguiente:   

‘2. Ciertamente,  como  lo  recuerda  el  peticionario,  la  Sala  ha  sostenido  que  las  normas  procesales  que  regulan  los  recursos tienen efectos sustanciales,   

‘[e]n la medida  en  que  por razón de su limitación, ampliación, consagración, eliminación,  etc.    pueden   verse   afectadas   -positiva   o   negativamente-   garantías  fundamentales,  característica  ésta  que  es  -en  el  fondo-  lo que permite  calificar  que  una  norma  instrumental alcance esa condición. (Auto del 16 de  febrero del 2005, radicado 23.006).   

‘3. En la misma  providencia,  la  Corte  reconoció  la  favorabilidad que reporta una norma que  permite  un  mayor  acceso  a  la  administración de justicia dando lugar a los  recursos  de  apelación  o  casación, y expresamente declaró que ‘constituye  prenda de mayor garantía  una  decisión  con  doble  instancia  o con casación que de única…’   

‘4. Y, frente a  la  literalidad del artículo 533 de la Ley 906 del 2004, que limita su vigencia  a  los  delitos  cometidos  con  posterioridad al 1º de enero del año 2005, la  Corporación admitió que    

‘[l]as  normas  que  se  dictaron  para  la  dinámica  del  sistema  acusatorio colombiano, son  susceptibles   de   aplicarse  por  favorabilidad  a  casos  que  se  encuentren  gobernados   por  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  a  condición  de  que  no se refieran a  instituciones  propias  del  nuevo  modelo  procesal  y de que los referentes de  hecho  en  los dos procedimientos sean idénticos. (Auto del 4 de mayo del 2005,  radicado 19.094).   

‘5. Conclúyese  de lo anterior que como la vigilancia de la ejecución  de  la pena no es una institución propia del sistema acusatorio; el supuesto de  hecho  en  los dos procedimientos es el mismo; y el parágrafo 1º del artículo  38  de la Ley 906 del 2004 es más favorable en este caso para los intereses del  condenado,    su   aplicación   inmediata   resulta   procedente   (se destaca).   

‘En  consecuencia,  se  ordenará  remitir  el expediente al reparto de los jueces de  ejecución   de   penas   y   medidas   de   seguridad   de  Bogotá’.   

“Como quiera que  el  Parágrafo  1º  del  Artículo  38  de  la  Ley  906  de 2004 establece que  ‘cuando  se  trate  de  condenados  que  gocen  de  fuero constitucional o legal, la competencia para la  ejecución  de las sanciones penales corresponderá, en primera instancia, a los  jueces  de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad  del lugar donde se  encuentre  cumpliendo  la  pena.  La segunda instancia corresponderá al juez de  conocimiento’,  resulta  evidente  que  dicho precepto, por integrar el proceso de ejecución de la pena,  no   hace   parte   del  nuevo  modelo  de  investigación  y  juzgamiento   establecido  en  dicho  Estatuto, e involucra tan sólo un asunto de competencia  con  posterioridad  a  la normativamente establecida para la investigación y el  juzgamiento,  que  no  compromete  para  nada  las  garantías fundamentales del  sentenciado  aforado  constitucional  o  legal, y sí, por el contrario, como ha  sido  visto  en  los precedentes aquí mencionados, le reporta mayores ventajas,  es  de  concluirse  que  resulta  de  aplicación  inmediata  por haber derogado  tácitamente  la disposición sobre dicha temática contenida en el artículo 79  de  la ley 600 de 2000”.1   

Recientemente    la    Sala    también  indicó:   

“Si  bien  en  términos  del  artículo  75-3  de  la  Ley 600 de 2.000 a la Sala concerniría  conocer  de  la  impugnación  interpuesta  en  tanto  lo fue contra providencia  dictada  por  un  Tribunal  Superior  en relación con un condenado que gozó de  fuero  legal  de  juzgamiento, impónese en este asunto la aplicación de la Ley  906  de  2.004  tal como la Corte lo ha venido sosteniendo, especialmente en las  radicaciones  24.959 y 24.963 de marzo 16 y 30 respectivamente del año en curso  donde  se examinaron situaciones jurídicamente similares a la que es objeto del  recurso,  toda  vez  que  no  siendo  la  fase en mención exclusiva del sistema  acusatorio  y  comportando en ambos ordenamientos los mismos supuestos fácticos  e  igual  contexto  jurídico, resulta incuestionable que el segundo precepto en  mención  reporta  a  quien  -amparado  en  fuero  legal-  fue condenado mayores  ventajas   derivadas   de   la   inmediatez   y   especialidad   de   un   grupo  interdisciplinario  con  que  habrá  de vigilarse la ejecución de un fallo por  parte  de los juzgados de ejecución de penas y medidas de seguridad.   

“Entendido  además  que  el  fuero  en  este  asunto amparó al servidor judicial procesado  durante  la fase de juzgamiento, significa que dicha condición concluyó con la  ejecutoria  material  del  fallo  condenatorio,  por  manera que a partir de ese  instante  se  abrió paso a un estadio diferente, post procesal si se quiere, el  de ejecución de la sanción impuesta.   

‘Allí,  quien  tenía  la  calidad  de  justiciable  o  procesado,  ya  pasa a tener la de reo.  Expresado   de  otra  manera,  el  rigor  de  la  sentencia  condenatoria  lleva  implícita  la  pérdida  de la investidura generadora del fuero, lo que implica  que  el  procesado,  a  partir  de  allí,  pasa  a  recibir trato similar al de  cualquier otro penado.   

‘Ahora, que el  artículo  79  de  la  Ley  600  de  2000  señala  que  la  competencia para la  ejecución  de  las  sanciones  penales permanecerá en la autoridad judicial de  conocimiento,  cuando se trata de procesados o condenados con fuero, no envuelve  una  prolongación  de  éste,  sino  que  implica  una  simple distribución de  competencias,  que  ahora,  en  virtud  de  lo  dispuesto  en el numeral 9º del  artículo  38  de  la Ley 906 de 2004, queda asignada a los jueces de ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad…’.  (Auto  de  diciembre 7 de 2.005, Rad.  No.     19762)”.2   

De lo anterior debe, entonces, colegirse que  como  las dos preceptivas, es decir, el inciso 2° del numeral 8° del artículo  79  de  la  Ley 600 de 2000 y el parágrafo 1° del artículo 38 de la Ley 2004,  prevén  hipótesis de hecho similares, no hacen parte de la esencia del sistema  penal  acusatorio  y  fijan  la  competencia para conocer de la vigilancia de la  ejecución  de  la  sentencia, necesariamente se impone la inmediata aplicación  de  la  nueva  norma en los casos de las personas condenadas con fuero legal, en  la  medida  que  la  nueva  disposición  derogó  la  anterior,  además de que  reporta,   como   se   indicó,  “mayores  ventajas  derivadas  de  la  inmediatez  y especialidad de un grupo interdisciplinario con  que  habrá  de vigilarse la ejecución de un fallo por parte de los juzgados de  ejecución      de      penas     y     medidas     de     seguridad”.3    

2.   En  esas  condiciones, como en el  presente  caso  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cali carecía de  competencia   para   pronunciarse   en  primera  instancia  sobre  la  petición  presentada  por  la  sentenciada, doctora  Amparo  Rodríguez  Roldán,  surge claro que se configura la  causal  de  ineficacia de lo actuado contemplada en el numeral 1° del artículo  306  de  la  Ley  600  de  2000,  razón  por  la  cual  resulta  inevitable  su  declaración.    

Por  lo mismo, con base en el artículo 307  ibidem,   la   Corte  declarará  la  nulidad  de  la  providencia  dictada,  el  9  de  mayo  de 2006, por el mencionado Tribunal, por  medio      de      la     cual     “decretó  la extinción de la sanción”  y  negó  la  devolución  del “título judicial N°  5925592,  del  Banco  Agrario  de  Colombia, por valor de $2.601.060”,   y,   por   ende,  dispondrá  la  remisión  de  las  diligencias  al  juez  de  ejecución  de penas y medidas de  seguridad  (reparto)  de  Cali,  lugar  en  el  que se dictó la correspondiente  sentencia.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA    DE     CASACION    PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.  DECRETAR  LA  NULIDAD  de la providencia dictada el  9  de  mayo  del  año en curso,  por  medio de la cual  el     Tribunal     Superior     de     Cali    “decretó   la   extinción   de   la  sanción”    y    negó    la   devolución   del  “título judicial N° 5925592, del Banco Agrario de  Colombia, por valor de $2.601.060”.   

2.          DECLARAR   que   la  vigilancia  de  la  ejecución  de  la  pena  impuesta a la doctora AMPARO  RODRÍGUEZ   ROLDÁN,   corresponde  al  juzgado  de  ejecución  de  penas  y  medidas de seguridad de Cali, a cuyo reparto se ordena  remitir el expediente.   

3.   Por  Secretaría  de  la  Sala,  infórmese   lo   decidido   al  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

       TERESA   RUIZ  NUÑEZ   

                                                              Secretaria     

1  Segunda  instancia 24959 del 16 de marzo de 2006. Ver también auto 24963 del 30  de marzo de 2006 y auto 25277 del 16 de junio de 2006.    

2   Segunda instancia 25322 del 4 de mayo de 2006.   

3   Segunda instancia 25322 del 4 de mayo de 2006.     

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