25515(06-07-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25515   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 063.  

Bogotá D.C., julio seis (6) de dos mil seis  (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación  presentado por el defensor de  HIRALDO    RAMÓN    ÁVILA    AGUILERA,   contra   el   fallo   proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca   el   25   de   octubre   de   2005,   confirmatorio  –  con  algunas  modificaciones respecto  del  mencionado  ciudadano –  del   dictado  por el Juzgado Penal del Circuito de Gachetá el 22 de junio  de  2005,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como coautor penalmente del delito de  homicidio    agravado    en    Helidebrando   Duarte  Barreño.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Los  hechos  motivo  de  este  diligenciamiento fueron adecuadamente  sintetizados en el fallo de primer grado, así:   

“En  horas de la  noche  del  día domingo 30 de noviembre de 2003, en las inspección de Palomas,  jurisdicción  del municipio de Gachalá, se presentó un altercado, el parecer,  entre  JOSÉ  DEL  CARMEN  URREA PEÑA, JOSÉ PEDRO ANTONIO MELO PARADA, HIRALDO  RAMÓN  ÁVILA  AGUILERA y DIEGO EDISSON ALMECIGA URREA, con HELIDEBRANDO DUARTE  BARREÑO,  quien  resultó  gravemente  herido con arma corto contundente y como  consecuencia  de  ello  se  produjo  su  deceso  en  forma inmediata”.   

La Fiscalía Seccional de Gachetá declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  HIRALDO  RAMÓN  ÁVILA AGUILERA, Rafael Isidro Reyes  Bejarano,  Diego  Edisson  Almeciga  Urrea, José Pedro Antonio Melo y José del  Carmen  Urrea  Peña,  definiéndoles  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva sin derecho a  libertad  provisional  como  posibles  coautores  del delito de homicidio doloso  agravado  respecto  de  los  dos  últimos  y  absteniéndose  de imponer medida  asegurativa a los demás.   

Clausurado   el   ciclo  instructivo,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  el  7  de  abril  de  2004  con  resolución  de acusación en contra de HIRALDO RAMÓN  ÁVILA  AGUILERA,  Rafael  Isidro  Reyes Bejarano, Diego Edisson Almeciga Urrea,  José   Pedro   Antonio   Melo   y  José  del  Carmen  Urrea  Peña  como  presuntos  coautores  del  delito  de  homicidio  agravado,  providencia  confirmada en segunda instancia por la Unidad de Fiscalía Delegada  ante   el  Tribunal  de  Cundinamarca  al  conocer  del  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  defensa.  En  la  misma  oportunidad revocó la acusación  proferida     contra     Rafael    Isidro    Reyes  Bejarano.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Penal del Circuito de Gachetá, despacho que una vez surtido el rito  legal  pertinente  profirió  fallo  el  22  de  junio  de  2005, por cuyo medio  condenó  a HIRALDO RAMÓN ÁVILA AGUILERA, José Pedro  Antonio  Melo  y José del Carmen Urrea Peña a la pena  principal   de   veinticinco   (25)   años  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  y al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios, como  coautores penalmente responsables del delito objeto de acusación.   

          Igualmente,    el    a   quo  dispuso  la  absolución de Diego Edisson  Almeciga   Urrea   por   el  referido  comportamiento  delictivo  y  negó a los condenados la suspensión condicional de la ejecución  de la pena y la prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por los defensores de los sentenciados, el  Tribunal  Superior de Cundinamarca la modificó mediante fallo del 25 de octubre  de  2005,  pues  reconoció  en favor de HIRALDO RAMÓN  ÁVILA  AGUILERA  y  José  del  Carmen  Urrea Peña la  diminuente  puntiva  determinada por el estado de ira y en consecuencia, rebajó  la  pena  principal a cuatro (4) años y dos meses de prisión, lapso en el cual  también disminuyó la sanción accesoria.   

          En  la  misma  decisión  absolvió a José  Pedro   Antonio   Melo   de   los  cargos  objeto  de  acusación.   

Contra el fallo de segundo grado el defensor  de   HIRALDO   RAMÓN  ÁVILA  AGUILERA  interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal segunda de casación,  el  censor  presenta  un  cargo  contra el fallo del ad  quem,   por  considerar  que  no  es  congruente  con  “LA     PRETENSIÓN     DEFINITIVA    DEL    ENTE  ACUSADOR”.   

En punto de la acreditación del reproche, el  demandante    aduce    que    si    bien   su   asistido   fue   “preacusado   como   presunto   coautor  responsable  del  delito  de  homicidio   agravado”,  lo  cierto  es  que  en  la  audiencia  pública de juzgamiento la Fiscalía solicitó su absolución ante la  fuerza  de  la  evidencia  y  por tanto, no podía el fallador condenarlo por el  mencionado delito.   

Agrega que de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  448  de  la  Ley 906 de 2004 se imponía la absolución de su  procurado,  pues  en  el  ámbito  del  derecho  penal y del garantismo opera el  axioma  del  principio  acusatorio  y  del  contradictorio  y  por  tanto, si de  conformidad  con  el  artículo 250 de la Carta Política compete a la Fiscalía  la  función  de  acusar,  cuando  tal ente solicita en la audiencia pública la  absolución  del  procesado,  al  sentenciador  no  le  queda camino diferente a  absolver.   

          Igualmente  señala  que  si  se requiere de una acusación para que  haya  juicio  y  así  mismo  para  que  la defensa pueda cumplir a cabalidad su  cometido,  cuando  aquella  es retirada ya no hay lugar a contradicción, según  se  concluye  de los artículos 3, 5, 6, 8, 15, 24, 66, 114, 132, 336, 443 y 448  de la Ley 906 de 2004.   

          Indica   entonces,   que   HIRALDO  RAMÓN  ÁVILA  no  podía ser condenado como autor penalmente  responsable  de  un  comportamiento  punible  sin  que  mediara acusación en la  audiencia  pública  de  juzgamiento  y  por  ello,  considera  que se violó el  principio  de congruencia entre acusación y fallo, pues la sentencia no atiende  la  específica  pretensión  de  la  Fiscalía, según lo exige “por  favorabilidad”  el artículo 448 de  la Ley 906 de 2004.   

Con  fundamento  en  lo expuesto el defensor  solicita  a  la Sala casar el fallo atacado, para en su lugar proferir sentencia  absolutoria en favor de su asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Inicialmente  es oportuno puntualizar que el  recurso    de    casación,    en    cuanto    juicio    técnico   –  jurídico,  cuenta  con  una serie de  reglas   lógicas   señaladas   por   el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia   a   fin   de   que   no   se   convierta  en  una  tercera  instancia, las cuales no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo  de  sus  reparos,  de  suerte  que  resulten  inteligibles  en cuanto precisos y  claros,  dado que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los recurrentes en casación.   

          En  atención  a  que  el  impugnante  plantea  la causal segunda de  casación,  es pertinente señalar que de tiempo atrás ha señalado la Sala que  ella  tiene  lugar cuando se afecta la estructura lógica del proceso, en cuanto  el   fallo   introduce   nuevas   conductas   punibles,   agrega  circunstancias  específicas   o  genéricas  de  agravación,  desconoce  las  específicas  de  atenuación  tenidas  en  cuenta  al momento de calificar o hace más gravosa la  forma  de  intervención  en el delito, motivo por el cual, corresponde al actor  aceptar  que la acusación es correcta y la sentencia incorrecta y que por ello,  la  solución  al  asunto  precisa  de  un  nuevo  fallo  que se sujete al marco  fáctico  – jurídico de la  acusación,  sin  que  entonces,  sea procedente que el casacionista solicite un  fallo absolutorio.   

          Ahora,  dado  que el censor cuestiona que se profiriera sentencia de  condena  en contra de HIRALDO RAMÓN ÁVILA  pese  a  que  la  Fiscalía  solicitó en la audiencia pública de  juzgamiento  que  fuera  absuelto, encuentra la Sala que sobre tal planteamiento  manifestó  el  ad quem en la  decisión  atacada  que  “la aplicación favorable de  lo  dispuesto en el artículo 448 de la Ley 906 de 2004, en el sentido de que no  puede  condenarse  sin petición del Fiscal acusador”  no  es viable, dado que “se trata de una institución  propia  del sistema acusatorio plasmado en dicha normatividad, en el cual, tanto  la  iniciación  de la acción penal, su continuación (principio de oportunidad  en  los  casos  taxativamente previstos) como la disponibilidad de la acusación  están   radicados,   exclusivamente,   en   la   Fiscalía,   por  disposición  constitucional  (Acto  Legislativo  No.  03 de 2002). No acontece lo mismo, a la  luz  del  sistema  adoptado  en  la  Ley  600 de 2000, no aplicable aún para el  distrito  judicial  de  Cundinamarca,  entre  otros,  puesto  que,  producida la  resolución  de  acusación,  el  Fiscal  se  convierte  en sujeto procesal y la  facultad  para  cesar  procedimiento  (en  los  casos legalmente previstos) y de  absolver   o   condenar  está  radicada,  exclusivamente,  en  el  juez  de  la  causa”.   

          No   obstante   lo  anterior,  con  facilidad  se  advierte  que  el  demandante  no  se  ocupa de atacar de manera alguna lo dicho por el Tribunal al  respecto  y,  sin  más, plantea la aplicación favorable de la Ley 906 de 2004,  pero no emprende la correspondiente demostración de un tal aserto.   

En  efecto, es evidente que el defensor deja  ayuno  de  demostración  el  reproche  que  formula, pues no encamina de manera  alguna  su  esfuerzo  a explicar por qué razón dentro de la sistemática de la  Ley  600  de  2000  que  rige este asunto, hay incongruencia entre la acusación  proferida    en    contra    de    HIRALDO    RAMÓN  ÁVILA, que lo fue como presunto coautor del delito de  homicidio    agravado    en    Helidebrando   Duarte  Bareño  y  el fallo de condena proferido en su contra  por el mismo comportamiento.   

         Adicional  a  lo dicho, tampoco el casacionista tiene en cuenta que  de  manera  reiterada  ha  dicho  la  Sala  en  situaciones como la expuesta que  “la  resolución  de  acusación  no  se  encuentra  ligada  estrechamente  con  la posterior actuación de la Fiscalía al punto que  se  exija  su  total  cohesión  como fundamento de la sentencia, puesto que ese  acto  de  acusación  es  autónomo  e  independiente.  De ahí que se presenten  fenómenos  como  el  aquí censurado, pues mientras que el Fiscal instructor al  calificar  el plexo sumarial profirió acusación en contra del procesado, en el  debate  oral  el  Delegado  del  ente  acusador  solicitó su absolución (…).  Luego,  la  estructura  básica  del  proceso  sólo  se  verá  afectada cuando  legalmente  no  se  haya  producido  resolución de acusación, mas no cuando el  Fiscal  en su intervención de la audiencia pública solicita la absolución del  acusado,  máxime  si no existe precepto que lo obligue a ello, actitud esta que  no  implica el retiro de la acusación sino el ejercicio de una actividad de uno  de  los  sujetos  procesales,  que  indefectiblemente  no  vincula al juez de la  causa”1.   

Lo   anterior   permite  concluir  que  el  recurrente  no cumple las exigencias dispuestas por el legislador para acceder a  esta  impugnación  extraordinaria,  circunstancia que impone la inadmisión del  libelo  con  tales  falencias  presentado, más aún si tampoco la Sala advierte  violación  alguna  de  los  derechos fundamentales o garantías de HIRALDO  RAMÓN AÁVILA AGUILERA, como para  que  ello  determinara el ejercicio de la facultad oficiosa de índole legal que  al respecto le asiste en punto de asegurar su salvaguarda.   

          Así  las  cosas,  la conclusión que sin dificultad se deriva es la  de  que  la  demanda  acusa  las  graves  falencias técnicas destacadas, que no  pueden  en  modo  alguno  ser  subsanadas  por  la Corte, pues ello lo impide el  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite casacional, imponiéndose de  plano  su  inadmisión de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   HIRALDO   RAMÓN   ÁVILA   AGUILERA,  de  conformidad con las razones expuestas en la anterior motivación.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso                                                                  Permiso   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Providencia del 7 de septiembre de 2005. Rad. 23700, entre otras.     

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