19499(19-10-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19499  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente   

                                     Dr. JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                      Aprobado Acta No.119   

         Bogotá,  D.  C.,  diecinueve  (19)  de  octubre  de  dos  mil seis  (2006).   

         V I S T O S   

         Derrotada  mayoritariamente  la  ponencia  inicial, se pronuncia la  Corte  acerca  del recurso de apelación interpuesto por el defensor del acusado  Rodrigo  Daza Bermúdez contra la sentencia condenatoria dictada por el Tribunal  Superior  de  Riohacha  que  lo halló responsable de la comisión del delito de  peculado  culposo  de  que trataba el artículo 137 del C. P., modificado por el  artículo 32 de la Ley 190 de 1995.   

         

                                                   H E C H O S   

         

         El  doctor  Rodrigo  Daza Bermúdez se desempeñaba como Fiscal 9°  Seccional  de Maicao (Guajira), por cuya razón se le asignó el conocimiento de  una  investigación  penal  iniciada a raíz de un allanamiento que efectivos de  la  Policía  Nacional practicaron en una residencia de esa misma ciudad el día  24  de  noviembre  de  1995 de propiedad de la señora Silvia Oliveros Villegas,  quien en ese instante no se encontraba en el lugar.   

         La  diligencia arrojó como resultado la incautación de un arma de  fuego  y  de  la  suma  de  ochocientos  mil pesos ($800.000), bienes que fueron  dejados a disposición de esa Fiscalía.   

         El  día  27  de noviembre de 1995, el señor José Ceferino Durán  solicitó  por  escrito  a  la Fiscalía la devolución del dinero y procedió a  hablar  personalmente  con  el  Fiscal,  a quien le dijo que los ochocientos mil  pesos  eran  de  su  propiedad, ya que se los había dado a guardar a la señora  Silvia Oliveros.   

         Ese  mismo  día,  el  Fiscal  a  través de auto de sustanciación  resuelve  entregar  el dinero al señor Ceferino Durán, pero advierte que antes  debe  citarse  a la señora Silvia Oliveros “… con  el  objeto  de  recibirle  declaración  jurada, en el término de la distancia.  Luego  procédase  a  la  entrega real y material del dinero en efecto al señor  JOSE CEFERINO DURÁN …”.   

         En  ese  instante  el Técnico Judicial José Annichiárico Robles,  suscribe  oficio  de  fecha 27 de noviembre de 1995 a través del cual cita a la  señora  Silvia  Oliveros  para que se haga presente en ese despacho. Este mismo  Técnico  al  respaldo  de  la  citación  deja constancia, bajo la gravedad del  juramento,  fechada el 27 de noviembre que se trasladó a la residencia indicada  y que la señora Oliveros no se encontraba porque estaba de viaje.   

         En  estas  condiciones, el Fiscal, en constancia de ese mismo día,  señalando  la  hora  de  las cuatro y treinta (4:30 p.m.), dice que presente el  señor  José  Ceferino  Durán  Loaiza  le  hace entrega de los ochocientos mil  pesos, los cuales recibe su destinatario a entera satisfacción.   

         El  día  11  de  diciembre  de  1995,  la  señora Silvia Oliveros  solicita   la  devolución  del  dinero  a  la  Fiscalía  argumentando  que  es  suyo.   

         El  14 de diciembre se cita a la peticionaria y recaba la necesidad  de que se le devuelva el dinero.   

         El  20  de  diciembre se cita a José Ceferino Durán Loaiza con el  objeto  de  que  haga  devolución del dinero, así como también se traen otras  probanzas a la actuación.   

         Mediante  auto del 25 de enero de 1996, el Fiscal, ante el silencio  y  no  comparecencia  del señor Durán Loaiza, decide compulsar copias para que  sea investigado por el delito de fraude procesal.   

         Tan  sólo hasta el 2 de julio de 1996 José Ceferino Durán Loaiza  comparece  al  despacho  de  la  Fiscalía y devuelve los ochocientos mil pesos.   

         No  obstante  y antes de que esto sucediera, el 14 de junio de 1996  la  señora  Silvia  Oliveros  había denunciado al Fiscal por la no devolución  del dinero que decía ser de su propiedad.   

         En  diligencia  llevada a cabo el 10 de julio de 1996, la Fiscalía  entrega  el dinero a la señora Silvia Oliveros por lo que seguidamente presenta  “desistimiento”  de la  denuncia,    argumentando   “…   haber   quedado  satisfecha    del    daño    que   se   le   había   ocasionado…”.   

         En     diligencia    llevada    a    cabo   el   13   de   agosto  de  1996,  escucha  el  Fiscal    la    declaración    de   la   señora   Silvia   Oliveros,   en   la   que   sostiene que   su    pretensión    no    es    ratificarse   de   la   denuncia   sino   del desistimiento  ya  que   su   pretensión   era   recuperar   el  dinero  y  ya  lo  obtuvo.    

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         Con      base     en     la     señalada   denuncia,     la    Fiscalía    Delegada    ante    el  Tribunal   Superior   de   Riohacha   dispuso  la   práctica   de  diligencias preliminares el 31 de julio de 1996,   las       que      finalizaron      con      decisión   inhibitoria   de   fecha   5   de  septiembre  de   1996.   Determinación   que   fue  revocada  por   la   Fiscalía Delegada  ante  la  Corte  Suprema   de    Justicia    en   providencia   del   25   de  octubre   de   1996,   disponiéndose  el  inicio   del    proceso    penal    por    parte   de   un   Fiscal   Delegado   ante   el  Tribunal  Superior   de  Riohacha.   

         Escuchado  en  diligencia  de  indagatoria  el  doctor RODRIGO DAZA  BERMÚDEZ  se  resolvió  su situación jurídica mediante resolución del 29 de  junio   de  1999,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  consistente  en  la  conminación.   

         Surtida  la  fase  de instrucción se procede a cerrar la misma y a  proferir  resolución  de acusación el 3 de diciembre de 1999 acusándolo de la  comisión  del  delito  de  peculado  culposo  de que  trataba  el  artículo  137  del C. P., modificado por el artículo 32 de la Ley  190 de 1995.   

         Contra  esta  determinación se interpuso recurso de apelación por  el  defensor,  el  cual  es  declarado  desierto por una Fiscal Delegada ante la  Corte Suprema de Justicia en providencia del 28 de febrero de 2000.   

         Ya  en  la  fase  de  juzgamiento  y  celebrada  la  diligencia de  audiencia  pública,  el  Tribunal  Superior  de Riohacha en decisión del 19 de  marzo  de  2002  resuelve  condenar  al  acusado  por  el  cargo formulado en la  resolución  de  acusación,  determinación contra la cual el mismo defensor la  recurre  en  apelación,  lo  que  propicia el conocimiento de ésta Colegiatura  para su resolución.   

DECISIÓN    DEL  TRIBUNAL   

        El  Tribunal  Superior de Riohacha decide condenar al acusado como  responsable  del  delito de peculado culposo, al estimar que el dinero que se le  entregó  al  Fiscal  lo  fue  por  razón  de  sus  funciones  y  debido  a  la  incautación que se había realizado en el allanamiento.   

        Diligencia  que  se  había  efectuado  en  la  casa de la señora  Silvia  Oliveros,  además  el  señor  Jorge  Aragón,  quien  fue vinculado al  proceso  penal,  sostuvo  que  el  dinero  le pertenecía a aquella. Esto debió  llevar  a  la  conclusión de que el dinero no podía ser entregado a un tercero  al  que  no  se  le  había  hecho  referencia  alguna,  sin antes escucharla en  declaración.   

        Este   proceder,   estima  el  Tribunal,  es  demostrativo  de  un  comportamiento  que viola las normas del deber de cuidado que se representaba en  la  diligente  averiguación  de  quién  era  el propietario del dinero, lo que  propició     que    se    “perdiera”  y  en  criterio  de  esa  Corporación  lleva  a  estructurar  la  conducta típica del delito de peculado culposo.   

        Como  la  defensa había argumentado la ausencia de perjuicio a la  administración  de  justicia,  en  la  medida  que  la señora Oliveros así lo  había  manifestado, incluso trató de esgrimir el desistimiento de la denuncia,  el  Tribunal  dedica  espacio a desvirtuar esta alegación para lo cual sostiene  que  el  bien jurídico tutelado es la recta administración pública, la que se  representa  en  el debido prestigio y eficacia de la misma, el que se deterioró  en este caso por la conducta omisiva del acusado.   

        Ello,       continúa,      propició      la      “pérdida”  del  dinero, lo que no se  puede  hacer a un lado por el sólo hecho que luego de acreditar su propiedad se  le  hubiera  devuelto  a  la  señora Silvia Oliveros, en tanto que el delito de  peculado culposo es un tipo de conducta instantánea.   

        Por  ello  considera  que  el delito se consumó en el instante en  que  el dinero fue entregado al señor José Ceferino Durán en evidente actitud  imprudente  del  Fiscal,  sin que pueda tener incidencia la restitución que con  posterioridad se produjo.   

        Por  último,  señala el Tribunal que tampoco se puede deducir la  buena  fe del Fiscal pues al momento en que se entrega el dinero el señor José  Ceferino  Durán Loaiza era un desconocido dentro de proceso, ya que si bien fue  quien  reclamó  un  arma  de  fuego  igualmente  incautada,  ello  sucedió con  posterioridad.   

        Por   estas   razones   condena  al  acusado  aplicando  la  norma  consagrada  en  la  Ley  190  de  1995  por  favorabilidad, imponiendo las penas  mínimas  de  6  meses  de  arresto,  multa  equivalente  a 10 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  término de 6 meses e igualmente, concede la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena  y, por último, se abstiene de condenar al pago de  perjuicios.   

SÍNTESIS   DE   LA  IMPUGNACIÓN   

        De  manera  sucinta  el  defensor  del  procesado  se queja por la  decisión  del  Tribunal  Superior  de  Riohacha,  argumentando  que  dentro del  proceso  no  existió  un recaudo probatorio idóneo que permitiera concluir que  esta labor se verificó cabalmente.   

        Igualmente   refiere   cómo   el   dinero   no  se  perdió  como  equivocadamente  lo  expresa esa colegiatura, lo que no permitiría entender que  se configuró el delito de peculado culposo.   

        Tampoco,  sostiene,  la  propiedad del dinero se demostró pues no  se  supo  finalmente  si  era  del  dominio  de la señora Silvia Oliveros, esto  significa   que   la   entrega  fue  asistida  en  todo  momento  por  la  buena  fe.   

        En  el  entendido que el dinero era de la señora, ésta fue clara  al  momento  de  la  entrega  de referir la plena satisfacción y la ausencia de  perjuicio,  de  ahí que simplemente la conducta imputada a su defendido pudiera  enmarcarse   en   una  infracción  disciplinaria  más  no  como  una  conducta  punible.   

        Con  base  en estas razones, solicita se revoque la sentencia y se  absuelva  a  doctor  RODRIGO  DAZA  BERMUDEZ del cargo que le fue imputado en la  resolución de acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

       La  Sala  revocará  la  decisión  objeto de impugnación por las  siguientes razones:   

       Estudia  la  Sala  el comportamiento desplegado por un funcionario  judicial  a  quien  se  le entregó provisionalmente la custodia de unos dineros  incautados en un allanamiento.   

       El  acusado,  como  lo viene pregonando con acierto la Fiscalía y  el  Tribunal  que  lo  condenó y contrario al sentir del defensor, realizó una  conducta típica.   

       Afirmación  que  nace  en el hecho que el fiscal hizo entrega del  dinero  a  quien  así  se lo solicitó, aceptando el simple argumento de ser su  propietario  puesto  que  se  lo  había  prestado  a la persona cuya residencia  había sido allanada.   

       Argumento  insular  que  no  podía  servir de sustento probatorio  para  adoptar  esa  determinación, pues el reclamante era un tercero totalmente  desconocido  en  la actuación procesal que no había sido referido o citado con  antelación,  por  el  contrario,  en  el  acta  de  allanamiento  se  consignó  expresamente    que   en  la  residencia  “de  propiedad”   de   la   señora   Silvia  Oliveros  “quien     no     se     encontraba” en la misma, estaba el dinero.   

       Ante  esta  situación  el  procesado cuando menos debió traer al  proceso  algún  elemento  de juicio que comprobara que pese a que el dinero fue  hallado  en la residencia de la señora, la propiedad o por lo menos la tenencia  correspondía  a quien lo reclamaba, con mayor razón si uno de los imputados en  esa   actuación,  Jorge  Arango,  había  sostenido  que  el  dinero  realmente  pertenecía a la señora Oliveros.   

       Le  bastó  al  funcionario acusado, con el informe presentado por  el  Técnico  Judicial de la Fiscalía, JORGE ANNICHIARICO ROBLES,  dando a  conocer  las  labores que realizó el mismo día de la solicitud de entrega para  lograr  citar y hacer comparecer a la señora, atinentes a no haberla encontrado  en  su  residencia por estar de viaje para hacer entrega del dinero aduciendo en  su   indagatoria,   adicionalmente,   haber   confiado   en   la  buena  fe  del  reclamante.   

       Es  por  ello  por  lo  que  la  Sala  concluye que ciertamente el  procesado  violó  el  deber  objetivo de cuidado al no ejecutar las actividades  pertinentes  para  establecer  la  propiedad o tenencia del dinero en cabeza del  peticionario  dando  lugar  con  ello  a  su  extravío, comportamiento que como  concluyó  el  a  quo  tipifica  el  delito de peculado culposo previsto en ella  artículo  137  de  la ley 100 de 1980, modificado por el artículo 32 de la ley  190 de 1995, aplicable en este caso por favorabilidad.   

   

       Valga  destacar que el legislador dentro  de  los  verbos  rectores  que  guían  la  descripción normativa del delito de  peculado    culposo,    se    refirió    a   la   pérdida,   el   extravío   o   el   daño   del  bien  patrimonial  del  Estado  o  que  se  ha  entregado  al mismo para su custodia o  cuidado.  Por ello, cabe anotar que el artículo  137  del  Código  Penal de que trataba el Decreto 100 de  1980, modificado por el artículo 32 de la Ley 190 de 1995, decía:   

“Peculado  culposo.  El empleado  oficial  que  respecto  a bienes del Estado o de empresas o instituciones en que  éste  tenga  parte, o bienes de particulares cuya administración o custodia se  le  haya  confiado  por  razón  de  sus funciones, por culpa dé lugar a que se  extravíen,    pierdan    o    dañen,  incurrirá  en  arresto  de  seis (6) meses a dos (2) años, en  multa  de  diez  (10) a cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales   vigentes  e  interdicción de derechos y funciones públicas de seis (6) meses a  dos (2) años.” (destaca la Sala).   

         

        2.  No  obstante  que  la conducta es típica, para que sea punible  requiere  que  además  lesione o ponga efectivamente en peligro sin justa causa  el  bien  jurídico  tutelado  por  la  ley,  en  este  caso  la administración  pública,  es  decir,  que  sea antijurídica en los términos prescritos por el  artículo 11 de la ley 599 de 2000.   

        Categoría  que  igual  que los demás institutos del derecho penal  ha  de  ser  interpretada  por  el operador judicial con arreglo a los valores y  principios  que  inspiran  y  sirven  de  cimiento  al modelo de Estado Social y  Democrático  de  Derecho  estatuido  por la Constitución Política de 1991 con  fundamento  en la dignidad humana, el cual armónicamente entre sus fines cuenta  con  garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados  por la Carta.   

        Desde  esta  óptica  el  bien jurídico se erige como fundamento y  como  límite  del derecho punitivo del Estado, lo primero, por cuanto se dirige  a   proteger   los  derechos  individuales  y  colectivos  requeridos  para  una  convivencia  pacífica, próspera y participativa en procura de que sus miembros  obtengan  el  cabal  desarrollo  de los derechos y libertades reconocidos por la  Carta,  es  decir,  que los bienes jurídicos deben ser instituidos y ponderados  desde  un  contexto  político  social;  y  como límite, en cuanto restringe al  legislador  a  seleccionar sólo los comportamientos que verdaderamente ostenten  la  potencialidad  de  dañar o poner en riesgo los bienes jurídicos protegidos  por  la  norma y al juez, en cada caso, a verificar si la conducta efectivamente  lesionó o colocó en riesgo el mismo bien jurídico.   

        Principio  que está conectado materialmente con el de necesidad de  la  pena  que limita al legislador y al juez a acudir a la facultad sancionadora  en  casos  estrictamente  necesarios,  y  con  los  axiomas derivados de última  razón, subsidiariedad y carácter fragmentario del derecho penal.   

        El  primero,  referido a que el Estado para resolver los conflictos  sociales  debe  primero  agotar  todos los medios y alternativas políticas para  solucionarlo y sólo acudir al derecho penal como último recurso.   

        El  segundo,  relativo  a  que  si  existen otros medios jurídicos  menos dañosos que la pena estos deben ser prioritarios.   

        Y  el  tercero,  consistente en que el derecho penal únicamente ha  de  intervenir  en  los eventos en que la conducta implique un verdadero peligro  para  el  bien  jurídico, lo que significa que hay conductas que pese a ponerlo  en  riesgo  no son punibles. Del principio de necesidad de la pena surge que son  los  comportamientos más graves los que demandan la reacción penal y no los de  escasa  entidad,  es decir, que no todo ataque y afección al interés jurídico  debe ser sancionado penalmente, únicamente los más graves.   

        De  ahí  que la Sala venga reiterando que al requerir el artículo  11  del Código Penal la efectiva lesión o puesta en peligro del bien jurídico  sin  justa  causa, está haciendo énfasis en la necesidad de concurrencia de la  antijuridicidad  formal  y material, entendida aquella como el reproche que hace  el  Estado  al  sujeto  activo  de  la  conducta  por enfrentar su voluntad a la  prohibición  o  mandato  de la norma, y ésta como la censura a la conducta por  lesionar    o    poner    en    peligro    realmente   el   interés   jurídico  tutelado.   

        Con  tal  entendimiento, el juez, en el delito de peculado culposo,  deberá  verificar  si  la administración pública verdaderamente fue puesta en  peligro  cuando  menos en la rectitud, probidad y prestigio en el cuidado de sus  bienes  o  de  aquellos  de  carácter  particular que le han sido entregados en  administración  o  custodia y en algunos casos, además, si fueron lesionados o  puestos  en  riesgo otros intereses también públicos o privados dependiendo de  la relación jurídica correspondiente.   

        Así,  el bien jurídico y el principio de lesividad se erigen como  verdaderas  garantías  jurídico  sociales, concretas, objetivas y demostrables  en el proceso.   

        Conceptos  que  al  ser  aplicados a la conducta juzgada evidencian  que  la  administración pública no fue ciertamente puesta en peligro como para  que el acusado fuera condenado.   

        La  rectitud,  probidad  y  buena  imagen  de la administración de  justicia  no  se vieron mancilladas y los patrimonios público y privado tampoco  sufrieron daño.   

        Si  bien  es  cierto  que  el procesado violó el deber objetivo de  cuidado  al  entregar  el  dinero  sin  probar siquiera la tenencia en cabeza de  José  Ceferino  Durán  Loaiza,  también  lo es que inmediatamente recibió la  petición  de  devolución  de  Silvia  Isidora  Oliveros  Villegas  y sin pausa  adelantó  las diligencias necesarias y pertinentes para lograr su restitución,  hasta  el  punto  de haber ordenado la compulsa de copias para que Durán Loaiza  fuera  investigado  por  fraude  procesal,  así  las  mismas  no  hubiesen sido  expedidas  por  decisión  del  Fiscal  que  lo  reemplazó, una vez devuelto el  dinero.   

        No  está  demás  recordar que la entrega del dinero la hizo el 27  de  noviembre  de  1995,  la  petición  de Silvia Oliveros la recibió el 12 de  diciembre,  el  13  citó  a la peticionaria y a Durán Loaiza los días 14 y 20  siguientes,  nuevamente llamó a éste último para el 28 de diciembre y ante su  inasistencia  libró  ese  día oficio pidiéndole el reintegro del dinero, pero  como  no  lo  hizo  el  25  de  enero de 1996 compulsó copias en su contra para  investigarlo  por fraude procesal, finalmente el 2 de julio de 1996 devolvió el  dinero y el 10 de julio lo reintengró a Silvia Oliveros Villegas.   

        De  otro  lado,  José  Jorge  Annichiarico  Robles  declaró haber  acudido  en  varias  ocasiones  a  citar  y  requerir  a  Durán Loaiza para que  devolviera  el  dinero, recibiendo de sus manos dicha suma en la Fiscalía; y el  abogado  Billy  Castro  Polanco pedir en tres ocasiones por encargo del Fiscal a  Durán  Loaiza  el reintegro del dinero , lo cual le consta hizo a la Fiscalía.   

        Como  atrás  se anunció, ni la administración pública ni Silvia  Oliveros  Villegas  sufrieron daño en su patrimonio, la primera en virtud a que  el  dinero  no  era  de  su  propiedad  y  la  segunda  porque  el  mismo le fue  reintegrado,  siendo  ese  el  motivo  para que desde el inicio de la actuación  “desistiera” de la acción penal.   

        Como  la  conducta  no  causó  daño,  ni  puso en peligro el bien  jurídico  tutelado,  la Sala está obligada a revocar la sentencia condenatoria  y  absolver  al  acusado Rodrigo Daza Rodríguez por los cargos formulados en la  acusación.   

       En  mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de  la  ley,   

                                                  

R E S U E L V E  

         

       PRIMERO:          REVOCAR   en   todas  sus  partes  la  sentencia  objeto  de  impugnación,  atendiendo las motivaciones en precedencia  señaladas.   

SEGUNDO:  ABSOLVER al doctor RODRIGO  DAZA  RODRÍGUEZ  por  los  cargos  formulados en su contra en la resolución de  acusación.   

TERCERO:   Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

        Notifíquese,    cúmplase    y    devuélvase   al   Tribunal   de  origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Excusa justificada  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                              ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                               MARINA       PULIDO       DE  BARÓN   

Aclaración    de    voto                                                     Excusa justificada   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                                 YESID        RAMÍREZ  BASTIDAS   

Salvamento de voto  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA               JAVIER         ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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