25429(20-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25429   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 058.  

         

Bogotá  D.C.,  junio veinte (20) de dos mil  seis (2006).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad formal de las demandas de  casación   presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados  FABIO   ALIPIO   GÓMEZ   y  DORIS  PAJOY  RINCÓN, contra la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Neiva, de fecha agosto 26 de 2005, por  cuyo  medio  revocó  la dictada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  4  de  noviembre  del  año  anterior,  mediante  la cual los  absolvió  del  cargo  por el delito de fraude procesal que les había formulado  en la resolución de acusación.   

  ANTECEDENTES     

El           señor   José  Antonio  Romero  Baquero  formuló  denuncia  penal, a  través  de  la  cual  informó  que  en su calidad de ex empleado de la empresa  Compañía  Automotriz  del Sur Ltda. (CIAUTOS Ltda.), inició acción ordinaria  laboral  en  contra de dicha sociedad con el objeto de obtener el reconocimiento  y  pago    de  algunas  acreencias  derivadas de la referida relación  laboral.   

El  proceso  le  correspondió  al  Juzgado  Segundo  Laboral  del       Circuito de Neiva, despacho  que  dictó  sentencia  favorable  a las pretensiones del ex trabajador el 12 de  diciembre  de 1997.  El monto de la obligación por la que fue condenada la  demandada   fue   conciliado  por  un  valor  de  trece  millones  de  pesos  ($  13.000.000,oo),  sobre  el cual se efectuó un abono de tres millones de pesos (  $3.000.000,oo)  y  por  el  saldo  se  asumió  el  compromiso  de ser cancelado  mediante  cuotas  mensuales de trescientos mil pesos ($ 300.000,oo) a partir del  1°  de  julio  de  1998,  cancelándose  tan  sólo  un  millón quinientos mil  pesos            (  $1.5000.000,oo).   

Refiere  el  denunciante  que  en virtud del  incumplimiento  en  el  pago  de  la  deuda  pudo  averiguar que esta empresa, a  través        de    su    representante    legal    FABIO  ALIPIO  GÓMEZ, había efectuado un  irregular   acuerdo   conciliatorio  con  DORIS  PAJOY  RINCÓN,  ex  secretaria  de  la  firma,  por una suma  exorbitante  y  que  no  corresponde  con  la  realidad,  con base en el cual se  inició  un  proceso  ejecutivo laboral que frustró el pago de la obligación a  su  favor,  así  como  el  de  otras  contraídas  por  la  aludida empresa, en  atención a la figura de prelación de créditos.   

Sirvió  de  fundamento la denuncia anterior  para   decretar   la   apertura   de  la  instrucción,  en  cuyo  marco  fueron  vinculados     mediante  diligencia     de     indagatoria    FABIO    ALIPIO  GÓMEZ   y   DORIS   PAJOY  RINCÓN,  a  quienes  luego se resolvió su situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, como posibles  coautores de los delitos de fraude procesal y estafa.   

Cerrado el ciclo instructivo, se calificó el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra de los procesados  por  los  mismos  delitos  que  sustentaron  la  medida  de aseguramiento.   Impugnada  esta decisión, la Fiscalía de segunda instancia el 31 de octubre de  2001    la    revocó    en    cuanto    al    delito   contra   el   patrimonio  económico.      

El  trámite  del  juzgamiento correspondió  adelantarlo  al  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Neiva, despacho que, una  vez  surtió el rito legal, dictó sentencia el 4 de noviembre de 2004, por cuyo  medio  absolvió  a  los  procesados  del  cargo  formulado  en  la  resolución  acusatoria.    

Contra  la  anterior  decisión,  interpuso  recurso  de  apelación  el  apoderado  de  la  parte  civil,  sobre  el cual se  pronunció   el  Tribunal  Superior  de  Neiva  el  26  de  agosto de 2005,  revocándolo  y,  en  su  lugar,  decidió condenar a los procesados   FABIO   ALIPIO  GÓMEZ  y  DORIS  PAJOY  RINCÓN, a la pena principal  de  dieciocho  (18)  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación en el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso, al encontrarlos  penalmente responsables del delito de fraude procesal.   

Inconformes con la sentencia del ad-quem,  los defensores de los sindicados  interpusieron  y  sustentaron  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  demandas  independientes,  sobre cuya admisibilidad se pronuncia la Sala en este  auto.      

LAS DEMANDAS  

El  defensor  del  procesado  FABIO   ALIPIO  GÓMEZ  formula  un  cargo  contra  el  fallo  de segundo grado con fundamento en la causal primera prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, por violación indirecta de la  sustancial   derivada   de  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la  apreciación de la prueba.   

Por  su  parte,  el defensor de la procesada  DORIS  PAJOY RINCÓN también  formula  un  único  cargo  con  fundamento  en  la violación directa de la ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del artículo 182 del Decreto Ley 100 de  1980  y  falta  de  aplicación del numeral 10 del artículo 32 de la Ley 599 de  2000.   

      

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,  por  elementales  razones de método, en el acápite siguiente se  hará  referencia  independiente  a  cada  uno de los cargos presentados por los  casacionistas y, acto seguido, se efectuará su estudio.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

1.   Demanda  promovida por el defensor  del   procesado   FABIO   ALIPIO   GÓMEZ.  Violación indirecta de la ley sustancial derivada de un error de  hecho por falso raciocinio:   

El  yerro  aludido,  a  juicio  del  censor,  conllevó  la “aplicación indebida del artículo 182  del   Código   Penal   anterior,   (normas  penales  anteriores  -principio  de  favorabilidad”.    

          Dicho  yerro,  según el defensor, se originó en que el juzgador en  la  apreciación  de  las pruebas no respetó las reglas de la sana crítica, en  tanto   “las  máximas  de  experiencia  social  nos  indican  que  toda  persona  por  no recibir su salario en forma oportuna, estas  (sic)  queden  relegadas  de  recibir  el  apoyo necesario para el subvenir de su subsistencia por parte de su  familia  e  inclusive de sus amigos más allegados ?”  o,   que   por   no   laborar   y   no   percibir   salario   deba  “engrosar  la alta tasa de mortalidad en Colombia ?”.   

Por el contrario, sostiene, está demostrado  en   el   proceso   que   la   señora  PAJOY  RINCÓN  laboró  en  la  empresa, lo que impide colegir que el  documento  conciliatorio  sea  falso,  de  ahí  que  el  juzgador  “aplicó    a    motu    propio   (sic)  y  singularmente  una  aparente máxima de experiencia  resultante    no    de    lo    general,    sino    de    su   exclusivo   saber  individual”.         

          Ello    también    porque,    agrega,    cuando   el   ad-quem  indicó  que la empresa no tenía  liquidez    para   cancelar   las   obligaciones   a   su   cargo   “se   confundió   con   la   capacidad   de   pago”,  tal  como  lo  enseña  la  práctica contable.  Así mismo,  señala     que     en     el     “balance     de  comprobación”,  específicamente  en el renglón de  “sueldos  pendientes  de cancelación”,    están  soportados  los  salarios  dejados  de  percibir  por  la  señora  PAJOY  RINCÓN, de modo que tal concepto es  “demostrable a la luz de la ciencia y la experiencia  (criterios contables)”.   

          Destaca,  igualmente,  que  la  liquidación  de  la empresa CIAUTOS  Ltda.  no  tuvo  como  propósito eludir la responsabilidad con otros acreedores  “sino que obedeció a circunstancias de fuerza mayor  como  fueron  los problemas de salud que aquejaron al socio-gerente FABIO ALIPIO  GÓMEZ”  y,  acto  seguido,  se  pregunta,  si no es  posible  que  tales obligaciones se cubran con mercancías, como en efecto se le  ofreció    al    señor    José   Antonio   Romero  Baquero, quien rechazó tal posibilidad y así obra en  el expediente.   

Acto seguido, resalta que si la finalidad era  cometer  un  fraude  al  sustraerse  al  pago  de  las  acreencias, “las  máximas  de  la experiencia nos indican que deban esperarse  dos  años  para  su  ejecución  ?  o,  por  el  contrario se debería ejecutar  inmediatamente  para  lograr  su cometido?”.  Y,  en  cuanto  al  hecho  de  que  la mencionada haya acudido a la justicia para su  cobro,  indica  que  “la ciencia, las máximas de la  experiencia  y  la  lógica  nos  indican  claramente que a cualquier ser humano  cuando  nos  deben, lo aconsejable, saludable y jurídico es acudir ante la vía  judicial     para     que     nuestros     derechos     sean    reconocidos    y  protegidos”.   

Lo  anterior le permite colegir “que  el ad-quem reconoce los hechos y las pruebas pero, configura  un  falso  juicio  de  raciocinio  como  error  de  hecho  que  recae  sobre  la  valoración  de  la  misma,  cuando  al  medio probatorio le reconoce un mérito  persuasivo    que  realmente  no tiene, imponiendo desde luego como en  efecto  se  ha  señalado por esta defensa indicar lo que el medio objetivamente  dice,  la  inferencia  que de él se hizo en la sentencia, el mérito persuasivo  reconocido  en ella, la regla de la experiencia, el postulado de la lógica o el  principio    de    la    ciencia    ignorado    y   la   trascendencia   de   la  equivocación”.   

En  el  acápite  siguiente  referido  a  la  trascendencia   del   yerro,   agrega   que   a   partir  de  éste  se  derivó  responsabilidad  a  su prohijado por el delito de fraude procesal, motivo por el  cual  solicita  casar  el fallo impugnado, “a efectos  que   uno   de   reemplazo  declare  la  absolución  del  señor  Fabio  Alipio  Gómez”.                           

         

          Impera  precisar, en primer término, que en este caso por razón de  que  los  hechos  tuvieron  ocurrencia  cuando se encontraba en vigor el Decreto  2700  de 1991 (año de 1999), es esta normativa la llamada a regular el presente  trámite.   

A partir de esa aclaración, se tiene que el  artículo  225  de  la  mencionada  legislación  establece  los  requisitos  de  carácter   formal   que   debe   contener   la   demanda   de  casación.   Específicamente,  en  el  numeral  3°  se exige “la  causal  que  se  aduzca  para pedir la revocación del fallo, indicando en forma  clara  y  precisa los fundamentos de ella y citando las normas que el recurrente  estime            infringidas”.         

Pues  bien,  el único cargo contenido en la  demanda  objeto  de  examen,  desconoce  los presupuestos formales que vienen de  señalarse y, por esa razón, se inadmitirá.   

          En  primer  lugar,  se  advierte  que no  obstante  en  el  enunciado  de  la  censura  se  señala  que  la incorrección  atribuida  al  fallo radica en un error de hecho por falso raciocinio, lo cierto  es  que  en  el  desarrollo  no  se elabora una disertación consecuente con ese  propósito.    

La  Sala ha insistido que cuando se trata de  demostrar  errores  en la apreciación probatoria por desatención de las reglas  de  la  sana crítica (error de hecho por falso raciocinio), el demandante está  en  la obligación de identificar la prueba sobre la cual recae el yerro; luego,  a  establecer  el  mérito  que  se  le  otorgó  al  medio de convicción en la  sentencia,  a la vez que debe señalar cuál es el postulado de la sana crítica  que  en  su criterio fue vulnerado, esto es, el principio lógico, la máxima de  la experiencia o la regla científica quebrantada.   

Inmediatamente debe vincular esa apreciación  con  la  regla  aludida  demostrando en dónde radica el desvío y, por último,  resulta  indispensable  que  precise  la trascendencia del error frente a la ley  sustancial,  lo cual le impone señalar los argumentos que lo conducen a estimar  que  la  sentencia  impugnada  se  debe  modificar  en  favor  del  interés que  representa, como consecuencia necesaria del error que alega.   

           

          En  el  asunto  que  concita  la  atención  de  la  Sala, pronto se  evidencia  que  el casacionista se queda en el mero enunciado del cargo, pues no  obstante  ser  enfático en recordar las anteriores directrices, su propuesta se  circunscribe  a  indicar  de  manera  general que la valoración otorgada por el  sentenciador  a  los medios de prueba desconoce tales postulados;  así, de  forma  confusa  se refiere a la violación de las máximas de la experiencia y a  las  reglas  científicas,  pero  sin  indicar en forma clara y precisa, como lo  exige   la   ley,  los  postulados  en  concreto  que  estima  vulnerados.    

          A   lo   largo   del   reparo  emerge  diáfano  que  el  demandante  controvierte  algunos  razonamientos del juzgador en que se basó para sustentar  la  responsabilidad  de FABIO ALIPIO GÓMEZ,  pero bastándole para ello con plantear interrogantes de si tales  consultan  o  no  con  las  reglas  de la sana crítica, esto es, propiciando un  debate  generalizado  en  donde no señala, como ya se indicó, las pautas de la  sana  crítica  vulneradas  y en el cual sólo sale a flote la exposición de su  criterio            subjetivo           sobre           la           valoración  probatoria.           

Esa  actitud,  como  en  forma  pacífica  y  reiterada  lo  ha  sostenido  la  Sala,  se  aparta  de  la  esencia del recurso  extraordinario  y  tiene  arraigo exclusivamente en las instancias ordinarias de  la  actuación,  pues  se  limita  a  confrontar  el  valor probatorio que se le  otorgó  a la prueba con el criterio que se tiene de ella, distante de demostrar  que  el  juzgador  realmente  incurrió  en  un  error en la apreciación de los  medios de persuasión que soportaron su decisión.   

Igualmente,  desconoce que el fallo arriba a  esta  sede amparado por las presunciones de acierto y legalidad, de modo que los  argumentos  que  lo  fundan  prevalecen sobre el criterio personal que expone el  demandante.   Así  las  cosas,  el  único  medio  viable  para  lograr el  decaimiento  del  fallo  por la causal primera, segundo motivo, es demostrar que  efectivamente   se  incurrió  en  un  error  en  la  valoración  probatoria  y  ciertamente  ello  nada tiene que ver con la exposición de un criterio personal  acerca de cómo se cree debieron ser estimadas.      

          Como  el  cargo  objeto  de estudio acusa las falencias denotadas en  punto  de  satisfacer  los  requisitos  formales que debe contener el libelo, la  decisión    que    se    ofrece    razonable    adoptar    es    la    de    su  inadmisión.      

2.  Demanda promovida por el defensor de  la    procesada   DORIS   PAJOY   RINCÓN.    Violación   directa   de  la  ley  sustancial:    

          En  el  único cargo que postula, señala el demandante que el error  indicado   desencadenó   un  “error  de  selección  normativa,  lo  que  se tradujo en la aplicación indebida del artículo 182 del  Código   Penal   anterior,   -principio   de   favorabilidad.   Así  mismo  su  correspondiente  falta  de  aplicación del Num. 10 del artículo 32 del código  penal”   

En  sustento  de su pretensión, señala que  dentro  del  concepto  general  del  error  se  tiene  que  es  de  conocimiento  equivocado  la  “inconformidad entre el pensamiento y  el  objeto  pensado”,  el cual puede recaer no sólo  sobre  los  hechos  integradores del tipo penal sino también en las causales de  justificación   o   sobre  las  excluyentes  de  responsabilidad,  “según     la     sistemática     adoptada    por    el    nuevo  estatuto”.   

De  acuerdo  con  los anteriores postulados,  estima  que  en el presente evento se está en presencia de un error de tipo, si  se   tiene  en  cuenta  que  su  defendida  “es  una  vendedora  de  repuestos, que como quedó establecido desempeña esa labor desde  aproximadamente  sus  14  años  de  edad,  que sus estudios no llegan a la fase  universitaria  o  profesional  y,  por  lo  mismo,  lejos  de ser una persona en  triquiñuelas      jurídicas     (sic),    incluso   hasta   de   la   misma   contabilidad”.    

Por lo anterior, anota, la procesada tuvo que  acudir  a  un  profesional  en contabilidad “para que  sea  éste  quien  la  asesore  y le indique a que tiene derecho respecto de sus  acreencias   laborales,   teniendo   como  resultado  la  convicción  errada  e  invencible  que  su  actuar  se  encuentra  dentro  de  la  normatividad legal y  vigente,  pues  le  asiste  derecho  a reclamar lo que le adeudan”.   

Y es allí precisamente, agrega, en donde se  presenta  el  error  del Tribunal al seleccionar la norma aplicable “toda  vez que acepta los hechos y las pruebas, pero deja entrever  que  lo  único  que  le preocupa es la cuantía de la conciliación, pero no su  origen  legal y procedencia”.  Así, insiste que  si  bien  el  Tribunal  acepta  los  hechos y las pruebas como tal, es decir, el  vínculo  laboral  y  la  obligación pendiente de pago a favor de su defendida,  “lo  que  no  acepta es una presunta suma exagerada,  sin  que  ello  sea  el  asunto fenomenológico de la conducta delictiva que nos  ocupa”  y  que para los efectos penales demuestra la  ausencia  de dolo o tipicidad subjetiva de la conducta que se exige para el tipo  penal de fraude procesal.   

De esa forma, prosigue, al haber desconocido  el  Tribunal  el  numeral 10° del artículo 32 del estatuto penal, aplicable al  caso,  “perfecciona  su  error  in  iudicando y, por  ende,  la  aplicación  indebida  por vía directa del artículo 182 del código  penal  anterior   que  en  su  contenido  establece  y  sanciona  el fraude  procesal”.   

Como  el  error que pregona es trascendente,  solicita  se  case  la sentencia “a efectos de que en  una  de  reemplazo  absuelva  a  la  señora  DORIS PAJOY RINCÓN”.         

Para la Sala es claro que el casacionista no  satisface  los  condicionamientos propios de la causal primera de casación -por  violación  directa  de la ley sustancial- que invoca en procura de demostrar la  ilegalidad del fallo impugnado.       

          Tal  como lo tiene precisado en forma pacífica la jurisprudencia de  la   Sala,  cuando  se  trate  de  desarrollar  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  actor  está  obligado  a  respetar los fundamentos fácticos y  probatorios   de   la   decisión   impugnada   para   concentrar  su  atención  exclusivamente  en  el  error de juicio que sin mediación alguna recae sobre la  norma  sustancial,  pues  si  pretende  ventilar  discusiones  en derredor de la  apreciación  de la prueba o de los supuestos fácticos, para ello cuenta con la  causal  que  por  su  esencia está concebida para ese propósito, como lo es la  violación indirecta de la ley sustancial.   

          En  el  caso que concita la atención de la Sala, fácil se advierte  que  si  bien el libelista previene que respetará los derroteros señalados, en  tanto  su  disertación  se  dirigirá  a  desarrollar  un error de “puro  derecho”  tendiente a demostrar  que  su  defendida  incurrió  en  el llamado error de tipo previsto como causal  excluyente  de  responsabilidad  en  el  artículo  32 de la Ley 599 de 2000, lo  cierto  es  que  en  el  desarrollo  del  ataque  se  pierde  en ese objetivo al  involucrar una discusión probatoria.   

          La  falencia del casacionista se origina en la incomprensión de los  postulados  que  delimitan  la  naturaleza  de  la  violación directa de la ley  sustancial,  lo cual se corrobora con su expresión reiterada de que el Tribunal  si    bien    “respetó    los    hechos   y   las  pruebas” finalmente les concede un sentido diferente  al que en su criterio es el correcto.   

          Al  respecto,  es  necesario puntualizar que quien debe respetar los  hechos  y las pruebas aceptados en la sentencia es el propio casacionista -no el  sentenciador-  si pretende dirigir el ataque por la violación directa de la ley  sustancial,  precisamente,  como  ya se señaló, para que el cuestionamiento se  centre  en  un error de puro derecho que no ponga en tela de juicio los aspectos  fácticos  y  probatorios  del fallo, pues ello corresponde a los  terrenos  de otra causal.        

          Pero  cuando  el  actor  indica que el Tribunal aceptó los hechos y  las  pruebas  sólo  que les otorgó una apreciación equivocada al no reconocer  el  error  de  tipo  que  postula,  incurre en una evidente contradicción, pues  inevitablemente  conduce  la  discusión  al  marco de lo fáctico y probatorio,  para lo cual no es viable la causal elegida.      

A  lo  anterior  se  aúna  la circunstancia  consistente  en  que de la censura tampoco se logra extraer con la indispensable  claridad  y  precisión una discusión compatible con la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  esto  es,  que  permita  colegir que el yerro advertido es  meramente  nominal  y que, por ende, no impide seguir adelante con su estudio de  fondo.          

Ello,  porque  al  interior  del cargo no se  encuentra  un  desarrollo  compatible  con  alguna  de  las diversas modalidades  previstas  para tal efecto, por los denominados errores de hecho o de derecho en  la  apreciación probatoria, comprendiendo el primero los llamados falsos juicio  de  existencia,  de  identidad  o  raciocinio  y  el  segundo, falsos juicios de  legalidad  o  convicción,  cuya  verificación  genere  violación  de  la  ley  sustancial  bien  porque  el  precepto  aplicado  no debió serlo o en cuanto se  dejó de aplicar el llamado a regular el caso.   

Los  defectos técnicos reseñados que acusa  el   libelo   impiden  extraer  “de  forma  clara  y  precisa”  los  fundamentos  de la causal y del cargo  que   se   invoca,   por   lo   que,  la  decisión  que  se  impone  es  la  de  inadmitirlo.   

3.   Conclusión  en  relación  con el  análisis formal de las demandas:     

De acuerdo con lo señalado en los capítulos  previos,  se  colige  que  ninguna  de  la  demandas  sometidas a consideración  satisface  los  presupuestos  formales  previstos en la preceptiva procedimental  respectiva   y   como  el  principio  de  limitación  que  regenta  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  que por vía legal encuentra consagración en  el  artículo 228 del Decreto 2700 de 1991 (216 de la Ley 600 de 2000), impide a  esta  Sala  subsanar  las  incorrecciones  anotadas,  la decisión que se ofrece  razonable es la de inadmitirlas.    

Por consiguiente, se devolverá el expediente  al   despacho   de   origen,  como  lo  indica  el  artículo  226  ibídem.   Además, porque no se advierte que  se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías fundamentales que reclame la  intervención oficiosa de la Sala.      

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         

         INADMITIR  las  demandas de casación   interpuestas   por  los  defensores  de  los  procesados  FABIO   ALIPIO   GÓMEZ  y  DORIS  PAJOY RINCÓN, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID  RAMÍREZ BASTIDAS                             JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

     Comisión de servicio  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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