24595(09-11-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24595  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 128  

Bogotá, D. C., nueve (9) de noviembre de dos  mil seis (2006).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  ALBA  LUCÍA OREJUELA MEJÍA, condenada por  el  delito  de  peculado  culposo,  conforme  a los lineamientos de la casación  discrecional.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos los sintetizó el juzgador  de primera instancia, así:   

“En  el  mes  de  agosto  de  1997,  la  Gerencia  Seccional de Pensiones del Instituto de Seguros  Sociales  (Cali) contrató de  manera  directa  con  la  firma  Distribuidora  Las  Reinas, representada por la  señora   DIONISIA   PECHENE  SÁNCHEZ,  la  compra  de  tres  equipos  de  aire  acondicionado,  uno  central,  marca   Carrier,  por  valor   de   $15.000.000°°,   y   dos   tipo   ventana,   a    razón  de   $870.000°°  cada   uno,   contrato   que    se    materializó    a   través   de   la  aceptación  de  oferta  N°  MTO-652-97  de  agosto 8-97 suscrita por el doctor  Mario   Javier  Jordán,  Gerente  Seccional  de  Pensiones  del  ISS  para  ese  entonces.   

“Mediante informe  de  octubre  21  de  1997  emitido  por  la  Auditora  Interna  del  ISS se pudo  establecer  que  los  equipos  de  aire  acondicionado adquiridos presentaban un  sobrecosto  superior  a  los  diez  millones  de  pesos,  según  recotizaciones  efectuadas  con  distribuidores  autorizados,  motivo  por el cual se produjo el  acto  administrativo DSBS-TA-046-97 de noviembre 20 de 1997, mediante el cual la  gerencia  de  Pensiones modificó la aceptación de oferta inicial, acordándose  con  la  proveedora  que  adicional  a  los  tres  equipos de aire acondicionado  contratados,  ésta  debía  suministrar  uno nuevo (es decir, cuatro en total),  éste  último  de  características similares a las del equipo central, el cual  sería  instalado  en  el área de el ISS dispusiera, dejando en claro que dicha  modificación   no   representaba  un  sobrecosto  superior  al  pactado  en  la  aceptación  de  oferta  inicial  y  que  además,  una  vez recibido el equipo,  debidamente  instalado  en el área que indicara la gerencia, se declara a paz y  salvo  en  lo  que  respecta a la aceptación de oferta; acordándose además la  devolución  de  la  suma de $3.500.000°° por parte de la contratista DIONISIA  PECHENE.   

“No  obstante el  acuerdo  anterior,  el  día  5  de  diciembre  de 1997, la señora ALBA  LUCÍA OREJUELA MEJÍA, Coordinadora  de  Cuentas  por  Pagar,  dio  orden  de  pago  a la cuenta de Distribuidora Las  Reinas,  referente  a  los  equipos  de aire acondicionado, con fundamento en la  documentación  que  para tal fin le fuera allegada por parte del Jefe de Bienes  y  Servicios,  doctor  Octavio  Mejía Duque y sin verificar el cumplimiento del  acuerdo  plasmado  en  el  acto administrativo DSBS-TA-046-97 de noviembre 28 de  1997,  allegado  junto  con  la  documentación,  y  la señora DIONISIA PECHENE  recibió   el   total   del   dinero   sin   cumplir   el   convenio”.   

2.  El Juzgado Doce Penal del Circuito de  Cali,  mediante  sentencia  fechada  el  13  de  diciembre  de  2004, condenó a  Alba Lucía Orejuela Mejía a  las  penas  principales  de  8  meses  de arresto, multa de 12 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y funciones públicas  por  8 meses, y al pago solidario de los perjuicios materiales ocasionados, como  autora   del   delito  de  peculado  culposo,  imputado  en  la  resolución  de  acusación, la cual quedó ejecutoriada el 2 de junio de 2000.   

Así  mismo,  condenó  a  Dionisia  Pechene  Sánchez  a  las  penas principales de 80 meses de prisión, multa equivalente a  $10.574.369°°  e  interdicción de derechos y funciones públicas por el lapso  de  3  años y 6 meses y al pago solidario de los daños materiales, como autora  del delito de peculado por apropiación.   

3.   Apelado el fallo por el defensor de  la  procesada  Dionisia  Pechene  y  por  el  Ministerio  Público,  el Tribunal  Superior   de   Cali,   el   24   de   mayo  de  2005,  adoptó  las  siguientes  determinaciones:   

3.1.   Modificó parcialmente la condena  dictada  contra Alba Lucía Orejuela Mejía,   en   el   sentido  de  condenarla   únicamente   a   las   penas  de  multa de 12 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes e interdicción de derechos  y   funciones    públicas   por   el   término   de   8   meses,   por  el delito de peculado culposo, decisión que se  funda  en  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad,  según  así  lo  solicitó la representante del Ministerio Público.   

3.2.   Revocó  la  condena  impuesta  a  Dionisia  Pechene  Sánchez y, en su lugar, la absolvió de todos los cargos que  le fueron imputados en la resolución de acusación.   

Contra  la anterior decisión, el defensor de  Alba    Lucía    Orejuela    Mejían   formuló    “demanda    de   casación  excepcional   con  el  fin  de  garantizar  los  derechos  fundamentales  de  mi  prohijada,    la    cual    sustentaré   en   el   término   legal”.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  citado  defensor,  después  relatar  los  hechos,  de  relacionar  la  actuación  procesal  y  de identificar tanto a los  sujetos  procesales como los fallos de instancia, en el título que llamó “DE  LA  CASACIÓN EXCEPCIONAL”, afirma que acudió a la casación discrecional con  el  fin  de lograr la protección de los derechos fundamentales de su defendida,  los  cuales  fueron  vulnerados  “con  ocasión  del  proceso penal en su contra”.   

Luego  de  hacer  un  breve  comentario  del  artículo   228   de   la   Constitución  Política,  para  lo  cual  cita  una  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional,  y de reiterar que acudió a esta  vía  extraordinaria  en  aras  de  garantizar  los derechos fundamentales de la  procesada,  sostiene  que  en  la sentencia del Tribunal de Cali “se  denotan  violaciones  ostensible  al debido proceso mediante una  declaración  de  culpabilidad  fundada  con  aplicación  de  criterios  de una  responsabilidad  objetiva,  imponiéndose una sanción jurídica penal por actos  que    se   encontraban   fuera   del   control   de   mi   mandante”,  además  de  que  el  juzgador  muestra  indiferencia frente a  “principios  de  incidencia sustancial como el de la  estricta   legalidad   del   delito   y   del   in   dubio  pro  reo”.   

En  el acápite que denominó “DEMOSTRACIÓN”,    afirma    que    el  sentenciador     incurrió     en     “discusiones  totalizadas”,  pues,  en su criterio, dirige toda la  responsabilidad  en  cabeza de su representada, procediendo de manera extraña a  absolver  a  otros  servidores públicos, junto con la contratista, quien se vio  favorecida por un fallo alejado de la realidad.   

Dice   que   el   juzgador  “prescinde  del  examen  de  las  causas  que generaron la situación  concreta,   es   decir,  la  irregular  contratación  que  se  realizó  previa  intervención  de  mi prohijada”, máxime cuando deja  a  un  lado las “consideraciones causales”,  situación que afecta el debido proceso de la acusada, a quien  no  se  le  comunicó  oportuna y adecuadamente la nueva situación contractual,  como  así  quedó constatado en el proceso, pues no recibió a tiempo el oficio  que le comunicaba dicha circunstancia.       

Afirma que las pruebas obrantes en el proceso  son   “precarias   para  fundar  un  convencimiento  razonable   y   seguro  sobre  la  comisión  del  peculado  culposo”  endilgado  a  su  defendida, razón por la cual era el in dubio  pro reo el camino que debió tomar el juzgador.   

Estima que el Tribunal de Cali incurrió en un  desacierto  al haber predicado certeza sobre la autoría y responsabilidad en la  mencionada   conducta   punible,   para   lo   cual   efectuó   “una  serie  de razonamientos que descubren conjeturas y suposiciones  basándose   en   especulaciones   sin   fundamento   y  con  base  en  la  mera  responsabilidad  objetiva, sin que exista en el plenario plena prueba que aporte  seguridad  jurídica al juzgamiento, para así quedar demostrado sin hesitación  alguna  la  conducta  típica, antijurídica y culpable de mi patrocinada, quien  es  ajena  a  los  hechos que se le imputan, ya que en ningún momento faltó al  deber  de  cuidado”,  lo  cual  se  demuestra con la  documentación  que  la  contratista  allegó  al momento de cobrar los dineros,  instrumentos    que    eran   suficientes   para   ordenar   el   pago   de   la  cuenta.   

De igual manera, afirma que los testimonios de  Lola  Beatriz  García  Díaz  y  Ana  Maritza Castro Álvarez corroboran que su  procurada  cumplió  con el deber de examinar toda la documentación relacionada  con  el  asunto,  lo  que conduce a concluir que ninguna responsabilidad de cabe  por el detrimento patrimonial que sufrió el Seguro Social.   

Reitera que no le asiste razón al Tribunal al  “endilgarle a mi mandante la culpa por el detrimento  patrimonial  al  Estado,  pues quienes dieron lugar a la pérdida del dinero por  su  culpa  fueron  quienes  realizaron  el contrato irregular de compraventa con  Dionisia  Pechene,  quien  de  manera  dolosa  cobró  los  dineros  objeto  del  contrato”.   

Estima  que  “la  adecuación  típica  no  se  ajusta  de  manera irrestricta al injusto culpable  material  que  se  le  endilga  a mi prohijada, pues se probó en el devenir del  proceso  que  este  comportamiento  no  se  consumó,  pues  la prueba indica lo  contrario”.  Por  ello,  dice  que  “avizoro  un  notorio  error  en  la  apreciación  de los hechos, la  manifiesta   ruptura  de  la  igualdad,  una  mayúscula  desproporcionalidad  e  irracionabilidad  en  la  aplicación  del  derecho  y  en la estimación de los  hechos  determinantes  que  corresponden  al  supuesto  tenido  en cuenta en las  normas”,  motivos  que condujeron a la violación de  “un  derecho fundamental”  como es el debido proceso.   

Por   lo  expuesto,  solicita  a  la  Corte  “casar    la    sentencia    por    el    suscrito  acusada”.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Es evidente  que  en   este     caso     sólo     procede     la    casación  discrecional,   pues  el  delito  de  peculado  culposo  por  el  cual  fue  condenada   la   procesada   Alba   Lucía   Orejuela  Mejía,  contempla  una  pena privativa de la libertad  que  oscila  entre  6  meses  y 3 años de arresto, conforme así lo preveía el  artículo  137 del Decreto 100 de 1980, modificado por el artículo 32 de la Ley  190  de  1995,  norma vigente para la época de los hechos, conducta punible que  hoy  contempla  el artículo 400 de la Ley 599 de 2000 con pena de prisión de 1  a 3 años.   

2.  Precisado lo anterior, se procederá  a   verificar   los   demás  presupuestos  para  acceder  a  esta  impugnación  extraordinaria.   

Así, recuérdese que cuando la casación se  intenta  por  vía  excepcional,  también  se  requiere  verificar  si el actor  cumplió  con  la  carga de fundamentar los motivos por los cuales considera que  se  ha  violado  una  garantía  fundamental  o  por  qué  se hace necesario el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  pues  sólo  a esos eventos se restringe la  admisibilidad de esta modalidad casacional.   

Respecto  del  citado  presupuesto  de  la  fundamentación,  la  jurisprudencia  de  la Corte ha sido reiterada y clara que  cuando  se  trata  de  la  violación de un derecho fundamental, el casacionista  está  obligado  a  desarrollar una argumentación lógica dirigida a evidenciar  el    desacierto,    siendo   imperioso   que    demuestre    el   desconocimiento       de       una       garantía       por  quebrantamiento     de     la    estructura    básica   del   proceso  o  por  violación de un derecho fundamental,  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

En lo que tiene que ver con el desarrollo de  la  jurisprudencia,  el  casacionista  debe  manifestar  si  lo pretendido es la  actualización   de   la  doctrina  imperante,  la  unificación  de  posiciones  encontradas  sobre  el  particular  o  el  pronunciamiento sobre un tema aún no  desarrollado,  exponiendo  una  argumentación  lógica  que  demuestre  de qué  manera  la  decisión  demandada  de la Corte frente al punto que estima se debe  clarificar  presta  el  doble  servicio  de  solucionar  adecuadamente el caso y  servir de guía como criterio auxiliar de la actividad judicial.   

No  obstante,  dado  que  la casación es de  naturaleza  extraordinaria  y rogada, se debe elaborar la demanda respetando las  reglas  de  formulación, desarrollo y demostración del cargo, según la causal  invocada y el modo de violación de la ley sustancial señalado.   

3.  En el evento que ocupa la atención  de  la  Corte, si bien es cierto  que el libelista  afirma que acude a  la  casación  discrecional  con el fin de lograr la protección de los derechos  fundamentales  de  su  defendida,  pues  estima  que  se  transgredió el debido  proceso,  también  lo  es  que dicho supuesto se quedó en el simple enunciado,  pues  no  expresó,  de  manera  clara,  lógica  y  concreta, de qué manera se  desconoció  el debido proceso, cómo se afectó la estructura básica del mismo  y su repercusión en el fallo.   

En   efecto,  el  defensor  de  Alba  Lucía Orejuela Mejía, en lugar de  centrar  su  argumentación con el fin de ilustrar a la Corte cómo en verdad en  este  asunto  se  afectó  de  manera  grave  la  estructura  del  proceso  y su  trascendencia  frente  a  las conclusiones adoptadas en la sentencia, como si se  tratara  de  una  alegación  de  instancia, se limitó a hacer cuestionamientos  atinentes  a  la  manera como fueron apreciados los medios de prueba allegados a  la  actuación,  tales  como  que  el “funcionario de  instancia  incurre en discusiones totalizadas”, o que  los    argumentos    del   juzgador   “se   apartan  protuberantemente  de la causalidad normativa”, o que  las   “pruebas   son   precarias   para  fundar  un  convencimiento  razonable”, o que el in dubio pro reo  era  el  instituto  sobre  el  cual  se  debió  dictar  sentencia,  o  que  los  testimonios  permitían  concluir  que  la  procesada  cumplió  con el deber de  cuidado   

Olvidó  el  demandante que no es suficiente  denunciar  el  vicio  y  demostrar  su  existencia,  sino  que  para la adecuada  proposición  del  ataque  es  indispensable  que  se acredite de qué manera el  defecto denunciado afectó las garantías de la procesada.   

En   ese   orden,   es   evidente  que  la  argumentación  así  planteada  carece  del  más  mínimo  desarrollo, pues no  ilustró  a  la  Corte cómo cada una de esas afirmaciones conducen a la alegada  transgresión  de  las garantías fundamentales de la procesada, sin dejar pasar  por  alto  que tales presuntas  irregularidades  no  fueron   objeto   de  presentación  en  el respectivo cargo o cargos  que  respetaran  las  reglas  de formulación, desarrollo  y demostración,  según  la causal invocada y el modo de violación de la ley sustancial, además  de  que  el  libelista  se  limitó  a solicitar que se casara la sentencia, sin  indicarle a la Corte en qué sentido debe hacerlo.   

En  consecuencia,  como  se  advierte que el  peticionario  deja huérfano el desarrollo de la tesis que lo motivó a acudir a  esta vía extraordinaria y excepcional, la demanda se inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que  el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  ALBA  LUCÍA  OREJUELA  MEJÍA.  En  consecuencia, se  declara   desierto   el   recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Excusa justificada  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

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