25364(19-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25364  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta N°: 73   

          Bogotá, D.C., diecinueve de julio de dos mil seis.   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  Art. 212 del C. de P. Penal, examina la  Corte  la  demanda  de casación presentada por el defensor del SS. FRANCISCO        JAVIER        CAMACHO       RODRÍGUEZ,   contra  la  sentencia  de  segundo grado proferida el 2 de noviembre de 2005 por el Tribunal  Superior  Militar, que confirmó la que dictó el 8 de septiembre del mismo año  el  Juez  de  Inspección  General  del Ejército Nacional, por medio de la cual  condenó  a  la  pena  principal  de 7 meses y diez días de prisión como autor  responsable del delito de ataque al inferior.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Estos  fueron  reseñados  en  el  fallo  de  segunda instancia así:   

“Se sabe de autos  que  el  día  7  de  julio  de  2004 el SS. FRANCISCO JAVIER CAMACHO RODRÍGUEZ  sorprendió  al SLB. DANIEL ENRIQUE JAMES CHAPARRO fumando en el alojamiento por  lo  que  le  dijo  que  recogiera  2.000  o 3.000 colillas de cigarrillo o el le  apagaría  un cigarrillo en la mano, haciendo finalmente lo segundo generándole  incapacidad  definitiva  de  nueve  (9) días sin secuelas, folio 50.”   

Con  fundamento en los informes rendidos por  el  propio  procesado  y  la  víctima,  los  que  a  su vez el Comandante de la  Dirección  de  Reclutamiento  y  Control  de  Reservas  remitió a la autoridad  competente,  el Juzgado 12 de Instrucción Penal Militar ordenó formal apertura  de   instrucción  a  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  FRANCISCO   JAVIER   CAMACHO  RODRÍGUEZ,  resolviéndole  su  situación  jurídica con medida de detención preventiva el  20  de  los mismos mes y año, determinación que apelada, fue confirmada por el  Tribunal   Superior   Militar   el   día   23   de   septiembre   de  la  misma  anualidad.   

El  6  de  octubre  de  2004,  el  ofendido  presentó  un  escrito  ante  el  Juzgado 12 de Instrucción Penal  Militar  manifestando  que  “desistía  de  la  querella por  lesiones  personales  y  además  que  no  se  trataba  de  un ataque en sentido  gramatical”,   afirmación que condujo a que se  cesara  el procedimiento por el delito de lesiones personales y se continuara la  investigación  por el de ataque al inferior al considerarlo como no desistible,  determinación  que  confirmada  en segunda instancia generó que el 22 de abril  de  2005,  la  Fiscalía  Militar  11 lo acusara ante la Inspección General del  Ejército por el delito de ataque al inferior.   

El  juicio  fue  asumido  por  el Juzgado de  Inspección  Militar  del Ejército, y una vez adelantado, el 8 de septiembre de  2005  profirió  sentencia  condenando  a  FRANCISCO  JAVIER  CAMACHO RODRÍGUEZ          a  la  pena  principal  de  7  meses  y  diez días de prisión y a la accesoria de  separación  absoluta  de  la fuerza pública, como autor responsable del delito  de  ataque al inferior, la cual fue confirmada por la del tribunal que es objeto  de este recurso extraordinario.   

LA     DEMANDA   

Tres cargos formula el defensor del procesado  CAMACHO  RODRÍGUEZ, los dos  primeros  por violación de la ley sustancial  invocándolos como principal  y  subsidiario,  y  el  restante al amparo de la causal tercera de casación por  haberse  proferido en un juicio viciado de nulidad por falta de competencia, los  cuales fundamenta de la siguiente manera:   

Primer        cargo.   

Por  la  vía  de  la violación directa, el  censor  plantea  un  “error  de  selección  al dar  aplicación  únicamente  a  los artículos 227, de la ley 522 de 1999, estatuto  penal    militar,   dejando   de   aplicar   el   artículo   145   del   citado  estatuto”   que   trata   sobre  la  retractación,  inaplicando   la   preceptiva   contenida   en  el  artículo  231  ibidem,   por  cuanto  en  la  sentencia  recurrida  no  se  cesó el procedimiento de la acción que se inició en contra  del  procesado  por  el  reato  de  ataque  al  inferior  al  considerarlo  como  investigable  de  oficio,  decisión que sí se adoptó respecto del de lesiones  personales,  después  de  que  el  6 de octubre de 2004 la víctima manifestara  ante   el   Juez   12   de   Instrucción   Penal   Militar   que   “desistía  de  la querella por lesiones personales instaurada en  contra  del  Sargento  Segundo Francisco Javier Camacho Rodríguez porque había  sido  conminado  a  presentar  acusaciones  en  contra del investigado y además  afirmó  que  no  había  sido atacado por el superior y agregó además que las  declaraciones  rendidas  por  algunos  de  los  soldados en contra del procesado  carecían  de  veracidad  y  que solo obedecía a retaliaciones en su contra por  ser  un  suboficial  que  exigía  el  cumplimiento  de  las  funciones  que  le  correspondía    a    su    (sic)    subalternos,    con    la    finalidad   de  perjudicarlo.”   

          Segundo cargo.   

          En  orden a fundamentar la censura que invoca como subsidiaria de la  anterior,  el  demandante  acusa  la sentencia impugnada de ser violatoria de la  ley  sustancial  de  forma indirecta por error de derecho en la apreciación del  material  probatorio  arrimado  al  proceso,  por cuanto dio plena validez, como  prueba,  a  una tabla de catre que se aportó al plenario sin el cumplimiento de  los  requisitos  exigidos  en los artículos 400 y 407 del Código Penal Militar  sobre  la  pertinencia  y aseguramiento de las pruebas, sin darle aplicación al  artículo  288  de  la  Ley  600  de  2000  que  trata de la cadena de custodia,  desconociendo  de  esta  manera  los requerimientos establecidos en el artículo  254 y s.s. de la misma codificación.   

          El  libelista anuncia como disposiciones infringidas, además de las  ya  mencionadas,  las  consagradas  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  en  cuanto  hace  referencia  al  debido  proceso  y al in  dubio  pro reo, y el artículo 441 del  Código  Penal  Militar,  acerca  de  los  criterios  para  la  apreciación del  testimonio,  pues  los  rendidos a favor y en contra del procesado, asegura, son  contradictorios.   

         

Concluye   la   censura   señalando   que  “reviste  gran  importancia  para  el  procesado la  inobservancia  del  fallador  de  segunda  instancia  como quiera que de haberse  tenido  en  cuenta  el  procedimiento  a  cabalidad  en  materia  probatoria, el  resultado  del  fallo  sin  duda  alguna sería diferente, teniendo en cuenta la  gravedad  de  la sanción al estar sometido a pena privativa de la libertad y la  pérdida del empleo”.   

          Tercer Cargo.   

          Con   fundamento  en  la  causal  tercera,  el  libelista  acusa  la  sentencia  de  haberse  proferido  en  un juicio viciado de nulidad por falta de  competencia  del  funcionario  judicial, y, destacando los requisitos enunciados  por  la  Corte  Constitucional  para  que  la  Justicia  Penal  Militar adquiera  competencia,  concluye  que  si  bien  el  procesado satisface la primera de las  exigencias  al  aparecer como miembro activo del Ejército Nacional, la conducta  por  la cual se le investigó y sancionó penalmente no corresponde a la misión  constitucional  que  le atañe a la fuerza pública, pues, asegura, no es un fin  del  Estado  causar  lesiones a miembros de la institución o a particulares, y,  atendiendo  a  la  naturaleza  y  circunstancias  del hecho investigado, el juez  natural debió ser el ordinario.   

Agrega que según la doctrina constitucional,  los  delitos  consagrados en el artículo 3° del Código Penal Militar  no  son  los  únicos  excluidos  de  la  competencia  de la Justicia Penal Militar,  permitiendo  que  el  delito investigado y fallado por medio de la sentencia que  ahora  se  recurre, fuera excluido del conocimiento de la justicia castrense. Es  decir,  para  el casacionista resulta evidente la vulneración del principio del  juez natural.   

Consecuentemente  con  sus razonamientos, el  censor  solicita que se case la sentencia recurrida y se aplique lo dispuesto en  el  numeral  3°  del  artículo 220 de la Ley 600 de 2000, pues la declaración  del      ofendido      en     la     que     manifestó     que     “efectivamente   no  hubo  ataque  en  su  contra  y  los  hechos  presentados  a  la  justicia  no  corresponden  a  la  realidad”, los  cuales,  a  juicio del casacionista, configuran “hechos      nuevos     que     prueban     la     inocencia     del  procesado”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  de casación cuyo aspecto formal ahora examina la Sala,  debe  ser  inadmitida  de  plano  como quiera que el censor no menciona, y menos  acredita,  la  necesidad  de  que  la Corte intervenga en un asunto respecto del  cual  no  procede  la  casación  común, a efecto de que se pronuncie sobre los  motivos que hacen viable su facultad discrecional.   

En  efecto,  conforme a lo establecido en el  inciso  3º del Art. 205 del Código de Procedimiento Penal de 2000, dicho medio  impugnativo  procede en relación con los fallos de segundo grado proferidos por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal Penal Militar en  procesos  adelantados  por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  no  exceda de ocho (8) años, o contra los fallos de la  misma  naturaleza dictados por los Juzgados Penales del Circuito sin importar en  estos     eventos     el    quantum    punitivo.   

En  ese  orden  de ideas, tales presupuestos  dicen  relación con su interposición dentro de la oportunidad legal por sujeto  procesal  legitimado  y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe  enseñarle  a la Corte la necesidad de su intervención, bien para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  -ya porque no exista antecedentes sobre una materia, ora  porque  existiendo  hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque  es necesario  aclarar  algún  aspecto-,  o  para  la garantía de los derechos fundamentales,  caso  este  en  el  cual  ha  de  especificarse el derecho fundamental objeto de  quebranto,  señalando  el medio que lo garantiza, y la irregularidad en la cual  se  origina  su  desconocimiento,  atropello  o  vulneración; valga decir, debe  indicarse  de  manera  concreta en qué consistió la violación y su influencia  nociva  en  la  garantía,  que no permite el goce o libre ejercicio del derecho  fundamental,  pues,  como  lo dijo la Sala en auto del 25 de septiembre de 1997,  Rdo. 13.401:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

“Aunque  finalmente  todo  depende  de la discrecionalidad reglada de la Corte, lo cierto  es  que  el  peticionario  ha  de  exhibir la argumentación autosuficiente para  mostrar  la  necesidad  de  un desarrollo jurisprudencial o de la protección de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a  partir del  señalamiento   concreto   de   falencias   puede  el  órgano  decisor  avanzar  dialécticamente  sobre  temas  que de otra manera le están vedados por obra de  la   legalidad   y   el   acierto   que   se   presumen  en  el  debate  de  las  instancias.”   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  demandante, porque si bien la impugnación se ejercitó oportunamente contra  sentencia  de  segundo  grado expedida por el Tribunal Superior Militar respecto  de  delitos  cuya  penalidad  máxima no supera ese tope de 8 años -la conducta  punible  de  ataque  al  inferior tipificada en el Art. 119 del C. Penal Militar  (Ley  522  de  1999)  apenas  si  alcanza el límite punitivo de 3 años-, es lo  cierto  que  la  argumentación  pertinente  se  halla  huérfana  de  cualquier  planteamiento  serio  que le indique a la Corte la necesidad de su intervención  en  orden  al  cumplimiento  del  cometido  que  le impone una cualquiera de las  alternativas   posibles   que   tornan   viable  el  ejercicio  de  su  potestad  discrecional,   como   con   antelación  se  indicó,  y  del  mismo  modo,  la  acreditación  del  consecuente  agravio  que  para  el  procesado  contiene  la  sentencia cuestionada.   

         

          Y  como  del  contexto del libelo tampoco se infiere que haya dejado  patente  la  necesidad  de  desarrollar la jurisprudencia o de garantizar algún  derecho   fundamental   -apenas   enuncia  de  manera  genérica  la  pretextada  vulneración  del  principio  del  juez  natural-,  por  cuanto el enfoque de la  demanda  exclusivamente  se  dirigió a cuestionar los razonamientos probatorios  de  la  sentencia,  pero  sin  desarrollo  alguno y sin mención atendible de la  forma   como   esa  situación  incidió  en  las  garantías  del  sentenciado,  finalmente  dígase que como los reparos relacionados con la apreciación de las  pruebas  de  suyo no entrañan una afrenta directa a derecho fundamental alguno,  pues  el agravio se mediatiza por el establecimiento de los errores de juicio en  su  estimación,  los  mismos  no  pueden tenerse como sustentación válida del  recurso de casación discrecional.   

         

          Este  medio  de  impugnación  excepcional sólo se justifica por la  urgencia  de  proteger  las garantías fundamentales conculcadas, si el daño se  pone  en  evidencia  con la sola indicación descriptiva de su ocurrencia, en el  capítulo  de la demanda dedicado a la fundamentación de la necesidad de que la  Corte  intervenga  para  procurar  aquella garantía, cuestión que por completo  olvidó  el  censor,  no empece que al amparo de la causal tercera denuncia como  causal  de nulidad la falta de competencia de la justicia castrense para conocer  del  asunto,  lo  que a su juicio viola el principio de juez natural, empero sin  demostrar   el   vicio,  pues  le  bastó  con  argumentar  que  “la  conducta por la cual se le investigó y sancionó penalmente no  corresponde  a  la  misión  constitucional  que  le atañe a la fuerza pública  (…)”    

Se  insiste,  los razonamientos en relación  con  la  apreciación de las pruebas, dada la indeterminación de los resultados  por  la posibilidad de meras discrepancias valorativas, no pueden ser argumentos  suficientes    para   reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

La informalidad con que el censor asumió la  sustentación  de la demanda de casación se hace aún más patente, al acudir a  la  causal  tercera  de  revisión  “en razón a que  efectivamente  existen hechos nuevos que prueban la inocencia del procesado como  es   la   declaración  del  ofendido  Daniel  Enrique  Jaimes  Chaparro,  donde  manifiesta  que  efectivamente  no  hubo  ataque  en  su contra y que los hechos  presentados  a  la justicia no corresponden a la realidad sino a una estratagema  para  perjudicar  al procesado, como en efecto ocurrió. Por tal motivo solicito  con  todo  respeto  sea  tenida  en  cuenta la carta suscrita por Daniel Enrique  Jaimes    Chaparro    que    se    anexa    al   presente   escrito.”   

Lo anterior es suficiente para no acceder al  estudio  de  la  demanda  que  el defensor del procesado ha instaurado contra el  fallo  atacado, por no cumplir con los requisitos de procedencia de la casación  discrecional  -Art.  205,  inciso  3°  del  C.P.P.-   Por  lo demás no se  advierte violación de garantías fundamentales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda     de     casación    presentada    en    nombre    de    FRANCISCO   JAVIER   CAMACHO  RODRÍGUEZ,  conforme   con   las   motivaciones   plasmadas   en   el  cuerpo  del  presente  proveído.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase a la oficina de origen.   

Cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Permiso  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN             MARINA PULIDO DE BARÓN          

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                 YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JAVIER           ZAPATA  ORTIZ                                     TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                          Secretaria           

    

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