25366(02-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25366   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 034.  

Bogotá  D.C.,  mayo dos (2) de dos mil seis  (2006).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala en punto de la admisión  formal  de  los libelos de casación presentados por el defensor del incriminado  CECILIO  BONILLA,  de  éste  mismo   en   su   condición   de   abogado   y  del  defensor  de  MANUEL  JOSÉ  BONILLA  ERAZO,  contra  el  fallo    de    segundo   grado   proferido   por   el   Tribunal   Superior   de  Cartagena1  el  27  de  mayo de 2005, confirmatorio en lo esencial del dictado  por  el  Juzgado  39   Penal del Circuito de Bogotá el 6 de julio de 2004,  por  cuyo  medio  condenó  al  primero en mención, dentro de las cuatro causas  acumuladas  que se siguen, por los delitos de falsedad material de particular en  documento   público,  fraude  procesal,  uso  de  documento  público  falso  y  tentativa  de  estafa  y  al  segundo  referido  por  las  conductas de falsedad  material   de   particular   en   documento  público  y  tentativa  de  estafa.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Los  supuestos  fácticos por los que se procede y que dieron origen  a  las  cuatro  causas  acumuladas,  fueron  adecuadamente  sintetizados  por el  ad-quem     de     la  siguiente      manera:     

          “La  presente  investigación  se  inició  en  virtud de denuncia  instaurada  el  16  de  febrero  del  año 1999 por el Grupo Especial de Delitos  contra  la  administración  Pública  del  DAS,  en contra de MARIA PAULA VENTE  OROBIO  y CECILIO BONILLA ya que este último presentó solicitud de pensión de  jubilación   a  favor  de  VENTE  OROBIO  ante  CAJANAL,  aportando  para  ello  certificaciones  de  tiempo  de  servicios  y  factores salariales supuestamente  expedidos  por  la  Contraloría  General  de la República, documentos que a la  postre  resultaron  falsos  pues  la  referida entidad certificó que la señora  MARIA  PAULA  VENTE  OROBIO  no  laboró  el  tiempo  a  que  se  referían  los  certificados  con  esa entidad, siendo el abogado CECILIO BONILLA la persona que  entregó la documentación apócrifa.   

(…)  

          Enviado  el  asunto  a  los  Juzgados  Penales del Circuito, para el  desarrollo  de  la  etapa del juicio, su conocimiento correspondió al treinta y  nueve  de dicha categoría, funcionario que le imprimió el trámite del juicio,  recibiéndose  en  el desarrollo de esta etapa otros procesos seguidos contra el  mismo  procesado  por  haber presentado otras reclamaciones pensionales con base  en  documentación  falsa  esta  vez actuando en nombre y representación de los  señores  ROSA  MARGARITA  LEDESMA  DE  CASTRO,  ARNULFA  VALENZUELA CASTILLO, y  MANUEL  JOSÉ  BONILLA,  procediéndose  a  la  acumulación  de  las  referidas  causas”.          

Con base en los anteriores hechos, se dispuso  la  apertura  de cuatro investigaciones penales (sumarios 398357, 366665, 389103  y  340257) en cuyo desarrollo se vinculó formalmente a  CECILIO  BONILLA, mediante diligencia de indagatoria y  a     los     mencionados    Maria    Paula    Vente  Orobio,  Margarita Ledesma de  Castro,   Arnulfa   Valenzuela   Castillo  y  MANUEL  JOSÉ  BONILLA.   

Clausuradas las investigaciones, se calificó  el mérito del sumario de la siguiente forma:   

El  7  de  abril  de 2000 con resolución de  acusación  en  contra  de CECILIO BONILLA y  Maria  Paula  Vente  Orobio,  como  presuntos coautores de los delitos de falsedad en documento  público  agravado por el uso, fraude procesal y tentativa de estafa.  Esta  decisión  fue  confirmada  el  12  de  junio de la misma  anualidad por la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá.   

El 23 de abril de 2001 (ejecutoriada el 14 de  mayo  del  mismo  año),  por  la  Fiscalía  181  Seccional, con resolución de  acusación  en  contra  de  CECILIO BONILLA  por  los  delitos  de  falsedad  en  documento  privado,  falsedad  material  de  particular en documento público agravada por el uso, tentativa de  estafa  y fraude procesal. En esta misma decisión se precluyó investigación a  favor   de  Margarita  Ledesma  de  Castro.   

El  14  de  junio  de  esa  misma  anualidad  (ejecutoriada  el  29 de junio del mismo año) por la Fiscalía 68 Seccional con  resolución   de   acusación  en  contra  de  CECILIO  BONILLA  por  los  ilícitos  de  falsedad material de  particular  en  documento  público  agravada  por el uso, tentativa de estafa y  fraude  procesal.  En  esta misma decisión, se precluyó investigación a favor  de    Arnulfa    Valenzuela    Castillo.   

Y, el 8 de noviembre de 2000 (ejecutoriada el  18  de  mayo  de  2001),  por  la  Fiscalía  115  Seccional  con resolución de  acusación  en  contra  de  CECILIO BONILLA  por  los delitos de uso de documento público falso y tentativa de  estafa  y  a   MANUEL  JOSÉ BONILLA por  los  punibles  de  falsedad material de particular en documento  público     agravada     por     el     uso    y      tentativa    de  estafa.        

La  fase  del  juicio  fue adelantada por el  Juzgado  39  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  despacho  que luego decretar la  acumulación   de   los   procesos   referidos   y   de  surtir  el  rito  legal  correspondiente,  profirió  fallo  el  6  de  julio  de  2004,  por  cuyo medio  absolvió   de   los  cargos  proferidos  en  la  resolución  de  acusación  a  Maria  Paula  Venté Orobio y  condenó  a  CECILIO BONILLA a  las  penas  principales de noventa y ocho (98) meses de prisión y multa de cien  mil  pesos  ($  100.000,oo)  y  a  la  accesoria  de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa, como autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  conductas  punibles  de  falsedad en  documento  público  agravada por el uso, tentativa de estafa, fraude procesal y  uso  de  documento  público  falso  y  lo  absolvió  del delito de falsedad en  documento privado.    

Así   mismo,   condenó   a  MANUEL   JOSÉ   BONILLA   a   las  penas  principales  de cuarenta y cinco (45) meses de prisión y multa de cincuenta mil  pesos  ($ 50.000,oo), al encontrarlo autor penalmente responsable de los delitos  de  falsedad  material  de particular  en documento público y tentativa de  estafa.  A  los  dos sindicados, igualmente, los condenó a la pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  privativa   de   la   libertad,   al   pago   solidario  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios  materiales  en  favor  de  la  Caja  Nacional de  Previsión  Social  (CAJANAL)  y  les  negó  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional.   Finalmente,  al segundo en mención le concedió  la pena sustitutiva de la prisión domiciliaria.   

Impugnada la sentencia por los defensores de  los   procesados   y   por   el   sindicado   CECILIO  BONILLA,   el   Tribunal  Superior  de  Cartagena  la  confirmó  en  lo  esencial mediante fallo del 27 de mayo de 2005, con la única  modificación  de revocar la condena en perjuicios dispuesta por el a-quo     “por     no    venir    estos    probados”.      

          Contra  el  fallo  anterior,  los mismos  sujetos  procesales  que  promovieron  la  anterior  impugnación  interpusieron  recurso  extraordinario  de casación. Durante el traslado concedido al defensor  del    procesado    CECILIO   BONILLA   para  la  presentación  de  la  demanda,  éste  también presentó  libelo  en  su  condición  de  abogado,  así  mismo  lo  hizo  el  defensor de  MANUEL     JOSÉ     BONILLA     ERAZO.   Sobre  la   admisibilidad  formal de las tres demandas  presentadas   se   ocupa  la  Sala  mediante  esta  decisión.      

LAS DEMANDAS  

                El defensor del procesado  CECILIO  BONILLA  formula un  cargo  contra  el  fallo  de  segundo  grado con fundamento en la causal primera  prevista  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por violación indirecta de  la  sustancial  derivada  de  un  error  de  hecho  en  la  apreciación  de  la  prueba.   

Por  su  parte,  el  procesado  CECILIO  BONILLA, durante el mismo término  del  traslado,  presentó libelo en el que propone tres cargos con fundamento en  la   causal   primera   de   casación;    el   primero,  por  “violación   directa   de   la   ley   sustancial  por  error  de  derecho”;    el   segundo,   por  “violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  por  error  de  derecho”   y,   el   tercero,   por   “violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  por  error  de  hecho”.   

Y,  el  defensor  del sindicado MANUEL   JOSE   BONILLA   ERAZO,  también  allegó  demanda en la cual formula un solo cargo por violación indirecta de la  ley  sustancial  originada  en  un error de hecho por falso juicio de identidad.   

      

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,   por   razones   de   método   en   el   acápite   siguiente  y  específicamente  en  el  que  se ocupa del análisis formal de las demandas, se  hará  referencia  independiente  a  cada  uno de los cargos presentados por los  casacionistas y, acto seguido, se efectuará su estudio.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Cuestión previa:  

Prescripción de la acción penal:  

          Antes  de pronunciarse en punto de la admisibilidad de las demandas,  advierte  la  Sala  que las conductas punibles a que se contrae la causa inicial  (sumario   398357),   adelantada   en  contra  de  los  procesados  CECILIO     BONILLA    y    María  Paula  Venté  Orobio  (quien  fue  absuelta  de  los  cargos  en  las  sentencias  de instancia) por los delitos de  falsedad  en documento público agravado por el uso, fraude procesal y tentativa  de estafa, se encuentran prescritas.    

De acuerdo con lo dispuesto en el artículo  83  de  la Ley 599 de 2000 (en el mismo sentido, el artículo 80 del Decreto Ley  100  de 1980), en la etapa instructiva la acción penal prescribe en un término  igual  al máximo de la pena establecida en la ley, sin que sea inferior a cinco  (5)  años.   Por  su  parte,  en  la  etapa  de  la  causa tal término se  interrumpe  y  comienza  a correr a partir de la ejecutoria de la resolución de  acusación  por  un  tiempo  igual  a  la  mitad del establecido para la fase de  instrucción,  pero  tampoco podrá ser inferior a cinco (5) años, como así lo  indica  el  artículo  86  de  la  primera  normatividad  en  cita y el 84 de la  segunda.   

     

Las  conductas  punibles por las cuales fue  acusado  el  procesado  en la causa a la que se hace alusión se ejecutaron bajo  la  vigencia  del  Decreto 100 de 1980, ello obliga a que para los efectos de la  prescripción  de la acción penal sea necesario cotejar tales disposiciones con  las  de la Ley 599 de 2000, actualmente en vigor, en procura de establecer cuál  resulta más favorable .   

Bajo   las   previsiones   del   primer  ordenamiento,  el  delito  de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público  agravado  por el uso, se sancionaba en el artículo 220 y en el inciso  segundo   del  222  con  una  pena  máxima  de  ocho  (8)  años  de  prisión,  incrementada    por    la    última    disposición    en   cita   “hasta  en la mitad”, esto es, cuatro  (4)  años  más,  para un total de doce (12) años de término de prescripción  para la fase instructiva y seis (6) para la del juicio.   

La  Ley  599 de 2000 resulta de aplicación  favorable  en  este  caso  porque la misma conducta se contempla en el artículo  287,  inciso primero, con una sanción máxima de seis (6) años de prisión, la  cual  al  incrementarse  por  virtud de la misma agravante del uso del documento  señalada  en  el  artículo 291, también “hasta en  la  mitad”,  arroja  un  lapso prescriptivo para la  etapa  sumarial de nueve (9) años y para la del juicio impone acudir al mínimo  legal de cinco (5) años.   

Significa  lo anterior que la acción penal  por  esta  conducta  se  encuentra  prescrita  habida  cuenta que la resolución  acusatoria  proferida  en  esta  causa  cobró ejecutoria el 12 de junio de 2000  (fecha  en  la  que  se  emitió la resolución acusatoria de segunda instancia)  habiendo  transcurrido más de los cinco años a que se ha hecho referencia, los  cuales se cumplieron el 12 de junio de 2005.   

Situación similar se evidencia en relación  con  las  acciones  penales  adelantadas  por los demás delitos imputados en el  pliego  acusatorio proferido en la causa que ocupa la atención.  En primer  lugar,  respecto  del  punible  de  fraude procesal, el cual se sancionaba en el  artículo  182  del  Decreto  Ley 100 de 1980, con una pena máxima de cinco (5)  años  de  prisión, mientras que con la Ley 599 de 2000 se reprime con una pena  máxima de ocho (8) años.   

En  este  caso la normativa favorable es la  legislación  anterior, pero tal situación no tiene ninguna relevancia, pues en  los  dos eventos con la interrupción del término de prescripción para la fase  el  juicio  a  partir  de  la ejecutoria de la resolución de acusación imponen  acudir  al término mínimo de cinco (5) años, el cual, como se precisó frente  al  anterior  delito,  ya  se  ha sobrepasado, de allí que la acción penal por  esta conducta también se encuentre prescrita.   

Y,  en  lo  que  incumbe  con  el delito de  tentativa  de  estafa, imputado en la resolución de acusación proferida dentro  de  esta  misma  causa  acumulada  ocurre  otro tanto, pues si bien resulta más  benigna  la última legislación al prever una pena máxima de ocho (8) años de  prisión  (artículo  246 de la Ley 599 de 2000),  mientras que la anterior  preveía  una  pena  de  diez  (10)  años (artículo 356 del Decreto Ley 100 de  1980),  operando  en  ambos casos la misma reducción de las tres cuartas partes  sobre  la  pena  máxima prevista para la tentativa (arts. 27 de la Ley 599 y 22  del   Decreto   Ley  100),  es  claro  que  en  ambos  eventos  el  término  de  prescripción  para  la  etapa  del  juicio  también es el mínimo de cinco (5)  años,  el  cual  inexorablemente se ha cumplido desde la fecha señalada en que  cobró ejecutoria la resolución de acusación.      

De  lo anterior se desprende sin dificultad  alguna  que las acciones penales por la totalidad de los delitos comprendidos en  la  primera  causa  acumulada  contra  los  procesados  CECILIO  BONILLA  y  María  Paula  Vente  Orobio,  esto  es,  por  los delitos de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público agravada por el uso,  fraude  procesal  y  tentativa  de  estafa,  de  conformidad  con  el  análisis  precedente,  se encuentran prescritas y, en esa medida, resulta imperativo cesar  procedimiento  en  favor  de  los  procesados  CECILIO  BONILLA   y  María  Paula  Venté    Orobio    por   dichos   comportamientos.             

Por  otro lado, debe precisar la Sala que la  prescripción  de  las  acciones penales señaladas se causó mucho antes de que  el  proceso  arribara  a  la  Corte  para  su  correspondiente  examen,  pues el  expediente  fue recibido en la Secretaría sólo hasta el 5 de abril del año en  curso,  mientras  que el fenómeno extintivo de la acción penal por los delitos  referidos,   como   ya   se   dijo,  se  verificó  el  12  de  junio  del  año  anterior.   

         

Como  consecuencia  de  la  cesación  de  procedimiento   determinada   por  la  prescripción  de  las  acciones  penales  adelantadas  por  las  conductas  punibles  aludidas, corresponde marginar de la  dosificación  punitiva  establecida  en  el fallo la pena impuesta en contra de  CECILIO  BONILLA  por tales  comportamientos,  quien  entonces sólo quedará condenado como autor penalmente  responsable  de  las  demás conductas   imputadas en su contra en las  restantes  causas.  No  se  efectuara  dicho  procedimiento  en relación con la  procesada   María  Paula  Vente  Orobio, pues a su favor se dictó sentencia absolutoria.   

         

Para  tal  efecto,  preciso es acudir a los  parámetros  de  dosificación punitiva establecidos en el fallo de primer grado  respecto  del  mencionado CECILIO BONILLA que el Tribunal dejó incólumes.   

En la aludida sentencia, el Juzgado 39 Penal  del  Circuito  determinó  la pena efectuando un análisis autónomo de cada una  de  las  causas  acumuladas  en  procura  de  establecer  cual  ostentaba  mayor  gravedad.    Así,  luego  de  aplicar  los criterios de dosificación  punitiva  previstos  legalmente,  llegó  a la conclusión de que por la primera  causa  acumulada  (sumario  398357),  adelantada  por  los  delitos  de falsedad  material  de  particular  en  documento  público  agravada  por  el uso, fraude  procesal   y   tentativa   de  estafa  -cuya  prescripción  aquí  se  decreta-  correspondía  una  pena  de  51 meses de prisión.  Idéntico quantum  estableció  para  la  segunda  causa  acumulada  (sumario  366665), seguida por los mismos delitos, teniendo en  cuenta  que  absolvió  al  procesado  de  la  conducta de falsedad en documento  privado.   

En  cuanto  a  la  tercera  causa acumulada  (sumario  389103)  por  los  delitos  de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público  agravada  por el uso y fraude procesal fijó una pena de 36  meses   de  prisión  y,  por  la  última  causa  acumulada  (sumario  340257),  adelantada  por  las  conductas  punibles  de  uso de documento público falso y  tentativa de estafa fijó una pena de 40 meses de prisión.   

Efectuado  el  procedimiento  anterior,  el  a  quo  tomó  la  pena de  mayor  entidad,  esto  es  51  meses  y  por  virtud del concurso con las demás  conductas  contenidas  en  las  restantes  causas,  la incrementó en cuarenta y  siete  meses más, para un total de 98 meses de prisión, dosificación punitiva  respetada por el Tribunal en la sentencia de segunda instancia.   

Es  decir,  que  el  punto de partida de 51  meses  de prisión aun prescindiendo de la pena impuesta por la primera causa se  mantiene,    dado    que    ese    mismo    monto   infirió   el   a-quo   por  razón  de  las  conductas  punibles  por  las  que se adelanta la segunda causa acumulada (idénticas a las  de  la  primera),  de allí que se procederá a establecer la proporción de las  conductas  restantes  frente a los 47 meses de prisión que se incrementaron con  ocasión  del  concurso  a efectos de establecer la incidencia en la pena de las  conductas  comprendidas  en  la primera causa y, además, porque el sentenciador  en  ese proceso se sustrajo a señalar el monto específico de pena por cada una  de ellas.    

En ese objetivo, se tendrá en cuenta que la  primera  causa  contiene  un mayor número de conductas, lo cual permite colegir  que  el  incremento  de  47 meses, respetando las proporciones señaladas por el  sentenciador,  como  así lo tiene dicho la Sala en forma reiterada, corresponde  a  los  siguientes  montos:   20  meses  de  prisión  por la primera causa  (sumario  398357),  15  por  la  tercera  (sumario  389103)  y  12 por la cuarta  (sumario 340257).   

En ese orden de ideas, estima la Sala que la  reducción    proporcional    de    la    pena    de    prisión   impuesta   al  procesado     CECILIO     BONILLA     derivada  de  la  prescripción de las acciones penales adelantadas  por  las conductas punibles a que se refiere la primera causa es de 20 meses, de  suerte  que la pena definitiva a imponer es de setenta  y         ocho         (78)         meses         de        prisión.       

En  lo  que concierne a la pena principal de  multa   impuesta   a   CECILIO  BONILLA  derivada   según  el  aq-uo  de  su  responsabilidad  por  los  delitos  de  tentativa  de estafa  imputados  en  la  causa  inicial  (sumario  398357),  así  como  en la segunda  (sumario  366665)  y cuarta acumuladas (sumario 340257), se fijó en un monto de  $  100.000,oo,  de  lo  cual  fácil  se  colige que su valor individual es de $  33.333.33,oo  por  cada  uno  de  dichos punibles, cantidad que se deducirá del  total  en  virtud  del fenómeno prescriptivo que procede sólo en relación con  una  de esas ilicitudes, tal como se ha precisado.  De esa manera, el total  de   pena   de  multa  a  imponer  a  CECILIO  BONILLA  será de $ 66.666,66.   

Ahora bien, los efectos de la declaratoria de  prescripción  también se proyectan en la condena al pago por la indemnización  de  perjuicios  ocasionados  con  las conductas, pero sobre ese particular no es  necesario   ahondar   en   este   caso   concreto,   dado  que  el  ad-quem  modificó  ese  aspecto del fallo  revocando      la      condena     por     perjuicios     materiales,  únicos  por  los  que  procedió  esa  decisión,   al  estimar  que  no  se  encontraban  debidamente   probados.   

Finalmente,  importa  señalar  que lo aquí  establecido  no  tiene  ninguna  incidencia en punto de los argumentos expuestos  para  sustentar la negativa a otorgar a CECILIO BONILLA  el subrogado penal de la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  el  sustitutivo  penal de la prisión domiciliaria.   

                  Análisis   de   lo   requisitos  formales  de  las  demandas:    

          1.  Demanda  presentada  por  el defensor del procesado CECILIO  BONILLA:            

En el único cargo que el defensor propone en  la  demanda  invoca la causal primera de casación contenida en el artículo 207  del  estatuto  procesal  penal,  por  violación indirecta de la ley sustancial,  según  dice  porque  el  Tribunal  incurrió  en un error de hecho “al  argüir que la defensa no probó la existencia de un tercero,  que  en  vida  correspondió  al nombre de WALTER RAMÍREZ HERRERA, quien fue la  persona  que  asaltó  en  su  buena  fe  al  abogado sentenciado”.   

En  respaldo  de su argumento señala que se  omitió  tener  en  cuenta  la  prueba documental obrante en el segundo cuaderno  original  de  la  causa  (folios  49  al  61),  de  la  cual se colige que dicho  personaje  existió  para  la  época en que se generaron las investigaciones en  contra  de  su  defendido  y  cuyo  contenido,  agrega,  debe  ser  apreciado de  conformidad  con  lo  que  indica  el  artículo 83 de la Carta Política;   además  la  prueba “se solicitó al instituto de los  Seguros  Sociales  mediante  oficio N-0222 (sin fecha) por parte del Juzgador de  Instancia  (folio  66  del citado cuaderno) sin obtener respuesta”,  falencia que, puntualiza, no puede ser apreciada en perjuicio del  procesado.   

En  segundo  lugar, advierte que el Tribunal  apoyado  en  su  criterio subjetivo descartó la prueba testimonial aportada por  su  defendido “con el argumento de que en el caso sub  judice  el  sr.  Manuel  José  Bonilla es su hermano y de que por esa razón no  necesitaba   intermediación   alguna,   valoración   tigiversada  (sic)  toda vez que tales descargos tienen  es  relación  directa  con  la  sindicada  en  ese  momento  MARIA  PAULA VENTE  OROBIO”.   

En  tercer  lugar,  indica  que  el Tribunal  desecha  las  decisiones  allegadas  por  la  defensa por medio de las cuales se  precluyen  varios  procesos  en  favor  del  procesado,  según dice, por hechos  idénticos  “a los investigados en la causa que ocupa  nuestra    atención”,  pero   sin  considerar  que  ello  daba  lugar  a  la  aplicación   del   in   dubio   pro  reo,  apreciación  con la cual se “opta por  una  vía  de  hecho,  y  persiste  en  el  falso  juicio  de  valoración de la  prueba”,     faltándose     a     la     verdad  probatoria.     

Con  fundamento en lo anterior, aduce que se  violaron  por  aplicación  indebida  los  artículos  83  de  la  Constitución  Política,  356,  182,  220  del  Código  Penal  y los artículos 232 y 234 del  estatuto procesal penal.   

     

Para la Sala, fácil se colige que el único  cargo  propuesto  por  el  casacionista  no  satisface  los  requisitos formales  señalados  en  el  artículo  225  del  Decreto 2700 de 1991, normatividad que,  dicho  sea  de  paso,  regula  este trámite, dado que los hechos por los que se  procede  tuvieron  ocurrencia entre los años de 1995 y 1996 y, en consecuencia,  se  inadmitirá,  por  ser la consecuencia que sobreviene frente a tal supuesto,  como    lo    enseña    la   siguiente   disposición   del   ordenamiento   en  mención.   

          Al  respecto,  oportuno se ofrece precisar que si bien el demandante  invoca  la  causal  primera  de  casación  por  considerar  que la sentencia es  violatoria  en  forma  indirecta  de  la  ley  sustancial,  dado que el Tribunal  incurrió  en  un error de hecho, es lo cierto que en el contexto de su prédica  en   ningún   momento  se  desarrolla  un  planteamiento  consecuente  con  ese  propósito,  pero  tampoco  alguno  demandable  en  esta  sede extraordinaria de  impugnación.   

              De acuerdo con la pacífica  jurisprudencia  de  esta Sala se tiene que se incurre en violación indirecta de  la  ley  sustancial  por error de hecho, cuando se demuestra que el sentenciador  incurrió  en  los  llamados  falsos  juicios  de  existencia,  raciocinio, o de  identidad.    

Tiene ocurrencia el primero de los referidos  errores    cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que  efectúa  el  juzgador  no  obstante  resultar incidente de cara al fallo que se  controvierte  (ignorancia  u  omisión) o porque el juzgador lo inventa o crea a  pesar  de  que  no  existe  materialmente  en el proceso, otorgándole un efecto  trascendente en la sentencia (suposición o ideación).   

A  su  turno,  el  segundo  yerro se origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba desconociendo los postulados de la  sana  crítica  (raciocinio)  y,  el último, cuando tergiversa o distorsiona su  contenido  objetivo  para  hacerla  decir  lo  que ella no expresa materialmente  (identidad).   En  todos  los  casos, debe tratarse de prueba trascendente,  esto  es, aquella que tenga la entidad de modificar las declaraciones contenidas  en la decisión de forma favorable para quien lo alega.   

El  recuento anterior permite colegir que el  casacionista  no  desarrolló en el reproche ninguna de las modalidades de error  de hecho, el cual simplemente enunció.   

Lo   anterior   porque   en  últimas  el  planteamiento   del   defensor   contenido  en  la  demanda  se  circunscribe  a  expresar     su  disparidad  personal  y subjetiva con el mérito  que  el  Tribunal concedió a algunos medios probatorios obrantes en el proceso,  debate  que,  como  en  forma  pacífica  y reiterada lo ha sostenido esta Sala,  dista  totalmente  de  la  esencia  del  recurso  extraordinario y tiene arraigo  exclusivamente  en las instancias ordinarias de la actuación.      

La  discusión  planteada,  ciertamente, se  reduce  a  la inconformidad con el valor probatorio que se les otorgó a algunos  medios   de   prueba   que   sirvieron   a   los  juzgadores  para  edificar  la  responsabilidad  de  su defendido, pero sin que se demuestre que en esa labor el  juzgador  incurrió  en  un error que ponga en entredicho su apreciación.    

A lo anterior se suma que el escrito tampoco  brinda  la  requerida claridad y precisión, toda vez que en el primer punto que  aborda  aduce  que  se  omitió  valorar una prueba  documental, pero luego  señala  que  se  solicitó  sin obtener repuesta y que esa falencia no se puede  apreciar  en contra de su defendido, de suerte que no existe nitidez en punto de  establecer   si   la   prueba   a   la   que   se   refiere  obra  o  no  en  el  expediente.          

      

Ahora bien, como en líneas generales en la  demanda  el único ejercicio que se realiza es el de contraponer al criterio del  Tribunal  la  visión  particular  que  tiene  el  libelista, para la Sala no se  remite    a    duda    que    la    decisión   que   corresponde   es   la   de  inadmitirla.   

2.  Demanda  presentada  por  el  procesado  CECILIO BONILLA:           

Primer cargo.  Violación directa de la  ley sustancial por error de derecho.   

A  juicio del censor con ocasión del yerro  referido  se  dejaron  de  aplicar  los artículos 83 y 84 del estatuto procesal  penal  “y  en  especial lo estatuido en el artículo  531   nuevo   código  de  procedimiento  penal  (sic)  mediante el cual se implanta el sistema acusatorio, en  principio de favorabilidad”.   

Señala  inicialmente  que  como  lo  tiene  sentado  la  jurisprudencia  de  esta Sala, de conformidad con lo previsto en el  artículo  83  del  estatuto penal, el momento a partir del cual se contabilizan  los  términos prescriptivos de los hechos punibles de carácter instantáneo es  a  partir  de  su  consumación,  mientras  los  tentados o permanentes lo es la  perpetración del último acto.      

Así, refiere que los delitos por los cuales  se  adelantó  la primera causa No. 398357 se consumaron el 19 de marzo de 1996,  cuando  fueron  presentados los documentos que soportaban la petición pensional  a  CAJANAL,  ello  por  ser conductas de carácter instantáneo;  a su vez,  los  de  la  causa 366665 el 31 de octubre de 1995; los de la causa 389103 el 20  de  noviembre  de  ese  mismo  año y los de la causa 340257 el 20 de septiembre  también    de    esa    anualidad,    por    las    mismas    razones   de   la  primera.         

Indica que de conformidad con las normativas  que     regulan     el    fenómeno    de    la    prescripción    “entraremos  a analizar los diferentes punibles independientemente  según  la fecha en que cada uno fue consumado y la ejecutoria de la resolución  de acusación”.   

De  esa  forma,  inicia  con  el  delito de  falsedad  en  documento  público  agravada  por  el  uso imputado en la primera  causa,  el cual “fue consumado el 19 de marzo de 1996  y  su  acusación data del 12 de junio de 2000, habiendo transcurrido a la fecha  5       años,       6       meses”.     

Agrega que para establecer la prescripción  de  la acción penal seguida por este delito es necesario acudir al principio de  favorabilidad,  pues  la  pena prevista por su comisión en el artículo 287 del  nuevo  estatuto penal es más benigna, en tanto prevé una sanción máxima de 6  años,   los  cuales  reducidos  a  la    mitad  arrojarían  3  años  “término  éste  ya  superado  según las fechas de  ejecutorias  de  las  resoluciones  acusatorias  proferidas  por  los diferentes  despachos judiciales”   

Aduce que en cuanto a la segunda causa, cuya  resolución  de  acusación cobró ejecutoria el 14 de mayo de 2001 “y  a  partir  de dicha fecha en aplicación a lo estatuido por el  artículo  86  del  C.P. el término prescriptito (sic)  se  redujo  a  la  mitad del señalado en el artículo  287,  por  lo que sin lugar a equívocos inferimos también que la acción penal  se   ha   extinguido   por   el  fenómeno  de  la  prescripción”.   

Igual  razonamiento, expresa, ocurre frente  al  mismo  delito  en las demás causas “partiendo de  la  ejecutoria  de  la  resolución  acusatoria, las cuales datan de junio 29 de  2001 y mayo 18 de 2000 respectivamente”.   

En  cuanto  al ilícito de fraude procesal,  indica  que  por haberse ejecutoriado las resoluciones acusatorias en las fechas  referidas  y  partiendo  de  la  pena  máxima  a  imponer de 5 años, según el  artículo  182  del  estatuto penal vigente “al haber  operado  la  interrupción  de la prescripción a partir de la ejecutoria de las  resoluciones  acusatorias, empezó a correr un nuevo término, es decir el de la  mitad  del  máximo  señalado en el artículo 182 (2 años 6 meses) y siendo la  resolución    acusatoria    más    resiente   (sic)  la  proferida por la fiscalía 68, la cual data del 29  de  junio  de  2001  y que a la fecha han transcurrido 4 años 6 meses, sin duda  alguna  es  también  predicable  para  este punible la extinción de la acción  penal   por    haber   operado   el   fenómeno  prescriptito  (sic)”.   

Por último, se refiere al delito de uso de  documento  público imputado en la última causa, cuya resolución de acusación  cobró  ejecutoria  el  18  de  mayo de 2000, de modo que al partirse de la pena  máxima  de  8  años  prevista  para este delito “al  darle  aplicación a lo normado en el art. 86 del C.P., el término prescriptito  (sic)   es   de  4  años,  encontramos   entonces   que   del   18  de  mayo  del  año  2000  (sic)  a la fecha han transcurrido 5 años  7  meses  tipificándose  así  por el transcurso del tiempo la extinción de la  acción penal”.   

Culmina  señalando  que  la  “violación  directa  de la ley sustancial por error de derecho”  está   demostrada   por   la  inaplicación  de  los  artículos  82,  83,  84  y  86 del estatuto penal, pues para la fecha en que se  dictó  la  sentencia de segunda instancia “ya había  entrado  en vigor la ley 906 de 2004, la cual en su artículo 531 en lo atinente  a      la     limitación     del     término     prescriptito     (sic)  el cual señala que en ningún caso  podrá   ser   inferior  a  3  años,  aplicable  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad”.   

Con base en lo expuesto, solicita a la Corte  “disponer     la     prosperidad     de     este  cargo”.    

En procura de establecer si el cargo objeto  de  análisis  satisface  los requisitos formales para su admisión previstos en  el  artículo  225  del Decreto 2700 de 1991, es preciso recordar que de acuerdo  con   su   numeral  4°  (numeral  ídem  artículo  212  del  a Ley 600 de 2000), la demanda deberá contener  “la  causal  que se aduzca para pedir la revocación  del  fallo, indicando en forma clara y precisa los fundamentos de ella y citando  las    normas    que    el    recurrente    estime    infringidas”.   

Pues bien, luego de revisar el contenido de  la   censura  se  advierte  que  el  actor  no  propone  en  forma  “clara   y   precisa”  la  causal  que  invoca, ni los fundamentos en que basa su pretensión.   

En  efecto, comiéncese por señalar que es  impropia  la  postulación del cargo en los términos en que se presentan por el  demandante,     al     referir     que     se    incurrió    en    “violación    directa   por   error   de   derecho”,  cuando  es  bien sabido que esta última modalidad pertenece a la  violación  indirecta en los casos en que el juzgador incurre en los denominados  falsos  juicios  de  legalidad  derivados de otorgarle valor a una prueba que ha  sido  aportada  al  proceso  sin  cumplir  con  los requisitos previstos para su  producción  o  formación  o frente a la posibilidad contraria, esto es, cuando  se  le  mina  crédito a la prueba pretextando que no cumple con ellos cuando en  realidad  los satisface y el falso juicio de convicción, que se concreta cuando  se  le  concede  al  medio de prueba un valor distinto al estipulado en la   ley.   

En  todo  caso,  dicha  modalidad  de yerro  comporta  un  cuestionamiento  a  la forma como se apreciaron las pruebas por el  fallador  que  ninguna  relación  guarda  con  la  pretensión del casacionista  contenida  en  este  reparo  que apunta a demostrar que las acciones penales por  algunos delitos imputados en su contra se encuentran prescritas.   

Sin  embargo,  en  ese  último  propósito  tampoco  el  reproche  exhibe  claridad  y revisión.  Por el contrario, la  confusión  en  la  que  incurre en su desarrollo, impide establecer cuál es su  pretensión.   

Lo  anterior dado que realmente no se puede  determinar  cuáles  son los fundamentos en que se basa para tal solicitud, pues  por  pasajes  hace alusión a los factores que determinan la prescripción de la  acción  penal  en  la etapa instructiva y en otros a los que permiten arribar a  la  misma figura en el juicio, todo de una manera entremezclada que obstruye una  adecuada ponderación de sus argumentos.   

       

Y si no bastara con lo expuesto, también se  advierte   que  incorpora  otro  aspecto,  al  aludir  que  debe  aplicarse  por  favorabilidad  el  contenido  del  artículo  531 de la Ley 906 de 2004, de cuyo  contenido  infiere  que  el  término de prescripción no puede ser superior a 3  años.   

Así  las  cosas,  como  los argumentos del  actor  en  este reproche no ofrecen la indispensable claridad y precisión a que  se  refiere  el requisito formal aludido, forzoso es concluir la inadmisión del  cargo.   

Segundo cargo.  Violación indirecta de  la ley sustancial por error de derecho.   

Alude  que  el  yerro  se  produce  en  la  aplicación  del  artículo  356 del estatuto penal derogado referido al punible  de  estafa,  dado que “en ningún momento existió la  obtención  del provecho ilícito ni mucho menos el perjuicio ajeno predicado en  la  norma  en  cita”, siendo ello precisamente lo que  motivó  al Tribunal a revocar la condena en perjuicios dispuesta en el fallo de  primera instancia.   

Lo    anterior    porque   “si  bien es cierto que los documentos que soportaban la petición  de     reconocimiento     pensional     resultaron     exporeos     (sic),  no  es menos cierto que la entidad  encargada   de   reconocer  tal  prestación  no  profirió  acto  que  así  lo  determinara,  ni  mucho  menos  se  obtuvo  el  provecho  económico  o  ventaja  patrimonial  que  se  predica  en  la norma en cita”,  pues  “no existe prueba alguna que demuestre haberse  percibido beneficio económico”.   

Tal  circunstancia,  prosigue,  le  permite  colegir  que el delito de estafa no admite la tentativa, por lo que se violó el  artículo  29  de  la  Constitución Política al condenársele por una conducta  que  no  estaba  previamente  sancionada en la ley (atípica), lo que además se  enmarca en el concepto de falso juicio de convicción.   

En  consecuencia,  solicita  se  declare la  prosperidad  del  cargo  y  se  ordene cesar todo procedimiento adelantado en su  contra.     

Frente  a  este  cargo  sin  dificultad  se  advierte  que  debe  correr  la misma suerte que los anteriores, esto es, que la  decisión que se impone tomar es la de su inadmisión.   

Sobre  el  particular,  brevemente se puede  precisar  que  el  actor  no  elabora  una propuesta compatible con el yerro que  atribuye  al  fallo,  pero  tampoco  con  algún  otro  que  tenga la entidad de  derruirlo a través de esta vía extraordinaria de impugnación.   

Refiere  al actor a una eventual violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de derecho, sobre cuya naturaleza ya  se  señaló previamente en el sentido de que procede por los denominados falsos  juicios  de  legalidad  o de convicción;  sin embargo, el tema que propone  dista  de  desarrollar  esos  aspectos  o  siquiera  de  advertir un error en la  apreciación  probatoria, excepción hecha de su alusión a que no existe prueba  en  el  proceso que corrobore su compromiso por el delito de estafa, generalidad  que,  dicho sea de paso, no puede concebirse como la exposición de un yerro del  fallo,  sino  simplemente  como la exposición de su criterio personal acerca de  la forma como debieron valorarse las probanzas.   

Ahora,  el  argumento  central  del  cargo,  según  el  cual  no  está  demostrado  el elemento configurativo del delito de  estafa  referido  a la obtención por parte del agente de un provecho económico  y  que  por  ello  no  resulta  atinado  inferir su responsabilidad a título de  tentativa,  tampoco  se  allana,  como  lo indica el censor, a la naturaleza del  falso   juicio  de  convicción,  cuyas  características  fundamentales  fueron  expuestas en precedencia.       

De  suerte que, como el actor no expone con  claridad  y  precisión  los  fundamentos  del  cargo que instaura, se impone su  inadmisión.     

Tercer cargo.  Violación indirecta de  la ley sustancial por error de hecho.   

Sostiene  el demandante que se incurrió en  el  yerro  aludido  “al  omitir  apreciar una prueba  válida,  como  lo es el experticio técnico científico grafológico obrante en  el  encuadernamiento  (folios  263  a  266),  con los cuales se demuestra que el  suscrito  no  es  autor  responsable  de  las  falsedades  en  los  documentos o  certificaciones  de  tiempos de servicio que soportan las peticiones pensionales  (falso juicio de existencia)”.   

Destaca que de conformidad con el artículo  220  del  Decreto  100 de 1980 que contemplaba el delito de falsedad material de  particular  en  documento público, aplicable en este caso por favorabilidad, se  reprime  a  “la  persona  que ejercite la acción de  falsificar el documento”.   

No  obstante lo anterior, indica que en los  procesos   acumulados   se   contó  con  la  prueba  aludida,  según  la  cual  “CECILIO   BONILLA   no   fue   el   autor   de  la  falsificación  de  la  certificaciones  de  tiempo  de  servicio”,  prueba  que a su juicio es plena y contundente, además de que no  fue  controvertida  dentro  del  proceso,  de  modo  que  si  bien es cierto los  documentos  que  recibió  eran  falsos,  no  lo  es menos que de acuerdo con el  dictamen aludido él no los falsificó.   

Señala  igualmente que en la acusación se  incurrió   en   doble   incriminación   “prohibida  expresamente  en el artículo 8 del C.P. que preceptúa que a nadie se le podrá  imputar   más  de  una  vez  la  misma  conducta  punible,  cualquiera  sea  la  denominación  jurídica  que  se le de o haya dado”,  la  cual  se  derivó  de  que  en la sentencia impugnada se le condenó por los  delitos  de  falsedad  en  documento  público  agravada  por  el  uso  y uso de  documento  público  falso,  y  “pese de (sic)     no    haberse    probado    la  responsabilidad  en la falsificación (sic),  resulta  imponiéndole  doble  condena  por  el uso del documento  falso”.   

Así   mismo,  destaca  que  “desde  mi  indurada  (sic) acepte  haber  presentado las peticiones pensionales en ejercicio de  mi    profesión    de    abogado   desconociendo   la   veracidad   de   dichos  documentos”,   pero  como  es  claro  que  no  tuvo  responsabilidad  en  la  falsificación, sólo debió declararse por la conducta  de  uso  de  documento  falso,  motivo  por el cual la norma aplicable sería el  artículo  222, sin que concurran las circunstancias de agravación previstas en  su inciso segundo.   

Con  sustento  en  lo anterior, solicita la  prosperidad de este cargo.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  mencionado  artículo  225 del Decreto 2700 de 1991 no sólo es necesario que se  expongan  en  forma  clara y precisa los fundamentos de la causal de acuerdo con  su  numeral  3°,  sino  que,  además,  en  ese  mismo objetivo, el numeral 4°  dispone   que   “si   fueren  varias  las  causales  invocadas,  se  expresarán  en capítulos separados los fundamentos relativos a  cada una”.   

Por  su  parte,  el  segundo inciso de este  mismo  numeral  prevé  que  “es  permitido formular  cargos   excluyentes.  En   estos  casos  el  recurrente  debe  plantearlos  separadamente  en  el texto de la demanda y de manera subsidiaria”.   

En  desarrollo  de  esas  previsiones,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  edificado  algunos  principios  que regulan el  ejercicio  casacional,  tales como el de autonomía, prioridad, debida técnica,  unidad   inescindible   de   las   decisiones,   claridad  y  precisión,  entre  otros.   Precisamente   de  acuerdo  con  el  primero en mención para  evitar  que  la  propuesta  se  torne confusa e ininteligible es preciso que los  fundamentos  de  los errores atribuidos al fallo impugnado se expongan de manera  separada,  directriz  que,  como  sin  dificultad  alguna  se  advierte  en este  reproche, no acata el demandante.   

En ese sentido, se tiene que al interior de  la  censura  que  concita  la  atención de la Sala el actor alude a una posible  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de hecho por  falso  juicio   de   existencia   derivado  de  haberse  omitido  por  el  juzgador  la  apreciación  de  una prueba y al tiempo argumenta que se incurrió en una doble  incriminación  en  su contra al habérsele condenado frente a un mismo supuesto  por   dos  conductas  reprimidas penalmente, refiriéndose a la falsedad en  documento público y al uso de documento público falso.   

Tales  aspectos,  en procura de la claridad  que  debe caracterizar a los reparos propuestos contra el fallo, era preciso que  se  expusieran  por  separado,  pero  como el demandante omitió ese imperativo,  tornando confusa la censura, se inadmitirá.   

3.  Demanda  presentada por el defensor del  procesado   MANUEL  JOSÉ  BONILLA  ERAZO:           

Formula  un  solo  cargo con sustento en la  causal  primera  de casación prevista en el artículo 207 del estatuto procesal  penal  por  violación  indirecta  de la ley sustancial originada en un error de  hecho  por  falso juicio de identidad, el cual a su juicio   condujo a  la  indebida  aplicación  de  los  artículos 232 y 238 del mismo ordenamiento,  “pues  no  puede  prevalecer  allí  el criterio del  juzgador  por  haberse  salido  de  los límites de la racionalidad, viciando el  fallo de ilegalidad”.   

Empieza   por  indicar  el  actor  en  la  demostración  del cargo que bajo el rigor de los postulados de la sana crítica  “los  testimonios  de  donde se dedujeron los cargos  para  condenar,  carecen  de valor de plena prueba capaz de acreditar los hechos  que  el  juzgador  les  hizo  decir”, puesto que son  contradictorios y se apartan de la verdad.   

   

Ello  ocurrió, añade, en relación con el  testimonio   de   Manuel  Arcesio  Loango,   quien   admitió  la  intermediación  del  señor  Pascual  Venté  en la tramitación de los  documentos    para   solicitar   la   pensión   de   jubilación   “confirmando  que de manos del señor Bonilla Erazo solo se obtuvo  la  suscripción  de  un poder otorgado  a su hermano Cecilio y de allí en  adelante  todo  lo  gestionó el tramitador”, de modo  que  este  testimonio  aparta  a  su  defendido  de  la  autoría de la conducta  criminal  y  “hace pecar de ligereza a los juzgadores  de  primera  y  segunda  instancia  en la entronización de los cargos, pues los  operadores  de justicia le cambiaron el sentido a lo que quiso decir el referido  deponente”;   además,  tales  funcionarios  se  apartaron  de  la  lógica jurídica y del sentido común al indicar que en nada  favorece  a  su prohijado, máxime cuando no se pudo demostrar su participación  en   los  hechos,  puesto  que  siempre  tuvo  su  domicilio  en  la  ciudad  de  Cali.   

Advierte que el anterior yerro “recae   sobre   la   realidad   tangible  de  la  prueba  que  el  sentenciador  omite, supone o distorsiona”, ya que el  sentenciador  tomó  el testimonio de la denunciante y la documentación espuria  para   afianzar  la autoría del hecho en su defendido, contrariando lo que  éste  dice  en el sentido de que los responsables de las falsificaciones fueron  Pascual Venté y Gualberto  Ramírez.  En consecuencia  BONILLA   ERAZO   no   es  responsable    de   los   injustos   imputados   en   su   contra   “ni  siquiera  bajo  la  figura jurídica de la comunicabilidad de  las circunstancias”.   

Concluye  así  que  el  Tribunal  dictó  sentencia  desestimando  los principios que gobiernan la crítica del testimonio  “en  lo  que  atañe  al  valor  probatorio que debe  asignársele  al  material  acopiado  sin  contrariar  la  lógica,  la  ciencia  jurídica,  el sentido común y la experiencia que son fuentes del derecho y que  rigen para nuestro sistema normativo”.   

En consideración a lo expuesto, solicita se  case   la   sentencia   impugnada   “declarando  la  absolución    del    condenado    en    cuanto    a    los    cargos    a   él  endilgados”.   

El   único   cargo   propuesto   por  el  casacionista  en  la demanda, al igual que lo señalado en relación con los dos  libelos  anteriores,  no  cumple  con  los  requisitos formales señalados en el  artículo  225  del Decreto 2700 de 1991 y, en esa medida, también se impone su  inadmisión.   

          En  sustento de esa conclusión impera precisar, en primer término,  que  no  obstante  invocarse  la  causal  primera  de  casación  por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  lo  cierto  es  que  no  se señala ninguna  preceptiva     que    ostente    ese    carácter.        

     

En efecto, la censura se concreta, según el  actor,  a  enrostrar  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, lo  que   condujo  al  quebranto  de  los artículos 232 y 238 de la Ley 600 de  2000,  normativas  que,  como lo ha señalado en forma reiterada la Sala, son de  estricto    contenido   probatorio   y,   por   ende   carecen   de   naturaleza  sustancial.       

El  anterior  defecto,  dada  la causal que  selecciona  para  emprender  el  reparo,  se  torna por sí solo suficiente para  inferir  que  la  censura  no satisface los presupuestos formales exigidos   legalmente  puesto  que,  de  conformidad  con el numeral 3° de la disposición  referida,    la    demanda    de   casación   deberá   contener   “la  causal  que  se  aduzca  para pedir la revocación del fallo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  los  fundamentos  de  ella y     citando    las    normas    que    el    recurrente    estime  infringidas”  (subrayas fuera de texto).    

Sin  embargo, a lo anterior se aúna que en  el  contexto  de  su  prédica en ningún momento se desarrolla un planteamiento  compatible  con el yerro que endilga al fallo, por cuanto el cuestionamiento que  emprende  se  circunscribe  a  la  exposición de su criterio subjetivo sobre la  valoración de algunas probanzas.   

Como  atrás  se  precisó  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de hecho, originada en una falso  juicio  de  identidad,  se  presenta  cuando  el  sentenciador aprecia la prueba  tergiversando  o  distorsionando su contenido objetivo para hacerla decir lo que  ella  no  expresa materialmente, siempre que se trate de prueba trascendente, es  decir,  que  tenga  la  entidad  de modificar las declaraciones contenidas en la  decisión de forma favorable para quien alega el yerro.   

No  obstante la naturaleza definida de este  error  que  invoca  el  casacionista,  lo  confunde  en su esencia con otros que  también  emanan  de la labor apreciativa de las pruebas, ya sea  porque se  omiten  o se suponen medios de convicción (falso juicio de existencia) o porque  se   valoran   desconociendo   los   postulados   de  la  sana  crítica  (falso  raciocinio).   

Pero  lo  que  sin lugar a dudas se pone en  evidencia  del reproche objeto de estudio es que el censor no desarrolla ninguno  de  ellos,  sino  que,  como  ya  se  indicó,  se  limita  a exponer su visión  particular  sobre  la  apreciación  de algunas pruebas con la intención de que  ese  criterio  prevalezca  sobre  el  consignado  por  el sentenciador, el cual,  según  ya  se  anotó,  no corresponde con la naturaleza extraordinaria de este  medio  de  impugnación  ni  tiene  la entidad de resquebrajar el fallo en tanto  arriba   a   esta   sede   amparado  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.   

Por  lo  expuesto, se impone la inadmisión  del reproche.   

4.   Conclusión  en  relación con el  análisis formal de las demandas:     

De   acuerdo  con  lo  señalado  en  los  capítulos   previos,   se  colige  que  ninguna  de  la  demandas  sometidas  a  consideración  satisface  los  presupuestos formales previstos en la preceptiva  procedimental  respectiva  y  como  el principio de limitación que regenta este  medio   extraordinario   de   impugnación,   que   por   vía  legal  encuentra  consagración  en  el  artículo 228 del Decreto 2700 de 1991 (216 de la Ley 600  de  2000), impide a esta Sala subsanar las incorrecciones anotadas, la decisión  que  se  ofrece  razonable  es  la  de  inadmitirlas.  Por consiguiente, se  devolverá  el  expediente  al  despacho  de  origen,  como  lo  indica  el  artículo         226        ibídem.  Además,  porque  no  se  advierte  que  se  haya  incurrido  en  violación de garantías  fundamentales     que     reclame    la    intervención    oficiosa    de    la  Sala.      

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.        DECLARAR  prescritas  las acciones penales  derivadas  de  las conductas punibles de falsedad en documento público agravada  por  el  uso,  fraude procesal y tentativa de estafa a que se contrae la primera  causa   acumulada   (sumario   398357)   seguida   en   contra  de  CECILIO     BONILLA    y    María   Paula   Venté  Orobio,  por  las  razones expuestas en la anterior motivación.   

          2.        ORDENAR, en consecuencia, la cesación del  procedimiento  adelantado contra los procesados CECILIO  BONILLA  y María Paula Venté  Orobio por los mencionados delitos.   

3.          PRECISAR que,  por  razón  de  la  prescripción  que  aquí  se decreta, la penas principales  impuestas  al  procesado  CECILIO BONILLA,   quedan   reducidas  a  setenta  y  ocho  (78)  meses  de  prisión  y  multa  por valor de  $  66.666,66 y la accesoria  de  interdicción  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas al mismo  lapso     de     la     pena     privativa     de     la    libertad.   

     

5.          INADMITIR las  demandas  de casación interpuestas por el defensor del  procesado  CECILIO  BONILLA,  por  este  mismo  sindicado  en  su  calidad  de  abogado  y  por el defensor de  MANUEL  JOSÉ  BONILLA ERAZO,  por    los    argumentos    manifestados    en   la   parte   motiva   de   esta  providencia.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

Excusa justificada  

YESID  RAMÍREZ BASTIDAS                             JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Conocimiento  asignado  mediante  Acuerdo  2776  del  23  de  diciembre  de 2004  proferido    por    la   Sala   Administrativa   del   Consejo   Superior   dela  Judicatura.     

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